MUCHAS GRACIAS A LETICIA EUGENIA QUIEN ES UNA GRAN AYUDA PARA MI... MUCHAS GRACIAS PRECIOSA
Capítulo 8: BUENAS NOTICIAS
Cariño, estoy luchando puño a puño contra el fuego, solo para estar cerca de ti… y eh recorrido millas solo para conseguir una oportunidad…
Love on the brain - Rihanna
Edward POV.
Necesitaba terminar urgente con todo el trabajo que tenía para poder llegar a tiempo a la visita de Bella. Este último tiempo había sido dolorosamente insoportable estar alejado de ella cuando tan cerca la tenía. Pero esa había sido su decisión y yo la respetaría. Aunque eso me desgarrase por dentro. Visitarla solo dos veces a la semana era jodido, después de volver a verla y sin sentirla en un puto mes, ella supo cómo darme una inyección de vida a mi ser. Estaba en mi maldito paraíso y ella me estaba aceptando nuevamente. Esta vez no podía fallarle y si todo seguía de acuerdo a mis planes, luego de su recuperación nada iba a impedirnos pasar el resto de nuestras vidas, juntos como marido y mujer y en todas las de la ley.
Soñar de esa manera me hacía pasar horas mirando todas las fotos que Alice me había pasado, ella las había encontrado en una caja en el altillo de Bella mientras arreglaba su casa por pedido mío. Una tarde me comuniqué con Jasper para hacerle saber mi idea de arreglar la casa de Bella y él acepto no sin antes hacerme saber que Alice quería encargarse de redecorarla cuando sugerí contratar a una diseñadora de interiores. Emmett sugirió que en la empresa donde trabajaba hacían arreglos de tejados y que él podía ocuparse de eso. Tanto Jasper, como las chicas y yo estuvimos de acuerdo. Así que Alice Y Rose se encargaban del interior de la casa y los chicos y yo del exterior.
Mis mejores tarde eran las que pasaba con ellos al salir del trabajo, aunque todo era relajado las miradas por parte de los chicos nunca faltaban. Pero los entendía. No podía obligarlos a compartir algo conmigo cuando no se sentían cómodos, aun así estaba agradecido de que me tolerasen a tal punto de poder compartir una comida.
Cuando finalizamos todos los arreglos me sentía un poco mejor conmigo mismo porque quería que cuando Bella volviera se sintiera mejor estando rodeada de cosas buenas. De todas maneras me seguía faltando algo para ser completamente feliz.
Los papeles se estaban acumulando sobre mi escritorio y Zafirina no hacia otra cosa que seguir colocándome más y más folders sobre los que ya tenía .
Los golpes en la puerta se hicieron insistentes luego de unos minutos de no responder.
— ¡Un segundo! Maldita sea —grité, cansado por los putos golpes. La puerta se abrió y levanté la vista furioso para taladrar a maldiciones al que se había atrevido a entrar sin ser invitado. El duelo de miradas con mi padre fue rabioso —Estaba terminando de editar un documento muy importante que tiene que ser entregado esta tarde a más tardar, no podías…
—¡La documentación no se acumularía si tu no faltaras tanto o te tomaras días laborales para ir a ver a esa pequeña drogadicta! —mi sangre fue transformándose el lava al oír aquellas palabras tan humillantes dirigidas hacia Bella. No, nadie más iba a faltarle el respeto en mi presencia.
—¡No vuelvas a hablar o a referirte a ella de esa manera o me olvidaré que eres mi padre! —contesté casi en un grito contra su rostro con las manos apoyadas en mi escritorio.
—¡Tú eres el que al parecer se ha olvidado de quién esa niña disfrazada de cordero! Tiene a todos idiotizado, incluso tu madre la defiende y ya me enteré de donde salen los fondos para pagar su terapia.
—Si tanto te importa el que gaste tu maldito dinero, quédate tranquilo porque no lo estoy haciendo, la clínica de Bella es pagada con el esfuerzo de mi trabajo. ¡Yo, pago su internación! De tu dinero no he gastado ni un centavo, nada de lo que le brindo es sacado de tus bolsillos, asique no me jodas con eso. —tomé el saco del respaldar de mi sillón y me dirigí hacia la salida.
— ¡Yo no la quiero como compañera para ti!
—¡Pues tendrás que aguantarte, ella es la mujer que amo! ¡Siempre ha sido así, mierda!
—No es lo que pensabas mientras estabas comprometido con Irina —contestó con burla.
—¡Ese fue mi mayor error! Jamás tendría que haberte hecho caso, nunca.
—Ella ha hablado con tu madre y dice que te extraña y que quiere verte.
—No te entrometas en mi vida, padre, te lo digo enserio… Y no metas a Irina en esto, mi vida esta junto a Bella.
—Eso ya lo veremos… —fueron las últimas palabras de mi padre antes de que yo saliera de la oficina cerrándola de un portazo.
Salí como alma que lleva el diablo de la oficina y prácticamente corrí con el auto hacia la clínica. Iba con casi dos horas de adelantado, pero no quería nada que no fuera Bella. La necesitaba a ella y a nadie más.
Mi chica me estaba aceptando con el pasar de los días, y necesitaba cuidar lo que sea que ella me diera. Por mi vida que iba a cuidarlo. Esta vez sería diferente, no me dejaría embaucar con nada y por nadie. Mi vida giraría en torno a ella, la cuidaría de todo y todos. Sin dadas pelearía con todo lo que tenía y era para aferrarme a Bella.
Llegué la clínica y pasé directamente a ver a Kate, que estaba con un paciente por lo que tuve que esperar. Sentado frente a su puerta en unos sillones que parecían ser más una cama que otra cosa. Me recosté en el respaldar y suspiré cerrando los ojos. El cansancio y el estrés de las ultimas semanas me debieron pasar factura. Había entrado un adormecimiento hasta que sentí unas risitas a lo lejos. Entre abrí los ojos para ver a los lejos a tres jovencitas que cuchicheaban y reían mientras me miraban. Me acomodé en el sofá y suspiré. ¿Qué hacían esas muchachitas aquí? Las saludé con la mano y ellas chillaron de la emoción, les sonreí y salieron corriendo hacia el pasillo.
—¡Niñas, no corran en los pasillos! ¡Las regañara la Dra. Carmen! —les advirtió el puto enfermero amigo de Bella. Alec.
Al verme se cruzó de brazos no sin antes mirar la hora en su reloj de muñeca. Bufé por lo idiota que estaba siendo. De todas maneras no dije una palabra. No caería en su maldito juego para que después Bella se enojara conmigo.
—Sr. Cullen, dichosos los ojos que lo ven, pero creo que ha llegado un poco temprano, todavía falta una hora para la hora de la visita.
—Lo se, pero vine a hablar con Kate.
—Claro… ¿Y Bella sabe que estás aquí esperando a la doctora Kate?
—Eso a ti no te importa. —contesté cruzándome de piernas y brazos— Pero antes de que digas nada —me levanté de mi asiento y me acerqué hasta donde estaba. Su rostro había cambiado tornándose mas serio—. Le prometí algo a mi novia respecto a ti, y lo cumpliré… —me miró interrogativo—Te debo una disculpa por como te traté el otro día, de verdad, lo siento —él frunció el ceño y suspiró.
—Isabella es una persona especial, le tomé mucho cariño, pero no del que te imaginas —se apresuró a decir al ver mi rostro—. Ella supo encontrar las herramientas para salir de las adicciones y sé que muchas de ellas son gracias a ti, así que solo por esta vez dejaré pasar ese error de tu parte.
—Muy bien —respondí volviendo a mi asiento mientras él regresaba por el pasillo. Me senté y miré la hora, solo faltaban cuarenta y cinco minutos. La puerta de Kate no se abría y estaba comenzando a impacientarme cuando escuché como alguien venía corriendo por el pasillo. Me levanté de inmediato al ver el rostro enrojecido de Bella. Ella estaba agitada y respiraba con dificultad. Corrió hacia donde estaba y saltó hacia mi envolviendo sus piernas en mi cintura y sus brazos en mi cuello.
—¡Mierda, como te extrañe! —dijo antes de besar mis labios con un beso que me dejó con ganas de arrancarle la ropa y tirarla sobre el sofá.
—¡Mi amor! —la abracé enterrando mi rostro en su cuello caliente. Su aroma era condenadamente abrumador. Al parecer ella estaba haciendo ejercicios por sus calzas y su top deportivo. Mis manos se pasearon por su espalda húmeda y mierda si eso no me calentó. Me senté en el sofá y ella se acomodó sobre mi creciente erección. Tomé su firme culo y lo masajeé atrayéndola hacia mi cuerpo, en un vaivén delicioso.
—Edward… te necesito —pidió agitada. Ya no por sus ejercicios, sino por los besos desesperados que nos estábamos dando. Mi lengua no la dejaba respirar.
—No te das una idea lo que te necesito yo, mi vida —¡Dios mío, su culo!
—Estoy jodida aquí sin ti —comentó meciendo sus caderas sobre mi maldito pene.
—¿Quieres que te joda? —pregunté levantando mis caderas para darle énfasis a mi deseo. Ella sonrió sobre mi boca.
—Tu sabes que sí, te eh extrañado toda la puta semana. —me abrazó y enterró su rostro en el hueco de mi cuello. Me estremecí al sentir su lengua en ese lugar y luego una fuerte succión. Cerré mis ojos y jadeé.
—¿Edward? —mis ojos se abrieron abruptamente y noté a Kate que nos miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Bella se levantó de golpe y yo la tomé de la mano haciendo que se sentara sobre mis piernas. Ella no tendría que avergonzarse ante nadie nunca más.
—Hola, Kate, siento que hayas presenciado un hermoso momento que estábamos compartiendo con Bella, pero…
—Isabella, ¿qué haces en esta zona de la clínica? — me interrumpió y miré a Bella, ella estaba completamente sonrojada. Me sentí mal por ponerla en esta situación.
—Es culpa mía, yo hice que viniera —ella intentó pararse pero yo no la dejaba.
—Edward, no respondas por ella, deja que hable Isabella —Bella la miró de manera extraña antes de pararse a la fuerza dándome un manotazo. Suspiré y me coloqué a su lado.
—Me enteré que Edward estaba aquí y salí del gimnasio para verlo, lo siento —respondió con los puños apretados.
—¿Estás enojada? ¿Dime lo que te enoja? —tomé la mano de Bella y la masajeé para que aflojara su puño. No me gustaba verla de esa forma.
—Aquí no hay nada que pueda enojarme, Kate, puedes estar tranquila —daba todo lo que tenía a que detrás de esas palabras había un trasfondo.
Miré a Kate que estaba roja, ¿de que me estaba perdiendo?
—¿Entonces por que estás en ese estado? —Bella apretó mi mano mientras su mandíbula temblaba.
—Porqué estoy frustrada, quiero estar con Edward, necesito tener sexo con él —mi mandíbula se estiró hasta casi tocar el piso y si me pudiera haber caído lo hubiera hecho, pero ella me sostenía de la mano. Ahora era ella quien lo hacía.
—Isabella… —intenté hablar pero nada salía. Miré a Kate quien nos observaba con unos extraños ojos.
—¡Cállate, ves lo que me haces, esto es tu maldita culpa!
—¡¿Yo que hice?!
—¡Estas aquí, enfundado en un maldito Armani y hueles endemoniadamente bien! ¿Acaso piensas que soy de hielo? ¡No, tengo sangre en mis venas y quiero sexo! —Kate nos miraba con la boca más abierta que la mía. No podía creer lo que escuchaba.
— ¿Quiere… quieres? —realmente no podía hablar. Ella suspiró y su mandíbula comenzó a temblar dando paso a unos sollozos—Mi amor, bebé … —la alejé unos pasos y levanté su rostro con mis manos — ¿Cielo?
—Contigo… quiero hacer el amor contigo — contestó en un susurro solo para mi. La abracé besando su cabeza. Estuvimos así hasta que sentimos un carraspeo. Miré hacia Kate pero no estaba sola.
—Hola Edward.
—Hola Carmen —Bella se separó de mí pero no dejé que se alejara, tomé su mano y nos acercamos hacia las dos doctoras— ¿Cómo estás? —ella nos miraba con una sonrisa que claramente ponía incomoda a Bella.
—Muy bien, Edward. ¿Cómo está mi amiga Esme? —ella seguía mirando a Isabella— Perdón, ¿Isabella acaso estas por entrar a tu consulta? —mi novia suspiró.
—No.
—Muy bien, ¿quieres hacerlo ahora? —Miré a Carmen— pierde el cuidado Edward, mientras Isabella toma su consulta con Kate me gustaría conversar contigo algunas cosas.
—Está bien, Edward, iré con Kate —ella se veía claramente cansada—. Luego nos vemos —la vi irse con Kate y me quedé con Carmen.
—Toma asiento —nos acomodamos en los sofás y ella me miró por encima de sus gafas— ¿Cómo piensas que se encuentra, Bella? —aclaré mi garganta.
—Físicamente la veo muy bien, ella ha estado haciendo mucho ejercicio, es obvio que se puso en forma —ella asiente.
—No me refiero a eso, sino a cómo la encuentras anímicamente. Te pregunto esto porque ella ha avanzado mucho en sus consultas, Kate me ha comentado que se ha abierto más a la hora de hablar, ha estado varios meses sin salir y en mi opinión creo ya es el tiempo de que tenga una salida —cerré los ojos.
—¿Me estas hablando enserio?
—Por supuesto, ella lo ha estado haciendo muy bien —me sonrió para luego volver a ponerse seria—. Pero claramente por un tiempo no puede volver a la que era su casa, ella tiene que mantener su entorno lo más alejado posible hasta que ella pueda valerse por si misma a la hora de tomar decisiones instantáneas —sabía a lo que se refería.
—¿Crees que ella pueda tener alguna recaída? —temía que Bella no se sintiera segura.
—Sí, ella puede tener una recaída. Es muy probable pero nada es seguro, algunos pacientes suelen seguir con el tratamiento fuera de la clínica con algunos consejos que se les suele dar. De esa manera muchos siguen con sus vidas y superan los obstáculos muy bien.
—¿Debería recomendarle a Bella que se mude?
—No lo creo, en cualquier sitio en el que esté, se le presentaran oportunidades para lo que sea.
—Pero… Yo podría comprar una casa alejada del tumulto donde ella pueda tener una vida tranquila y alejada de cualquier peligro.
—Edward, cielo, tú no puedes encerrarla en una caja de cristal. Sé que tu deseo es que ella esté lo mejor posible y créeme que lo estás haciendo, has hecho mucho por esa niña, ella lo sabe y está muy agradecida por eso, pero…
—No creo que este haciéndolo todo. Yo... yo sé que puedo hacer más, quiero darle todo lo que perdió por mi culpa y….
— ¡Oh, párate ahí! ¿Qué crees tú que ella perdió por tu culpa? ¿Por qué consideras que es tu culpa?
—Siempre supe que ella era el amor de mi vida, cuando la conocí por primera vez me sentí intimidado por su presencia, ella era tan inteligente. Desde que la vi por primera vez me enamoré de ella, de su simpleza y de su humildad, de su ingenuidad y su pureza —recordar aquello me alegraba y a la vez dolía, porque todo se vio opacado con lo que precedía.
— ¿Qué sucedió después?
—Todo se complicó cuando mi padre enfermo y tuve que hacerme cargo de las empresas en Londres. En ese momento ella estaba aún en el instituto, yo seguiría con mi carrera allí… Ella fue la primera mujer en mi vida y amé cada momento que pasamos juntos, no sé cuándo momento pasó pero a medidas que más tiempo pasaba rodeado del mundo empresarial y todo lo que eso conlleva me fui alejando de ella. ¿Sabes? Antes de irme le prometí volver por ella, le prometí que sería la única mujer en mi vida, y juro que no sé cómo pasó, ni de qué manera pero cuando me di cuenta ya era demasiado tarde… —mi garganta se cerró al recordar lo que había hecho.
— ¿Estuviste con otra mujer? —cerré los ojos.
—Aunque es lamentable, hubiera deseado que sólo fuera eso —mi voz se quebró—. No estuve con Bella cuando más me necesitó. Ella estaba al cuidado de su abuela, tiempo después de que me fui Marie cayó enferma y… Dios… los chicos intentaron buscarme, hicieron todo lo posible por contactarme pero nada funcionaba. Mis asistentes evitaban darme cualquier comunicado que me alejara o distrajera de mis responsabilidades. Mientras ella estaba a punto de perder a su abuela yo me lo pasaba de reuniones en reuniones durante los días, y para desestresarme por las noches recurría a clubes exclusivos donde me rodeaba de las mujeres más exuberantes, todo lo opuesto a Bella. Muchas de esas veces ella vio notas de los medios amarillistas donde mostraban esas salidas y me veía ir y venir con diferentes mujeres, todo mientras ella estaba con su abuela ingresada en el hospital. ¡Fui un maldito cobarde! ¡Una completa mierda por nunca llamarla! Jamás dejamos de ser novios, algo que claramente yo me olvidé, no la registraba como tal, ella nunca recibió una respuesta de mi parte… —limpie mi rostro de las lágrimas que había soltado y aclaré mi garganta— No se como pero un día recibí un llamado de Alice, estaba tan ocupado esa tarde, ahogado en papeles, que cuando me llamó no supe lo que hice y dije hasta que ocurrió —no pude seguir hablando al recordar ese día.
—Adelante, Edward, sigue.
—Yo… Marie había muerto. Bella finalmente estaba sola en el mundo, ella me debió haber necesitado como nunca, lo sabía y lo único que hice fue ofrecerle dinero a través de mi secretaria a Alice para que ella se lo diera Bella. Nunca una llamada, nunca una condolencia… Sólo dinero —no supe que lloraba hasta que un sollozo salió de lo mas profundo de mi pecho. Carmen dejó que llorara todo lo que necesitaba, unos minutos después finalmente dije lo que realmente sentí y nunca me atreví a preguntar— ¿Cómo vuelvo de eso, cómo me redimo? Jamás voy a perdonarme haber hecho eso.
—Puedes empezar desde ahora, de hecho creo que ya lo haces, ¿no te parece? —la miré intentando comprender lo que decía— Apuesto a que después de ese día todo cambió, ¿verdad? —asentí, por que así fue. Luego de haberle dicho esas cosas a Alice tuve un retroceso de todo lo que había hecho ese año y mi vida comenzó a ser miserable desde ese día. Me arrepentía de todo lo que había hecho, hasta de haberme equivocado con Irina.
—Nada de lo que haga va a compensar todo el daño que le cause, ella… —la puerta del consultorio de Kate se abrió dejándome ver a una Bella algo irritada dirigiéndose hacia la salida. Kate salió luego y se recompuso de su actitud fría al vernos.
—Edward, me gustaría que siguiéramos esta conversación en otra oportunidad, ¿te parece?
—Claro. —Kate se acercó y miró a su madre con los ojos abiertos— ¿Todo bien, Kate?
—Sí, yo… —ella me miró y fruncí el ceño al ver como trataba de disimular su semblante nervioso.
—¿A dónde fue Bella? Creí que quería pasar tiempo con Edward.
—Si, ella se fue a dar un baño y… —miré a Carmen porqué algo me dijo que si le pedía permiso para ir detrás de Bella a Kate, ella no me dejaría.
—¿Puedo ir a verla? —ella me sonrió— Prometo comportarme.
Salí hacia la habitación de Bella sintiéndome algo nervioso por no saber que era lo que la había dejado a Kate en ese estado. Pero principalmente, no sabía porqué Bella había salido de allí casi corriendo. Algo pasaba entre ellas.
Al llegar a su habitación toqué la puerta pero nadie me respondió. Volví a intentarlo obteniendo la misma respuesta, asique abrí la puerta pero no había nadie, aunque se escuchaba el agua de la ducha. Cerré la puerta detrás de mi y miré a mi alrededor, la ropa deportiva de Bella estaba en el piso, incluyendo sus bragas. Tragué grueso al imaginarla en la ducha, aun tenía en mis oídos lo que había dicho.
La entendía perfectamente, no había hora del día en que no pensara en tenerla entre mis brazos. Mi última visita fue extraordinaria, finalmente había visto como los muros de Bella iban cayendo dando paso a esa chica de la que me había enamorado hace años. Ahora era una mujer, una mujer que me tenía aún más enamorado por ver la fuerza que ella irradiaba para salir adelante y no dejarse vencer. Estaba sumamente enamorado porqué era una buena mujer, que a pesar de todo volvía a recibirme. No le faltaría de nuevo, no estaba en mi volver a hacerlo, era yo quien necesitaba demostrarle que no era lo que las revistas y los programas amarillistas decían sobre mi persona, así que haría lo que fuera para que ella no pensara que seguía siendo esa imagen que mostraban los medios, ya no más.
Me senté en la cama y tomé la blusa que estaba sobre el piso. Seguía algo mojada. Suspiré cerrando los ojos, realmente esta era una nueva faceta de ella, el que le gustara el deporte. Me agradaba que quisiera tener su cuerpo en forma y saludable. Sus piernas…
— ¡Carajo! ¡¿Qué diablos haces aquí?!
—Bella… —respondí suspirando. Ella estaba parada en la puerta del baño. Ciñó el cinturón de su bata al verme en el estado en que me encontraba.
¡Jodida mierda! Estaba más que excitado. Y que sus palabras se reprodujeran en mi cabeza como una película no ayudaba en nada.
Me paré y solté la prenda, ella tragó grueso. Me acerqué lo más que pude mientras ella retrocedía chocando con el marco de la puerta.
Su rostro estaba cubierto por pequeñas gotas de agua y a la distancia en la que estaba su piel desprendía un aroma floral. ¿Cómo no iba a querer ganarme la confianza de esta mujer? Ella era mi mujer, siempre lo había sido. Nada de lo que habíamos pasado iba a impedirnos volver a ser felices.
—¿Por qué estas aquí? Tu no… —acaricié su mejilla con la punta de mi dedo y ella se estremeció cerrando los ojos. Suspiró agitada.
—¿Yo, qué? —su pecho subía y bajaba— ¿Por qué saliste corriendo de la consulta? —ella negó — ¿Qué pasa entre Kate y tu? —con la mención de Kate, sus ojos se abrieron y todo el ambiente que se había creado cambió drásticamente.
—¿Qué haces aquí, Edward? —me esquivó dirigiéndose a la cama. Tomó un cepillo que estaba sobre la mesa de luz y comenzó a cepillar su cabello. Ella jalaba con fuerza de los mechones y parecía no dolerle. Me senté a su lado y tomé el cepillo de sus manos.
—¿Recuerdas lo bien que la pasábamos cuando pretendía ser tu peluquero? —comenzó a reír.
—Siempre terminaba con el cabello más corto de un lado que del otro —comencé a separar el cabello por secciones y a cepillarlo delicadamente.
—Tú no te quedabas atrás. Recuerdo la vez en que tuve que recurrir a un profesional porqué me habías dejado un hueco horrible en la parte trasera de la cabeza. Esa vez terminé rapado porqué no había forma de arreglarlo —ambos reíamos.
Cuando terminé de desenredar su cabello dejé el cepillo a un lado y la hice darse vuelta para que me mirara a los ojos. Tomé sus manos y las besé.
—Carmen me dio una buena noticia, ella cree que estás preparada para tu primera salida transitoria, ¿qué te parece? —me miraba atenta y sin pestañear— ¿No te pone contenta? —acaricié su mejilla al verla tan ida. Ella parecía no estar comprendiendo lo que eso significaba, por lo que me apresuré a explicarle—Sólo será una un día, saldrías a la mañana y regresarás a la clínica por la tarde. ¿Te parece bien? —ella no me miraba y de un momento a otro comenzó a retorcer sus manos—¿Qué es lo que te preocupa?
—No lo sé… no sé como reaccionar a lo que me dices —levantó los ojos de su regazo y sin esperarlo acarició mi mejilla— ¿Tu crees que estoy lista? —preguntó dudosa, ¿acaso era eso? ¿ella necesitaba mi aprobación?
—Mi amor, no lo estoy diciendo yo, lo dicen los médicos, que ya estas lista. yo estoy feliz de cualquier manera, si te vengo a ver aquí o afuera no me importa siempre y cuando tu quieras que nos veamos —me incliné sobre ella pero sus planes eran otros. Se paró y se ubicó entre mis piernas. Mis ojos no dejaban de ver su rostro. Colocó sus manos en mis hombros y apretó. ¡A la mierda con lo que le había prometido a Carmen! —Bésame —le rogué, un poco atormentado y ella se pasó la lengua por el labio antes de inclinarse para complacerme.
Apenas me rozó con la boca, la excitación que se desató entre mis piernas me despojó de la capacidad de razonar con claridad. ¿Por qué me sometía a esta tortura una y otra vez? A este punto resultaba imposible detenerme y me lancé como sediento a una fuente de agua. Le coloqué una mano en la parte baja de la cintura y otra detrás de la cabeza. Profundicé el beso tímido de ella hasta ser consciente de que ya no llegaría más adentro de su boca con la lengua. Me imaginé penetrándola con mi miembro del mismo modo y un gemido ronco me hizo vibrar la garganta. La acerqué aún más al ángulo que formaban mis piernas, donde la sangre hacía pulsar mi pene y ella se sujetó aún más a mí con manos indecisas.
—Edward… —la escuchó susurrar, no con el acento de alguien que pide una tregua, sino con el deseo con el que ella lo sorprendía a cada momento.
—Bella, mi amor, te amo. Te amo tanto... —expresé sin aliento— Te prometo que cuando salgas, voy a darte lo que tanto deseas —ella me miró comprendiendo a que se refería.
—Muy bien, voy a estar esperando ansiosa —le sonreí de lado mientras la acomodaba sobre mi regazo donde podría sentir mi dura erección.
—Mientras tanto, recordemos nuestras tardes en el altillo de mi casa. ¿Te acuerdas? —pregunté mientras levantaba mis caderas golpeado su centro.
—¡Oh, si! —respondió cerrando los ojos y agitando las caderas sobre las mías.
YA DE APOCO COMIENZAN A SALIR COSAS A FLOTES QUE EDWARD NI ENTERADO COMO POR EJEMPLO ¿Que pasa entre Bella y Kate? Que creen que le dijo Kate a Bella? Todo eso en el proximo capitulo, donde se vera la primera salida de Bella... yyyyyyy se vendra un capi un poco mas caliente...
Nos vemos pronto chicas y gracias por la tremenda paciencia 3
***Gs Culle***
