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Locura N°3
Reacciones Literarias
˙·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙
Él se movía como todo un experto entre aquellas sábanas lilas, mientras besaba suavemente la espalda femenina, la cual recorría con besos por la columna, luego llegó a su cuello, y corrió un poco de la cabellera anaranjada para poder atacar con sus dientes, el lóbulo de la oreja derecha. El jadeo en la boca de su amante le hizo querer continuar más, recorrió con besos toda la barbilla femenina, hasta llegar a la otra oreja… La tomó para girarla y bajar por el hombro izquierdo a través de la clavícula… perdiéndose en besos y suaves movimientos de sus manos morenas que contrarrestaban en aquella tez pálida y rosada de los valles de los senos de su compañera.
Siguió bajando por el estómago hasta que llegó al bajo vientre y se detuvo. El olor lo obligaba a continuar pero la voz de su compañera se lo prohibía.
—¡Ash…! —susurró la voz.
—Mmm… —respondió él.
—¡Ash Ketchum! —y el sonido de un libro que se cerraba de golpe lo hizo salir de sus pensamientos. Se había quedado dormido.
—¿Eh? ¿qué, Misty? —dijo buscando la mirada de su amiga que estaba frente a él con un libro en la mano, ahora cerrado. Ash sintió una enorme vergüenza, no solo por haberse quedado dormido, si no por el sueño y su reacción masculina. Rápidamente tomó el cojín que tenía al lado de él y se lo llevó frente a él, abrazándolo.
—¿Qué pasa? —preguntó la pelirroja.
—¡No! ¡Nada! —respondió éste rascando su nuca desesperadamente.
—¡Sabes que no me gusta que vengas a hacerme perder el tiempo, Ash! —se quejó la líder de gimnasio cayéndose sentada a su lado.
—Vine porque realmente me interesaba… —le aseguró—. Las chicas pasan hablando de libros exóticos…
—Eróticos —le corrigió poniendo los ojos en blanco.
—Ya, eso. Y como recordé que tú tienes una gran cantidad de libros, preferí venir a ti para que me lo explicaras.
—Bueno —abrazó el libro que tenía en sus brazos—, si no te hubieras quedado dormido hubieras escuchado una escena erótica narrada de un libro.
—Créeme que si la escuché, casi podría asegurarte que me sentí el tipo de ese libro —comentó apretando más el cojín tratando de omitir esas imágenes en su mente. ¡¿Qué le estaba pasando?!
—No sé, a mí no me llama mucho la atención la literatura erótica… digo, una tiene que estar muy necesitada o tener un autoestima muy bajo como para sentir cosas por ese tipo de escenas. No sé… —elevó su mirada hacia la gran biblioteca que tenían frente a ellos—, hay libros que pueden ponerte la piel de gallina sin necesidad de ser una escena de sexo. Solo caricias, ese primer beso esperado por capítulos… —suspiró.
Ash solo la miraba, tratando de borrar esas imágenes donde Misty estaba sin nada de ropa y él la recorría con sus labios.
—¡Ya Ash! —se regañó en voz alta ganándose la atención de la chica.
—¿Qué te pasa? —volvió a mirarlo y notó como asfixiaba al pobre cojín—. ¡Oye! ¡Vas a romper mi cojín!
—¡No por favor! —suplicó Ash mientras la pelirroja tiraba del cojín para quitárselo.
—¡Lo vas a romper!
—¡Tú lo vas a romper si sigues tirando! —protestó el moreno pero los años no cambiaron la naturaleza brusca y fuerte de su amiga quien se ganó el cojín alzándolo por sobre su cabeza dejando al pobre entrenador pálido cubriéndose como podía tratando de que no se le notara tanto…
—¡Ash! —gritó la chica. Ok, lo había notado, no era su culpa que los pantalones lo hicieran tan notorio— ¡cúbrete! —le dijo tirándole el cojín de nuevo.
—¡Tú me quitaste el cojín, yo estaba bien cubierto! —protestó con las mejillas rojas de vergüenza—. ¡Además, ¿Quién te manda a mirar ahí?!
—¡Idiota! —protestó la pelirroja tomando otro de los cojines y lanzándoselo por la cabeza—. ¡Como me vienes a que te lea cosas eróticas si no puedes controlarte! —le lanzó otro cojín que dio de lleno en su cara.
—¡Oye para! —dijo enojado—. ¡Yo qué sabía que me iba a pasar esto!
—¡Ah! —tomó otro cojín y le empezó a golpearlo, mientras él se cubría como podía con las manos—. ¡Ahora me dirás que no conoces tu propio cuerpo!
—¡Si lo conozco! —protestó tomando el cojín con el que Misty le pegaba y tirándolo hacia el sillón para tomar las manos de la mujer—. Solo que es la primera vez que me pasa teniendo a la causante frente a mí.
—Ash… —susurró con miedo, pero lo ocultó con una sonrisa burlesca—. ¡Ya deja de jugar! —se soltó y giró hacia su biblioteca— Tengo otros libros bien interesantes si quieres leer… —pero mientras estaba de espalda, sintió unas manos recorrer su cintura y cruzarse delante de ella para apretarla contra el cuerpo masculino de su amigo quien la apegó a…
Misty abrió enorme los ojos.
—¿No quieres saber que me tiene así? —preguntó soltando su cálido aliento en la nuca de la pelirroja, sobre todo ahora que la pasaba por unos centímetros.
—No… Ash… —susurró tratando de no caer en la tentación, no. Ella había prometido llegar virgen al casamiento como las mojigatas de los libros. ¡Sí eso!
—¿Ni lo que estaba soñando?
Mmm, esa pregunta la dejaba con curiosidad. ¿Qué podría soñar el denso de Ash? Era algo que siempre se preguntó. Pero no, no iba a sucumbir ante él… ¡No!
—¡Azurill! —llamó a su Pokémon quien apareció rápidamente y con solo mirar a su madre, obedeció soltándole un gran chorro de agua a Ash para que la soltara.
—¡Espero que eso te haya quitado lo caliente! —indicó la pelirroja al ver a su amigo estampado contra la pared.
—Ahora comprendo el término de «darse una ducha de agua fría»
—Bien —dijo buscando otro libro en la repisa y tras tomar uno, se dirigió a la salida—, hoy aprendiste dos cosas. Una que el agua baja los niveles de testosterona y otra que tienes una mente mucho más erótica de la que crees… pero eso solo tendrás… —y cerró la puerta de la biblioteca.
Ash suspiró y se cruzó de brazos en el piso…
Bueno, al menos tenía una buena imaginación en que pasar el rato libre... y ahora que había recorrido el contorno de la cintura, podía hacer sus pensamientos más interesantes.
En eso la puerta se abrió de golpe, asustándolo.
—Ash…
—¿Si? —preguntó con la mejor cara de inocente culpable que pudo pensar.
—¿Estabas soñando conmigo? —preguntó sorprendida.
—Sí tú eres la que me gusta, ¿con quién más lo haría? —respondió con una pregunta, bastante cohibido por la pregunta de su amiga.
—¿Te excito? —le preguntó señalándose sorprendida.
—Hasta la más pequeña de tus pecas —declaró aún más rojo.
—Uff… —dijo la chica abanicándose con las manos—. ¿Azurill? —el Pokémon volvió a aparecer y Ash se cubrió de un posible nuevo ataque pero para su sorpresa, el Pokémon apuntó el chorro de agua en la cara a su entrenadora—… Ahí está… mucho mejor.
—¿Y eso?
—Cómo te decía antes, si lees libros eróticos o dices algo de ese tipo… asegúrate de tener a un Pokémon acuático a tu lado, son súper efectivos para calmarte sin cometer una locura.
—¿Una locura? —preguntó levantándose del suelo.
—Sí tú sabes —dijo revoleando la mano en el aire—, como querer avanzar hasta ti y violarte sobre la alfombra de mi biblioteca.
—¡Misty! —dijo sorprendido con los ojos enormes.
—Bueno, yo tampoco son tan inocente en mis pensamientos… —frunció los hombros como si fuera algo que no podía evitar—, sobre todo cuando lees tanto.
—Me imaginó… —dijo mirando los estantes llenos de libros—, ¿de verdad yo también….? —no pudo terminar de hablar, todo el valor que había tenido antes para abrazarla se le había ido… bueno… ustedes saben.
—Sí, aunque siempre tuviste esa cara boba… ufff… la de cosas que me imaginaba… —Misty volvió a mirar a su Pokémon y éste volvió a lavar la cara de su entrenadora—. Gracias… En fin —dijo pasando el antebrazo por su frente para secarla un poco—, tengo cosas que hacer, te dejó… ¡La biblioteca es toda tuya!
Y sin más volvió a cerrar la puerta.
Ash suspiró.
Si alguna vez había soñado con decirle a Misty que la quería, esa había sido la forma más rara sin lugar a duda.
