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Gracias por sus reviews a:
I kibalan Finix - Sil Lisbeth - PokeshippingFun2018 - mimato bombon kou - sgtrinidad9 - darkdan-sama
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Y ahora los dejo con una locura con sabor a Locura de las antiguas xD De esas con la que inicie el fic...
Quiero ver cuantos me odian por lo que escribir :O
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Capitulo publicado el 31 de enero de 2018
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Locura Nº42
Mientras dormías
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Cualquiera que conocía a la dupla Ketchum-Waterflower podrían contestar que tenían uno de los matrimonios más envidiados en el ambiente. Aun tras años de matrimonio, los hijos seguían sin aparecer y eso era motivo suficiente para que ambos pasaran la mayor parte del tiempo viajando.
Pero como dicen, la vida no puede ser tan perfecta.
Nadie sabía que la joven pelirroja, salía a escondidas de su casa cuando su marido no estaba en la residencia que compartían; tampoco sabían que cuando el susodicho estaba en casa, ella esperaba que se fuera a dormir para colocarse un bonito vestido, una gabardina negra con capucha y salir del lugar.
Nadie sabía en ciudad Celeste, que la líder de gimnasio y esposa fiel de Ash Ketchum, mensualmente iba a un edificio de cuatro pisos, de esos que no tenían conserjes que la delataran. Tomaba una llave que escondía en un bolsillo oculto de su cartera y entraba en el departamento. 402.
Y ni bien cruzaba la puerta, alguien la tomaba, la apoyaba contra la pared, y sin quitarle la capucha, la besa desesperadamente.
Oh sí, lo que nadie sabía era que Misty tenía un amante.
—Te demoraste —protestó contra la piel de su cuello, mientras con sus manos iba desprendiendo el abrigo.
—Ash no se dormía más —respondió lanzando su cabeza hacia atrás, chocando con la pared—, tuve que dormirlo con gotas.
Él la miró sorprendido, pero que hiciera esas cosas por él, solo aumentaba las ganas que le tenía a esa mujer.
—Vas a volverme loco —gruño cuando notó que bajo el abrigo había un vestido azul muy corto y sensual. Así como le gustaban a él— Tengo que agradecer que aquel tipejo no quiera darte hijos por ahora, extrañaría mucho tu cuerpo esbelto, tu figura —volvió a atacar su cuello bajando por el hombro, descendiendo por la clavícula—. Definitivamente me vuelves loco.
—Si te vuelvo loco, entonces, no me hables de Ash —gruñó, tomando aire pesadamente, aquello generó que su pecho se inflara y rosara más con el cuerpo de aquel hombre, que también la volvía loca a ella.
—Sabes que —le susurró al oído—, yo podría hacerte uno y endorsárselo a él.
Misty se rio tan escandalosamente, que no pudo evitar cubrir su boca con la suya, demandante, como si ninguno de los dos quisiera darle el triunfo al otro. La pelirroja empezó a desvestirlo, a jugar con su ropa para poder tocar la piel y dejar en su sentido del tacto, aquel cuerpo que amaba, cuando estuviera con su marido.
No hablaron más, se dejaron embargar por lo que sentían, por aquella chispa que le daba lo prohibido. Se amaron hasta que sus cuerpos ya no lo soportaron más y culminaron cayendo uno sobre el otro.
Sin decirse nada, pero con una enorme sonrisa en la cara, se dieron una ducha rápida en el cuerpo para quitarse la transpiración. Él buscó toda la ropa que tenía desparramada por el departamento y volvió a vestirse. Tras colocarse un poleron de capucha negro, le dio un nuevo beso a la pelirroja.
—Debo irme antes de que mi mujer se de cuenta que no estoy realmente —y tras eso, se colocó la capucha cubriendo la mayor parte de su rostro y salió del departamento.
Misty quedó ahí sola, con la cama revuelta producto de lo que acababa de hacer. No se sentía mal, pero quizás al llegar a casa hablaría con Ash de que quería que fueran padres. O si no, tenía que aprovechar la sugerencia de su amante y buscarlo por ahí.
Buscó en el closet un buzo celeste, una polera blanca, se lo puso y sobre eso, el abrigo negro con el que había llegado. Se fijo que todo estuviera bien, y tras apagar la luz, cerró con llaves a su pequeño nido de aventuras.
Sonrió poniéndose la capucha.
Sea lo que sea que pasaba o no pasaba, en la cama con su marido, en la cama de ese departamento, encontraba la solución para no vivir amargada.
Llegó al gimnasio, entró a la casa y la encontró a oscuras.
Sonrió al llegar a su habitación y notar que Ash aún estaba durmiendo. Fue al baño, se colocó su piyama y se acostó a dormir, estaba acomodándose en la cama cuando sacó de ésta, el poleron negro de su marido, lo tiró en un costado de la cama y aun manteniendo la enorme sonrisa, se abrazó a la espalda de su eterno amante.
