MORTAL FELLINGS
Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.
٩(●.•)۶٩(●.•)۶٩(●.•)۶Capítulo beteado por Shades ٩(●.•)۶٩(●.•)۶٩(●.•)۶
Capítulo 2: Solo y vacío
Dicen que al amor hay que dejarlo libre, que si es tuyo regresa, que si no, nunca lo fue… y cuantas cosas más. Pero yo no puedo, simplemente no puedo y aunque suene egoísta, es imposible dejarte volar…
Gisele Maza
Edward POV.
Podía escuchar claramente los latidos pausados que mi corazón daba. Podía sentir cada sensación apoderarse de mi cuerpo, cada una de mis extremidades sufría de un conocido dolor agónico.
Todas las noches desde hace un año eran así de tormentosas, así de frías y así de vacías. Por los días, mi soledad se disfrazaba con trajes elegantes, con juntas y con personas interesadas y avariciosas. Nada en este mundo en el que vivía merecía la pena, pero aun así tuve que dejar de lado mis sueños y mi vida para hacerme cargo del imperio que mi padre había formado.
Hubo un tiempo, el primer año para ser preciso, en que el brillo que este mundo de negocios me daba me había cegado logrando que cometiera los peores errores de mi vida y que tomara las más deplorables decisiones. Nunca medí las consecuencias de mis actos, nunca me había detenido a pensar en donde terminaría, por lo que sin darme cuenta un día termine enredado en los brazos y las sabanas de una extraña. Sus labios nunca supieron a miel, mi cuerpo jamás encajo a la perfección como lo hacía en el único a donde verdaderamente pertenecía. Mi corazón jamás había dejado de pertenecerle a aquella muchacha de pueblo, la misma que había desperdiciado su amor y corazón. La misma que no me había importado que le pasara o que había dejado en su peor momento.
Aun recordaba la llamada de una de mis amigas anunciándome que la abuela Marie había sufrido un paro respiratorio. Recuerdo que esa día también había conocido al que había sido el peor error de mi vida y esa misma noche la lujuria me había desbordado impidiéndome pensar con claridad. Cuando había atendido a la llamada sin ver primero quien era, tarde me di cuenta de lo que había dicho, las palabras habían salido de mi boca. El llanto de Alice estaba gravado en mi memoria al escuchar: "Lo siento, pero no puedo hacer nada, le diré a mi secretaria que le mande algo de dinero a Bella..." Luego de eso, solo el sonido de una línea cortada se pudo escuchar.
Me aborrecía por eso, me odiaba y me despreciaba a mí mismo. Pero tarde me di cuenta de eso, porque todas las cosas pensadas que se le pueden hacer al amor de tu vida para destruir su amor y pisotear su corazón, yo las había hecho con creces.
Y me arrepentía, claro que lo hacía; y me mataba, esto me mataba lentamente.
Los golpes en la puerta de mi habitación hicieron que me sobresaltara. Me senté en la cama y me refregué los ojos quitando cualquier resto de lágrimas de mi rostro. Mire a mi alrededor y mi habitación estaba en penumbras, solo la luz de la luna filtrándose por las ventanas del penthouse, iluminaban la habitación haciéndola aúnmás solitaria y sombría.
Camine hasta la puerta y abrí.
—Hijo… yo solo venía a darte esto para que puedas dormir por lo menos esta noche —camine dentro de la habitación y me senté en la cama encendiendo una lámpara—. Mañana será un día importante, sé que volver a Forks es difícil para ti, cariño —no pude aguantar por mucho tiempo más el llanto y llore delante de mi madre; ella me abrazo e hizo que apoyara mi cabeza en su regazo.
—Tengo miedo mamá, miedo de lo que podría llegar a encontrarme en Forks… de haberlo perdido todo completamente —ella me sobaba la espalda y acariciaba los cabellos de mi cabeza.
—Cometiste errores hijo, pero ellos te aman y te sabrán entender, las circunstancias que te tocaron vivir no permitían que llevaras una vida normal, aunque nunca aprobé la forma en la que te desenvolviste… y Bella, ella… —un sollozo de lo más profundo de mi corazón me azoto al escuchar su nombre.
—Ella es la que más me preocupa… de que me sirve todo lo que te tengo si no puedo compartirlos con ellos… sí no la tengo a ella a mi lado… duele mamá, mi pecho me duele al recordar como la trate, como la humille, sé que no la merezco, pero sin ella no puedo vivir —escuche a mi madre temblar y sus sollozos. La tome de las mano y vi que traía un calmante para que pudiera descansar.
Ella se paró de la cama y me dio el vaso de agua que estaba sobre la mesa de noche, me tome la pastillita y me recosté.
— ¿Estás bien? Por favor despiértame si necesitas algo ¿lo harás? —asentí.
—No pasa nada, solo es un momento ya me vendrá el sueño tu quédate tranquila —me levanté para besar su mejilla y volví a recostarme.
—Edward, tu padre y yo estamos contigo pase lo que pase… siempre te apoyaremos —sin decir más se fue de la habitación dejándome solo.
Cada noche era tan igual a la anterior. Su bello rostro parecía en mi mente minutos antes de dormirme para torturarme y a la vez hacer más placentero mi atormentado sueño.
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Me desperté temprano con las ansias y el nerviosismo haciendo mella en mi cuerpo. Me di un relajante baño, dejando que el agua caliente se llevara mis dolencias.
Cuando baje a desayunar, mi madre ya estaba con el desayuno listo. Al verme me sonrió y me animó a sentarme.
Su sonrisa había sido sincera. Tanto ella como yo, habíamos sufrido mi separación. Ella todos los días lamentaba el que yo me hubiera alejado de mis amigo y de… de ella. Principalmente de ella. Mi madre sabía de primera mano cuanto había sufrido este último año, ella se había pasado noche enteras en vela a mi lado consolándome por haber sido un completo imbécil. Mi padre sin embargo, no se daba cuenta de nada, él pensaba que mis noches en vela eran porque la empresa me tenía muy preocupado y no me dejaban dormir los problemas que tenía con los trabajadores. Le había hecho jurar a mi madre que no le diría nada de lo que me pasaba. Él confiaba ciegamente en mí, en que yo podría hacerme cargo de las empresas. La responsabilidad que eso con llevaba sumándole los placeres que también te daba había borrado completamente mis prioridades en la vida, la principal con nombre y apellido…
Isabella Swan.
Sentir la carga de más de seiscientos trabajadores sobre tu espalda, no se me hacía fácil y mi estúpida lógica había sido recurrir a lo más fácil y accesible. A los placeres carnales; Irina era la secretaria de gerencia en la sucursal donde yo estaba y su afán por escalar en la empresa había logrado que callera en sus redes como si de un pez estúpido se tratara. Su belleza era incomparable; alta de piernas largas y firmes, cuerpo como reloj de arena y cabello del color de la barba del maíz, tan rubio que parecían hebras de plata. Su belleza solo logro esconder temporalmente el amor que sentía por mi castaña. Contra ella había cometido las peores de las traiciones y confesárselo se suponía mi muerte inmediata, aun así era algo que mi conciencia no soportaba.
—Edward… deja de pensar, por el momento no lo hagas… —en ese momento entro mi padre.
—¿En qué tiene que dejar de pensar? —mi padre se acercó hasta mi madre y besó sus labios, luego palmeó mi espalda y se sentó a la cabeza de la mesa.
—En nada —dije comenzando a comer.
—¿Sabes en lo que estaba pensado? —Negué con la cabeza— en como estarán tus amigos ¿en serio perdiste todo contacto con ellos? —deje de comer pero aún seguía con mi mirada gacha— me caía muy bien Bella, ella era una niña tan bonita… ¿Qué será de su vida? Bueno… espero que no haya perdido el tiempo y haya seguido con su vida así como tú lo hiciste, dime ¿Qué paso con Irina? ¿Aún se siguen viendo? —la comida se había quedado atorada en mi garganta ¿Qué diablos estaba diciendo? Miré a mi madre y esta no sabía que decir— Sé que estas mal, no soy tonto, pero a lo mejor si le das una oportunidad a ella,sé que Irina te hará feliz y… —me levanté de golpe y la silla cayo hacia atrás.
Me fui directamente a mi habitación y termine de preparar las maletas.
¿Cómo pensaba que yo estaba mal por Irina? Y como se atrevía a sugerir que Bella hubiera seguido con su vida, eso era algo que era impensable ¡No! No… no...
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… Vuelo con arribo a Washington, pronto descenderemos, por favor manténganse en sus asientos y colóquense sus cinturones de seguridad, permanezcan sentados hasta que se les ordene que ya pueden descender, muchas gracias…
El aterrizaje había sido exitoso. De ahí tuvimos que tomar un avión privado hasta el aeropuerto de Seattle, y desde allí, comenzaría a redimirme con las personas que debía.
Cuando llegamos Seattle y luego de salir del avión y tomar las maletas, mis padres y yo, los acompañe a ellos a buscar al chofer que los llevaría a su casa, ya que yo desde Londres había decidido que dejaría de vivir con ellos.
Un chofer con un cartel que decía "Cullen" los esperaba a la salida del aeropuerto. A la par de este había un flamante Volvo negro esperándome, el muchacho de la concesionaria estaba con la puerta abierta y con las llaves en sus manos. Mis padres al ver esto quisieron negarse a que yo viviera solo, pero ya nada podían hacer, les asegure que el departamento que había comprado estaba en el centro de Forks, cerca de la empresa. Mi madre no quería que viviera solo, y ambos sabíamos el motivo de su negativa; pero lo necesitaba, aquí necesitaba hacer las cosas solo, sin un Carlisle que me esté diciendo constantemente que debería darle una oportunidad a Irina. Cuando me despedí de ellos asegurándoles que cuando llegara a mi departamento les mandaría la dirección. Tome el auto y salí de la zona del aeropuerto manejando como loco con las ganas de llegar que me quemaban las entrañas.
Las ganas de verla se hacían insoportables. No séqué haría en el momento de tenerla frente a mí, solo sé que si tenía que arrastrarme y postrarme a sus pies lo haría, por Dios que lo haría.
En menos de tres horas, manejaba por las calles de Forks y mirando cada lugar con melancolía. Había pasado por aquella cafetería donde solía reunirme con mis amigos y eso me dejo un amargo sabor en mi boca. No sabíacómo hacer para acercarme a ellos, yo a quien todos los empresarios de Londres me creían el muchacho con más decisión para los negocios ahora me veía desorientado y perdido sin saber para dónde ir.
Cuando llegue al departamento el encargado se encargó de alabar mi llegada, diciendo que le encantaba que alguien tan importante como yo tuviera un piso en su edificio.
—Recuerdo cuando usted era un jovencito, yo conozco a su padre… mírese ahora, todo un hombre, menos mal que dejo las malas compañías, esa chiquilla hubiera sido su perdición —fruncí mi ceño al escuchar esa última parte ¿Estaría hablando de Irina? A lo mejor sí. Muchas veces salí en las revistas con ella, por lo que no me sorprendía que todos aquí se enteraran. No le di mucha importancia a su comentario y lo despache enseguida; quería descansar y pensar que era lo que haría de ahora en más.
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Una semana después.
No me atrevía a mirarlos a la cara. Había pasado una maldita semana siguiéndolos como si de un delincuente se tratara. Emmett y Jasper aún se seguían reuniendo en la cafetería de siempre todas las tardes, y siempre desde que había llegado me las pasaba mirándolos desde mi auto a una distancia prudente sin que ellos se dieran iba a mentir, me aterrorizaba sus reacciones y lo que me dirían, no soportaría que ellos no me quisieran en sus vidas.
Ese día era diferente, mañana era el cumpleaños de… de Bella. Decir su nombre en mi mente lograba que una sonrisa triste se pintara en mi rostro.
Emmett y Jasper aún no salían de la cafetería por lo que arme de todo el valor que mi cuerpo poseía y salí del auto, caminando muy despacio hacia la cafetería. Diez pasos antes de llegar a la puerta, estas se abrieron saliendo del lugar a mis antiguos amigos.
Jasper fue el primero en verme y sus pies quedaron estancados al pavimento. Másblanco de lo que era su rostro había quedado casi fantasmagórico de lo impresionado. Mi respiración quedo atorada en mis pulmones al ver el cambio brusco en que sus ojos habían pasado de cálidos a fríos en un se dio cuenta del estado en que se encontraba Jasper y miró en la dirección a donde él tenía sus ojos. Decir que la mirada de Jasper me había dejado helado era poco al sentir el odio que transmitían los ojos de Emmett.
Camine un paso pero la negación de Jasper me impidió seguir.
—Hola… —dije después de un tiempo.
— ¿Qué quieres? —dijo Jasper.
—Yo… ¿Cómo están? —Evite responder a la fría pregunta de Jasper, en cambio trate de sonreír—. Paso tiempo y…
—No me interesa el tiempo que pasó ¿Qué diablos quieres? ¿A qué has vuelto? —un doloroso pozo se abrió en mi pecho al escuchar el odio patente en su voz. Lo que no entendí era por qué tal rechazo.
—Sé que no me comporte bien y que hice mal las cosas, pero… —la estruendosa risa de Emmett impidió que siguiera hablando.
—Acaso crees que después de todo este tiempo puedes venir como si nada… eso solo demuestra que lo que tienes de buen empresario ¡Lo tienes de idiota! —dijo acercándose peligrosamente hasta donde estaba. Solo impidió que siguiera avanzando el brazo de Jasper.
—Por favor… denme una oportunidad, yo… —no vi venir el puño de Emmett, solo lo sentí cuando ya estaba caído en el piso con mi labio partido.
— ¡¿Acaso tu nos diste esa oportunidad a nosotros?! ¡¿A Bella?! ¡No! Te dejaste envolver por la mierda de tu mundo y nos hiciste a un lado como si fuéramos perros sarnosos… Ella te necesito ¡Maldito hijo de puta! Tú no te das una puta idea de lo que te necesito —los espasmos de los sollozos azotaban mi pecho por las palabras tan crudas y verdaderas de Emmett. Aun así no me dio vergüenza que ellos me vieran llorar.
Miré a Emmett y este me miraba con verdadero regocijo.
—Ya no tienes lugar en este pueblo Edward —habló calmado Jasper.
—Por favor… solo…
—Solo te lo diré una vez… sé que tú sabes que mañana es el cumpleaños de Bella, por lo que no se te ocurra buscarla o aparecerte en su casa porque no responderé de mi ¿comprendes? Ella ya no es la misma chica, ella… —Jasper no lo dejo terminar.
— ¡Basta Emmett!
— ¡No, él debería saber lo que creó! —miré a este y él me miraba con verdadero odio.
— ¿Para qué, eso de que serviría? —Emmett asintió los dichos de Jasper y volvió a mirarme ¿Qué había pasado con mi Bella? ¿En que había cambiado?
—Ya lo sabes Cullen… no te quiero ver cerca de ella —no me importaba que me moliera a golpes, ahora solo era ella la que me podía desechar de su vida.
—Tú… tú no me puedes prohibir eso, yo… la amo… solo ella tiene el poder de alejarme… nadie más —Jasper se acercó hasta donde estaba y pensando que me golpearía le puse la cara, este me miro de arriba abajo y negó sonriendo.
—Te lo dijo Emmett y ahora te lo repito yo… aléjate de Bella, no la busques, no la pienses ni te la imagines, no vuelvas a aparecer en su vida o terminaras el trabajo que has empezado hace dos años —pude ver como por sus ojos pasaba una extraña sombra de tristeza y dolor ¿Qué tanto los había lastimado con mi accionar? ¿Qué tanto había sufrido mi hermosa Bella?
—Jasper… te lo ruego, necesito verla…
—¡No! Y no te lo repetimos más—Sin decir más nada y dejándome en el suelo llorando se fueron. Jamás me hubiera esperado tal enfrentamiento, y ellos se negaron rotundamente a dejarme hablar, tenían toda la razón del mundo yo los había lastimado, los había dañado y ahora sabía que Bella había sufrido muchísimo más que yo. Todo lo que decían tenían razón y me merecía que Emmett me matara a golpes, pero necesitaba a Bella, la necesitaba para vivir y sí con solo verla una vez mi vida terminaba, pues que así sea. Moriría complacido con tal de solo verla una vez más.
Me levanté de donde estaba y me encaminé hasta el auto, ahora más que nunca necesitaba tomar algo fuerte. Maneje hasta el único bar que había en el pueblo y me deje caer en un taburete frente a la barra. La chica que atendía me miraba extrañada, miré mis ropas y reí ante lo evidente. Mi traje estaba un poco sucio, pero se podía distinguir perfectamente que era de etiqueta.
—Un tequila, por favor —la chica lo sirvió mientras me miraba con su ceño fruncido.
— Ten Edward… —la miré y ella bufó—; Todo el maldito pueblo te conoce, por lo bueno y lo malo —fruncí mi ceño ¿lo bueno y lo malo?— ¿A qué has vuelto? —negué con mi cabeza.
— ¿De dónde me conoces?
—Solíamos ir juntos al instituto… luego tú te pusiste de novio con aquella chica… Bella… es una verdadera lástima —tomé mi trago de una sola vez y la miré.
— ¿La conoces?
—Todo este puto pueblo la conoce ¿acaso no lo recuerdas? ¡Ustedes eran la parejita perfecta! Pero las vueltas de la vida son una verdadera mierda… déjame decirte que ella misma se hizo de una fama.
— ¿Qué quiere decir?
—Que la dro….
— ¡Jessica atiende la mesa cuatro!
— ¡Enseguida! Suerte con eso —me había quedado pensando en eso por mucho tiempo ahí sentado. Después de casi dos horas me fui a mi departamento a sumirme en la mierda de miseria que me tocaba vivir. Bella había cambiado y no sabía de qué forma. Quería verla pero no me animaba a ir hasta su casa. Si Emmett y Jasper me habían tratado como la peor escoria ¿Qué me esperaría de ella?
Bella no pudo haber cambiado tanto, ella era tan dulce y sencilla, su hermosura natural era lo que me había cautivado ¿Cómo hacía para recuperarla? ¿Cómo hacía para que volviera a mi lado? Esa noche no fue diferente a las demás, esa noche solo el alcohol había calmado ese profundo dolor que se extendía por mi cuerpo.
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Dos días después
Esa mañana me había levantado con un gran dolor de cabeza. Los constantes llamados de mi padre diciendo que la reunión con unos inversores lamentablemente no se podía posponer. Mi padre había quedado tan delicado de aquella operación que las alteraciones en su sistema nervioso no eran una opción para él. Por lo que sin nadie que se pudiera hacer cargo de las empresas me tocaba a mi hacerme cargo y simplemente no podía decirle que no.
Maneje por las calles de Forks con la tonta ilusión de ver a Bella o a las chicas, la desilusión eran patente cuando llegue a los edificios donde teníamos las oficinas. La secretaria que había sido de mi padre me tenía preparado un café como a mí me gustaba. Cuando le pregunte a la anciana como era que se había enterado la forma en que a mí me gustaba tomarlo, según ella, mi padre había llamado y había dejado indicaciones explicitas de cómo se debía de tratarme. Algo estúpido ya que al parecer él no entendía cuando uno trataba de explicarle que yo ya no era más un niño.
En las oficinas había un gran revuelo por la llegada de los nuevos inversores y accionistas, el dolor en mi cabeza era cada vez más fuerte y el constante sonido del teléfono no dejaba de sonar taladrándome los tímpanos.
Tomé el intercomunicador que me daba a mi secretaria y apreté un botón dejando el teléfono abierto.
—Señora Morales ¿tiene usted algo para el dolor de cabeza? —la mujer con voz incomoda y tímida me hablo al otro lado de teléfono.
—Señor Cullen… yo no tengo ningún analgésico, su padre jamás me dijo que debía comprar medicamento para usted y… —¿Qué mierda me estaba diciendo?
—No le estoy pidiendo medicamento para algo así como drogarme ¡No soy ningún drogadicto de porquería! Solo algo para el dolor de cabeza ¿será que puede conseguirme? —el tartamudeo me hizo ver lo idiota que estaba siendo. Ahora estaba demasiado ocupado, pero luego le pediría disculpas por mi constatación. Al fin y al cabo era alguien mayor.
—Po-por supuesto…
—Gracias… —susurré.
Había pasado una maldita hora y la mujer que tenía por secretaria se había tenido que ir a su hogar por un problema familiar que había tenido sin conseguirme un jodido analgésico para el maldito dolor de cabeza. Estaba a cinco minutos de comenzar con la junta y trataba de calmarme y de despejar mi mente de todas las cosas que no me harían bien pensar en un momento de negocios.
Recordé que de esta misma forma era como había llegado a olvidarme de Bella por un breve espacio de tiempo. Recuerdo que cuando ella llamaba para preguntarme como me estaba yendo, mis respuestas habían comenzado a volverse frías y distantes… el mundo de los negocios me había tragado y me había hecho olvidar lo más importante que tuve en mi vida. Me había hecho romper las promesas que le había hecho nuestra última noche juntos.
Al recordar esa noche inevitablemente el agua salina comenzó a derramarse por mis mejillas. La había dejado completamente sola cuando murió Marie. Me sentí mal por muchos días el saber de la muerte de la abuela de Bella, pero me odiaba porque sabía que en ese entonces no me había importado mucho que ella se hubiera quedado sola. No me importo siquiera saber si ella pasaba hambre, frio, donde dormía ¿sí acaso podía dormir? Jamás me imagine como llegaría a tratarla y de la forma tan cruel en que me desentendí de ella. Me odiaba, me odiaba el haber roto la única promesa que a una mujer le podría importar, el de ser la única en la vida de un hombre. Me mataba, me mataba recordar la aberración que cometí hacia ella engañándola de esa forma, y ahora muy bien merecido tenía todo lo que me pasaba. Pero así de egoísta era yo, que no me veía en un mundo lleno de brillos y lujos sin ella a mi lado.
De nada me sirve si no es con ella a mi lado.
La junta comenzó y el insoportable dolor comenzó a taladrarme la cabeza sin contemplación. Los accionistas e inversores nuevos habían quedado fascinados por cómo me maneje en Londres, por lo que se pusieron de acuerdo y llegaron a la conclusión que invertir en empresa Cullen sería bueno para sus bolsillos.
Fastidiado y con sonrisas falsas luego de unas atenuantes dos horas de reunión pudimos firmar los contratos por cincuenta millones de dólares obteniendo un gran triunfo para mi familia. Mas eso a mí ya no me llenaba, ya no me fascinaba ver cómo había aprendido tan rápido el negocio. El vacío en mi pecho seguía ahí… recordándome que me faltaba ella.
Después del brindis con los inversores nuevos y los accionistas me despido alegando que tenía asuntos importantes que resolver. La verdad era que necesitaba estar solo y desahogarme. Al pasar por un escritorio de una secretaria le pedí que me consiguiera un analgésico.
—Señor, su secretaria, la señora Morales nos avisó antes de irse que le consiguiéramos pero… pero no le pudimos conseguir aquí en presidencia, si usted prefiere puedo ir a comprarle y… —esto era el colmo.
Con puños cerrados golpeé el escritorio haciendo saltar a la chica.
— ¡Es que en esta puta empresa no hay un maldito analgésico! —todos a mi alrededor me quedaron mirando, algo asustados.
Camine hasta mi oficina como alma que lleva el diablo y tome mi saco. Salí de las oficinas sin mirar a nadie. Conseguiría por mi cuenta una puta pastilla o seríacapaz de darme un tiro en la cabeza para acabar con el dolor de mierda.
Manejé por un tiempo tratando de calmarme y algo conseguí.
Llegue hasta un mini mercado o estación de servicio un poco alejado de la empresa. Tenía que volver, pero ahora mismo no me importaba. Cuando me estacione y baje de mi auto el aire se había atorado en mis pulmones impidiéndome respirar. A unos metros de distancia desde donde yo estaba se encontraba la camioneta de Bella. Siempre me acordaría de esa camioneta, ese había sido un regalo de su padre cuando ella cumplió los dieciséis. Si la camioneta estaba aquí era porque ella también.
De pronto el nerviosismo y la ansiedadcomenzaron a apoderarse de mí. Me miré en el vidrio de mi auto y me vi muy rígido con saco y corbata, por lo que me saque la corbata desprendiéndome los dos primeros botones de mi camisa negra. Trate de peinar mi cabello pero fue un desastre el condenado parecía poseer vida cuando quería peinarlo.
Refregué mi cara y camine hasta el lugar, no sin antes tragar el nudo en mi garganta.
Cuando abrí la puerta una estúpida campanilla sonó, mire a mi alrededor y creí morir y vivir a la vez cuando mis ojos dieron con ella.
Bella no estaba en mejores condiciones que las mías. Al verme dejo caer todo lo que tenía en sus manos desparramándose por todos lados. Quise ayudarla a levantar las cosas, pero mis pies se habían quedado estancados en el piso. No era idiota y claramente podía escuchar como las personas que estaban dentro nos miraban a los dos y murmuraban a nuestra cuesta. Todos nos conocían y todos sabían que alguna vez fuimos novios.
La gente miraba con asco a Bella. Y quise matarlos a todos.
La palidez y delgadez de su rostro y cuerpo daban un claro indicio de que ella no lo estaba pasando bien, que algún problema estaba teniendo. Su cabello estaba sin vida y sin brillo. Y sus ojos… sus ojos ¡Dios! Ni siquiera podía adivinar que me transmitían.
Bella tomo todas sus cosas y salió disparando de la tienda. Reaccione cuando el sonido de la campanilla anuncio la salida de alguien. Me di la vuelta y ella ya estaba llegando a su camioneta.
No podía dejarla ir, no sin antes hablar con ella.
— ¡Bella! —grite a medidas que corría hasta su camioneta. Ella se detuvo y el temblor de su cuerpo era evidente. Me acerque hasta quedar detrás de ella y sabiendo que podía escucharme le hable despacio— Yo… paso tiempo y… pensé que tal vez…
— ¡No! —habló claro y fuerte, su casi grito llego a dolerme tanto como una puñalada. Pero lo intentaría. Mi hermosa Bella. Aun en el estado en que se encontraba, la seguía amando y ella seguía siendo bella a mis ojos.
—Solo quiero… quiero saber cómo estás y… —hablé despacio sin dejarme llevar por las emociones que estaban arremetiendo contra mi cuerpo
— ¿Quién mierda te crees? ¡Que te importa como estoy! —mi labio comenzó a temblar. Ella respiró y abrió de manera brusca la puerta de su camioneta entrando en ella. Le impedí que cerrara la puerta con mis manos. Me rehusaba a dejarla ir.
—Por favor… por favor, déjame hablar contigo… —una irónica sonrisa se extendió por su rostro, ella sonreía de manera burlona— Mírame, déjame mirarte a los ojos—en ese momento caí en cuenta de lo dañado que estaba su rostro. Su mejilla estaba de un rosa fuerte y algo hinchada y su labio… su labio esta partido.
— ¿Para qué? ¿Para ver lo que has causado? ¿Para ver hasta dónde has llegado a matarme? —expulsé todo el aire que había estado aguantando. Era verdad, la había dañado tanto que casi había llegado a matarla ¿pero hasta qué punto? Y una maldita línea de pensamientos comenzó a hilarse. Las ganas de acariciar su rostro se habían mantenido desde que la había visto. Mi osadía se interpuso delante de mi razón y mi mano se levantó con mis dedos extendidos hacia su rostro— Ni lo pienses… —dijo encendiendo la camioneta— Tu no volverás a tocarme en tu jodida vida —y sin más salió del lugar haciendo chirriar las llantas sobre el pavimento. Un espasmo azoto mi cuerpo con sollozos.
La había perdido, la había perdido.
Tape mi rostro con mis manos y me deje caer en el piso de rodillas llorando como un niño ¿Qué haría ahora? Ella ya no me quería en su vida, ni siquiera me había dejado acariciar su maltratado rostro. Mi ángel, mi cielo…
No sé cuánto tiempo estuve ahí en el suelo tirado, solo sé que en algún momento mi madre estaba a mi lado levantándome junto con su chofer. Pude darme cuenta aun en mi estado de divagación que el chofer de mi madre se dirigía a mi departamento. Cerré los ojos y comencé a sentir como las palabras tan frías y carentes de vida que Bella me había dicho, se instalaban en mi corazón…
"¿Para ver lo que has causado? ¿Para ver hasta dónde has llegado a matarme?"
Había matado en vida al amor de mi vida y ella me lo estaba haciendo pagar.
Cuando llegamos a mi departamento mi madre me ayudo a bajar y entramos al edificio. Ya dentro de las paredes de mi refugio, camine directo al pequeño bar que tenía, tomé una botella de Jack Daniel's y serví un poco del líquido en un vaso. Volví a servirme y volví a tomar.
— ¡Hijo puedes dejar eso! —ella me sacó el vaso de mi mano, pero volví a tomar de la botella— Con beber no solucionaras nada… ¿Edward que pasó? —dándole la espalda me dirigí hacia la ventana que tenía frente a mí.
—Vi a Bella mamá, la vi y… —un estruendoso grito mezclado con un sollozo salió de lo más profundo de mí ser.
—Hijo…
Con todas las fuerzas que tenía, tire la botella del Jack Daniel's hacia la pared que tenía a mi costado. La botella se rompió en miles de cristales y una gran mancha color ámbar quedo en la pared. Tiré de mi cabello jalándolo con fuerza y gritando, llorando para que el dolor de su rechazo apaciguara, pero nada podía hacer contra eso. El pozo se abrió en mi pecho cada vez más y el dolor salía de el expandiéndose por mi cuerpo como si de un maligno cáncer se tratara. Caí de rodillas frente al gran ventanal y apoye mis manos sobre este dejando descansar mi frente en el frio vidrio desahogando mi pena. Las manos de mi madre acariciando mi espalda fueron como un breve bálsamo para distraer el malestar que estaba de un rato, mi cuerpo yacía tendido sobre el piso y mi cabeza apoyada en el regazo de mi madre quien con mucha delicadeza acariciaba mi cabello y rostro.
Las palabras simplemente salieron e mi boca…
—Hable con Bella y ella me odia… me odia tanto como jamás pensé, ni siquiera soporta que la toque… mamá tu tenías que verla, ella… ella esta tan cambiada no lucia como la dulce chica que yo deje aquí hace dos años —con solo ver el dolor en su rostro puede darme cuenta de cuanto había sido su sufrimiento— lastime demasiado su corazón, y… creo que ella no tiene un lugar para mí en su vida —las manos de mi madre hicieron que me levantara y que la mirara a los ojos.
—No sé qué decir Edward, solo… creo que sería mejor que por hoy descanses y ya mañana con la cabeza mucho más descansada pienses que es lo que puedes hacer para recuperarla —asentí, ella tenía la razón como siempre.
Me acompaño hasta mi habitación y como cuando era niño, me quito mi zapatos y mi saco, tome un pantalón para dormir y una vieja playera y me fui a cambiar al baño. Cuando salí mi madre ya me había preparado la cama. Me acosté el ella y ella me arropo.
—Mamá ¿no crees que ya estoy grande para que hagas esto? —ella se rió.
—Estas grande, pero a mis ojos seguirás siendo el mismo niño de siempre.
— ¿Cómo te enteraste donde estaba?
—El dueño de la tienda conoce a tu padre, y cuando llamó a casa pidiendo hablar con tu él para informarle donde te encontrabas yo hable por él y apenas me… me dijo lo que había pasado fui a buscarte porque sabía que deberías estar mal —asentí.
— ¿Y qué te dijo que sucedía el dueño de la tienda?
—Nada que… Bella y tu estaban discutiendo y… sí eso, solo eso.
— ¿Te dijo algo sobre Bella?
—Uhm… no, nada —ella se paró de la cama y se dirigió hacia la puerta— mañana regresare a primera hora para ver como sigues ¿de acuerdo? —asentí cerrando los ojos, después de escuchar el sonido de la puerta cerrarse, me deje ir con los recuerdos de mis días felices junto a mis amigo y junto a ella.
Esme POV.
Una madre por su hijo hace lo que sea. Nunca soporte ver a mi hijo sufrir de la manera en como hoy lo había encontrado. Entendía perfectamente que todo lo que había hecho, lo hizo muy mal. Pero todos nos equivocamos y todos cometemos errores. Lo sabio es poder redimirse o más bien tener la intención de corregir los errores y mi hijo tenía toda intención de hacerlo. Su llanto me desgarraba el alma, y esto que había pasado hoy había sido suficiente.
Si yo me tenía que humillar para que Bella le dé una oportunidad de hablar con él, por él lo haría.
Me estacione frente a la casa del antiguo jefe Swan. Y fuera de esta pude ver como un muchacho nativo forcejeaba con Bella.
Realmente Bella estaba muy cambiada y podía darme una idea del porque de su cambio.
— ¡Suéltame! —le gritaba ella.
— ¡No, tu maldita puta! Hace mucho tiempo que tengo ganas de probar ese cuerpito y…
— ¡No, yo fui con dinero así que suéltame de una puta vez!
— ¿Y que con eso? Muchas veces viniste sin dinero y yo te la di igual… ahora soy yo el que quiere algo de ti.
— ¡Suéltala! —Ambos se dieron cuenta de mi presencia y al ver los ojos de Bella estos estaba hinchados, rojos y llenos de lágrimas sin derramar— ¡Te dijo que la sueltes! ¿O prefieres que llame a la policía y ellos lo hagan por ti? —el chico la soltó logrando que ella callera al suelo de manera ruda.
—Me voy Bellita… pero espero verte por casa, tu polvito mágico está esperando por ti cariño —y después de decir eso le lanzó al rostro un paquetito plateado el cual Bella lo tomó rápidamente.
El chico paso por mi lado empujando mi hombro. Cuando vi que se había ido, camine hasta donde Bella se encontraba y la ayude a pararse. Ella trato de esquivar a toda costa el contacto conmigo. Cuando estuvo parada sus ojos esquivaban los míos mirando a cualquier lado menos a mí.
—¿Qué hace aquí Señora Esme? —preguntó con la voz temblorosa ¿Dónde había quedado aquella niña pizpireta que hacia reír a todo el mundo? ¿Qué tan dañada estaba?
Me acerque a ella y mis manos tomaron delicadamente su rostro. Ella me miró a los ojos y en estos había tanto dolor que mis ojos se aguaron al no poder aguantarlo. La observe fijamente y vi la verdad en ellos. No había que ser un gran genio para darse cuenta del grave problema que mi niña estaba teniendo. Y me dolió el alma darme cuenta que no solo mi hijo le había dado la espalda, sino que yo también había desaparecido de su vida dejándola sola.
Me aclare la garganta y hable, la vida de dos personas dependían de su respuesta.
—¿Bella? —ella miraba mis ojos pareciendo o queriendo ver más allá de lo permitido. Ella los tenía tan cristalinos que lo rojizo se resaltaba aún más— Dime la verdad… ¿tú… tú te drogas? —ella tomó mis manos con las suyas y las retiro de su rostro, justo en ese momento fue cuando sus lágrimas se derramaron por sus maltratadas mejillas.
—Sí… me drogo hace un año… y lo que tengo ya no es vida… la Bella que usted tiene en su mente dejo de existir hace dos malditos años.
Bueno chica, el segundo cap de este fic... ¿que les parecio este Edward? ¿Y Esme? quiero sus opiniones.
espero que les haya gustado y me lo hagan saber... queria contarles que sin falta la proxima actualizacion es AMOR IRRACIONAL.
Bueno, no las jodo más.
se las quiere
***Gis Cullen***
