Capítulo 2: Una tortura para la eternidad
En el barco que transportaba a los primeros esclavos negros Keit un lobo samurái que estaba prisionero fue llevado a la cubierta superior a la vista de todos los demás prisioneros estaban viendo la escena.
Ante todos ustedes…les presento a…samurái Keit, verán este "canino" era un importante guerrero japonés –dijo el jaguar sonriendo en un tono de burla, luego agarro un barril que tenía en su interior una especie de líquido espeso –además…me pareció ver tu nombre en una lápida hace seis años –dijo sorprendido –por lo tanto estas muerto, por lo tanto no sentirás esto –dijo el jaguar tomando el barril y lanzando grandes cantidades del líquido que resulto ser aceite.
El aceite empapo a Keit en el lado izquierdo de Keit, pero siguió echándole aceite hasta que empezó a empaparlo por un chorro del líquido.
Dejo de tirarle líquido, pero luego se puso un guante metálico que tenía afiladas garras y se acercó a Keit con una mira sádica, estiro el guante a la cara de Keit mientras este trataba de respirar aire, producto a que el aceite le tapaba la nariz.
Solo mírate…solo mírenlo, no puede haber mayor indicio resucitación, esta acción debe ser obra del diablo, hay que hacer ejemplo con este hombre…para los que no respeten al Dios todopoderoso –dijo el jaguar mirando por la jaula a los demás mamíferos que se asustaron –lo que no entiendo…es como puedes tener una oreja más grande que la otra –dijo esto subiendo su mano a la oreja izquierda de Keit –bueno…que tal…si la… ¡EMPAREJO CARAJO! –grito a los cuatro vientos.
Lo siguiente fue lo peor, tomo la oreja izquierda de Keit y empezó a tirar la oreja, haciendo que el gritara de dolor. La mano del jaguar se empezó a llenar de sangre cuando de repente su mano salió despedida con la oreja izquierda cubierta de sangre.
Keit por el dolor comenzó a llorar, la sangre brotaba como grifo llegando hasta la cadera, el sufrimiento del pobre lobo era insoportable que nadie.
Te haces llamar samurái…los samuráis…NO…SIENTE…DOLOR –grito estirando el dedo índice, para clavarlo en el ojo izquierdo de Keit y finalmente sacarlo de un solo tirón.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGRH –grito Keit retorciéndose a todos lados por la herida.
Ven caballeros –dijo el jaguar hablando a los marineros que se estaban riendo del sufrimiento de Keit –los japoneses ni llegan al nivel que somos nosotros, son como unos niños en comparación a nosotros, el fuerte sobresale…Y EL DEBIL APRENDERA POR LA FUERZA –volvió a gritar, pero esta vez lo golpeo con una antorcha que prendió en llamas al pobre Keit
Keit se retorcía mientras su cuerpo se envolvía en llamas, también le cicatrizo las heridas que le hiso el jaguar antes, pero ardía en su pecho en diagonal, desde el hombro izquierdo y a medida que avanzaba a la zona derecha de su cadera se fraccionaba en varias formas, por la forma en la que se le esparció el líquido.
AGUA AHORA –grito el jaguar y apareció un rinoceronte con un gran balde de agua y de cubetazo apago el fuego, sin embargo Keit estaba en vuelto por el vapor mirando al suelo sujetándose de las cuerdas, aún con vida, cuando el jaguar se le acerco de nuevo –más te vale obedecer todo lo que tus patrones digan o conocerás a tu creador.
Keit no dijo nada y lo miro con enojo. Los mamíferos abrieron la rejas haciendo que Keit quedara colgando de las cuerdas hasta que cortaron las cuerdas provocando que el cayera a prisión de un bajón justo sobre Kiat
Bueno caballeros ya se divirtieron caballeros…EY Keit –dijo el jaguar mirando a Keit tirado en el suelo que era de paja lo cual amortiguo la caída –Harumi dejo este hermoso pañuelo en tu tumba –dijo el jaguar soltando un pañuelo de color blanco con el nombre de Keit en japonés apenas las puertas se cerraron.
Harumi…Harumi…Harumi…Harumi –repetía Keit mientras se quedaba ligeramente dormido en frente de Kiat.
