¡RATATAN TAN TAN TANNNNNNNN!

¡ASI ES MIS PRICIPES Y MIS HERMOSAS PRINCESAS! ¡YA ES PRIMERO DE MES!

¡TENEMOS CAPITULO NUEVO!

Y ya saben que me emociono demasiado así que disculpen la fanfarria XD

Pero seamos honestos, si yo me emociono y ya sé cómo va a terminar todo (KU KU KU), ustedes que deben esperar treinta días por cada capi deben emocionarse mucho más HAHAHAHAHA

Bueno como ya habrán notado normalmente coloco un pequeño resumen para recordar los eventos más trascendentes del capítulo anterior, pero esta vez quiero tomarme un pequeño párrafo extra para agradecerle a todos ustedes, bellezas hermosas pechochas de papá, que se toman su tiempo para dejarme reviews hehehe

Y como algunos no tienen cuenta no puedo responderles directamente con un mensaje privado (PM) como suelo hacer. Pero eso no significa nada. ¡LOS AMO IGUAL A TODOS CHICOS! ¡Y CHICAS HEHEHE!

Es por eso que quiero dedicarle este capítulo a:

Rebe Marauder: Preciosura! Eres la más leal en este fic! Adoro tus reviews jajaja aunque me tienes algo abandonado T_T Jejeje Igual te adoro!

lavida 134: eres sin duda la que mas conjeturas ase. ¡Me agrada! Porque siempre digo "uhh y espera a conocer la verdad" XD

Katze Nakamura: Adoro que numerizas tus opiniones! Hahahaha

Degel7Deshielo: espero que aun te siga encantando hehehehe

Bueno estando listas ya las dedicatorias pasemos directamente a lo interesante: CAPI NUEVO (Aumente el número de páginas así que será mas largo de lo usual DE NADA n/n)

Capítulo 18:

"El recuerdo y el fin de un Amigo"

Definitivamente correr semidesnudos por un bosque en pleno invierno no entraba ni de cerca en la lista de actividades divertidas para los mestizos. O al menos eso pensaba Percy mientras él, Annabeth y Grover se movían entre los arboles intentando no sufrir una hipotermia. Ninguno de los tres se explicaba porque habían aparecido allí de repente cuando unos minutos antes habían estado nadando en el lago junto algunos de sus compañeros.

-I-intenta tocar más f-fuerte...-De los tres, la rubia parecía ser quien peor la estaba pasando. Después de todo su traje de baño no le protegía del viento en absoluto. De no ser por Grover y la melodía de brisa de verano que había estado tocando en sus flautas de junco seguramente ahora tendría los labios azules.

-Primero busquemos un refugio-Acoto Percy, cuidando que el sátiro no parara de tocar. Él no tenía tantos problemas con el frio, después de todo la nieve era solo agua congelada y podía mantenerse seco. Pero le preocupaba su novia. No quería que Annabeth pescara una pulmonía ni nada.

-D-debemos buscar a-a N-Nico...-Rebatió la hija de Atenea castañeando los dientes.

-¿Entonces donde esta? ¿Y por qué demonios nos trajo aquí?-Inquirió un poco molesto el hijo de Poseidón. Los tres tenían muy claro que habían sido llevados allí a través de las sombras, aunque no tenían ni idea de que el hijo de Hades pudiera transportar a alguien a distancia. Justo iba a preguntar algo más cuando un poderoso trueno sacudió el bosque. Algunas aves volaron y la nieve cayó de las ramas congeladas por el impacto:

-¡¿Qué fue eso?!-Los tres estaban ensordecidos. Grover había dejado de tocar sus flautas para taparse los oídos, igual Annabeth quien miraba en todas direcciones mientras Percy sacaba su espada.

-¡Tenemos que-

Pero sus palabras quedaron ahogadas con un segundo impacto. Esta vez mucho más cerca y que parecía estar aumentando. En un principio el hijo de Poseidón creyó que se trataba de un trueno, pero comprendió muy tarde que se trataba de algo sólido que sacudía la tierra a sus pies. Un segundo después una enorme roca pasó rodando demasiada cerca de donde habían estado un segundo antes, rompiendo ramas y algunos troncos hasta finalmente perder impulso unos diez metros más adelante.

-¡Vamos!-De algo estaba seguro, si estaban cayendo piedras algo muy grande estaba luchando. Y seguramente Nico estaría allí.

Diez minutos antes:

-¡El inframundo es un caos, y mientras tanto nuestro hermanito se relaja tomando un baño caliente!-En cualquier otra circunstancia Nico habría respondido alguna frase irónica. Pero en ese momento, desnudo, húmedo y ligeramente mareado, solo pudo maldecir su suerte por millonésima vez en su vida.

Allí, de pie sobre las rocas en la orilla opuesta del pozo, estaban sus hermanastras del lado divino de la familia: la izquierda estaba Macaria, diosa de las muertes pacíficas. Nico la había conocido varios años antes en una de sus visitas al inframundo, al igual que Thanatos, Macaria encarnaba uno de los aspectos piadosos de la muerte; en su caso, las muertes en paz. Cuando un mortal llegaba a su último aliento y no poseía arrepentimientos ni miedo, Macaria era la encargada de brindarle una transición en paz. Su aspecto era el de una joven dama, con una mirada que transmitía seguridad y calma, aunque era algo fría y distante en su trato para con todos, incluso con su padre. Personalmente Nico le tenía cierta simpatía. Pero la presencia que preocupaba al mestizo estaba a la derecha, una figura joven, de cabello lacio y azabache como él suyo bajo una boina verde: Melinoe, diosa de los fantasmas, bajo la figura de Bianca.

-Te odio-Espetaron ambos, diosa y mestizo, al tiempo. Nico no la aguantaba-¿Qué están haciendo aquí?-Inquirió mientras extendía el brazo tanteando las rocas hacia su ropa y su espada, el vapor que despedía el agua no le dejaba ver bien-¿Y qué significa eso de que el inframundo es un caos?

-Como si fuéramos a-

-Muchas almas han escapado-Explico Macaria, con ese clásico tono neutro en su voz-No. Es más preciso decir que se han "perdido".

-¡No le digas nada!-Chillo Melinoe con la voz de Bianca y dando un manotazo al vapor entre ellas-¡Así no es divertido!

-Padre no nos envió para que empieces con tus juegos, hermana-Rebatió la diosa de la muerte.

-¿Mi padre las envió?-Nico había salido del agua y estaba terminando de colocarse los pantalones, agradeció mentalmente a que todo el vapor nublara un poco la vista. Una pequeña parte de su mente, aparte, se preguntó si había tanto vapor hacia dos minutos-¿Por qué?-Pero estaba más preocupado por la repentina presencia de esas dos.

-Tranquilo, hermanito…-Dijo Melinoe, soltando la última palabra con el silbido despectivo que era su risa y adoptando su forma original: una mujer con la mitad del cuerpo vivo, y el otro muerto-No nos envió por ti, esta vez.

-Estoy aquí-Aclaro Nico, quien se había movido varios pasos a su derecha, ya vestido, con su espada en el cinturón, pero firmemente sujeta por el mango.

-¡Ah no veo un demonio!-Justo cuando la diosa de los fantasmas agito su mano, provocando un viento gélido que barrio con todo el vapor azufrado que ahora les bloqueaba la vista, Nico pudo ver porque había tanto. El pozo donde antes había estado bañándose ahora parecía una olla gigante lista para cocinar. Grandes burbujas hervían sobre la superficie y de no saber que estaba ahí dentro el hijo de hades no hubiera visto la figura que nadaba bajo la superficie hasta llegar a la roca sobre ambas diosas estaba de pie-Ahora, ¿Dónde está ese mal-

Antes de que terminara su pregunta toda roca fue empujada por la corriente hirviente. Macaria se mantuvo flotando de pie en el aire, pero Melinoe si termino arrastrada por la corriente colina abajo.

-Debes prestar atención-Comento la diosa que flotaba, entonces giro brevemente la cabeza para ver como una segunda roca era arrojada hacia ella. Sin embargo ella solo tuvo que desearlo y el objeto pasó a través de ella cual voluta de humo negro.

-¿En dónde está?-Steit estaba de pie a varios metros de Nico mirando en todas direcciones, seguía desnudo pero no había tiempo para pensar en su pudor. Justo iba a responder que debían huir, cuando una sombra negra apareció detrás del druida:

-Aquí estoy-Macaria coloco su mano suavemente en el omoplato derecho del druida. Un segundo después este salía despedido hacia los árboles.

-¡Steit!

-¡Quieto ahí, hermanito!-Una fuerza invisible le golpeo justo en el esternón arrojándolo en la dirección contraria hacia donde se encontraba el druida. Melinoe apareció segundos después-Esa es nuestra presa.

-Déjenlo… ¡en paz!-Nico grito con fuerza. A su alrededor las sombras comenzaron a extenderse a su alrededor. Lo siguiente que paso es que estaba rodeado de figuras brillantes que se interponían sobre él.

-Juega un rato-Sugirió la diosa de los fantasmas con gesto de la mano restándole importancia. Entonces se desvaneció y apareció a solo un metro de Steit. Sus ojos brillaban cruelmente mientras miraba más allá de él-Ahora, veamos quiénes son tus fantasmas…

Y todo se oscureció.

Flash Back.

Algún tiempo atrás. Cuando gran parte de cierta región eran solo densos bosques, los seres humanos eran conscientes de que no eran los primeros en pisar esas tierras. Ni los más peligrosos. Pero existía un pequeño pueblo, rodeado por densos arboles a mitad de un valle. En él sus pobladores eran conscientes de esta verdad sin tener que vivir con temor gracias, simplemente, a su buena suerte. Todo comenzó una tarde verano:

-¡Ya llegan!-El anuncio vino desde lo alto de un árbol de secoya. Sus ramas altas habían sido podadas de forma que permitían ver en todas direcciones. En este caso, las hojas y ramas del follaje agitarse ante el movimiento de algo grande.

Sus palabras hicieron que las casi cien personas de toda la aldea se reunieran para recibir a sus protectores. Primero aparecieron dos lobos, uno con el pelaje blanco como la nieve que agitaba la cola y no paraba de dar vueltas para mirar hacia atrás. El segundo, un hembra de color café cuyo pelaje refulgía carmesí con los rayos directos del sol. Ambos flanqueaban a un hombre adulto, debía medir cerca de dos metros y medio, y sus músculos hacían pensar que tal vez él estaba a cargo. Pero esa impresión quedaba desplazada al ver a su compañera, su esposa en términos futuros. De pie, a su lado, se erguida en sus patas delanteras alcanzaba casi tres metros de alto, sin contar los cuernos, pero su cuerpo se alargaba detrás y alcanzar los diez metros hasta la punta de la cola. Una gran bestia con escamas carmesí, astas como de reno en su cabeza, una gran melena que se estiraba por su nuca y a todo lo largo de su cuerpo hasta la cola, la cual terminaba en un gran mechón suave. Los músculos de sus patas eran fuertes, poseía cinco dedos, tres delanteros y dos oponibles, cada uno con grandes garras; su mandíbula, armada con dientes tan fuertes como afilados era lo bastante grande como para zamparse la cabeza de un adulto, pero normalmente prefería los conejos o el pescado. Aunque en esa ocasión parecía llevar algo mucho más pequeño entre sus fauces.

-…-Los cuatro recién llegados se detuvieron lado a lado. Todos los humanos presentes se encontraban estáticos, apremiantes ante aquella comitiva. El hombre junto al dragón no pudo contener más una enorme sonrisa y un grito de euforia-¡Es un varón!

Y los pobladores estallaron en gritos de júbilo. Los lobos aullaron. Y el dragón, cargando a su cría entre sus fauces comenzó a sacudirse suavemente como si bailara, agitando la tierra bajo sus pies. Cuando permitió que su marido cargara a su bebé, todos se congregaron a su alrededor para ver a la pequeña cría: poseía escamas fuertes como las de su madre, pero de un color oscuro como el pelaje de su padre. Posiblemente le crecieran cuernos, aunque la dragón no estaba muy convencida, pero sus pequeños dientes de leche parecían poder serruchar el lomo de un buey. Tenía una larga cola, la cual colgaba graciosamente fuera de los brazos de su padre, y un par de hermosos ojos. Uno verde y el otro rojo.

Nadie noto que había dos cicatrices en el vientre del dragón.

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Las estaciones cambiaron. Y como es natural en los druidas, en solo cinco inviernos el cachorro más joven del valle había alcanzado ya su adultez. Al menos la física. Steit, como le habían llamado desde que nació demostraba una naturaleza inquieta y juguetona. Gustaba de morder la cola de su madre y de treparse por la espalda a su padre. Como cambia formas, al igual que sus hermanos, casi siempre mantenía el aspecto de un can con el pelaje oscuro, aunque al igual que su madre Steit podía adoptar casi cualquier forma.

-Tráelos para acá…-Él podía ser el menor. Aun así era más grande que sus dos hermanos, aunque en la forma humana apenas alcanzara los dos metros. Pero era más fuerte, y más rápido. Por eso de cachorro siempre lograba cazar más conejos que nadie y llevaba al pueblo, para que todos pudieran comer junto a la hoguera. Conforme crecía, sus presas también: primero ardillas, luego conejos, le siguieron las ovejas, el salmón y los siervos. Como adulto, un búfalo o un alce eran presas fáciles-Buen chico-Adoraba cuando las mujeres rascaban bajo su mandíbula-¿Quieres que te guardemos los órganos?

Un fuerte ladrido era suficiente como afirmación. Pocos druidas hablaban el lenguaje humano, pero en ese pueblo todos los humanos entendían a los druidas.

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Steit nació en verano. Pero él adoraba el invierno.

Le gustaba ver como su padre mantenía siempre las inmediaciones del bosque que rodeaba al pueblo de su verde habitual, le gustaba ver a su madre encender el fuego a la mitad del poblado y le gustaba ir a jugar en nieve con sus hermanos. El viento frio siempre le provocaba cosquillas. Lo refrescaba entre sus escamas o le revolvía el pelaje. El frio era bueno.

La nieve era buena. Ocultaba su olor. Invierno era bueno, porque era cuando podía visitar a su amigo.

Entrar o salir del valle no estaba prohibido. Pero su padre siempre les aconsejaba no hacer contacto con las personas del exterior. Siempre que algún joven preguntaba por qué, la respuesta era simple:

-No son malos, solo algo complicados-

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Steit era fuerte. Steit era rápido. Steit era listo. Significaba que para Steit, todo era fácil.

Amaba a su familia. Amaba a su pueblo. Pero él quería más.

Era por eso, que cada invierno, encontraba la oportunidad de salir del valle a escondidas para visitar a un poblado humano justo al este de las montañas. Con cada visita el lugar era diferente: las casas dejaban de ser de tablas y eran de piedra, se hacían más grandes. Habían rodeado todo el pueblo con piedras altas, algo que su amigo llamaba "muros". Steit no entendía porque querrían muros. Pero el ayudo a construir los muros, oculto bajo la forma de un caballo de carga. En ese pueblo no había druidas. Nadie sabía de él.

-Hola Steit-Solo su amigo. Le conoció como un simple cachorro humano perdido en el bosque, asolado por el frio Steit lo calentó con su pelaje. Luego lo llevo a casa.

Luego de eso le visitaba cada que podía. Luego, cada invierno iba a visitarlo. Amigo siempre quería jugar con él.

Amigo crecía lento, como todos los humanos, pero a Steit le gustaba. Amigo decía ser un "príncipe". El druida no entendía que significaba eso pero comenzó a comprender que Amigo era el hijo del jefe de su pueblo. Así como él era hijo de su Madre. Ellos eran iguales.

O al menos eso creía.

Conforme Amigo crecía, también entendía algunas cosas. Pasó el tiempo, y Amigo comenzó a cuestionar: Si yo soy mayor, ¿Por qué Steit es más grande? Si yo soy mayor ¿Por qué Steit es más fuerte? ¿Por qué Steit puede ir y venir y yo no?

Aquella tarde, Steit estaba feliz. Amigo estaba celoso.

Steit era fuerte, era rápido, pero no muy listo. A Steit no le interesaban sus joyas, a Steit solo le interesaba su atención. Para el invierno siguiente Amigo comprendía que el druida haría cualquier cosa con tal de hacerle feliz. El tenía dieciséis años. Steit tenía seis.

Steit estaba enamorado. Amigo no.

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-¿Tu padre y yo?-Esa tarde, como en raras ocasiones, Madre había adoptado forma humana. Decía que no tener escamas ni pelaje le ayudaba a relajarse, y le gustaba cepillarse el cabello. A nadie le incomodaba su desnudes.

-Si-Steit no entendía porque quería saber. Pero de repente había nacido en él esa inquietud por saber. ¿Cómo se habían conocido? ¿Por qué los habían tenido a él y a sus hermanos?

-Eso es fácil, tu padre es mi otra mitad-Respondió Madre mientras estiraba la mano. Una libélula se posó en ella-Cuando estamos juntos no necesitamos más. Es como si no necesitáramos nada más en este mundo.

-¿Y nosotros?-Pregunto interesado.

-Los amamos, y algún día se irán-Dijo con naturalidad-Pero tu padre y yo siempre estaremos juntos. No puedo imaginarlo de otra forma. Y cuando tú encuentres a tu otra mitad lo entenderás.

Steit no entendía. Él era listo, comprendía porque la nieve se derretía, porque la fruta tenia semillas y porque los salmones vivían en el agua. Pero no entendía de lo que hablaba su madre. Y a la vez una parte de él lo hacía. Poco a poco creía hacerse una idea, la que encontraba más lógica y hasta obvia.

Al invierno siguiente se lo dijo a Amigo. Como, entonces, creía estar enamorado de él.

Amigo era ya un hombre de veinte años. Tenía una esposa y esperaban su primer hijo. Cuando escucho aquello de Steit no pudo sentir menos que rabia y enojo. Pero su rostro no mostro rastro de esas emociones. En lugar de eso y casi al instante una idea surco su cabeza: coloco sus manos en los hombros de Steit y sonrió.

Amigo nunca sería más fuerte que Steit. Tampoco más rápido. Ni mucho menos viviría tanto como él. Pero cada invierno, luego de enviar a su mujer e hijo a la torre opuesta del castillo y prohibirles salir, él estaría por encima del druida.

Ya no jugaban como antes. Ya no hacía falta la ropa ni salir.

Las risas fueron reemplazadas por gemidos y las respiraciones por jadeos. Cada noche podía dominar al druida con solo pedirlo: hacerle quedar de rodillas frente a él lamiendo su miembro. Hacerlo gemir ante sus embestidas y dejar su semilla dentro de él. Podía morderlo, arañarlo, golpearlo pero nunca besarlo. Él había logrado imponerse sobre un ser superior demostrando su supremacía. Lo había hecho solo. Ese estúpido perro gemía cada vez más, pidiendo más y acentuando la creencia que él era suyo. Su juguete.

Y Steit era feliz.

El sexo sentía bien. Era eso lo que hacía especial las relaciones: ser un solo ser aunque fuera por solo un instante. Él siempre le decía a Amigo cuanto lo amaba. Amigo nunca se lo decía. Pero pensaba que con sus actos lo demostraba, él no necesitaba escucharlo.

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Al siguiente verano el pueblo de Amigo tenía miedo.

Una peligrosa bestia rondaba sus tierras. Cada mañana gran parte del ganado eran solo cadáveres, destrozados y podridos. Algunos campesinos también habían muerto, o desaparecido. Los niños especialmente. Todos hablaban de un monstruo oculto en los bosques. Y su rey solo pudo pensar en uno: Steit.

Sabía que el druida vivía en el valle. Siempre tomaba esa dirección cuando se marchaba. Sabía que no era el único. Y también, estaba seguro, que al fin estaba mostrando su verdadera cara. Tal vez al fin había comprendido su superioridad. Tal vez estaba enojado por dejarse humillar por un simple humano. Tal vez quería venganza. Si. Ahora quería su reino. Sus tierras. Ahora amigo tenía miedo.

Y cuando los humanos tienen miedo: es cuando nacen los verdaderos monstruos.

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Ocurrió algún tiempo atrás.

Ocurrió en algún lugar lejano.

Ocurrió una calurosa noche de verano.

Los arboles alrededor en las montañas habían sido talados. Por eso el fuego solo pudo extenderse hacia el interior del valle. Intenso. Indiferente. Solo cumpliendo su naturaleza: consumir, arder y morir. No era muy diferente de la naturaleza humana.

Steit lo sabía.

Los humanos eran frágiles. Los humanos morían fácilmente.

-Los druidas somos fuertes-Habían sido las palabras de su madre en la cima de una colina mientras veían arder el valle. A sus oídos llegaban los gritos del pueblo y de aquellos que no habían logrado escapar-Por eso protegemos la naturaleza. Por eso protegemos a los débiles.

Del pueblo solo habían logrado rescatar a unos veinte habitantes. Padre dijo que era mejor dejar que el valle se recuperara solo, ellos podrían encontrar un nuevo hogar. Steit pensó en Amigo. Su amado compañero podía recibirlos. Amigo era amable. Amigo era bueno.

Amigo los mato a todos.

... podía verlo.

Podía ver los cuerpos inertes. Podía oler la ceniza en el viento. Podía escucharlo. Todo había sido su nombre. En el nombre del rey… El rey… El rey…

Fin del Flash Back

-¡Nico! ¡Nico!-Sus ojos se abrieron de golpe. Primero creyó ver a su madre. Luego a Bianca. Luego una mujer de aspecto salvaje. Pero al final era Annabeth, quien le sostenía en brazos y que le golpeaba la cara para que despertara. No recordaba cuando quedo inconsciente. Ahora se sentía desorientado, perdido:

-Bjorn-Fue lo primero que escapo de sus labios-¿Qué...?-Alcanzo a preguntar quedamente. Sabía que la rubia le preguntaba que estaba pasando, que unos metros más allá Percy y Grover luchaban con los fantasmas. Pero todo lo que podía pensar era que clase de sueño extraño había sido ese-Steit, ¿Qué paso con él?-Intento levantarse como pudo. Los fantasmas aminoraban y a varios metros de distancia Steit estaba de rodillas.

-¿Qué pasa, Druida…?-Ante él un caballero de aspecto medieval blandía una gran espada-¿Dónde está tu fuerza? ¿Dónde está tu velocidad?-Nico nunca había visto a ese hombre. Pero conocía su nombre. Reconocía su vos, su aspecto, incluso su olor-¿O solo has vuelto por qué quieres fornicar otra vez?

Aun a la distancia Nico podía ver como las manos de Steit temblaban.

-¡Gahhh!-Un poco más cerca Percy dio un golpe con su espada y disipo al último fantasma. Rápidamente miro a su alrededor. Annabeth y Nico estaban bien, Grover parecía cansado, y esa extraña mujer de negro continuaba con sus ojos clavados en el enfrentamiento de Steit. El druida necesitaba ayuda.

-¡…!-Pero antes de dar un paso sintió como alguien apresaba su brazos. Era Nico quien le detenía-Espera…

-¡Lo van a matar!-Bramo Percy con apremio. Pero el hijo de Hades negó con la cabeza:

-Si te acercas, solo acabaras en medio-En ese momento Macaria asintió con su cabeza a las palabras de su hermano. Annabeth y Percy se miraron confundidos, Grover sintió una oleada de calor y Nico… sonrió.

-Yo soy superior, yo soy ¡un rey!-Melinoe, embriagada en su poder y bajo la forma del antiguo rey considero que esa patética criatura merecía más humillación. Invoco a los mismos fantasmas de los soldados de aquella noche. Sus espadas y escudos vibraban al son de sus gritos:

-¡En el nombre del rey…!-Todos elevaron sus espadas, preparados para un último golpe. Melinoe elevo la mano, en señal de espera:

-¿Unas últimas palabras…?-Pregunto con toda la arrogancia y mezquindad que habían embargado al fantasmas que ahora encarnaba. Steit asintió. Sus manos temblaban y su pecho también:

-Gracias, Bjorn-

-¿Me agradeces? Sera un placer poner fin a tu patética existencia-Su mano cayo elevada cayo cortando el aire, al igual que las espadas de los fantasmas-¡VE Y REGRESA CON LOS FANTASMAS DE LA FAMILIA QUE ACECINASTE!

Las astillas llenaron el aire. La diosa tardo un segundo en comprender que eran los pedazos de las espadas de sus soldados. Surcaron el aire cual metralla, los rayos que emergían del cuerpo del druida disolvieron su pequeña tropa, sus ojos se encontraron por un instante y un segundo después ella se encontraba de regreso junto a su hermana.

-¿Qué paso?-Pregunto confundida. No podía creerlo. No podía ser posible. Ella, una diosa, había huido de un simple ser mortal. Solo había regresado a su aspecto regular, pero tras ella había dejado al fantasma del rey. Su espectro era distinto a los fantasmas regulares: lucia mucho más sólido, ligeramente traslucido, incluso parecía respirar y temblar-¿Cómo es posible…?

-Espera-Estaba a punto de intervenir cuando Macaria la detuvo.

-Tú…-El espectro del rey hablo, parecía asustado. Luego su espíritu se tiño de luz roja bermellón-¡TÚ! ¡Deberías haber muerto! ¡Me aseguro que estabas muerto! ¡Solo eres un asqueroso monstruo! ¡No tienes ningún-Steit dio un paso hacia él, luego otro, el rey intento huir pero el druida fue más rápido. Un instante después la cabeza del espectro parecía rasgada en tres partes: su garganta, sobre la nariz y bajo los ojos. De tras de él la mano de Steit y sus garras goteaban sangre fantasmal.

-¡¿Atravesó al espectro?!-Macaria estaba atónita. Entonces dirigió su atención hacia su hermano, quien caminaba con paso firme hacia el druida. Entonces comprendió lo que había pasado-¡Tú-

-Déjalo, Melinoe-Le detuvo nuevamente la diosa de la muerte-Hemos cumplido el encargo de nuestro padre. Debemos regresar...

Las manos de Steit seguían temblando. Nico llego a él justo cuando se derrumbo y comenzó a llorar. Ni Percy, ni Annabeth ni Grover comprendían que había ocurrido. Solo podían ver como su compañero se hincaba sobre una rodilla frente al druida, posaba su mano sobre su cabeza y mansamente comenzaba a consolarlo con una expresión que nunca habían visto en él: compasiva, piadosa, paciente.

-No fue tu culpa-Le dijo al desconsolado druida-Te engaño, los humanos son buenos en eso. Pero no todos son tan malos, solo somos algo complicados-Steit se tensó, elevo la mirada de golpe y se cruzó con una tenue media sonrisa en los labios de su amo.

-¿Dónde…?-Pero ya sabía la respuesta-¿Donde escuchaste esas palabras?

-No estoy seguro-Era verdad, solo intuía que era lo correcto. Ni siquiera se sorprendió verse rodeado por los brazos de Steit. Tampoco le molesto sentir como lloraba en su hombro. Solo intento rodearlo con sus brazos y acariciar el cabello de Steit. Mientras lo confortaba solo podía pensar en dos cosas:

Primero, el cabello de Steit estaba suave.

Segundo, ¿por qué él había tenido una visión del pasado del muchacho que ahora lloraba en sus hombros?

Continuara...

Vale lo admito, me siento un poco culpable por todo lo que hice que Steit tuviera que pasar. Pero en mi defensa aun no conocemos todo. Ok esa fue una muy mala defensa.

¡Ay admítanlo lo disfrutaron! Hubo acción pudimos comprender un poco más la clase de criatura que son los Druidas. Y esperen a ver la gran revelación que tengo preparada para el próximo capitulo ;)