Adicción I
FFVII AU Zack x Cloud
Las calles de los suburbios de Midgar eran de todo menos aseados y bien ventilados, mientras caminaba bajo la pista de un rubio que se paseaba con una espada enorme a su espalda; el olor de podredumbre le golpeaba sin previo aviso al pasar por ciertas zonas. Ya estaba empezando a acostumbrarse a aquel hedor, al menos no le venían arcadas. Él venía de Gongaga, un apacible pueblo de vegetación sub-tropical al Oeste de Gold Saucer, y donde en tiempos pasados existió Corel del Norte. Ahí no tenían esos problemas, aunque con la instalación del reactor al cambiar el viento los olores del Mako eran inevitables. Pero sin duda, no era de una forma tan intensa como estaba viviendo en Midgar.
—Cloud, ¿dónde estás?
Le perdió la vista a su amigo cuando fueron atacados en las cercanías de Midgar; lo último que recordaba era que le alcanzaron las balas varias veces: todo se fundió en negro y lo último que vió fue la cara de Cloud. Oh dioses, la cara que tenía. No quería dejarlo solo. Pero su cuerpo no respondía. Lo único que podía hacer era sonreírle tratando de hacerle llegar que 'todo iba a ir bien', empezando por aceptar su muerte sabiendo que Cloud estaría vivo. Despertó días más tarde, en casa del hombre que los recogió en una camioneta antes del asalto a las puertas del Midgar. Al parecer el hombre, un campesino de una granja de Chocobos, sintió remordimientos y regresó. Zack tenía una deuda de por vida con ese hombre pero primero debía encontrar al rubio.
—Creo que por las cercanías del Sector Seis. Algunos pensamos que era el nuevo matón de Don Corneo.— Dijo uno de los transeúntes al que preguntó
Don Corneo, menudo pieza: mafioso y un pervertido sin medida. Sólo sabía que estaba involucrado en cosas turbias, muy turbias o cosas peores. Acababa de llegar a los suburbios de Midgar y detestaba que lo primero que llegara a sus oídos fueran cosas de aquel estilo; tenía que darse prisa en encontrar a su amigo. Lo bueno era que nadie decía nada extraño o fuera de lugar de él.
—¡Joder, menudo estúpido fui al traerle aquí! —musitó entre dientes tratando de abrirse paso hacia la estación.
Quizás debería de haber ido a ver a Aeris y explicarle la situación. Ella era increíble en muchos aspectos, y sabía encontrar soluciones donde él no las veía.
Todo pareció detenerse cuando lo vió. Nunca olvidaría el color de su pelo, ni mucho menos su peinado: estaba a poco menos de cincuenta metros caminando con calma, dirección a la estación. Su pecho dió un vuelco y su voz se ahogó dentro de su garganta, pero casi como si le hubiera oído, se detuvo en seco y lo vió voltearse en su dirección, sólo que mirando hacia arriba, dirección a la placa sobre sus cabezas.
Podía escuchar los latidos de su corazón acelerarse de la alegría. ¡Estaba bien!
—¡Ese es mi chico! —musitó de nuevo entre dientes acelerando el paso hacia él.
Las condiciones en que dejó a Cloud eran lamentables. Verle en pie y con los sentidos agudizados le llenó el pecho de orgullo.
—¡Cloud!
Esta vez su voz salió con verdadero jolgorio, apartando a la última persona que se interponía entre ellos. Podía sentir casi de forma dolorosa la sonrisa que cruzaba su cara de oreja a oreja.
—¿Cloud?
Esa misma sonrisa se quedó congelada cuando el rubio no se movió un ápice a pesar de tenerle a un escaso metro de distancia, con la mirada clavada en la placa a 300 metros de altura. Empezó a desviar la mirada hacia la misma dirección cuando al fin ocurrió lo que llevaba días esperando.
—¿Hola?
La voz de Cloud llegó a sus oídos, sólo los dioses sabían lo mucho que la había echado de menos. Su sonrisa se activó de nuevo al ver la de su amigo de vuelta.
—¡Hey!
Zack se abalanzó sobre él de nuevo en un abrazo para ocultar como los ojos se le humedecieron emocionados. Todo aquel dolor, ese sufrimiento al fin encontraron consuelo al ver a Cloud en pie y finalmente oír su voz. Sintió unas palmadas en la espalda y sonrió sabiendo que debía dejarlo todo atrás y reponerse.
—¡Cloud! —se sintió estúpido al no poder articular más palabras después de tanto tiempo.
—¿Por qué no vamos a tomar algo y me dices?
El rubio sin embargo, estaba tranquilo, lo que a Zack le pareció un acto de madurez envidiable y aceptó asintiendo con la cabeza. Tras unas palmadas más en los hombros se dedicó a seguir a Cloud.
Estaba feliz, había encontrado a su amigo, finalmente; no fue una búsqueda de semanas pero la urgencia que sentía por encontrarlo era enorme; temía encontrarle por las calles de la peor manera posible. Pero ahí estaba en el tren de camino a un bar a saber en qué sector, no le dió importancia.
Ambos permanecieron en silencio durante el trayecto, no era lugar para hablar de sus cosas. Cuando llegaron a la parada, Cloud se adelantó sin avisarle y Zack tuvo que hacer una carrera para alcanzarlo. Sin embargo rió pensando en que fue sólo una jugarreta del rubio. ¿Cómo iba a enfadarse? Al fin estaban juntos y, tras contarse sus penas acompañados de unas copas, llegaría el momento de hablar del futuro.
El bar era un antro como cualquier otro con luces de neón en la entrada y en las barandillas de las escaleras, quizás para indicarle a los borrachos que ahí había un desnivel o por decoración o ¡Hades sabía por qué!
Tomaron asiento en la barra y cada uno pidió su bebida. Zack finalmente relajó los hombros apoyándose en la pegajosa superficie mirando el perfil del rubio con una leve sonrisa.
Había llegado el momento.
—Entonces, ¿me vas a contar cómo has llegado hasta aquí?
—¿En serio me lo preguntas? En tren —respondió el rubio sin mirarle.
—Vale, vale —medio rió. —Entonces empezaré yo…
Zarandeó el hombro de Cloud levemente con camaradería. Al fin y al cabo, Cloud era tímido a veces. Se alegró ante la llegada de las bebidas y le dió un breve trago a la suya dándose tiempo a pensar que decirle, o por dónde empezar.
—Estuve mal. Realmente mal… —dijo en tono serio. —El tipo de la camioneta regresó, y los dioses saben que me salvó la vida. La suerte de ser SOLDADO y la recuperación rápida. Enseguida que me puse en pie, vine a Midgar… —Cuando le devolvió la mirada a Cloud le vió con el semblante serio mirando su propia bebida como inmerso en sus pensamientos. —Sí… —apoyó esa sensación de desolación del rubio. —La hemos pasado canutas tú y yo… Todo lo ocurrido en Nibelheim… —tomó aire. —Cuando nos atacaron realmente me arrepentí de haber tomado la decisión de venir a Midgar. Piénsalo, ¡encontrarte en este enorme lugar! La estrategia se volvió en mi contra… —echó la cabeza atrás saboreando la amargura de su bebida.
—Bueno, estoy aquí… —Cloud le sonrió con cierta picardía.
—Sabía que llegarías y te iría bien —le dió una palmada suave en la espalda al rubio, realmente estaba orgulloso de él. —Aunque supongo que tampoco ha sido fácil para ti —volvió a un tono más serio pero sin abandonar la sonrisa que el alivio de encontrarle le producía.
—Nada fuera de lo común… —le restó importancia el rubio, girando sobre el taburete, mirando hacia el resto de gente en el establecimiento. —Somos soldados, estamos hechos para superar situaciones difíciles.
Aquella respuesta le pilló un poco con la guardia baja al moreno. Quizás, ¿estaba masificando las cosas? Sí, estaban hechos para superar cosas. Pero, ¿nada fuera de lo común? Justamente su situación era fuera de lo común.
Se echó levemente hacia atrás para tener una mejor visión del rubio, como si de repente no conociera a la persona que tenía a su lado. Observó cómo Cloud apuraba su bebida sin apartar la mirada de las personas que pasaban, haciendo un repaso rápido con la mirada.
—Entiendo —sonrió al tiempo que observó su alrededor también. —Nunca has sido resistente a la bebida.
—¿De qué hablas? —protestó el rubio frunciendo el ceño, sujetando una nueva bebida que Zack no se percató antes que había pedido. —Sé beber perfectamente.
—¡Como tú digas! —el moreno levantó los brazos en señal de rendición, no iba a ser él quien le contradijera. —¿Tienes algún lugar para dormir la mona?
—Uhhh… Sí —dijo pensativo. —Una amiga me ayudó con el alojamiento… —dijo con aire de suspense y dió un largo sorbo a la bebida.
—¿Tifa? —exclamó Zack sorprendido. —¿Tifa está aquí, en Midgar? —Cloud asintió sonriente, como si guardara un secreto. —¡Eso es genial! —dijo con genuina alegría.
Sabía que Cloud tenía asuntos no resueltos con la chica de su pueblo natal y tras lo ocurrido…
—¡Por Shiva! Está viva… —suspiró aliviado Zack.
Esperaba poder borrar un fantasma de sus sueños con eso. Se giró al rubio de nuevo esperanzado que le llevara a verla.
—Sip… —contestó sin emoción.
Zack siguió la mirada del rubio y se fijó como tenía los ojos clavados en una muchacha de pelo corto castaño, con un top y minifalda, tanto el brazo como la pierna derecha tenían tatuajes provocativos.
—Y ahora, tengo una misión que atender… —Cloud apuró la bebida y la dejó en la barra enfocado sólo en la chica.
—…
Zack al principio no podía creer lo que estaba presenciando, pero acabó por sonreír y alzó la copa en su dirección
—¡No te olvides de mi cuando termines!
Zack rió al ver como el rubio ponía las manos sobre la cintura de la muchacha guiándola por las escaleras que subían a la planta superior. La chica sin duda estaba complacida, acentuando los movimientos de su cadera escalón tras escalón.
"Estar al borde de la muerte te ha cambiado…", negó con la cabeza en sus pensamientos.
Recordaba a Tifa. Era una muchacha muy guapa pero no sabía cómo era su relación con Cloud y de alguna manera el rubio la hizo ver, en el pasado, como algo complicado. Los años cambian a la gente y Zack recordaba perfectamente cómo ella odiaba a Shinra, y ahí estaba Cloud con el uniforme que él le dio. Zack, sin embargo, iba con ropa de calle sin llamar la atención, su uniforme de SOLDADO estaba hecho unos zorros tras su combate a muerte.
"Echo a Aeris de menos…", dió el último sorbo a la bebida. "Después de todo esto la iré a ver. Aeris, tengo tantas cosas que contarte".
Un negro pensamiento cruzó por su mente.
La última vez que la vió fue hacía cinco años y sabía que se había rendido con él, le había mandado la carta número 89 como la última que iba a mandar. Pero a pesar de todo, estaba convencido de que, aunque su relación se hubiera terminado, quería verla y decirle que estaba bien y saber que ella también lo estaba.
Alargó beberse la segunda copa lo suficiente como para que el local empezara a vaciarse y no hubiera noticias de Cloud. Bostezó con aburrimiento cuando escuchó un golpe cerca de la escalera y al girarse vió al rubio sujetándose la cabeza con los ojos apretados. Zack rió entre dientes y con calma sacó el dinero para pagar las bebidas. En ese estado Cloud no sólo no se acordaría de él, sino que no sería difícil seguirlo por la calle.
Cuando salió fuera, pudo ver a Cloud tambalearse hasta apoyarse en uno de los cobertizos de chatarra de por ahí. Se llevó las manos a las caderas riendo al ver el resacón de su amigo. No debería haberle afectado tan pronto. Cloud se detuvo en seco, girándose con los ojos muy abiertos al reconocer su figura.
—¿Ibas a dejarme atrás? —sonrió el moreno, que pudo escuchar claramente un sollozo ahogado que venía del rubio.
—¿Z-Zack?
El moreno no se esperaba aquella reacción viendo cómo Cloud se acercaba con los ojos clavados en él. Avanzó apoyándose con una de las manos en las paredes de las viviendas de chatarra y sin tener cuidado de patear una pieza de hojalata en mitad de su camino. Al tenerlo más cerca pudo ver claramente cómo los ojos del rubio brillaban. No por el Mako, sino por la humedad.
Al parecer aquél se percató de que él no era una ilusión, sino real. Se abalanzó sobre él como si hubiera perdido pie y él fuera lo único que le aferraba a la vida; un abrazo de verdadero alivio y desesperación. No pudo evitar preguntarse por qué ahora le respondía con la intensidad que él antes usó. Lo rodeó con los brazos sintiendo un leve temblor bajo de ellos. Zack contuvo por un momento el aliento al sentir cómo Cloud hundía, como un niño asustado, la cara en su hombro.
—Al fin… Algo bueno entre toda esta mierda…
Apenas pudo escuchar aquel susurro del rubio, pero fue suficiente para sentirse furioso consigo mismo: algo iba mal con Cloud, y él se había esforzado en encontrar excusas para su cambio de actitud.
Poco a poco, Cloud tomó una buena bocanada de aire obligándose a tranquilizarse y se echó atrás, mirándole a los ojos ya más tranquilo. Zack le sonrió levemente apretando de forma reconfortante los brazos.
Tras apenas unos segundos Cloud se apartó dándole la espalda y llevándose la mano a la frente, apretando los dientes. Zack le dió un momento a reponerse. Algo iba realmente mal con Cloud, pero no era momento para presionar.
—Hey —dijo con suavidad. —Vamos a tu alojamiento, y ya veremos mañana…
Cloud finalmente se giró para mirarlo, y asintió con una timidísima sonrisa de agradecimiento. Zack avanzó con otra sonrisa comprensiva hasta posar la mano en el hombro del rubio, tratando de darle un poco de consuelo. Cloud empezó a caminar. Zack permaneció en silencio, mientras Cloud en ocasiones se detenía para orientarse y tomar uno de los caminos.
Tardaron más de lo que Zack esperaba en llegar al sector siete y al alojamiento de Cloud. Aunque era un favor llamarlo así, pero teniendo en cuenta que era un suburbio… Sólo había una habitación con cama, un lavabo y un armario empotrado para hacer vida. No estaba mal para algo puntual.
Cloud se dejó caer en la cama y miró a Zack como esperado no encontrarle ahí al alzar la vista.
—No tengo más sábanas que éstas… —le dijo mirándole a los ojos como a un espejismo.
—Eso es lo que menos me preocupa… —contestó, y Cloud apartó la mirada. —Te dije que lo hablaríamos mañana —le recordó el moreno pudiendo ver cómo los hombros se le destensaron. —Veo que hay mucho ahí dentro… —acabó suspirando, pocas cosas le gustaban menos que ver a Cloud desolado. Era alguien inocente, un buen chico. —¡A dormir!
Sin más, se echó al suelo con las manos tras la cabeza a modo de almohada y cerrando los ojos. Estaba seguro que Cloud estaría en shock sin saber qué hacer, haciendo movimientos de confusión.
La mañana llegó sin incidentes y Zack fue el primero en levantarse. La espalda le dolía un poco por dormir sobre el suelo duro y el frío de la noche colándose en sus huesos, pero nada nuevo para él. Hizo unos cuantos estiramientos en silencio, así como unas cuantas sentadillas. Pasó por el lavabo para lavarse la cara y arreglarse un poco el estropicio que tenía como pelo. ¡Ya estaba totalmente operativo!
En cuanto a Cloud…
—¡Despierta dormilón!
Una patada en el somier fue suficiente para hacer que el rubio abriera los ojos y pasar a mirarle con los ojos entornados en resentimiento por ese modo tan poco moderado. Zack solo rió suavemente, le recordaba a los días de misión.
—¡Toca revisión!
—Corta ya, Zack, no estamos en la academia… —apenas pudo ver algunas de las puntas rubias sobresaliendo de las sábanas tras haberse re-acomodado.
—Un soldado siempre es un soldado ¡Arriba! —no necesitó ninguna voz autoritaria.
Cloud se puso en pie en apenas unos segundos, parpadeando muy lentamente y tratando de despertarse de camino al lavabo. Zack lo observó con los brazos cruzados, satisfecho al ver que Cloud ya estaba completamente despierto con una leve sonrisa conocida, la misma que le ofrecía cuando era un infantería. Esa sonrisa se fue apagando poco a poco; Zack suspiró.
—Hey, qué tal si me llevas a ver a Tifa —propuso el moreno usando una voz animada. Cloud lo miró y asintió lentamente en silencio, saliendo por la puerta. —Hoo boy… Ésto va ser complicado —negó para sí, pero eso no nublaba su determinación a saber qué era lo que estaba pasando.
Cloud le esperaba fuera. Dio el primer paso a lo que iba a convertirse en su vida a partir de ahora. Cerró la puerta tras de sí.
