FFVII AU Zack x Cloud
Abrió los ojos en su alojamiento temporal, giró la cabeza para ver la Espada Mortal aún apoyada en la pared. Se sentía algo cansado pero a la vez ligero, puso los pies en el suelo y se frotó la cara con las manos al venirle los recuerdos de la noche anterior. El sexo con Jessie fue un lamentable error, eso iba a afectar a su relación en Avalancha; quizás si hablaba con ella podrían mantenerlo en lo personal y alejarlo de lo profesional. Después de aquello ya su memorias eran tan oníricas, que sin duda debían formar parte de un sueño.
—Maldición— gruñó enfadado consigo mismo.
Se aseó en el lavabo y esperando que nadie notara nada distinto en él. Encontrarse con Tifa iba a ser duro. Ella era su amiga; aunque aquellas palabras le eran amargas, todo ese viaje de convertirse en SOLDADO, la promesa en el pozo; todo parecía...irreal de alguna manera.
Sujetó la espada firmemente y el imán a su espalda hizo el resto, estaba listo. Al abrir la puerta entrecerró los ojos con la cantidad de luz, debía dar gracias que era resistente a la resaca, había tomado a saber cuantas copas de aquellas extrañas, no recordaba a qué sabían ni nada, sólo que le provocaron más sed.
Bajó las escaleras para encontrarse con la casera.
"Ramuh dame paciencia…"
Tifa le tenía un aprecio especial a la señora por ser simpatizante de Avalancha, pero en el momento que a él Avalancha formaba parte de uno de los eslabones más lejanos de sus preferencias no sentía urgencia de tragar las impertinencias de la mujer...sólo lo hacía porque tenía alojamiento gratis gracias a Tifa, ella era lo único en común que tenían.
—Ayer por la noche viniste borracho como una cuba…
—No lo hice…— Se mantuvo tranquilo tratando de no cruzar los brazos sobre su pecho como una clara señal de 'no me importa lo que digas'.
—Espero que no hicieras nada que te arrepientas.
Vieja astuta.
—Tengo cosas que hacer en 'Séptimo Cielo'.
—Tifa hace tiempo que está ahí, ¡ve y haz algo útil!
Por fin se sintió libre de mantenerse alejado de la mujer, recordaba que tenía cosas que hacer con Tifa, no recordaba exactamente qué, pero estaba su intención de ayudarla.
Al llegar Tifa le recibió con una sonrisa y empezó a hablarle de filtros y huevos podridos, nada que quisiera escuchar; fueron residencia por residencia a vender los filtros. Al terminar hicieron ronda para acabar con los monstruos y otras alimañas que paseaban o se colaban en el suburbio, para ayudar a la Patrulla Vecinal o algo así. ¡Oh! y cómo olvidar buscar los gatos de una de las niñas, que resultaba ser amiga de Marlene.
Gracias a eso ganó bastante fama, la gente de los suburbios empezó a hablar bien de él; aquello le puso los pelos de punta, era como un pueblo grande, un paso en falso y la buena fama podría volverse en su contra.
Al terminar pudo invertir un poco de tiempo más personal con Tifa. Estaba muy interesada en cuando se fue del pueblo. No era un secreto que se fue de su hogar para ser SOLDADO, pero cuando llegó la guerra había terminado, limitándose a hacer trabajos menores para Shinra.
Para su suerte Tifa cambió de tema y habló sobre celebrar su extrañísimo reencuentro cuando pensaban que nunca más volverían a verse. En eso le daba la razón, encontrarse en Midgar era la cosa más remota que podría haber pensado. Quedaron en tener una especie de cita donde poder hablar de ellos en vez del trabajo o Avalancha.
Le gustó el plan y aceptó sin siquiera poner pegas, si ella estaba segura que quería pasar más tiempo con él, no le iba a quitar la idea de la cabeza.
Al llegar al Séptimo Cielo, los dos pudieron ver como Barret le pedía a Marlene que fuera a buscar a Jessie, eso hizo que un escalofrío recorriera el espinazo de Cloud. Barret no tardó en pedirle a Tifa que bajara con él para hacer sus planes.
Planes, planes y más planes.
—¡Hey! ¿qué pasa con mi dinero?— Cada vez se sentía más idiota por no pedirlo por adelantado.
—Olvídate de tu dinero mercenario,— Barret no tuvo problema en cortarle— Ya hablaremos de eso más adelante, ahora tengo temas más importantes que atender…— Vió como accionando una palanca volvía a las entrañas del agujero ese.
—Lo siento— Tifa por un momento parecía que le hubiera leído la mente. — siempre está tenso antes de una misión así que ¿Por qué no tomas asiento?— le sonrió invitándole a sentarse en su barra.
Le preparó una bebida para que esperara su llegada y los resultados de la reunión. No era la idea de un desayuno, pero lo aceptó. Tifa se dió prisa para llegar a la máquina y no hacer esperar al iracundo líder.
Se encontró solo en el bar, lo que le llevó a recordar de nuevo eventos pasados una vez se acostumbró a la tranquilidad.
—¡Adivinad quien sale en las noti…!— La voz alegre y orgullosa se detuvo en seco una vez cruzó la puerta. Era Jessie.
Se giró a mirarla. Como era de esperar no encontró un rostro afable, pero tampoco esperaba esa expresión de rechazo. Ella apartó la mirada casi tan rápido como se encontraron.
—Tenemos que dejar ciertas cosas claras sobre lo ocurrido ayer.
Sabía que no eran las mejores palabras, pero no era como que fuera alguien con don de gentes y mucho menos tuvo tiempo para pensar cómo decirlo, y siendo sincero ¿Había alguna forma correcta y que no provocara incomodidad hablar del tema?. Jessie se limitó a bufar bajando la mirada.
—Tengo una reunión que atender…— Empezó a dar largas zancadas para dirigirse a la máquina.
—Yo tampoco quería que pasara— Intentó ser rápido y ello provocó que Jessie se detuviera en seco en su camino a la reunión.
— ¿El qué exactamente?
— Lo que pasó en el callejón.
—Bueno, yo no me opuse a que pasara, y a decir verdad …
La descripción que hizo Jessie de lo que pasó le hizo apartar la mirada sintiendo que la sangre se le acumulaba en las mejillas como si se tratara de un adolescente. Por los dioses esperaba que no se escuchara desde abajo.
—Lo que no me pareció tan bien fue que me dejaras ahí tirada,— hizo una pausa — pero eso no me enfadaría tanto si no fuera por…
—Me gustaría que este tema lo tratáramos de la forma más profesional posible— Incidió con rapidez, no quería sentirse más avergonzado de lo que ya estaba; sólo esperaba que Jessie aceptara y que su cuerpo no le traicionara al mostrar su rostro más neutro y estoico.
—¡Por supuesto!— la castaña extendió los brazos con una marcada ironía en la voz, que le hizo fruncir el ceño — Ante todo soy una profesional, Strife. Mi vida personal la mantengo alejada del trabajo, soy consciente que hay gente que depende de mí, todos dependemos de unos a otros. — con paso calmado eliminó la distancia hasta la máquina que le llevaría a la reunión— Esto, Avalancha, me lo tomo muy en serio.
Los sonidos estridentes de la máquina resonaron en el silencio del establecimiento, las miradas de Cloud y Jessie competían a cual de ellas era más fría, la mantuvieron mientras la rebelde iba bajando hasta que el límite del suelo interrumpió el contacto visual.
Suspiró con marcada pesadez, había sido la conversación más incómoda de su vida. Ni tan siquiera mantener la mirada a su madre, cuando le anunció que mandó los papeles al ejército de Shinra sin su consentimiento, le había costado tanto. Sin embargo, Jessie, parecía sincera con eso que no mezclaba su vida personal con el trabajo; sólo quería cobrar su parte y pasar página de aquel evento.
Miró el fondo del vaso con apenas un sorbo del rojizo líquido, 'Cañón Cosmos' lo llamó Tifa. No recordaba en su vida que se hubiera emborrachado; mucho menos tanto como para perder el control, sabía que tras lo de Jessie pasaron más cosas pero todo era demasiado borroso.
"Si no funciona, habrá llegado el momento de cambiar de sitio."
Era lo que siempre le había funcionado, ir de un lugar a otro donde empezar de nuevo, no tenía porqué soportar las exigencias de los demás ni vincularse con ideologías, era un mercenario: era la vida que había elegido.
Sacudió la cabeza cuando un leve pinchazo en la sien izquierda le pilló por sorpresa.
Lo único que podía arrepentirse era alejarse de Tifa, era la única cara conocida ahí que no quería patear lejos de su vida. Apuró el último sorbo de bebida. ¿Cuánto tiempo llevaban reunidos? Apartó el vaso sintiéndose tentado de irse, pero en su lugar empuñó la Espada Mortal para comprobar que estuviera en buen estado, lo hacía a menudo, pero para él nunca se era demasiado exhaustivo en el cuidado de las armas; en una situación de vida y muerte el mantenimiento del arma podía marcar la diferencia.
Sabía que la gente veía su espada como un pedazo enorme de metal, y seguramente suponían que no debía ser difícil de mantener, cuando era todo lo contrario, su tamaño hacía un verdadero desafío su mantenimiento; por lo general pocas veces perdía filo, pero afilarla era un tedioso trámite, por no hablar de lo mucho que oxida la sangre y como una vez al mes debía hacerle un mantenimiento exhaustivo sobretodo en el mango y embellecedor, además de los surcos por donde fluía la magia de las materias incrustadas. En definitiva, su espada era tan demandante como una pieza de ingeniería.
Escuchó el motor de la máquina subir, enfundó la espada en su espalda y vió llegar a Tifa con los ojos clavados en el suelo. Entró en la barra sin decir una palabra, se sirvió agua y luego de un tiempo sin decir nada se sentó en el asiento más alejado de la barra con su vaso de agua.
Silencio.
—Cloud…— al fin escuchó la voz de su amiga de infancia, pero había algo roto en ella — ¿Desde cuando eres adicto a Mako? — Cuando sus ojos le miraron estaban húmedos.
—¿Qué?— Frunció el ceño, con claro enfado, tras superar la sorpresa inicial ¿él, adicto a Mako? eso era una de las cosas más repulsivas dentro de la sociedad.
—Jessie nos lo ha contado todo— la voz de Tifa seguía rota pero se añadió rabia en ella, así como en su rojiza mirada.
—¡Seré muchas cosas, pero no eso!
No sabía hasta qué punto le había contado Jessie. Notaba su entrecejo tenso, una cosa era lo que había ocurrido y otra era inventarse algo así, ¡no era para nada algo profesional!. Estaba furioso.
Se levantó como un resorte para tener unas palabras de Jessie, iba a hacer que se retractara en ese mismo instante al ventilar esa gran mentira sobre él; por muy despechada que estuviera ¡eso era ir demasiado lejos!.
La máquina estaba subiendo de nuevo, no había reparado cuando había bajado, y se encontró con la gran figura de Barret que le miró desde arriba a través de sus gafas. Con un lento movimiento se apartó los oscuros cristales para mostrarle la mirada más hostil que había visto en él.
—Desaparece, mercenario…— siseó con voz suave, lo que lo hacía terriblemente amenazadora.
—Aparta.
—No.
Fue a dar un paso al frente cuando un tirón en el cuello de su uniforme le hizo desviar la mirada, era Tifa que miró su cuello con expresión seria para luego apartarse con un extraño jadeo apartando la mirada dándole la espalda. Iba a hablar con ella pero le asaltó la brusquedad de Barret haciendo lo mismo, sólo que él hizo que las fibras de tela crujieran y que su enfado regresara al instante.
—Je,— bufó con sarcasmo Barret— ¿mercenario? más bien un yonqui desesperado.
A la vez que Cloud apartó su mano Barret le empujó hacia atrás haciendo que retrocediera unos pasos. Sin apartarle la mirada el rubio pasó su mano por debajo de la tela, no notaba nada bajo la textura y rugosidad de los guantes, pero si notó una leve quemazón al pasar por donde pasaba una de las arterias principales del cuello.
El calor de la rabia desapareció al instante para sustituirlo por el frío del pánico. Se apartó a buscar alguna superficie que reflejara su imagen, bajó el cuello del uniforme y lo vió, un pequeño hematoma morado con un diminuto punto rojo.
—¿Te sientes descubierto? No has sido muy inteligente al buscar ese sitio para chutarte. — La voz gruesa del líder de Avalancha sólo era un ruido en el aire.
Lo primero que pasó por su mente fue la negación, eso podría ser cualquier cosa, había deambulado por un barrio de mierda, con gente borracha, pervertidos, antros de placer y todo lo que es la mala influencia para una mente débil. Él no era una mente débil, era SOLDADO Primera Clase, su cuerpo y mente estaban hechos para resistir cualquier cosa, cualquier reto o adversidad; por mucho que bebiera anoche el alcohol no le doblegaría a hacer ninguna estupidez; su cuerpo había evolucionado a qué sustancias tan blandas no surtieron efecto en él.
Al apartar la mirada del punto en su cuello, para mirar el reflejo de su propia imagen, sus recuerdos empezaron a volver como un lento pero constante goteo: Jessie, los tipos con la revista, el callejón, la gente, la sed insaciable, los tatuajes, el peinado de media melena, la cálida humedad rodeando su miembro, el vial verde con el fulgor de Mako, el almacén, luces de neón, el mundo gris y verde.
Parpadeó soltando la solapa de su cuello haciendo que la degradable visión desapareciera. Bufó como si se tratara de una mala broma que no le alcanzaba. No había nada de qué preocuparse, sólo debía buscar a la mujer y hacerle hablar, limpiaría su nombre y podría irse con la cabeza bien alta.
Giró sobre sus talones para dirigir sus pies hacia la salida del local. Escuchó la voz de Tifa, pero la ignoró, seguramente iba a pedirle más explicaciones; y a eso iba, a traerlas en forma de mujer tatuada.
Llegó al Sector Seis siguiendo los pasos que hizo con Avalancha. Como dijo Biggs el lugar estaba más apagado, sin tanto bullicio, pero aún así funcionaban todos los locales de comida, se dedicó a preguntar en ellos, si la mujer vivía por ahí frecuentaría alguno, pero no tuvo suerte. Pasó a buscar en las tiendas de tatuajes.
—¿Beth? ¿Hablas de Beth?— preguntó el tatuador, un hombre que sudaba la gota gorda y un pañuelo negro atado en la cabeza. Tenía cada palmo de su cuerpo tatuado o con piercings, lo que menos entendía Cloud era que vistiera cuero con el calor que daba la placa sobre sus cabezas. — ¿Trabajas para Don Corneo?.
—No— rápido, así es como quería que fluyeran las cosas.
—Pues acabarás haciéndolo si sigues así— volvió a su trabajo.
—¿Dónde puedo encontrarla?.
—En el establecimiento de masajes, es una trabajadora de Madam M, pero de día está cerrado, si sabes a lo que me refiero…— le habló sin levantar la cabeza.
—¿Alguien sabe dónde vive?
—Oye, tengo trabajo y no soy su maldita madre, piérdete por ahí.— Se quedó mirándole por unos segundos.
—Por fa…— el tipo supo identificar su tono como una amenaza y lo miró con desagrado.
—Ese pendiente que tienes es de mariconas, ¿quieres que te haga otro agujero más acorde?— de debajo de la mesa sacó un arma.
—¿Prefieres que lo haga yo?— con un muy lento movimiento desenfundó de su espalda su gigantesca Espada Mortal clavándola en el suelo, aunque antes se ocupó de dar un paso al frente donde daba la sombra y pudiera ver con más detalle el fulgor de sus ojos de Mako. Si residía algo de inteligencia entre esas enormes orejas, sabría que esquivaria su bala y su espada le atravesaría de medio a medio.
—Shinra de mierda…— musitó con rabia. Fue listo.
—Ex-Shinra de mierda.
Al final el tipo no sabía mucho más y se encontró en un camino sin salida, la idea de esperar a que que se decidiera aparecer por el barrio no le gustaba; sólo descubrió que era de otro sector que no era el Sector Seis.
—Lo único que sé es que vive en la placa superior— fue lo último que le dijo el tatuador.
¿Qué venía a hacer una chica rica a los suburbios del Sector Seis?. Lo peor de todo era que en aquel vicioso lugar podía sentir comentarios sobre él, pero lo que menos le gustaba era que se sentía observado. Ya había tenido bastante, era momento de enfrentarse a su acosador. Giró una esquina que ya conocía y se escondió acelerando el paso con sigilo para atrapar a quien le observaba, quizás era ella, la veía lo bastante rarita como para hacerlo.
Cuando los pasos se acercaron salió de su escondite y le barró el paso con los brazos cruzados y el ceño fruncido, había llegado el momento de aclarar las cosas. Sus reflejos le ayudaron a esquivar un golpe que iba a la cara y bloquear su abdomen con los brazos. Era jodidamente fuerte. La sorpresa se instaló en la cara del otro.
— ¡L-Lo siento!.
—¿Tifa?— Musitó casi sin creerlo, ¿le estaba siguiendo? se repuso y la miró, pero no de forma que se sintiera bienvenida, no aprobaba lo que estaba haciendo. — Voy a probar mi inocencia, vuelve al bar, sé que tienes mucho trabajo ahí.
—¿Cómo vas a probar tu inocencia exactamente?— Cloud suspiró y miró los ojos entrecerrados de Tifa.
— Hay una chica — No le gustó escuchar como los guantes de ella se tensaron más — ella sabe lo que pasó, que lo diga yo no tiene ningún valor, confiais en Jessie y yo soy un extraño…
—¡No eres…! — Tifa le interrumpió y por un momento albergó la esperanza que si al menos Tifa le creía..., su ceño se relajó; pero Tifa no dijo nada más.
"Han pasado 5 años." Se recordó volviendo a fruncir el ceño.
Sus labios se entreabrieron cuando una voz muy joven les interrumpió.
—¿Eres SOLDADO?— Los dos se giraron a mirar al chico.
—¿Quién pregunta?— el chico se encogió de hombros. — se acercó y del bolsillo sacó un mensaje, entregándoselo.
—¿Dónde está?— no se dignó a mirar de quién era.
—Una chica rica de la placa de arriba, no lo se. ¿Me das 500 giles?
El chico extendió la mano y Cloud le miró fijamente haciendo que se pusiera nervioso. No estaba de buen humor, así que el Mako en sus ojos debía hacer las suyas. Sin apartarle la mirada en una silenciosa advertencia que no se moviera, fue desplegando el papel donde había un mensaje. Era una dirección.
—¡Pagame ya!— el chico parecía haber ya llegando a su límite de paciencia.
—No— dijo con voz cortante devolviéndole la nota. Por sus adentros se retorcía que ese crío ganara una gran parte de lo que deberían haberle pagado a él, y no lo hicieron, por arriesgar su vida en un reactor con un grupo de fanáticos.— Te los daré si me llevas aquí— señaló la nota de su mano.
—Serán 500 más.
La gente de los suburbios no iba con tonterías. Simplemente hizo un gesto con la cabeza para que iniciara la marcha y el muchacho accedió. Escuchó a Tifa ir detrás suyo.
—No nos sigas— No estaba de humor, tampoco Tifa, pero no la quería cerca de él, no ahora, sabiendo con los ojos que le miraba.
—Es la mejor forma de probar tu inocencia ¿verdad?, sino parecería que has hecho un trato con cualquiera para limpiar tu nombre.
Quería detener sus pasos y reclamar, pero el chico no iba a detenerse a esperarles por una pelea sin sentido. Se limitó a suspirar y no dijo nada.
El viaje a la placa superior del Sector Ocho fue largo, nadie dijo una palabra; todo fue sin dedicarse una sola mirada, simplemente decidieron mostrarse fríos, dándose la espalda mutuamente; y mucho menos había buen ambiente, hasta los desconocidos que tomaban asiento cerca suyo se apartaban a los pocos minutos, aunque eso significaba estar de pie en el tren aglomerado.
La vivienda tenía dos pisos y había luces en las ventanas, ya había caído la noche cuando llegaron, el muchacho reclamó el dinero, Cloud pidió el papel con la dirección de vuelta y le pagó 500 gil.
—¡No es lo que habíamos quedado!
—No acepté el trato— le recordó — Además no los tengo.
—Sois lo puto peor, mal rayo os parta.— el chico gruñó como un perro rabioso y se fue.
Las palabras del crío no le afectaron, pero pudo ver por el rabillo del ojo que Tifa se encogía con desagrado. Le daba demasiada importancia a lo que pensaran de ella y sus acciones.
Cloud dio varios pasos en dirección a la casa, seguido por Tifa. De nuevo se vió teniendo que contener las ganas de pedirle que dejara a él arreglar las cosas, pero si lo veía de primera mano ya no tenía que convencerla, y por el momento era a la única persona que le importaba. Miró por encima del hombro a la morena, permanecía con el cuerpo tenso y una delgada línea definía sus labios.
Una vez delante de la casa tocó el timbre.
La mujer que abrió no era la que esperaba, pero esta sonrió y les dió un repaso de arriba abajo, a los dos.
—¡Beth, tus invitados!— gritó al interior de la casa para luego abrir la puerta y dejarlos pasar sin perder la ocasión de hacerles un repaso más exhaustivo.
Escuchó la puerta detrás de él y el resoplido de disconformidad de Tifa. Era un lugar refinado nada que ver con los suburbios, estaban en un amplio recibidor cuando en el piso de arriba se escuchaban risas, todas ellas femeninas.
—Vaya...hay una persona de más…— Reconoció la voz y alzó la mirada a las escaleras que descendían a recibidor, con una gran curva y barandilla de color blanco y café mocca. Era ella, pero llevaba una blusa de seda verde y falda de tubo blanco. Era muy distinto a como vestía en los suburbios; pero aun así no ocultaba sus tatuajes. — Sabía que vendrías…— dijo mirándole a él.
—Vengo a aclarar cosas.
—¿Es tu novia?— detuvo su descenso mirando a Tifa alzando una ceja.
—No— Contestó inmediatamente y de nuevo escuchó el hastío de Tifa.
—Bien, entonces podemos hacerle hueco; también nos gusta mirar.
—No hemos venido a cumplir tus fantasías— la interrumpió la morena con un tono cortante y hostil.
—Tú no, pero él…— llegó hasta el recibidor.
—Déjalo ya— bufó cansado — He venido para…
Su voz se cerró en su garganta al ver un vial reluciente que sacó la mujer de una caja de bombones que había en una de las mesas del recibidor, ella se sentó. La rampa que le bajó por los brazos le dió repelús, su cuerpo estaba reaccionando y de pronto se dio cuenta del terrible error que fue traer a Tifa. Se cruzó de brazos eludiendo la vista de la mujer.
—Poneos cómodos.— indicó ella con calma.
