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Capítulo publicado por primera vez el 22 de Septiembre 2015
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Locura Nº22
Frustración
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Aquella fiesta, que para él iba a ser la mejor, terminó poniéndolo de mal humor. Misty, siempre Misty, ¿Para qué aceptaba retos tontos si no se lo iba a aguantar después?
Se sentía molesto y bastante fastidiado, pero había tomado una decisión en cuanto el resto de sus amigos se fueron. ¡Misty no se iría de Pueblo Paleta hasta que le devolviera su teléfono celular!
¿Por qué Misty tenía su teléfono celular?
Pues una de las pruebas a la que habían sido sometidos mientras se divertían, consistía en escribir algo a uno de sus amigos, algo que no se atrevían a decir, por medio de un texto. Misty lo había elegido a él, pero, ¿qué habría escrito que terminó escondiéndole su celular?
Cuando iba a leerlo como una loca, y más de lo habitual, le quitó el móvil de las manos y de la nada, como si hubiera realizado un acto de magia, desapareció de sus manos.
Oh, de solo recordarlo el mal humor regresaba a él.
Subió las escaleras hacia la habitación que habían ocupado sus amigas, donde aún estaba Misty, y golpeó un par de veces la puerta.
—Oye, voy a ir al centro del pueblo por unas cosas, no me tardo nada, recuerda que no puedes salir de la casa —le recalcó, por lo que la chica desde dentro de la habitación, farfulló un par de incoherencias que hicieron sonreír al moreno que volvió a bajar las escaleras para salir de la casa.
…
Que Delia no estuviera en casa, y que sus amigos hubieran acabado con toda la comida de la fiesta, lo obligaron a salir a comprar algo de provisiones, realmente no quería porque podía darle la oportunidad a Misty de salir y no quería estar persiguiéndola por Kanto como ella lo había hecho con él, por un celular. Lo único es que agradecía tener una pantalla de bloqueo que le impedía a la chica entrar y borrar lo que sea que había escrito.
—¡Solo es cuestión de paciencia, Ash! —exclamó para sí mismo acariciando la cabeza del roedor que iba en su hombro. Llegó a su casa y abrió la puerta, al no ver a la pelirroja en la sala, dejó las bolsas sobre la mesa de centro y se acercó a la escalera para subir hacia la habitación, y decirle que le ayudara con el desayuno cuando se tropezó con algo.
Y no era cualquier cosa, era su celular desarmado. Protestó al agacharse y tomar las tres partes de su móvil para armarlo una vez más. ¿Por qué estaría ahí? ¿Acaso Misty lo tiraría por las escaleras?
—No creo que sea tan bestia como para eso —se dijo en voz alta, armó el teléfono y lo prendió. Ahí estaba aún el marcador que indicaba que tenía un mensaje. Deslizó el dedo por la pantalla para desbloquearlo y abrió el mensaje. Lo que leyó le hizo subir las escaleras de a dos y golpear la puerta de la habitación de Misty, la golpeó tantas veces que le era curioso que la chica no saliera a retarlo, tomó el picaporte y abrió la puerta. La habitación estaba vacía— ¿A dónde se fue? —gruñó al no verla. ¿Habría huido? Iba a cerrar la puerta para salir a buscarla cuando vio que sobre el escritorio de la habitación había un par de hojas hechas bollos. Se acercó a ella y abrió una, solo había palabras sueltas, en la segunda no había nada, y en el tercero, había varias frases que le provocaron un par de escalofríos. Sin pensarlo, bajó las escaleras seguido por Pikachu y salió a buscarla.
«No te preocupes por aquellas sentimientos, no son más que mi responsabilidad»
«No tienes que responderlos, simplemente giraré en el camino y tomaré en la dirección opuesta como siempre.»
«Estoy tan acostumbrada a despedirme de ti que ya no duele, simplemente es un dolor pasajero como una simple jaqueca»
Aprovechando que tenía su teléfono de nuevo, marcó el de su amiga pero no le respondió, rápidamente entró al buzón de voz. Maldijo. Caminó de regreso al centro de pueblo Paleta mientras buscaba con la mirada y trataba de comunicarse con ella. Al tercer intento fallido, marcó al gimnasio Celeste.
«No, la feíta incluso me llamó en la mañana que pusiera que el gimnasio iba a estar cerrado esta semana porque no iba a devolverte tu celular hasta descubrir tu contraseña»
Aquellas palabras de Daisy lo descolocaron. ¿No iba a irse? ¿No iba a devolverle su celular?
Otro pensamiento peor al de la huida cruzó por su mente.
¿Y sí le había pasado algo?
Tomó su celular una vez más pero esta vez dirigió la llamada hacia la oficial Jenny de Ciudad Verde.
—¡Oficial! —la saludó— Necesito que me ayude a encontrar a una persona que no sé si está desaparecida, perdida o qué —esperó un par de segundos y continuó—. Es mi amiga Misty, usted la conoce... Si la ve por la ciudad, ¿puede decirle que me llame? Gracias.
Cortó la llamada y con un gesto de fastidio decidió regresar a la casa.
…
En las cercanías de ciudad Verde, la chica pelirroja iba caminando sin mayor preocupación cuando la bocina de la motocicleta de la oficial la detuvo.
—Misty —la llamó así que volteó hacia la oficial.
—Oficial Jenny —cuando ésta la alcanzó, le hizo una reverencia simple— ¿Qué sucede?
…
Ash iba y venía en la entrada de su casa, había recibido la llamada de la oficial en cuanto Misty entró a Pueblo Paleta así que no demoraría en verla. Estaba realmente enojado, tenía ganas de gritar, de romper cosas, se encontraba tan frustrado que ni él mismo se reconocía. ¿Qué era eso que Misty había provocado en su ser con ese mensaje? Y ni hablar de las líneas de aquel bollo de papel.
«Ash, hay algo que nunca, nunca te dije, me gustas. Te quiero»
¿Por qué habría escrito eso si no quería que él se enterara? ¿Por qué había sido tan imprudente con sus sentimientos si iba actuar de esa forma?
Estaba a punto de golpear la pared cuando la vio. Estaba parada frente a él como si nada, con la misma expresión de siempre, como si ese mensaje o esas frases nunca hubieran sido realizados. Aunque claro, al ver lo que Ash tenía en sus manos, la mirada verdeazulada de la chica se abrió enorme y empezó a buscar en su bolso.
—No pierdas tiempo —le dijo Ash y ella se detuvo cerrando los ojos mientras maldecía—, éste es mi celular, se te cayó cuando huías de la casa.
—¿Huir? —la expresión de desconcierto no detuvo a Ash que se acercó cargando una pesada mochila llena de frustración, de rabia.
—¡Sí, huir! —volvió a exclamar cuando quedó cerca de ella— ¿Por qué eres así? ¿Eh? ¿Te gusta jugar con mi cabeza? ¿Quieres que colapse por no poder entender que es lo que me pasa? ¡Siento unas ganas horribles de maldecir a los cuatro vientos! ¡Estoy tan frustrado que ni sé de lo que soy capaz!
—Dicen que el ataque frustración es más efectivo cuando no hay un lazo afectivo con su entrenador —la respuesta acompañada del gesto con el dedo índice de la chica, hizo que Ash la mirara aún más enojado.
—¡¿Cómo puedes jugar así conmigo?! —le mostró el celular— ¡Me escribes que me quieres! —se golpeó el pecho mientras hablaba— ¡Me lo ocultas! ¡Luego desapareces y me dejas esas frases!
—¿Frases? —preguntó aún más confundida— ¿Cuáles frases?
—¡Estas frases! —buscó en su bolsillo y sacó el bollo de papel, Misty lo reconoció de inmediato— ¿Me vas a decir que no significan nada? ¿Qué son entonces?
—¿Frases del guion para la obra del gimnasio que estoy haciendo con Violeta? —Ash se detuvo en seco ante aquella frase, Misty buscó en su cartera y sacó una libreta—, fui a comprar una libreta para escribir en ella mientras seguía intentando borrar el mensaje que ya leíste —suspiró y guardó el cuaderno una vez más— Supongo que no tendré vacaciones y tendré que volver a ciudad Celeste.
Ash se cubrió la mirada con la mano. ¿Acaso quería volverlo loco? Si ese era su propósito, estaba a punto de conseguirlo. La observó sonreírle aunque no se veía muy feliz que digamos. Pero, ¿Cuál era esta nueva sensación que sentía? Ya no era frustración, más bien era otra cosa. Miró su celular, y luego de nuevo a su amiga, pero ésta había girado para salir de su propiedad.
—¡A dónde crees que vas! —la tomó del brazo para frenarla y en el envión para detenerla y sin pensar en el por qué, cuando sus cuerpos estuvieron juntos, la tomó del rostro y la besó.
—¿Qué crees que haces? —protestó Misty separándose de él.
—¡Descubriendo la forma de quitarme esta frustración que me provocaste! —afirmó.
—Siempre tienes que hacer todo a tu modo, ¿verdad? —protestó la chica al ver la sonrisa en los labios que acababa de besar.
—¡Por supuesto, soy Ash! —alardeó contento y la miró, sus mejillas estaban sumamente rojas, tan rojas como la del Pokémon eléctricos que los miraba curioso— Tú también me gustas —le confesó haciendo que la chica aún se pusiera más roja. Él volvió a sonreír
Quizás las cosas ahora se pusieran un tanto más divertidas entre ellos…
