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Capítulo publicado por primera vez el 29 de Abril 2014

La canción mencionada aquí "You Can Come To Me" no me pertenece, es de la serie Austin y Ally de Disney

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Locura Nº14

Cuenta Conmigo

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Aquella reunión había sido muy sombría, nadie encontraba las palabras adecuadas para levantarle el abatido ánimo al joven promesa del mundo Pokémon que acababa de recibir una de las más humillantes derrotas de toda su existencia. Prácticamente, habían barrido el suelo con sus Pokémon y la verdad, en esos momentos había estado maldiciendo a su madre por haber hecho esa reunión con sus amigos, esperanzada de que aunque sea una pequeña sonrisa se escapara de sus labios. Sin embargo, ahí estaba, sentado entre el barullo de sus amigos que intentaban miles de cosas para que el muchacho decidiera dejar su estado de letargo y revivir al joven encantador que tenían como amigos.

Llegó un momento en que ya no lo aguantó más, se abrió paso entre todos sus amigos y se perdió tras la puerta de su habitación dando un sonoro portazo indicándole a todo el mundo que quería estar solo.

Se miraron entre sí, bastante preocupados por el comportamiento de su amigo, pero intentaban comprender como se sentía.

—Quizás deberíamos irnos —dijo la chica de Kalos bastante intimidada por el golpe de Ash a la puerta, nunca lo había visto de esa forma tan irritada.

—¡Ese Ash es muy infantil, nunca cambiará! —acotó Iris, la entrenadora de dragones se cruzó de brazos.

Tanto Clemont como May se miraron preocupados con sus hermanos menores, Bonnie y Max se sentían tristes por el estado anímico de la persona que admiraban –aparte de sus hermanos, claro está-

Mientras que Brock y Tracey observaban como la pelirroja estaba sentada en el sillón, con los ojos cerrados, el ceño fruncido y se notaba como la mano derecha había adquirido un tic nervioso.

—¿Misty? —Cilan se acercó con cautela a la líder de gimnasio, parecía que su Gyarados interno estaba gritando por Mega-Evolucionar e ir a patearle la puerta al joven que los había dejado ahí por estar encerrado en su propia burbuja.

—¿Estás bien? —Dawn que estaba a su lado, podía sentir como balbuceaba algo. Estaban todos pendientes de qué grosería o qué haría la temperamental entrenadora de Pokémon acuáticos, cuando abrió los ojos y con una sonrisa preguntó.

—¿Quién puede conseguirme una guitarra? —todos se miraron confundidos por la pregunta, pero una voz desde las escaleras afirmó de forma positiva—. ¿Señora Ketchum?

—¡Tengo una en algún lado! —dijo con un aplauso—. ¿Te la busco?

—Por favor —le pidió con una sonrisa, ante la mirada atónita de todo sus amigos. Solo Tracey se imaginaba que estaba por hacer la chica, sin duda él la conocía un poco más que el resto. Ella lo miró y pudo ver en los femeninos ojos verdes la respuesta. Misty tenía pensando hacerle una «serenata»

Nadie le sacó una palabra, hasta que la dueña de la casa bajó con una guitarra acústica, Misty la tomó, le sacudió un poco el polvo con su mano derecha y se la acomodó en sus brazos.

—¿Misty? —preguntó May acercándose a ella—. ¿Tú sabes tocarla?

Misty la miró con una sonrisa creída de sus labios, y ejecutó una escala musical de manera tan rápida que dejó a todos con la mandíbula en el suelo.

Ella solo movió sus hombros muerta de risa ante el asombro…

—Se puede decir que sí.

—¿Qué es lo que piensas hacer? —todos empezaron a admirar el valor de May para estar tan cerca de Misty cuando se notaba mucho que aún estaba enojada con el integrante que faltaba en el equipo.

—Si me siguen, lo sabrán —se puso de pie y salió hacia el jardín, más precisamente se dirigió y se paró debajo de la ventana de Ash con la guitarra en mano.

—¿Hará lo que yo creo que hará? —preguntó Dawn perpleja observando como la pelirroja miraba con una sonrisa la ventana entre abierta, donde sabía que se ocultaba su amigo, su mejor amigo.

—¡Oye Idiota! —gritó y todos cayeron ante lo que creyeron que iba a hacer una escena romántica—. ¡Si crees que nosotros estamos aquí porque nos gusta verte mal y deprimido, déjame decirte que para variar contigo, estás equivocado! ¡No estás solo tonto, no lo estás! —y con aquellas palabras inició una melodía.

Ash estaba sentado en su cama, con la mirada en un punto en el suelo, con las rodillas flexionadas y el mentón apoyado entre las rodillas, hasta que había escuchado lo que su amiga le había gritado, y sintió muchas ganas de acercarse a la ventana para devolverle el favor pero se vio detenido cuando empezó a escuchar un suave sonido que no sabía de dónde provenía, se acercó por encima a la ventana, tratando de no ser visto y se encontró con su amiga pelirroja mirando la guitarra que sostenía mientras tocaba la desconocida melodía.

Y cuando creyó que lo había visto todo de su amiga, ésta empezó a interpretar una canción que él no conocía así que decidió ponerle atención.

Y en cuanto las primeras líneas de la canción salieron de la impensable dulce voz de su amiga hacia sus oídos, la sonrisa que tanto anhelaba su madre brotó como magia de sus labios, no pudo evitar sonreír.

Escuchó cada frase, como si la canción fuera escrita para una situación así, la necesidad de una cuerda que lo rescate, el miedo, la necesidad de volver a sentirse fuerte…

Y cuando inició lo que parecía el coro, Misty elevó la mirada una vez más a la ventana y sonrió al verlo, él sabía que lo estaba mirando, pero no hizo amague para evitar la mirada de su amiga. Ahí se quedó, viendo como ella a pesar de todo, estaba todavía dispuesta a ser su hombro para llorar, su sonrisa aunque tuviera ganas de llorar -como en ese momento- y la frase que recibió como un golpe.

«Tú puedes contar conmigo»

¿Y por qué dudarlo, verdad? Misty podría ser una persona bastante temperamental, pero, aun así, ella podía sacar de él todo su potencial, y aunque, ella no dejaba que él se agrandara, o lo dejaba que se creyera superior a los demás, era la primera en ponerse contenta, si las cosas le salían bien. Ella no dudaba de sus capacidades, ella creía en él. Pese a todo.

Y ella -en ese momento- tenía la razón, debía detener su mente, dejar de pensar en cosas que ya no valía la pena y volver a ser él, tenía que comenzar de nuevo.

«Como una cadena que nunca se rompe, como una verdad que nunca se inclina, como un pegamento que pone tu corazón roto de nuevo en su lugar. Esa es la sensación que sientes en el momento en que sabes que no importa lo que nos depara el destino, nunca estarás solo.»

Y ahí estaba una vez más, una frase que lo golpeó, tenía razón, no tenía por qué sentirse solo, no tenía por qué envolverse en una soledad imaginaria, porque era claro que no estaba solo, tenía a su madre, a sus amigos y sobre todo, la tenía a ella.

Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la puerta, la abrió y bajó las escaleras hacia el ventanal, ahí vio como sus amigos y su madre observaban a la Misty que terminaba de cantar a la ventana vacía, él estaba ahí, de pie, dispuesto a salir de su oscuridad porque no estaba solo, y porque sobre toda las cosas, podía contar con ella.

Misty terminó de interpretar la canción, bajó la guitarra y suspiró, en ese momento Ash apareció por el ventanal sorprendiendo a todos, pero se quedaron en silencio, observando la mirada del joven pegada a la chica, ella solamente lo miró y le dio una tímida sonrisa de lado y para su sorpresa, y por primera vez en toda su vida, Ash adelantó velozmente los pasos que los separaban y la envolvió en sus brazos.

El rubor no tardó en cubrir todo el rostro de la líder de gimnasio, sentía su corazón galopar a una velocidad peligrosa, pero la cercanía de Ash, sentir los brazos de él rodeándola, la hicieron sentir cómoda, y abrigada.

Ash, no podía creer lo que había hecho, pero no estaba arrepentido, se sintió cómodo con Misty entre sus brazos, y hasta sonrió cuando notó que estaban casi de la misma estatura lo que facilitó que acomodara su rostro en el hombro de Misty y le susurrara al oído.

—Gracias.

—¿Por la serenata? —preguntó la chica sin romper el contacto con su amigo.

—Por todo —respondió con una sonrisa— y por evitar siempre que me sumerja demasiado en la oscuridad.

Misty sonrió, estaba a punto de decirle alguna de sus bromas, pero decidió evitarlas, abrió los ojos recordando la presencia de público, pero ya no había nadie. Ambos se separaron cuando oyeron el sonido del ventanal cerrarse con fuerza, y dirigieron sus miradas hacia el lugar donde Delia los despedía con un movimiento de sus manos y desataba las cortinas amarillas para que nadie los interrumpiera.

—Misty… —la pelirroja lo miró y se volvió a encontrar con los brazos de su amigo alrededor de ella.

—¿Ash? —preguntó con miedo y bastante sorprendida de que volvieran a tener ese contacto.

—No sé, me siento bien —le dijo con los ojos cerrados, y era verdad, se sentía tan bien que hasta había olvidado porque estaba mal.

—Es la cura mágica de los abrazos —le informó y no pudo contener esa chispa que brotaba de ella cada vez que él estaba cerca—, son gratis y no me molestaría que me siguieras abrazando…

—Lo tendré en cuenta —le susurró al oído antes de separarse, ella quedo perpleja por la respuesta de Ash, realmente no se la esperaba. Pero verlo con esa enorme sonrisa en los labios, le hizo disipar las ganas de ahogarlo que sentía en ese momento—. Bueno, creo que si quiero levantar mi reputación una vez más como entrenador Pokémon, voy a tener que ponerme a entrenar.

—¡Cuenta conmigo! —afirmó emocionada la pelirroja, si algo adoraba además de los pokémon de agua, eran las batallas—. ¡Siempre puedes contar conmigo!

—¡Lo sé Misty! —asentó varias veces con la cabeza— Y tú sabes, que también puedes contar conmigo, siempre.