El rapto de Venus
El Palacio de Tokio de Cristal relucía en aquella noche de fiesta y algarabía. La Ciudad, contagiada por la magia de la celebración, se encontraba bajo el influjo de las festividades, mientras los puestecillos de comida y focos multicolores adornaban las calles.
La gente, ataviada con sus mejores kimonos, iba y venía, enfrascados en sus pláticas, comprando comida o simplemente, disfrutando del ambiente festivo.
Los niños correteaban, riendo y jugando, portando máscaras y antifaces, compartiendo lo que de Palacio se escuchaba. Y es que no era para menos, ya que los Reyes habían decidido celebrar el cumpleaños de su más fiel guardiana, y así se lo habían hecho saber a todo el mundo, invitándolos a unirse a los festejos, organizando todo un festival durante una semana entera, siendo esa noche la culminante y más importante, pues tendría lugar la Gran Mascarada Venusiana, en honor a la festejada.
Todo aquel tumulto le molestaba; le resultaba patético que esa gente insolente se dejara llevar por sus mundanos reyes, ajenos al sufrimiento que podrían estar pasando en esos momentos habitantes de otros planetas, como su familia, por ejemplo.
Los humanos siempre le parecieron insulsos en insignificantes, y ni decir de lo que pensaba acerca de los gobernantes de ese planeta. Pero siempre se había mostrado como alguien muy prudente, siendo esa su mayor cualidad.
Por eso, cuando le dieron la misión de investigar los puntos débiles de su enemigo, aceptó sin más.
Y ahora se encontraba ahí, en la calzada principal que llevaba al palacio, viendo con desdén a los chiquillos que corrían sin ton ni son a su alrededor.
Su único objetivo era hacer una incursión en el castillo con la mayor discreción posible, estudiar los puntos de entrada y aquellos que no estuvieran vigilados y regresar a su planeta, junto a su Clan, donde prepararían el ataque a aquél nefasto lugar.
Se acomodó el antifaz, tocando la marca que tenía en la frente. Entornó los ojos y caminó directo a su destino.
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La rubia se encontraba en su habitación, en el ala sur del palacio, también denominada Ala de la Reina.
Daba los toques finales a su maquillaje y cepillaba su lustroso cabello. Se miró al espejo, llena de satisfacción y giró el rostro hacia una pequeña mesa donde descansaba, en una hermosa caja plateada, un antifaz dorado ricamente ataviado con piedras preciosas y plumas de pavo real. Dio un pequeño giro de alegría, pues esa noche era su noche.
Cuando los reyes le anunciaron que celebrarían su cumpleaños con una mascarada, Venus no pudo creerlo. El cumpleaños de las guardianas siempre se había celebrado de manera modesta y los aniversarios reales consistían en comidas íntimas, por eso, cuando los soberanos de aquel planeta se lo hicieron saber, la rubia guerrera gritó de emoción.
Y aunque no era exactamente en la fecha de su cumpleaños, pues éste había sido una semana atrás, Venus quedó complacida y agradecida que hubieran elegido el 31 de octubre para realizar el festejo, pues Halloween era su festividad predilecta.
La mujer se miró al espejo, sonriendo en automático. Solo por esa vez, en dos mil años, dejaba de ser Sailor Venus. A quien veía en el espejo, era a la princesa guardiana de su planeta natal, la encarnación de la Diosa del Amor y la Belleza, fiel sierva del Reino de la Luna Llena.
–Ahora el toque final –se dijo a sí misma, colocándose el antifaz. –Minako Aino está lista para festejar su cumpleaños.
De pronto, calló. Ese nombre ya no era más el suyo, y no lo había utilizado hacía siglos. Era como si ella y Minako fueran personas completamente diferentes y como si aquella personalidad se hubiera quedado perdida en el tiempo, junto a todos sus sueños e ilusiones.
El sonido de alguien llamando a su puerta la sacó de sus elucubraciones. Musitó un pequeño "adelante" sin dejar de verse al espejo.
–Venus, ¿ya estás lista? –La pelinegra entró a la habitación, cerrando la puerta tras de sí. –Todos estamos esperando por ti.
–Si Mars, solo que, no puedo dejar de mirarme al espejo –respondió la rubia.
–Vanidosa –contestó divertida la pelinegra, cruzándose de brazos. –Pero es que realmente, te ves hermosa.
– ¿Lo dices enserio? –La mujer se volvió hacia su amiga.
–Solo mírate.
La guardiana del planeta de fuego se acercó a la rubia, tomándola de las manos y haciéndola girar sobre sí.
–Si Yaten te viera, estoy segura que… –Pronto guardó silencio, al darse cuenta de su imprudencia.
–Está bien, Mars. No pasa nada –la rubia le dedicó una sonrisa. –De todos modos si él me viera, no creo que hubiera hecho algo.
La pelinegra se encogió de hombros.
– ¿Nos vamos? –Venus le extendió la mano.
–La esperan en su fiesta, Princesa. – comentó Mars, recobrando el sentido del humor.
Ambas mujeres rieron y salieron al pasillo, divertidas, siendo por una fracción de segundo, simplemente Rei Hino y Minako Aino.
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El Salón de los Espejos brillaba en todo su esplendor; los grandes ventanales fueron adornados con guirnaldas llenas de flores que despedían un aroma sutíl y subyugante. De los techos, las telas de seda ondeaban en aquel majestuoso lugar y los candelabros emitían cálidos destellos dorados.
Los invitados, todos ellos personas importantes de los confines de la galaxia, platicaban amenamente y tomaban coloridos cocteles mientras la orquesta real amenizaba aquella velada en tanto, los meseros iban y venían ofreciendo canapés.
El Rey y la Neo Reina veían todo aquello desde sus tronos, evidentemente complacidos que sus súbditos tuvieran un momento de gozo. Ambos vestían de gala y sus antifaces eran los más bellos del lugar.
El maestro de ceremonias demandó su atención, pues era momento de presentar a la festejada de aquella hermosa y mágica noche de Luna Llena de Halloween. Y ahí, en lo alto de la escalera de mármol, la alta y fina figura de la bellísima princesa Venus hizo su aparición.
Todos los presentes aplaudieron, y los reyes se pusieron de pie, complacidos de verla.
Venus lucía un impactante vestido de corte imperio con una gran abertura en la pierna que dejaba apreciar sus bien formadas curvas, pero sobre todo, se podían apreciar sus zapatillas de filigrana de oro de 14 kilates, obsequio generoso del Rey Endymion.
El largo cabello lo llevaba levantado en una media cola con un ligero crepé, de manera que le caía decorosamente sobre su cuerpo, y por supuesto, traía consigo toda su joyería, la que había sido mandada a traer desde su planeta natal.
Los invitados quedaron boquiabiertos ante aquella belleza, apenas opacada por la majestuosidad de la Reina pero quien no le pedía absolutamente nada a la misma.
El Rey se acercó hasta la escalera, tendiéndole la mano y llevándola en medio del salón, comenzando así el baile real.
Acto seguido, todos los demás los imitaron, balanceándose al unísono con los acordes de la melodía que la mismísima Neo Reina Serenity había compuesto para la más fiel de sus guardianas.
Pasado aquel momento, la fiesta continuó. Entre carcajadas, regalos y comida, las horas fueron avanzando. Entrada la madrugada, la festejada salió al balcón para tomar un poco de aire y fresco y fue entonces, cuando entre las sombras, una extraña figura apareció.
Su instinto de guardiana fue más grande que otra cosa, y sin avisar siquiera a los guardias reales, Venus descendió hasta los jardines, donde había visto al extraño ser.
Avanzó sigilosamente entre los árboles, mientras negros nubarrones ocultaban la luz de la Luna Llena, dejando todo en penumbras.
– ¿Quién eres? –Preguntó – ¡Muéstrate!
Venus se quitó el antifaz, arrojándolo con rabia en el pasto.
– ¡He dicho que te muestres ante Sailor Venus!
Por contestación, la figura salió de entre los árboles. Era un hombre, un hombre alto de cabellos oscuros y aretes largos hechos de una extraña piedra. El rostro lo llevaba cubierto con un antifaz negro con piedras azul zafiro.
La guerrera retrocedió dos pasos, hurgando entre los pliegues de su vestido para después soltar una maldición al constatar que su broche de transformación había quedado olvidado en su habitación.
–Así que tú eres una de las guardianas de la insulsa reina que vive aquí –el hombre ladeo el rostro. –Debe ser mi día de suerte.
– ¡Nada tienes que hacer aquí! ¡Largo!
El esbozó una sonrisa socarrona.
–No me voy a ir hasta conocer los puntos débiles de este lugar. Ya es tiempo que la Historia se reestablezca.
– ¿Quién eres?
El hombre se quitó el antifaz, arrojándolo al pasto.
–Soy el Príncipe Zafiro, segundo a cargo del Clan Black Moon.
– ¿Black Moon?
Por contestación, Zafiro la atacó lanzándole rayos oscuros.
Venus resultó seriamente lastimada, pero, como pudo, se reincorporó, tratando de correr en dirección al Palacio para advertir a los demás. Esa noche, más que nunca, se maldijo a sí misma por haberse confiado y haber dejado su broche guardado en la habitación.
En todos esos siglos jamás había bajado la guardia y ahora, el día que había decidido relajarse, un nuevo enemigo hacía acto de presencia.
La rubia vio frustrado su objetivo, pues el pelinegro había logrado atraparla del pie, haciéndola caer, frenando su carrera.
– ¡Suéltame! –espetó la mujer, clavando el tacón de una de sus zapatillas en el masculino hombro.
Zafiro aulló de dolor. Furioso, la sujetó de ambos tobillos, jalándola hacia él, al tiempo que se montaba sobre ella para inmovilizarla. La tomó por ambas muñecas y llevó los femeninos brazos por encima de su cabeza. Venus no tenía manera de soltarse.
– ¡Estúpida! Vas a pagar muy caro el haberme lastimado.
– ¡Déjame en paz! –La rubia se removía debajo de él en vano. Y fue justo en ese momento en el que sus miradas se conectaron.
Venus no pudo evitar sentir un estremecimiento al perderse en aquellos ojos azul zafiro, mientras él hizo lo propio embelesándose con las facciones de la mujer.
Por unos segundos, se sintió aturdido por la belleza sobrecogedora de aquella cuya estirpe era de la Luna y el sutil perfume que emanaba lo golpeo de lleno.
–Suéltame –musitó ella.
–No. Tú vendrás conmigo.
Y en ese instante, Sailor Venus perdió el conocimiento.
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Despertó en una habitación amplia de paredes blancas. No había ningún tipo de mobiliario a excepción de la gran cama en la que ahora se encontraba. Ni siquiera pudo distinguir la puerta, solo grandes columnatas que conducían a pasillos tan oscuros como la noche.
Telas en tonos morado y negro caían del techo, única decoración de la fría pieza.
Un escalofrío la recorrió desde la nuca hasta el final de la espina dorsal. Estaba pérdida en quién sabe dónde. Se maldijo una y otra vez por el hecho de haber bajado la guardia esa noche, y ahora tenía que pensar en algo para escapar.
Miró sus zapatillas y comenzó a desatarlas. Por muy hermosas que fueran, ahora eran el objeto más estorboso de la galaxia, así que una vez sus pies estuvieron liberados, las dejó caer en el piso de mármol y se aventuró en dirección hacia uno de los lúgubres pasillos, pero antes de internarse en él, su captor le salió al encuentro.
– ¿En verdad crees que vas a poder irte así como así? –Zafiro miró por encima de la cabeza de la rubia, prestando atención a las zapatillas. –Sería una lástima que dejaras olvidados esos zapatos tan finos.
– ¿Dónde estoy? –Venus frunció el ceño, mirándolo con rabia.
El pelinegro caminó hacia donde se encontraban las finas piezas, tomó una y se sentó en la cama.
–En Némesis –respondió, girando la zapatilla por el tacón. –Estoy seguro que a Diamante le van a encantar –dijo para sí mismo.
–Te ordeno que me liberes, ¡ahora! – la rubia lo encaró, cuadrándose frente a él.
– ¿Quién te crees que eres para darme ordenes? –El pelinegro se puso de pie –Ni siquiera eres capaz de atacarme porque no puedes transformarte. En cambio yo…
Zafiro libró el espacio que los separaba y colocó su dedo índice debajo de la barbilla de la mujer, obligándola a alzar el rostro.
–Soy poderoso, y puedo hacer contigo lo que me venga en gana.
–No me toques –siseo ella con ira.
De un rápido movimiento, el hombre la giró, torciéndole el brazo contra la espalda y aprisionándola por el cuello con la otra mano.
–Tu piel no dice eso.
–Cuando la Neo Reina se dé cuenta, va a atacar este lugar con todo el ejército y las guardianas me liberaran. Te juro que yo misma acabaré contigo.
Zafiro soltó una carcajada, liberándola de la incómoda posición en la que la tenía.
– ¡No seas ridícula! Nadie sabe de nuestra existencia y tú amada Reina no podrá hacer nada para ayudarte.
Venus lo miró con rabia, intentando ocultar su miedo. Aunque éste la consumía, intentó dominarse, haciéndole frente. No tenía idea de que podía ser capaz ese desquiciado, pero tenía que aprovechar cualquier momento para intentar escapar.
Un segundo podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Pero antes que pudiera reaccionar, él ya la había tomado entre sus brazos, de nuevo.
Una vez más, sus miradas se conectaron. Había algo en su mirada que la hacía sentir débil, y al mismo tiempo, le aborrecía.
Las finas y varoniles facciones lo hacían un hombre muy atractivo, pero esa luna invertida le daba un toque siniestro. ¿Qué tipo de embrujo estaba infligiendo en ella?
Tenía que salir de ahí cuanto antes.
Zafiro sonrió socarronamente al darse cuenta de lo que provocaba en la guerrera. Deliberadamente se relamió los labios mientras apartaba algunos filamentos rubios de su rostro, apreciándola.
– ¿Tan cruel es tu Reina que hasta eso te ha quitado?
– ¿Qué?
–Podrás fingir lo que quieras, Sailor Venus, pero tu piel y mirada dice otra cosa. Tu reina no es más que una egoísta y arrogante que ha reducido a sus súbditas a nada, más que serles fieles como viles perros. Dime, ¿desde hace cuánto alguien no te toca?
La rubia abrió mucho los ojos. ¿Cómo se atrevía a decir algo como eso? Ella no entendía que era lo que intentaba pero algo era seguro, estaba jugando con su mente y quería manipularla.
–Eres un cerdo –espetó, temblando de rabia.
Él sonrió, le rodeó la cintura y la atrajo contra sí, uniendo sus labios contra los de ella, fundiéndose en un ardiente beso.
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Zafiro la arrojó sobre la cama. Se colocó a horcajadas sobre la rubia, inmovilizándola con su peso y aprisionándole las muñecas, quedando ésta a su merced. Hundió el rostro en el hueco de su garganta, aspirando el sutil perfume que emanaba y sonrió.
Se había acostado con todas las mujeres que componían el clan Balck Moon, y por supuesto, las había compartido con su hermano, pero ninguna había despertado en él la lujuria y el deseo como la guerrera de Venus.
Sería porque era la representación de la Diosa del amor y la sensualidad, o el morbo de poseer y someter a una de esas odiosas Hijas de la Luna Llena, vaya a saber, lo cierto era que Zafiro deseaba poseerla y tenerla para sí.
Comenzó a dar besos húmedos en la lechosa piel, lamiendo y saboreando, bajando hasta el pecho aun cubierto por la tela de aquel estorboso e inútil vestido.
Las protestas que emitía la rubia no hacían más que excitarlo, sintiendo crecerse cada vez más dentro del estorboso pantalón.
El pelinegro emitió un gutural sonido, restregándose contra el muslo de la mujer.
–No –la protesta apenas y salió de sus labios, pero lo cierto era que ella también deseaba aquello.
Porque, ¿cuánto tiempo hacía que no se sentía deseada? ¿Es que solo su Reina podía gozar de aquel privilegio mientras ellas tenían que permanecer célibes por el resto de sus vidas?
Zafiro aflojó las muñecas, quedando expectante, pero ella no hizo nada por liberarse. Una sádica sonrisa se dibujó en sus labios. Al menos no tendría que violarla, pero tampoco daba muestras de querer ser muy activa que dijéramos.
Ella simplemente se iba a dejar hacer lo que él quisiera hacerle, con unas leves protestas.
El pelinegro se incorporó en toda su portentosa estatura, deshaciéndose de la casaca azul marino, mostrando el perfecto y esculpido cuerpo que podía dejar sin aliento a cualquiera.
Venus se retrepó en la cama sin decir nada. Se limitó a mirarlo mientras su pecho subía y bajaba de manera acelerada, evidente signo de su creciente agitación.
De un hábil movimiento, Zafiro destrozó el vestido, haciendo que los exuberantes y blancos senos quedaran expuestos, pidiendo a gritos ser tocados. El pelinegro tomó entre sus dedos los rosados y sensibles pezones y comenzó a estrujarlos, mientras los ramalazos de placer electrizaban el cuerpo de la diosa.
Él se inclinó, restregando su cara contra ellos para, acto seguido, comenzar a amamantarse.
Un suave gemido se escapó de los rosados y carnosos labios de la rubia, lo que le dio la pauta al pelinegro para llevar sus dedos a internarse en la fina braga de encaje que ella portaba, regalo de cumpleaños de su querida amiga Sailor Mars.
–Ustedes tienen un gusto muy particular por las cosas extravagantes –comentó él con voz ronca, jugueteando con los dedos los resbaladizos pliegues.
–Zafiro, para por favor –la voz de Venus era entre cortada
– ¿En verdad quieres que pare? –el hombre llevó los dedos con fluidos a la altura de sus labios –porque "esto" me dice todo lo contario –agregó, lamiéndolos.
Sailor Venus tragó con dificultad. Sintió en su interior como la pasión que había estado dormida durante tanto tiempo recobraba su fuerza y aquel fuego volvía a crepitar con fuerza.
Recordó, hacía muchos siglos atrás, cuando la adoraban y veneraban, cuando los hombres la deseaban y las mujeres le rezaban con fervor para ser bendecidas por su belleza, allá, en el Milenio de Plata.
Y ahora todos esos recuerdos que habían quedado en el olvido habían sido revividos por el magnífico semental pelinegro que hundía su rostro en su entrepierna y había comenzado a libar su vagina, arrancándole estruendosos gemidos.
La rubia arqueo la espalda y se llevó una mano a la boca, mortificada. Él no dejaba de ser el enemigo, un desconocido que había irrumpido en el Palacio, que la había raptado y que había amenazado con destruir Tokio de Cristal.
El orgasmo la sacó de sus pensamientos, haciéndola arquear la espalda y proferir el nombre de quien seguramente tendría que atacar en un futuro.
Zafiro se relamió los labios. No, ni Esmeralda ni ninguna de las Cuatro Hermanas de la Persecución sabían cómo la Guerrera de Venus. Ella era dulce, era un elixir que podía beber para siempre.
El pelinegro se retrepó en la cama, tomándola del rostro y buscando sus labios con desesperación. Ella puso resistencia, pero le correspondió.
Con un hábil movimiento de manos, Zafiro lanzó un rayo oscuro que la maniató, teniéndola a su completa merced.
Venus palideció. El hecho de estar atada la hacía sentir vulnerable, muy vulnerable, y por un momento, el miedo se apoderó de ella. No sabía lo que él podía llegar a hacerle, aun estuviera cooperando.
–Si quisiera matarte, lo habría hecho desde que te traje aquí –comentó, adivinando lo que pasaba por su mente.
Él terminó de desnudarse, mostrando sin ningún pudor su palpitante virilidad.
–Ahora –Zafiro la tomó de la barbilla –se buena chica y devuélveme el favor.
–Yo…
Antes que ella pudiera decir algo más, Zafiro le hundió el miembro en la boca.
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Los suaves gemidos femeninos se entremezclaban con los masculinos gruñidos, al tiempo que las embestidas se volvían más fuertes.
Zafiro estaba aferrado a Venus. Con el rostro entre sus senos, el hombre besaba y lamía sin detener los embates. El aroma de hembra que de ella emanaba lo tenía enloquecido.
Sailor Venus jadeaba, mencionando su nombre, sumida en el placer y el deseo. Él se detuvo por un momento, conectando sus miradas.
Un sutil velo oscuro cubría los ojos del príncipe, ardiendo en deseo por la bella Diosa que yacía debajo de él. Venus unió su boca contra la del hombre, apretándolo con las piernas, instándolo a seguir.
El pelinegro sonrió y retomó la marcha. Ésta vez más rápido, más necesitado, más violento… El orgasmo estaba cerca.
La rubia emitió un grito y al escucharla, Zafiro se descargó en su interior.
La abrumadora sensación la sacudió sobremanera, y su vuelta a la realidad fue muy abrupta. El recordar donde estaba y con quien la hizo desconectarse, en un esfuerzo de su mente por bloquear el sentimiento de culpa por el goce vivido instantes atrás. Sailor Venus cayó en un sopor que la llevó al desmayo.
El hombre aún estaba dentro, arqueándose contra ella, disfrutando los últimos espasmo. Pequeñas perlas de sudor adornaron toda su piel y las gotitas se juntaron en los filamentos de su cabellera, cayendo sobre el cuerpo de su rehén.
Besó la piel de porcelana con adoración.
Jamás pensó poseer a una Hija de la Luna, pero ¡por Wiseman!, podría quedarse con ella por toda la eternidad.
En ese instante, una gruesa voz lo hizo sobresaltarse.
–Te envié a investigar las debilidades del enemigo, no a que raptaras a una de las guardianas de la Reina.
Zafiro se volvió, cubriendo su denudes con la sábana, enfrentando a su interlocutor.
–Hermano…
Diamante se acercó a la cama, con aire displicente. Miró a la rubia desnuda que yacía en el lecho de su hermano y le contorneó el rostro con el dedo índice.
–Es hermosa. ¿Viste a la Reina? –Preguntó, sin dejar de mirar lascivamente los senos de Venus.
–No. A ella la encontré en el jardín.
– ¿Será igual de hermosa que esta mujer o lo será aún más?
Antes que Zafiro respondiera, el Príncipe Diamante se inclinó sobre la rubia, dándole un fugaz beso.
–Su sabor es muy dulce.
–Y eso que no la has probado en realidad –respondió el pelinegro, sonriendo con lujuria.
–Regrésala cuanto antes –el platinado giró sobre sus talones, echándose atrás su larga capa para dirigirse a la puerta del aposento –y dile a Rubeus que prepare el ataque. Tenemos que destruir Tokio de Cristal cuanto antes.
El pelinegro asintió, observando a su hermano salir de la pieza. Si, cumpliría sus órdenes, pero no tan rápido.
Se volvió hacia Venus y una maquiavélica sonrisa se dibujó en su rostro. Decidió romperla a tal grado, que aquella guardiana, la más fiel sierva de la Reina, quedara fuera de combate y Tokio de Cristal cayera a sus pies.
Y lo consiguió.
Queridas Semillas Estelares, mil perdones por andar ausente tanto tiempo, pero entre una cosa y otra, me atrasé bastante.
En esta ocasión les traigo este One Shot de una pareja que en verdad es completamente nueva para mi pero que disfruté mucho escribir de ellos. Este fic es dedicado y escrito con mucho cariño para mi querida Kay Cherry Blossom. Espero te guste!
Originalmente quería publicarlo para Halloween porque este año no hubo fic de ésta temática y quise combinar tanto el cumpleaños de Mina como la Noche de Brujas pero pues quedé a super destiempo así que le cambié todo el inicio, pero por ahí menciono All Hallows' Eve.
¿Qué les pareció Zafiro? Parece que el secuestrar gente es de familia, y dejé al aire lo de Yaten porque pues, se supone que ya es el futuro, es un post stars y un pre Black Moon.
Siempre he pensado que en Black Moon son todos unos lujuriosos enfermos que hacen sus orgi fiestas, por eso se les da eso de ser condenadamente sexies.
Despues de este OS prometo, en verdad, prometo terminar El destino de las Estrellas, y aprovecho para hacerles el comercial de que vayan a leerlo y también se pasen por Insurreción, otro OS del Clan BlackMoon bastante lujurioso (les digo que estos nomas me dan para pensar cosas tipo "wuakala que rico").
Me despido estrellas, Kay, con mucho cariño este fic para ti3
Les mando un abrazo de luz y nos leemos pronto!
Gabiusa Kou.
