Con la voz del narrador

El Dios Decapitador AIAPAEC había llegado al campo de batalla presentándose como una sombra siniestra para atacar a los caballeros de Athena y lo que alguna vez fue el Templo de la Luna Cruel era ahora el Templo del malévolo dios que remece la tierra con su llegada provocando destrucción. Sipán de Can Menor, Bastian de Ciervo, Joe de Búho e Ikal de Serpiente se disponían a terminar este terrible enfrentamiento antes que se concrete el Gran Eclipse; sin embargo, algo inesperado sucede. El Dios Decapitador toma posesión del cuerpo inerte del uku Ankalli de Araña que había sido derrotado previamente por los caballeros de Athena, y ahora desata todo su poder.

De prisa caballeros atenienses, el Gran Eclipse está a punto de realizarse por completo y con ello los siniestros dioses habrán de salir victoriosos.

EL DIOS AIAPAEC LLEGÓ AL CAMPO DE BATALLA Y LOS CABALLEROS DE LA ESPERANZA DEBEN PELEAR HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO.

CAPÍTULO 36

¡ADIÓS, ESTRELLAS FUGACES!

TEMPLO DEL DIOS DECAPITADOR

El ataque del dios AIAPAEC fue fulminante; sin embargo, algo había sucedido en el último momento. Un cálido cosmo había envuelto a Sipán, Bastian, Joe e Ikal.

"Es imposible. Athena ya debería estar muerta".

Los caballeros de bronce también estaban sorprendidos. Su diosa los había salvado proyectando su cosmo desde un lugar lejano. Era un milagro que no estaban dispuestos a desaprovechar.

"AIAPAEC, Athena está con nosotros".

"Reconozco que son bastantes persistentes, aunque eso no cambiará su suerte. Ustedes no representan ninguna amenaza, pobres caballeros de bronce. Tal vez si estuviera frente a los renombrados caballeros dorados podría considerar sus amenazas, pero ustedes… no son nada".

"¡Puede que no seamos caballeros dorados, pero te venceremos!".

Luego de las palabras de Ikal, los cuatros caballeros de bronce se lanzaron una vez más en un ataque conjunto que fue nuevamente repelido por el monstruoso cosmo que emanaba de la imponente arma de AIAPAEC. Sus cuerpos impactaron en el suelo, haciendo que lo que quedaba de sus armaduras se mezclara con los escombros hasta perderse entre las ruinas del Templo. Sentían que era el fin. Todos sus ataques habían sido en vano y sus cosmos se estaban debilitando.

"Les confesaré que respeto su dedicación, caballeros de Athena, pero ya nada pueden hacer. El Gran Eclipse está por completarse. Desde la Era del Mito, los caballeros como ustedes y su diosa se han ganado la fama de no rendirse… y morir peleando".

"¿Tú… qué puedes saber de Athena…?".

La pregunta de un Bastian intentando reincorporarse cortó la gloriosa sonrisa del dios.

"Conozco a Athena desde mucho antes de que los seres humanos comenzaran a honrarnos y conozco cada una de las batallas en las que lideró a su ejército en tiempos posteriores…".

"¿Cómo…?".

"Se puede decir que soy un gran admirador de la diosa Athena desde siempre. ¡JAJAJAJAJA!".

La carcajada del Decapitador resonó hasta hacer temblar la tierra; pero entonces, algo en el cielo llamó su atención.

"¡¿Qué es eso?!".

"Son… luces…".

"Estrellas… fugaces".

Los caballeros de bronce miraron al cielo y tuvieron una visión de esperanza en medio de la batalla. Eran seis luces doradas que surcaban el cielo como estrellas que viajaban en una dirección para ellos desconocida. No había duda de que eran cosmos de caballeros dorados. Su brillo en el cielo era inconfundible, pues al surcar el firmamento dejaban una estela brillante tan dorada como los rayos del sol. Incluso los caballeros de acero que aguardaban en las afueras de la Ciudadela de Sangre los reconocieron.

"Son… los caballeros dorados caídos en batalla".

"Todos van… en auxilio de Athena".

"Están peleando, aun cuando ya no son parte de este mundo".

"Todos… somos… caballeros de Athena, ¿oíste AIAPAEC?".

Incluso un dios como AIAPAEC, que se vanagloriaba constantemente, permaneció en silencio por un momento. Su expresión cambió de incredulidad a una ligera desesperación. Se cuestionaba si los caballeros de Athena eran capaces de realizar milagros aun estando al borde de la muerte. Se preguntaba si los humanos realmente podrían derrotar a los dioses.

"Sus esfuerzos serán en vano… ¡DESAPAREZCAN!".

Extendió sus brazos y desplegó todo su poder, destruyendo los pocos pilares en pie del templo.

"Su presencia empieza a molestarme… Ahora solo debo esperar que el Gran Eclipse se complete".

No fue necesario que la polvareda terminara de disiparse para detener las palabras de AIAPAEC. Una luz dorada se podía distinguir en la distancia, brillando con intensidad. Era un cosmo que iba en aumento.

"¡¿Cómo?!".

"Sin importar el tipo de armadura, somos caballeros de Athena, no lo olvides".

La armadura de Can Menor brillaba como una armadura dorada para admiración de Sipán y sus compañeros.

"Gracias, caballero dorado Mu de Aries. No ha pasado mucho desde que te conocimos en el lejano Yamir y ahora al fin comprendo lo que nos dijiste. El Séptimo Sentido, el cosmo final. Esta armadura de bronce de mi constelación de Can Menor lleva tu sangre y es ahora que se enciende como la luz del sol. AIAPAEC está acabado".

"¿Será posible que-? No, es absurdo… Todos ustedes morirán. Son afortunados, caballeros. Serán los primeros humanos en miles de años en sentir mi máximo poder destructivo".

"¿Están listos, amigos?".

"Sipán, es cierto que tu armadura brilla como una armadura dorada, pero nosotros…".

"No se preocupen. Ataquemos todos juntos… ¡AHORA!".

"¡QUE ARDA NUESTRO COSMO!".

"¡PROCYON IMPACT! (IMPACTO PROCYON)".

– "¡KING'S HAMMER! (MARTILLO DEL REY)".

– "¡LEGEND IKALHÉCATL! (LEGENDARIO VIENTO DEL OESTE)".

– "¡CORUGA NOITE KEN! (ATAQUE DEL BÚHO NOCTURNO)".

AIAPAEC logró repeler el ataque de Bastian, Ikal y Joe, quienes salieron despedidos por el gran poder del maligno dios. Sin embargo, Sipán se mantuvo un paso por delante hasta finalmente golpear aquel rostro malévolo y llegar a batirse puño a puño contra el dios. Aunque el brillo dorado de su armadura comenzaba a desvanecerse, su cosmo siguió en aumento durante varios minutos, mientras continuaba forcejeando contra el dios que se había apoderado del cuerpo inerte de Ankalli.

"No entiendo cómo pueden seguir interfiriendo… Deberían estar…".

"¿Muertos? Es posible… pero ya deberías saber que nosotros-".

En ese momento, Sipán sintió un cosmo familiar. Tras unos segundos lo supo. No había duda de que se trataba del cosmo de alguien a quien le tenía mucha estima.

"¡Maestro Aldebarán!".

Sipán sintió la presencia del caballero dorado Aldebarán de Tauro a su lado. Aunque su cuerpo seguía combatiendo contra AIAPAEC, en su mente estaba la imagen del caballero dorado que lo había entrenado antes de que la Guerra Santa estallara. Podía verlo con claridad frente a él, tan grande como un toro bravo y sonriente como un niño.

"Te has vuelto fuerte, muchacho".

"Maestro Aldebarán, ¿cómo puede ser…?".

"No te angusties, Sipán. Todos peleamos desesperadamente por este mundo, el mundo que les dejamos a nobles caballeros como tú y tus amigos. Nuestro viaje ha terminado, pero el de ustedes apenas inicia".

"Por favor, perdóneme por no haber peleado a su lado. Yo debía…".

"Tú debías hacer lo que la señorita Saori, nuestra diosa Athena, te encomendó… ¡Y claro que peleaste a mi lado, JAJAJA! Ahora debes mantenerte fuerte... Tú y tu amigo aprendieron bastante bien".

"¿Mi amigo?".

Aldebarán, quien había posado una mano en el hombro de Sipán, dirigió su mirada a Bastian, quien se incorporaba lentamente mientras retiraba unas lágrimas de sus ojos con discreción.

"¡Mantente firme, muchacho! ¡Protejan juntos este mundo, como lo hicimos nosotros!".

"…Maestro… adiós".

La mente de Sipán volvió a la batalla. El forcejeo empezaba a agotarlo, pero no podía ceder un solo milímetro. Los caballeros de Ciervo, Serpiente y Búho ya se habían incorporado y le advertían al Can Menor que se soltara. De la sombra que proyectaba AIAPAEC comenzaron a emerger unas monstruosas patas de araña similares a las que había invocado Ankalli cuando ejecutó su técnica Undying Llaki (Lamento Eterno), pero no solo fue la proyección lo que llenó de terror a Sipán. Del mismo suelo también emergía un sonido similar al que emite una concha marina ceremonial y con cada despliegue de sonido, más y más sombras humanas surgían del suelo.

"¿Unas últimas palabras, caballeros de Athena?".

El rostro de AIAPAEC, más que maldad pura, transmitía una felicidad enferma, como si supiera que ganaría a pesar de los esfuerzos de los caballeros. Antes de que la oscuridad lo cubriera, Sipán consiguió soltarse de aquel forcejeo.

"¡ALLQU CALM! (DEFENSA DEL PERRO)".

Con su técnica de defensa, Sipán pudo librarse del cosmo del Decapitador y reincorporarse al lado de sus amigos. Habían transcurrido varios minutos más desde el último ataque de AIAPAEC; sin embargo, el oscuro cosmo del dios no había disminuido en absoluto y por el contrario, comenzó a intensificarse hasta rodear la Ciudadela de Sangre.

"¿Qué está sucediendo?".

La pregunta de Joe, lejos de parecer absurda, buscaba una estrategia por parte de sus camaradas de bronce.

"Se prepara para su ataque final".

"Todas esas almas deben ser…"

"LAS ALMAS QUE POR MILENIOS FUERON SACRIFICADAS EN MI NOMBRE... ¡AHORA SON MI MEJOR ARMA, LA MISMA CON LA QUE LOS ARRASTRARÉ A SU MUERTE!".

Los ojos de AIAPAEC brillaron hasta tornarse de un color claro que contrario a simbolizar pureza, era un símbolo de muerte. Su mirada, sumada a la sensación que transmitía su voz entremezclada con la que Ankalli tuvo en vida parecía una escena de terror. Sipán, Bastian y Joe estaban petrificados ante tal poder; no obstante, Ikal, a pesar del crítico momento en el que se encontraban, permanecía ensimismado en sus pensamientos.

"Los antiguos pobladores de esta región sacrificaban a sus víctimas en nombre de AIAPAEC".

"¡VOY A DARLES UNA PEQUEÑA MUESTRA DE MI PODER!".

"De la misma forma que muchos antiguos dioses eran fuertes por las plegarias de sus fieles…".

"¿Qué estás diciendo, Ikal? No es momento para divagar".

"No lo hago… Lo vi en aquella investigación… ¡La respuesta que buscamos está en la Historia de las Grandes Guerras Santas!".

"¡UNA MUESTRA DEL PODER DE ESTAS ALMAS SACRIFICADAS!".

El despliegue del cosmo de AIAPAEC golpeó a los caballeros con tal fuerza que los hizo caer de rodillas y retroceder unos metros. Para sorpresa de todos, aquel momento decisivo se había visto interrumpido por el choque de dos tremendos cosmos en algún lugar lejano y desconocido. En ese instante, Sipán deseó que fuera el cosmo de Seiya, incrementándose hasta alcanzar un poder divino, capaz de colisionar contra el de un dios para proteger a Athena y a la tierra.

"ES LA ÚLTIMA VEZ QUE MI COSMO ES INTERRUMPIDO, CABALLEROS DE ATHENA. TUVIERON SUERTE ANTES... ¡PERO ESO SE ACABÓ!".

"¡Ahora es nuestro turno, AIAPAEC! Cometiste un gran error al mencionar la palabra que esconde el secreto de tu enorme poder… y tu única debilidad".

"Ikal, ¿te encuentras bien?".

Sipán, Bastian y Joe quedaron atónitos al ver que su compañero, el caballero de bronce de Serpiente, había entrado en trance. Sus ojos se habían vuelto de un color blanco bastante luminoso y su cuerpo se encontraba levitando, como si estuviera poseído por alguna fuerza no humana. Aunque Ikal no era una persona que acostumbrara sonreír demasiado, tenía un gesto de victoria en su rostro. Tenía un plan.

CONTINUARÁ…