*Muchas gracias a LETICIA LARRÀN por haberme ayudado con la corrección del capítulo*
IMPORTANTE: Les recomiendo darle una leída desde el comienzo para retomar el hilo de la historia.
Capítulo 9: La sorpresa
Bella POV.
El reflejo del espejo mostraba a una muchacha claramente distinta a la chica que había ingresado en la clínica varios meses atrás.
Alec se había enterado que hoy tendría mi primera salida transitoria y una tarde había aparecido junto con Jane trayendo unos hermosos vestidos. Mi amigo era una delicia de persona y la chica era igual que él. Se les notaba a leguas que estaban enamorados. Ella había regresado esta mañana para ayudarme, junto con las chicas, en el vestuario, maquillaje y peinado. Jane se había encargado de proporcionarnos todas cosas que necesitábamos ya que las internas no podíamos tener nada de eso con nosotras. La noticia de mi salida se desparramó por toda la clínica y muchos de los pacientes me habían deseado buena suerte.
Realmente me veía increíble, solo esperaba que no fuera demasiado. Edward me había dicho que tenía una sorpresa preparada para mí, así que solo deseaba estar bien arreglada para la ocasión.
Salí del baño y mis amigas ya no estaban, todas me esperaban en el hall de abajo. Tomé el bolso "tipo sobre", que según Jane era el adecuado para mi atuendo, y cómo jamás había visto uno de estos bolsitos sin una correa, tuvo que explicarme que eran para llevarse en la mano. Antes de salir me aseguré de llevar un par de cosas para retocar mi maquillaje si fuera necesario, aunque por la euforia y las ganas que tenía de besar Edward, estaba completamente segura que tendría que tendría que hacerlo varias veces.
Suspiré y me mentalice de que a partir de hoy, y en adelante, mi vida estaría rodeada solo de personas sanas y que me querían ver bien. Necesitaba estar positiva.
Todo saldría bien.
Bajé sintiéndome nerviosa y me encontré al pie de la escalera con Alec, Jane y las chicas. Mi amigo me dio el visto bueno y me hizo señas para que mirara hacia los sillones en la sala de espera, donde vi a Edward… y a Kate. Con los nervios aumentando, caminé hacia ellos y Edward fue el primero en verme.
Decir que mis piernas se aflojaron fue poco, él dejó a Kate hablando sola y pareció que nada existía a nuestro alrededor. Iba vestido con jeans oscuros, camiseta gris y Vans en los pies ¡Dios mío! Sentí mis bragas mojarse. Me acerqué y Edward me miró con una hermosa sonrisa, solo quería abrazarlo por lo que apresuré el paso y salté a sus brazos. Como siempre, me sostuvo pegada a su pecho.
— Mi amor… —saludó mirándome los labios. Agradecí el tiempo que las chicas dedicaron al poco maquillaje que llevaba. Mis labios se veía más grandes y suculentos— Estas hermosa, cielo… —no esperé más y tomé su rostro besándolo con hambre. Rodee sus caderas con mis piernas y él apoyo sus manos en mi culo, importándonos un pepino quien estuviera en la habitación.
Las chicas empezaron vitorear mi acción e incluso Alec aplaudió. Había soltado el bolsito a la mierda cuando la lengua de Edward se frotó con la mía. En algún momento sentimos que alguien se aclaraba la garganta y cuando abrí los ojos sin dejar de besar a Edward, Carmen estaba junto a Kate.
Me separé de él, no sin antes dejar un sonoro beso en su apetitosa boca.
— Es Carmen… —dije bajándome de Edward, quien me acomodó la falda. Tomó mi mano y se giró.
Kate no dejaba de mirarme de arriba abajo, y no supe como descifrar su inspección.
— Bueno, veo que ya estas lista Isabella. Estás muy guapa —comentó Carmen. Kate se mantenía en silencio a su lado y yo no dejaba de mirarla.
— Lo está… —aseguró Edward apretándome la mano— Carmen, ¿a qué hora debe regresar Bella?
— A las ocho estaría…
— Mamá, todos los pacientes ingresan a las seis, no creo… —interrumpió.
— Kate, le daremos un plus de tiempo a Bella por su esfuerzo, se lo merece —la silenció Carmen.
— Bien. Yo solo… —suspiró negando— Con permiso, tengo cosas que hacer —y se fue. No le di importancia, ella no iba a lograr estropearme el día.
— Muchas gracias, Carmen —agradeció Edward abrazándola, al igual que yo. Nos despedimos de las chicas y él les agradeció lo que hicieron por mí.
Una vez afuera nos subimos a su auto, y mientras estábamos en el viaje comencé a sentir ansiedad. ¡Maldición! Edward inmediatamente tomó mi mano, la que tenía el leve temblor y la apretó.
—Tranquila, amor, yo estoy contigo, hoy lo vamos a pasar bien —levantó su apoya brazos y sacó una bolsa de papel llena de dulces. Lo miré sonriéndole por estar preparado para estas situaciones. Sabía que como estos episodios habría muchos, pero estaba segura que con Edward a mi lado todo sería más llevadero y finalmente volvería a ser alguien que mereciera estar a su lado.
Abrí la bolsa y saqué varios caramelos rellenos de chocolate, me los comí disfrutando del sabor y dejando que la glucosa hiciera el efecto deseado sobre mi ansiedad. También tomé una barra de arroz bañada en chocolate blanco y la devoré.
— ¿Te gusta esa? —Asentí— Lo imaginé. Sé cuánto amas el chocolate.
— Tú me gustas más —lo miré coqueta y él me sonrió.
— Bien. Entonces, cuando quieras puedes bañarme en chocolate y comerme.
— ¡Oh, ganas de comerte no me faltan! —Él volvió a sonreírme, pero esta vez con ese brillo perverso en sus ojos—. Además, hoy estás tremendamente guapo.
— Tu igual —miró todo mi cuerpo—. Es la primera vez que te veo con una falda. —comentó y me inquieté un poco.
— ¿Te gusta? —pregunté, y me miró como si hubiera dicho una tontería.
— ¿Qué si me gusta? ¡Nena, me fascina! Te queda hermoso todo lo que tienes puesto hoy —me quedé más tranquila, las chicas habían elegido bien.
No me había dado cuenta que estábamos muy cerca de Seattle. Miré a Edward y este me sonrió.
— ¿A dónde vamos? —pregunté ansiosa.
— Es una sorpresa. —contestó. Me removí inquieta mordiéndome el labio inferior.
— ¿Me… me darás lo que me prometiste? —él apretó el volante.
— Sí. Será un gran día, te lo prometo.
— Solo estar contigo, para mí es un gran plan —dije posando mi mano en su muslo.
— Cariño, lo pasaremos tan bien. Quiero darte todo lo que te mereces y más.
— Edward, no necesito grandes cosas, lo sabes.
— Lo sé, y es por eso que te las quiero dar.
— Pero…
— No me harás cambiar de opinión.
Ninguno de los dos dijo nada más y él siguió manejando durante otra hora. Claramente estábamos en Seattle, pero esta era la parte verde de la ciudad. A lo lejos vi una edificación blanca y supe enseguida donde íbamos.
— Edward… —susurré, no pudiendo creer a donde me había traído. Hacía muchos años, le había comentado que me hubiera gustado mucho conocer este lugar.
Estábamos en el Discovery Park. Un parque que estaba situado frente a las costas de Puget Sound, en el vecindario Magnolia, y era encantador porque tenía muchísimos senderos para caminar y todos daban a la costa. Tenía claros y lugares para acampar. Pero lo que más me llamaba la atención era la edificación de un faro, que era una estructura muy antigua.
— ¿Te gusta? —preguntó inseguro.
— Te acordaste, un día te dije que me gustaría conocer este lugar y…
— Sí. Cuando me dijeron que tenías el permiso para salir, supe enseguida que este sería un buen primer comienzo para empezar.
Aparcamos en el lugar que estaba permitido y cuando Edward me abrió la puerta, una brisa dio de lleno en mi rostro. Inhalé el aire fresco y puro del lugar y por poco me pongo a llorar de la emoción. Hacía tanto tiempo que no me sentía tan bien, que había olvidado como era ese sentimiento.
Edward me sonrió y tomó mi mano. Caminamos hacia el faro y una señora nos esperaba para darnos unos pases.
— Señor Cullen, todo está como usted lo ordenó. —explicó la señora con una sonrisa.
— Muchas gracias. —contestó él y tomó los pases para después encaminarnos hacia el interior del faro.
Subimos unas escaleras y cuando llegamos a la cima la brisa se hizo más potente. Pasé la lengua por mis labios y sentí el gusto salitre del lugar. Edward me condujo hacia el frente del faro y una sonrisa se expandió por mi rostro al ver una mesa, perfectamente acomodada, con todo lo que se necesitaba para un desayuno tardío. Con una mano en mi espalda baja, me encaminó hacia mi lugar y me ayudó a sentarme en mi silla. Lo miré y él me regresaba la mirada con una bella sonrisa, pero procurando que todo estuviera en su lugar.
— Edward, todo esto… —negué con la cabeza un poco abrumada por todas sus atenciones—. Es demasiado y…
— Nada es demasiado para ti, amor —se dio cuenta cómo me había llamado y sus mejillas se sonrojaron— Te mereces esto y mucho más. De hecho tengo más sorpresas, no me olvido lo que te prometí —me guiñó un ojo.
—Bueno, pues… ¿Esto se puede comer? —asintió tomando un gajo de naranja al vivo y lo acercó a mis labios. Mierda, nada era más erótico que él dándome de comer en la boca. La abrí sin dejar de mirarlo a los ojos y cuando sentí el frescor de la fruta fresca, gemí sin poder detenerme.
— Tu turno.
— ¿Quieres que te de comer en la boca? —asintió. Se cruzó de brazos muy pagado de sí mismo. Se lo haría pasar muy mal si pensaba que me intimidaría con eso. ¿Él quería que le diera de comer en la boca? ¡Pues lo haría! Pero le añadiría un condimento.
Sin que se lo esperara, me levanté de mi asiento y rodee la mesa, hice que corriera un poco la silla y me senté en sus piernas, poniendo mi culo muy bien ubicado sobre su pene. Roté mi cadera como si me estuviera acomodando, pero mi intención era otra. Pude sentir su creciente erección. Tomé de la misma naranja y la coloqué entre mis dientes ofreciéndosela para que comiera de mi boca. Edward me rodeó la cintura con sus manos y me apretó contra su pecho. Me acerqué hasta quedar a un centímetro y como si de un hambriento se tratara, me comió la boca con naranja y todo. El jugo explotó en ambas bocas y su lengua me invadió cuando abrí mis labios. El jugo de la naranja comenzó a escurrirse por nuestras comisuras y me desesperé cuando una de sus manos se coló por debajo de mi falda haciendo que abriera un poco las piernas. Cuando lo sentí apretar mis labios por encima de mis bragas, eché la cabeza hacia atrás pronunciando un gemido, anticipando lo que vendría.
Él quito su mano y me quejé.
— Edward…
— Lo sé, sé que ambos lo necesitamos, pero déjame poder disfrutar de esto contigo, tengo la ilusión deleitarme con una linda cita antes de, antes de… Bueno, de mandar todo al diablo y arrancarnos la ropa —besé sus labios con cansancio y frustración, pero tenía razón.
— De acuerdo, ¿quieres que me siente en mi silla?
— No, aquí estoy a gusto. Solo no muevas demasiado ese culito que me vuelve loco.
— ¿Cuál, este? —pregunté moviendo mi culo en círculos sobre su erección. Gruñó en mi cuello apretando mis caderas con sus manos.
— No seas mala.
— De acuerdo, de acuerdo. Solo porque no quiero que nadie mire esto —froté su erección—, me mantendré quieta, así no sigue creciendo. Edward, no lo recordaba tan grande —comenté con una sonrisa, mientras le daba un trozo de omelette.
— Cariño, espera a que estemos bajo las sabanas para que te lo recuerde.
Me reí nerviosa por su comentario.
Después de eso, ambos nos centramos, o tratamos terriblemente, de prestar atención a la comida. Había de todo y yo estaba feliz por todas esas cosas ricas. En la clínica comíamos bien, pero de los siete días de la semana, cinco era comida saludable y solo los fines de semana nos permitían comer hamburguesas o pizzas y en algunos casos, comida mexicana o china. Pero esto era por lejos mucho mejor, y repito, no es que me quejara, pero Edward había pedido que hubiera todas las cosas que a mí me gustaban: tortitas, waffles, frutas, huevos, jamón, queso, café. Y algunas otras cosas que no estaba segura que alguna vez me gustaran, como el tocino, pero a Edward si, así que seguro que eso era exclusivo para él.
Cuando terminamos de devorar todo, o casi todo, nos levantamos y nos dirigimos hacia un extremo del faro. La brisa era fuerte, pero sentir los brazos de Edward rodeándome por detrás, hacía que todo mi cabello alborotado, valiera la puta pena. Lo rizos que me había hecho Jane habían desaparecido, pero nada de eso importaba.
— ¿Estas a gusto? —me preguntó y yo me aferré a sus brazos.
— Sí, muchas gracias. Es mucho más de lo que imaginaba de esta salida —miré a mí alrededor y solo estábamos nosotros dos—. Estoy segura que el hecho de que hoy estuviera cerrado al público no es casualidad, ¿verdad?
— Así es, yo pedí que lo cerrara por unas horas y contraté un servicio de catering para que nuestra primera cita sea algo digno de recordar.
— Nuestra primera cita fue hermosa, Edward, aún la recuerdo —los brazos de Edward se tensaron.
— Entonces tendría que decir, nuestra primera cita después de tanto tiempo.
— Bueno, si lo dices así. Pero, ¿sabes? Quiero que no hablemos de las cosas malas del pasado, mejor dime que cosas buenas hiciste en Londres. Por qué me imagino que algo bueno habrás hecho, aparte de trabajar y… —y de follar a quien se te pusiera enfrente, quise decir, pero preferí no decirlo. Él suspiró y dejó caer su barbilla en mi hombro mientras ambos contemplábamos el horizonte.
— Conocí a un hombre, se llamaba Marco. Era el gerente de la sucursal en Londres, hasta que yo llegué. Era un hombre muy respetado y con mucha experiencia en el negocio. Él fue quien me ayudó en el proceso de traspasos de mandos. Marco también pensaba jubilarse, quería disfrutar de su familia, de sus nietos, salir de viaje con su esposa. Me ayudó mucho y nunca me trató de mala manera por ir a ocupar su lugar o por ser hijo de… Fue un buen amigo y me ayudó también en mis momentos más delicados.
— ¿Delicados? ¿Estuviste enfermo? —me voltee para quedar frente a él.
— No… —besó mis labios y dejó los suyos allí por un tiempo—. Hubo un tiempo en que tuve ganas de mandar todo a la mierda, fue cuando me di cuenta de lo que había hecho contigo —me miró a los ojos con dolor—. Me sentía como un demonio que había confabulado para matar a un ángel, me sentía asqueado y desorbitado porque mi lugar era contigo. Llegó un momento en que me preguntaba, ¿qué diablos estoy haciendo aquí? Y me gritaba, ¡Sal de allí, corre hacia Bella mientras tengas oportunidad! —negaba con su cabeza— Pero no podía, no podía salir corriendo como quería. Había mucho peso y responsabilidades sobre mis hombros para ese entonces, yo era el rostro de la empresa y mi padre recién se estaba recuperando. No sabía qué hacer, y en ese momento de duda me encontró Marco, cuando regresaba de unas vacaciones. Él habló conmigo y me recordó el porqué estaba ahí. Me supo aconsejar cuando lo necesité y me hizo darme cuenta de muchos de los errores que estaba cometiendo. Junto con mi madre, me recordaron la promesa que le había hecho a mi padre. Así pasó un completo año hasta que pude volver a Estados Unidos. Le agradecí a Marco todo lo que había hecho por mí y él solo me dijo: espero que esa muchacha por la que decidiste volver te valore y aprecie todo lo has hecho —yo agaché mi cabeza—. No, soy yo quien no la merece, soy yo quien debería besar por dónde camina. Ella es quien debe darme una oportunidad.
— Edward, yo…
— Está bien, yo sabía cuándo decidí volver que no sería fácil. Había hecho cosas horribles, Esme siempre supo todo y solo mostraba mi dolor frente a ella… —lo silencié con un beso. Mi boca comenzó a moverse, intentando que me diera permiso y cuando lo hizo, mi lengua se deslizó buscando la suya. Las manos de Edward no se quedaban quietas y me apretaba contra él. Comenzamos a movernos. Entonces me vi empotrada contra la pared del faro.
¡Mierda!
Moví mis caderas contra su pelvis. Él estaba tan caliente. Podía sentirlo a través de su pantalón. Él deslizó una mano por la parte de atrás de mi muslo y me apretó una nalga con fuerza. Chillé no de dolor, sino por puro placer. Su mano se metió por los bordes de mi braga y hurgó sin detenerse hasta encontrar donde estaba empapada. Moví mi culo hacia atrás, tratando de obtener más de lo que sus dedos hacían. Alejé mi boca de la suya para recuperar el aliento.
— Nena… —comenzó a besar mi cuello cuando sentí como su dedo mayor entraba entre mis labios.
— ¡Mierda, Edward, no pares, no pares! —comenzó a masturbarme con rapidez, mientras su otra mano me apretaba un pecho con fuerza, intentando desesperadamente abrir los botones de mi camisa para dejarlos al aire libre. Cuando la briza fría acarició la piel de mis pechos, ambos sentimos como alguien se acercaba.
Nos separamos rápidamente mientras él me acomodaba la falda y yo abotonaba mi camisa. La misma señora que nos había atendido se acercó con una bandeja para levantar las cosas sucias. Nos miró con suspicacia. Era obvio lo que estábamos haciendo.
— ¿Les gustaría compartir un postre y…? — preguntó mientras se aclaraba la garganta.
— No, gracias. Hemos terminado aquí, le agradezco todo lo que hizo, fue muy amable — la interrumpió Edward, luego abrió su billetera y sacó varios billetes, dándoselos a la mujer— Esto es por su buen servicio —ella lo miró con los ojos bien abiertos.
— ¡Oh, no señor, pero usted ya pago por los servicios y…!
— Por los servicios del catering sí, pero no por su buena atención. Adiós.
Edward me tomó de la mano y me sacó de allí llevándome hacia el auto con rapidez. Una vez que me tuvo sentada me besó con fuerza, dejándome sin aire.
— Creí que nos quedaríamos aquí y…
— No amor, te prometí algo y me voy a volver un demente si no te hago el amor ¡Mierda, no puedo manejar bien! — me reí de su cara.
— Entonces apresúrate, porque yo también te necesito, Edward —susurré en su oído.
Él manejó hasta llegar al centro de la ciudad, dándonos el tiempo de recomponernos un poco y tranquilizarnos. Cuando se metió en un estacionamiento subterráneo, con puertas de metal que se abrían automáticamente; presentí que no era un hotel cualquiera como me esperaba. No.
Subimos al ascensor y nos dirigimos hacia el primer piso, donde estaba la recepción. Una luz cegadora me hizo cerrar los ojos. Me aferré al brazo de Edward al ver a todas esas personas elegantes, vestidas de trajes y ropa cara. Personas de dinero. Tragué grueso y miré a Edward que caminaba muy seguro de sí mismo. Yo suspiré sintiéndome ansiosa. Apreté mis manos en su brazo y él pareció darse cuenta en el estado en que me encontraba.
— ¿Qué sucede?
— Nada —contesté mientas miraba a todos lados. Como esperando que en cualquier momento alguien me reconociera y me sacara a patadas de ahí.
— Nena, cariño, mírame —levantó mi cabeza con sus manos en mis mejillas—. Esto es solo un hotel, la gente aquí no presta atención a los demás, solo van apresurados de un lado a otro con la cabeza metida en su propio mundo, nadie nos presta atención —volví a mirar a nuestro alrededor y tena razón. Las personas iban con sus celulares pegados a su oído o mirando la pantalla, y nadie parecía ver por donde caminaban. Le sonreí y lo tomé de la mano un poco más tranquila.
Mientras obteníamos la tarjeta de acceso la chica de recepción saludó a Edward como si lo conociera. Él me explicó que lo conocían porque solía hospedarse seguido, de hecho, decía que tenía ganas de comprarse un piso aquí mismo.
Dentro del ascensor sus manos frotaban mis brazos. Mi cabeza estaba apoyada en su pecho, donde rozaba mi mejilla contra su pectoral. Lo amaba tanto. Todo me parecía irreal, como un sueño. Estar de esta manera con él me hacía tener siempre una alerta, aunque sea minúscula, pero solo eran escasos esos momentos. Sus manos me hacían olvidar de cualquier estupidez que mi cabeza formulara. Como por ejemplo, darle la razón a Kate, cuando me sugirió esperar un tiempo antes de retomar mi relación con Edward. Aun recordaba ese momento y me enfurecía, porque estaba segura que ese consejo no se basaba en mi bienestar, sino en algo personal.
Ingresé a la consulta luego de que Carmen y Kate me habían encontrado junto a Edward en un momento caliente. Él se había quedado en la sala de espera conversando con Carmen, por lo que sin más remedio me metí en ese consultorio y esperé paciente la charla con Kate. Ella me miraba con suspicacia y yo lo hacía de igual manera. Estar sin sustancias en mi sistema me había devuelto la capacidad darme cuenta que era lo que pensaban las personas por su postura, y Kate estaba eligiendo con pinzas lo que quería decirme. Veía como los engranajes de su cabeza trabajaban. Desde hace unas cuantas sesiones, noté claramente que los consejos que me daba no eran para mi beneficio, por más que ella fuera la profesional.
— Te escucho, Kate. —expresé cansada de su inspección.
— Te vi muy eufórica allí afuera —le sonreí sin vergüenza, porque sabía que su lado mojigato y personal no le permitía pensar en las cosas sucias que le gustaría.
— ¿Y quién no? Ese hombre me trae demente por un pedazo de él.
— Explícame eso…
— ¡Vamos, Kate! —ella me miraba como esperando que se lo explicara— ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué Edward me calienta? Pues sí, cada vez que lo veo solo quiero lanzarme encima de él ¿Quién no pensaría eso? —solté dándole una indirecta y mirándola a los ojos. Trasmitiéndole que sabía perfectamente que ella también quería un pedazo de Edward.
— ¿Es como una droga para ti?
— No sé si lo podría llamar droga, porque sería insultar a Edward, pero lo necesito, sí.
— ¿Qué sientes cada vez que lo ves?
—No lo sé, adrenalina, él me da vida, me siento viva cuando lo tengo frente a mí.
— ¿Entonces si sientes adrenalina, sería como una droga?
— ¡No!
— Está bien, no está mal admitir que tu cuerpo crea una sustancia natural para suplantar las artificiales que ingerías, y que Edward podría ser el causante de eso —yo solo la miraba con el ceño fruncido y con ganas de arrancarle la cabeza por lo que estaba sugiriendo— ¿Has pensado en que deberían mantenerse un poco alejados? —Ella siguió hablando al ver que no decía nada— Tal vez deba pedirle a Edward que se mantenga al marguen por un tiempo y cesen las visitas, de esa manera tu…
— ¡De ninguna puta manera harás eso! —la interrumpí.
— Soy tu doctora y…
— ¡Me importa una mierda quien seas, Edward me hace feliz, él me hace bien! —Le grité sin dejarla terminar— Que yo me vuelva loca cada vez que lo veo no tiene nada que ver con él, amo a ese maldito, lo amo por encima de cualquier cosa, pero si intentas siquiera que deje de verlo cuando ambas sabemos lo bien que me hace, no voy a dudar en pedirle a Edward que me saque de aquí.
— Tranquila, Bella, es solo una teoría.
— Sí, bueno, pues yo tengo una certeza. Edward me hace bien, me hace feliz, lo necesito, sí, pero no por esa teoría retorcida que tienes, sino porque lo amo. Y él me ama a mí, Kate.
— Bueno, podrías solo estar agradecida de…
— ¡Basta con esa mierda! Amo a Edward, así que no vuelvas a sugerir que deje de verlo, porque no lo haré —la corté y me di la vuelta, y antes de salir del consultorio le dije mis últimas palabras—. Creo que sería mejor que de ahora en más, Carmen atienda mis sesiones.
Salí de ese lugar sin prestar atención a nada, incluso a si Edward me seguía esperando o no.
Claramente Kate estaba buscando su propio beneficio, no estaba siendo profesional y temía poder hablarlo con Edward y que él pensara que era esa clase de novia celosa. Aunque pensándolo bien, todavía no sabía en qué punto estábamos. Solo esperaba que después de este día, finalmente llegáramos a un buen lugar.
Las puertas del ascensor se abrieron y caminamos juntos hacia unas puertas dobles. Edward las abrió con la tarjeta y se hizo a un lado para que pasara primero. Todo a mí alrededor era en colores claros. Miré al piso y noté que era alfombrado. Otra vez me sucedía lo mismo, como la vez que visite por primera vez el departamento de Edward, no quería moverme por miedo a ensuciar algo.
— Ven.
Me tomó de la mano y me encaminó hacia una terraza amplia donde había un jacuzzi listo para funcionar. Aclaré mi garganta y me tensé un poco cuando Edward se colocó a mi espalda. Me abrazó y comenzó a besar mi cuello.
— ¿Dónde estamos, Edward? —todo a mi alrededor era extremadamente lujoso, me sentía un poco fuera de lugar, pero nada me importaba si era Edward quien estaba a mi lado.
— En el Fairmont Olympic —abrí mis ojos con sorpresa.
— Es demasiado, Edward, yo no…
— Tu nada, nena, solo quería que pasáramos un hermoso momento —me tranquilizó.
— Es hermoso, gracias.
— Acompáñame —tomó de nuevo mi mano y entramos en la habitación.
La cama era súper grande, no entendía por qué, pero me gustaba que sus sabanas fueran blancas. Las de la clínica eran celestes y todas eran iguales. Pasé mis dedos por el edredón y me di cuenta que era suave. Miré a Edward que estaba al otro lado de la cama y me percaté de toda la claridad que entraba por las ventanas. No sabía si quería que lo hiciéramos a plena luz del día, pero si quería sentirme segura a su alrededor debía dejar las inhibiciones de lado.
— ¿Estás de acuerdo con dejar las cortinas abiertas? —Pregunté llevando mis manos a los primeros botones de mi camisa. Comencé a desabotonarlos uno a uno con extrema lentitud. Sus ojos estaban fijos en los movimientos de mis manos.
— Estoy de acuerdo con cualquier cosa que quieras darme, por muy poco que sea.
— Bueno —comencé mientras soltaba mi falda y esta caía al piso, dejándome en unas braguitas de algodón negro—, pues es tu día de suerte —terminé con una sonrisa mientras me despojaba de mi camisa. El conjunto que me había regalado Alice pareció causar el efecto deseado. En cuando me vio solo en ropa interior, trepó por la cama e hizo que también me subiera. Me miraba con hambre y como si no supiera por dónde empezar.
— Eres hermosa, Bella, siempre lo has sido, pero ahora… mierda —dijo apretándose su erección por encima de la tela de su bóxer.
— Recuéstate —pidió. Le hice caso y me acosté sobre mi espalda. Se acercó y comenzó a acariciar mis piernas suavemente. Tomó ambos lados de mi braga y las quito bajándolas con suavidad por mis piernas. El gruñó suavemente, sorprendiéndome lo suficiente como para hacerme saltar un poco. Su mirada bajó hacia mi cuerpo, y noté que estaba absorto en la visión de mi sexo expuesto porque en ningún momento levantó la vista hacia mí— Cuando me encontraba en mis días oscuros, solo me bastaba recordar lo hermosa que eras aquí —sus manos acariciaban el interior de mis muslos y las yemas de sus dedos me hicieron cosquillas al pasar por mi vello púbico. No me encontraba depilada, pero si trataba de mantener todo en su lugar—. Me encanta esto —expresó tirando suavemente del vello púbico. Jadee por la sensación y pasé mi lengua por mis labios resecos.
— Edward, por favor —apreté mis piernas con sus manos entre ellas. Podía sentir la humedad acumulándose entre mis labios y la presión allí crecía de manera alarmante.
Él apoyó los brazos sobre la cama, quedando encajado entre mis piernas. Sus dedos comenzaron a acariciarme con suavidad, extendiendo los labios de mi sexo con los pulgares e inclinándose más cerca. Se estaba tomando este asunto del examen en muy serio mientas me habría completamente, haciéndome avergonzar hasta enrojecer. Un suave sonido provino de Edward, otro suave ronroneo y lo sentí olfatearme. Deseé que la tierra se abriera y me tragara, si hubiera adivinado que me examinaría de esa manera, le habría pedido que me permitiera tomar una ducha nuevamente, pero ahora era muy tarde.
Me sacudí un poco sorprendida cuando él tocó mi clítoris, lo frotó ligeramente con la yema de su dedo pulgar para explorar aquel nudo sensible. Agarrada a la cama, me forcé a mí misma a permanecer quieta después de que él hiciera el primer movimiento.
— Edward… —jadeé cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. Él gruñó suavemente.
— No te muevas. —Su pulgar se deslizó más abajo para trazar mi hendidura. Me di cuenta de lo extremadamente mojada que estaba cuando Edward frotó un círculo alrededor de la entrada de mi coño. Respiró despacio y con calma en un intento de regularizar la desesperación que podía ver en sus ojos. Su dedo dudó, y entonces para mi sorpresa, lo introdujo suavemente.
Me agarré más fuerte de las mantas de la cama. El sentir el dedo de Edward presionando dentro de mi vagina hizo que me pusiera tensa, él se detuvo y después comenzó suavemente a meterlo y sacarlo de manera lenta. Lancé mi cabeza hacia atrás mientras me mordía fuerte el labio.
Las sensaciones eran buenas, cercanas a una tortura placentera, sintiendo su gruesa intrusión y recordándome que había pasado mucho tiempo desde que él me había tocado.
— Eres tan estrecha y pequeña, nena —él más que decirlas, gruñía las palabras—. Recuerdo el placer que sentía cada vez que estábamos juntos, me volvías un loco desquiciado —acercó su nariz a mi centro— Hueles tan condenadamente bien y haces que me duela de necesidad. Eres tan suave y maravillosa por dentro. —Cambió de posición su pulgar, frotando un poco más rápido y encontró mi punto G. Dejé caer la cabeza hacia atrás y un gemido ronco rompió el silencio de la habitación. Él dedo dejó de moverse dentro de mí— ¿Te lastimé? —sacudí la cabeza negando.
— Tienes que parar. Eso se siente… tan bien. Detente. Detente o entra en mi de una vez, deja de torturarme.
— Quiero que te dejes ir para mí, Bella —su voz disminuyó hasta escucharse áspera—. Quiero sentirte cuando esto suceda, dime que hacer para aumentar tu placer —preguntó con una sonrisa perversa. Él sabía qué hacer para darme placer. Edward solía preguntarme que era lo que quería y siempre estaba dispuesto a hacer lo que quisiera. No hizo falta que dijera nada, ya lo había visto en mis ojos—. Siempre te gusto mi lengua aquí, disfrutábamos darnos esa clase de placer. Así que, después de todo este tiempo, dime cómo se siente esto.
Él se movió en la cama y me arrancó un gritito de asombro cuando enterró su rostro entre mis muslos abiertos. Su boca se cerró sobre mi clítoris, sus labios sellados alrededor de él y su lengua comenzó a hacer estragos en ese nudo sensible, frotándolo con su músculo firme.
— ¡Oh Dios! —grité. Los dedos de su mano libre, se agarraron a mi muslo derecho. Mi espalda se arqueó, presionando mi coño, apretándolo contra su boca. El éxtasis fluyó por mi cuerpo hasta el punto de dolor. Edward despiadadamente manipulaba mi clítoris con sus labios y su lengua. Nada había estado mejor, ni los vibradores de mierda que una vez me había regalado Rosalie, ni siquiera mi propio dedo cuando me daba placer a mí misma, ni de cerca.
Su ruda y suave lengua recorrió de arriba abajo contra el pequeño capullo y sus labios sellados a mí alrededor le daban a la capacidad de chuparme todo el tiempo. Su dedo estaba todavía dentro de mí y sabía que las paredes de mi vagina estaban tensándose mientras que mi cuerpo frenéticamente alcanzaba el clímax. Gemidos feroces salían de mi garganta y ni siquiera me molesté en detenerlos. Lo que Edward me estaba haciendo sentir era demasiado bueno como para preocuparme por nada más que las sensaciones que disparaba en mi cuerpo, ni siquiera me importaba un comino quien escuchara mis gritos.
Él comenzó a follarme con dos dedos que empujaba profundamente dentro para casi retirarlos por completo mientras su boca trabajaba en mi clítoris. Yo empujaba mis caderas, y mis talones se clavaban sobre el colchón dándome impulso. El placer se tornó tan intenso que sentí la urgencia de cerrar de golpe mis piernas antes de que se volviera casi insoportable. Estaba insegura de que pudiera sobrevivir a tan salvaje éxtasis.
Los dedos de Edward se movieron más rápido, entrando y saliendo más profundamente de mí mientras que mis músculos luchaban contra la intrusión, mi coño apretaba más fuerte listo para correrse. Me di cuenta de lo que pasaba a solo un instante de que sucediera. Grité, sacudiendo las caderas, mi espalda arqueándose por encima de la cama mientras que lanzaba la cabeza hacia atrás cuando el clímax me golpeó de manera brutal, invadiéndome por completo e inundando todo mi interior. Mi cuerpo entero se relajó después de eso, me di cuenta que Edward me había liberado de su boca pero su lengua había ido a parar donde sus dedos estuvieron después que los retiro de mi cuerpo, comenzó a lamer mi abertura.
Era una sensación extraña pero no desagradable para mi aturdido estado mental, abrí los ojos para observar el techo blanco, liso y ligeramente curvo. Edward dejó de lamerme. Me obligué a mirarlo y sus ojos estaban definitivamente encendidos, eran asombrosamente más verdes de lo usual. Su boca estaba abierta, sus labios parecían ligeramente más hinchados y se veía increíblemente sexi con el cabello que yo le había alborotado hace un momento con mis manos. No estaba siendo imparcial, admití silenciosamente para mí misma, ya que Edward había hecho volar mi mente y cuerpo con su devastadora boca.
Se subió a la cama por completo y se apoyó en sus rodillas. Mis ojos bajaron hacia su amplio pecho y los músculos marcados de su abdomen hasta la goma elástica de su bóxer que alcanzó con sus dos enormes manos. Parpadeé, sabiendo que él iba a desnudarse en ese momento. Él no me hizo esperar mucho ya que casi desgarró su ropa interior. Mi boca se abrió cuando lo empujó por sus musculosos muslos hasta debajo de sus rodillas, observando que Edward era más grande de lo recordaba.
Él se situó entre mis piernas y dejó encajada su perfecta erección justo sobre mi monte de venus. Ambos suspiramos. La boca de Edward estaba brillante y no necesité esperar mucho para saborearme en él, apresó mis labios con desesperación y hambre.
— Te necesito dentro de mí, Edward, quiero recordarte completamente. Por favor —no supe que fue lo que él vio en mis ojos, pero sea lo que sea, asintió con la misma desesperación que reflejaba mi voz. Él metió una mano entre nuestros cuerpos e inhalé profundo cuando su glande se presionó contra mis labios, buscando entrar. Comenzó con suavidad mientras mis paredes se iban acostumbrando. Yo suspiraba de placer por sentirlo tan adentro. Cuando quedó completamente dentro de mí, ambos nos miramos y nos reflejamos en el otro.
— Te amo, te amo. Yo…
— Shh, está bien, yo también te amo, nunca deje de hacerlo —completé comenzando a mover mis caderas—. Cada vez que me decía odiarte, me encontraba al segundo después amándote con locura, Edward.
— No volveré a lastimarte, lo juro por mi vida, antes me mato.
— No digas eso, nunca vuelvas a decir eso. Solo… Dios, Edward —froté mi pelvis con mayor fuerza y él cerro los ojos— Muévete, hazlo, hazlo.
— Te amo.
— Te amo —finalicé cerrando los ojos y aferrándome con fuerza y enterrando mis dedos en su espalda.
Él comenzó con sus embestidas dejándome sentirlo en su totalidad. Me aferré a él mientras besaba su cuello y pasaba mi lengua por su mandíbula, como siempre le gustó. Sus embates se hicieron frenéticos y una bola de fuego se formó en mi vientre. Edward bajó la cabeza y apresó mi pezón entre sus dientes, sin dejar de mirarme. Exploté en miles de puntos de colores cuando mordió mi pezón y luego lo chupó con fuerza. El clímax había sido devastador, había arrasado con todo a su paso, como si de una sudestada se tratase.
— ¡Joder! —gritó Edward apretándome las nalgas y enterrándose con fuerza. Lo sentí soltar todo dentro de mí, mientras gritaba que me amaba— ¡Nena, cuanto te amo! ¡Cuánto te necesitaba!
— Yo también —jadeé abrazándolo con fuerza, sin poder soltarlo.
Unos minutos después, cuando Edward se encontraba con la cabeza apoyada sobre mi pecho y mis dedos acariciaban su cuero cabelludo, lo sentí tensarse. Levantó su cabeza y me miró con preocupación.
— ¿Qué pasa? —pregunté acariciándole la mejilla.
— No… no nos hemos cuidado, yo no… —suspiré esquivando sus ojos.
— No te preocupes, después de todos los meses en recuperación, aún no me baja el periodo —admití con tristeza.
— ¿Por qué? ¿Es por algo malo?
— U-una de las drogas que me inyectaba actuaba como bloqueante, impidiéndome menstruar con normalidad. No me importó hasta que supe que podría traerme consecuencias.
— ¿Qué tipo de consecuencias?
— No poder quedar embarazada —lagrimas se formaron en mis ojos por haberme creído tan inteligente para terminar siendo una imbécil que arruinó el único sueño que tuvo—. Puede que me cueste mucho tener un bebe algún día. Lo siento.
— ¡No, amor, no lo sientas! —Me abrazó con fuerza— Podemos buscar profesionales y ver si algo no está bien, pero no te inquietes por eso, solo sigue preocupándote por tu bienestar, ¿está bien? No hay apuros para pensar en bebes.
— ¿En serio?
— ¡Por supuesto! —Le sonríe mientras lo empujaba contra la cama y me colocaba a horcajadas sobre él.
— Muy bien, mientras tanto, compartamos el hermoso y valioso tiempo que tenemos.
— Estoy más que de acuerdo.
Empecé a rotar mis caderas sobre su miembro y comenzamos a repetir, de la mejor forma, nuestra manera de amarnos. Aún nos quedaban varias horas por delante, pero nada me impediría ser feliz en este momento.
Otra historia más actualizada, la ultima actualización de MF fue el 25 de Junio del 2017, uffff un montón...
como dije en el grupo, solo dos historias van a ser actualizadas por el momento. Después otras dos y así sucesivamente.
La próxima actualización va a ser de Tu y Tu asqueroso engaño.
Espero que este capi les haya gustado y las leo en sus comentarios.
Nos vemos pronto.
***Gis Cullen***
