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Capítulo publicado por primera vez el 25 de Marzo 2014
Este capitulo contiene un poco de material considerado ¡M! atención :)
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Locura Nº13
Noche Robada
˙·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ●•٠·˙
La noche caía en la pequeña residencia de Ash Ketchum y su esposa, la cual estaba cómodamente descansando en la habitación matrimonial, ajena a los sonidos que provenían del exterior de la casa; uno de los ventanales se corrió lentamente dejando entrar al lugar a un sujeto vestido totalmente de negro, su rostro estaba cubierto con un pasamontaña, observó con cuidado todo lo que era iluminado por la luz exterior y se movió sigiloso, aunque casi bota un bonito jarrón que la dueña de la casa había traído de uno de sus tantos viajes regionales.
—Uff —suspiró sacando de su bolsillo, una bolsa, la abrió de un movimiento de su brazo derecho y hecho un adorno de plata que había en la mesa de estar. Buscó en sus bolsillos hasta que pudo sacar una pequeña linterna con la que iluminó el resto de las cosas de valores que tenían en la casa, fue a la cocina y corrió al refrigerador. Lo abrió y se encontró con tantas cosas deliciosas que no sabía por cual comenzar. Prefirió tomar la rebanada del pastel de crema con fresas que estaba cortada con delicadeza, como si estuviera esperando por él, levantó un poco de su pasamontaña y se comió de dos bocados la torta. Dejó caer el plato en el fregadero produciendo un estruendo en la cocina, y siguió la revisión de la casa, hecho unos adornos pequeños al bolso, unos bastante feos pero que sabía que podría vender a un buen precio en el mercado negro.
Estaba a punto de volver hacia el ventanal para salir con su botín al hombro cuando una voz, le indicó que la casa no estaba totalmente sola como él esperaba.
«¿Ash?» si preguntaban por el dueño de casa, era seguro que se trataba de la sexy dueña de casa. Una sonrisa enorme se dibujó en sus labios; quizás tomara algo más entretenido que solo un par de adornos aburridos.
Con una sonrisa en sus labios, subió despacio los escalones de la escalera que parecía crujir bajos sus pies producto del silencio extremo del lugar, pero no se detuvo. Llegó al segundo piso y vio que había luz en una de las habitaciones, y volvió a sonreír ladeado. Se apresuró a llegar a la puerta y abrirla, ahí vio como la dueña de casa traía su cabello anaranjado totalmente suelto y estaba colocándose una bata sobre su camisón.
—Qué bueno que —dijo con una sonrisa, pero ésta desapareció con su voz cuando alzó la mirada. Ese hombre vestido de negro, sin dudas no era su marido, aspiró para recuperar su voz pero solo salió un entrecortado—. ¿Quién es usted?
—Solo un pequeño visitante que quiso tomar unas cosillas de su casa —ante aquello, la mirada de Misty cayó sobre la bolsa que había dejado caer el sujeto a sus pies.
—¡¿Cómo se atreve?! —preguntó molesta, enojada porque entrara a robarle.
—Bueno —se cruzó de brazos y le dedicó una lívida mirada a las largas piernas de la mujer—, aunque ahora encontré algo más entretenido que robar objetos.
Misty enojada cruzó ambos lados de su bata para cubrir su camisón celeste que era prácticamente transparente.
—¿No sabe quién es mi marido? —protestó la ver que el hombre se le acercaba.
—Por supuesto que sé —llegó hasta reírse de la pregunta realizada—: Un sujeto que nunca está en casa, siempre de viaje y que no sé cómo pierden el tiempo fuera con semejante mujer en la casa.
No sabía si fue por lo atrevido o por el enojo que le produjo la verdad, pero sus mejillas se pusieron sumamente rojas.
—¡Cómo se atreve! —gritó enojada, pero cuando quiso reaccionar el sujeto ya la había tirado a la cama y se había subido a ella inmovilizándole las manos con solo una de él.
—¿Me decía? —preguntó mientras con su mano libre se doblaba su pasamontaña hasta la nariz para poder olfatear perfectamente la colonia de su presa—. Mmmm fresas… esto sabrá tan rico como el pastel que me comí en la cocina.
—¡Ese era mi desayuno! —protestó moviéndose de forma violenta para deshacerse del hombre sobre ella pero no pudo hacer nada.
—¡Tiene fuego! —la sonrisa ladeada de éste hizo rabiar aún más a Misty. Pero su maldición fue acallada por un beso del ladrón, en un inicio sintió asco, pero no tardó en encontrar la chispa dentro de la adrenalina que empezó a recorrerla—. Eso no estuvo mal.
—No besa mal para ser un delincuente.
—Me pregunto hace cuanto que tú marido no te besa así —nuevamente con su mano libre le tomó del rostro y empezó a soltar su respiración por el lado derecho de su cuello estremeciéndola—. Wow… ¿lleva tiempo de viaje? —preguntó cuándo empezó a besar a lo largo de su cuello y parte de su hombro.
—Dos meses… —respondió con los ojos cerradas para no caer ante las caricias de ese extraño.
—¡¿Dos jodidos meses?! —protestó mirándola nuevamente a los ojos— ¿Cómo lo soportas?
—Creo que lo amo demasiado…
—Ya lo creo —volvió a bajar hacia su hombro y lo recorrió a besos, bajó por su clavícula y llegó al valle de sus senos, se levantó un poquito para abrir la bata y encontró el maldito infierno en aquel camisón que dejaba ver bien sus pechos y la pequeña ropa interior azul—. Duerme muy cómoda…
—No puedo dormir si traigo mucha ropa —respondió mirando hacia el techo tratando de pensar en otra cosa menos que un sujeto que entró a robar a su casa la tenía atrapada en su propia cama y estaba dándose un festín con ella.
—Y cuénteme —dijo rosando con la punta de los dedos el pezón de la pelirroja—, ¿no desea mandarlo al diablo por dejarle sola tanto tiempo? Digo —con el revés de los dedos recorrió el contorno de su cuerpo—, dos meses es mucho para estar alejado de la persona que ama.
—Está trabajando… —fue lo único que pudo decir antes que sus propios impulsos la traicionaran.
—O sea que ama más el trabajo que a usted —comentó mientras seguía jugando con el cuerpo que tenía preso debajo de él.
—¿Sabes qué? —preguntó y el hombre la miró sorprendido—. Tiene toda la razón.
—¿En?
—¡Ash casi no pasa en casa! —hizo un movimiento y logró soltarse del amarre, después de todo, la fuerza bruta era una de sus mejores virtudes aunque era un defecto para Ash— Yo no sé porque aún lo aguanto, debería divorciarme o… —miró con una sonrisa torcida al sujeto frente a ella que la miraba expectante.
—¿o? —la incitó a continuar recorriéndola con ambas manos.
—O buscarme un amante… —le dijo con ojos chispeantes, tanto así que el delincuente se sintió intimidado.
—Pero soy un extraño —dijo mientras la pelirroja usaba sus brazos para poder levantarse un poco de la cama.
—¿Y? —sonrió— Eso es lo mejor, usted toma lo que quiere, y no hay necesidad de volver a vernos…
—Podría tentarme a volver —dijo el sujeto, mientras empezaba a desabotonarse la camisa negra que llevaba puesta.
—Accidentalmente podría dejar abierta uno de los ventanales de la sala, una tiene tantas cosas en la cabeza a veces —dijo con fingida voz de estrés.
—Me está dejando las cosas muy fáciles —dijo cuando por fin pudo quitarse la camisa. Y para sorpresa de él, Misty se relamió por aquellos pectorales tan tiesos y su abdomen tan plano, no se aguantó las ganas y lo acarició…
—¿Hace mucho ejercicio? —le preguntó bajando las manos hacia la cintura del pantalón oscuro.
—A diario, hay que ser muy ágil para ser ladrón —le indicó y eso fue lo último que se escuchó hasta que el control se perdiera entre ellos, las ropas fueron dejadas a un costado pero la pelirroja le prohibió que se quitara el pasamontaña.
—¡Déjame el suspenso! —le exclamó mientras él empezó a tomar lentamente posición de ella. No sabía que era, si la adrenalina por estar haciendo algo inmoral, o si era por estar con un ladrón o qué, pero se sentía tan viva como al inicio de su matrimonio hace ya cuatro años atrás.
Ambos recorrieron el cuerpo del otro, marcaron hasta el más pequeño de los rincones y al momento de la culminación, la líder de gimnasio con una sonrisa en sus labios le quitó el pasamontaña revelando el rostro de su amante. Lo besó tomándole el rostro con ambas manos mientras el éxtasis los abordaba a ambos.
—Wow… —exclamó el hombre cayendo al lado de Misty—, así dan ganas de volver a casa más seguido.
—Bueno, tú sabes —dijo ella, aún con la sonrisa ladeada en su rostro—, si no pasas más tiempo en casa, nunca sabe cuándo podría engañarte con cualquier ladrón que entre a casa.
—Eso ya no pasará —le prometió rodeándola con ambos brazos—, conseguí al fin que me transfirieran a ciudad Celeste, Noland aceptó ir a ciudad Verde —le informó y la mujer no tardó en subirse sobre el de nuevo de la emoción.
—¿De verdad? —ante la afirmación de su marido ella lo abrazó—. ¡Estoy tan feliz Ash!
—Lo imaginé —se sentó en la cama y se colocó rápidamente su ropa interior para acercarse a la bolsa que había dejado en la entrada de la habitación y salir de ella, con la bolsa cargada a su espalda.
—¿A dónde vas? —preguntó Misty acomodándose su camisón una vez más.
—Solo a poner las cosas en su lugar —le dijo sin detenerse desde la escalera.
—No habrás echado a esa bolsa mis adornos de Sinnoh, ¿verdad? —preguntó enojada desde el inicio de la escalera.
—¡¿Cómo crees, Misty?! —exclamó aumentando los pasos para terminar de bajar la escalera.
—¡Ash Ketchum! —el mencionado no pudo evitar paralizarse ante el tono de voz de su esposa.
—Ya, lo siento —tomó la bolsa y sacó unos duendecillos bastantes feos, que Misty había comprado en Sinnoh, y que le daban algo de terror al As de Frontera—, si tomé los duendes feos.
—Eso es cruel —protestó Misty bajando las escaleras para tomar las cuatro estatuillas para colocarlas junto a la chimenea una vez más—, ¡Por eso te castigaré!
—¿Eh? —abrió los ojos ante la amenaza—. ¿Y por qué? —la señaló sin poder comprender—. Si está fue tu idea, lo del robo y todo lo demás.
—Sip, pero no tenías que meterte con mis Duendecillos —la mujer de ojos verdes desapareció de la sala hacia la cocina y volvió con una lata de crema batida y un pote de fresas—. Así que ahora voy a torturarte.
Ash negó con la cabeza pero con una enorme sonrisa en sus labios, sí… definitivamente amaba volver a casa.
