Capítulo beteado por Mónica Szpilman, Beta Élite Fanfiction.
www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction
Capítulo 6
Abstinencia de ti
"Tienes que aprender a salvarte a ti primero".
—El caballero de la armadura oxidada
Bella POV.
Un mes.
Un mes sin ver a mi familia, mi única familia. Y a él…
Las reglas de la clínica eran estrictas con los recién ingresados: solo se permitían las visitas a los nuevos cuando estos pasaban el mes, no antes. Trataba de adaptarme, pero me estaba costando horrores confiar en los médicos y especialistas que trabajaban en el lugar. La doctora Kate Denali era muy amable conmigo y podía ver que me prestaba más atención de la normal. Era muy atenta con los pacientes, pero conmigo siempre era un poco más, siempre se preocupaba por mis necesidades y me monitoreaba seguido. Los análisis de rutina para comprobar que mi sistema estuviera bien me los aplicaba hasta tres veces por semana. Cinco de los siete días de la semana tenía terapia con un psiquiatra el cual me había recetado una medicación que me hacía dormir sin soñar nada. Hasta ahora era lo único que agradecía de estar en este lugar, el poder dormir tranquila sin tener sueños o mis recurrentes pesadillas. Nunca había dormido tan bien en estos dos últimos años, aunque había un pero. Todo siempre radicaba en el pero… Mis noches eran buenas, pero… estos últimos días había comenzado a sentir con mayor frecuencia los temblores en mis manos y se habían extendido a todo mi cuerpo. Los médicos no lo sabían y suponía que debía contarles eso, pero me sentía un poco insegura. Solo podía acabar los temblores con baños de agua helada o corriendo alrededor del campo de deporte que había detrás de la clínica. Corría como si de eso dependiera mi vida y cuando sentía que mis músculos quemaban por el agotamiento, me dejaba caer en la hierba mirando al cielo y rogando que no volviera a suceder.
Hoy había sido uno de esos días, y me había sobre exigido corriendo. Mañana era día de visita y no quería que me diera un ataque de abstinencia delante de quien sea que viniera a visitarme. Era la primera vez que vería a alguien después de un mes y estaba más ansiosa porque no sabía si él vendría.
Después de correr me dirigí hacia mi habitación, que era no grande, solo entraba una cama, una mesa de noche, un pequeño guardarropa de dos puertas y un pequeño escritorio. Los baños estaban en dos sectores, uno en el sector de las internas mujeres y otro en el sector de los hombres; los baños y habitaciones era lo único que no compartían todos los pacientes, luego de eso se compartía el gimnasio, el cual contaba con una pileta climatizada, sala de entretenimiento, sala de cine… Si la clínica tenía un puta sala de cine, comedor, sala de ocio y sala de manualidades, todo en los dos últimos pisos, exceptuando el gimnasio con la pileta, estos estaban en planta baja. En el tercer piso estaban las habitaciones, en el segundo se hacían los estudios médicos, nuestras sesiones terapéuticas y donde estaban los pacientes recién ingresados, además de los más problemáticos. En planta baja estaba administración y en el sub suelo estaba la cocina y comedor. Yo seguía en el segundo piso y no lo entendía, ya que cuando ingresé el primer día me di cuenta de que había personas en peor estado que yo.
Tomé algunas cosas de aseo personal y me dirigí hacia los baños, encendí la ducha con agua helada y me metí debajo con ropa y todo. Mi cuerpo no dejaba de tiritar, era imposible controlarlo. No sabía qué hacer, pero conocía la causa. Mi cuerpo se estaba limpiando y mi sistema pedía sustancias. Caí sobre mis rodillas y comencé a golpear mis piernas con mis puños, tirando de mi cabello y un grito desgarró mi garganta.
No hallaba qué hacer. Correr esta vez no había servido, el agua solo hacía que me enfureciera más.
Comencé a dar puñetazos a la pared de azulejos blancos hasta que estos comenzaron a teñirse de un color rojo intenso. Gritaba, gritaba y gritaba y de lo más recóndito de mi cerebro, un nombre se deslizó, haciendo que saliera de mis labios de forma necesitada…
—¡Jacob! —grité, queriendo que me ayudara con esto. Él siempre me ayudaba, él tenía los medios—. ¡Jacob!
La puerta de la ducha se abrió de golpe y Kate ingresó en estado de alerta con una enfermera. Sabía que me llamaba, lo veía en sus ojos, en su rostro y en sus movimientos, pero no podía escucharla. Retrocedí en el piso y me arrinconé en una esquina, temblando y necesitando tomar algo para calmar la picazón en mi cuerpo y las imágenes que se proyectaban en mi cabeza cuando cerraba los ojos. Imágenes de drogas, podía incluso sentir el olor a la marihuana y eso me desesperaba aún más.
Kate le dijo algo a la enfermera y esta salió corriendo, volviendo a los pocos minutos con una jeringa en mano y con dos enfermeros como compañía. Los conocía; Félix y Alec. Ellos estaban al cuidado de los más complicados de la clínica, eran como una puta guardia.
—Bella, tranquilízate, respira profundo y acuéstate sobre el piso extendiendo los brazos. Comencé a llorar y a gritar.
—¡No! ¡Váyanse! ¡Jacob, ayúdame! —Kate le hizo una seña a los enfermeros y ellos se acercaron hacia donde estaba—. ¡No, hijos de puta déjenme! —Me tomaron depor los tobillos y me arrastraron un poco para poder extender mi cuerpo. Comencé a patalear y a golpearlos—. ¡Déjenme, suéltenme! ¡No, no, no! ¡Por favor, no, por favor no! —Félix me sostenía las piernas, Kate de un brazo y Alec del otro. La enfermera se me acercó y ató una tira de goma sobre mi codo. Golpeé mi cabeza con el piso y solo me detuve cuando mi cuerpo comenzó a relajarse y a sentirse adormecido…
—Me pregunto si este es su primer episodio de abstinencia… —Escuché decir a la enfermera.
—Ella suele correr alrededor del campo de deporte, unas cincuenta vueltas, pero últimamente lo hace más. No sé cómo lo logra. Su cuerpo debe terminar casi muerto después de exigirle de esa manera… —dijo Félix.
—Ya veo… —habló Kate muy preocupada. Lo último que sentí fue cómo me subían a una camilla y me sacaban de las duchas. Luego todo quedó en el más oscuro silencio.
.
.
.
"Ni el tiempo ni la distancia serán causa de nuestra separación… solo la muerte, nena, solo ella podría alejarte de mí, y ni aun así, porque te seguiré a cualquier lado que vayas"
La voz de Edward flotaba dentro de mi cabeza y era agradable, deliciosa y cálida. Me envolvía en su ternura y me tranquilizaba.
Sentía mi cuerpo pesado, y quería despertar, pero no podía. Algo caliente y suave acarició mi mejilla e inconscientemente, mi cabeza se inclinó hacia aquello. Intenté abrir los ojos, pero no podía. Todo seguía siendo oscuro. Un gemido salió de mi garganta por la punzada que arremetió contra mi cabeza y de pronto un agudo dolor envolvió mi mano.
—Bella, mi amor… Abre los ojos, por favor, por favor, cielo… —Escuché un sollozo y sabiendo que él estaba sufriendo, intenté abrir los ojos—. Eso es, amor… Déjame ver tus hermosos ojos, no puedo vivir si ellos, aún cuando me mires con desprecio… —Abrí mis ojos y volví a cerrarlos por la luz que había en la habitación.
—Bella… —¿Jasper? Volví a abrir los ojos y mi vista estaba algo borrosa hasta que pude enfocar bien y la nitidez se estabeció.
—¿Jasper?
—Aquí estoy, nena… Dios mío, gracias al cielo que has despertado. No quería irme sin verte despierta, Bells. —¿Qué? ¿Cuánto había dormido? Miré mi alrededor y allí los vi; Kate hablando con Edward y su madre.
Quise estirar mi mano, pero me lo impidieron. Eché un vistazo a lo que no me dejaba y noté las correas con abrojos negras que me sujetaban a la cama. Me incliné un poco y sobre mi pecho y también las tenía en las piernas. Estaba atada a la cama.
—¿Por qué estoy atada? Suéltenme… —Miré a Jasper y sus ojos estaban brillando por las lágrimas, lo que me asustó y comencé a ejercer fuerza, tratando de librarme—. ¡Jasper, suéltame, ayúdame! ¿Por qué estoy atada? ¡Déjenme ir! —Edward me miraba y también lloraba. Hasta se acercó y se sentó a mi lado, colocando su mano en mi mejilla y limpiando mis lágrimas. No me había dado cuenta de que estaba llorando.
—Debes tranquilizarte, Bella, ¿no recuerdas lo que sucedió ayer en la tarde? —Hice memoria y solo recorddaba haber estado corriendo por… ¡Oh, Dios mío! Cerré los ojos y mi respiración se disparó—. Respira, Bella, te estás alterando otra vez, solo tranquilízate, estás atada por tu seguridad. Kate necesita saber cómo te sientes para poder soltarte… —Abrí los ojos y Kate estaba en el lugar de Jasper. Volví a mirar a Edward y él se limpiaba sus propias lágrimas—. Lo siento, esto es por completo mi culpa… Lo siento.
—Bella —me llamó Kate—. Ayer tuviste un ataque de abstinencia, seguramente no fue el primero, ¿no es así? —Asentí—. ¿Sueles correr para aliviar los síntomas? —De nuevo asentí y comencé a llorar en silencio. Me daba vergüenza admitirlo frente a ellos. Incliné mi rostro a un lado y sollocé—. No tienes porqué avergonzarte, esto es normal en los paciente en recuperación. ¿Prefieres que salgan para que hablemos a solas? —Asentí—. Bien… salgan por favor, en un momento estaré con ustedes. —Edward suspiró y se levantóo de la silla. Lo miré irse junto a su madre y a Jasper, y antes de que saliera, lo llamé y él volteó a verme.
—¿Puedes… quedarte conmigo? —Sus ojos brillaron y con un leve temblor en sus labios, cerró la puerta y se acomodó a mi lado, apoyando su manos en la mía con cuidado, ya que la tenía jodidamente estropeada.
—Bella… —Miré a Kate—. ¿Cuándo fue la primera vez que sentiste ganas de correr?
—Unos días después de llegar aquí. —Ella anotó algo en una carpeta.
—¿Sabías que hay un remedio natural que puede evitar que te dé un ataque de abstinencia? —Negué y la observé expectante—. Pues sí, pero eso lo sabrías si nos hubieras dicho antes de estos ataques. Estamos aquí para ayudarte con tu adicción y cubrir todas tus necesidades. Estos episodios son muy normales en tu situación, tu psiquiatra debe saber esto, él te pudo haber orientado para no sentirte mal todo este tiempo… Y el correr de la forma en que lo haces es bueno, pero también es malo; solo causa que tu cuerpo genere adrenalina en exceso y eso no es lo bueno, porque llega un momento en que la propia adrenalina suplanta las sustancias que antes ingerías, eso después de un tiempo no satisface tu necesidad y vuelves a necesitar hacer algo que te ayude a explotar la bomba de tiempo que llevas dentro… Lo de anoche fue una clara advertencia. —Miró su carpeta y asintió pensativa para luego observarme—. Noto que has subido de peso, algo muy bueno, y que te gusta recostarte en las hamacas colgantes del patio a escuchar música, pero no veo que hayas sociabilizado mucho con los demás pacientes… No eres muy conversadora, ¿verdad? —Negué.
—No necesito hacer eso, yo ya tengo a mis amigos.
—Sí, pero ellos no están en rehabilitación, solo eres tú y todos los chicos que hay en esta clínica pasando por lo mismo.
—Vendré entre semana, Bella, no te dejaré sola en esto… Si no quieres hablar con nadie de aquí no hace falta que lo hagas, yo vendré.
—Edward, sabes que no está permitido… —habló Kate. Él la miró con decisión.
—No me importa, hablaré con tu madre si es necesario, pero no volveré dejar a Bella en la semana. No volveré a dejarte sola. —Expresó lo último con una mirada hacia mí.
—No hace falta —dije, apartando mi vista de la suya.
—Por supuesto que hace falta. Has pasado un mes sola contra este sufrimiento… Si hubiera sabido por lo que estabas pasando, me hubiera internado contigo. —Edward se lamentaba y su expresión no era mejor que sus palabras.
—Hablaremos de eso más tarde con mi madre… —Kate me miró, cerrando su carpeta—. Cuando sientas que algo está desatándose dentro de ti, y la sensación de querer consumir se hace insoportable, debes ir de inmediato, no importa la hora, a la cocina y pedir dulce de membrillo…
—¿Dulce de membrillo? —dijimos Edward y yo al mismo tiempo.
—Sí, tórtolos, el dulce de membrillo tiene mucha glucosa y les calma la ansiedad. Hay una heladera en la cocina a la que los chicos le suelen decir "la herramienta". Muchos llegan agitados diciendo necesitar el membrillo porque realmente los calma. Una cosa más, y esto es algo muy importante. Acá, a la droga, la que sea, la llamamos "la sustancia" y tratamos de que ustedes no se zambullan en sus propias anécdotas porque de inmediato aparece la euforia. Trata de no pensar en ello, busca algo en qué ocupar tu mente, ingresa a algunos de los talleres que hay, no pases todo el día recostada, debes comenzar a retomar tu vida… —Me sentía enormemente estúpida. De haber hablado antes hubiese evitado todo el dolor que sentí ese último tiempo.
—Lo lograrás, Bella, yo confío en ti. —Al observar a Edward, noté que me enojaba su excesivo optimismo.
—No quiero que lo hagas… —Moví mis manos, pero estas quedaron quietas en su lugar por lo que miré las amarras con odio—. ¿Podrían… podrían soltarme? Ahora, por favor. Prometo que estoy bien. —Kate me miró y suspiró.
—¡Alec! —llamó ella y el chico ingresó por la puerta—. Por favor, suelta a Bella. —Alec se acercó, mirándome con una sonrisa torcida. Se inclinó un poco sobre mi cuerpo y vi un gran rasguño en su cuello; debía dolerle mucho.
—¿Admirando tu obra de arte, nena? —Sentí a Edward aclarándose la garganta exageradamente y al echarle un vistazo, estaba fulminando al chico con la mirada.
—¿Podrías apurarte, por favor? —Edward estaba muy inquieto, no recordaba que fuera tan celoso y algo dentro de mí se calentó.
—Edward, Alec solo está bromeando con Bella… —Él se levantó de la silla y comenzó a caminar por la habitación.
—Kate, estuve un jodido mes sin verla, y no me pasé todo el día esperando a que despertara para que venga tu jodido enfermero a coquetearle en mis narices. ¡Es mi mujer! —Lo quedé mirando con los ojos abiertos y mi furia comenzó a crecer a caudales.
—¡Yo no soy tu maldita mujer, Edward! —Quise levantarme, pero no pude—. ¡Termina de desatarme de una vez! —Kate colocó su mano sobre el brazo de Alec, impidiendo su acción.
—Creo que has vuelto a alterarte y estás saliendo de una crisis, lo mejor sería que descanses un poco y…
—¡No! —grité, comenzando a llorar—. No quiero volver a dormir, quiero estar despierta, necesito estar despierta si quiero curarme de una vez…. Por favor… —dije lo último en un susurro mezclado con llanto. Edward se acercó hacia la cama y tomó mi rostro entre sus manos. El pendejo se aprovechaba porque no podía quitármelo de encima.
—Perdóname, soy un idiota, bebé, no debí decir eso. —Miró mis labios y cuando pensé que me besaría, solo dejó un beso en mi frente, separándose y dejando que Alec hiciera su trabajo.
Miré al enferemero y me sonrojé.
—Lamento eso… —hablé, mirando la marca que le había dejado.
—No te preocupes, son gajes del oficio. —Le pidió permiso a Kate con la mirada y ella asintió, por lo que continuó quitando todas las correas.
Una vez que estuve completamente libre, suspiré con gratitud. Miré mi mano derecha y el vendaje blanco no me dejaba ver el mal estado de mi mano.
—Tienes un chichón un tu cabeza por los golpes que te diste, pero se irán en un día o dos, solo trata de no tocar la zona. ¿Puedes sentarte? —Dudé un poco.
Alec estaba por ayudar a incorporarme cuando las fuertes manos de Edward se lo impidieron. Solo hice una mueca; no tenía ganas de seguir peleando.
—¿Qué hora es? —pregunté algo desorientada.
—Las siete de la tarde y las visitas terminaron hace una hora —aclaró Kate, levantándose y yendo hacia la salida—. Hablaré algunas cosas con Jasper y recuerda Bella: dejar de consumir es una decisión que se toma hoy y ahora. Y otra vez dentro de un rato. Por eso el éxito se mide en días. Llevas un mes sin consumir, alégrate por ese logro, cielo. —Por primera vez sonreí, sintiéndome un poco aliviada.
Alec salió detrás de Kate, y Edward y yo quedamos solos. Me acomodé en la cama y él se sentó frente a mi en la silla.
—Estás hermosa, Bella. —Solo lo veía con el ceño fruncido. Ahora que lo recordaba, anoche, cuando tuve mi episodio, estaba en la ducha y sentía mi cabello enredado y mis ojos hinchados.
—No digas estupideces, seguro me veo fatal.
—Te ves hermosa, créeme… ¿Sabes? Hoy cuando despert, lo único que podía pensar era en ver tu rostro y ahora mismo estoy conteniéndome para no abrazarte… y besarte.
—No empieces…
—De acuerdo… —dijo sonriendo. Acarició mi rodilla y le dio un leve apretón—. Lo estás haciendo realmente bien, estoy muy orgulloso de ti y mi madre y lo chicos te hicieron cartas. Están en tu habitación dentro de una caja…
»Bella, a mí… —Me miró profundamente, acomodándose en la silla—. Kate me contó algunas cosas de anoche sobre tu episodio, pero le pedí que antes de hablar contigo me dejara hacerlo primero… ¿Recuerdas todo lo que sucedió o dijiste anoche?
—Algunas cosas me acuerdo, no estoy segura de si es todo o solo partes, estoy un poco confundida…
—Sí, eso mismo me dijo Kate, que sufrirías una especie de cansancio en el cerebro y estarías confundida… De verdad lamento mucho lo que sucedió, si yo pudiera…
—No sientas culpa, Edward, lo que me pasó anoche no tiene nada que ver contigo, es algo que sabía que me pasaría. De hecho, estoy segura de que probablemente volverá a suceder.
—Pero ahora sabes cómo puedes prevenirlo… Hoy llegué tan impaciente por verte que dejé a mi madre en su casa y vine directamente, estaba desesperado… Y cuando me dijeron lo que te había ocurrido, Bella, no sabes… Morí mil veces en todas estas horas por esperar a que despertaras… estaba tan asustado, me duele verte tan frágil y lastimada, Dios mío… Todo lo que a ti te pase me duele… —Tomó mi rostro y se acercó tanto que pude sentir su cálido aliento—. Acabaría con mi vida si llegara a sucederte algo… Tienes que perdonarme, mi amor… necesito que me perdones, necesito estar a tu lado. —Sus labios rozaron los míos mientras hablaba. Quería que me besara, pero, ¿cómo podía volver con él, o siquiera pensar en retomar algo, cuando me encontraba en una clínica de rehabilitación por ser una adicta? No era justo para él. ¡Diablos, lo amaba! No lo negaría, pero si quería pensar en una relación con él, primero debía pensar en depurarme. Pensar primero en mí. No me sentía siquiera una mujer, solo desecho, necesitaba confiar en mí misma antes de entregarle mi confianza.
—Edward… —Hice a un lado mi rostro—. No… no lo hagas, no aquí y ahora cuando estoy tan inestable. Estoy rota y necesito, por lo menos, recomponerme un poco si quiero seguir con mi vida.
—Y yo quiero ser parte de esa vida, quiero que tu futuro y el mío se unan de nuevo, quiero que ambos disfrutemos de todo lo que conseguí hasta ahora. —Lo miré a los ojos, irritada.
—Sé muy bien todo lo que has conseguido hasta ahora, lo pude ver desde primera fila… Vi cada cosa que hiciste… ¡Oh, y los festejos de tus logros! Esas noches que salías y le mostrabas al mundo que lo habías hecho bien. —Sus ojos abnegados en lágrimas me miraban fijamente y con valentía, porque sabía que todo lo que le estaba diciendo la razón de que terminase aquí—. Tres. Tres fueron las mujeres que conté en estos dos años que sí compartieron contigo todo lo que has conseguido. —Un sollozo hizo que mi garganta se hiciera un nudo, impidiéndome hablar.
—No significaron nada… —Sus palabras resonaron en mi corazón tan dolorosamente por la pena y la desesperación con la que venían cargadas. Negué.
—Por meses esperaba que me llamaras, solo esperaba que me dijeras: "¿Sabes, Bella? Cometí un error, lo siento, no lo volveré a hacer." —Él había agachado su cabeza y posado sus manos en mis piernas. Quería enterrar mis dedos en su cabello y consolarlo, pero esto era algo que debía decir ahora, dos años era mucho tiempo guardando algo que solo me había llevado a la destrucción—. Te creía, solo esperaba tu palabra porque creía en ti ciegamente, jamás había desconfiado y lo que hiciste terminó por destruirme… —Tomé su mentón e hice que me mirara antes de limpiarme las lágrimas que había soltado—. Pude haberte perdonado cualquier cosa, Edward, pero lo… lo que me hiciste cuando la abuela Marie estaba en su lecho de muerte es algo que nunca olvidaré; ofrecerme dinero para no volver a molestarte fue tan asqueroso como esclarecedor, porque fue en ese momento en que me di cuenta que nuestras vidas comenzaban dos caminos diferentes y tú ya no pertenecías a mi vida… Me habías olvidado…
—Jamás, ¿me oyes? Jamás nuestras vidas tomaron caminos diferentes, no después de todo lo que pasamos… Te lo dije una vez Bella y te lo vuelvo a decir, así tenga que arrastrarme por tu perdón, lo haré. —Me hice hacia atrás y mis ojos querían perforar lo suyos—. Sé todo lo que hice, no voy a negar nada porque sería cobarde de mi parte… Sí, el primer año hice lo que quise, arruiné mi vida y no miré atrás, me sentía en la cima del mundo, ¿y sabes qué fue lo que me hizo aterrizar? Que mi madre haya sufrido de una infección pulmonar por mucho tiempo. Pensé que moriría… Ella me hizo ver todas las cosas que había hecho. Subir a los más alto puede ser muy fácil, pero mientras más alto es, más fuerte y dolorosa será la caída… y puedo asegurarte que dar de frente con la realidad fue algo insoportable… Repasar una y otra vez todo lo que le hice a mis amigos y a ti, principalmente, me desesperó por completo porque no supe qué hacer, no podía creer todo lo que había hecho… Lo lamento, te amo y nunca dejé de hacerlo, Bella…
—No sabía que tu madre estuviera tan enferma… Lo siento —dije acongojada.
—Gracias, ahora está mejor aunque debe cuidarse de las bajas temperaturas y Forks no es el mejor lugar para su salud, pero este es su hogar y no hay forma de sacarla de aquí. —Emitió una sonrisa triste—. Creo que deberíamos dar por concluida esta conversación por hoy… por ahora. —Asentí. Me dolía un poco la cabeza de tanto hablar y de recordar cosas dolorosas.
—Me parece bien.
—Te amo, Bella… —Lo observé cansada y bufé—. Te lo diré todos los días, a cada momento, para que lo recuerdes… Te amo…
—Basta, Edward…
—Está bien… lo siento. ¿Puedes caminar? ¿Quieres salir a tomar un poco de aire afuera?
—Me gustaría hablar con Jasper un rato si se puede… —Asintió, un poco desilusionado—. Lo llamaré y me quedaré afuera hablando con Kate y Carmen… —Se apresuró a dejar un beso sobre mi frente y salió por la puerta.
Un minuto después, Jasper entró con una enorme sonrisa y me abrazó tan fuerte que mis huesos dolieron. Hablamos de todo, me contó cómo estaban los chicos, las cosas que me había traído, que varias veces Emmett quiso venir a verme porque me extrañaba horrores. Yo extrañaba tanto hablar con él. Emmett había sido en quien podía resguardarme, pero Jasper siempre era una especie de cable a tierra; me hacía reflexionar sobre ciertas cosas. Y ahora, después de recordar todo lo que me dijo cuando no lo quise escuchar, todo cobraba valor y peso, ahora todo lo veía con otros lentes, unos más limpios. Después de charlar y de, por momentos, llorar, me ayudó a salir de aquella habitación de guardia que tenía la clínica.
Jasper abrió la puerta y sentado frente a esta estaba Edward, inclinado sobre sus rodillas, sosteniendo su cabeza. Parecía llorar mientras su madre y la doctora Kate le acariciaban la espalda. Mis ojos se fueron directamente a parar sobre la mano que mi doctora, muy familiarmente, tenía apoyada sobre su hombro.
—¿Está todo bien? —cuestionó Jasper. Ella retiró su mano y miró hacia mi dirección, un poco incómoda. Edward levantó su rostro y limpió sus ojos. Se levantó y caminó hacia mí. Yo continuaba agarrada al brazo del rubio—. ¿Pasó algo? —Volvió a intentar Jasper. Edward negó, mirándome a los ojos.
—¿Quieres que te acompañe a tu habitación? —preguntó con indiferencia. Fruncí el ceño—. ¡Vamos Isabella, tengo que irme! —exclamó, apurándome. Mis ojos se abrieron y me aferré aún más al brazo de Jasper. ¿Qué le pasaba? ¿Qué había cambiado en este tiempo? ¿Por qué me trataba con tanta frialdad?
—Jasper puede acompañarme, no hace falta que te quedes, puedes irte… —dije comenzando a caminar hacia mi habitación que quedaba girando el pasillo. Pasé por su lado y lo sentí suspirar.
—¿Bella? —Me tomó de la mano. Intenté que me soltara, pero ejerció fuerza—. Lo siento, no era mi intención hablarte de esa forma, yo…
—Me importa una mierda lo que te haya pasado, suéltame… —Me quité su mano y lo miré a los ojos—. No vuelvas a hablarme de esa forma o no responderé de mi…
—¡Lo siento! Pero a ti debería importarte. ¿Quién es Jacob? ¡¿Quién mierda es?! —En ese mismo instante sentí como si un látigo prendido en fuego azotara mi espalda y parte de mi cabeza. Me quedé tiesa, sin saber qué decir o hacer—. ¡Dime! —No vi en qué momento Jasper se soltó de la presión que yo ejercía y tomó a Edward de las solapas de su saco, empujándolo contra la pared.
—En tu puta vida vuelvas a nombrar a ese hijo de puta delante de Bella, y jamás vuelvas a hablarle de esa forma a ella porque te patearé el rostro, ¿me has oído?
—¿Quién es él, Jasper? ¿Por qué Bella pedía por él anoche cuando tuvo el episodio? —Jasper lo soltó y miró hacia mi dirección. Yo temblaba.
—¿Bella? —Un mareo llegó y antes de que lo supiera, Kate me sostenía.
—Bella, mi amor, ¿estás bien? —Jasper empujó a Edward, cuyos sus ojos comenzaban a cristalizarse.
—Bella, cielo, vamos a tu habitación, acabas de despertar, necesitas recostarte un rato… —Quiso llevarme, pero me quedé quieta, mirando a Edward. Él quería saber, pues bien…
—¿Quieres saber quién es Jacob? —le pregunté, acercándome a él, siseando ese puto nombre entre mis dientes.
—Bella, no quiero… —dijo nervioso.
—¡No! Ahora vas a escucharme. ¿Quieres saber quién es él? —Miré a Esme quien lloraba en silencio—. Al parecer no le dijo que usted conoce a ese hijo de puta. —Edward observó a su madre, interrogándola con la mirada—. No la veas así, yo te diré quién es, tu madre solo tuvo el infortunio de estar en el momento equivocado.
—Para… —La voz de Edward salió quebrada.
—No, acabas de hacerte el hombre celoso de las cavernas, aún cuando no sabías quién demonios es ese maldito… Y ahora quieres que me detenga. No… —Mi voz se quebró del todo y terminé con un sollozo—. ¡Yo era su puta! ¡Yo me dejaba manosear por él cuando no tenía dinero! ¡Yo se lo chupaba por dos gramos de cocaína! —Lloré, pero limpié mis ojos con rabia.
—¡Cállate! —gritó llorando, tapándose los oídos con las manos. Me acerqué a él y tomé sus muñecas para que me escuchase.
—¡Con él me prostituía por droga! —No sabía si esa había sido la mejor forma de decírselo, pero había sido la más correcta para mí—. Ahí tienes… —Lo solté y su rostro estaba bañado en lágrimas. El único reflejo, la evidencia, de que estaba sufriendo por lo que le dije—. Ahora que sabes la mierda que llegué a ser. ¿Sigues queriendo conquistarme?
Y quise patearme por haber formulado esa última pregunta, porque era más que obvio que no estaba preparada para recibir su respuesta.
dios mio... ¿cuanto ah pasado desde la ultima vez que publique? ni modo, puede pasar un año y la historia nuca se va de mi cabeza, es hermosa y me encanta escribirla... acá esta el premio a las que aún siguen esperando por este fic y prometo no tardar tanto para el proximo por que ahi esta la inspiracion...
ahora, que les parecio? merece reviews este regreso?
*** Gis Cullen***
