De la voz del narrador:
La pelea contra el uku Ankalli de Araña había terminado, aunque un nuevo enfrentamiento había comenzado. Sipán de Can Menor y Bastian de Ciervo de un momento a otro, y para sorpresa de Joe, el caballero de Búho, comenzaron a resolver sus diferencias de una manera violenta que no se había visto entre los hermanos de bronce. Afortunadamente la llegada del caballero Ikal de Serpiente hace recapacitar a sus amigos al recordar el esfuerzo de todos los caballeros de Athena están realizando en ese momento. Sin embargo, cuando estaban preparados para el desafío final una enorme y siniestra sombra aparece, que no es otro que el Dios Decapitador.
De prisa caballeros atenienses, solo queda derrotar al dios AIAPAEC antes que el Gran Eclipse convocado por Hades desde el Inframundo se concrete.
HA LLEGADO EL DIOS AIAPAEC Y LOS CABALLEROS DE LA ESPERANZA ESTAN LISTOS PARA DERROTARLO.
CAPÍTULO 34
LA SOMBRA DEL FIN DEL MUNDO
RUINAS DEL TEMPLO DE LA LUNA CRUEL
– "¡Cuidado!".
Los cimientos de lo que antes fue el último Templo de la Ciudadela de Sangre se reducían a escombros a medida que una nueva construcción surgía de los más profundo de la Huaca de la Luna. Desde lo que parecía ser un trono, la siniestra silueta del dios decapitador se mantenía inmóvil.
– "Es él. No hay duda. AIAPAEC finalmente se muestra".
– "Esta será la batalla definitiva".
– "No perderemos. Por nuestros compañeros que luchan contra Hades…".
– "…Y para cumplir la voluntad de Athena".
– "¡DETENDREMOS LA AMBICIÓN DE AIAPAEC!".
EXTERIOR DE LA CIUDADELA DE SANGRE
– "¡¿Qué está pasando?!".
– "¡Los Templos de la Ciudadela…! ¡Todo se está destruyendo!".
Los caballeros de acero observaron cómo cada uno de los templos que los ukus habían custodiado se hacía añicos a causa del inmenso cosmo de AIAPAEC, que ahora rodeaba la Ciudadela y cerraba el paso a cualquiera que osara adentrarse o escapar de ella.
– "Caballeros de bronce, ustedes pueden lograr el milagro…".
TEMPLO DEL DIOS DECAPITADOR
– "¡Ahora!".
El grito de Ikal fue la señal para dar inicio al combate. Los caballeros corrieron a toda velocidad hacia la figura que parecía alimentarse del velo de oscuridad del Gran Eclipse a punto de alcanzar su estado de perfección. Sabían que luchar por su cuenta no sería suficiente, pero si unían sus fuerzas tendrían posibilidad.
– "¡ALLQU ASSAULT! (¡EMBESTIDA DEL PERRO!".
– "¡KING'S FURY! (¡FURIA DEL REY!)".
– "¡QUETZA GREAT TUSK! (¡GRAN COLMILLO QUETZA!)".
– "¡PREDATOR KEN! (¡GARRA PREDADORA!)".
Antes de que el ataque conjunto de los caballeros alcanzara a su objetivo, un chirrido ensordecedor hizo que los cuatro cayeran de rodillas al suelo. Cuando el sonido se detuvo y levantaron la vista, AIAPAEC ya no estaba frente a ellos.
– "¿A dónde fue?".
El cosmo del dios había desaparecido. Los caballeros permanecieron alerta ante cualquier movimiento o sonido, pero nada sucedió. Era como si el Decapitador hubiera abandonado el mundo terrenal. Cada minuto que pasaba sin que supieran nada de él parecía una eternidad.
– "No hay que bajar la guardia".
El perturbador silencio ponía a prueba la entereza de los caballeros. Estaban a punto de acercarse al solio que adornaba el Templo, pero entonces, algo llamó su atención en el cielo. La oscuridad se tornó de un tono descolorido al mismo tiempo que, en la distancia, el cosmo de la diosa por la que luchaban se desvanecía.
– "El cosmo de Athena…".
– "…desapareció…".
Los caballeros no comprendían lo que estaba sucediendo. La esperanza que habían mantenido hasta ese momento se veía amenazada por la idea de que Saori Kido, la encarnación de la diosa Athena, hubiera perdido la vida durante la guerra contra Hades.
– "No puede ser…".
La duda los consumía. Estaban perdidos en la confusión, haciéndose preguntas imposibles de responder y preguntándose qué podían hacer, cuando detrás de Sipán se alzó una figura conocida. El caballero de Can Menor dio la vuelta rápidamente con la intención de detener el ataque enemigo, pero quedó helado antes de poder hacer algo. No podía creer lo que veían sus ojos.
– "¿…Ankalli…?".
El cadáver de quien fue su compañero de entrenamiento estaba de pie frente a él una vez más. Era inverosímil. El cosmo de AIAPAEC, que se había esfumado minutos antes, se había apoderado del cuerpo sin vida del que fue el último uku a su servicio. Ankalli, quien ahora vestía una túnica ornamentada y portaba una hoz sacra, abrió sus ojos ante el asombro de los caballeros.
– "¿Ankalli, acaso tú…? ¿Tú eres…?".
La mirada de Ankalli, que antes había estado llena de furia y un profundo rencor, había cambiado para adoptar una serenidad que le daba un porte divino, impropio de los humanos.
– "Te diriges a mí usando un nombre ordinario… Insolente".
– "¡Sipán, aléjate!".
El grito de Bastian no pudo alertar al Can Menor a tiempo. Con solo un movimiento de su mano, AIAPAEC, ahora en posesión del cadáver de Ankalli, hizo volar a los caballeros por los aires y se abrió paso hacia la parte superior del Templo.
– "Qué terrible... poder".
– "Arriba. No podemos rendirnos".
Los caballeros se pusieron de pie con dificultad, decididos a atacar juntos otra vez. No tenían manera de saber qué le había sucedido a Athena, pero sin duda seguirían luchando por ella y cumplirían la misión que les había encomendado.
– "Ingenuos… Tan orgullosos de haber derrotado a aquellos que me juraron lealtad…".
AIAPAEC miró con desdén a los caballeros de bronce, mientras ellos elevaban sus cosmos para usar sus técnicas más poderosas. Era imposible saber cuánto resistirían frente al Decapitador. Tenían que darlo todo.
– "Cada ataque que se atrevan a lanzar no será más que una prueba de su propia debilidad ante mí. Todo esfuerzo suyo será en vano".
Haciendo a un lado la advertencia del dios, Sipán, Bastian, Ikal y Joe tomaron posiciones de batalla. Sus combates previos habían debilitado sus cuerpos, pero no sus espíritus. Estaban dispuestos a detener a AIAPAEC a toda costa.
– "Necios. ¿Acaso no se dan cuenta de que están en presencia de un dios? No podrán siquiera tocarme".
– "Aún si eso es cierto, no nos rendiremos. ¡Somos los caballeros de la esperanza!".
– "¿Esperanza? Un absurdo delirio de los mortales".
El rostro de AIAPAEC permaneció inconmovible ante las palabras del caballero de Búho. Mientras las tinieblas cubrían cada rincón del Templo del dios, los caballeros se lanzaron al ataque nuevamente.
– "¡PROCYON IMPACT! (IMPACTO PROCYON)".
– "¡KING'S HAMMER! (MARTILLO DEL REY)".
– "¡LEGEND IKALHÉCATL! (LEGENDARIO VIENTO DEL OESTE)".
– "¡CORUGA NOITE KEN! (ATAQUE DEL BÚHO NOCTURNO)".
– "Insensatos".
El ataque de los caballeros se detuvo frente a AIAPAEC, como si su tenebroso cosmo lo hubiera absorbido, y regresó hacia ellos con mayor magnitud. El impacto sobre sus cuerpos fue brutal. No habían estado cerca de golpear al dios, pero no iban a darse por vencidos.
– "¡Vamos! ¡Una vez más!".
Cada vez que se levantaban, el resultado era el mismo. Sin moverse en lo más mínimo, AIAPAEC detenía sus ataques una y otra vez y los regresaba hacia ellos, estrellándolos contra los pilares que sostenían su nuevo Templo y destruyendo parte de sus armaduras en el proceso.
– "¿Cómo…? ¿Cómo podemos enfrentarnos a un dios…?".
La expresión de AIAPAEC permanecía inmutable. El Decapitador, que hasta ese momento había observado a lo lejos, se puso de pie y caminó entre los cuerpos de los caballeros, que yacían en el suelo, incapaces de reincorporarse tras su último intento de alcanzarlo.
– "Ahora que los dioses han dejado este mundo, su destrucción es inevitable. La Guerra Santa me concederá el control sobre esta Tierra. Cuando Athena muera a manos de Hades, no existirá nadie que pueda enfrentarse a mí".
– "Te equivocas…".
Con el Gran Eclipse a punto de llegar a su punto máximo, la victoria de AIAPAEC parecía inminente. Sin embargo, para los caballeros no significaba el final. Todavía dispuestos a continuar, se levantaron de nuevo con sus armaduras rotas y sus cuerpos desgastados para desafiar al dios decapitador.
– "Estás equivocado… Athena-… Athena derrotará a Hades".
– "Aunque sobreviviera, no podría hacer nada contra mi poder. ¡Cuando regrese, debilitada por los enfrentamientos y el dolor, yo mismo rebanaré su cabeza y me apoderaré de este mundo!".
– "Nosotros somos sus caballeros… ¡Nosotros la protegeremos pase lo que pase!".
– "Los caballeros de los que hablas están peleando y muriendo en el Inframundo ahora. Sus compañeros de bronce e incluso aquellos que ustedes llaman Caballeros Dorados, los más poderosos de su ejército, perecerán muy pronto".
– "¿Cómo…?".
– "¡La batalla entre Athena y Hades, un enfrentamiento que ha sucedido desde la era del mito será su perdición!".
– "No. No dejaremos que eso suceda… Nosotros… acabaremos contigo, AIAPAEC".
– "Athena… En tu esperanza por proteger esta tierra corroída, cometiste el grave error de enviar a tus caballeros de menor nivel para intentar detenerme".
– "¿Qué dices?".
– "Pero solo los has guiado a su muerte. Ahora encontrarán su final, en mis manos…".
Un nuevo temblor sacudió el Templo mientras los caballeros intentaban ponerse de pie. Todo parecía estar perdido. La voluntad que antes les había dado la victoria ante los ukus parecía abandonarlos poco a poco.
– "¡Observa, Athena! ¡Incluso si consigues regresar con vida, ya no quedará nadie aquí para protegerte!".
Aquellas palabras de AIAPAEC resonaron en la Ciudadela. El cosmo del dios decapitador se elevó hasta rodear el Gran Eclipse en su última fase y la hoz que llevaba en su mano se iluminó de un intenso color rojo sangre.
– "¡Esta Tierra será mía!".
– "No… No lo permitiremos. ¡AIAPAEC, este no será nuestro final!".
– "Estúpido. ¿Qué pueden hacer unos simples mortales moribundos contra un dios?".
El poder del dios era inmenso comparado al de los caballeros. Ante él, no encontraban la fuerza para hacerle frente a aquel escenario fatídico. Heridos y a punto de agonizar, solo podían esperar un milagro.
– "Siéntanse honrados de ser sacrificados por la mano del dios decapitador".
– "N-No puede terminar así…".
– "¡MUERAN!".
AIAPAEC levantó su hoz y se dispuso a dar fin a los caballeros de bronce. Sin embargo, antes de que su arma los alcanzara, un cosmo cálido los envolvió con un resplandeciente brillo. Era Athena.
CONTINUARÁ…
