Capítulo beteado por Nadia Stéfani Velarde / liz-stefani (Beta FFAD)
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Mortal Feelings
Capítulo 3: ¿Verdad o mentira?
Me siento tan sola una noche de viernes…
¿Puedes hacer que me sienta como en casa si te digo que eres mío?
Es como si te lo hubiera dicho, cariño…
No me hagas sentir mal, no me hagas llorar
A veces el amor no es suficiente
Y el camino se vuelve duro
No sé por qué, sigue haciéndome reír
Vamos, hazlo más
El camino es largo, continuemos
Intenta divertirte mientras tanto…
Ven y da un paso por el lado salvaje
Déjame besarte en medio de la lluvia
¿Quieres volver a tus chicas locas?
Escoge tus últimas palabras
Ésta es la última vez, porque tú y yo…
Nosotros, nacimos para morir.
LANA DEL REY / BORN TO DIE
Me aclaré la garganta y hablé, la vida de dos personas dependían de su respuesta.
—¿Bella? —Ella miraba mis ojos pareciendo o queriendo ver más allá de lo permitido. Ella los tenía tan cristalinos que lo rojizo se resaltaba aún más—. Dime la verdad… ¿tú… tú te drogas? —Tomó mis manos con las suyas y las retiró de su rostro, justo en ese momento fue cuando sus lágrimas se derramaron por sus maltratadas mejillas.
—Sí… me drogo hace un año… y lo que tengo ya no es vida… la Bella que usted tiene en su mente dejó de existir hace dos malditos años.
Bella POV.
Mi cuerpo comenzó a temblar no solamente por los nervios que la madre de Edward me producía, sino también por la ansiedad que me provocaba la situación, y ahí estaba otra vez esa maldita necesidad de desahogarme de la sola forma que había conocido y de la única manera en la que conseguía olvidar.
La señora Esme me miraba con sus ojos anegados en lágrimas y la verdad, no entendía el por qué. No sé desde cuándo estaban en el pueblo, pero me encontraba segura de que para estas alturas toda su familia estaba enterada de mi adicción. Yo no iba a negar ese problema, no. Hacía mucho tiempo que "el qué dirán" dejó de importarme. Era una puta drogadicta y lo aceptaba.
Caminé hasta sentarme en los primeros escalones de la entrada de mi casa, y sabía que por educación debía invitarla a hacer lo mismo pero preferí no decir nada, aún así, ella se sentó más cerca de lo que me hubiese gustado. Tomé un cigarrillo de la cajita que tenía en el bolsillo de mi sudadera y lo encendí bajo la atenta mirada de Esme.
—Has cambiado mucho, Bella.
—Sí, yo… —Tomé una calada de humo y lo dejé un buen rato en mis pulmones—. Usted tiene razón, ya no soy la misma y dejé de serlo hace mucho tiempo.
—Pero… ¿por qué de ésta forma, por qué haciéndote éste daño?
—Es la única forma que encontré para poder olvidar por unas cuantas horas todo el dolor que tengo en mi corazón, para olvidar todas las pérdidas humanas que tuve y aquellas a las que el destino se llevó. —Volví a calar el humo.
—Pero mi niña… —La miré y ella lloraba en silencio—. Ésta forma está matándote muy lentamente y…
—Bueno, ¿quién sabe? Quizás, inconscientemente, eso es lo que estoy buscando… dejar éste puto mundo de una vez por todas. —Ella negó con la cabeza.
—¿Cómo puedes decir eso? Aquí hay personas que te aman y… —Lo intenté, pero no pude evitar comenzar a reírme por aquella vil mentira.
—¿Quién? ¿Su hijo? ¡Por favor! Ése en la primera oportunidad que tuvo, me dejó como a un perro sucio y sin techo. Él jamás me amó. Sí, él fue mi mayor error y sus falsas promesas las que me condenaron a cargar con su amor, él… no… —Me fue imposible seguir hablando porque el nudo que se había formado en mi garganta me lo impedía.
—¡No! Él también lo pasó mal, él… —La miré con el ceño fruncido.
—¿Acaso él la mandó a hablar en su nombre? —Negó con la cabeza pero miró hacia otro lado—. No Esme, yo… ni siquiera puedo nombrarlo, no tolero tenerlo cerca, no puedo aceptar nada que venga de su parte, ni siquiera su perdón, simplemente no puedo. —Ella tomó mis manos con las suyas, que estaban temblorosas y sorbió su nariz.
—Nunca voy a justificar lo que Edward te hizo. —Escuchar su nombre en voz alta causaba esa extraña sensación, una mezcla entre odio y amor, dolor y alegría—. Cada cosa que él sembró, la cosechó cuando cayó en la cuenta de las cosas que hizo. Mírame a los ojos y dime si no ves la verdad en éstos, dime si te miento. —Buscó mi mirada y sus ojos se encontraron con los míos. Ese verde que tanto amaba en él, había sido heredado de ella, de su madre, todo se reflejaba en ellos. Los míos se llenaron de lágrimas y éstas comenzaron a salir sin permiso alguno bañando mi rostro—. Edward se arrepintió de la forma en la que actuó contigo, él se siente muerto en vida, ambos están sufriendo y… —Me levanté de golpe y comencé a gritar y a llorar.
—¡No, no, no! ¡Él me dejó, él se olvidó de mí! ¡Me engaño! Él-Él, no es posible que me ame Esme, yo lo vi ¿sabes? El último día de vida de mi abuela Marie, mientras esperaba en la sala de espera que me comunicaran que ella se repondría, lo vi en la televisión, salía de una fiesta a altas horas de la noche con una mujer rubia y, cuando le preguntaron si era su novia, respondió que sí ¡Él contestó que sí! —Caí de rodillas llorando y golpeando mi cabeza con mis puños en el afán de olvidar aquellas imágenes. Sentí sus brazos rodeándome—. Yo lo necesitaba, la abuela Marie murió esperándolo para darle su bendición, ella lo quería para mí… pero él simplemente se olvidó de todo. —Lloré como desde hace tanto no lo hacía, los sollozos desgarraban mi interior, estaba sacando todo lo que cargaba dentro. Los brazos de Esme me resultaban similares al consuelo que uno necesita de una madre. Ella siempre había tenido esa característica.
—Shh, mi niña… shh, llora todo lo que quieras, eso te hará bien. —No sé cuánto tiempo pasó. Tal vez, fueron horas las que pasaron hasta que logré tranquilizarme.
Me separé de ella y se quedó mirándome, con sus ojos también rojos de tanto llorar conmigo. Acomodó mi cabello detrás de mis orejas y limpió mi rostro con sus dedos. A continuación, tomó su cartera y rebuscó en ésta, sacando una libreta y una birome. Anotó algo y luego arrancó una pequeña hoja, la dobló y la colocó entre mis manos. Me ayudó a levantarme y acomodó su bolso sobre el hombro.
—¿Estarás bien? —Asentí. Solo quería que se fuera para poder tomarme el polvo que Jacob me había dado. Eso me calmaría finalmente. Miré el papel que me entregó y en éste se apuntaba una dirección y dos números celulares. Después, regresé mí vista hacia ella—. Solo te pido que hables con él, solo escúchalo… nada más. —Intenté hablar pero ella no me dejó—. No te pido que lo perdones, solo que lo escuches… por favor, mi niña. —No le respondí y ella prosiguió—. Ésa es la dirección de su departamento, el número del piso y el número de su puerta. No tendrás problemas para pasar, yo me encargaré de eso, si decides ir, solo deberás entrar. —Luego, me tomó de las manos y las llevó hasta su rostro, dejando un beso en cada una.
—Esme, yo no…
—Por favor, Bella. —Miré hacia otro lado, no podía aguantar su mirada—. Siempre deseé que ustedes dos terminaran juntos, siempre te quise como una hija más, y me odié al darme cuenta de que yo también te había dejado, cuando fui consciente de que no estuve contigo cuando más me necesitaste. Sin embargo quiero resarcirme, no puedo volver el tiempo atrás, pero sí soy capaz de elegir lo que ha de pasar hacia adelante y sé muy bien que te quiero a ti en mi familia. —Levanté mi cabeza como un resorte ante semejante declaración ¿Podía estar escuchando bien?—. Sí, mi niña, en un futuro quiero que seas parte de mi familia y no pienses ni por un segundo que te volveré a dejar, sin importar la decisión que tomes. —Esme besó nuevamente mis manos y me abrazó fuerte y con cariño. Dejó un beso en mi frente y se dio la vuelta caminando hasta su auto.
Al entrar a casa, sostuve mi cabeza con ambas manos, había comenzado a dolerme. Fui a la cocina y abrí el refrigerador, esperando milagrosamente encontrar algún alimento de la última compra que había hecho. Solo encontré una lata de conservas, por lo que cerré de un golpe la puerta.
Necesitaba urgentemente tomarme la coca. Sí, eso solucionaría todos mis problemas. Caminé hasta la sala y me senté en el viejo sofá. Tomé el paquetito del bolsillo de mi pantalón y lo abrí esparciendo cuidadosamente el contenido sobre el vidrio de la mesa ratona. Busqué en mis bolsillos el billete de un dólar que aún conservaba y lo doblé en dos para hacer una línea de cocaína. Cuando la tuve, enrollé el billete en forma de tubo y lo acerqué al comienzo del polvo blanco, coloqué mi nariz en el otro extremo e inhalé fuertemente, levantando toda la línea de la mesa. Al segundo siguiente, sentí ese característico escozor en mi nariz, últimamente había comenzado a dolerme, pero la dependencia de un drogadicto era eso, una adicción y si algo dolía en su cuerpo, simplemente volvía a drogarse y el dolor pasaba. Era un círculo vicioso del cual nunca se podía salir.
Refregué mi nariz y me tendí en el sofá, tomando un almohadón y colocándolo sobre mi pecho para tener algo que abrazar. Cerré mis ojos y dejé que el estimulante hiciera el efecto deseado.
¡Sí… ahí está la señorita calma! Me dije mentalmente.
La paz y el bienestar estaban discurriendo por todo mi cuerpo, pero las palabras de Esme no se iban de mi cabeza. Seguían ahí, atormentándome junto con los recuerdos…
"Solo te pido que hables con él, solo escúchalo… no te pido que lo perdones solo que lo escuches, nada más, por favor mi niña…"
Abrí los ojos y miré la nota que me dio, se encontraba en la mesa de vidrio junto al papel plateado que contenía la droga. Suspiré y volví a cerrar los ojos. No, el perdón estaba fuera de mis manos, no después de todo lo que tuve que pasar.
—¡Diablos! —grité. La coca no estaba haciendo el efecto que deseaba, no lograba hacerme olvidar.
Me incorporé de golpe y salí de ese lugar, no quería ver la maldita nota. Cerré las ventanas que daban al frente y me dirigí a mi habitación. Necesitaba dormir un poco, a lo mejor eso me ayudaba. Siempre dormía en el cuarto que era de mis padres, pero ésta vez ingresé en la que antiguamente me correspondía.
La puerta estaba entreabierta, entré y noté que todo estaba muy desordenado. Éste lugar me traía muchos recuerdos y momentos vividos en el pasado. Observé la cama y vi que era lo único que se mantenía pulcramente arreglado.
Flashes de recuerdos me azotaron, imágenes mías y de él. Reminiscencias de cuando éramos felices, de cuando yo era feliz, una chica sana y saludable. Me senté en la cama muy despacio y suspiré tomando las mantas en puños, cerré los ojos y fue peor…
—Edward, no… la abuela está abajo —le susurraba entre gemidos. Sus manos me atormentaban y excitaban a la vez.
Los dos estábamos en la cama en pleno faje. Mis hormonas se hallaban sumamente alteradas, pero lo que ambos sentíamos no se podía hacer esperar más. Edward llevaba esperándome mucho tiempo, y aunque él nunca me presionó, siempre era el que se llevaba la peor parte cuando terminaba regresando a su casa porque yo aún no estaba lista.
—La abuela Marie no escuchará si somos silenciosos. —Sus dedos apretaron mi pezón derecho y un grito entrecortado se escuchó en toda mi habitación—. ¡Shh, amor! Así se dará cuenta. —Su boca se apoderó de la mía y su lengua comenzó a dar batalla.
Sus manos retiraron la camiseta que traía y mi busto quedó expuesto para su gloria y deleite. Sus ojos me miraban con adoración. Se inclinó sobre mis pechos e inhaló entre ellos. Tomé su cabello con mis manos y lo atraje hacia mí. Su cuerpo estaba entre mis piernas y cada movimiento que hacíamos provocaba un roce que nos excitaba cada vez más y más. Su cadera presionaba contra la mía y ejercía presión en ese lugar que tanto deseaba tenerlo. Él se separó un poco y bajó mis pantalones de jeans, me los quitó y volvió a acomodarse sobre mi cuerpo.
—Quiero hacerlo, Edward, yo… ya estoy lista. —Me miró con ese brillo de lujuria que hacía un tiempo llevaba cada vez que sus ojos se posaban en mí.
—Mi amor… —susurró casi sin voz, totalmente emocionado. Era su primera vez también—, Bella, seré delicado, te prometo que voy a hacerlo con amor, yo te cuidaré y te amaré siempre…
Abrí los ojos y un chillido desgarrador provocó un malestar en mi garganta, las lágrimas y el dolor que sentía eran insoportables. El llanto se mezclaba con los gritos de angustia que mi corazón expresaba. ¿Cómo podía hacer que se detuviera? ¿Cómo conseguir calmar ésta angustia que me maltrataba?
Me tiré en la cama y continué llorando. Lo amaba y ése era mi madero de tormento, el que cargaría para siempre si no le buscaba una salida a todo esto.
Un rato después el cansancio llegó a mi cuerpo y con pesadez, mis ojos comenzaron a cerrarse dejándome ir en los brazos de Morfeo.
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Cuando desperté, no me moví del mullido lugar en el que me encontraba. Eché un vistazo a mí alrededor y comprobé que seguía en mi cuarto. La luz de la luna se filtraba por la ventana. Al parecer conseguí dormir bastante. Maldije cuando sentí a mi estómago gruñir. Refregué mis ojos y me incorporé en la cama sentándome en el borde, me paré y salí de ese lugar. Ni aún después de todo el dolor que había descargado podía tolerar seguir estando allí.
Me dirigí a la habitación de mis padres y tomé algo de ropa que encontré en la cama. Casualmente, era una playera de Charlie. Fui al baño y abrí el agua caliente, necesitaba un baño urgente y luego algo de comida.
Después del baño, bajé a la cocina dispuesta a preparar algo con la única puta lata que tenía. Herví un poco de arroz y a eso le agregué la conserva. No era la gran cosa, pero me servía para engañar al estómago. Mientras comía, reparé en la hora que el reloj de la encimera marcaba: las 4:25 am. ¿En serio era ésa la hora? Pensé que sería más temprano. Hice una estúpida mueca con mis labios y ya no pude seguir comiendo. Me levanté de la silla y tomé el plato dejándolo sobre el fregadero. Cuando tuviera ganas, lo lavaría.
En la sala, el caos no era diferente al que imperaba en toda la casa, habían cosas tiradas por todos lados. Caí en la cuenta de que en mis momentos de locura destruí parte del mobiliario y permití que se deteriorara mucho. Comencé a levantar algunos objetos que estaban esparcidos por la alfombra de la sala cuando vi la nota que Esme me entregó la tarde anterior. Caminé hasta la mesa de vidrio y la tomé.
No. Yo no podía perdonar todo lo que me había hecho, pero… ¡No! Sufrí demasiado y si él se dio cuenta de lo que hizo, pues es su maldito problema, no el mío. ¡Qué se joda!
Dejé la nota donde se encontraba y me fui a la cocina para seguir limpiando. Para cuando terminé de asear esa área eran apenas las 6:45 am por lo que seguí con mi tarea en los alrededores de la sala, aunque nunca cerca del puto lugar donde yacía la nota.
Me pasé todo el día limpiando y en ningún momento pude acercarme a la mesa, esa parte era la única que seguía sucia. Hasta aspiré la recámara de mis padres. Hacía mucho tiempo que mi casa no estaba así de limpia. Para cuando miré el reloj que teníamos en la sala, ya eran las 18:10 pm.
Suspiré satisfecha, y arrepintiéndome al segundo de haber tomado la decisión, agarré la nota y salí hacia la dirección que marcaba. Tomé las llaves de mi trasto y me dirigí al lugar que terminaría por matarme, de eso estaba segura.
Mientras iba en la camioneta, pensé en lo que podría decirle. Pero después me di cuenta de que en realidad yo no hablaría, solo escucharía, eso había dicho Esme: que solo tenía que escuchar y nada más. Todo lo que se relacionaba con él no me dejaba en paz y debía darle fin a ese asunto para así poder seguir con la mierda de vida que llevaba. A medida que conducía, apretaba el volante como si mi vida dependiera de ello, el nerviosismo se había apoderado de mi cuerpo.
Una piedra de marihuana me vendría bien en estos momentos, repetía una y otra vez en mi cabeza.
Me estacioné frente al complejo de departamentos que la dirección señalaba y me refregué el rostro intentando hacer o pensar en algo que no me llevara a dar la vuelta alejándome de ese lugar. Observé el reloj en la radio del viejo trasto y éste marcaba las 18:55 pm. Había pasado un buen rato mirando hacia la puerta del edificio y no me animaba a salir de la camioneta. Tomé aire y sin pensarlo dos veces, entré al edificio a paso lento pero seguro.
Apenas puse un pie dentro, me sentí la cosa más pequeña del mundo. El puto conserje me miró de arriba abajo mientras, sin disimular, le susurraba algo a una pareja de personas mayores que estaban con él. Tragué grueso sintiéndome muy incómoda y me mentalicé en que esto lo hacía para seguir con mi existencia de porquería sin ningún maldito problema.
Hice lo que Esme me pidió. Caminé directamente hacia el ascensor y, efectivamente, nadie me impidió seguir mi camino, solo recibí miradas de mierda que de haber estado cargadas con algún poder, ya estaría más que muerta. Dentro del elevador, saqué la nota que su madre me dio y chequeé el piso y número del departamento. ¡Oh, todo quedaba relativamente cerca!
Piso 2, departamento 2.
Aún recordaba bien que él le temía a las alturas y por ende, era de esperar que su apartamento estuviera lo más cerca posible del nivel de la calle.
Apreté un poco indecisa la tecla número dos y quise gritar cuando las puertas del ascensor se cerraron. El viaje fue tan corto como me lo temí. Al abrirse las puertas de metal, suspiré y salí mirando a mis costados. ¿Solo había dos departamentos? ¿Qué tan grandes pueden ser? Volví a mirar el papel solo por hacer algo y caminé hasta quedar frente a una puerta que señalaba en la parte de arriba el número dos en color dorado.
Negué con mi cabeza mientras cerraba los ojos y llevaba mi dedo hacia el timbre. Lo mantuve frente al pequeño botón por un buen rato, hasta que me decidí finalmente a hacer a un lado mis miedos y ser valiente por una puta vez en mi vida.
Toqué, y luego de un minuto repetí la operación. Nada. Mordí mi labio inferior con fuerza y volví a tocar. De pronto, un sentimiento de enojo me sobrevino, y sin pensármelo, le di una patada a la puerta dándome la vuelta y regresando por donde vine. Apreté el botón para pedir el ascensor, pero comprobé que éste ya se encontraba en funcionamiento.
—¡Maldición! —casi grité con frustración.
Me giré dándole la espalda, esperando para salir de ahí. Definitivamente, no fue una buena idea venir hasta aquí. El valor se había esfumado de mi cuerpo y ahora solo quería salir corriendo para darme con alguna mierda que me hiciera pasar el rato.
Escuché el sonido de las puertas abrirse y me giré nuevamente para entrar en el cubículo, cuando de lleno me di con el cuerpo de una persona.
—Lo siento… —Y entonces, literalmente, el aire y toda sustancia que estuviese en mi cuerpo aún, se fue, dejándome aturdida cuando levanté la mirada para disculparme.
Él me miraba con sus ojos como platos. Y mentiría si dijera que su mera presencia no tenía el mismo efecto en mí que hace dos años, porque no podía negar que era así. Aún me seguía moviendo el piso como siempre, solo que ésta vez, no era solo él quien me desequilibraba, sino también las basuras que solía meterme por la nariz y la boca.
Di dos pasos hacia atrás y mi cuerpo quedó pegado a la pared frente al ascensor, él salió de éste a paso lento, sin dejar de mirarme. De reojo, observé como las puertas del elevador se cerraban y busqué hacia ambos lados de éste para comprobar si las escaleras de emergencia se encontraban muy lejos como para emprender mi huida. Él tragó nervioso y pasó su maletín de una mano a la otra.
—Be-Bella… yo… no pensé… ¿Qué haces aquí? —preguntó nervioso.
Traté de respirar con tranquilidad y aclaré mi garganta. Necesitaba demostrar que era capaz de estar en una habitación junto a él sin que me desmoronara completamente.
—Cr-Creo que necesitamos hablar… —A él se le iluminaron los ojos.
—¿Por qué?
—Necesito cerrar tú capítulo y seguir con mi maldita vida, solo eso. —Él se encogió de hombros y agachó la mirada. Lucía derrotado y muy cansado. Aun así, levantó sus ojos y me sonrió.
—¿Quieres pasar a tomar algo? Podemos hablarlo dentro de mi departamento. —Asentí y caminé hasta su puerta.
Dentro del departamento todo era inmaculado y en colores claros. Sospechaba que mi sola presencia ensuciaba el lugar. No me sentía digna de pisar su blanca alfombra. Solo me quedé parada en mi sitio y no me moví de allí.
Un escalofrío recorrió mi espalda y me envolví en mis brazos.
—¿Tienes frío? —preguntó.
Me giré y él estaba sacándose la corbata. ¿En qué momento se había quitado el saco? Negué con la cabeza. Entonces, aquel brillo que jamás pensé volver a ver, se asomó por sus ojos. Una lánguida sonrisa se apoderó de sus labios y habló—. Al final de la noche, te aseguro que ya no sentirás frío… nunca más. —Hizo el intento de acercarse y mi cuerpo reaccionó en defensa propia, como una autómata di varios pasos hacia atrás.
Lo miré con verdadero odio. ¿Qué mierda se creía?
—Te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir: tú jamás volverás a tocarme en tu vida.
No… él no me volvería a tocar. Mi cuerpo estaba demasiado sucio moralmente para que él pudiera tenerme de nuevo.
¿Que se piensa Edward? ¿Que sera que va a pasar de ahora en más? ¿se acerca el perdon?
Bueno aqui les traigo el cap 3º de este fic... ya no voy a tardar tanto en actualizar por que le voy a dar algo de proridad a este y a 80 que son los fic mas cortos que tengo hasta ahora y necesito librarme de alguno para seguir con mis fic largos... asi que el proximo cap no tardara mucho.
espero que les haya gustado
se las quiere
Gis Cullen
