Tercer relato. ¡Dejadme por fa reviews si os gusta, que me interesan un montón!
Capítulo III: El hijo de Tarzán
-Película: Tarzán (2000)
Todo comenzó una noche en la selva. La luna llena brillaba, y entre los árboles revoloteaban las mariposas y los loros que las perseguían en medio de una alegre algarabía. Desde la casa del árbol, Jane los observaba hacerlo, sentada en el borde de la terraza, pataleando suavemente mientras esperaba, cubierta tan solo por una sábana. Un ruido cercano le indicó que él acababa de llegar. Efectivamente, ahí estaba Tarzán: venía de su ronda nocturna en la que se aseguraba de que ningún depredador rondase su casa. Así podría dormir con Jane en paz… o hacer otras cosas.
-Jane…-la saludó él sorprendido de verla ahí sentada. Ella se giró y le sonrió traviesa. Al levantarse, la sábana se cayó rebelando su cuerpo desnudo. Tarzán tragó saliva al verlo, quedándose paralizado. El cuerpo blanco y curvilíneo de Jane lo fascinaba en la misma medida que desataba su lado más salvaje. Ella lo sabía. Tarzán no solo se comportaba como un animal cuando luchaba en la selva… también lo hacía en el lecho, junto a ella. Sabía dónde tocar, cómo besar para volverla loca. Y después de todo el día separados, ella ocupándose de curar a unos gorilas y él enfrentándose a una manada de macacos enojados, ella necesitaba sentir a su amado de nuevo junto a ella… de la forma más íntima y absoluta que se pudiera.
-Jane…-repitió Tarzán avanzando hacia ella. Jane sonrió y le contempló sonriendo.
-Llevo todo el día pensando en ti…
Tenía varios rasguños en sus fuertes pectorales. Ella los acarició lentamente, extasiada. Él era puro músculo, pura fuerza. Físicamente Tarzán era incomparable.
Él parecía pensar lo mismo. Lentamente llevó sus manos, grandes y ásperas, hasta los pequeños y redondos senos de Jane, posándolas en ellos. La chica ahogó un gemido cuando Tarzán comenzó a acariciar sus pezones con el dedo pulgar, frotándolos. Entonces él acercó sus labios a los de ella y la besó. El beso comenzó siendo lento, apasionado, mientras Jane llevaba sus manos a los cabellos de Tarzán y los acariciaba, y luego cada vez más rápido, más desesperado. Tarzán apoyó a Jane sobre la mesa de trabajo donde se encontraban algunos de los inventos del profesor Porter y la foto de sus padres, y comenzó a frotarse contra ella, aún con su taparrabos puesto.
-Tarzán… Tarzán…-gimoteó ella notando el miembro de él rozar con su cavidad y separar los labios vaginales.
-Grrrrr…-gruñó él agresivamente-Jane…
Ella le bajó el taparrabos y acarició su pene con desesperación sin ninguna contención, y entonces Tarzán la abrió de piernas y lentamente se fue introduciendo en ella mientras seguía besándola.
-Aaaaah sí… sigue Tarzán… sigue…-Jane arañó la ancha espalda de su amado mientras esta se contraía forzando los duros glúteos. Tarzán besó a Jane en el cuello, mordiéndolo, chupándolo, mientras ella gemía cada vez más alto. No les importaba quién los estuviese escuchando. Estaban en medio de la naturaleza. Y aquello era lo más natural que se podía hacer.
-¡Jane, AAAH! ¡AAAAH, JANE!-Tarzán embistió a la chica mientras los aparatos de la mesa se caían rompiéndose en el suelo. Desde la ventana de la casa se pudo escuchar el ruido de ambos corriendo y rodando por las habitaciones mientras seguían tocándose y besándose con una pasión tan ardiente que resultaba imposible de contener.
-A lo mejor no se han acostado todavía, voy a pasar a gorronearle unos plátanos a Tarzán-dijo Terk mientras ella y Tantor se acercaban a la casa del árbol. Sin embargo al llegar distinguieron claramente los agudos gemidos de Jane, y los roncos gruñidos del rey de la selva tomando a su hembra.
-Emmmm mejor ya mañana-dijo Terk mirando a Tantor, circunstancial.
-Te lo había avisado-dijo el elefante que no sabía dónde meterse por la vergüenza-por la noche no se visita el nido de una pareja.
-¡Ay, y yo que sé! ¡Vámonos, ¿vale?!-se quejó la gorila cruzándose de brazos. Mientras se alejaban echó un último vistazo a la casa del árbol, sin poder disimular su curiosidad. Su hermanito Tarzán sin duda lo estaba pasando bien. Se alegraba de que por fin hubiese encontrado a alguien como ella para poder vivir en la selva.
En la casa, la pasión de los dos hommo sapiens se demoró hasta altas horas del amanecer, y terminaron enredados en una liana, abrazados totalmente desnudos, contemplando la salida del sol.
-Mmmmmn, vaya… sí, esto es muy interesante-la oruga verde continuó moviéndose mientras el profesor Porter la observaba atentamente con su lupa, caminando a cuatro patas detrás de ella-sí bonita, sí… llévame a tu nido…
-Hola papá…-el pie de Jane se interpuso entre el camino de su padre y el de la oruga.
-¡Jane hija! ¿Qué tal hoy? Creí que estarías con Tarzán en la cala de los delfines… eje… termino enseguida-dijo su padre tratando de seguir a la oruga nuevamente. Era muy importante para él estudiar y comprender totalmente el comportamiento de aquel nuevo ejemplar-¿has visto este letocerus? ¡Es fascinante! ¡La hembra se come al macho y luego las crías se la comen a ella?
-¿Las crías?-Jane sonrió nerviosamente mientras miraba al despejado cielo de la jungla-oye papá, necesito tu ayuda, y es importante…
-Lo que quieras hija, lo que necesites… ¿has dibujado al letocerus? ¡Nos vendría bien para el cuaderno! ¡Ven, anda!-él no la escuchaba demasiado. No era la primera vez que les pasaba. Jane suspiró, cruzándose de brazos.
-Papá, tengo un problema…-insistió.
-Lo solucionaremos, lo solucionaremos…-el profesor Porter puso la lupa tan cerca de la oruga que estuvo a punto de aplastarla.
-Papá, creo que estoy embarazada.
-¡Hay, que bien! Embarazada… eh… ¿EMBARAZADA?-la lupa se cayó de las manos de Arquímedes Porter, que volviéndose hacia su hija la miró con los ojos como platos-¿Ppero Jane? ¿Ccómo ha podido pasar…?
-Papá…-Jane arqueó una ceja. Era bastante obvio. Llevaba viviendo sola con Tarzán casi un año solos, mientras su padre continuaba en el campamento de la expedición, ayudado por nuevos biólogos que habían llegado desde Londres atraídos por la selva.
-Bueno sí, claro… es como en todas las especies…-razonó el profesor Porter moviendo su bigote de morsa a un lado y a otro con nerviosismo-pero Jane… ¿estás segura…?
-Hace dos semanas que tendría que haber bajado… y todavía no. Nunca se había retrasado… tanto-explicó ella nerviosa.
-¿Quién? ¿Tarzán?-preguntó el profesor Porter, algo obtuso. Jane puso los ojos en blanco.
-Tenías una forma de averiguarlo, ¿no es cierto? Un test químico-dijo señalando a la tienda de campaña donde estaba el laboratorio del viejo profesor. Porter asintió lentamente.
-Pues sí, pero… es para gorilas. Quiero decir, que no sé sí contigo funcionaría igual, esto… pero podríamos probarlo… lleva unas horas saber los resultados-dijo. Luego se acercó a ella de la mano-pero Jane, si es así… yo sería tan feliz por vosotros.
-Yo… yo no lo sé-confesó Jane. Su padre la miró curioso-quiero decir… no estoy preparada para tener un niño… y menos… aquí…
-Pero a ti te gusta la selva-razonó el profesor Porter-¿por qué no a vuestro hijo?
-La selva no es el mejor lugar para que un hijo crezca… ¿no te parece?-dijo Jane angustiada. El profesor se encogió de hombros.
-No sé… tú mira a Tarzán. Yo creo que ha crecido bien. Pero Jane…-se acercó a ella y la tomó de la mano, sonriéndola cariñosamente-si al final es así… y yo soy abuelo… te aseguro que nada hará más feliz a este viejo loco que eso.
-¿Incluso más que el letocerus?-bromeó Jane, y el profesor rió.
-Incluso más que eso… pero espera un momento… ¡Por los calzones de la Reina! ¡Se ha ido!-comenzó a escarbar entre la maleza, buscándolo desesperado.
-Muy bien, a ver, a ver-el profesor Porter examinó las sustancias químicas que había utilizado para destilar las muestras de Jane. Luego escribió rápidamente en un papel de su escritorio-sí, sí… vaya… ¡los resultados son óptimos!
-¿Óptimos? ¿A qué te refieres?-preguntó Jane detrás suyo, preocupada. El profesor Porter se giró y la tomó de las manos mientras sonreía.
-Ideales Jane para que sea verdad: ¡estás embarazada!-exclamó. Jane asintió lentamente. No sabía qué decir-¡Embarazada Jane, embarazada! ¡Mi hija está embarazada! ¡Voy a tener un nietoooooo!
-Supongo que… tendré que decírselo a Tarzán…-Jane se mordió el labio pensativa mientras se giraba para dirigirse a la salida de la tienda, cuando se encontró cara a cara con su novio, que la miraba con el rostro inexpresivo. Jane le sonrió lentamente, intentando decir algo.
-¿Jane… embarazada?-dijo Tarzán con voz grave. Ella asintió lentamente, mirándole fijamente a sus grandes ojos azules.
-Sí… así es.
Kala se tumbó en lo alto de una copa mientras pelaba un plátano, distraída. Aquel día cuidando a las crías de la manada había sido duro. Tarzán la había confiado a ella esa misión porque sabía que no había mejor madre en todo el clan. Kala no sentía que fuese así. No había noche en que no pensase en su pequeño, el hijo que había tenido con Kerchak, y que Sabor le arrebató antes de que pudiera ni siquiera hablarla a ella.
Kala intentó animarse pensando en Tarzán, y en lo orgullosa que estaba de él. Su hijo protegía la selva como un auténtico rey de los animales. Cada día que pasaba era más fuerte, y también más feliz al lado de su Jane.
-Tarzán…-Kala creyó ver su reflejo en el agua del lago. Lo echaba de menos a su lado, pero es ley de vida que las crías tienen que marcharse. Sin embargo en este caso Tarzán si que había venido a verla: aterrizando al lado suyo el rey de los monos abrazó a su madre con fuerza, y luego la contempló sin saber bien qué decir. Kala adivinó enseguida que le pasaba algo importante.
-¿Qué tal estás, Tarzán?-preguntó su madre, acariciándole el pálido rostro humano al joven.
-Jane espera… un hijo-dijo Tarzán, tomando de la mano a su madre. Kala abrió mucho los ojos, fascinada. La verdad es que llevaba tiempo esperando una noticia así. La selva es un lugar idóneo para la fertilidad, y Terk no era la única que se había acercado a intentar visitarlos por la noche.
-¡Oh Tarzán! ¡Qué bien! ¡Oh, estoy tan contenta!-le abrazó fuertemente y luego hizo un chillido animal, característico de los gorilas-¡Vais a ser tan felices! ¡Oh, como me alegro! ¿Y de cuánto tiempo…?
-No lo sé-respondió Tarzán con simpleza-pero yo… tengo miedo.
-Eso es un buen primer paso-dijo Kala, comprensiva-si no tuvieras miedo, no serías un buen padre. Pero… ¿por qué tienes miedo exactamente?
-Por todo… la selva es peligrosa… no quiero que le pase nada malo.
Kala asintió. Acariciando el rostro de Tarzán le hizo mirar en el lago en el que solían ir a jugar cuando él era niño.
-La selva es peligrosa, pero también es hermosa. Si te tiene como padre, él será feliz. Y con Jane-dijo finalmente. Tarzán asintió lentamente. Luego rió, nervioso.
-¿Nos ayudarás a criarlo?-preguntó, un poco más animado.
-Pues claro que sí-respondió Kala. Volvieron a abrazarse nuevamente-oh Tarzán… soy tan feliz.
-Y yo…-reconoció él-yo también lo soy.
Tras su visita a Kala Tarzán regresó a la cabaña sobre el árbol. Como esperaba, Jane ya le estaba esperando con las luces encendidas. La joven había preparado algo de cena para ambos. Tarzán entró y se limpió el barro de los pies antes de acercarse a Jane y besarla. Fue un beso extraño, nuevo. Y ambos pudieron sentir perfectamente en el tacto la preocupación que embargaba al otro.
-Pues… aquí estamos-dijo Jane sentándose frente a él-Tarzán yo… quiero decirte algo.
-¿Qué?-preguntó él, poniéndose a cuatro patas sobre el sofá y mirándola con toda su atención.
-Sé que esto ha sido inesperado. Y bueno… todavía no me has dicho qué sientes tú al respecto… quería… querría saberlo.
Tarzán asintió lentamente. Luego se acercó a ella hasta quedar tendido a sus pies. Cogiéndola los pies se los masajeó mientras Jane le acariciaba el rostro enternecida.
-Yo… te seguiré en esto hasta el final. Sé que él será feliz.
Jane asintió. Pero eso no terminaba de tranquilizarla. Había un punto más que quedaba por aclarar.
-¿Tú quieres que crezca… en la selva?
Tarzán la miró súbitamente muy serio. Jane no sabía cómo abordar el tema. Pero decidió ir directamente al grano.
-Quiero decir… me gustaría saber qué piensas…
-¿Qué piensas tú?-dijo Tarzán acercándose hasta quedar pegado a solo unos centímetros de Jane.
-Yo… pues yo pienso… pienso qué…-Jane tragó saliva-oh, Tarzán, dímelo tú, te lo he preguntado.
-Y yo te he respondido-dijo él-yo quiero lo que quieras tú.
Jane asintió lentamente. Debía decidirse. Sus miedos le pedían una cosa. Pero su corazón claramente otra.
-Yo amo la selva Tarzán. Y estar aquí contigo. Sé que nuestro hijo también la amará. Quiero quedarme.
Tarzán asintió lentamente, y la sonrisa volvió a su rostro. Jane sonrió también, y luego le abrazó acercándole más a ella.
-Entonces vamos a hacerlo-dijo él, y se hinchó de orgullo al pensarlo-seremos una familia…
-Sí… una familia-corroboró Jane. Tarzán comenzó a darle besos en el cuello, y ella sonrió. Ya sabía dónde acabaría aquello. Debía aprovechar, porque en unos meses sería mucho más complicado disfrutar del sexo como podía disfrutarlo ahora-vamos… hazlo…
Los ruidos de la pareja volvieron a resonar por todo el claro.
-¡Tarzán, nos acabamos de enterar! ¡¿Dónde estás, campeón?! ¿Tarzán?-canturreó Terk, de nuevo acercándose a la cabaña a lomos de Tantor.
-No me lo puedo creer…-el elefante distinguió enseguida los gemidos gracias a sus orejas súperdotadas-¡Terk, te lo dije! ¡No tendríamos que venir!
-¿Otra vez? ¡Venga ya!-se quejó la gorila, alzando mucho sus largos y peludos brazos-¿es que no pueden hacer otra cosa?
-Es que ellos tienen otras cosas que hacer-soltó Tantor, mordaz.
-Tú a callar. Anda, vamos a la charca-dijo Terk dándose la vuelta-hay que ver, Tarzán… lo raro es que no haya pasado antes…
Las semanas fueron pasando y la pareja estaba cada vez más nerviosa. A Jane le fue creciendo una barrigota cada vez más grande con los meses. Para ella era una sensación única y maravillosa el sentir que, dentro de ella, una personita se estaba formando y pronto iba a salir. La acariciaba lentamente mientras sentada sobre una rama observaba la selva y cantaba viejas canciones que había aprendido de niña. Su padre le había prestado un libro sobre cría de cachorros. Al parecer la música los calmaba. Lo suyo era un niño humano, pero más o menos Jane sabía apañarse.
-¿Será niño o niña?-le preguntó Jane una tarde a Tarzán mientras él la daba un masaje en la espalda, tumbado a su lado en un claro.
-No lo sé…-respondió él-eso no puede saberse, ¿no?
-No…-admitió ella-la verdad es que a mí no me importa… no sabría decir que me gustaría más… si fuese un niño le cosería unos pantaloncitos y una camisa para que pudiese explorar a gusto por la selva… si fuese niña le haría una falda abierta, y le recogería el pelo en una coleta, como la mía…
-A mí tampoco me importa…-dijo Tarzán poniendo una de sus grandes manos en la tripa de Jane para darle calor-solo quiero que nazca bien.
Jane caviló por unos segundos. Ya lo había hablado con su padre antes… era un tema delicado, pero tenían que abordarlo antes o después. Tan solo faltaban dos meses para que se cumpliera el plazo. Y el bebé crecía rápidamente.
-Tarzán yo… bueno, he hablado con mi padre y… hemos pensado que sería más seguro que el bebé naciera en un hospital… quiero decir… habíamos pensado en ir a Londres.
-¿A Londres?-repitió Tarzán, asombrado. ¿No era ese el poblado de Jane, más allá del mar? Había estado a punto de ir allí tiempo atrás, cuando Clayton le había engañado. Rascándose el mentón Tarzán miró a Jane, intranquilo-pero.. ¿por qué?
-En Londres hay hospitales donde ayudan a parir a las mujeres-le explicó Jane con paciencia-es como un sitio lleno de doctores, como mi padre… ahí pueden ayudarme a que el parto sea seguro.
-Pero tendremos que coger el barco…-recordó Tarzán-el barco es peligroso… el mar es peligroso…
-No pasará nada Tarzán. Mira…-Jane sabía que le estaba asustando, pero esa no era su intención. Ella también tenía mucho miedo: un parto en la jungla podía convertirse en algo muy desagradable, y más para una madre primeriza como ella. La única solución que veía era ir a Londres-… cerca de aquí salen unos ferries que viajan hasta Inglaterra. La gran isla ¿te acuerdas?
-La isla pequeñita más bien-recordó Tarzán echando un vistazo a los mapas con los que Jane le había enseñado el mundo entero. Al lado por ejemplo de Madagascar, no muy lejos de dónde ellos estaban, las islas británicas eran excrementos de loro.
-Papá y yo iremos, y en cuanto me recupere podremos volver aquí con nuestro bebé… ¿qué te parece?-dijo Jane. Tarzán negó con la cabeza. Aquello no le convencía nada.
-Iros… ¿sin mí?-preguntó, dolido.
-Londres es un lugar extraño… no sé si te gustaría…-le recordó Jane. Luego le miró atentamente-Tarzán, a mí no va a pasarme nada por ir sola, pero aquí no puedo quedarme… ¿Tú quieres acompañarme?
Tarzán la miró sin saber qué decir. Todo aquello era demasiado repentino. Pero sabía que ella tenía razón. Los humanos no son como los animales. Y él ya había visto cómo eran los partos de los animales y eran brutales. Si alguien podía ayudar a Jane… la llevaría hasta el fin del mundo si hiciera falta.
-Yo voy contigo Jane-dijo finalmente-hasta Londres o a donde sea.
Ella sonrió y rodeándolo con sus brazos le besó con fuerza. Tarzán la acarició cariñoso, y luego cuando se separaron se levantó para ir a comunicárselo a sus amigos.
-Voy a echar de menos la selva, Jane-explicó, en el tono sincero con el que siempre hablaba-pero tengo curiosidad por conocer tu Londres. Seguro que me gustará aunque sea extraño.
Jane rió mientras le veía alejándose entre las lianas. Él nunca dejaría de sorprenderla. Era esa sinceridad y esa nobleza lo que más le gustaba de él.
-Solo serán unos meses Terk-decía Tarzán mientras se reajustaba la corbata una vez más. Vaya prenda más extraña e inútil. No servía para absolutamente nada, pero tenía que aprender a vestirse como los humanos si quería encajar en su tribu.
-Ya, claro-gruñó ella-¿te crees que me lo creo? Unos meses al principio, pero luego te gustará y te quedarás. ¡Nunca voy a volver a verte, Tarzán!
-¿E-en serio te vas a quedar?-preguntó Tantor angustiado. Tarzán negó con la cabeza nuevamente.
-Ya os lo he dicho, no. Cuando Jane tenga el niño regresaremos. Prometido-dijo, muy serio. Terk hizo un ruidito de incredulidad con la boca mientras Tantor se secaba las lágrimas de los ojos emocionado.
-Tengo muchas ganas de conocer a tu hijo, Tarzán… ojalá pudiera estar ahí para verlo al nacer… me gustaría mucho…-se sinceró el elefante muy conmovido.
-En realidad…-Tarzán lo pensó unos segundos-tal vez podríamos hacerlo…
-¿Lo dices en serio?-Terk y Tantor se miraron, interrogantes. Tarzán asintió lentamente mientras lo pensaba.
-Buenos días profesor Porter… todos a bordo-dijo el capitán del ferrie mientras ayudaba al profesor a subir al barco. El anciano iba cargado con varios de sus inventos que pretendía dejar en su casa de Londres aparcados porque ya no le servían.
-Capitán Hody, encantado de verle-dijo Porter muy animado-esta es mi hija Jane y su esposo Tarzán. Y estos… bueno, eh…
El capitán Hody puso los ojos como platos al ver al elefante y la gorila que subían por la pasarela del barco muy ufanos mientras parloteaban ente sí en un idioma incomprensible.
-Esto es el cargo extra que encargaron… ¿no?-dijo el capitán acongojado. El profesor miró a Tarzán riendo, y él asintió lentamente.
-Ou, ou, ¡allá vamos Londres!-canturreó Terk mientras daba saltos por el barco, emocionada-¡será mejor que te prepares, la reina va a conocerte!
-Madre mía, pobres londineses-dijo Tantor irónico. Terk no le hizo caso.
-¿Estás bien Tarzán?-le preguntó Jane acercándose a su lado al ver que él miraba por la barandilla la orilla de la selva donde siempre había vivido.
-Sí, sí… claro…-dijo él. Jane apoyó la cabeza en el hombro del chico y se quedaron así mirando el mar mientras el ferrie pitaba avisando de su paso. Sería una larga travesía.
-¡Bbbbbbluooook!-Tantor vomitaba por la barandilla del barco. Los marineros miraban asqueados al elefante, cuyo vómito bastaría para llenar una piscina, mientras Terk se acercaba a él con un paño húmedo.
-Tranquilo Tantor, tranquilo… esto te vendrá bien-dijo ella cariñosa mientras le pasaba el trapo por la frente-¿mejor?
-Sí, eh… más o menos… bbbbbllljjj-dijo el elefante, que se había puesto de color verde pistacho.
-Llevamos casi una semana en esta maldita cáscara de nuez… ¿cuándo va a terminarse esta cosa?-protestó Terk mientras se sentaba al lado del elefante enfurruñada-agua por aquí, agua por allá. Ahora entiendo a los peces. Deben de sentirse asqueados.
-Piensa que lo hacemos por Tarzán y Jane… ellos lo harían por nuestros hijos-dijo Tantor tratando de mantenerse optimista.
-Por los míos no desde luego, yo no pienso tener-dijo Terk decidida a permanecer negativa.
En ese momento el capitán Hody pasó a su lado y miró por su catalejo.
-¡Tierra a la vista!-avisó dando un fuerte grito que hizo que los dos animales se sobresaltaran-¡todos en sus puestos, vamos a desembarcar!
-¡Por fin!-chilló Terk emocionada-¡Ay Tantor! ¡Que ganas tengo de bajarme de aquí! ¡Tarzán, Tarzán! ¡Quiero bajarme!
El barco se dispuso a atracar en la bahía, mientras en el puerto se escuchaba una algarabía humana como Tarzán nunca había escuchado.
-Vale… quiero volverme a subir-dijo Terk con los ojos como platos. La ciudad estaba llena de coches y de humanos que corrían de un lado para otro dando voces. Muchos sin embargo se quedaban parados mirando a los dos animales que acababan de descender del puerto.
Había también grúas enormes, y carros con caballos, y Tarzán no podía dejar de mirarlo todo con los ojos dilatados por la curiosidad. Jane le miró y sonrió para sí. Siempre había querido llevarlo al territorio de los humanos. A fin de cuentas allí estaba entre los de su especie…
-Esto da un poco de corte… me da vergüenza que me mire la gente-dijo Tantor tratando de esconderse inútilmente detrás de Terk.
-No me seas babuino, Tantor-le regañó ella-tú sonríe y ya está. Los humanos son muy básicos.
-Mira, mira… esos llevan armas… ¡como Clayton!-chilló Tantor señalando con su trompa a varios soldados que pasaban por allí.
-Mira Tantor, vale ya-le regañó Terk que también se estaba poniendo nerviosa-¡estamos con Tarzán, así que no va a pasarnos nada!
-Chicos, por aquí-les indicó él, que seguía al profesor Porter.
-He encargado un camión que llevará a Tantor y a Terk hasta nuestra casa-explicó el profesor Porter a Tarzán señalando un enorme vehículo. Él lo miró fascinado. ¡Qué cosa tan inmensa y poderosa! Parecía un elefante, pero hecho de hierro-en nuestra casa tendrán espacio de sobra… nosotros cogeremos un coche.
-¿El carro sin caballos?-preguntó Tarzán, haciéndose el entendido.
-Exacto sí, el carro-rió el profesor Porter, divertido-venga, venga Tantor, Terk, subiros ahí arriba. Enseguida llegaréis a casa…
-Yo no me fío un pelo-dijo Terk mirando el camión con recelo-¿Tarzán, seguro que es seguro?
-Sí Terk, seguro que lo es-rió Tarzán-confía en mí… nos reuniremos enseguida.
Terk asintió, preocupada. Luego subió y tiró también de Tantor para que fuera tras ella.
-Nos vemos en la casa-dijo Tarzán despidiéndose con la mano.
-Adiós Tarzán…-dijo Terk con angustia.
-Este sitio me marea-dijo Tantor cuando les cerraron las puertas.
-¡BUENO, NO EMPECEMOS OTRA VEZ!
-¡Mira Tarzán, mira! ¡Ese es el Big Ben!-le explicó Jane señalando el enorme reloj. Tarzán lo miró impresionado.
-¿Se puede escalar?-preguntó, ansioso.
-Oh pues… no creo que dejen-replicó Jane, sonriéndole divertida. Ya imaginaba que él se moriría por explorar aquel nuevo mundo enseguida. Le conocía demasiado bien.
Iban en el coche conducido por el criado del profesor Porter, Magnus, que los llevó con inmaculada precisión hasta la mansión situada en un tranquilo barrio de las afueras. Tarzán señalaba los edificios y las casas, el río (que le resultó gracioso que llamasen río, porque no era precisamente como los anchos caudales que había en África) y la gente que pasaba de un lado a otro. Un niño le sonrió y le saludó con la manita, y Tarzán le saludó de vuelta.
Quiero saber
Que se siente
Quiero saber lo extraño que soy
-Señor Porter, señorita, hemos llegado-informó Magnus aparcando el coche cerca de la puerta. Tarzán se asomó al tubo de escape, que le soltó una densa bocanada de humo en la cara.
-¡Jajajaja, Tarzán!-rió Jane mientras sacaba un pañuelo y le limpiaba el rostro a su atónito novio.
-¡Jane! ¡Oh, Jane! ¡Por fin has vuelto!-una voz desconocida sorprendió a Tarzán. Al volverse creyó por un segundo que se trataba de un hipopótamo, pero no, era Gertrude, la pomposa y obesa tía de Jane. Detrás de ella venían Eleanor, Hazel y Greenly, sus tres amigas de la infancia que ya habían ido a visitarla una vez a la jungla.
-¡Jane! ¡Oh, el bebé!-dijo Hazel emocionada-vas a ser madre Jane… ¡qué bonito! Y Tarzán… no has cambiado nada…
-Hola Hazel-dijo Tarzán sonriendo amablemente.
-Me gusta más cuando lleva solo el taparrabos-le susurró Hazel a Jane, picante. Ella solo rió. Pero al ver la expresión de su tía Gertrude ya no rió tanto. La mujer se mantenía erguida y observaba a Tarzán con reprobación.
-Así que este es el chico-dijo Gertrude con agresividad-vaya. Y ahora venís aquí para tener el bebé. ¡Que considerados!
-Tía Gertrude, me alegro tanto de verte-Jane abrazó a su tía, que enseguida se apartó de ella y siguió observando a Tarzán.
-Supongo que ya os habréis casado… ¿no?-preguntó, insidiosa.
-¿Cazado?-repitió Tarzán sin comprender-¿por qué iba a cazarla?
-C-a-s-a-d-o hijo. He dicho casado.
-¿Qué es casado?-le preguntó Tarzán a Jane, extrañado. Tía Getrude ahogó un grito.
-Tarzán no sabe lo que es el matrimonio, tía-le explicó Jane con humildad-se crió en la selva, ¿recuerdas? Para él es solo el orden natural…
-Ya veo que para tí también-soltó la tía Gerturde mordaz-¡Arquímedes! ¿Cómo has podido permitirlo?
-Gertrude querida-el profesor Porter parecía un enanito al lado de la inmensa Gertrude, cuñada suya por su difunta mujer, naturalmente-¡hay tantas cosas que tenemos que contarte de la selva!
-Me interesa más que me contéis qué vais a hacer en Londres… ¿es que acaso él va a trabajar aquí?-preguntó, señalando a Tarzán.
-¿Trabajar?-repitió él, pasmado.
-¿Entiende algo de lo que digo?-chilló Gertrude, enfadada. Jane vio que Tarzán empezaba a mosquearse ante el comportamiento de su tía y se apresuró a meterse en medio de ambos.
-Tía Gertrude, lo que pasa es que Tarzán viene un poco cansado porque ha sido un viaje muy largo. ¿Por qué no pasamos a dentro a tomar un té, mientras él recibe a sus amigos?
-¿Sus… amigos?-repitió la tía Gertrude sin comprender. En ese momento entró por la verja de la entrada de la mansión el enorme camión, por el que asomaba la trompa de Tantor barritando estrepitosamente. La cara de la tía Gertrude era todo un cuadro. Eleanor, Hazel y Greenly que ya sabían a qué atenerse porque les habían visitado en África no pudieron contener sus risitas.
-¡Yuhuuu! ¡Por fin!-Terk saltó del camión e hizo una danza triunfal al verse por fin libre de aquel infierno con ruedas-¿pero qué sitio es este? No hay ni una pizca de sol en toda la isla.
-Ayyy… esto no puede ser bueno para mi ciática-comentó Tantor bajando del camión con delicadeza y mirándolo asustado-qué cosas tienen estos humanos…
-Aaaaaah…-la tía Gertrude estaba paralizada.
-Estos son Tantor y Terk-le explicó Tarzán poniéndose a su lado y sonriendo-¡Mis mejores amigos!
Y subiéndose a la cabeza del elefante dio un aullido triunfal, como solía hacer en la selva.
-Oh Dios… tengo que ir al baño-dijo Hazel, epatada.
Tarzán pasó la tarde con sus amigos jugueteando por el jardín. Tantor cogía el balón y Terk y él intentaban atraparlo. Sin embargo con un tiro el elefante se pasó un poco de rosca y se cargaron una ventana.
-¡No pasa nada, no pasa nada!-exclamó el profesor Porter cuando Tarzán fue a disculparse-¡vosotros pasadlo bien! ¡No todos los días se puede tener un elefante en casa!
-Fascinante Arquímedes, es sin duda un único ejemplar de paquidermo-dijo uno de sus colegas del club de investigadores de la naturaleza, al que había invitado a la cena de esa noche.
-Arquímedes sin duda has encontrado oro con este, er… Tarzán-corroboró otro mirando como jugaba el joven-tiene el cuerpo de un humano, pero sin duda los movimientos y la mente de un simio. Es como El buen salvaje de Rousseau.
-¿Y dices que tu hija está enamorada de él?-preguntó un tercero, y varios de los científicos rieron. Arquímedes notó el tono burlón de esa última pregunta, pero prefirió ignorarlo. A fin de cuentas Jane era feliz al lado de Tarzán, y él era inmensamente feliz por ambos.
Se acercaba la hora de la cena y todos los invitados, viejos conocidos y amigos de la familia, fueron entrando mientras Jane y el profesor les daban la bienvenida con emoción. Tarzán seguía jugando con Tantor y Terk en la fuente, cuando un enorme coche blanco y sin capota entró a toda pastilla por el camino de tierra que había en el jardín tan rápido que espantó a Tantor, quien casi se cae encima de Terk y Tarzán.
-¡Eh!-exclamó Tarzán mosqueado.
-No puede ser… ¡Jane!-un joven de más o menos la edad de Tarzán descendió del coche. Era rubio y bien parecido, y vestía de un modo impecable que Tarzán nunca hubiera podido imitar aunque hubiese querido. De repente, entendía por qué era tan importante la prenda de la corbata. Demostraba algo… si quedaba bien…
-¡Ashton!-Jane corrió a saludarlo, emocionada-¡Ashton! ¡Al final te compraste ese coche blanco!
-Naturalmente, cielo. BMW Z1. Último modelo-explicó Ashton con una arrogancia que Tarzán captó enseguida-ya sabes que yo siempre consigo lo que me propongo.
-Oh sí…-Jane se alejó un poco, nerviosa, al notar que Ashton se pegaba a ella.
-Pero… no puede ser… es cierto-Ashton observó la prominente tripa de Jane y abrió mucho los ojos con asombro-estás embarazada.
-Así es-intervino Tarzán, avanzando muy serio.
-Uy, al final sí va a merecer la pena haber venido-comentó Terk al verlo-¡fíjate Tantor! Aquí hay salseo del bueno.
-¿Con quién?-preguntó el elefante, todavía aturdido.
-¡Mira, hombre!
-Así que eres tú… el hombre que le ha robado el corazón a mí Jane-dijo Ashton mirando a Tarzán muy serio.
-¿Tu Jane?-repitió Tarzán, al que esa expresión no le sonó demasiado bien.
-Solo tengo que decirte una cosa… y es que me alegro por los dos-dijo Ashton sonriendo encantador y ofreciéndole la mano. Tal y como Jane le había enseñado Tarzán se la estrechó, y forzó también él una sonrisa.
-Gracias… Ashton-dijo Tarzán apretando la mandíbula con fuerza. Él asintió, mirándole fijamente, y luego a Jane.
-Así que… le conociste en la selva. Por la Corona del Rey, es increíble-dijo, asombrado.
-Sí, Tarzán se crió allí-explicó Jane muy contenta-vivimos en una pequeña cabaña en medio de la naturaleza ¡Es como siempre había soñado Ashton! ¿Qué te parece?
-Estupendo querida, estupendo…
Entraron en la mansión. Tarzán iba a seguirlos cuando Terk le detuvo.
-¿Qué pasa?-preguntó Tarzán extrañado.
-En términos animales a eso le llamamos el rival del macho alfa-dijo la gorila maliciosa, señalando a Ashton.
-Qué tontería-respondió Tarzán indignado-solo son amigos.
-¿Tú crees? Vamos Tarzán. ¿Por qué todos los machos sois siempre tan obtusos?
-¡Tú eres la obtusa!-respondió él, ceñudo.
-¿Qué hacen ahora?-preguntó Ashton volviéndose hacia el jardín. Para él la conversación que Tarzán estaba manteniendo con Terk eran simples gruñidos animales bastante irritantes para el oído.
-Habla en su idioma-le explicó Jane divertida-solo él los entiende. ¡Se crió con ellos!
-Increíble-Ashton asintió lentamente-y tú… ¿tú has estado viviendo entre ellos… todo este tiempo?
Jane asintió, muy orgullosa.
-Exacto. Era lo que siempre había querido… bueno, Tarzán es mucho más de lo que siempre había querido-reconoció, levemente ruborizada-pero bueno… ¡parece que todos nuestros sueños se han cumplido!
-Sí, bueno…claro…-Ashton la miró con cierto pesar mientras ella corría hacia la mesa donde ya se estaban colocando los comensales.
La comida fue bastante incómoda para Tarzán: apenas sabía usar los cubiertos por lo que Jane le había enseñado, y aunque ella le guiaba para hacerlo él se sentía bastante mal. Los viejos y empingorotados amigos del profesor Porter, encabezados por la tía Gertrude, le miraban con intensa desaprobación. Tarzán bebió de su copa el vino y tosió, asombrado. ¿Qué clase de agua era esa sustancia tan fuerte? Tenía un sabor dulzón pero extraño. En la selva los animales que lo tomaban se consideraban indecentes.
-Y dinos, Tarzán… ¿cómo es criarse en la selva?-preguntó uno de los amigos del profesor, interesado-quisiera hacer un estudio sobre el tema, si no te importa.
-Oh, no me importa-respondió él humildemente, aunque no tenía muy claro a lo que se refería con "estudio".
-¿Es verdad que hay leones y tigres?-preguntó Ashton balanceándose en su silla interesado.
-Tigres no he visto nunca-dijo Tarzán, que solo conocía el gran felino por los libros de Jane-y los leones viven más allá del río. Pero tenemos leopardos. Son muy malvados.
-O sí, yo también tengo un leopardo en casa-recordó otro de los profesores-es el del recibidor, ¿os acordáis?
Todos rieron pomposamente, y Tarzán los imitó, riendo quizás demasiado alto, para intentar integrarse. No lo había entendido, pero bueno. Empezaba a pensar que no entendería nunca nada de aquel lugar. ¿Por qué las señoras llevaban tantas prendas de ropa por encima, que obviamente les estaban dando calor e incomodando? ¿Y por qué los hombres se dejaban esos bigotes tan largos y molestos? Él no podía pensar en nada más picante que eso.
-Y dinos Tarzán, ¿cómo tú, el hombre de la casa, proteges a Jane de esos leopoldos y de los elefantes y todas esas serpientes, y arañas y cosas que hay en la selva?
-Yo no soy el único hombre, también están el profesor y sus amigos-explicó Tarzán, que obviamente no comprendía el significado de la expresión-los elefantes son mansos, y las arañas y las serpientes no son peligrosas.
-¿Y los leopardos?-preguntó Ashton, suspicaz. Los ojos de Tarzán brillaron mientras cortaba un trozo del pollo con su cuchillo.
-A los leopardos los mato-dijo, y todos le miraron asombrado.
-¡Santo Dios, es increíble!-dijo el director del club de amigos de la Naturaleza, sentado a la derecha del profesor Porter-¡Un matador de leopardos! ¡Hace falta valor! ¡Brindo por ti, muchacho!
-Sí, yo también-corroboró el profesor Porter emocionado-¡Por Tarzán!
-¡Por Tarzán, por Tarzán!-repitió el resto. Tarzán sonrió sin entender muy bien qué les había dado ahora, así que levantó también su copa y brindó.
-¡Por Tarzán!
-Por favor…-gruñó la tía Gertrude, mosqueada-esto no puede ir a peor…
Pero se equivocaba, porque en los siguientes días Tarzán minó, todavía más si cabe, su escasa paciencia. Jane quería mostrar a su novio todo Londres, al igual que él la había enseñado toda su selva a ella. Para disgusto de la tía Gertrude que los acompañaba muchas veces, Tarzán no parecía intimidado por la gran ciudad, al contrario mostraba un intenso interés por adaptarse y aprender, aunque no terminase de encajar.
-Este es el puente de la Torre-explicó Jane mientras paseaban por encima del largo puente-aquí tiene lugar una de las historias más bonitas de Londres…
-No intentes malgastar saliva, no te está escuchando-gruñó la tía Gertrude con fastidio. Efectivamente, Tarzán estaba en la barandilla del puente, y se asomaba mientras observaba revolotear a las palomas cerca.
-¡Tarzán, no!-Jane le agarró el brazo justo antes de que lo hiciese-Tarzán, por aquí no se puede saltar…
-Pero no es muy alto-replicó él, intentando tranquilizarla.
-No, no es eso es que… no se puede-le explicó Jane con una sonrisa paciente-¡está prohibido!
-No está bien visto-corroboró la tía Gertrude mientras abría nuevamente su sombrilla.
En Hyde Park ocurrió lo mismo: Tarzán quiso escalar un enorme plátano de sombra y Jane no se lo permitió, viendo que un guardia los miraba con ojo avizor.
-No está bien visto subirse a los árboles-sentenció la tía Gertrude-¡no eres una ardilla!
En el museo británico Tarzán se metió dentro de uno de los sarcófagos egipcios que estaban expuestos, y también se subió a la coraza de un barco antiguo que estaba colgado del techo, creyendo que este iba a zarpar por el Támesis. Jane enseguida tuvo que ocuparse de bajarlo ante las fuertes protestas de la tía Gertrude.
-¡No está bien visto! ¡No está bien visto!
Fueron a comer a un caro restaurante del centro donde nuevamente se les unió Ashton, quien comía muy acercado a Jane, quizás demasiado. Tarzán gruñó mientras clavaba un cubierto en la mesa.
-¡No se hace así!-le reprendió la tía Gertrude-¡y ponte la servilleta alrededor del cuello!
-Lo siento…-se disculpó Tarzán con timidez.
-¡No está bien visto!
Y así pasaron los días. A tía Gertrude le desesperaba Tarzán, y a él le desesperaba la tía Gertrude. Cada cosa que hacía parecía estar mal.
-¿Pero ahora qué…? ¡Aaaaaaaah, nooooooo!-la tía Gertrude echó a correr hacia el interior de la casa con los ojos tapados al ver que Tarzán se estaba dando su ducha diaria en la fuente del jardín, con su cuerpo escultural totalmente desnudo mientras Tantor le regaba con su trompa.
-Profesor… ¿puedo hablarte?-Tarzán se acercó a Arquímedes, que estaba redactando en su cuaderno de viajes todo lo que había recogido sobre el letocerus.
-¿Tarzán? ¡Sí hijo, naturalmente que puedes!-exclamó el profesor cerrando el libro y mirándolo con atención-¿qué tal Tantor y Terk? ¿Les viene bien la comida que les hemos comprado?
-Oh sí, les gusta mucho-mintió Tarzán-pero no es eso. Verás… es sobre… Jane.
-¿Sobre Jane?-el profesor frunció el ceño-¿y qué es lo que pasa? El ginecólogo ha dicho que todo va bien…
-No es eso… creo que ella… es feliz aquí-dijo Tarzán. Era cierto: cada día ella estaba más radiante, la veía rodeada de sus amigas y conocidos paseando por la ciudad en la que se había criado y con una agenda ocupadísima a pesar de su avanzado estado. De hecho los últimos días apenas habían hablado, porque ella estaba siempre ocupada.
-¿Feliz? Sí, bueno, claro-el profesor se encogió de hombros-pero Tarzán… ¿tú no?
-No es que lo sea…-Tarzán paseó por el despacho observando los muchos adornos del profesor Porter con interés-es que yo… yo creo que no encajo aquí.
Le había costado mucho decirlo en voz alta. Pero la verdad es que era más que evidente. El profesor contempló a Tarzán y asintió mientras se levantaba de su mesa para acercarse a él.
-Si te soy sincero, yo tampoco-le confesó pícaramente-y cada vez menos, desde que Mary me dejó. No estoy hecho para la sociedad de Londres.
-¿Ah, no?-Tarzán le miró con sorpresa. Arquímedes rió.
-¡Mírame Tarzán! ¡Mi lugar está en la selva, estudiando a los animales!-dijo, riéndose-Londres también es una jungla, pero de otro tipo. Se caza de otra forma, y se sobrevive de otro modo. Pero en esencia es lo mismo, solo que mucho más sucio, triste y contaminado.
-Contaminado…-repitió Tarzán rascándose la cabeza-pero profesor… ¿entonces vamos a volver?
-¡Pues claro que sí!-rió Arquímedes, tranquilizándole-tú y yo Tarzán… somos almas salvajes.
Tarzán no veía demasiado salvaje al profesor, pero debía reconocer que amaba la selva tanto como la amaba él.
-¿Y Jane…?
-Jane también ama la selva, Tarzán-dijo el profesor, mirándole con suspicacia-pero incluso más que la selva, te ama a ti. Por eso eligió quedarse. Por eso va a volver cuando nazca el niño... solo tenemos que aguantar hasta entonces…
-Hasta entonces-repitió Tarzán, cansado. No tenía fuerzas para enfrentarse a otra aburridísima cena de sociedad en la que la comida se les ponía debajo del plato sin que ellos hicieran nada para conseguirla.
Decidió ver si encontraba a Jane y podía hablar con ella un rato. La echaba de menos.
-¡Tarzán!-cuando él entró en la habitación Jane estaba releyendo un libro sobre maternidad que le había dejado la tía Gertrude y cerrándolo le sonrió, mirándole con alegría-¿dónde estabas? ¿Cómo están Terk y Tantor?
-Bien-volvió a mentir él nuevamente-Jane… ¿cómo está el bebé?
-Bien. Me da pataditas-rió ella acariciando su inmensa barriga-¿y cómo está el padre del bebé?-se acercó a él y le besó en la oreja-te echo de menos…
-Y yo…-Tarzán se tumbó en la cama a su lado y la masajeó la espalda mientras la daba suaves besos. Jane emitió un leve gemido-cuando volvamos a la selva, estaremos siempre juntos…
Jane puso cara de preocupación al escuchar aquello. Cuando volvieran a la selva…
-A lo mejor nos lleva algo más de tiempo del que esperábamos-reconoció la chica, un poco cortada. El riego de besos de Tarzán se detuvo mientras él levantaba la mirada y la observaba con sorpresa.
-¿Más de tiempo?-repitió, extrañado.
-Quiero decir… -Jane tragó saliva-no puede quedar mucho para que él venga… pero después de eso… debería quedarse en un lugar seguro para crecer.
-Pero la selva es segura-replicó Tarzán, dolido-¡Londres es mucho menos seguro que la selva!
-Tarzán, para un niño la selva es peligrosa, acuérdate del leopardo-dijo Jane, que aunque nunca había conocido a Sabor conocía la historia-además hay enfermedades.
-Pero tu padre le va a pinchar… las vacas esas.
-Las vacunas, sí. Pero de todas formas a lo mejor deberíamos esperar… a que fuera un poquito más mayor-dijo Jane, mordiéndose el labio. Tarzán vaciló. Ya no la masajeaba. Se había quedado paralizado. ¿Cuánto más debía permanecer encerrado allí? Cada gris día que pasaba era una tortura para él.
-Jane, yo… quiero volver-confesó Tarzán, angustiado. Jane le miró preocupada. Sabía que él no iba a tomárselo a bien. Pero a fin de cuentas la responsabilidad era de ella: ella le había convencido para que fuesen hasta allí. Pero tenía miedo por el niño… ¿por qué Tarzán no podía entenderlo?
-No quiero que lo pases mal aquí, Tarzán-dijo la chica poniéndole una mano en su brazo-escucha… si quieres volver, nos volvemos. Solo dame unas semanas para que me recupere cuando todo haya acabado…
-No, no-Tarzán se levantó y paseó por la habitación, nervioso. Cuartos, paredes, puertas… y ni un poco de naturaleza. Era agobiante-Jane… nos quedaremos el tiempo que haga falta. El niño es lo más importante. Y tú.
No hablaron más del tema, y se quedaron allí abrazados y besándose, aunque Tarzán apenas se sentía con fuerzas. Cuando Jane se quedó dormida salió del cuarto y fue a ver a Tantor y a Terk, que se habían refugiado de la nueva lluvia en el garaje de la mansión.
-¡Esto es el colmo!-se quejaba la gorila, colgada del techo-¿Es que no hay día que no llueva en este sitio? ¡Por eso está todo tan verde!
-Mira el lado positivo. La lluvia es algo muy higiénico-comentó Tantor, que estaba devorando la comida comprada por Porter. Era un pienso asqueroso muy alto en grasas, con el que el elefante estaba engordando más que en toda su vida.
-¿Quieres dejar eso?-le reprendió Terk-desde que estamos aquí tienes el culo diez veces más gordo de lo que ya lo tenías.
-Oye, no la pagues conmigo-se defendió Tantor.
-Hola chicos-les saludó Tarzán entrando y sonriendo forzosamente.
-¡Tarzán! ¡Ay, por fin!-Terk corrió hacia él y lo abrazó con fuerza-¿ha nacido? ¿Ya nos vamos?
-Eeeeeh no…-respondió él, aturullado-todavía no hay señales…
-Oh, por favor, pero que lentos que sois los humanos para todo-rebuznó la gorila, dando golpes a las paredes, estresada.
-Pues el embarazo de un elefante dura una media de veinte meses, considérate afortunada-dijo Tantor en tono repipi-figúrate cuando yo tenga crías…
-Esperaré sentada, figura-respondió la gorila, mordaz-Tarzán, yo ya no aguanto aquí Llueve todo el rato, la comida es horrible y no se puede hacer nada divertido ¡Me estoy volviendo loca!
-Sí Terk, yo estoy igual-reconoció él, sentándose sobre el coche de los Porter que estaba allí guardado-pero Jane quiere que nos quedemos cuando el niño nazca, hasta que sea un poco más mayor y esté preparado para…
-¿Quéeeeeeee?-la gorila dio tal chillido que sus dos amigos pegaron un respingo. Corrió hacia Tarzán y empezó a zarandearlo de nuevo-¡No lo aceptes, por favor! ¡Tarzán, yo no me puedo quedar encerrada aquí por años!
-¿Años?-repitió él con angustia.
-¿Hasta que sea un poco más mayor? ¿Cuánto te crees que es eso?-gimoteó Terk echándose por el suelo dramáticamente-¡Abre los ojos, Tarzán! ¡Jane quería quedarse en Londres desde el principio, te ha ido echando el anzuelo poco a poco para que lo mordieras!
-Hala, que bien pensado. Siempre calas a la gente, Terk-dijo Tantor, asombrado.
-Eso no es verdad, Terk-replicó Tarzán con enfado-Jane no es así. Ella solo está pensando en lo mejor para nuestro hijo. Y yo debo hacerlo también.
-Pero Tarzán…-Terk miró a su mejor amigo desesperada. ¿Cómo podía hacérselo entender?
-No os preocupéis. Conseguiré que volváis a casa cuanto antes-dijo Tarzán disponiendo a salir de nuevo a la fría lluvia-entiendo lo que sentís.
"Claro que lo entiendo"-pensó para sí, dolido, y luego se marchó.
-¡Espera!-le llamó Terk, disgustada. No quería herirle. Pero es que también ella tenía mucho miedo.
-¿Crees que él va a quedarse en Londres… para siempre?-preguntó Tantor angustiado. Terk tragó saliva, mientras se encogía en una esquina con tristeza.
-Pues… no lo sé.
Durante el trayecto a la cena en casa de Ashton Tarzán miró por la ventana del coche a la lluviosa Londres. Antes se sentía muy interesado por los humanos. Ahora cada vez menos. No le encajaban bien sus costumbres, y además le parecían criaturas muy tristes. Siempre deambulaban de acá para allá sin poder hacer lo que querían, agobiados por un sinfín de cosas que para él no tenía sentido.
Finalmente entraron en la casa de Ashton, donde ya les estaba esperando parte de la jet set de Londres. Tarzán sonrió, pero nadie le devolvió la sonrisa.
-¡Jane!-Ashton corrió a saludarla, encantador como siempre-¡Tarzán! Por favor, pasad adentro.
El salón era muy lujoso, aunque estaba lleno de gente hasta los topes. Todos parecían bastante animados, así que Tarzán se mezcló en la conversación lo mejor que pudo, intentando enterarse de algo. Entonces vio algo que le cambió el rostro: Ashton tenía un sinfín de cabezas animales colgadas de las paredes. Y otra de esas famosas pieles de leopardo puestas en el suelo. Tarzán vio con inmensa tristeza una pata de elefante convertida en una especie de horrible taburete para un piano. Le causó escalofríos.
-Tarzán, quiero que conozcas a mis amigos-dijo Ashton tomándolo del brazo y guiándolo hasta un grupo de jóvenes trajeados y elegantes como él-estos son Tom, Bryan, Devin y Marlon. Chicos, este es Tarzán, del que tanto os he hablado.
-Ah sí… el rey de los monos-dijo Devin mientras bebía de su copa de brandy, de la que ya había abusado-¿es verdad que tu madre es un chimpancé? Debe de ser raro.
-Mi madre es un gorila-replicó Tarzán, mirándole extrañado, y ellos rompieron a reír a carcajadas.
Jane vio a Tarzán hablando con aquel grupo de jóvenes mientras estaba sentada entre la tía Gertrude y Hazel, que la bombardeaban a preguntas incómodas.
-¿Y cómo estás yendo al baño?-decía la tía Gertrude.
-Ya no puede faltar mucho para que nazca-señaló Hazel-¡ya son nueve meses, ¿no?!
-Sí, más o menos-confirmó Jane-yo le notó muy inquieto…
-¡Podría ser hoy mismo! ¡Que emocionante!-exclamó Hazel, dando palmaditas.
-No, que humillante. No lo digas ni de broma-la cortó la tía Gertrude, imperiosa-una mujer no debe romper aguas en público.
-Yo creo que no hay de que avergonzarse…-la contradijo Jane distraída-es lo natural…
-Oh Jane. Ese hombre mono te tiene el seso sorbido-dijo la tía Gertrude mientras se abanicaba. Jane frunció el ceño. Eso no le sonaba nada bien. Echó un vistazo a Tarzán, y distinguió claramente su expresión de disgusto. Los amigos de Ashton le estaban preguntando ahora sí el taparrabos le producía demasiados picores en sus zonas delicadas.
-"Se están burlando… o no…"-Jane quiso ir hacia Tarzán, pero Ashton la cortó el paso.
-Vamos a ir a cenar ya-la informó, tomándola de la mano caballerosamente-he preparado un menú especial para ti y el niño.
-Gra… gracias-Jane se vio arrastrada por él a la gran mesa. Tarzán en cambio se tuvo que sentar en la otra punta, entre Tom y Marlon. Miraba a Jane con desesperación, tratando de llegar hasta ella, pero era en vano.
La cena fue de las más incómodas que Tarzán pudo recordar. Los señores mayores como tía Gertrude le miraban con reprobación, mientras los amigotes de Ashton se reían de cada cosa que decía y le tiraban miguitas de pan como si quisiesen alimentar a un pájaro. En un momento Tarzán quiso ayudar levantándose, y al tropezar con el sirviente se le cayó encima toda la sopa. El sirviente se apresuró a disculparse, mientras los amigos de Ashton casi se caían al suelo de la risa.
-Tarzán, eso está mal visto-le dijo la tía Gertrude mirando a sus amigas y riendo-¡se lo digo siempre!
-Pperdón… lo siento-se disculpó Tarzán al sirviente, ayudándole a recoger las cosas-es culpa mía…
Quería marcharse de allí cuanto antes, pero no se veía capaz.
-Tranquilo Tarzán-Ashton se levantó y tomándolo del brazo lo guió hacia sus aposentos-te daré otro traje para que puedas cambiarte.
-Tarzán…-Jane miró con el corazón destrozado a su novio que se marchaba pingando de sopa mientras los demás comensales chismorreaban, maliciosos. Ojalá estuviera su padre para ayudarla, pero Arquímedes había decidido quedarse en casa trabajando porque estaba harto de esas cenas de sociedad. Una vez más, su padre había sido el más sabio.
-Toma, esta corbata te vendrá bien-le dijo Ashton amablemente-¿qué te parece, eh macho?
-Bien… gracias-dijo Tarzán, avergonzado. Se desnudó sin ningún reparo y comenzó a cambiarse ahí mismo. Ashton miró impresionado los músculos del chico, y sus cicatrices de tantas heridas en combate.
-Eres un tío especial Tarzán… no dejes que la gente te raye-le dijo.
-Oh, son de las garras de Sabor-explicó Tarzán tocándose las heridas, sin entender a lo que Ashton se había referido con "rayar".
-Como sea-rió él-oye, te esperamos a bajo, ¿vale? Creo que sabes volver tú solo.
-Claro-Tarzán vaciló un segundo y le llamó entonces-Ashton… tú… ¿tú crees que yo seré buen padre?
Él tamborileó los dedos un segundo, extrañado. ¿Qué se podía responder a eso?
-¿El rey dela jungla? Pues claro. No te preocupes tío.
Y diciendo esto se marchó. Tarzán asintió lentamente y luego se puso la camisa y los calzoncillos. El profesor Porter le había enseñado como anudarse la corbata, era parecido a como atar una pitón a una rama, así que no fue complicado.
Una vez listo Tarzán bajó por las escaleras procurando no mirar las cabezas de ciervos que parecían suplicarle auxilio, cuando vio un zorro disecado y estuvo a punto de vomitar del asco. ¿Por qué ponían cadáveres en sus casas como adornos? Era bastante macabro.
-No puede ser un buen padre.
Esa frase sorprendió a Tarzán. Venía de uno de los salones, donde los comensales se habían retirado tras la comida. Era Ashton quien ahora había hablado.
-Aprovecho ahora para decíroslo porque no está Jane, pero no van a volver a la selva todavía-dijo Gertrude con cinismo-Jane ha conseguido convencerle para quedarse un poco más. Yo creo que ella le tiene miedo.
"¿Miedo?"-repitió Tarzán, impactado. ¿Cómo que miedo?
-Tarzán no es malo-le defendió Ashton, mientras sus amigotes reían-es solo que… bueno, no es de aquí, claro. Es como aquel chino que vino una vez con el embajador. Esa gente tiene otras costumbres. No pueden adaptarse.
-Pues yo creo que para venir de los monos se ha adaptado bastante bien. ¡Si hasta habla el idioma!-le defendió una de las viejas amigas de Gertrude, más bondadosa.
-¡Pero fíjate con qué ideas la ha infectado, Carol!-se indignó Gertrude-embrazada antes del matrimonio… por favor…
-Sí, en la selva Jane lo ha debido de pasar muy bien-rió obscenamente Tom, y Ashton le dio un codazo.
-Y ahora quiere que el niño vuelva a la selva… una criaturita indefensa, por favor, para que se lo coma una pantera o una de esas cosas que hay por allí. Jane va a vivir con miedo toda su vida. Miedo por el hijo, y por el marido-sentenció la tía Gertrude con severidad.
-Yo siempre pensé que debería haber terminado contigo, Ashton-dijo Tom, dándole una palmada amistosa a su amigo.
-Bueno, no lo sé. Jane está enamorada de él. Creo que no es capaz de ver que son muy distintos-reconoció Ashton.
En ese momento llegó Jane. Los que estaban en la salita la saludaron, amistosos, pero entonces ella vio a Tarzán que estaba aún en el pasillo, escuchándolos consternado. El joven respiraba entrecortadamente, y parecía muy afectado.
-¿Tarzán?-dijo Jane extrañada, acercándose a él-¿qué ha pasado?
Tarzán se alejó corriendo.
-¡Tarzán!-Jane quiso alcanzarle, pero corría demasiado despacio por el embarazo.
-¡Jane! ¡No puedes correr en tu estado!-la recriminó la tía Gertrude alarmada.
-¡Tarzán!-Jane vio que había una ventana abierta ¡por ahí debía de haberse marchado! Se volvió hacia sus amigos, mirándolos indignada-¿qué ha ocurrido?
-Pues no lo sé Jane, cariño-dijo la tía Gertrude haciéndose la loca.
-Oh, venga ya-la recriminó Hazel que había acompañado a Jane al baño-seguro que los habéis puesto verdes.
-Creo que nos ha escuchado decir que te estaba poniendo en peligro-confesó Ashton, ciertamente avergonzado-Jane, lo siento mucho.
-¿Qué lo sientes?-Jane apartó la mano de Ashton, indignada-¿pero qué os pasa? Le he traído para que os hicieseis sus amigos… solo os habéis estado riendo de él, y tratándolo como un animal.
-Bueno, es que es un poco mono-se rió Tom, el amigo de Ashton. Jane le fulminó con la mirada de una forma que el chico ya no volvió a hablar.
-Tarzán es más humano que la mayoría de vosotros-les recriminó-no me puedo creer que me vuelva a pasar lo mismo. Me fui a la selva precisamente porque no hallaba comprensión aquí… y le encontré a él.
-Pero Jane… yo sí te comprendo-intentó defenderse Ashton con voz de príncipe encantador.
-Pues cuando me fui ni siquiera te despediste, ni me escribiste-le recordó Jane, dolida-admitámoslo Ashton, solo te he interesado desde que te enteraste de que yo estaba él.
-¡Jane!-protestó él, pero era cierto. Durante muchos años había disfrutado sabiendo que Jane estaba loca por él, hasta que ella había ido a la selva y había encontrado el amor de verdad. Ashton no quería quedarse de lado…
-Dejémonos de tonterías Jane-intervino la tía Gertrude, que no quería que aquella escenita continuase-ya se le pasará. Ahora vamos a bailar, que es lo…
-No, tía. Lo apropiado es que yo esté con él. Porque le quiero. Y para que lo sepas, la selva es bastante más divertida que esto-dijo Jane, y dándose la vuelta salió de allí ayudada por Eleanor, Greenly y Hazel.
-¡Oh!-exclamó la tía Gertrude, indignada, mientras miraba a Ashton que se encogía de hombros.
Jane buscó a Tarzán, pero su padre la comunicó que no había vuelto a casa. O al menos no le había visto, porque cuando Jane fue al garaje comprobó que Tarzán obviamente debía de haber pasado por allí: ni Tantor ni Terk estaban. Los tres se habían ido.
Tarzán los guiaba por Londres siguiendo el cauce del río hacia el puerto. Desde allí cogerían un barco que los llevase a la costa, y desde allí un ferrie de vuelta a casa. No sabía cómo lo conseguiría, pero estaba decidido.
-No lo entiendo ¿qué ha pasado?-le preguntó Terk, caminando al lado suyo.
-Jane puede pertenecer a mi mundo, pero yo no al de ella-reconoció Tarzán, con la cabeza gacha. La lluvia le había empapado, y tenía de nuevo la ropa llena de barro-ellos tienen razón… no puedo ser su pareja… y muchos menos su padre.
-Tarzán, yo no pienso así-replicó Terk intentando calmarlo, pero Tarzán no quiso escucharla.
-¿No querías volver? Pues eso vamos a hacer…-dijo, apretando los puños. Terk agachó la cabeza, entristecida, y luego le siguió sin decir nada más. Los dos eran cubiertos por la sombra de Tantor que engullía más pienso repugnante distraídamente.
-¡Oh my God! ¡An elephant!-exclamó un hombre asomándose por la ventana.
Amanecía. Tarzán se encontraba en el puerto, donde había conseguido que los aceptasen en un barco a cambio de ocuparse de cargar con todos los pesados fardos. Con ayuda de Tantor, no era demasiado difícil.
-Eres una ganga muchacho ¡me has ahorrado una pasta en grúas!-exclamó el viejo capitán, fumando de su pipa impresionado.
-Gracias. Necesito salir de aquí-dijo Tarzán apesadumbrado. El capitán asintió lentamente.
-Te entiendo… no eres de por aquí, ¿verdad?
-No.
-Pues tranquilo. Zarpamos a las once.
Tarzán se sentó en una de las cajas y agachó la cabeza, abatido. No sabía qué hacer. No deseaba marcharse sin despedirse de Jane, sin hablarlo, o algo. Pero no podía quedarse allí. Tenían razón, la estaba haciendo daño. Ella seguramente sería más feliz allí, con su tía y sus amigas… y con Ashton…
-Tarzán…-Terk se sentó a su lado y le pasó uno de sus gruesos y peludos brazos por la espalda-mira, yo odio este sitio con todas mis fuerzas y creo que tú también. Pero amas a Jane, y yo la quiero por eso. Y estoy deseando conocer al bichito sin pelo y esmirriado que traigáis al mundo, como cuando tú llegaste con Kala… por favor, piénsalo… a mí no me importa comer pienso por un año, si es lo que hace falta.
Tarzán la miró lentamente. ¿Qué estaba haciendo? No podía renunciar a Jane de esa forma. No podía marcharse. Era cierto que era difícil estar juntos en esa situación, pero… pero él la amaba más que a su vida, y estaba seguro del amor de ella. Y su hijo… no estaba seguro de que ese Ashton o ningún otro hombre pudiera protegerlo mejor que él mismo. Lo quería muchísimo. Era su cachorro. No, había sido una locura. No podía abandonarlo.
-¿Sabes, Terk? Te haré caso-dijo Tarzán sonriendo a su amiga y dándola un abrazo.
-¡Por fin! ¡Tendrías que hacerlo siempre!-se burló ella.
-¡Tarzán!-una voz los sorprendió. Era Jane. Acababa de llegar en el coche de Ashton, junto a él y el profesor Porter.
-Jane…-Tarzán se levantó y fue hacia ella, hasta que quedaron a unos centímetros, quietos, mirándose.
-Tarzán…-Jane le miró con tristeza-por favor, no te marches… me quiero ir contigo.
-No, no Jane… yo estaba equivocado… perdóname-dijo, tomándola de las manos-quedémonos, por favor… quedémonos para siempre.
-Yo no quiero quedarme para siempre-Jane le miró a los ojos y después acercándose a él le dio un fuerte beso en los labios-quiero vivir contigo en la selva, y con él…-se señaló la tripa-por favor… yo no tengo ningún miedo. No lo tengas tú tampoco.
-Jane…-Tarzán la abrazó y después volvió a besarla nuevamente. Jane le acarició el cabello, enternecida, mientras detrás suyo el profesor, Ashton, Terk y Tantor les observaban.
-Anda, fastídiate. Gana el macho alfa-le dijo Terk a Ashton, que no entendió nada y se apartó un poco asustado del gorila.
-Tarzán…-Jane sonrió, embelesada, cuando de repente le cambió al expresión del rostro. Estaba notando algo…-¡Tarzán!
-¿Qué, qué pasa?-él la miró agobiado-¿Jane?
-Es… es el niño, creo… creo que viene…-dijo Jane angustiada-¡Oh Tarzán! ¡Me duele!
-Tranquila, tranquila…-Tarzán la sujetó. Recordaba donde estaba el hospital por las veces que habían ido juntos a ver al ginecólogo… pero estaba bastante lejos.
-Hay que subirla al coche… yo la llevaré-dijo Ashton, caballeroso.
-Pero hay atasco-recordó el profesor Porter, preocupado-¡vamos a tardar un rato!
Tarzán miró a los altos edificios de Londres y entrecerró los ojos con decisión.
-No lo creo-dijo.
-¿Pero qué…? no puede ser-Ashton le miró horrorizado-¿qué vas a…?
Tarzán no respondió. Cargándose a Jane en brazos escaló por el edificio que estaba en frente suyo y empezó a saltar de cornisa en cornisa con una agilidad increíble. Esquivaba las humeantes chimeneas y a los deshollinadores mientras se dirigía al Big Ben, cercano a la clínica.
-¡Oh, Tarzán!-chilló Jane, aterrorizada-¡Por favor, ten cuidado!
-¡Llegamos enseguida!-gritó él, seguro de sí mismo-¡Confía en mí, Jane!
-Siempre…-susurró ella, y hundiendo la cabeza en su pecho cerró los ojos y trató de contener el dolor. El niño hacía tremendos esfuerzos por salir.
-¡Tenemos que seguirles tíos!-exclamó Terk subiéndose a la cabeza de Tantor-¡vamos, vamos, movimiento!
-¡Corre Ashton, arranca el coche!-le ordenó el profesor Porter al joven, que enseguida puso en marcha su descapotable.
-¿Pero qué es eso? ¡Increíble!-comentaba la gente, señalando asombrada a la figura de Tarzán que se balanceaba por los edificios como un mono.
-¡El hospital!-gritó Tarzán. Desde la casa en la que estaban al hospital quedaba una calle.
-¡Espera, baja y coge el paso de ceeeeebra!-Jane chilló la última parte de la frase porque Tarzán saltó como un loco hacia los coches y pisando sus techos atravesó la calle hasta llegar al hospital.
-¡Ya estamos!-gritó, entrando en la recepción con la chica en brazos-¡A parir!
-¡Un momento, voy a por una silla!-exclamó la enfermera, asombrada. Enseguida cogieron a Jane y se la llevaron rápidamente.
-Quiero ir con ella-dijo Tarzán decidido.
-Mejor que no-le dijo la enfermera-no se preocupe usted… está en buenas manos.
Tarzán insistió, pero las enfermeras permanecieron impasibles en su decisión y no le dejaron. Al rato llegaron el profesor, Ashton, Hazel, Greenly, Eleanor y la tía Gertrude. Ella miró a Tarzán, avergonzada.
-Yo… me alegro de verte Tarzán-masculló.
-Yo también, tía Gertrude-respondió él amablemente. Gertrude sonrió, cortada, pero desde ahí le empezó a tratar más amablemente.
-¡¿PERO QUÉ ES ESTO?!-gritó la recepcionista asustada cuando un elefante y un gorila irrumpieron en la clínica por la puerta de entrada.
-Es precioso…-Jane acariciaba a su bebé, unas horas después del parto. Estaba exhausta, pero se la veía exultante de felicidad. Acariciándole la cabecita, la joven se lo dejó ver a Tarzán. Era un bebé robusto y muy guapo, como lo había sido él cuando Kala lo encontró.
-Oh j ojo jo…-el profesor Porter estaba muy emocionado-mi nietecito… ay… es un primor.
-Es guapísimo…-confirmó la tía Gertrude con delicadeza-¡hola precioso, hola! Yo soy la tía…
-¿Qué tal, campeón?-dijo Ashton mirándolo también y sonriendo.
-Todo ha salido bien, Tarzán-susurró Jane, dándole la mano-¿lo ves? Ahora somos una familia…
-Jane…-Tarzán la besó emocionado y luego a su pequeño-lo hemos conseguido… lo hemos logrado…
Entonces echó a correr hacia la ventana. Tenía que hacerlo, como siempre que estaba exultante de felicidad.
-¡Tarzán, no!-gritó la tía Gertrude-¡no es lo apropiado!
-Y ahí va otra vez…-rió Ashton.
Desde el hospital Tarzán saltó hasta el Big Ben que estaba situado a un lado, y escalándolo llegó hasta las agujas del reloj. Miró la humeante Londres que se extendía por todas partes, como su selva. No sería su reino, pero había conseguido salir victorioso también en él. ¡Ahora era padre! Y no podía ser más feliz.
-¡OooooooOOOOOooooooo!-haciendo su grito triunfal mientras se sacudía los pectorales Tarzán saltó del reloj al puente de Londres y desde allí saltó al río, riendo.
-¡Sí! ¡Ese es mi Tarzán!-gritó Terk, satisfecha.
-Dios mío…-la tía Getrude se ajustó sus anteojos para poderlo ver bien mientras nadaba a crol por las aguas del Támesis-con lo sucio que está eso…
-Sssssh, tranquilo… mira… mamá está aquí…-Jane tranquilizó al pequeño, que estaba en sus brazos. Tenía ya casi un año-mira bebé… ahí está nuestra casa… ahí está la selva.
Poco a poco la costa de África fue apareciendo entre la niebla, misteriosa, salvaje, lista para recibirlos una vez más. Jane sonrió al ver que su pequeño pataleaba emocionado. A su lado, Tarzán sonreía también, mientras se desbrochaba la camisa. Por fin podía liberarse de nuevo. Los últimos meses en Londres sin embargo había conseguido pasarlo muy bien. Hasta Ashton le había enseñado a conducir su coche, y se habían hecho muy amigos.
-Tenemos que enviarle una fotografía a la tía Gertrude de nuestra casa-le recordó Jane a Tarzán.
-Ah, ya vendrá ella misma a criticarla, os lo aseguro-bromeó Arquímedes mientras se preparaba para desembarcar-¡la jungla, al fin! ¡Tenemos que enseñárselo todo!
-Eh, eh, profe, que primero tienen que conocerlo en la manada-intervino Terk, emocionada.
-Vamos… aquí empieza nuestra aventura…-dijo Jane dándole un tierno beso en la frente y achuchándolo. Miró a Tarzán al lado suyo, y los tres se abrazaron, felices.
Esa noche Terk y Tantor se acercaron a la cañaña una vez más.
-Ya te lo he dicho Terk. Vamos a oírles otra vez… y va a ser incómodo-dijo el elefante, preocupado.
-Qué va, que va, mira-dijo ella, escalando por la ventana de la cabaña y señalándolos. Ambos dormían, sonriendo, con el pequeño en medio-ya no va a ser como antes… un bebé cambia las cosas, je, je, je.
-¿No? Porque me parece que Jane ha dicho que estaba deseando tener otro-dijo Tantor, rascándose la cabeza mientras hacía memoria-una niña, esta vez.
Terk se cayó del árbol al suelo, exhausta.
-Pues allí vamos otra vez, Londres…-dijo con un hilo de voz.
FIN
¿Os gustó? Este me ha gustado mucho escribirlo, sobre todo las partes de Tarzán. ¿A vosotros?
¡El próximo llegará muy pronto también!
