Aviso de lemmon en este relato ;)


V. Ariel y Eric: Noche de bodas

Película: La Sirenita (1989)

-Príncipe Eric de las islas del Sur, ¿aceptas a Ariel como legítima esposa, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte os separe?

-Sí, acepto.

-Y tú, Ariel… ¿aceptas a Eric de la misma forma, en los tiempos de bonanza y en los de falta, hasta que llegue el fin de vuestros días?

Ariel desvió la mirada del anciano sacerdote para zambullirse en los ojos azul claro de su prometido, y en breves instantes esposo. Sí, claro que lo aceptaba. Lo quería, lo quería muchísimo. Llevaba días soñando con aquello, días de preparación de la boda, y por fin, allí estaban, en el altar. Eric la sonrió con aquella sonrisa suya que podía derretir incluso a un tiburón, y Ariel notó como los colores se le subían a las mejillas. En realidad, todo su cuerpo estaba acalorado.

-¿Ariel?

-Sí…-dijo ella, con voz entrecortada. Notaba que le faltaba la respiración. Sería el vestido, que la apretaba demasiado-sí, quiero…

-Muy bien-el viejo sacerdote, obispo de las islas, pasó a la siguiente página mientras se ajustaba las gafas a su alargada nariz. Tenía un bulto extraño en los pantalones, Ariel no sabía lo que era-pues por el poder que me ha sido otorgado por Dios Nuestro Señor, yo os declaro marido y mujer. Eric… puedes besar a la novia…

-Lo estaba deseando…-susurró Eric mientras extendía sus manos, enfundadas en guantes blancos, y tomaba de las manos a Ariel. Entonces la acercó a él y la besó dulcemente. Ariel suspiró fuertemente. Por fin recibía otro beso de Eric… no se besaban desde aquella primera vez en la playa, hacía una semana, cuando Ariel por fin recuperó sus piernas y pudo estar con él. Aquel día en la playa los besos habían sido cada vez más apasionados y subidos de tono (Eric había llegado a deslizar sus manos descaradamente por las piernas de ella, levantando aquel precioso vestido de brillantes) pero después de eso, apenas habían podido verse de nuevo. Grimsby, Carlota y el resto del personal del castillo los habían tenido separados mientras preparaban el feliz acontecimiento: Ariel se probaba vestidos mientras Eric preparaba el barco y la lista de invitados (muchos se mostraban reacios a volver a otra boda en el mar después de lo ocurrido en la anterior con Vanessa/Úrsula). Así que no habían podido verse apenas… dormían en alas separadas, y comían en horas distintas… Eric deseaba ardientemente estar a solas con Ariel para poder volver a disfrutar de sus labios, su tacto, poder sentir aquel sedoso cabello pelirrojo entre sus dedos… esa noche al fin, sí o sí, tendría esa posibilidad…

-¡Que vivan los novios!-exclamó uno de los invitados, alzando sus manos al aire.

-¡Qué vivan, qué vivan!-gritaron el resto, y hubo aplausos. Desde el agua, las sirenas cantaron, y la gaviota Scuttle chilló emocionada.

-Oh, que preciosa pareja…-sollozó Carlota, y comenzó a limpiarse con la corbata de un aturullado Grimsby.

-¡Guau, guau!-ladró Max acercándose a Eric y lamiéndole los pantalones.

-¡Max! ¡Jajajaja, al fin lo he hecho amigo! ¡Dejo la soltería!-rió Eric mientras le acariciaba la melena al perro. Ariel le rascó también y sonrió cuando él la lamió en la cara.

-Ariel…-el Rey Tritón observaba todo desde el mar, pegado al barco, y ascendiendo con un chorro de agua mágico fue a abrazarla. Al sentirse una vez más entre los fuertes y cálidos brazos de su padre Ariel sonrió, enternecida. Lo iba a echar mucho de menos… ahora se daba cuenta de lo muchísimo que lo quería.

-Papá… gracias…-susurró Ariel. No hizo falta decir más, él lo entendió perfectamente.

Tritón miró a Eric, que se había acercado para mirarlo y le hacía una educada reverencia. Él se la correspondió y luego regresó al mar junto a las hermanas de Ariel, a Flounders y a Sebastián que la miraban enternecidos, y al resto de sirenas del reino de Atlántica que habían venido a ver la boda.

-¡Ariel! ¡Te vamos a echar mucho de menos Ariel!-dijo Flounders, saltando en el agua. Ella contuvo las lágrimas. Su mejor amigo era una de las cosas que más iba a extrañar del reino submarino.

-Adió Arie… cuídate mucho-dijo Sebastián claqueando sus pinzas y sonriendo con ternura.

-¡Viva Ariel, viva!

Ariel se despidió con la mano de sus amigos del reino marino mientras el barco continuaba su travesía. Cuando regresasen de su luna de miel, volvería a ir a verlos. Pero ahora, debía centrarse en Eric. Su ahora esposo estaba justo al lado de ella, en la barandilla de la popa del barco.

-Princesa Ariel…-dijo Eric sonriendo. Ella le acarició el rostro, fascinada… era tan maravilloso-sé que los vas a echar de menos…

-Sí…-reconoció Ariel, que tenía los ojos llorosos por la emoción-los voy a echar mucho de menos…

-Pero ahora…-Eric bajó la voz tres tonos, mientras se acercaba más a ella. Ariel pudo aspirar su varonil colonia, era un aroma muy fuerte y agradable, aunque también… seductor… Eric olía muy bien… ella no podía evitar pensarlo-…Ariel, ahora lo que más quiero es… tenerte…

-¿Te…tenerme…?-a Ariel le faltó el aliento al escuchar esas palabras. Unas jóvenes doncellas del palacio (bastante indiscretas) le habían explicado cómo era "eso" entre los humanos. En el reino de las sirenas, el sexo tenía lugar en la época estival, cuando los tritones y sirenas nadaban al arrecife de la gran anémona y mientras ellas depositaban sus óvulos ellos vertían su líquido seminal fecundándolos. La conexión más íntima entre el tritón y la sirena amante tenía lugar al final, cuando ambas colas se conectaban y llegaban a una placentera sensación. Pero ya no más… al parecer, los humanos no eran así… por lo que a Ariel le habían explicado, los humanos realizaban el acto aunque no fuese necesaria la reproducción. Los humanos lo realizaban constantemente, algunos todos los días, por sentirse bien, por placer. Siendo sirena, a Ariel le habría costado bastante entenderlo… pero ya no lo era, y su cuerpo, de alguna forma, empezaba a darle pistas de por qué era así. Así, cada vez que veía a Eric, cada vez que aspiraba aquella colonia suya u observaba sus cuidadas facciones y su prominente mandíbula, Ariel no podía evitar sentir una especie de cosquilleo en sus partes íntimas, y no podía evitar sentir que la temperatura en el cuerpo le aumentaba. Algunas noches, Ariel deslizaba sus dedos hacia su intimidad, curiosa. Era casi más extraña que sus piernas. Sabía que era ahí donde tenía que meterse Eric… santo océano, la sola idea la… la volvía totalmente loca.

Los labios de Eric rozaron la boca de Ariel, cuando Grimsby los interrumpió.

-¡Eric, querida! ¡La tarta de bodas!-les recordó alegremente, mientras se cambiaba el pañuelo que Carlota le había empapado.

-Sí Grim, ya vamos-dijo Eric de mala gana, mientras se veía obligado a separarse de Ariel debido a la interrupción-no te separes de mí…-le dijo a ella con galantería.

-Nno… claro…-dijo ella, y lo siguió hacia el comedor al descubierto del barco nupcial.

Resultó que la tarta había sido acuchillada por el chef Loui en su último atentado contra la vida de Sebastián, así que hubo que comer buñuelos y refrescantes bebidas de fresas y nata. Ariel debía admitir que le gustaba mucho más la comida de los humanos: en el fondo del mar solo comía algas y pequeños moluscos, todo mojado, mientras que aquí disfrutaba de un sinfín de apetitosos sabores desde un suculento y fibroso filete a una dulce manzana.

En realidad, todo lo del mundo humano le gustaba mucho más. Sobre todo la idea del sexo…

Eric no dejó de mirarla en el resto del banquete. Sus compañeros de la Academia de la Marina le hablaban, también sus primos y parientes, pero él simplemente no podía concentrarse en la conversación. No podía dejar de pensar en Ariel… él la deseaba ardientemente, más incluso de lo que lo hacía ella. Como príncipe, Eric no había podido verse a solas con demasiadas mujeres. Ya había tenido novias antes, era cierto, y había llegado a situaciones muy tórridas con algunas de ellas, pero nunca a consumar el acto, a… a perder la virginidad. Al no querer casarse con la primera princesa que le presentaran, Eric había esperado pacientemente, mientras muchos de sus amigos del reino contraían matrimonio y disfrutaban de las delicias del sexo, contándoselo luego a él, que solo podía contener su envidia y deseo desbocado. Ahora se había casado con la chica más bella del mundo, y la mujer de sus sueños. Era intrépida, apasionada y muy dulce. Eric estaba perdidamente enamorado de ella… y joder, no sabía si podría resistir mucho más sin lanzarse encima suyo y comérsela a besos.

-Quiero proponer un brindis por Ariel y Eric, que son, si me permitís decirlo, la pareja más bella que he visto nunca-dijo Grimsby emocionado-si mi esposa Henrietta viviese, sin duda hubiera sido muy feliz por Eric, pues lo quería como a un hijo, igual que los padres de Eric, a quien siempre recordamos…

-Uf, va para rato…-le dijo a Eric Stuart, uno de sus amigos. Él solo sonrió. Echaba de menos a Henrietta, la cariñosa esposa de Grimsby. Y también a sus padres. Ojalá le estuviesen viendo… a él le gustaría pensar que sí.

Después de la perorata de Grimsby que llevó casi media hora, otros se animaron a brindar, y luego Eric tuvo que leer un discurso escrito por él para agradecer a todos los invitados. Finalmente llegó la hora del baile: en la cubierta del barco, que habían despejado para que hubiese espacio suficiente para bailar, una pequeña orquesta comenzó a tocar una hermosa melodía. Ariel la escuchó embelesada. La música de la tierra firme no era tan hermosa como la del mar, eso era una de las cosas que había que reconocer sin duda. Si Sebastián estuviese allí, sin duda hubiera compuesto una sinfonía muy superior a la que tocaban. Pero bueno, no estaba mal, era bonita, y bailable.

Ariel se sorprendió al ver a Eric a su lado, ofreciéndola la mano. Es verdad… el baile… llevaba toda la semana practicándolo.

-¿Me concede este baile, princesa?-dijo él, encantador.

-Jajaja, sí-respondió ella con una hermosa risita, y entonces comenzaron a bailar. Max el perro movía la cabeza de un lado a otro, siguiéndoles la danza, mientras Ariel, concentrada en sus pies, intentaba seguir bien el ritmo. Al principio fue bien, pero luego dio un traspiés. Contuvo un chillido, nerviosa.

-Tranquila… mira, los demás ya están bailando…-dijo Eric acercando su boca al oído de ella para que pudiese oírle bien-déjate llevar Ariel… como cuando bailamos en el pueblo…

Ariel cerró los ojos y aspiró el aroma del chico, y haciendo como él decía se dejó llevar. La melodía los absorbió mientras ellos disfrutaban de sus cuerpos, pegados el uno al otro. No podían decirlo, pero ambos estaban realmente cachondos. Eric sentía los pequeños pero firmes pechos de Ariel frotándose contra su propio pecho, y respiraba pesadamente mientras intentaba ignorar lo que sentía. Ariel por su parte estaba ocupada admirando el largo cabello negro del chico, que acariciaba lentamente. Era tan suave, y tan bonito…

-Dejémoslos… vamos a mi camarote, Ariel…-susurró Eric con voz ronca en su oído-daré la orden de que no nos molesten… puedo hacerles bajar a todos en los botes ahora mismo…

-Nno podemos… hacer eso…-susurró Ariel con voz aguda. ¿Qué le estaba pasando en su cuerpo? Aquello iba más allá de la atracción física, iba más allá de todo lo que conocía. Santo océano, apenas podía tenerse en pie.

-Claro que puedo… puedo hacerlo si quiero… -Eric la giró sobre sí misma mientras la sinfonía se volvía más lenta y apasionada. Las parejas se movían por la pista como nenúfares en el agua-…no quiero que nadie nos moleste… no quiero que nadie nos escuche mientras…

-¿Mientras qué…?-susurró Ariel hundiendo sus labios en su oreja-¿mientras qué Eric?

Él tragó saliva, nervioso. No quería presionarla pero… no podía aguantarlo más.

-Te quiero Ariel… bailemos…-dijo el chico tomándola por la cintura y alzándola en volandas. Ariel le miró, emocionada por sus palabras, mientras su larga melena pelirroja volaba al aire-no nos separemos nunca más…

Empezó a atardecer, pero la boda continuaba. Las canciones populares sustituyeron al vals, y luego vino la segunda tarta (que esta vez Loui no destruyó) y también más vino, con lo que la mayoría de invitados acabaron borrachos perdidos. Eric dio un sorbo a su copa mientras observaba a Ariel beber. Para ella todo era tan extraño… ese líquido rojo y fuerte la hizo sentirse súbitamente más animada, y comenzó a bailar de nuevo, pero esta vez ella sola: se movía por la pista como si no tocase el suelo, como si estuviese flotando en el mar, movida por la suave brisa, mientras cantaba una canción de su mundo, distraídamente. Para ella era normal… para el resto de invitados fue algo mágico. Qué belleza, qué perfección, qué voz…

-Eric hermano… vaya suerte…-susurró uno de sus primos, sin poder disimular su envidia. Todos los hombres le envidiaban a él, y todas las mujeres querían ser ella.

Finalmente se hizo de noche, y el barco nupcial llegó a la pequeña isla del Rey, un trópico alejado de la costa donde la familia real de Eric tenía un pequeño castillo de vacaciones.

-Pues aquí nos despedimos, Eric…-dijo Grimsby acercándose a su tutelado y dándole una cariñosa palmadita en la espalda-la luna está llena… vais a ser muy felices.

-¿No vienes con nosotros?-Eric le miró con sorpresa. Creía que Grimsby y el personal de servicio los acompañarían, pero su viejo maestro negó con la cabeza.

-No, Eric… creo que os podéis cuidar vosotros solos, y queremos que estéis lo más a gusto posible…-dijo con una pícara sonrisa-además, Carlotta se pondría histérica.

-Jajajaja, ya…

-Hay una suculenta cena, nosotros vendremos mañana al mediodía, y entonces ya hablaremos… en principio vais a pasar dos semanas aquí…

-Sí… dos semanas…-Eric no pudo evitar que una enorme sonrisa cruzase su rostro. Dos semanas para ellos, solos ella y él. Joder… no podía esperar más… quería llevársela a la cama ahora mismo…

-El bote está listo-le dijo Grim señalando a la proa del barco. Eric asintió, y fue hacia allí. Por el otro lado venía Ariel, acompañada de Carlotta y de Max.

-Mucha suerte, querida… vendremos mañana… oh, estás preciosa-le dijo la criada, que nuevamente estaba llorando.

-Gracias Carlotta, gracias…-susurró Ariel mientras se echaba a un lado el cabello, algo cortada. Vio que Eric la esperaba al lado del bote, sonriendo.

-¿Montas?-la ofreció él. Ella asintió.

-¡Adiós Ariel! ¡Adiós Eric! ¡Sed felices, muy felices!-exclamaron los invitados mientras el bote se iba alejando con ambos subidos en él. Eric remaba sin poder quitarla los ojos de encima, mientras Ariel se despedía de los invitados con una tímida sonrisa.

-Ariel…-Eric la llamó, y ella se giró con sorpresa-el ramo…

-Oh…-Ariel lo lanzó como la habían enseñado, y una de las jóvenes primas de Eric lo agarró al vuelo y comenzó a chillar emocionada.

-Bien hecho-la felicitó Eric. Ariel se encogió, satisfecha. Estaba un poco intimidada… ahora estaba de nuevo a solas con él… los dos juntos una vez más… y no tenía ni idea de lo que iba a pasar… ni de lo que iba a hacer…


-El viejo castillo de los reyes del Sur-Eric entró en la mansión seguido por Ariel. Había unas armaduras de marinos antiguos y un enorme cuadro de los padres de Eric con su hijo, años atrás. Ariel lo observó fascinada: Eric tenía aquellos enormes y expresivos ojos azules. Era un niño muy mono, y sujetaba la mano de su madre con fuerza. Al igual que le pasaba a ella, debía de echarla mucho de menos.

-Es muy bonito…-susurró Ariel, mirando todas las estancias, absorta. Reconocía varios cachivaches que le hubiera gustado coleccionar en su gruta. Al escucharla decir aquello Eric se giró, y yendo hacia ella la tomó en sus brazos y la abrazó con fuerza.

-Igual que tú… tú eres preciosa-dijo mientras sus labios se pegaban y despegaban cada vez más frenéticamente. Ariel le rodeó el cuello con los brazos mientras le empezaba a acariciar el cabello, y cuando él empezó a bajar las manos hacia su cintura y la acarició el trasero ella emitió un gemidito de satisfacción. Las grandes y venosas manos de Eric se detuvieron en ese instante, mientras se alejaba de ella y la miraba con atención.

-¿Quieres… hacerlo?-preguntó con voz ronca. Ella sonrió lentamente mientras se perdía en sus ojos.

-El… ¿el qué?-preguntó en un susurro. Eric sonrió también, travieso. Así que quería jugar…

-Ven conmigo-dijo, guiándola por los pasillos. Ariel le miró sorprendida, pero obedeció, acompañándolo por entre los corredores hacia un patio con una fuente y una hermosa habitación. Había en ella un lecho nupcial, con un precioso dosel y cortinas de seda blanca. Ariel apoyó las manos en el colchón, maravillada. Dormir sobre uno era de las cosas que más le gustaban de este mundo… mucho mejor que una incómoda concha gigante.

-Esta es la habitación de los reyes… aquí…-Eric se detuvo mientras los ojos le brillaban de un modo especial-…en el armario hay camisones de las reinas… ponte el que más te guste… yo voy arriba a… a por la ropa de mi padre…

-Pero…-Ariel quiso decir algo más, pero Eric no la dejó. La tomó de la mano y la besó en ella, mientras Ariel intentaba acercarse y que la besase en los labios de nuevo. Pero él la rehuyó.

-Volveré enseguida…-dijo, sonriendo. Luego subió por las escaleras, desapareciendo. Ariel le vio hacerlo, y tragó saliva.

Supuso que era mejor hacer lo que le decía. El vestido de boda empezaba a incomodarla, de hecho no entendía como algo tan bonito de llevar podía ser tan incómodo. Se acercó al armario y rebuscó entre la ropa. Había unos camisones preciosos. Largos, con bordados de color rosa y verde, todos le parecían muy bonitos. Pero Ariel no quería vestirse. Ella sabía que en su interior, aunque tratase de ignorarlo, lo que el cuerpo le pedía a gritos era desnudarse… desnudarse y echarse sobre la cama con Eric, y hacer todas aquellas cosas de las que le habían hablado, y besar su musculoso cuerpo, y dejarlo sin aliento…

Vio un camisón blanco, era ajustado, y sin duda le quedaba pequeño. Y era semitransparente. Ariel recordó como los jóvenes tritones se morían por ver los pechos de las sirenas descubiertos, pero ellas los cubrían con conchas de manera pudorosa. Lo que más los provocaba eran las conchas que tapaban lo suficiente para no ver, pero dejaban bastante al aire… con aquel camisón, parecía ser lo mismo.

Sonriendo traviesa se lo puso. Eric creía tener el control, con aquella actitud enigmática y provocativa… pero ella iba a demostrarle que no.


Pasado un rato Eric bajó con unos pantalones de pijama largos y la bata roja de su padre, que dejaba al descubierto sus duros abdominales y su blanco pecho. Buscó a Ariel por la habitación y por el patio con la fuente… no la encontraba.

-¿Ariel?... ¿amor?-Eric sonrió mientras buscaba entre las columnas del patio, y entonces ella salió de detrás de una, con una sonrisa mientras se acariciaba el largo cabello.

-Hola…-saludó. Eric abrió y cerró la boca varias veces. No podía ser verdad… no podía…

El camisón transparente se marcaba en un dos puntos más oscuro en sus dos pezones, y de igual forma la telita se colaba un poco por la raja de su vulva, de forma que quedaba un sugerente pliegue, por el que se veía medio sí medio no su tan deseada intimidad…

-A… Ariel…-ahora era el que se encontraba sin palabras. La preciosa sirenita se encontraba ante él como solo la había imaginado en sus mejores sueños: sugerente, provocadora y atrayente. Sin poder evitarlo Eric se llevó la mano al interior de sus elásticos pantalones del pijama y comenzó a masturbarse.

-Eric…-Ariel le miró con sorpresa hacerlo… debía de ser la forma de excitarse de los machos humanos… ella le imitó haciendo lo mismo con lo suyo mientras miraba aquellos abdominales tan marcados y divisaba los pezones del chico que asomaban entre los lados de la bata.

-Ariel… joder… Ariel-Eric fue hacia ella y comenzó a besarla mientras sus manos la rodeaban. Esta vez no habría control, ni paradas. Iban a ir hasta el final… joder, él quería follarla hasta que amaneciera-…Ariel… joder, Ariel, eres preciosa… quiero tocarte más… quiero follarte… quiero follarte…

-¿Qué?-Ariel gimió escandalosamente al escuchar aquello. La palabra "follarte" le sonaba tan… sucia. Le gustaba como lo decía él… le gustaba verle perder el control.

-Que voy a… hmppppp…-Eric la besó en el cuello y luego le bajó el camisón por los hombros rebelando los pechos de la chica. Llevaba demasiado tiempo observándolos, tentándose en tocarlos pero sin atreverse a hacerlo. Ahora por fin podía-¡OH!-Eric masajeó los pechos de Ariel con ansiedad mientras ella echaba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos, disfrutando del tacto. Eric se metió el pezón derecho de la chica en la boca y comenzó a chuparlo, a lamerlo, mientras ella contenía los gritos, pero entonces él la tumbó sobre el suelo de la terraza, al lado de la fuente, y sacando la boca de sus tetas la miró nuevamente, agresivo y letal como una pantera.

-No te cortes Ariel… aquí no hay nadie más, ¿recuerdas? No te cortes… quiero oírte gritar…

-Mmmnnno… nno…-dijo ella, cortada, pero entonces Eric se movió encima suyo, rozando con su pene ya erecto la entrepierna de ella. Al notar el miembro de Eric acariciar sus labios vaginales Ariel gritó escandalosamente y movió las piernas en un pataleó frenético mientras él volvía a morderle las tetas hundiéndose en ellas como un buceador. Ariel disfrutó del húmedo tacto de la larga y caliente lengua de Eric que recorrió sus dos tetas empapándolas todas, pero entonces, no supo por qué, fue bajando las manos, recorriendo también ella su cuerpo: primero los abdominales del chico, que tanteó impresionada. Siempre se había sentido atraída hacia los hombres musculosos, también le pasaba con los tritones en Atlántica. Después de acariciar durante unos minutos el vientre del chico, caliente e irresistible, Ariel bajó más. No sabía lo que estaba haciendo… o en realidad lo sabía muy bien.

-Oh…-Eric, que seguía besándola en las tetas, se detuvo al momento. La mano de Ariel se había detenido en su miembro, y torpemente lo había agarrado, acariciando la piel del prepucio y los testículos. Eric se quedó parado. Seguían tirados sobre el suelo de la terraza, él encima de ella, y los cabellos pelirrojos de Ariel caían sobre la fuente, mojándose y recogiendo los pétalos que flotaban por el agua. Pétalos de flores desvirgadas… como ella muy pronto.

-Sigue… nno pares, por favor-le pidió Eric a Ariel cuando ella comenzó a frotarle de la misma forma que se lo había visto a él hacer antes. Ariel enseguida asimiló la forma del pene de Eric y entendió cómo era mejor moverlo, de forma que el chico enseguida estaba gimiendo desesperado, siendo ahora él quien pataleaba sin control. Ariel le masturbó primero despacio, luego más rápido, besándole en el costado y haciéndole pedir más. A Eric le gustaba mandar… pero ella estaba descubriendo que le pasaba lo mismo.

Ariel estaba concentrada en palpar y admirar el miembro de su ahora ya marido cuando él comenzó a acercar su mano a su vagina, sobresaltándola. Ariel continuó masturbándole, pero ya más lento, porque estaba empezando a notar los dedos de Eric filtrarse lentamente en su vulva, y la reacción que estaba provocando en ella la estaba poniendo más caliente que nunca. La fuerte y cálida mano de Eric la estaba follando… estaba dentro de ella… y no paraba… al igual que ella primero, Eric estaba demostrando aprender muy rápido a entender el placer de su esposa y como fomentarlo, y como llevarlo al máximo.

-Para… para, joder… Ariel…-Eric la tuvo que sujetar, porque ella se revolvía como una pescadilla, y bajándola el camisón por las piernas la dejó completamente desnuda. Se miraron durante unos instantes, recuperando el aire, y entonces Eric se zambulló en ella devorando de nuevo sus labios y tocándola por todas partes. Esas tetas dulces y consistentes, esa cintura delgada y frágil, esas piernas largas y hermosas y ese trasero respingón, de nalgas carnosas… vaya nalgas… Eric llevó a Ariel hacia la cama, y tumbándola boca abajo en ella comenzó a besarle las nalgas arrastrando su lengua por ellas hasta acercarla a su entrepierna. Ariel cerró los ojos, y sintió la lengua de Eric deslizarse por su trasero mientras él se la comía, y así fue suspirando, cada vez más alto y desesperado, dejando que él la torturase de esa forma.

Los besos y tocamientos continuaron durante casi media hora más: la cama se tambaleaba golpeando a la pared, mientras la suave brisa de la noche entraba y acariciaba los dos cuerpos desnudos. Finalmente Eric, ahora también completamente desnudo con su hercúleo cuerpo al descubierto, se tumbó encima de Ariel y colocando su boca muy cerca de la de ella se quedó mirándola un buen rato.

-Eric…-Ariel pasó la lengua por sus labios… él la había dado un buen repaso… pero necesitaba mucho más-Eric… hazlo… por favor, hazlo ya…

-¿Qué haga el qué?-él puso sus manos en los brazos de ella y los fue acariciando poco a poco.

-Yya lo sabes…-gimoteó ella, dejándose hacer. Eric sonrió, travieso.

-No, no lo sé… ¿qué haga qué, Ariel? Dímelo…-se acercó a su oído y le susurró con voz ronca-dímelo en voz alta.

Ariel suspiró unos instantes. Acarició el prominente trasero de Eric recorriendo las nalgas con la punta de sus uñas, mientras él volvía a besarla en el pelo. Tenía que decírselo ya… tenía que hacerlo.

-Fo… fóllame…-pidió con un leve gemido. Eric gruñó como un animal-fóllame Eric… ppor favor…

Él se fue separando de ella poco a poco, y finalmente se quedó encima suyo, mirándola. Ariel le miró desconsolada. Lo necesitaba… lo necesitaba ya mismo.

-Hazlo…-le pidió incapaz de contener por más tiempo sus lujuriosas ganas-¡Vamos!

Y él obedeció.

Tomando las piernas de Ariel Eric las separó poco a poco, y luego tomó su pene, duro como una piedra , y acercándolo hasta su núcleo lo fue metiendo muy despacio. Sabía que a las vírgenes les resultaba doloroso al principio… sus amigos se lo habían explicado, aunque no muy claramente. Eric fue siguiendo las indicaciones de Ariel y finalmente quedó dentro de ella, mientras ella gimoteaba inconsistentemente y le arañaba la ancha espalda.

-Mmmmmn… aaaaaah…-Eric empezó a moverse dentro de ella, embistiéndola. Una vez, luego otra, luego otra más-¡Ariel, Ariel!

Ariel sollozaba, pero no le dejó parar. Tensando los músculos el chico continuó su penetración y luego la fue dando estocadas con cada vez más ritmo y fuerza. Ariel gemía cada vez más alto. Sabía que eso a él le gustaba, lo tenía claro: con cada chillidito que daba Eric se complacía más y más. Así que decidió hacerlo con más fuerza.

-¡Ah! ¡AH! ¡AH!-gimió la chica mientras las sábanas se deshacían y Eric continuaba sus embestidas, de aquella forma tan animal. Ariel no había sentido jamás, ni de lejos, algo tan placentero como la unión con aquel chico. Amaba todo de él: su cuerpo, su pelo, sus músculos, su voz grave que la hacía vibrar y descontrolarse…

Eric giró a Ariel con violencia, y dejándola de rodillas en la cama volvió a penetrarla, esta vez por detrás. Ariel ya no hacía más que chillar presa del placer, mientras él desde su espalda la agarraba las tetas y la tocaba como a una guitarra. Ella le estaba montando y daba pequeños saltitos con cada embestida. El pelo de Ariel estaba totalmente revuelto y echado a los lados, y el de él se había encrespado por las manos de ella.

Finalmente volvieron a la posición inicial. Eric levantó las piernas de Ariel, enroscándolas en torno a su cintura, y luego la penetró fuertemente, besándola. Se quedaron así un largo rato: los labios juntos, él encima suyo, penetrándola como una máquina de presión, y las piernas de ella estiradas.

-Oh… vamos… Arieel…-Eric sabía que estaba cerca del final. Y ella ya había tenido tres orgasmos en lo que llevaban de noche-vamos… ¡AAAAAAAAH!

Ariel notó que ella también llegaba al clímax nuevamente. Eric se movió más frenético que nunca mientras ella le besaba en los labios y finalmente terminó de eyacular en su interior, rebosándola. Ariel chilló hasta que le dolió la garganta, y finalmente se quedaron quietos, tendidos el uno encima del otro, agotados. Ambos estaban cubiertos de sudor, y ahora olían el uno al otro. Ya había pasado. Habían sido uno. Y si le preguntaban a Ariel, quería más, mucho más.

-Mi princesa…-Eric la besó y luego se quitó de encima suyo, echándose a un lado-¡Ah! Ufff… ha… ha sido…

-Te quiero…-susurró Ariel acariciándole el cuerpo. Se volvieron a besar y luego se quedaron abrazados. No decían nada, pero solo podían pensar el uno en el otro.

La mano de Eric peinó el cabello de Ariel mientras el chico la besaba en la frente. La joven le besó a él en sus pezones, y luego se quedó quieta, recuperando la calma.

-¿Qué quieres hacer ahora…?-preguntó Eric observándose las partes bajas… no tenía ningún problema en ir a por un segundo asalto.

-Me… me apetece bañarme en el agua…-dijo Ariel, tras pensarlo un momento-y después… después…

-Sí…-Eric la había entendido a la perfección. Era otra de aquellas cosas maravillosas que ocurrían entre ellos, se entendían sin mediar palabra-después… veremos…

Recorrieron el castillo desnudos, hasta llegar a la playa. Eric miró el cuadro de sus padres y sonrió a su propio retrato del pasado. Ya no era un niño, nunca más desde aquella noche… ahora tenía a alguien a quién cuidar siempre…

Finalmente se metieron en el agua y comenzaron a nadar, riendo y disfrutando.

-Ven aquí…-Eric tomó a Ariel en sus brazos y la besó de nuevo-te quiero. Eres mi vida…

-Y tú la mía Eric-dijo Ariel emocionada-no volvamos… no volvamos a separarnos nunca.

Y bajo la luna llena del amor la pareja selló aquel pacto con un beso inmortal, zambullidos en el mar que los había unido una vez, y que ya nunca podría separarlos.

FIN


Un poco más subidito de tono que los anteriores ¿no?

Dejad una review con vuestras impresiones, el mayor regalo para los escritores. ¡Nos leemos pronto!