Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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Capítulo 5: Retomando la vida

Puedo forzar una sonrisa, puedo bailar y jugar

Si eso es lo que me pides.

Darte todo lo que soy, puedo hacerlo.

Pero soy humana,

Y sangro cuando me caigo

Soy humana

Me golpeo y me quiebro, tus palabras en mi cabeza,

Cuchillos en mi corazon.

Me levantas y luego me vengo abajo

Porque soy humana.

HUMAN – CHRISTINA PERRI

Bella POV.

Hacia dos días que no consumía, y sorpresivamente mis manos estaban quietas, los temblores no aprecieron y mi apetito se habia hecho presente. Estaba extremandamente delgada, por lo que este echo me resultaría benéfico para ganar algo de peso.

Habia comenzado a trabajar con el padre de Jasper. A pesar de mi falta de "amor" por los chicos, ellos se habían mostrado encantados con la noticia. Y supongo que se alegraban de que hubiera comenzado a trabajar estando libre de alguna mierda en mi organismo.

Lo de llevar papeles de una empresa a otra se me daba bien ya que no me gustaba estar encerrada en un solo lugar, y este trabajo era el ideal para mí, más cuando no tenía que salir del pueblo, o como mucho viajar hasta Port Angeles, como hoy, por lo que necesité mi camioneta, Port Angeles no quedaba cerca.

Me habia visto obligada por Alice a usar la ropa que ellos me habían regalado, alegando que así no le daria motivos a nadie de decirme que no iba presentable a mi primer día de trabajo.

Cuando en la mañana había llegado al estudio del señor Hale, no había prestado atención a la dirección de la empresa, que estaba apuntada en el primer sobre de oficio marrón que estaba sobre las tres carpetas que debía entregar, más el paquete de tamaño medio que descansaba en el asiento de acompañante de mi camioneta, ni siquiera sabía cómo se llamaba la empresa. Sólo tomé todo lo que habia que llevar y salí del estudio, yendo a Port Angeles.

Mientras iba llegando a la cuidad, tomé el sobre donde estaba apuntada la dirección y el nombre de la empresa.

Cullen & Asociados.

Pegué un volantazo que casi me hace descarrilarme. Quise darme la vuelta y volver por el mismo camino, pero no podía. Mis piernas estaban petrificadas, al igual que mis manos, y el rumbo de la camioneta siguió hasta estacionar frente al edificio.

No podía echarme para atrás justo ahora. No, no podía, el señor Hale confiaba en mí y yo no iba a defraudarlo por mis miedos a encontrarme al cabrón de Edward.

Edward.

No había tenido noticias de él desde hace dos días, no es que estuviera esperando que se apareciera por mi puerta, no, pero me sorprendió que no hubiera hallado alguna forma de acercarse a mí y no sabía porqué, pero en el fondo, muy en el fondo de mi maltrecho corazón, su desinterés me desilusionaba, pero nunca lo admitiría, lo agradecía, porque no estaba preparada para verlo.

Llevo quince minutos estacionada frente a las puertas de la empresa Cullen. Nunca la había visto. Cuando Edward y yo eramos novios nunca habíamos venido aquí. Era un edificio de cinco pisos, revestido en su mayoría con paneles de vidrio blindado color negro, reemplazando las típicas paredes de hormigón. A pesar de ser un edificio pequeño, era imponente, lo magistral del nombre que se alzaba sobre las puertas de cristal negro tenía un aire intimidante. Yo me encontraba completamente intimidada.

¿Cuántas eran las posibilidades de encontrarlo? Tal vez no estaba, o tal vez estaba en una reunión. Sólo debía entrar y dejar las carpetas y el sobre en recepción, ellos se encargarian de hacerlas llegar a quien correspondiera.

Decidí llamar a Jasper.

—¿Hola? —respondió al primer tono.

—Jas… yo… —¡Diablos! Estaba tan nerviosa que ni siquiera me salían las palabras.

—¿Bella, estás…? —dijo alarmado, pensando que estaba drogada.

—¡No, joder! No es eso… Sólo necesitaba escucharte.

—¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Estás bien, te duele algo?

—Sí, no es nada de eso…

—¿Entonces? ¡Hablame de una vez, que me tienes arañando las paredes! —Suspiré y recargué mi frente en el volante mientras le hablaba por el celular.

—El estudio me mandó a entregar unas carpetas con un sobre a la empresa de Edward, y hace casi vinte minutos que estoy estacionada frente a la puerta y no puedo salir. —Mi voz tembló—. Tengo miedo de encontrarlo.

—Entiendo… pero tal vez ni siquiera te cruces con él, es un edificio razonablemente grande, su oficina está en el último piso, no creo que lo veas. —Asentí como si lo tuviera frente a mí.

—Sí, tienes razón. Entro, dejo las carpetas y el sobre y salgo rápido, es fácil. Gracias Jas.

—No hay de qué, recuerda que puedes llamarme cuando quieras y a cualquier hora.

—Lo sé, gracias —dije dejando escapar un suspiro y poniéndome derecha, mirando hacia las puertas negras de vidrio.

—Ya, deja de dar las gracias, tú harías lo mismo por mí, ¿verdad?

—¡Por supuesto!

—Bien, entonces adiós y llámame cuando salgas de allí.

—De acuerdo, adiós. —Corté la llamada y tomé las carpetas y el sobre.

Estaba dejándome llevar por el valor que las palabras de Jasper me habían dado, pero estaba más que segura que apenas entrara en el edificio, el maldito me abandonaría.

Ni bien habia puesto un pie dentro de Cullen & Asociados, el puto valor salió huyendo de mi cuerpo.

Miré a todos lados y sólo había una chica rubia detrás de un gran escritorio de vidrio, ¿es que todo era de vidrio?

La chica se percató de mi presencia y se sorprendió de verme parada en la entrada, para luego formar una mueca de disgusto. Aclaré mi garganta y caminé a paso lento hasta donde estaba.

—Buen día —dije y ella reacomodó sus lentes.

—Buen día, ¿en qué puedo ayudarte? —Su chicle se movía dentro de su boca de un lado a otro, impidiéndole gesticular bien las palabras.

A mí en nada, perra, me dije mentalmente, queriendo soltar precisamente esas palabras.

—Soy cadete del estudio Hale y vengo a dejar estas carpetas, eso es todo… —Dejé las carpetas sobre el mostrador y caminé hacia la puerta.

—¡Oye, espera! —Maldije en voz baja dándome la vuelta. Ella tenía el sobre en sus manos mientras lo leía—. Estas carpetas son para la secretaria del gerente, yo no puedo recibirlo, tienes que subir al quinto piso y preguntar por Sophie. —Negué con la cabeza.

—No, ¿tú podrías…

—No, lo siento, pero no puedo dejar mi puesto de trabajo para hacer algo que no me corresponde —dijo satisfecha la muy cabrona. Le arrebaté las carpetas de las manos, tomé el sobre de su escritorio, tirando algunos papeles, y me dirigí hacia la puerta de los ascensores.

Había uno libre, por lo que subí y marqué el número cinco.

Ya dentro, y cuando las puertas se cerraron, sentí mis piernas flaquear. ¡Dios mío! Iba al piso donde estaba su oficina. Traté de tranquilizarme y me maldije por no poder hacerlo y sentir cómo mis manos comenzaban a temblar. Quise llorar porque hacía dos días que no sentía ese temblor y justo ahora mi cuerpo venía a pedir su dosis. Suspiré y tomé aire, intentando tranquilizarme de cualquier forma. Lo haría en silencio y sin levantar la voz, así Edward no me escucharía.

En un abrir y cerrar de ojos las puertas del ascensor se abrieron, dejando a la vista un gran espacio iluminado. A un costado estaba una chica menuda que escribía el teclado de una computadora. Las puertas se cerraban y al fin pude salir de mi ensimismamiento, saliendo del ascensor antes de que se cerraran las puertas. Caminé despacio hacia la chica y pude darme cuanta de que frente a ella habia una puerta de madera de doble hoja en color bordo, parecían puertas antiguas, se podría decir que no encajaba con la decoración del edificio, pero no era así.

Supuse que allí estaría Edward. Las puertas del ascensor se cerraron y éste comenzó a bajar.

—Hola… —La voz de la chica hizo que dejara de mirar las puertas fijamente.

—Hola, necesito entregar estas carpertas a Sophie, vengo de Estudios Contables Hale. —La chica suspiró y estiró sus manos con gran impaciencia hacia las carpetas, al parecer estaba esperándolas. Se las entregué y ella me sonrió, una sonrisa que no pude pasar por alto.

—Gracias, las necesitaba con urgencia para los balances de este año. —Me miró frunciendo su ceño—. ¿Por qué hablamos en voz baja? —No me había dado cuenta de que había estado haciéndolo.

—Lo siento, es que deben estar trabajando y no quiero…

—¡Oh, qué considerado de tu parte! Pero descuida, el señor Cullen no se encuentra, hoy vendría tarde. —Cerré los ojos, suspirando y relajando mi cuerpo.

—Bien, en ese caso me alegro. —Solté una risita y aclaré mi garganta—. ¿Está todo bien? —La chica asintió—. Entonces me marcho, un placer, Sophie.

—El placer es mío, la próxima ves que llame al estudio pediré que te manden a ti y hablaré de tu buena educación —dijo sonriendo—, ¿cuál es tu nombre?

—Bella —dije sonriéndole de forma genuina. La chica me caía realmente bien.

—Genial, pues entonces adiós, Bella.

—Adiós, Sophie. —La saludé con la mano y me dirigí hasta el ascensor. Apreté el botón para llamarlo y me di cuenta de que éste subía, por lo que esperé.

Miré a mis pies y moví los dedos dentro de mis Converse. Ojalá cuando llegara al estudio, tuvieran algo para entregar, no quería quedarme dentro del estudio.

Hoy sorpresivamente el sol se dejaba ver en toda la costa.

Cuando el sonido del acensor me advirtió que había llegado al piso, esperé que se abrieran las puertas. Estaba sumamente contenta hoy y esperaba que así terminara mi día. Cuando las puertas se abrieron, me metí dentro sin darme cuenta de que había alguien, por lo que choqué de lleno con un formido pecho.

—Lo siento… —dije levantando mi mirada, observándolo y maldiciendo mi mala suerte.

El cuerpo entero comenzó a temblarme. Pero no era ese temblor que sentía cuando necesitaba drogarme. No, más bien era por pura y primitiva reacción al sentir cerca el cuerpo de Edward. Y sentir cómo me sostenía con sus brazos y me abrazaba con sus ojos no me hacía la tarea de reaccionar mucho más fácil.

Sus manos comenzaron a temblar encima de mis brazos y por un momento las senti apretar aquella zona. Sus ojos me mantenían atada a su mirada. Había imaginado salir de este lugar airosa y sin problemas, pero todo había arruinado.

Alguien detrás del cuerpo de Edward se movió por nuestro costado y sostuvo las puertas del ascensor para que éstas no se cerraran.

—Suéltame —pedí sin bajar la mirada.

—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo con felicidad en su voz, eso fue suficiente para salir del trance en que él me había dejado.

—¡Suéltame! —exclamé con brusquedad. Me solté de su agarre e hizo el amago de tomarme las manos, pero se arrepintió—. Vine a dejar unas carpetas para Sophie… ahora trabajo para el padre de Jasper, el señor Hale. —Asintió sin dejar de mirarme.

Me metí más dentro del acensor y él se quedó frente a mí.

—Señor Cullen, las puertas…

—Deja que se cierren. —Le dijo al chico sin dejar de mirarme.

—¡No! ¡Maldición, Edward! —murmuré mientras veía cómo las puertas se cerraban—. ¿Qué pretendes? —grité empujándolo, él tomó mis muñecas e hizo que mi pecho se pegara al suyo.

—¿Qué pretendo? ¿Es que acaso no te das cuenta lo que pretendo, bebé? —Escuchar ese apodo tan íntimo hizo que mis piernas se debilitaran. De esa forma me llamaba cuando estábamos juntos—. Me mantuve alejado porque sabía que lo necesitabas y tenías que procesar las cosas, pero estoy con el corazón en mis manos, rogándote algo de tiempo para que me dejes solucionar lo que hice y…

—¿Es que después de tanto tiempo te has vuelto un idiota? ¿Acaso los flash de las cámaras te quemaron las neuronas? ¿Qué parte de "no quiero saber nada de ti" no entiendes? —Sus manos me soltaron y él se alejó hasta tocar el botón de seguridad del ascensor, logrando que éste se detuviera—. ¿Qué mierda haces? —grité intentando llegar hasta el botón, pero sus brazos me acorralaron contra las puertas—. Suéltame… —susurré al sentirlo en toda la expresión de la palabra.

Su frente se apoyó en la mía y tuve que apretar las solapas de su saco con mis puños para retener el sollozo que pugnaba por salir.

—¿Por qué me haces esto? —dije atragantada por las palabras y el nudo que se había formado en mi garganta.

—Porque te amo… porque necesito que me perdones, porque fui una mierda de persona contigo y quiero sentir que aún tengo una oportunidad. Necesito que me necesites, quiero recuperar tu confianza y tu lealtad, pero sobre todo quiero recuperar tu amor. —Él secó las lágrimas que salían de mis ojos con sus labios y fue bajando cada vez más, hasta quedarse a centímetros de mis labios.

—Y crees que con palabras bonitas logras todo eso, ¿verdad?

—Por supuesto que no, lo haré con hechos, pero para eso necesito que tú me dejes —respondió sobre mis labios.

Mis fuerzas estaban haciéndose trizas, su voz y la mirada que sus ojos me transmitían era algo tan genuino que por un momento pensé que el que hablaba era el Edward del que me había enamorado.

—No puedo hacerlo —dije negando con la cabeza—, volverás a lastimarme y no lo superaré jamás. —Negó con desesperación y sus brazos me sujetaron con más fuerza.

—No… no, lo juro. Pídeme lo que quieras y lo haré para probarte que puedes confiar en mí, pídeme lo que sea y lo haré, lo juro… lo juro… —Y sin esperar más sus labios acariciaron los míos de forma lenta y delicada, como reconociendo su territorio abandonado. Mis manos fueron subiendo hasta su cabello y con mis puños lo tomé en dos manojos, jalando y atrayéndolo más hacia mí.

Mi cabeza se había bloqueado y sólo me dejaba llevar por la imperiosa necesidad que mi corazón me demandaba. El beso se tornó desesperado y hambriento. Nuestras lenguas se acariciaban con deliciosos masajes. Hace mucho que no recibía un beso como este, para mayor seguridad, desde que él se había marchado.

El beso transmitía todos nuestros sentimientos y eso me hizo dudar.

¿Qué pensarían Jasper y Emmett?

Nos separamos por falta de aire, pero sus labios siguieron repartiendo besos en mi mejilla, mandíbula y cuello.

—Tengo que irme. —Fue lo único que pude decir para librarme de la situación.

—¿Lo pensarás?

—Necesito irme o me despedirán del trabajo, necesito este empleo y…

—No, no lo necesitas, yo pudo ayudarte y… —Lo miré frunciendo el ceño.

—¿Perdón? Todo este numerito fue por eso, ¿verdad? ¿Quieres convertirme en tu puta y pagar por mis servicios? —Me reí con burla—. Eres un desgraciado, Cullen…

—¡No! ¿Cómo puedes pensar una cosa así? Me has mal interpretado, Bella, lo único que quiero es ayudarte, si quieres hoy o mañana mismo nos reunimos con la doctora Denali, ella te ayudará con… con tu… —Negué con la cabeza.

—¿Qué mierda? ¿Quién mierda es la doctora Denali? ¿De qué diablos estás hablando? —Se separó un poco de mi cuerpo y se encogió de hombros, pareciendo avergonzado.

—Es una amiga de mi madre que es psicóloga, ella y su familia tienen una clinica de… de rehabilitacion —dijo mirandome de refilón—, hablé con ella y me aseguró que puede ayudarte si… —Antes que terminara de hablar pudimos escuchar como golpeaban las puertas del acensor en la planta baja.

—Aprieta ese puto botón y deja de joder, yo no necesito nada tuyo.

—¡Es mi jodida empresa! Que esperen… Bella, por favor déjame ayudarte, Carmen es una excelente doctora, ella y su familia pueden ayudarte, por favor…

—Escucha, yo no…

—No, escuchame tú… esta es una oportunidad que mi madre y yo te ofrecemos, y…

—¿Tu madre?

—Sí, hablé con ella luego de la otra vez, le conté lo que te había ofrecido y le pareció bien, ella me recomendó a Carmen. —Agaché mi mirada, incapaz de sostenerla. Si había hablado de lo ocurrido entre los dos, significaba que con su madre no se guaradaba nada, algo tan profundo como lo que pasó la otra noche no es algo que pueda ir contándose. Además, sorpresivamente yo confiaba en Esme—. Bella…

—Hablemos abajo, estoy sintiéndome claustrofóbica. —Sus ojos se abrieron como platos al escuchar mi aprobación para que habláramos.

En seguida apretó el botón para dejar ir al acensor y este hizo un leve ruido, comenzando a bajar. Pasaba sus manos por su cabello, intentando peinarlo, pero sólo lograba que se volviera aún más salvaje. Al parecer aún conservaba esa manía.

Al abrirse las puertas del ascensor salí como alma que lleva el diablo sin mirar a nadie. Sus caras eran de puro enfado, pero pude percibir que luego, al darse cuenta de quién más estaba adentro, sus rostros esquivaban al hombre que seguía detrás, haciéndose los idiotas.

Podía escuchar lo pasos de Edward mientras me encaminaba a mi camioneta.

Saqué las llaves del bolsillo de mi chaqueta, y antes de abrir la puerta, volteé a mirarlo y que me dijera qué pretendía.

—Bien, dime. ¿Quién te ha dado el derecho de meterte en mi vida de esa forma?

—No estoy metiéndome en tu vida, Bella.

—¡Sí, estás haciéndolo! Sigues jodiéndome la vida, todos los días, cada puto día. —Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Joder! No recordaba lo sensible que podía ser.

—Yo… yo sólo quiero ayudarte, sólo quiero demostrarte que puedo ser el Edward del que te enamoraste. —Me miró a los ojos y me maldije mil veces por corresponderle la mirada, porque sabía que al hacerlo corroboraría que decía la verdad—. Mi madre también quiere hacerlo, Bella. Ella quiere ayudarte, se siente muy mal, ella se recrimina el haberte dejado y…

—¡No! Tu madre no tiene nada que ver, ella no tiene la culpa de nada… Hablaré con ella y le aseguraré que no tiene porqué sentirse mal.

—Bella, por favor, déjanos ayudarte de la única forma que podemos, yo… mira, si tú estás más tranquila, puedes ir a la clínica por las tardes y…

—Necesito el trabajo que tengo ahora, no quiero perderlo, el señor Hale confía en mí y no voy a fallarle —dije queriendo poner la mayor de las excusas, porque sabía que ya no tenía cómo rebatirle. Él estaba acabando con todo mi autocontrol.

—Estoy seguro que Hale sabrá comprender, él te quiere como si fueras su hija y estaría muy contento de saber que ingresarás a rehabilitación… hablaré con él para que te guarde el trabajo y…

—¡No, eso lo haré yo! Ya no quiero que sigas entrometiéndote.

¡Joder! Le había dado lo que había estado queriendo escuchar. Su sonrisa se extendió por toda su cara y sus ojos brillaron de emoción al escuchar que aceptaba ir a rehabilitación.

Me metí en la camioneta, y antes que cerrara la puerta, habló:

—Apenas salga del trabajo iré a tu casa, la clínica está abierta hasta las diez de la noche, ya sabes, por los casos de los chicos que ingresan a rehabilitarse. —Asentí no muy segura.

—¿Dónde queda la dichosa clínica? —pregunté temiendo que tuviera que viajar.

—Aquí en Port Angeles, debes conocerla, es muy famosa y…

—No me digas que es esa maldita clínica a donde van todo los hijos de las personas con plata. ¡Joder! Eso ha de costrate un dineral. —Negó efusivamente con la cabeza.

—Tú no te preocupes por eso, sólo debes preocuparte por tu recuperación y hacer todo lo que se te dice. —No dije nada por un minuto, intentando procesar lo que estaba pasando.

Repetí en mi cabeza como un mantra que todo esto era por mi bien, y para limpiar el nombre de mi familia, que ya estaba por los suelos. Quería recuperar a mi amigos completamente y no temiendo estar con ellos y que al momento siguiente me entrara un ataque de ansiedad y terminara inhalando cocaína o tomando alguna pastilla de mierda. Sí, quería ser mejor para ellos.

Miré a Edward y el sol le daba de lleno en el lado izquierdo de su rostro. El hijo de puta estaba hermoso en traje y lograba que por mi cuerpo corriera una especie de electricidad placentera.

Yo valía la pena, yo merecía esta oportunidad que él y su madre me estaban dando. Lo necesitaba. Necesitaba salir de toda esta mierda en la que me había sumido por desesperación. Si bien Edward tuvo parte de la culpa, ahora me daba cuenta de que no podia vivir el resto de mi vida culpando a los demás, era mi vida y yo debía cuidar de ella. Yo y nadie más.

Sin esperárselo, le sonreí y arranqué la camioneta.

—Te espero en casa. —No le dirigí más palabras y salí pitando del lugar. Mis nervios estaban matándome. Tenía que hablar con el señor Hale y explicarle mi nueva situacion, sólo rogaba que me comprendiera.

También necesitaba hablar con los chicos. Sí, eso era lo primero que debía hacer, debía hablar con ellos antes que con el señor Hale.

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—¡No, no y no! —gritaba Emmett, caminando en mi sala de un lado a otro—. No puedes aceptar su ayuda, estoy seguro que él querrá aprovecharse de la situación y… —Todos lo miraron con cara de querer matarlo.

—Emmett, tú sabes que aunque nosotros quisiéramos, no está en nuestras posibilidades ayudarla de esa forma, esa clínica es lo mejor que hay en este país y si es recomendada por Esme es porque debe ser así, a mí tampoco me gusta que Edward esté detrás de todo esto, pero si no es por esa ayuda, Bella no podria ingresar en la clínica, es lo mejor para ella. —Miré a Jasper y le sonreí.

Realmente quería esto, estaba muy decidida, y sorprendentemente mi cuerpo no anhelaba ninguna puta sustancia maligna.

Las chicas se mantenían muy calladas y eso era algo raro, ya que ellas eran de hablar mucho y estaban presentes en todas las conversaciones. Pero hoy, cuando los había llamado a todos, en un principio se habían sorprendido y luego preocupado, pero en menos de media hora todos estaban en mi casa.

—¡Es que él va a tomar ventaja! ¿Por qué nadie me hace caso?

—¡Basta, Emmett! —gritó Rosalie, poniéndose de pie para luego caminar hacia su novio y depositar un beso en su boca—. Esto es una decision que depende de Bella, ni tú, ni yo, ni Jasper podemos oponernos a lo que ella decida… cálmate y preguntémosle a Bella qué es lo que quiere hacer. —Ella se dio la vuelta y me miró—. ¿Bella? —Tomé aire y me froté las manos.

—Todos saben que… —No pude seguir hablando cuando varios golpes en la puerta me interrumpieron.

Antes de poder incorporarme, Alice fue corriendo a abrir. Todos la vimos retroceder y acto seguido un Edward sonrojado se hacia presente en la sala.

Sus ojos miraron en todas direcciones, escaneando los rostros de todos los presentes. Cuando su mirada se posó en mí, aunque no quise, las comisuras de mis labios se elevaron. Pude notar que todos los que estaban en la sala pudieron sentir que el amor, el maldito y doloroso amor, se hacía presente entre nosotros dos. Tan vivo y candente como hace dos años, como si nunca hubiera pasado el tiempo.

—¡¿Qué diablos estás haciendo aquí?! —La estridente y nerviosa voz de Emmett resonó en toda la casa.

Me levanté, rompiendo cualquier encanto que tenía sobre mí el jodido de Edward, y me coloqué delante de Emmett, intentado hablar.

—Emmett, yo…

—¿Qué está pasando, Bella? ¿Ahora él viene aquí como si nada, y tú lo dejas hacer a su antojo y manejar todo como disponga? —Negué con la cabeza.

—Emmett…

—No, está bien Jazz, entiendo lo que puede interpretar con esta situación de mierda, pero… yo sólo… —Suspiré frustrada por la reacción de Emmett. Él era mi amigo, no quería que pensara mal de todo esto, debía hacerlo entrar en razón y convencerlo de que todo era por mi bien—. Sólo quiero volver a lo de antes, dejar de preocuparme por lo que dice la gente del pueblo…

—¡No! Bella, te lo prometí a ti y ahora se lo prometo a todos ellos… nunca nadie volverá a hablar mal de ti, lo haremos juntos. Lucharé junto ti contra esa mierda. —Miró a todos—. Emmett, sé muy bien todo lo que hice y aún hoy estoy pagando con creces, los alejé de mi lado y me dejé cegar por un mundo al que no pertenezco. porque después de haber hecho el daño que les hice a todos, me di cuenta a dónde verdaderamente pertenecía, y te puedo asegurar que me odié, y lo sigo haciendo, por no haber estado cuando más me necesitaron. —Me miró y se acercó hasta quedar delante de mi rostro—. Cuando tú más me necesitaste no estuve, te di la espalda. Me arrepiento y daría todo lo que tengo por haberte ahorrado una pisca del sufrimiento por el que tuviste que pasar. —Sus dedos acariciaron toda la extencion de mi mejilla y su palma acunó mi rostro. Cerré los ojos, teniendo una sensación de paz y serenidad que hacía mucho no sentía.

—Te llamamos muchas veces, Edward, y yo misma quise comprobar que no podía ser verdad en lo que te habías convertido. —Por primera vez hablaba Alice, y se refería a la vez que había hablado con él.

Edward la miró y agachó la cabeza, sintiéndose miserable. Cualquiera que no estuviera ciego podía ver cuán desgraciado estaba en estos momentos.

—Lo se, y lo siento… de veras lo siento enana… —No terminó de hablar, pues el pequeño cuerpo de Alice se impactó contra el de Edward en un gran abrazo. Edward la envolvió en sus brazos y ambos quedaron fundidos por un tiempo. Rosalie los miraba con una cálida sonrisa, como estuviera esperando su turno. Las entendía, se habían reencontrado con su viejo amigo.

Jasper los miraba sin expresión alguna, mientras Emmett a leguas se podía ver que se estaba conteniendo para no gritar.

—¿Por qué tardaste tanto en volver? —dijo Jasper, Emmett lo miró frunciendo el ceño.

—Porque no me daba la cara para enfrentarlos, porque ya no aguantaba estar alejados de todos, alejado de ti, Bella —dijo lo ultimo mirandome. Me puse como un puto tomate y desvié la mirada.

—Le fuiste infiel a Bella, la engañaste delante de todo el mundo, aún sabiendo por lo que ella estaba pasando tú te pavoneabas delante de las cámaras sabiendo que ella podía verte. —Alice y Rose miraron mal a Emmett, para después mirar a Edward y luego a mí, en espera de una reacción. Yo sólo miraba los ojos verdes de Edward, necesitaba saber el porqué.

—Tú lo dijiste el otro día Emmett, me había convertido en un asco de persona, en un monstruo sin corazón, y estaba cegado, tenía una venda sobre los ojos y dejé que muchas otras personas decidieran por mí, puse en manos de cualquiera mi relación con Bella. —Él me miró y sus ojos estaban nublados con lágrimas—. Lastimé al amor de mi vida de la peor forma, la engañé por mucho tiempo, hoy siento que no soy merecedor de su amor, tuve mi oportunidad y la pisoteé, pero… —Emmett negó con la cabeza.

—Bella, nena, has lo que tu corazón sienta y yo te apoyaré en este tramo que comenzarás, y sé que te recuperarás, eres una persona fuerte, y te quiero… —Miró a Edward—. Pero mi opinión sobre ti no cambia, así que asume las consecuencias de tus actos en lo que a mí respecta. —Y salió de la estancia sin mirar atrás.

Mi labio inferior tembló y tuve que sentarme para no caer. No quería que Edward y Emmett terminaran de esa forma. Toda esta mierda era mi culpa, pero me negué a caer en lo mismo de siempre y dejar que los problemas que pasaban a mi alrededor me sobrepasaran, tanto que debía recurrir a drogarme. No, esta vez lo haría de otra forma.

Miré a todos los presente, y suspirando me puse finalmente de pie.

—La clínica a donde vamos pertenece a una amiga de mi madre, ella y su familia trabajan y administran el centro, Bella. —Lo miré—. Si necesitas estar más en… confianza, puede ir cualquiera para acompañarte y…

—¿Tú no irás?, pensé que… —Negó de manera apresurada, pero pude ver como sus ojos cambiaban con un brillo especial, un brillo muy conocido como esperanza. ¡Cabrón engreído!

—Sí, claro que iré, pero sé que si vamos solos no te sentirás muy cómoda que digamos, así que puede ir cualquiera, pero sólo una persona.

—¡Qué considerado de tu parte, Edward! —La chillona voz de Alice nos hizo sobresaltar a todos. Ella estaba dando saltitos. ¡Joder! ¿Cuántos años tenía? ¡La condenada estaba dando putos saltitos!

—Ni tanto, Alice… —dijo un poco tajante Rosalie—. Creo que lo mejor sería que Jasper vaya con ustedes, él podrá hablar con cualquier medico dado el caso de requerir algo.

—Para eso estoy yo…

—Edward, agradecemos mucho que quieras ayudar a Bella con el tratamiento, pero no queremos volver a caer en lo mismo de siempre de estarte soltando a cada rato la mierda en tu cara, hasta para nosotros es cansador, por eso prefiero, y estoy seguro que Bella también lo prefiere, que yo me responsabilice de ella mientras está en recuperación. —Me quedé de piedra con la explicación de Jasper, él me miró—. Bella, ¿estás de acuerdo con que me haga responsable de ti el tiempo que dure el tratamiento? —Miré a Edward, quien se había encogido de hombros. Sí, muy en el fondo quería que fuera él quien hablara por mí, pero sabía que lo mejor era que Jasper estuviera a mi cargo. Solo él sabía la gravedad de mi situación.

—Sí, estoy de acuerdo contigo —dije mirando hacia mis pies.

—Bien, entonces creo que lo mejor será que comencemos a irnos, Carmen y su equipo de profesionales están esperándonos. —Tanto Jasper como yo asentimos.

Caminé hasta la cocina y tomé el morral de tela desteñida que ocupaba para estas ocasiones, era lo más parecido a un bolso que tenía. Coloqué dentro mi documentación, celular y algo del dinero que me había dado el padre de Jasper.

Me reuní con todos y Rose se acercó hasta donde estaba para abrazarme con fuerza. Miré por encima de su hombro a Edward y él no dejaba de mirarme. Cerré los ojos, no pudiendo resistir a su mirada, me era imposible mirarlo y no sentir nada más de lo que ya lo hacía. Era simplemente imposible.

—Todo saldrá bien, estamos seguros… todos estamos aquí para ti, para cualquier cosa que necesites, ¿me escuchas? —Asentí—. Bien, te quiero Bella, te quiero mucho, tráenos de vuelta a esa hermosa muchacha que sabemos esta dentro de ti. —Mis ojos se llenaron de lagrimas, pero los froté con fuerza. No era el momento de llorar.

Finalmente me despedí de Alice y ella me hizo ojitos en dirección a Edward, negué con mi cabeza, pero con una estúpida sonrisa en mis labios. Todos salimos de mi casa y cerré la puerta con llave. Después de mi último encuentro con Jacob, no quería arriesgarme a dejar nada abierto. Alice y Rose se fueron en sus autos y Jasper y yo nos subimos al tremendo auto de Edward. Jasper y yo nos situamos atrás y Edward iba solo adelante. Me coloqué el cinturón y partimos hacia Port Angeles.

El viaje fue cargado de sentimientos y emociones, no fue rápido, pero tampoco lento. Todo mi cuerpo temblaba y no era una sensación agradable, no, estaba nerviosa y muy ansiosa por lo que pasaría. Asustada de lo que tenían para decirme y con miedo de que ya no hubiera solución. Jasper iba hablando muy despacio en su celular, por lo que las miradas furtivas y penetrantes de Edward desde el espejo retrovisor eran constantes. Cada dos por tres aclaraba mi garganta y me acomodaba en mi lugar por sentirme tan putamente cohibida.

Edward dobló en una esquina un poco desolada, y al avanzar unos metros un gran edificio se presentaba delante de nosotros. Era un edificio blanco de unos diez pisos de altura. Edward se estacionó frente a las puertas de vidrio y todos nos silenciamos.

Sabía que estaban dándome tiempo, pero los nervios estaban jugándome una mala pasada, impidiéndome salir del auto. Comencé a retorcer mis dedos y frotarme los brazos para darme calor. Ya no sabía que hacer hasta que Edward se bajó del auto y abrió la puerta, tendiéndome una mano. Lo miré asustada y en ese momento creí volver el tiempo atrás, cuando él era simplemente perfecto a mis ojos. Le di la mano, hipnotizada por la fuerza que sus ojos me transmitían y la seguridad que todo su cuerpo emanaba. Bajé del auto y Jasper pasó su mano por mi espalda, frotando mis hombros para darme el valor que necesitaba.

—Recuerda que todos estamos contigo, Bells. —En ese momento el celular de Jasper sonó y atendió—. Es para ti… —Lo tomé algo sorprendida, tal vez era su padre.

—¿Hola?

—Belli, soy yo… uhm, yo… —Emmett suspiró y aclaró su garganta. ¡Oh, mi oso!—. Lo siento, siento mucho comportarme de la forma en que lo hice, pero es que me saca que ese hijo de… —Se escuchó un golpe seco—. ¡Auch! Ya… lo siento, sólo te llamaba para hacerte saber que cuentas con todo mi apoyo, nena. Ya sabes, estoy aquí para cualquier cosa y no me opondré a nada ni a ninguna decisión que tomes… bueno, es sólo eso…

—Gracias Em, necesitaba escucharte decir eso…

—Sí, te quiero amiga, recuerda eso. —Cortó la llamada y le devolví el celular a Jasper, que me miraba con una sonrisa.

Como si fuera llevada por un ente, comencé a caminar mirando hacia el frente. No me había dado cuenta de que Edward iba tomado mi mano, y cuando llegamos a las puertas su agarre se afianzó con fuerza. Me sonrió y le devolví la sonrisa, devolviéndole el apretón a su mano.

Algo había cambiado entre los dos, y estaba más que segura de que era para bien. Por lo que tomando un gran respiro, nos abrimos paso dentro de la clínica, para comenzar lo que sería mi nueva vida.


¡Oh, Bella va a comenzar otra vez! ¿Ustedes que me dicen, de esto?

Bueno esta es una actualizacion para empèzar con las que tengo por entregar... a las que esten por ahi dando vueltas aun esperando, gracias por la pasiencia.

Ahora no las jodo mas y nos estamos viendo en la proxima actualizacion que me vine con todas las pilas recargadas jaja

se las quiere

***Gis Cullen ***