Política
- Bien Baki, creo que el tema es claro, los errores de la Arena serán "absueltos" si cumples con el ofrecimiento que te estamos haciendo – Danzo observaba serio a quien ahora es el nuevo Kazekage.
- Pero… es hijo del anterior Kazekage, no puedo… - El shinobi de la Arena temblaba nervioso mientras veía al viejo Halcón de la hoja, este se mantenía serio apoyando uno de sus brazos en su bastón.
- Ese niño vale por lo que tiene adentro, a nadie le importará, solo mantelo donde está y pronto… lo necesitaremos. – Danzo sin esperar respuesta se levantó y se dirigió a la puerta en la oficina del Kazekage. – Y por cierto deberías ir preparando el terreno para el matrimonio de la chica con el Uchiha… nos veremos pronto – La puerta se cerró dejando tras de si a un shinobi asustado y sin voluntad alguna.
Mientras tanto en Konoha.
Hinata y Akane caminaban conversando animadamente por el distrito comercial, finalmente las cosas parecían mejorar, todos se recuperaron de la fallida misión de traer de regreso a Sasuke pero al menos seguían con vida.
- Sabes Hinata he estado pensando, si ya no hay equipo 7, tú y yo podríamos ir en misiones… digo nada difícil pero si juntas. – Akane sonreía mientras estiraba su mano para tomar la de Hinata, ella sonrío y tomó la mano de la pelirroja caminando en dirección a Ichiraku.
En un pueblo en medio de la nada.
- "Señor no los encontramos, perdimos de vista al infiltrado a donde…- Un sujeto vestido con un tradicional yukata negro caía muerto, producto de un kunai enterrado en su garganta, una pequeña radio en su mano fue tomada por una femenina mano, la dueña de dicha mano era una pelirroja de lentes quien acercó la radio a sus labios. – Lo siento señor, se me cayó la radio, le decía que me iba a desplazar en busca del infiltrado – Karin modulando su voz esperó la respuesta que deseaba. – "Afirmativo tango 2, nos movemos al sotano"
Yugito apareció detrás de la pelirroja sonriendo complacida, ambas caminaron con la radio en mano por un pasillo de madera en la penumbra de la noche.
Kirigakure
- Bien Mizukage dono, el tema es el siguiente, estamos en el sitio, dentro de poco estará de vuelta a su aldea, sin embargo… entenderá que todo tiene un precio. – Zero, sonreía mientras sacaba de uno de sus bolsillos del pantalón un pergamino.
- El mundo shinobi depende del dinero y del feudal, no dice nada nuevo Zero. – Mei sonreía con soberbia mientras tomaba el pergamino, ella sabía que el precio sería alto pero quizás demasiado.
- Ya veremos… ya veremos… todo está en usted. – Zero se alejó dejando a una Mizukage desconcertada.
Konoha, F.I.T
- Bien Ibiki, estoy seguro que te sorprendes por la situación pero… digamos que es algo necesario para la preservación de la aldea, estoy seguro que… quieres que tu aldea resurja como lo que fue, solo te diré que con el modelo actual no llegaremos a ningún lado… ahora dime, donde está tu lealtad, con la hoja o con un hombre? – El jefe del departamento de interrogación y tortura temblaba mientras leía el pergamino ante si, no sabía como reaccionar, todo y cuanto decía era cierto, a la vez sabía que su lealtad estaba en una balanza, tomó el papel lo arrugó, se recostó sobre el respaldo de su silla cerrando sus ojos.
- Tiempos negros se aproximan a Konoha. –
Konoha
Ino por quinta vez en la semana se encontraba con el mismo cuadro, Sakura llorando en el sitio donde Sasuke la había dejado, la noche que abandonó la aldea.
La rubia se aproximó despacio, tenía una mezcla de rabia y pena por quien hasta hace poco tiempo había sido su mejor amiga y ahora eran "enemigas" según la pelirosa por el amor del Uchiha, claro que la Yamanaka ya no sentía nada por el pelinegro pero en el fondo de su corazón abrigaba la idea de recuperar a su amiga.
Se acercó despacio como antes, cargaba unos dangos consigo y se sentó despacio junto a su ex amiga.
- Mañana salgo de misión y bueno… no te voy a ver en unos días, quisiera que te tomes la cosa con calma… - la rubia sin saber que decir, ya había agotado todos los discursos de motivación con Sakura, sin embargo no había resultado. – Dicen que a pedido de el tercero, Tsunade va a tomar algunas estudiantes, puedes creerlo? La gran Sannin en Konoha dando clases, es increíble. – La rubia extendía los dangos a la pelirosa pero no espero recibir un manotazo de parte de ella.
- Te he dicho que me dejes sola! – Sakura se levantó de la banca y abofeteó fuertemente a la rubia que solo se quedó inmóvil dejando caer los dangos de su mano. – estoy aquí esperando a Sasuke, sé que regresa y lo voy a esperar, no quiero que vengas a usurpármelo, quiero que te alejes ya! No eres mi amiga, no eres nada de mí, por qué vienes? Maldita sea Ino, estoy cansado de ver tu cara de estúpida!; y con respecto a lo último, ya lo sabía, estoy lista para entrenar con Tsunade Sama pero tú no lo podrás hacer, eres débil y nunca tendrás el amor de Sasuke! – La rubia solo escuchaba el discurso de Sakura sin saber como reaccionar, a que vino eso? Por qué reaccionó así? Solo quería apoyarla y a cambio recibió una bofetada y un discurso completamente fuera de lugar. – escúchame bien Yamanaka, puede que no venga de ningún clan, como tú, sin embargo yo seré la ocupé ese lugar y dile al idiota de tu…- En ese momento un Anbu apareció detrás de Sakura.
- Señorita Haruno, le recomiendo no hable más y me acompañe.- El Anbu caminó ignorando a la rubia quien se mantenía sentada con su mano apoyada en la mejilla que recibió la cachetada, sus ojos nomás mostraba sorpresa y vio alejarse a la pelirosa junto al Anbu.
Residencia Namikaze – Uzumaki
- La verdad no sé que pensar Kushi, las cosas se empiezan a tornar extrañas, cada vez siento que algo malo se viene, tanto mal he cometido que el mundo entero se verá afectado? – Minato sentado sobre el sofá miraba al frente mientras su esposa le servía una taza de café
- No sé que decirte… Minato las cosas siempre toman el rumbo que deben hacerlo, quizás es lo correcto, quizás solo debemos esperar lo mejor… las cosas están dadas y solo debemos saber afrontarlas… Minato lo que te dijo Jiraiya puede tener muchas intrepetaciones, solo debemos confiar en lo que podemos hacer, de todas formas, ningún muerto puede destruirlo todo. – Kushina sonreía mientras tomaba su taza sin miedo a quemarse, claro esa era su facultad, tomar los líquidos hirviendo sin problema.
El cielo de Konoha se cubría de nubes cubriendo el brillo de la luna, unos cuantos truenos se escuchaban a lo lejos, precediendo una tormenta.
Hiashi miraba el cielo desde su despacho, reflexionaba sobre todas las circunstancias que rodeaban su clan, no solo el sello del pájaro, la política, los favores y sus privilegios se veían trastocados, ese chico rubio había traído un gran temblor que movería los cimientos de toda la aldea, la cosa era que tanto debería soportar que salpiquen a su clan, o más bien.
- De que lado quiero que salpique toda la basura…- Los pensamientos del Hyuga fueron interrumpidos por su hija menos quien ingresaba a la oficina de su padre.
- Padre, quería informarle que lo necesitan en la sala del consejo. – Hanabi había sido criada con un gran respeto por su padre, su accionar parecía aveces el de una adulta más que una niña pero ese era su rol en el clan.
- Claro Hanabi, pronto estaré ahí, ahora déjame unos momentos a solas… tengo que reflexionar. – Hanabi con miedo pero decidida encaró a su padre a quien lo había visto pensativo desde hace algunos días.
- Padre, que es lo que lo aflige tanto? –
El Hyuga solo suspiró y poniéndose de pie frente a la ventana como desafiando al cielo de tormenta que se avecinaba dijó.
- Pronto tendremos que decidir entre lo fácil y lo correcto. – Con esto se dirigió a su hija colocando su mano en el hombro de Hanabi y abandonando el despacho en dirección a la reunión del consejo Hyuga.
Sunagakure, semanas después.
- Eres débil! Pusilánime, dime por qué aceptas esto! Tenemos el poder, la sed de sangre nunca se borra, jamás serás aceptado, tu oportunidad se fue… - Una voz chillona pero profunda se escuchaba y retumbaba en una oscuridad impenetrable.
- Es mi deber, mi redención, se lo debo a la aldea. – El niño pelirrojo con el Kanji de amor sobre la ceja izquierda, abría los ojos al escuchar unos pasos acercándose.
Los pasos se acercaban, sin ritmo pero en buena velocidad, de pronto pudo verla, su hermana, la rubia hija del difunto Kazekage, ella traía una cesta entre sus brazos y casí cayéndose llegó a donde estaba su hermano.
Se arrodilló frente a él, encendió una vela para aliviar en algo la oscuridad en la que se encontraba, al iluminarse se pudo ver su rostro lleno de lágrimas pesadas y grandes que descendían por sus mejillas.
- Gaara, lo siento tanto… estoy hablando con Baki Sensei para que te deje salir… no quiero que estes aquí… quiero…- La rubia apretaba con todas sus fuerzas los gruesos barrotes de la celda que contenía a su hermano, llevaba semanas ahí encerrado y ella solo quería verlo libre, ahora que al fin podía hablar con él, entenderlo pero no podía hacerlo.
- Tranquila Temari, querida hermana, yo acepto esta imposición, es por el bien de la aldea, es mi expiación de culpas… no llores, pronto saldré de aquí, pronto Kankuro volverá de Amegakure, seremos una familia. – El pelirrojo sonreía mientras extendía sus brazos para agarrar la comida que su hermana había traído en la cesta.
- Gracias Temari, eres muy amable, siento que nunca podré enmendarme pero… al menos puedo verte como mi hermana y no como una desconocida… te quiero. – En ese momento, Temari no podía más que dejar libres sus lágrimas pero cuando quería hablar con Gaara fue interrumpida por un guardia quien la sacó casi a empujones de la celda.
