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Locura Nº06

Delicado Desafío

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Ash Ketchum en su tiempo, había sido un reconocido entrenador Pokémon, capaz de enfrentar las más arriesgadas batallas, era capaz de enfrentar y ayudar a pokémon Legendarios. ¡Era el dolor de cabeza de las organizaciones malévolas! Y, sin embargo, ese joven heroico y atrevido, estaba siendo sucumbido por algo muy simple…

Ahí estaba él, frente a su cama, con los brazos cruzados y mirando con nervios al pequeño bulto que se quejaba moviendo sus bracitos. Causándole un tic en el ojo derecho.

Ok, Misty había tenido que ir al médico ya que se había acabado su cuarentena y tenía que ser revisada por la especialista y le había pedido que se quedara con su bebé de apenas un mes y días.

Claro, ¿qué difícil podía ser? Se había dicho con ese aire de «yo todo lo puedo» que lo caracterizaba y la chica se había retirado dudosa, pero sabía que iba y venía a lo máximo estarían solos dos horas.

Ash volvió a mirar a su hijo.

—¿Qué pasa pequeño? —preguntó acercándose a él, el niño instantáneamente, como si fuera magia, buscó la voz de su padre con la cabecita— ¡Aquí estoy! —se arrimó y acercó sus dedos índices a las manitas del bebé quien rápidamente apresó los dedos—. ¿Qué pasa? —preguntó nuevamente—. Hambre no creo que tengas, tu mamá te dio una buena ración de leche antes de irse… —frunció el ceño—. Aunque quien como tú que puedes comer desde ese sitio —el niño volvió a soltar un quejido—. ¡Ok, no me meto con tu comida! —le dijo tratando de recuperar sus dedos—. ¡Eres todo un Ketchum! —protestó aún tratando de liberarse del pequeño amarre.

Cuando lo consiguió, comprobó lo potente que eran los pulmones de su hijo.

—¡Ya, ya! —le acercó los dedos una vez más, pero el pequeño los rechazó—. ¡Ahora te salió el carácter de tu madre! —gruñó—. Veamos, hambre no. Aire, tampoco. Misty se los sacó —se cruzó de brazos para pensar que otra cosa podría ser. Su querido Pokémon que lo observaba desde un rincón de la cama señaló la pañalera que colgaba de la pared—. ¿Pañal? —miró al roedor y luego al bebé—. ¿Eso es? —rodeó la cama hasta llegar a la pañalera. Tomó un pañal entre las manos y se acercó de nuevo a su hijo—. A ver —y claro, Ash le quitó el panty de tela blanca y el pañal estaba lleno—. Al menos tiene buenos riñones —comentó con una sonrisa nerviosa. Observó cómo quitar el pañal sucio. Levantó las amarras y éste se abrió—. Ehhh no es tan difícil —puso al niño de costado para poder quitar el pañal y lo dejó a un lado—. Si no me equivoco, Misty le pone talco… —buscó la talquera y volvió a su hijo que chupaba encantado un trozo de tela del cojín—. ¡No! —se lo quitó y el bebé comenzó a llorar una vez más—. ¡Ya! —protestó moviendo los brazos, olvidándose completamente que tenía la talquera en las manos. El polvo blanco invadió todo y Ash agitó los brazos para poder ver al niño que ahora soltaba todo su pipi en la cama—. ¡Ok, hoy te quedaras huérfano de padre! —sufrió tratando de liberar sus ojos del talco—. ¡Pongamos esto para que no te dé frío! —puso el pañal en la espalda del bebé abriéndolo y luego buscó las amarras, pero no las veía—. ¿Y las amarras adhesivas? —inclinó la cabeza y buscó el pañal usado, dándose cuenta de donde estaban—. Ahhh aquí —las encontró y las despegó para ajustarlas a la pancita del niño—. ¡Ok! —lo tomó en brazos y el pañal resbaló—. Ops… parece que lo puse muy suelto.

Volvió a ajustarlo y luego puso una vez más las pantys de tela, el bebé sonrió causando una enorme sonrisa en los labios de su papá.

Ash tomó en brazos a su bebé y lo observó admirando la magia de la vida.

Cuando Misty regresó del doctor, Ash tenía al niño en la cuna, dormido.

—¿Cómo se portó? —preguntó la mamá acercándose a la cuna.

—¡Como el papá! —afirmó Ash con una sonrisa.

—Eso quiere decir que te causo problemas, ¿Verdad? —inquirió con una sonrisa ladeada y una ceja arqueada.

—Eres cruel —gruñó entre dientes—. ¿Qué te dijo el doctor?

—Mmm —se acercó a su marido con una sonrisa y cruzó sus brazos en la nuca del moreno—, me dijo que ya no habría problemas en recuperar la acción…

—Eso me agrada mucho… —sonrió Ash apegando a su esposa contra su cuerpo, soltando un quejido de los labios femeninos—. ¡Así me gustas Misty!

—¡Ash! —le pegó con la mano derecha en el hombro.

—Shhh, no grites —le suplicó—, quiero mi premio por ser un buen papá…

—Ok… —ambos cayeron sobre la cama silenciados por los labios del otro— ¡Espera! —la pelirroja notó un poco de humedad sobre el plumón de la cama y se sentó, quitándolo de encima.

—¿Qué?

—¿Qué pasó aquí? —Ash solo sonrió, negando con su cabeza y la movió para que no se viera afectada por el recuerdo de su pequeño descuido y con la misma sonrisa impidió que ella notara nada más en esa habitación que no fuera él.