De la voz del narrador

Sipán, el caballero de Can Menor, estuvo cerca de derrotar a su antiguo compañero y ahora uku Ankalli, y fui sorprendido por su terrible cosmo malvado. Al Templo de la Luna Cruel había llegado el caballero Bastian de Ciervo quien neutraliza a Sipán, ya que este era incapaz de mantenerse concentrado para la pelea y eso sería fatal para él. Luego de soportar los juegos mentales de Ankalli, Bastian en combinación con Joe de Búho, quien había recuperado el conocimiento, lograron derrotar finalmente a su enemigo. Sin embargo, al reincorporarse Sipán se da cuenta que su antiguo compañero de entrenamiento está muerto y eso le produce angustia y desencadena su enojo.

De prisa caballeros atenienses, con la derrotar del último uku solo queda enfrentar al terrible dios AIAPAEC antes que se concrete al Gran Eclipse y todo esté perdido.

LA GUERRA CONTRA AIAPAEC ESTÁ POR LLEGAR A SU FIN Y LOS CABALLEROS DE LA ESPERANZA SEGUIRÁN PELEANDO PARA PROTEGER ESTE MUNDO.

CAPÍTULO 34

LA LLEGADA DEL DIOS DECAPITADOR

TEMPLO DE LA LUNA CRUEL

"¿A-Ankalli?".

Sipán trataba de incorporarse poco a poco. Sus heridas le hacían recordar más a su amigo ahora muerto. El cuerpo sin vida de Ankalli yacía a pocos metros del suyo. Ya todo había terminado.

– "¿Qué-… Qué pasó? ¿Por qué me atacaste, Bastian? ¿Por qué mataste a Ankalli?".

– "¿En serio lo preguntas? Es nuestro deber como caballeros de Athena, ¿lo recuerdas?".

– "No tenías derecho… era MI pelea".

– "¿Tu pelea?".

– "¡AHORA NUNCA SABRÉ LO QUE PASÓ REALMENTE CON MI MAESTRO AMARU! ¡Y ES TU CULPA!"

El enojo de Sipán era incontrolable. La situación había dejado de ser incómoda y empezaba a tornarse peligrosa a medida que la angustia del caballero de Can Menor se hacía más intensa. Ambos tenían razón. Con Ankalli muerto, Sipán no podría confirmar si fue su antiguo compañero de entrenamiento quien había liquidado a su maestro Amaru. Sin embargo, Bastian había cumplido su misión como caballero de Athena.

– "Amigos, por favor… Derrotamos a todos los ukus, ¿verdad? Es lo importante".

Joe estaba agotado y era apenas capaz de permanecer de pie. Había un extraño dolor que lo oprimía desde su victoria contra el uku de Tunche, Chaqlla, pero más lo preocupaba la discusión de sus compañeros.

– "Sipán, Bastian tiene razón. Ese uku estaba dispuesto a acabar contigo sin piedad".

– "Joe, tú no lo entiendes. Pudimos haberlo derrotado juntos, pero Bastian me dejó fuera".

– "¿Querías pelear otra vez contra él? ¿Para qué? ¿Para titubear de nuevo?"

– "Bastian, no hace falta eso. Era el maestro de Sipán. Quizá…"

– "No es momento para dudar. Sipán, no me interesan tus razones, ni las de nadie. Tenemos una misión y eso es todo. Los muertos del pasado ya no importan".

Bastian había sentenciado la situación. No estaba dispuesto a perder tiempo, así que sin decir más, les dio la espalda, un gesto que encolerizó aún más a Sipán.

– "Sipán… ¡NO!… ¡ESPERAA!".

El grito de Joe alertó a Bastian, que a duras penas logró esquivar el golpe contrario.

– "No me des la espalda, Bastian".

– "Ahora sí demuestras tu fuerza, pero hace un momento te mostrabas débil ante el enemigo. Vamos, ataca ahora que sí eres valiente".

Joe no podía creer lo que estaba presenciando. Bastian había detenido el puño de Sipán, que lo miraba lleno de enojo. El cosmo de los dos caballeros iba en aumento y una pequeña onda sísmica empezaba a elevar los escombros del Templo de la Luna Cruel. El combate entre el Can Menor y el Ciervo era inminente.

– "Amigos, ya paren esto. Sipán. Bastian. Esto no está bien. Por favor…".

Las palabras de Joe eran en vano. La situación comenzaba a salirse de control. Para Sipán no había otro objetivo más que Bastian y para Bastian no había otro objetivo más que Sipán. Aun siendo caballeros de bronce, la presión del combate que tendrían se asemejaba bastante a la mítica Batalla de los Mil Días, propia de los caballeros dorados de Athena.

– "Vamos, Sipán, muéstrame el poder con el que habrías derrotado a tu amigo".

– "No me provoques, Bastian. Te juro que...".

Sus cosmos hacían retumbar el lugar. Era evidente que tenían cuentas pendientes que aclarar. Finalmente, pasaron del forcejeo a los golpes. Bastian detuvo el siguiente golpe de Sipán con sus antebrazos y con un rápido movimiento, lo lanzó por los aires y se impulsó hacia él para atacarlo con golpes secos. Como caballeros, ambos eran buenos en el combate cuerpo a cuerpo. No obstante, la altura que alcanzó Bastian le dio una ligera ventaja. Los dos mantuvieron su distancia por un momento, hasta que las figuras de Can Menor y de Ciervo surgieron a espaldas de cada uno.

– "Esto no termina aquí, Sipán. O te enfocas en tu deber o estás acabado".

– "No pretendas darme lecciones. Tuve un buen maestro y ahora, gracias a ti, nunca podré vengarlo… ¡ALLQU ASSAULT! (¡EMBESTIDA DEL PERRO!)".

– "¡KING'S FURY! (¡FURIA DEL REY!)".

Sus ataques impactaron violentamente, despidiendo por los aires a los dos caballeros, que con gran agilidad, se incorporaron una vez más para abalanzarse uno sobre el otro. Ninguno cedía terreno.

– "¡DEER SPEAR! (¡LANZA REAL!)".

Bastian maximizó su cosmo para atacar a Sipán; no obstante, el Can Menor se movió a una increíble velocidad para evitar su golpe y consiguió aprisionar el cuello del Ciervo entre sus manos. De nuevo, ambos estaban forcejeando mientras su cosmo se elevaba mucho más.

– "He visto tu técnica, Bastian. No me subestimes".

– "¿Subestimar? Jamás subestimo a un oponente, Sipán. Ni siquiera a uno que no puede acabar con sus propias peleas".

El combate estaba lejos de concluir, pero entonces, una voz resonó en aquel lugar.

– "¡SUFICIENTE! ¿POR QUÉ DOS CABALLEROS DE ATHENA ESTÁN PELEANDO EN MEDIO DE UNA GUERRA QUE NO HA TERMINADO?".

El caballero de Serpiente, Ikal, había llegado al último Templo. Mientras ayudaba a Joe de Búho a mantenerse en pie, miró a sus compañeros decepcionado y furioso. Al darse cuenta de esto, Sipán y Bastian se separaron, pero no tardaron en mirarse con enfado.

– "¿ACASO YA OLVIDARON POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ?".

– "Ikal, tú no lo entenderías".

– "No, Sipán, no lo entiendo. ¿Y sabes por qué? PORQUE MIENTRAS SEIYA Y LOS OTROS CABALLEROS SE ENCUENTRAN PELEANDO CONTRA HADES AL LADO DE LA SEÑORITA SAORI, AL LADO DE LA DIOSA ATHENA… ¡USTEDES GASTAN SUS FUERZAS PELEANDO ENTRE SÍ! ¡ESO ES LO QUE NO ENTIENDO!".

Las palabras de Ikal tuvieron un fuerte eco en sus camaradas de bronce. Era cierto. Saori Kido les había encargado proteger esa zona del mundo y detener la ambición del dios AIAPAEC en Perú, mientras ella continuaba velando por el bienestar del mundo desde el Santuario en Grecia.

– "Athena…".

– "Seiya y Shun… Los caballeros dorados también... Maestro Aldebarán".

– "No sabemos exactamente dónde se encuentren o lo que les esté pasando, pero temo por nuestros camaradas… ¡Y A PESAR DE ESO USTEDES ESTÁN PELEANDO COMO ENEMIGOS, MALDICIÓN! Incluso el doctor Asamori envió a los caballeros de acero para apoyarnos. Todos están peleando por este mundo sabiendo que, aunque triunfemos, es probable que no todos vivamos para contarlo. ¡DESAPROVECHAN EL ESFUERZO DE NUESTROS COMPAÑEROS! ¡Pero adelante, sigan con su pelea! Joe, andando. Tú y yo debemos seguir y detener a AIAPAEC".

– "Ikal, tú y yo solos no podremos…".

– "Somos los últimos caballeros de Athena que quedan dispuestos a pelear por ella. Andando".

Un silencio avasallador inundó el Templo de la Luna Cruel. Ni el peor reproche de sus maestros había sido tan hiriente para Bastian y Sipán como lo fue cada palabra de Ikal. Se había deshonrado al pelear entre ellos en medio de una crisis, cuando el mundo dependía de su valentía y entrega. Sipán permaneció por un momento observando el cadáver de Ankalli, mientras Bastian miraba al cielo en silencio. Luego, intercambiaron miradas. No se dijeron nada, pero sabían que habían tomado una decisión.

– "Ikal, espera…".

– "… estamos en esto juntos".

– "Por Athena, continuaremos hasta morir si es necesario".

– "Por Seiya y por nuestros camaradas".

Joe miró a Ikal con la esperanza de que los perdonara o al menos de que les dirigiera la palabra. Quiso pedirle que lo hiciera, pero no fue necesario, ya que una sonrisa se dibujó en el rostro del caballero de Serpiente.

– "Amigos, cuando morimos…".

– "¡… LO HACEMOS JUNTOS!".

La respuesta fue al unísono. Por primera vez, los cuatro caballeros de Athena sintieron que no solo eran compañeros con un mismo objetivo, sino que eran amigos. El Can Menor, el Ciervo, el Búho y la Serpiente, aunque distintos entre sí, se volvieron el equipo que estaban destinados a ser. Sin embargo, la alegría no duró mucho, pues apenas Joe secó unas pequeñas lágrimas de emoción que habían brotado de sus ojos, un terremoto tan violento como el que hizo emerger la Ciudadela de Sangre sacudió los restos del templo de Ankalli

– "¡CUIDADO!".

– "¡Este terremoto es diferente!".

El suelo no dejaba de sacudirse a medida que una nueva construcción comenzaba a emerger de los restos del Templo de la Luna Cruel, mientras un sonido similar a trompetas de guerra retumbaba en el ambiente. Era un sonido peculiar, como el sonido que se emite desde una concha marina. Sin lugar a dudas, era el anuncio de la llegada de un señor poderoso, que no podría ser otro más que AIAPAEC.

– "¿Qué es eso?".

– "Ya está aquí".

Sipán no se equivocaba. De las ruinas de lo que antes fue el Templo custodiado por Ankalli emergió un nuevo templo y dentro, apareció una silueta siniestra que paralizó a los caballeros de Athena. Era el Dios Decapitador, AIAPAEC, Señor de los antiguos norteños del Perú.

CONTINUARÁ…