"Este fic participa en el minirreto de noviembre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Runa: En posición invertida, Ehwaz pronostica que se alteran tus planes o que se retrasan. Reconoce que todo tiene un fin y que cuando se acaba una etapa es el principio de la siguiente.
Personaje: Ginny Weasley.
REGALO INESPERADO
Ginny apretó los ojos con fuerza, negándose a ver el resultado de la solicitud que había enviado al Profeta. Estaba realmente nerviosa, cosa poco común en ella. Hacía días que tenía una corazonada, que sentía que las cosas iban a cambiar dentro de muy poco tiempo y le inquietaba no saber si aquel cambio era para bien o para mal. Decidió no decirle nada a Harry para no preocuparlo.
El papel que tenía en las manos era decisivo para el futuro de Ginny. Había pedido un puesto como reportera de deportes mágicos y no era porque no le encantara su trabajo, que era jugar quidditch profesionalmente, sino porque sus corazonadas prácticamente nunca se equivocaban, y esta vez algo le decía que tenía que sentar cabeza, aceptar que una época hermosa de su vida estaba llegando a un final y ver hacia enfrente.
Se preguntaba qué vendría después. ¿Qué estaba tratando de avisarle su intuición?
El mareo de los últimos días la distrajo. Quizá era su salud. Quizá tenía una enfermedad que le estaba afectando poco a poco y ahora que comenzaba a darse cuenta todas aquellas inquietudes salían a relucir. Apretó el papel en las manos. Ya era hora de saber el resultado, y Ginny iba a honrar toda su valentía de Gryffindor.
Con decisión, abrió la carta. Pasó los ojos por las palabras, con el corazón latiendo fuerte en su pecho. ¡Lo había logrado! ¡Le habían dado el puesto! Comenzó a correr escaleras abajo en busca de Harry para, ahora sí, contárselo…
Y al mareo se le unieron náuseas, unas tan terribles que Ginny tuvo que cambiar de dirección a ir pitando al baño de su habitación. Vomitó como nunca antes. Ya una vez fuera del baño se sentó en la cama que compartía con Harry y se echó a reír, fuerte y con ganas, con alegría. Ahora todo tenía sentido, y se dio cuenta de que, una vez más, su intuición no le había fallado. Se puso una mano sobre el vientre y pensó que la noticia de su puesto en el profeta había llegado como un regalo caído del cielo. Después de todo, no creía que fuera tan conveniente jugar quidditch estando embarazada.
