Mortal Feelings


Capítulo beteado por Nadia Elisabet / liz-stefani (Beta FFAD)

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Capítulo 4: Ni una puta oportunidad más, ¿o sí?

Si estás en busca de amor.
Tienes que saber que el amor ya no vive aquí.
Él se fue con mi corazón.
Ambos se marcharon por esa puerta sin mí.

Si estás tratando de encontrar piedad.

Bueno, necesitas buscar en otro lado.
Porque seguramente no puedo ayudarte.
Me estoy haciendo daño a mí misma.
Me he convertido en otra persona.Solía creer que el amor lo conquistaba todo.
Porque eso es lo que he visto en las películas.
Ven y compruébalo, no es así en lo absoluto.
Ves la vida real muy diferente.

Someone Else / Miley Cyrus

Bella POV.

Te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir: tú jamás volverás a tocarme en tu vida.

No… él no me volvería a tocar. Mi cuerpo estaba demasiado sucio moralmente para que él pudiera tenerme de nuevo.

.

Edward me observaba con una expresión que no logré descifrar.

Me restregué el rostro con mis manos y luego las llevé a mi cabeza, jalando mi cabello. No quise mirar sus ojos porque sabía lo que vería y yo no era la maldita culpable de que ellos mostrasen agonía.

—¿A qué has vuelto? —pregunté luego de un rato.

Espere su respuesta pero ésta no llegó. En cambio, con pasos derrotados, caminó hasta lo que parecía ser la sala de estar de su departamento y se sentó en un sofá de tres cuerpos, de lana tejida en colores oscuros. Yo, como la idiota que era, me quedé en medio de la sala, dándole ojeadas a todo y a nada, solo esperando.

Pasados unos minutos, me estaba cabreando, por lo que volví a arremeter con mi puta boca.

—¿Acaso ya has terminado tus negocios en Londres?; ¿o ese algo tan importante por el que te fuiste ha dejado de serlo? —increpé con voz dura y sarcástica. En ese momento, sus ojos se levantaron y reflejaron verdadero dolor.

Sin embargo, me importaba una mierda su sufrimiento, ya bastante tenía con el mío.

Ese algo tan importante, nunca dejó de estar aquí, en Forks. —Solté una risa cínica mientras pasaba hasta sentarme en el sillón que se ubicaba frente a él.

—Después de tanto tiempo, sigues siendo el mismo cabrón mentiroso. —Volví a reírme—. ¡No me lo puedo creer! —Él frunció el ceño.

—¿Qué es lo que no me crees?

—Nada. No te creo nada —declaré con total sinceridad, Edward suspiró y se echó hacia atrás—. Te repito la pregunta: ¿a qué has regresado? A ti te iba bien en Europa, excelente diría yo. —Comenzó a negar con la cabeza.

—Fui un hijo de puta…

—No digas eso, tu madre no tiene la culpa de la mierda que eres. —Otra vez sus ojos me miraron afligidos.

—Tienes razón, yo… lo siento, creo que es lo primero que tengo que decirte… lo siento. —Él mantuvo su vista fija en mí pero yo no tenía nada que responderle y dejé que siguiera hablando—. Volví por ti. —Tragué el nudo que se me estaba formando rápidamente—. Tú eres lo más importante que tuve, que tengo y que tendré siempre…

—Para… detente con eso. —Me levanté y comencé a dar vueltas en el lugar.

Estaba muy tranquila hasta hace un par de segundos, pero esas simples palabras me habían desequilibrado. Mis manos comenzaron a temblar y tuve que hacerlas puño para abandonar el típico temblor que azotaba mi cuerpo cuando comenzaba a necesitar de su droga. Mordí fuertemente mi labio y sorbí por mi nariz.

—¿Estás bien? —Me giré hacia él y noté que se veía preocupado. Asentí.

—Ya no hay nada que nos involucre, todo término hace dos años. ¡Dos malditos años! Y ahora tú regresas como si nada, pensando que las cosas pueden ser como antes, después del calvario por el que yo pasé —negué con mi cabeza—, estás muy equivocado. —Se levantó del sofá hasta colocarse delante de mí pero sin tocarme.

—No pretendo que todo vuelva a ser igual que en el pasado, solo quiero que me des una oportunidad para redimirme, por favor. Yo aún te sigo a… —Y sin aguantarme sus blasfemias, le atiné una bofetada provocando que tanto su rostro, como parte de su cuerpo, se ladearan trastabillando hacia atrás.

—¡No digas eso! ¡Joder, no! —le grité. Mis ojos estaban inyectados en lágrimas, todo mi anterior control se había esfumado y dejé salir toda mi mierda sin importarme nada—, después de tu abandono sufrí como jamás pensé, pero en aquel tiempo debía mantenerme fuerte por mi abuela. —Él intentó interrumpirme pero volví a callarlo poniendo de manera brusca mi mano sobre su boca y empujándolo lejos—. Ahora vas a escuchar toda la porquería que creaste.

—Bella… —murmuró con la voz entrecortada y su mirada llorosa. Pero ya nada me afectaba.

—Tú no tienes idea de cómo te necesité cuando Marie enfermó y ni hablar cuando murió… el último día de su vida, mientras yo esperaba con los chicos en la sala de estar, te vi en la televisión. Ibas con una chica y anunciaste que era tu novia, se te veía feliz, en tu mundo… y de eso, lo que más me dolió fue saber que nunca te dignaste a terminar conmigo siquiera. Y, ¿sabes qué? En ese mismo momento en el que tú compartías con el planeta entero tu felicidad, ¡tú verdadera maldita novia, aguardaba en una horrible habitación a que le informaran que su abuela no había logrado sobrevivir! ¡Olvidaste que en esos días yo era tu novia! Y no te importó saber que estaba sola, necesitando de ti… —gritaba y lloraba sin detenerme, no pensaba en nada, las palabras salían de mi boca sin poder detenerlas, aunque tampoco quería obligarlas a hacerlo—, mi abuela y tú se fueron juntos, ese día los dos murieron para mí y después, jamás volví a ser la que era, me alejé de todos y me convertí en una cualquiera, sí… —En sus ojos había un dolor tormentoso y cuando mencioné que me había vuelto una ramera, comenzó a negar—. ¿Te sorprende? —Comencé a reírme entre llantos—. Tú tienes la culpa, tenía que olvidarte, no podía verte pero como si fueras un fantasma te aparecías en todos lados y entonces, me di a la tarea de buscar la forma de sacarte de mi mente aunque sea por algunas horas. —Lo miré fijamente y me acerqué para que viera de primera mano lo que había causado—. Las drogas me proporcionaron el escape que deseaba, ellas pasaron a ser mis amigas, mágicamente, hacían que no te recordará, ni a ti, ni a todas aquellas cosas que alguna vez me prometiste pero nunca cumpliste. —De repente, con furia lo tomé de la camisa con mis puños—. Pero por sobre todo, lograban que dejara de lado los días enteros en los que la abuela Marie preguntaba por ti, ella… maldición… ella te esperó hasta su último día, te quería como si fueras de su sangre. —Lo solté de golpe. Sentía que todo él me quemaba.

Su cuerpo temblaba a causa del llanto silencioso. Fue entonces cuando supe que mis declaraciones lo rompieron.

—Me prostituí por unas cuantas líneas de cocaína o marihuana, soy consciente de que siempre puedo ir y dar una mamada por algunas pastillas de anfetaminas. ¡Oh sí! Esas son las mejores, hacen que me elevé, toqué el cielo y allí me mantenga por un buen tiempo. —Sus manos taparon su boca a medida que se dirigía hasta el sofá, una vez allí apoyó sus codos en las rodillas y tomando su cabello, tiró de él sollozando.

Sentí lastima y odio por todo. Por él, por mí, por la vida de mierda que me tocó vivir y que yo misma me había creado… por todo.

Me acerqué hasta él y mi mano, por iniciativa propia, se levantó a la altura de su cabeza, más se detuvo sin llegar a tocarlo, quedando suspendida en el aire. Me obligué a quitarla ya que Edward no se merecía mi consuelo. Por supuesto que no.

—Lo siento… lo siento. Perdóname… perdóname. Yo… —Él alzó la mirada y advertí que sus ojos estaban rojos y cristalinos. Las lágrimas le caían hasta meterse dentro del cuello de su camisa—. Pero, ¿cómo es que…? Bella, ¿cómo es que tú-?, ¿drogas?, ¿prostitución? —Negaba con la cabeza constantemente, no pudiendo creerse mi confesión.

Mis ojos picaron nuevamente y en silencio, me largué a llorar sintiendo vergüenza de todas las bajezas que había cometido por primera vez, sintiendo que mi dignidad estaba maltrecha, justo ahí, en el suelo sobre el que todo el mundo pasaba.

Ahora, él tenía la excusa perfecta para desecharme completamente, y si alguna vez tuvo la esperanza de encontrar a aquella chica bonita a la que dejó tirada por estos lares, tras mi relato podía estar segura de que su regreso a Europa sería inminente.

—El día de hoy, te has enterado de que ya no soy la Bella que tú dejaste aquí, esa muchacha inocente y divertida que solo tenía ojos y sueños para ti ya no existe, esta es la vida real… mi vida. —Cerré mis párpados e inmediatamente sentí unas ganas terribles de ensartar algo en mi sistema, eso sería lo único que me ayudaría a sobrellevar las punzadas de dolor que mi corazón estaba sintiendo.

Me di la vuelta e inicié mi camino en dirección a la puerta, cuando de pronto, me vi envuelta entre sus fornidos brazos. Permanecí estancada en mi lugar, temblando ante la cercanía de su cuerpo y por el calor que este irradiaba. Sus manos me apretaron más mientras sentía como su pecho temblaba a mi espalda por los espasmos de sus sollozos. Su frente se apoyó en mi cabeza y lloró como si fuera un niño. Me permití descansar mis brazos en los suyos, ubicados sobre mi pecho y vientre.

Ambos llorábamos, entretanto él me apretaba a su cuerpo como si de eso dependiera su vida. Mis muros habían sido reducidos a ruinas, dejándolo hacer a su disposición.

—Perdóname Bella, por todo lo que te hice pasar. —Me volteó y tomó del rostro, quiso juntar nuestras frentes pero no lo permití y corrí mi rostro hacia un lado pues esto ya era ir demasiado lejos—. Es mi culpa, todo lo que tú eres ahora es mi culpa, yo… lo siento tanto, tanto… —Sostuve sus manos y sentí que aquel frío que siempre se apoderaba de ellas, desapareció en un santiamén al unir mi piel con la suya—. Pero no me importa, no me importa nada, ni lo que hayas tenido que… ¡Dios…! Yo puedo ayudarte, podemos buscar especialistas en algún lugar para que te enseñen a superar tu adicción. —Lo miré incrédula ante su verborrea, no podía creer lo estaba escuchando.

—¿Q-qué dices?, ¿piensas olvidar que me he prostituido? —Él asintió con la cabeza—. ¡Pues quizás a ti no te perturba, pero a mí sí! ¡Maldición! —Me solté de su agarre—. Todo lo que hice me afecta y mucho, me duele que todo el mundo hablé tanto de mí, como de mi familia cuando ellos no están aquí para defenderse. Fui yo quien quedó como una puta, como la basura de este pueblo y así, ensucié el nombre de mis padres y el de mi abuela Marie. —Aprisionó mis manos con desesperación, traté de que me soltará pero no lo conseguí.

—¡No! Te prometo que nadie volverá a mencionar algo malo de ti, no permitiré que eso suceda. Yo-yo… por favor, concédeme la oportunidad de reparar el daño que te causé, podemos… —Bruscamente, me solté de su agarre forcejeando con él y golpeando con mis puños su pecho.

—¡¿Tú qué te crees?! ¿Qué yo soy algo que se puede reparar así como si nada? —Edward negaba en silencio, pasándose las manos por la cabeza—. ¡Entérate! ¡Ya no tengo solución! —grité.

Esquivé su mirada que me perforaba con cada uno de los sentimientos que reflejaban. Las muecas de disgusto y dolor se mostraban con las palabras que le decía, hasta que sin poder advertirlo, me tomó con fuerza del rostro acercándome al suyo. Sin embargo, estaba tan acostumbrada a las golpizas de Jacob, que mi primer reflejo fue defenderme sosteniéndolo del cuello de su camisa y arañándole la piel de esa zona sin darme cuenta.

—Suéltame —susurré con mis ojos abnegados en lágrimas. Venir a verlo había sido un completo error—. Suéltame, por favor… —Mi voz quebrándose pareció hacerlo aflojar los dedos que sostenían mi rostro, pero se mantuvo igual de cerca o más que antes—. No lo hagas… —rogué casi sin voz. Edward apoyó su frente sobre la mía y cerrando los ojos dio paso a gruesas gotas.

—Fui una mala persona, Bella, y tarde me di cuenta del daño que te cause, aún así, quiero que sepas que yo-yo… lo pagué, de hecho aún lo hago y lo seguiré haciendo cada día de mi vida. —Tragó y vi el movimiento de su nuez de Adán—. Puedo entender si no… si tú… no me perdonas, porque yo jamás me perdonaré haberte abandonado y ocasionar que pasarás por toda esa mierda, pero realmente necesito tu perdón, porque aunque no lo creas, la única verdad es que no concibo mi vida, mi futuro, si no es contigo a mi lado… —Acercó sus labios a mi boca y habló en murmullos, causando que mis labios reaccionaran temblando—. Te amo, jamás dejaré de hacerlo y doy gracias Dios por haber hecho que ese sentimiento siguiera intacto en mi corazón… por favor… —Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo abrazando mis caderas, y dejando su frente en mi vientre, logrando que un sollozo escapará de lo más profundo de mi pecho—. Te ruego que me perdones, yo… —Su voz se quebró por enésima vez—. Yo pelearé por ti, contra quien sea, hasta con esa maldita droga si es necesario para sacarla de tu vida. —Ahora, su voz estaba teñida de entusiasmo y esperanza, pero lejos estaba yo de sentirme igual. Negué con la cabeza—. ¡Sí! Sí, lo haremos juntos, yo sé que lo lograremos… solo… por favor…

¿Qué había pasado? Hace un par de horas, resolví venir aquí por y con un propósito claro: sacarlo de mi vida completamente. Pero en mi interior, se estaba dando una batalla, mi corazón se enfrentaba a mi cabeza. El primero anhelaba querer juntar sus pedazos rotos para recolocarlos en su lugar automáticamente, a pesar de que mi cabeza le repetía una y otra vez que se olvide de eso.

Todo parecía estar cambiando en poco menos de una hora y no era eso lo que deseaba, no era eso lo que podía permitirme en mi vida de mierda. Entonces, sin decir nada, me solté de sus brazos y retrocedí tres pasos aguantando las ganas de echarme a correr.

Él me observó y en sus ojos distinguí a ese Edward que me dejó aquí hace dos años. Vi el sufrimiento y dolor que todo esto le estaba causando, tanto como me ocurría a mí. Sin embargo, era imposible olvidar que fui yo quien cargó la peor parte del asunto.

—¿Bella? —Sollozó aún de rodillas, desolado—. ¡Bella! —chilló en agonía cuando inicié mi marcha en dirección a la puerta—. ¡Isabella! —continúo gritando.

Salí lo más rápido que pude de su departamento y reparé en que una persona iba saliendo del ascensor. Era su padre: Carlisle. Al principio, no pareció darse cuenta de quién era yo, pero enseguida lo notó, primero, por la voz de su hijo llamándome desesperado y dos, por la expresión de asco que se instaló en su rostro al reconocerme. Por lo visto, él ya estaba al tanto de la persona en la que me había convertido. Me metí en el ascensor con la cabeza gacha y apreté el botón de la planta baja. Las puertas ya casi estaban cerradas, cuando el rostro desfigurado por el llanto de Edward se dejó ver, intentando abrir las láminas de acero con sus manos pero sin éxito.

—¡No, no, no! ¡Bella, no te vayas! ¡Por favor, no! —Escuché como golpeaba el metal.

Me abandoné al llanto abrazándome. Como autómata salí de edificio, sin saber siquiera hacia dónde ir, me sentía totalmente perdida, no tenía idea de lo que debía hacer. De repente, como un flash, un nombre pasó por mi cabeza, quizás sabiendo que él podría ayudarme.

Cuando llegué a su casa, el miedo me azotó y decidí que quizás no fue la mejor idea, por lo que me di la vuelta regresando sobre mis pasos.

—¿Bella? —Su voz sonó llena de alegría. Me giré pues ya no me atrevería a irme. No, ya no volvería a escapar. Solo bastó ver el rostro de quien siempre fue mi amigo para correr hasta sus brazos.

—¡Jasper! —murmuré en medio de mis lágrimas. Él me atrapo en sus brazos y me sostuvo muy fuerte como para no permitirme escapar.

—Nena… ¿qué pasa? Dios… ¿pasó algo malo?, ¿te duele algo? —investigó separándose de mí y chequeándome de arriba abajo, tratando de descubrir qué iba mal conmigo. Asentí a sus preguntas. Él hizo una mueca de susto y me apresuré a contestarle antes de que sacara conclusiones erradas.

—Pasa todo, Jasper, ocurre algo malo con la persona que más amé en mi vida y me duele el alma… yo… no sé qué me pasa, él… él sigue ocupando mi corazón por completo, Jasper, Edward sigue haciendo conmigo lo que quiere. Yo lo sigo amando como hace dos años. —Mi amigo rodeó mi cuerpo con sus brazos y me sostuvo mientras me llevaba a un banco de madera ubicado a un costado de la puerta de su hogar.

Permitió que llorara por un buen rato, hasta que finalmente me tranquilice y pude articular palabras coherentes, sin que las lágrimas me cortaran la voz.

—Relátame qué sucedió. Ustedes… ¿se vieron?, ¿te lo has encontrado? —Asentí.

—Ayer, su madre… Esme fue a mi casa. —Omití contarle que Jacob estuvo a punto de darme tremenda paliza, no deseaba que Jasper saliera a buscarlo como una vez lo hizo—. Estuvimos conversando y me suplicó que platicara con Edward, insistió en que solo escuchara lo que él tenía para decirme. También me pidió perdón, según ella, por haberme abandonado cuando la abuela Marie falleció. —Mi amigo prestaba atención a todo lo que mencionaba, me oía con su ceño fruncido pero sin interrumpirme. Luego, le di un vistazo y me aclaré la garganta—. Fui a verlo hoy, hablamos… bueno, más bien me descargué, le recriminé cada cosa que me hizo en estos dos años. —Él inhaló aire y lo retuvo para luego soltarlo de golpe.

—¿Y cómo te sientes ahora que le has sermoneado?, ¿le contaste lo que sucedió después?, porque… sí le explicaste en qué terminó todo, ¿verdad? —Con la cabeza gacha, asentí.

—Sí, finalmente Edward Cullen se enteró de que soy una puta drogadicta. —Jasper me tomó repentinamente del brazo y levantó mi mentón.

—¡Deja de decir esa mierda acerca de ti! Tú no eres… tú… —Le sonreí de manera cínica.

—¿Qué es lo que no soy? —Me paré y caminé de un lado al otro—. ¿Una puta o una drogadicta? —Él me miró mal—. Reconozcámoslo, soy ambas cosas Jasper, me prostituyó para conseguir droga cuando no tengo dinero, yo… —Mi amigo se puso de pie y me sostuvo entre sus brazos.

—¿Y él qué te respondió ante eso?, ¿te despreció?, ¿te echó de su departamento?, ¿te insultó?, ¿acaso le provocaste asco? —Negué mientras mis lágrimas caían como un torrente, recordando que en ningún momento hizo o comentó algo así. Sin embargo, su reacción resultó para mi mucho peor.

—No… me contestó que no le importa, que me acepta de la forma en que soy ahora y que si yo lo acepto, él puede ayudarme a salir de la droga, mencionó que conseguiría a los mejores especialistas. Repitió una y otra vez que me sigue amando y que solo anhela que le dé una oportunidad, pero Jasper, yo… —Él me levantó el rostro.

—¿Qué sientes?

—No lo sé. No quiero perdonarlo, no puedo… ya no quiero sufrir más. No debí haber ido a buscarlo, ahora estoy tan confundida… realmente no sé qué hacer.

—Bella, voy a hacerte una pregunta y quiero que me respondas con la verdad. —Lo observé con los ojos abnegados en lágrimas—. Tú, ¿lo sigues amando? —Un sollozo salió desde lo más profundo de mi pecho pues ya no podía seguir negándolo, no después de hoy.

—Sí, sí. ¡Maldita sea, sí! ¡Lo amo como hace dos años, o inclusive más! Jamás conseguí sacarlo de mi corazón, aun cuando él había dejado de quererme, yo seguí haciéndolo… pero no puedo, Jasper, simplemente no puedo olvidarme de todo lo que pase por su culpa.

—Shhh… no hace falta que me expliques nada… —Me consoló abrazándome. Asombrosamente, mi cuerpo no me exigía ninguna sustancia, simplemente quería desahogarse.

Luego de pasar un rato revolcándome en mi miseria, Jasper me hizo pasar alegando que sus padres habían salido. Fuimos a la cocina y allí me sirvió una porción de pastel de chocolate, mis ojos brillaron de antelación. La madre de Jasper preparaba las mejores tartas y además, mi estómago estaba pidiendo a gritos que le metiera algo. Cortó un trozo para él y ambos comimos en silencio hasta que se escuchó que abrían la puerta y mi espalda se puso rígida. Unos segundos más tarde, sus padres entraban a la cocina con una sonrisa en sus rostros.

Rápidamente, bebí un poco de la leche que Jasper me había ofrecido y me limpié la boca. El padre de Jasper, el Sr. Hale, era una persona que no se dejaba llevar por el qué dirán o por las opiniones que la gente tenía para conmigo, era una de las pocas personas en este pueblo a las que yo realmente estimaba. En cambio, la madre de mi amigo era otro cantar. Al verme, ella no hizo ningún amago de disimular su desagrado hacia mi persona, por el contrario, lo hizo más notorio al rebajarme con la mirada.

Observé incómoda a Jasper y advertí que estaba contemplando con hostilidad a su madre.

—¡Hola, Bella! ¡Qué bueno es verte aquí! ¿Qué hacían? —Su padre, como siempre demostrando su cariño, salió al rescate. Mi amigo suspiró y se paró de su silla. Saludé al Sr. Hale con un abrazo y él me estrechó con fuerza.

—¿Cómo se encuentra Sr. Hale?

—Oh… por favor, llámame por mi nombre, el Sr. Hale era mi padre, a mi me hace sentir demasiado viejo. —Me reí por sus ocurrencias y conseguí relajarme un poco. Le di un vistazo a la dueña de la casa y la saludé simple y secamente.

—Buenas tardes Sra. Hale.

—Buenas tardes… uhm… creo que iré a darme un baño, cuando baje comenzaré con la cena y…

—Hija, ¿te quedas a cenar con nosotros?

—¡No! —Iba a negarme cuando la misma madre de Jasper lo hizo por mí. Ante eso, mi amigo se colocó a mi lado y me paso un brazo por el hombro, observando a su madre con lo que se podía notar era claramente odio.

—En realidad, íbamos a cenar a la casa de Bella, ¿verdad? —manifestó dándome una ojeada para que lo siguiera con la mentira. Él era consciente de que tras la negativa de su madre, yo no me quedaría. Por lo que asentí—. Bien, solo permite que me cambie y vamos. Podemos llamar a los chicos, Rose esta con Emmett así que solo le mandaré un mensaje y de camino a tu casa, nos comunicaremos con Alice. ¿Te imaginas como se pondrá si no le avisamos nada? —bromeó antes de dirigirse a la puerta—, papá, ¿puedes quedarte un momento con Bella? —El buen hombre estuvo de acuerdo en tanto se sentaba en la mesa para terminar de comer el pastel que su hijo había dejado por la mitad—. Mamá, ¿puedes acompañarme? —Su madre lo siguió sin decir una palabra.

—Cuéntame, Bella, ¿se ha solucionado el problema de la parcela de tu abuela? —Asentí.

—Gracias por ayudarme con ese tema, no sabía a quién recurrir hasta que Jasper me comentó que usted había ofrecido los servicios de su abogado, realmente se lo agradezco.

—No tienes de qué preocuparte, Charlie era mi mejor amigo y si la situación fuera al revés y mis hijos estuviesen en tu posición, sé muy bien que él habría hecho lo mismo por ellos. —Estuve de acuerdo y un poco emocionada por sus palabras. Mierda, éstos últimos días lloraba como nunca—. ¿Estás buscando trabajo? —Lo miré atenta—. ¿Sabes? Estoy buscando una persona que pueda ocupar un puesto de cadete, ¿te interesa? —Era una oportunidad que no podía perder. Hasta hoy, nunca acepté ninguna de las ofertas que el Sr. Hale me había realizado, pero ahora me sentía diferente y sabía que un trabajo podría ayudarme.

—Me interesa.

—Bien, pasa mañana por mis oficinas, a eso de las 8 am y yo mismo te explicaré de qué se trata, ¿te parece? —Asentí, comenzando a disfrutar de un entusiasmo dentro de mí que hacía mucho no percibía.

Unos minutos después, abandonamos la casa de Jasper en dirección a la mía y en el camino llamamos a los chicos. Concluí que haber ido donde mi amigo terminó siendo una buena idea. Mis energías estaban renovadas y me asombro las horas de abstinencia que llevaba, de cierta forma, era raro pasar algún tiempo sin la necesidad de meterme nada.

¿Acaso sería posible que dejara esta porquería? Recibiendo la ayuda adecuada y dejándome auxiliar, por sobre todo. ¿Podría abandonar mis vicios? Edward… ¿él me apoyaría verdaderamente?

Edward POV.

Las palabras de mi padre eran demasiado duras y golpeaban mi corazón con fuerza. Pero me negaba a aceptar el tener que alejarme de Bella, no después de volver a verla y advertir claramente en sus ojos, que aún me amaba.

Carlisle se sentó junto a mí en el sofá y con cuidado, me pasó una mano sobre el hombro.

—Hijo, esa chica no está bien, tú no deberías involucrarte con ella, piensa que tu futuro… —Me levanté de golpe, negando fervientemente sus palabras con la cabeza.

—¡¿Mi futuro?! ¡Mi futuro es Bella! Solo ella… ella es todo lo que quiero —mencioné la última frase en un susurro.

Se escuchó el timbre de la puerta y corrí hacia ella. Quizás Bella había vuelto.

—Mamá… —hablé con un notable tono triste en mi voz al reconocerla.

—¿No te agrada verme, hijo? —interrogó mientras ingresaba a mi departamento.

—No es eso, solo… creí que eras otra persona. —Ella estaba a punto de entrar en la sala, cuando volteó a verme con sorpresa.

—¿Quién?, ¿quién pensaste que era? —preguntó más interesada de lo habitual.

—Bella, ella… ella vino a verme hoy, quería hablar conmigo, mamá ella… —Justo cuando iba a contarle lo ocurrido, mi padre se acercó a ver con quién estaba hablando.

—¿Esme?, ¿qué haces aquí?

—¿Tú, qué estás haciendo aquí?

—Vine a ver a Edward para hablar sobre un proyecto que tengo con la firma Hale, pero al llegar me encontré con una desagradable situación. —Lo miré mal, sabiendo que se refería a Bella cuando señaló la desagradable situación—. Esme, cariño, debes hacerle entender a nuestro hijo que le conviene alejarse de esa… niña, ella no es buena compañía para él en estos momentos. —Se acercó hasta mi madre y le habló con un tono de voz que hacía parecer que mencionar a Bella era tocar un tema sumamente peligroso—. La chica se droga, su reputación y fama están por el piso, no trabaja, no estudia. ¿Cómo es que se mantiene? En el pueblo se considera que lo que gasta en comida y en sus porquerías viene de procedencia dudosa y… —No aguanté más sus críticas y me lancé contra él, tomándolo de las solapas de su saco.

—¡Cierra la maldita boca! ¡No te atrevas a referirte a ella se esa forma, tú no sabes nada! —Lo solté con fuerza y caminé hasta mi habitación, cerrando la puerta de un portazo.

¿Cómo se atrevía a hablar de Bella de esa manera y sin saber lo que la llevó a terminar así? ¡Maldición, era mi culpa que ella estuviera en este estado! ¿Qué pensaría si se enterará de que su situación era por mi causa? A quién quería mentirle, mi padre siempre encontraría una razón para justificar que yo no era responsable por ella. Él jamás vería esta maldita realidad del mismo modo que yo.

—¡Edward, hijo! —Mi madre entró como un terremoto a mi cuarto—. ¿Por qué has tenido esa actitud hacia tu padre?

—¿Es qué acaso piensas que iba a permitir que dijera esas cosas de Bella? ¡No! Nadie más volverá a insinuar nada de su condición en mi presencia, voy a pasar por encima de cualquiera por ella, inclusive mi padre si intenta alejarme de su lado. —Mis ojos comenzaron a picar y sentí claramente como se llenaban de líquido salino. Me senté en el borde de la cama y jalé mi cabello con desesperación—. Mamá, hoy pude comprobar que Bella me sigue amando… ella… no puede perdonarme así de fácil, pero me ama, lo vi en su mirada y me prometo aferrarme a esa esperanza, no volveré a dejarla sola. Le ofrecí mi ayuda para tratar su adicción y… —comenté con entusiasmo, entonces mi madre me interrumpió.

—¿Ella te contó todo?

—Si te refieres a su… forma de conseguir dinero, pues sí, también me confesó eso. —Tomé aire y una lágrima se escapó ante la agonía que me producía ese hecho—. No te voy a negar que me dolió saberlo, pero sé que fue por mi falta que ella acabó haciendo esas cosas… Bella jamás habría pasado por todo eso si yo cumplía mis promesas o si me hubiese preocupado por la abuela Marie cuando me enteré de su enfermedad. En ese momento, me importaba poco lo que pasaba a mí alrededor, me había olvidado de mi razón de vivir, el brillo de la noche consiguió nublar mis sentidos y las consecuencias de eso fueron nefastas: perdí a mis amigos y a Bella. Juré amarla por sobre todas las cosas y no lo cumplí, la lujuria y el sentimiento de sentirme poderoso me hicieron cometer la peor de las bajezas… traicioné su confianza, ensucié y contaminé nuestro amor y ella lo vio. —A estas alturas mi corazón estaba completamente desgarrado y las compuertas de mis ojos se abrieron libremente—. Bella contempló en primera fila como pisoteaba su corazón que era mi tesoro más preciado y al final, lo cambié por treinta monedas de plata… —declaré sarcástico. Mi madre me observó confundida, también sollozando—. ¿Sabes lo que eso significa?

—Hijo… creo que estás cansado y…

—Judas Iscariote traicionó y vendió su amistad con el hijo de Dios por treinta monedas de plata, en ese tiempo no era mucho dinero, pero la cantidad era significativa pues demostraba el poco valor que le otorgaban a Jesús y el desprecio que sentían por él…

—¿Y eso que tiene que ver con Bella?

—Es que yo fui igual a Judas, substituí nuestro amor por cosas banales, sin valor y despreciables, por noches asquerosas. —Tragué el nudo en mi garganta—. La reemplacé a ella por otra mujer y eso me convierte en un ingrato de mala calaña y aunque ella me disculpe, soy yo el que jamás podrá perdonarse a sí mismo. —Ella me abrazó y lloré libremente por un largo tiempo.

Luego de un rato, mi madre me dejó acostado sobre mi cama.

—Voy a apoyarte en todo, hijo, si tú peleas por y junto a Bella, yo iré detrás de ambos cuidando de sus espaldas, no bajes los brazos y recupera su amor, vuelve a darle alegría a su existencia… devuélvele su vida. —Sus palabras me hacían desear pelear por ella con mucho más fervor, me daban el ánimo que necesitaba.

—Ten por seguro que lo hare mamá, Bella volverá a mi lado y será mi futuro entero en muy poco tiempo, repararé su corazón, así tenga que arrancarme el mío y ponerlo en lugar del suyo —declaré con total convicción.

Cerré los ojos y sentí un beso en mi frente.

Mañana.

Mañana comenzaría con mi trabajo, esperaría a la salida de un nuevo sol para iniciar con la ardua tarea de remediar todo el daño que le había causado a mi Bella.


Bueno... aqui el cap 4 de este hermoso fic... uno de mis preferidos. que les parecio... ¿que harian ustedes en el lugar de Bella? ¿perdonan o no a edward? ¿lo hacen sufrir un poco más? dejenme saberlo...

nos las jodo más... un besote a todas y gracias por sus reviews.

nos leemos pronto.

se las quiere

***Gis Cullen***