¡Hola chicos! En caso de que no les llegara la notificación decidí cambiar las fechas de actualización a los 1° de cada mes ehehehe Aunque no sé si esto solo hará la espera mas rápida o lenta?
Bien, respecto a mi pequeño ataque dramático en los capis anteriores hehehe Gracias a todos por sus reviews, en serio son un gran apoyo, espero que podamos seguir así y a propósito, también aprecio mucho los Reviews de aquellos que no tienen cuenta en , si me llegan y los aprecio muchísimo.
Ahora, regresando a nuestro meollo:
¡Llegamos a la segunda parte de esta pequeña muestra de las memorias de Steit! Finalmente sabremos cómo fue que él y Nico se conocieron, además también se sabrá como fue su relación y la manera en que se separaron. Espero que les guste n_n
Capitulo 9:
"Recordando a mi Familia II-¿Las Memorias de un Perro Callejero?"
Durante los siguientes meses Steit se dedico a aprender tanto de la cultura humana como podía, por suerte María era maestra. O lo había sido al menos. Y Steit era realmente un buen estudiante, en solo un mes aprendió a leer y a escribir, aunque aun debía trabajar en su ortografía; también se acostumbro a usar mas ropa que un único pantalón y su piel, aunque siempre se estaba quejando del calor; además también había aprendido las nociones básicas de higiene, dientes, cabello, especialmente el cabello el cual la pequeña Bianca insistía en cepillar, e incluso María a veces; incluso ya era mucho más tolerante con otras personas… Bueno, al menos ya no miraba a todos como si quisiera atravesarlos con sus garras. Aunque María también había aprendido algo interesante:
-Y naranja, mucha naranja es buena. Además… ¿Estos están frescos? Ah valla que si-El druida siempre se levantaba con el alba y acompañaba a María en sus compras, insistiendo en escoger la comida más saludable para su embarazo-¿Tiene algo de… De? ¿Cómo era, esa cosa morada?
-Berenjena-Le recordó María con una sonrisa. Era tierno ver al muchacho tan empeñado en ayudarle. Además de ser una gran ayuda, su panza de cinco meses ya comenzaba a pesarle un poco.
-Y algo de estas.. ¿Esas son hiervas?-Aunque los tenderos aun no se acostumbraban a esa manía que tenía el chico de pasar olfateando todo. Quince minutos después ambos caminaban de regreso, Steit cargando la cesta por supuesto mientras se airaba un poco con su camisa-Más vale que ese letrero ya hacha traído la leche.
-Lechero-Corrigió la mujer-Letrero es ese que te dice la calle uno y la calle dos.
-Cierto cierto-El druida había tomado la costumbre de golpearse un lado de la cabeza cada vez que confundía algo y María le corregía, aunque había momentos en los que la pequeña confundía a Steit y este debía ir corriendo a consultar con la madre. El druida tenía cierta tendencia a detestar estar equivocado o no saber algo. María lo encontraba como una buena influencia para Bianca en ese sentido. Además, gracias a su sentido de la orientación, siempre era él quien iba a recoger a la pequeña a la escuela, así le evitaba a la madre el caminar bajo el sol abrazador con los pies hinchados. Para cuando María entro en su sexto mes Steit ya había ganado una nueva habilidad, en su opinión, más importante que cambiar su forma física y muchísimo más impresionante: cocinar. Cuando se conocieron María a aprendió rápidamente del amor desmedido que tenia Steit para con las peras y las fresas, casi le da un infarto la primera vez que Maria le dio a probar los helados de fruta que venían en la plaza. Pero en lo que respectaba a la carne, bueno María casi se desmalla cuando el druida llego una vez con su boca y el frente de la camisa llenos de sangre. "Dijo que podía comerlo" había dicho. Claro, había omitido la parte en la que María había dicho "Solo tienes que cocinarlo", por el simple hecho de no saber lo que significaba "cocinarlo".
Así que después de quemar cantidades asombrosas de comida, tanto carne como fruta; incluso tierra, una vez. Solo un pequeño experimento para descubrir si "cocinarlo" siempre hacia que todo supiera bien. Bueno, después de todos los intentos fallidos finalmente logro cogerle el truco a todo al asunto. Así que ahora María podía disfrutar de sentarse a leer en el comedor mientras alguien más preparaba el almuerzo para ella y su hija, además Steit tenía especialmente buen ojo para escoger lo más fresco. Aunque aun cenaban estofado cada viernes, por alguna razón era lo único que Steit no aprendía a preparar. Por otra parte, había algo que tenia a la mujer especialmente contenta.
-No sé porque se ríe, no hago nada-Steit repetía aquella frase cada vez que estaban afuera en el jardín regando los arbustos floras, los cuales nadie había plantado allí. Solo habían comenzado a crecer de repente. Y también estaba ese pequeño arbolito que comenzaba a ganar tamaño en el jardín trasero. María, de alguna forma, sabía que Steit era el causante de todo aquel reverdecer y aquella vida en su casa; aunque, quien sabe, tal vez y el druida realmente no lo estaba haciendo. A propósito al menos.
Por otro lado, una vez que María entro al séptimo mes fue cuando Steit entro en un estado de constante paranoia. Ok, realmente era algo muy tierno como siempre era él quien llevaba siempre la cesta de compras, y buscaba a Bianca, y le masajeaba los pies cuando le dolían. Además realmente había mejorado en la cocina. Pero había llegado a un punto donde prácticamente no la dejaba levantar la regadera de las plantas o saltarse una sola comida. Era tierno, pero algo exasperante. Y por alguna razón le recordaba a cierta, persona. Las semanas pasaron y el clima comenzó a tornarse un poco mas frio, lluvioso y hasta gris.
-Ahhh, esto es tan agradable.
-Al menos puedo decir que esto ya lo sabía-La lluvia azotaba afuera, el viento azolaba tras los cristales de la ventana pero en el interior de la casa, María y Bianca descansaban sentadas cerca de la chimenea. Por otro lado Steit estaba sentado en el piso justo junto a la lumbre, dedicándose a azar en el fuego unas cuantas castañas que había tomado antes de un árbol en la plaza. El crepitar de las semillas llenaba el aire junto con aquel agradable aroma. Mientras avivaba un poco más las llamas con sus manos, el joven druida no podía evitar que los recuerdos asaltaran su mente. Podía ver las imágenes en las lenguas llameantes del hogar: su vida en el bosque, su vida como nómada, todos los años que vago…
-¿Estás bien?-Inquirió María desde su silla al ver como Steit agitaba su cabeza.
-Sí, solo, un estornudo que no quiso salir-Desvió sus pensamientos y regreso una sonrisa.
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-¡Gahhh! Tienes que gmmmh ir…
-Pero-
-¡VE!
Era difícil oponerse a María cuando decidía ser imponente, tanto como si estaba en labor de parto como si no. Todo había comenzado unos minutos antes. Mientras Steit preparaba la cena en la cocina de repente escucho un sonido extraño desde la sala y unos segundos después le pequeña Bianca diciendo que su madre se había hecho pipi. Al principio no había comprendido a que se refería, pero cuando vio a la mujer sentada en una silla, sujetándose el vientre y respirando agitadamente supo lo que ocurría: el bebe.
Ok, había que admitirlo, por un instante sintió ganas de ponerse a gritar y correr en círculos. Pero no. Él era el guardián de aquella casa y debía comportarse como tal. Solo había un pequeño problema, no tenía idea de cómo nacían los humanos. Podía ayudar a una yegua o una osa, ¿pero María? ¡¿Qué suponía que hiciera?! La opción de correr en círculos se volvía cada vez más tentadora, hasta que María le recordó del papel que había pegado a la puerta del refrigerador; el mismo que ella le había dicho tenía escrita la dirección del doctor. ¡Claro! El doctor, se suponía que él sabía cómo traer un niño al mundo. Al principio se sintió reacio a dejar sola a María, pero bueno, ya se vio como termino.
Ahora se encontraba corriendo en sus cuatro patas por la calle bajo la tormenta que parecía estar a punto de arrancar las tejas de la casas. No tenía tiempo para lidiar por el clima, iba muy concentrado en sus pensamientos: dos calles al frente, cinco a la derecha y todo recto hasta el lechero que decía clínica…. ¡Letrero! El letrero que decía clínica. Ni siquiera fue consciente de cómo entro a lo bestia en la sala de espera ni de porque la enfermera de guardia había gritado de esa forma. Claro, ¿cómo iba a saber que la enfermera no estaba acostumbrada a ver druidas con afán? Mientras caminaba por los pasillos volvió a caminar en dos piernas. "Dr. Gustab C." ese era el nombre escrito en el papel y ese era el hombre que tenía que llevar a la casa. A quien le importaba que el cielo se estuviera cayendo. En cuando Steit le enseño los colmillos el sujeto tenia listo su maletín y todo lo que necesitaba.
Cinco minutos después ambos estaban ya en la casa Di Angelo. María seguía en la misma silla donde Steit la había dejado, y para el horror del druida había un olorcillo a sangre proviniendo de ella; Gustab, ni corto ni perezoso se apresuro en ir junto a la mujer y tomarle los signos. Mientras el doctor sacaba sus instrumentos Steit ayudo a maría a trasladarse a su habitación, bajo las instrucciones del médico claro; hirvió agua, llevo toallas, y se aseguro de que la pequeña Bianca se quedara en la sala esperando.
-Tú mami estará bien, cree en mi ¿sí?-Steit la dejo en el sofá, le revolvió el cabello y regreso a la habitación.
Sorprendentemente, tanto para el profesional de la salud como para la experimentada madre, el parto no duro mucho. María estaba especialmente sorprendida. Recordaba muy bien los dolores de cuando nació Bianca, pero esta vez apenas si había sentido dolor. Miro a su lado, sentado al borde de la cama Steit lucia cansado, sudoroso y hasta un poco colorado. María le sonrió, en un mudo agradecimiento por sostener su mano todo el tiempo:
-Joven, ¿podría venir un momento?-Steit prácticamente se teletransporto al lado del doctor, por un instante sintiendo un vacio en su estomago. Pero para su alivio el bebe en brazos del doctor lucia muy saludable, aunque no muy limpio. Lo que el doctor necesitaba era que Steit fuera a agregar algo de agua fría a la que antes había hervido para poder lavar al niño, tal vez si se había pasado un poco al hervirla él mismo. ¡Que fueron los nervios! Como fuera, lavaron al niño, lo envolvieron bien en su manta y fue dejado en los brazos de la madre, la pequeña Bianca estaba sentada en el colchón haciéndole caras a su nuevo hermanito, aunque estuviera dormido-¿Y bien María? ¿Qué nombre debo poner en el informe?
-Mmm, bueno…-Steit se sintió un poco descolocado cuando los ojos cafés de la mujer se posaron en él-¿Qué opinas tu, Steit?
-¿Disculpe?-Inquirió el druida perplejo y sus cejas trepadas en los más alto de su frente. María no pudo contener una pequeña risa:
-Eres parte de la familia-Respondió-Y si no fuera por ti Gustab nunca habría llegado, me has ayudado tanto todo este tiempo, ¿conoces algún nombre?
-Eh, bueno… Yo…-Por alguna razón su cara se torno un poco roja-Siempre pensé que, si tuviera un hermanito, me gustaría que se llamara Nikolau.
-Es, lindo.
-No tiene que usarlo, se que para ustedes puede ser extraño-Admitió con una pequeña risa avergonzada.
-¿Qué les parece… Nico?-Bianca asintió con fuerza y Steit sonrió tenuemente:
-Es, perfecto.
Aquella noche Steit se dedicaba a cuidar del pequeño recién nacido mientras María descansaba. Estaba en la sala, recostado en el sofá acunando al pequeño en sus brazos sobre su pecho. Se sentía tan maravillado de observar a aquel diminuto ser humano; no era la primera vez que veía a un bebé. Pero jamás había tenido la oportunidad de apreciar a uno tan de cerca; era tan frágil, tan pequeño…
-Ahh ya ya no sigas, ¡ya entendí!-Nico interrumpió el relato de Steit antes de que su cara comenzara a parecer un faro sobrecalentado. Por su lado, su perro guardián sonrió y sintió ganas de abrazarle-Entonces, ¿mi nombre…?
-En parte fue idea mía-Aclaro el de ojos bicolores-Nikolau significa… Bueno, Nico, significa Vencedor.
-Que original…
-¿Quieres escuchar el resto de la historia o no?
Conforme pasaba el tiempo y el pequeño Nico Di Angelo iba creciendo se iba haciendo más y más evidente el fuerte lazo que él y druida compartían. A excepción de María, Nico no dejaba que nadie más lo alzara, la única persona con la que se dormía era Steit y cuando se ponía necio, adivinen quien lo convencía.
-Eres más útil de lo que pensaba-Solía bromear María durante los almuerzos.
-No es gracioso, esto es difícil-Claro, era Steit quien estaba cubierto de la papilla que, se suponía, debía comer Nico. Pero claro, era más divertido lanzársela encima a su hermano mayor.
Pasaron los meses y un mata de pelo azabache se instalo en la cabeza del pequeño, era churco y brillante y a Steit le encantaba jugar con él; a los diez meses el pequeño ya podía dar un par de pasos, y en su primera fiesta de cumpleaños, luego de que Bianca le explicara a Steit lo que era una "fiesta de cumpleaños, ambos sorprendieron a María con que él pequeño ya podía caminar solo. Por otro lado, aquel día fue la primera vez que Steit tuvo un indicio del padre del pequeño: un pequeño paquete envuelto en papel verde, adentro iba una muda de ropa, con la talla justa de Nico, era de seda, muy elegante y por demás fresca. María no hizo ningún comentario al respecto cuando Bianca pregunto por la procedencia, pero Steit bien sabía que era un tema delicado. Paso el tiempo:
-¡María! ¡María!
-¡¿Qué ocurre?!
-¡Mamá!-Las primeras palabras de Nico, su primera navidad, su primer Halloween. Era adorable ver cómo tanto el niño como el druida iban aprendiendo de las tradiciones y costumbres humanas al mismo paso. Aunque había algo que el druida podía enseñarle y de lo que Nico jamás se cansaba de preguntar: él. Todos en la escuela y quienes les conocían tenían la impresión de que tanto Bianca como Nico era unos niños con la imaginación desbordada. Siempre estaban hablando de jugar con animales salvajes y hablar con los perros de la calle. Y María simplemente les dejaba estar, ¿quién iba a creerles que su niñero era en realidad un ser mitológico que podía cambiar de forma? Ah, ¿no lo había comentado antes? Esa era la nueva comidilla del vecindario: el niñero estrella de la familia Di Angelo. Ese mismo muchacho que iba de aquí para allá haciendo los mandados, reparando el tejado y cuidando de los niños.
Claro que la envidia y los insidiosos comentarios no se hicieron esperar por parte de las vecinas, que miraban con celos aquel joven cuerpo bronceado y definido. Aunque a veces era difícil mantener los chismes acerca de su aventura con la madre soltera, especialmente por lo que siempre veían al joven con el pequeño Nico. Ya fuera cargándolo en sus brazos, espalda, o sus hombros, cuando ya tuvo la suficiente edad. No importaba que estuviera haciendo:
-¿En qué momento te subiste ahí?-Claro que sabia como se había trepado Nico al árbol mientras él esparcía el abono entre las plantas. El pequeño le sonrió traviesamente, completamente recostado en la rama con sus brazos y piernas colgando. El problema fue cuando, al intentar levantarse término resbalando y cayendo al vacio-Ey, que manzana tan extraña, tiene nariz… y pelo… ¿y qué es esto?
-…-Nico termino carcajeándose en los brazos del druida mientras este le apretaba la nariz y luego le inspeccionaba las orejas-Sti, ¡Sti!
-¿Si, liten?-Inquirió ante la forma infantil que le llamaba el pequeño. Le gustaba estar así, tumbado en la hierba en un día soleado, bajo la sombra del árbol donde apoyaba su cabeza con ese pequeño consentido sobre su pecho-¿Qué ocurre?
-¿Cómo es que nunca me dejas caer?-Inquirió con sus brillantes ojos azabaches-Igual que el otro día en el techo.
-Cosa que no le mencionaremos a nadie…-Le recordó el mayor pellizcándole la nariz.
-¡Estabas muy muy lejos!-Dulce inocencia infantil, dramatizaban todo con genuina emoción. Steit no pudo resistirse a tomarle las mejillas y estirársela-Au au auh…
-Mi liten…-Le dijo con suavidad-Yo jamás dejare que nada que lastime.
-¿Y mamá?-Esta vez la duda y el miedo inundaban los ojos de Nico-A-a la mama á de Jimmy, a ella a ella un auto la-
-Ey ey, tranquilo liten-Atajo el druida dándole unas palmaditas en la cabeza-Mientras yo esté cerca, jamás dejare que nada les suceda.
-¿Lo prometes?-
-Las protegeré, como siempre te protegeré a ti. Te lo prometo, fy brenin bach-Steit se estiro un poco y beso a Nico en la frente. Ya podría explicarle a Nico el significado de aquellas palabras, cuando fuera un poco mayor.
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Con el paso del tiempo Steit pudo alardear de volverse todo un experto en el mundo humano. No que confiara en alguien fuera de la familia Di Angelo, pero ya era mas abierto a charlar o ayudar a otros. Su lenguaje había mejorado muchísimo, aunque aun le gustaba decir "esofado"; ya podía escribir sin ningún problema y leer con fluidez, cosa que hacía a menudo ya que Nico disfrutaba de escucharlo antes de dormir Además, con los años, pudo observar maravillado la velocidad con la que crecía su nueva familia. Bianca ya era una señorita, aunque ella siempre decía que solo tenía catorce años con las mejillas coloradas, especialmente cuando su madre y el druida insistían en lo linda que se había vuelto; María apenas si había cambiado, solo unas pocas arrugas en sus ojos y un par de canas, aunque Steit pensaba que le lucían bastante bien; y Nico, ya había cumplido sus diez años. Era un chico listo, muy imaginativo y sumamente juguetón. Siempre le gustaba ver al druida transformarse en diferentes animales; jugar con osos polares, montar elefantes y correr con un lobo por el bosque era de sus actividades favoritas. Además había descubierto muchas cosas, como por ejemplo que la forma en la que Steit solía llamarle, "Liten", significaba "pequeño" en su lengua natal, fuera cual fuera. Y Steit siempre estaba fastidiándolo por su estatura:
-¡Y tu pareces un poste de luz!-Aquella era la frase favorita del menor para defenderse. Claro, antes de que su puchero fuera terminado por un enorme can lamiéndole toda la cara. En esos momentos María se reía y Bianca intentaba mantenerse lo más alejada de la baba que fuera posible. Aquel día en particular todos estaban particularmente de buen humor, después de todo a la mañana siguiente seria era el onceavo cumpleaños del miembro más joven de la familia.
-A ver ustedes, es suficiente-María puso fin a todo el desorden con un par de palmadas, adoraba a su druida residente pero detestaba cuando se transformaba y llenaba toda la casa de pelos-Nico, ¿ya te duchaste?
-No lo ha hecho-De inmediato se soltó una pequeña discusión de hermanos cuando Bianca delato al menor. Pero mientras ellos peleaban Steit camino sobre sus cuatro patas hacia la puerta trasera bajo la atenta mirada de su primera amiga. María detuvo la discusión, mandando a su hija a ponerse el pijama y a su hijo a bañarse, antes de seguir al druida y encontrarlo sentado sobre sus cuartos traseros en la hierba observando al cielo despejado; las estrellas, la fina luna menguante y las pocas nubes se reflejaban en sus grandes ojos bicolores.
-¿Estás bien?-Inquirió suave y amable María mientras se sentaba junto al lobo. Su vestido doblado con sus piernas en la misma dirección, le daba un aspecto tan agraciado como cómodo-Has estado algo extraño estos días…
-Es el cumpleaños de Nico-Respondió el lobo luego de unos minutos, aun sin apartar su mirada del cielo nocturno-Ha crecido tanto, pero solo tiene once…
-¿Es por lo que me dijiste?-Pregunto la madre-El asunto de-
-No-Atajo el lobo, finalmente bajando la mirada y apoyando su cabeza en el regazo de María-Es que hay tantas cosas que quiero decirle. Pero aun es muy joven. Solo, estoy impaciente…-Pero María sabia que, más que impaciente, Steit estaba asustado. Temeroso de la reacción que pudiera tener Nico cuando Steit le contara toda su historia, o al menos la parte que le conto a María.
-Nico te adora, me da un poco de celos-Bromeo María mientras acariciaba la cabeza del canido-No te preocupes, aun tienes tiempo para pensar como decírselo. Por ahora, tienes que pensar que le vas a regalar mañana…
…
De repente el aire cálido alrededor del hijo de Hades comenzó a ser desplazado por un frio viento que emprendió vuelo entre las ramas y las copas de los arboles, viento que parecía provenir del druida sentado a su lado y que empezaba a ganar velocidad conforme chocaba con el cálido aire. Nico pudo notar como los brazos de Steit se habían tensado y su mirada endurecido. No necesitaba ser un genio para saber que había ocurrido luego:
-Fue entonces cuando desaparecimos-Así, seco y frio. No había otra forma de decirlo. Y no había más respuesta que una amarga sonrisa:
-See cuando fui a verte esa noche ya estabas dormido. Así que salí por la ventana…-Conforme hablaba el druida se cubrió la mitad del rostro con su mano apenas mirando entre sus dedos-Se suponía que solo iría a buscar tu regalo, era algo lejos pero podría ir y llegar con el amanecer.
-¿Qué encontraste?-Nico no podía evitar sentir una punzada en su pecho. Acaba de aprender más de su familia en menos de una hora que en tres años; su madre era maestra, su hermana nunca había sido tan seria, su nombre… No podía evitar sentir pena por aquel muchacho, druida o lo que fuera. El había estado ahí para su familia por años, y luego simplemente lo había borrado de su memoria. Podía sentir la garra de la culpa apretando su corazón.
-Nada. Un terreno vacio y chamuscado. La casa no era más que ruinas, todo se había incendiado. Aunque aquello era imposible, me asegure de ello-Su tono sonaba como si intentara excusarse y podían verse un par de pequeñas lagrimas en las esquinas de sus ojos-Pero no había nadie. Cuando ningún vecino pudo darme razón de ustedes yo… yo…-Su espalda comenzaba a convulsionarse, sus ojos cerrados por el dolor y la rabia. El viento comenzaba a ganar velocidad y de repente…
-No fue tu culpa-Se detuvo. Cuando sus ojos volvieron a abrirse Nico estaba frente a él, tomándolo por la nuca y juntando sus frentes mirándolo directamente a los ojos-No puedes cambiar lo pasado.
-Pero-
-Ahora estas aquí-No tenía idea de donde salían aquellas palabras, pero sabía que eran las correctas-Si aun te sientes culpable: quédate, no dejes que vuelva a pasar. Pero esta vez…-Por primera vez en muchos, muchos años, Steit pudo volver a ver aquella sonrisa, pequeña y sincera que tanto había adorado-Te ayudare. Yo también puedo luchar.
Para su sorpresa, el cambiaformas comenzó a reírse. Primero suave, y luego una gran carcajada:
-Es gracioso que lo digas, porque…-Llevo su mano al bolsillo y saco un pequeño paquete envuelto en lo que parecía ser cuero viejo-Esto es para ti.
A la mañana siguiente Hazel y Percy estaban caminando presurosos por la Via Principal; Jason y Frank estaban inspeccionando las barracas. Todos estaban muy nerviosos, nadie había visto a Nico desde la noche anterior y ya todos estaban pensando lo peor con respecto al recién llegado. No fue sino hasta que Reyna les hizo señas desde el cielo con su Pegaso para que la siguieran hasta los campos de Marte.
-Bueno, es obvio que debemos una disculpa-Admitió Percy rascándose la nuca-¿Qué? Oh vamos, admítanlo…
Por supuesto que nadie era tan tonto como para darle la razón a Percy en vos alta, aunque la tuviera. Después de todo, todos habían pensado que Nico había sido raptado por un monstruo con mucha labia. Ahora, observando a Nico dormir plácidamente, todo sucio y con algunos cortes en su ropa y uno pequeño en su mejilla, contra el costado de un enorme lobo azabache en un prado de césped verde a mitad de los campos de Marte, ero obvio que no había ninguna posibilidad de que el druida se fuera…
Continuara…
¿Y bieeennnnn? ¿Si gusto el capi…? ¿O lo dejamos hasta aquí y ya?
Bueno chicos me encantaría leer sus Reviews pero les tengo una mala noticia:
Mi monitor se daño. Llevo ya una semana sin poder escribir en mi compu, estos son capis que ya había terminado, es una lástima pero no tengo cap de "Tempo de Rapsodia" si están siguiendo ese fic les pido un poco de paciencia. Chicos prometo hacer todo lo posible por arreglar mi monitor, en serio… Pero de momento pueden poner mis fics como "Pausados" hehehe creo que podre arreglarlo este Abril, de todas formas no desesperen si me retraso con el siguiente cap n_n
¡Mientras, espero leer sus Reviews con ansias!
