FFVII AU Zack x Cloud
— ¿Puedes recordarme por qué estamos aquí?— Escuchó la queja del rubio detrás suyo. Se encontraban ante las puertas de una iglesia rodeada de basura de los suburbios del Sector Cinco.
—Shhhh—llevó un dedo a sus labios pidiendo silencio. Cloud cambió el peso de una pierna a otra alzando una ceja, tenía los brazos cruzados ante su pecho en clara protesta —Lo sé, lo sé. Confía en mí, ella es alguien de muchos medios.
—¿Ella?—frunció el ceño—no me habrás traído a ver a tu novia, ¿verdad?
—Creeme que es mejor encontrarla aquí que en casa de su madre. —Avanzó los pasos que le separaban de la puerta y pasó por el umbral de la puerta.
—¡Zack!
Cloud le había acabado de curar con la materia de recuperación, lo cual estaba bien, no quería presentarse con marcas de pelea a esa importante reunión. Luego regresaron al alojamiento de Cloud donde durmieron un par de horas y se pusieron algo más presentables, que apestando a sudor y con sangre por todos lados, con el pequeño, enorme, problema que suponía no tener ducha.
Los dos estuvieron de acuerdo en que Zack portara el enorme mandoble. Cloud había perdido bastante seguridad sobre sí mismo tras el episodio del bar, parecía hasta intimidado ante la idea de cargarla. No podía culparlo, había atacado sin piedad a las dos personas que se suponía significaban algo para él, no eran meros desconocidos.
La iglesia estaba en silencio, no importaba lo sigiloso que quisiera ser, el crujido de la madera bajo sus pies retumbaba en la alta bóveda. Con la mirada al frente pudo ver el lecho de flores amarillas que había justo delante del altar. Sonrió con nostalgia para luego alzar la mirada sin dejar de caminar y encontrar el agujero en el techo. Cuando llegó hasta donde estaban las flores escuchó los pasos de Cloud detrás de él, acercándose, calmado.
—¿Y?— demandó con voz quieta su amigo.
—No está— no pudo evitar una voz de decepción —Siempre estaba aquí...— Se acuclilló mirando las flores —Están frescas.
—Zack…
—Cuando tenía días libres venía a verla, hasta le hice un carrito para poder vender las flores por los suburbios. —Sonrió con nostalgia. — Mientras estaba fuera me mandaba cartas contándome cómo iba siendo su día. Ya sabes, esas cosas tan mundanas, como ir a comprar y ayudar a un desconocido, mancharte la ropa porque alguien había sido un borde, pelearte con alguien por cualquier tontería, que alguien te ofrezca ayuda o ayudarle tú, solo por la bondad de tu corazón...esas cosas que te pierdes al ser una herramienta de Shinra.
—Sí...—coincidió con él, casi en un suspiro, su acompañante.
—Me gustaba leerlas, era como si estuviera ahí. No tuve ocasión de responder muchas veces, por el trabajo. ¡Tampoco es que sea el mejor contestado cartas!, pero me ayudaba a pensar que, quizás, algún día yo…
—Tendríamos una vida normal- Cloud le entendía, de alguna manera se entendían.
—Sí— sonrió para sí mismo, aún inmerso en las memorias de las cartas, casi pudiendo escuchar el eco de las letras, imaginando la voz de la mujer que una vez amó.
—¿Zack?
Los dos hombres se giraron, pero Zack casi dio un salto con los ojos muy abiertos, jadeó con alivio al ver a la joven castaña a la entrada de la iglesia con una cesta de flores, iba de rosa. Sin decir nada ambos emprendieron una carrera para encontrarse mutuamente.
"¡Aeris! ¡Sigues aquí. Lo siento tanto!"
Así como mutuamente decidieron encontrarse al calor de los brazos del otro, cuando apenas faltaban unos pasos algo les detuvo a la vez aminorando la carrera hasta encontrarse uno frente al otro apartando la mirada, buscando alguna distracción en el techo, en el pelo o en su ropa para no enfrentar sus miradas.
Tras un rato, encontrando el valor, miró a Aeris. Su pelo seguía recogido en una especie de trenza, iba de rosa ¿era un recuerdo traicionero que se lo hubiera propuesto él en el pasado? El lazo rosa que le regaló seguía adornando su trenza, y esas mejillas rosadas acentuaban el frescor de sus ojos verdes, color verano.
—Aeris—dijo casi con voz temblorosa. Era como patético, estar pensando durante días que le iba a decir para cuando al tenerla justo delante, no pudiera articular palabra.
—Zack, bienvenido de vuelta. —Ella sonrió y sus ojos brillaron con emoción como pronto notó los suyos.
—Sí, he vuelto.
Aquellas palabras tan sencillas, que tan ridículas podían parecer; los dioses sabían lo cerca que estuvo de no cumplirlas. Pensó en ella durante muchas noches y días esperando aquel encuentro, deseando que le hubiera esperado, aun sabiendo lo egoísta de su deseo; quería tener un lugar al que regresar.
Se fundieron en un fuerte abrazo, de nuevo, como si se leyeran la mente el uno a otro, las manos de Aeris en su espalda le reconfortaron, sentía el calor de sus mejillas en su pecho. Olía ... olía bien.
—Sigues usandolo— sonrió apretando un poco más su abrazo. Era el perfume que le hizo a base de las flores que vendía.
—Nunca perdí la esperanza de encontrarnos.
Se separaron ahora con valor de mirarse a los ojos y se sonrieron con ternura. Así estuvieron un rato hasta que Zack escuchó un leve crujido a su espalda.
—Oh, ¡Claro! Me he olvidado de presentaros—dando un paso a un lado dejando vía libre a la vista de Aeris. —Este es Cloud, es un amigo.
—Uh, hey— Al parecer Cloud no esperaba ser el punto de atención en ese momento. Saludó con un leve cabeceo. Aeris rió suavemente.
—Un placer, Cloud, soy Aeris, también soy una amiga de Zack.
Aquello le había dolido a pesar que una sonrisa se instaló en sus labios. Aeris había dejado claro en qué situación estaban ahora; Cloud le había salvado, se veía depositando sus labios sobre los de Aeris si le hubiera dejado un segundo más. Pero eso no quitaba que se sintiera feliz de presentar a su amigo y ver que estaba bien siendo, al parecer, la misma.
—Creo que tienes mucho que contarme, pero por qué no esperáis a que organice las flores — ella devolvió la mirada a Zack y este se quedó por un momento embobado mirando sus ojos verdes.
—¡Claro! ¿Te esperamos fuera?
—No hace falta, será un momento de nada. —Ella sonrió dulcemente.
—Sí, he visto que las sigues cuidando estupendamente.
—Hago lo que puedo por ellas, ahora si me disculpas, ahora vengo.
Aeris se alejó y pasó por el lado de Cloud, se detuvo seguramente para decirle que se reuniera con él; vió a su amigo dar un leve cabeceo antes de dirigir sus pisadas en su dirección. Al llegar a su altura se dio media vuelta mirando dirección a Aeris, como él mismo hacía.
—Parece simpática.—añadió al estar un rato en silencio.
—Es más que simpática.— le miró de reojo.
—No voy a ser yo quien lo niegue,— se encogió de hombros con expresión neutral. — Pero recuerda porqué hemos venido aquí.— ahora pasó a mirarle seriamente.
—No lo he olvidado, lo siento, me dejé llevar.
—No pasa nada, por lo que has contado parece que compartáis mucho.
—La verdad que no tanto, no éramos nada serio.
—Te enviaba cartas y ¿no es nada serio?— Ahí estaba Cloud con los brazos cruzados y una ceja alzada dirigiendo ahora su torso a su dirección.
—¿No lo hacías con Tifa?
— No.—le gustó ver cómo la mirada de Cloud se suavizaba levemente— Recibía cartas de mi madre, de las cuales nunca encontraba tiempo para contestar, no recuerdo bien por qué.— su mirada pasó a ser algo más confusa, agachó la mirada moviendo sus ojos de un lado a otro como si estuviera buscando entre sus memorias. Sacudió levemente la cabeza apartando sus pensamientos centrándose de nuevo.
—Exactamente ¿cómo, tu amiga, va a ayudarnos a rescatar a Tifa?. — Le miró con incredulidad esperando una buena respuesta que, sinceramente, dudaba tener.
—Es Aeris— Se encogió de hombros, sabía que no era la respuesta que buscaba el rubio, este mantuvo la mirada críptica y brazos cruzados sobre el pecho. — Se nos ocurrirá algo, ¡ya verás! tiene contactos de lo más extraños, pero útiles.
Cloud pasó a mirar a la chica, haciéndole un escaneo exhaustivo; volviendo a mirarle, una vez terminado, con la misma incredulidad en su mirada, o mayor.
—Zack…
—¡Ya he terminado!— Aeris se acercó con paso ligero hasta ellos dos aunque miró extrañada a Cloud cuando este suspiró sonoramente sin cortarse un pelo a que ella estuviera delante.
—¡Genial! — Celebró dando una palmada al aire —¿Podemos hablar en privado?
—¡Claro! vayamos a mi casa. — Dijo ella sin perder la sonrisa.
—¿Eh? ¿A tu casa?— A Zack le dió un escalofrío rascándose la nuca.
—Sí, ¿Por? —Aeris se llevó las manos tras la espalda, sabía que ese gesto demandaba una respuesta.
—Bueno, tu madre, ¿sigue ahí?
Eso fue lo único que necesito Cloud para llevar la cabeza hacia atrás con hastío dejando caer los brazos como si pesaran una tonelada y apartarse varios pasos negando con la cabeza.
—Claro que sigue ahí, bobo, es SU casa, pero también es mi casa, así que estáis los dos invitados— sonrió mirándole a él y luego a Cloud. —¡Vamos!
No preguntó, simplemente emprendió la marcha esperando ser seguida y él lo hizo tras dirigirle una mirada a Cloud, este le miró con cierta desaprobación con los labios apretados.
Cuando Zack emprendió la marcha Cloud tardó en hacerlo como si le estuviera suponiendo un gran esfuerzo. Zack se reunió con Aeris.
—Tu amigo parece tenso— empezó a hablar Aeris.
— Sí, no te voy a engañar, no es el alma de la fiesta, pero es buen tipo; lo que pasa que ahora mismo está preocupado por una amiga...y cuando digo amiga entiende lo que te digo.
—¿Su chica?
—Bueno, sí…— empezó dubitativo—¡no!—concluyó de forma rotunda—lo que pasa es que le hace tilín y él y ella no dan el paso.
Aeris se giró con descaro mirando a Cloud haciendo que el rubio se detuviera por un momento, seguramente sintiéndose invadido por la intensidad de la mirada de la chica.
—Esa 'amiga' ¿está bien de la vista?— Zack no pudo evitar reír ante la impertinencia de Aeris. —Es muy guapo, Zack.
—No soy el más indicado para decir eso— evadió el tema.
—Claaaro...—Canturreó devolviendo la vista al frente— entonces ¿cómo puedo ayudarle? ¿Conseguirle una cita con su amiga?
—Por eso estoy aquí, el tema es delicado.
—Oh,— Aeris bajó la mirada —entiendo.
—Aeris ¡no es sólo eso! He venido enseguida que he llegado a Midgar, encontré a Cloud y quise verte enseguida que le encontrara.
—No te preocupes, Zack,—le miró con una sonrisa triste — se que SOLDADO es un sitio exigente y que tenéis que lidiar con muchas cosas.
Se sintió mal después de aquello, volviendo a azotarle algunos recuerdos. Él siempre estaba disponible para las llamadas de Aeris, pero no tanto para estar con ella, sabía que ella lo entendía, nunca le hizo elegir entre su profesión y su relación, por eso los dos la mantenían como algo no serio, sabiendo que podría ser algo que no perdurara, pero no porque no estuvieran los sentimientos.
—Bueno, hasta llegar a casa, ¡cuéntame más de la amiga de Cloud!— su tono cambió a uno más jovial.
—¿Bromeas? prefiero que te lo cuente él, ¡me conviene más hablar del tema de tu madre!
—Que lástima entonces, porque no quiero arruinarte la sorpresa.
—¡Aeris, no me hagas esto, somos amigos!
Ella se limitó a reír disfrutando de su cara de circunstancia y de temor controlado. Su madre nunca le había conocido en persona, pero sabía que Aeris le había contado sobre él. Se preguntaba si le contó con detalles su relación.
—Y ¡casi hemos llegado!— Aeris se adelantó trotando levemente hasta un pequeño puente de hierro oxidado, sonrió y desapareció por el recodo.
Ambos chicos se miraron con cara interrogante, Zack nunca había estado en su casa, al girar el recodo Zack notó caer la mandíbula ¿eso era un cascada?. Una cascada cristalina en medio de los suburbios así como una amplia extensión llena de flores y justo delante de ellos una casa de tejas rosadas donde Aeris les esperaba sacudiendo el brazo en medio de aquel impresionante vergel. Miró a Cloud que también parecía impresionado por la vista.
—Es...increíble—dijo el rubio.
Zack no pudo hacer otra cosa que asentir apoyando la observación de su amigo. Un paso tras otro salvaron los escalones para llegar hasta donde estaba Aeris.
—¡Bienvenidos a mi casa!— ella abrió la puerta y les dejó pasar. Cloud entró primero.
El interior de la casa era acogedor, hecho de madera en vez de chatarra, estaba lleno de flores y cuadros pintados de otras flores, además de algunos paisajes de fuera de Midgar. Cloud estaba más entretenido mirando lo acogedor del lugar pero él se centró en la mujer con vestido verde que estaba en la cocina, justo al otro lado del salón.
—Llegas tarde, la cena está casi lis...— La mujer se giró y se detuvo en seco al ver la presencia de los dos jóvenes.
Era castaña de un color más claro que el de Aeris, recogido en un moño, ojos verde pálido y por su cara empezaban a preciase ya signos de haber vivido más años que ninguno de ellos.
—Os presento a mi madre, Elmyra— la presentó sin tapujos Aeris —Lo siento mamá, me he encontrado con unos amigos y no pude evitar querer invitarlos
Elmyra se secó las manos en el delantal y pasó a analizarlos a los dos con mirada neutra. Cloud llevaba el uniforme de SOLDADO y a pesar que él llevara ropa de calle llevaba el arnés de Cloud con el que podía transportar su enorme espada. No importaba cómo se vieran, si por las apariencias podían engañar a una mujer experimentada, sus ojos de Mako les delataría al instante.
—Son SOLDADO —acertó directamente la mujer
—Sí,—respondió alegremente Aeris como si eso no significara nada —Zack y Cloud—los señaló a cada uno al presentarlos.
—¿Zack?—La mujer frunció levemente el ceño y Zack sonrió de forma desastrosa por la violenta circunstancia. La mujer clavó sus ojos en él mirándole con poca o nada compasión.
—Han estado en una larga misión y he pensado que podríamos tomar algo aquí y ponernos al día.
—Hija mía...— la mujer suspiró— no voy a decirte como vivir la vida, porque parece que tú lo tienes muy claro, pero no creo que sea buena idea traer al hombre que te ha hecho sufrir tanto.
Estaba terriblemente incómodo y casi podía notar la incomodidad del rubio.
—Mamá, sé que quieres lo mejor; pero no te preocupes. Eso es cosa del pasado, he aprendido mucho de eso y se lo agradezco. — Aeris sonaba animada, con una madurez bastante creíble. Elmyra se limitó a suspirar.
—Está bien, iba a pedirte que fueras a comprar para la comida de mañana, pero en vista de que hay invitados, te tocará atenderlos a ti.
—¡Gracias mamá!
Elmyra le miró por última vez antes de coger una cesta de mimbre y salir por la puerta. Los hombros se le destensaron y pudo respirar, al fin, con normalidad.
—Bueno, aquí está la intimidad que buscabais, ¿Queréis tomar algo? Tengo café y té que elaboro yo misma. — sonrió.
Hubiera sido una tarde agradable de café y té pero no podía olvidar el tema que les atendía. Tifa y Barret, eran prisioneros de Shinra y a saber si le sometieron a terribles torturas, tanto Cloud como él sabían que Shinra no era condescendiente con sus enemigos, menos si sospechaban que fueran aliados de Wutai, lo cual parecía que Shinra decía de Avalancha. Le contó a Aeris la situación y ella permaneció atenta.
Zack avanzó explicando todo lo que pudo hasta cierto punto en que miró intensamente a Cloud; al principio parecía no entender pero finalmente el rubio apartó la mirada poniendo cara de frustración. Cloud asintió con la cabeza tragando con pesadez. Sólo entonces fue que le contó a Aeris sobre la adicción de Cloud, no podía arriesgarse a que en uno de sus ataques le hiciera daño o la pusiera en peligro.
—No sé cómo podemos subir sin ser vistos, pero sé de alguien que sí que lo hace constantemente— suspiró como buscando ganas para decirlo — Don Corneo.
—¡Oh, venga, vamos!— Se quejó alzando los brazos, llevando las manos tras la cabeza y apoyando la espalda en el respaldo del asiento; no llevaba ni tres días en la ciudad y ya sabía de la terrible fama de Don Corneo.
Aeris negó con la cabeza haciendo entender que no había más remedio o que desconocía alguna otra otra opción.
—Y ¿dónde está ese Don Corneo?
—En Mercado Muro, en el Sector Seis.
Zack giró su mirada hasta Cloud recordaba perfectamente su relato como su pesadilla empezó en aquel lugar y como podría encontrarse con la mujer que estaría encantado de tentarle hasta que su adicción le hiciera perder la razón. Cloud se masajeó el puente de la nariz tratando de calmarse.
—¿Qué tienes pensado?
—Bueno, había pensado infiltrarme para conseguir la información de por donde hacen sus trapicheos, pasarosla y listo.
—¿Y dónde entramos nosotros?— Cloud no estaba dispuesto a depender de otros — encontrar información son misiones largas, no tenemos tiempo.
—Ha llegado a mis oídos que el Don quiere una 'esposa' y hace audiciones así que, podría colarme, emborracharlo y sacarle la información, como ya he dicho.
—¡Un momento! ¿Busca mujer?—Aeris asintió mirando a Zack —Aeris, eso no va a ser sólo emborracharlo y sacarle la información.
—Zack, crecí en los suburbios, se cuidar de mi misma.
—Es demasiado arriesgado —Cloud le apoyó con ferviente interés. Lo cual extrañó a Zack.
—Bueno, me sentiría segura si vinierais conmigo…
—Eso haremos —No iba a dejar a Aeris hacer eso.
—¡¿De verdad?!— A Aeris se le iluminaron los ojos cuando los dos asintieron al unísono. — ¡Sois los mejores!
Tras la reunión y un plan que apenas podía cogerse con pinzas Aeris les invitó a salir de su casa. Se uniría con ellos a la salida del Sector Cinco cuando empezara a anochecer, como a las cinco y media en adelante, cuando Don Corneo hiciera su aparición al público. Zack lo agradeció en cierta medida para no encontrarse de nuevo con la mirada acusadora de Elmyra.
Los dos deambularon durante un rato por los suburbios hasta encontrar una zona no muy alejada, pero despejada, en la distancia se podía ver una pequeñas lápidas de lo que parecía el descanso definitivo de algunas personas del suburbio. Se compraron unos refrescos en una de las máquinas expendedoras que funcionaban de camino y esperaron que terminara la tarde.
El lugar tenía mucho que envidiar en vistas y olores al jardín de Aeris; pero sólo iban a ser unas horas y tendrían la intimidad que querían.
—Hey, ¿te encuentras bien?
—Sí— el menor le miró extrañado hasta que pareció caer en la cuenta — ¿Me he 'bloqueado'?
—Cuando le expliqué la situación a Aeris, creo que te ha pasado una vez, pero estaba tan pendiente de contarle lo ocurrido que no pude prestarle mucha atención.
Cloud suspiró abriendo su lata de bebida dándole un trago como si así pudiera ayudarle a tragar ese mal estar. Se apoyó en una máquina descuartizada de la zona cruzando los brazos manteniéndose pensativo. Se reunió con él sentándose a su lado con las piernas cruzadas mirando hacia la gran placa.
—Aquí abajo anochece mucho antes. —Comentó y Cloud acompañó su mirada a la placa.
—Sí, al menos un par de horas antes.
—Bien, eso nos dará un poco de margen—le tocó a él abrir su bebida y le dió el primer sorbo — Hmm...esto sabe peor de lo que esperaba.—Cloud rió entre dientes—¿Cómo está el tuyo?—El rubio se encogió de hombros acentuando su curiosidad, al fin al cabo no se quejó del sabor — Déjame probar.— Se intercambiaron las bebidas en silencio. —¡DIOSES, CLOUD! ¡PUAJ!— Se contuvo para no escupir. Escuchó la carcajada contenida del otro —¿¡Qué es esto!?— Miró la etiqueta.
—Elegí lo primero que vi, quejarse no servirá de nada; además el tuyo no es que esté mucho mejor...Frutas de Banora, auténtico zumo de manzana de Banora. Interesante.
—Devuelveme mi lata, es mejor que lo que tomas tú.— de nuevo hicieron el intercambio. —¿De verdad no te da asco?
—Mucho— dijo su compañero sin mirarle dándole otro trago, aunque estaba seguro que lo hacía para verle la cara de espanto al verle hacerlo.
— El Mako que ha pudrido la lengua.
Iba a darle otro trago a su bebida para quitarse el mal sabor de boca, cuando acabó reparando en lo que acababa de decirle al rubio. Miró a Cloud y este asintió con un leve cabeceo. Acabó dando un largo trago a la bebida, maldiciendo su propia estupidez.
—Necesitaría un arma— habló el rubio tras un rato en silencio. —Voy a ser un lastre en la misión — Se le escuchaba frustrado, tenía el ceño fruncido mirando hacia el montón de basura delante.
—No te adelantes,— le rebatió con seriedad —aún tenemos tiempo. — Sintió la mirada de Cloud sobre él, demandaba una respuesta. —Te acuerdas del Edificio Shinra ¿Verdad?
Cloud asintió con otro cabeceo
—Sí, al menos las zonas que tenía acceso; ya sabes que era muy limitado, lo controlaban todo con tarjetas ID. —Le contestó con rapidez demostrando que estaba atento.
—¡Exacto! Llevo un tiempo pensándolo...y creo que podremos colarnos, conseguir un arma para ti dentro y disfrazarnos…
—¿Disfrazarnos?
—Sí, tú ya tienes el uniforme, te daré la espada y darás el pego enseguida, nos colaremos en el vestuario de infantería y me disfrazaré de un recluta a tu cargo.
—¿Infantería? ¿Por qué no SOLDADO?
—Dos SOLDADO juntos es raro, y más si es el la planta que estoy pensando que és; además no quiero volver a pasear por ahí con mi cara al descubierto.
—Lo mismo digo por mí, pero entiendo lo que quieres decir. ¿Cuál es el plan de ataque?— Zack le hizo un gesto para que se agachara y se uniera a él. Cloud acudió enseguida a su lado.
Empezó a dibujar la estrategia en el suelo del descampado. Consistía en entrar en la puerta trasera donde habrían varios infanterías, Zack podría noquear a uno y cambiarse en el parquing mismo detrás de las innumerables cajas que ahí había. Le entregaría la Espada Mortal y con el ID del pobre desgraciado subirán hasta la planta 50 donde ahí accederán a la armería donde podrían encontrar un arma para Cloud acorde con la situación. Las celdas de prisioneros no deberían estar muy lejos, por encima de esos pisos estaban las salas de lujo, las salas de reuniones y estrategia, además del laboratorio de Hojo; por suerte no tenían nada que hacer ahí. Y por encima de todo la sala presidencial en el piso 69.
Haciéndose pasar fácilmente por SOLDADO e infantería; accederían con facilidad a los prisioneros, hasta colaría como escoltandolos a otras celdas. Saldrían por las escaleras y atravesarían el hall esperando que estuviera vacío, las cámaras podrían pillarlos pero confiaba en que serían lo suficientemente rápidos para escapar antes que activaran las medidas de contención de la planta baja.
Era algo parecido a un plan y para empezar no estaba mal. La parte que más inquietaba a los dos era el pasadizo secreto de Don Corneo, todo dependía que llegaran a la placa superior sin ser vistos. No era que les buscaran activamente, o eso esperaba Zack.
Zack desvió la mirada a Cloud y suspiró, el plan no era sólido, pero desde luego no iba a ser fácil teniendo en cuenta la arbitrariedad del estado de Cloud.
—Cloud,...—no supo muy bien cómo abordar el tema cuando sus miradas se encontraron — Sobre lo que me dijiste de los cambios que sentías cuando necesitabas la dosis...— La mirada del rubio se desvió por un momento con incomodidad. Se dió prisa en poner su mano sobre el hombro para apoyarle, se alegró cuando sus ojos volvierona mirarle — Tienes que estar atento a ellos y decirmelo, por estúpido o pequeño que sea el síntoma.—Cloud asintió y él le sonrió de vuelta.
Cloud se apartó de su lado para sentarse no muy lejos de él, pero a una distancia suficiente para evadir su contacto.
—¿Qué harás si me da el mono en medio de la misión?— Le miró con la cabeza apoyada en la superficie irregular.
—No lo sé, aún estoy tratando de buscar una solución. —Quería ser sincero con él — Recuerdo algunos informes en SOLDADO de aspirantes que no tuvieron suerte a la hora de superar su adaptación a Mako. Al parecer, como cualquier droga, cuando bajan los niveles su cerebro sufre una sobre excitación y busca alguna manera de llenar ese vacío. Recuerdo,— se acomodó echándose atrás con las manos tras la cabeza — que a cada individuo le afectaba de forma diferente.
—¿Cómo de diferente?— era evidente el interés del rubio.
—Violencia por lo general, a veces a terceros, otras veces sobre sí mismos, otros empezaban a correr hasta caer exhaustos ...lo que llegó a la conclusión de que llegar a la extenuación recuperaba sus niveles normales…
—Entonces, ¿me estas diciendo que cuando le daban esos ataques, hacían lo que quiera que tuvieran que hacer hasta caer extenuados?
—Eso o tener la dosis, muchas veces preferían darle la dosis, ya que ponía en peligro la vida del sujeto.
—Sujeto ¿eh?—Cloud bufó encogiéndose levemente apoyando los codos en sus rodillas.
—Ya conoces a Shinra y su modo de hacer las cosas.
— ¿Por qué no le ha dado a mi cerebro a coleccionar Medallas Moguri?— ello provocó que Zack riera levemente.
—Bueno, mirándolo de una forma quizás no muy científica. Las drogas suelen estimular una parte del cerebro que da placer...puede que tu cerebro lo relacione con el sexo y he de decir que no está muy desencaminado.
—Así que podría morir por 'sobre polvo'; seré el héroe de muchos.
Zack no pudo no reír a carcajadas ante eso. No sabía si Cloud lo decía terriblemente serio o lo decía desde el lado del sarcasmo, pero acabó por escuchar también cómo su risa se unió a la suya, aunque algo más tímida.
—¿Estás seguro que quieres traer a tu novia?.
—No es mi novia,— le comunicó —acuerdate que se presentó como mi amiga
—¿Y?
—Vaya, Cloud, no pensaba que te importara tanto mi estabilidad emocional. — Le sonrió sinceramente a su amigo.
—Bueno, puedo verte la cara; te veo muy cómodo a su lado. Me cuesta pensar que te hayas rendido.
—Cloud, para iniciar una relación se necesitan a dos, pero para romperla sólo hace falta una de las partes— Suspiró manteniendo una sonrisa en los labios aunque en el fondo le dolía.
Le siguió un no tan cómodo silencio, pero Cloud decidió tomar algo de acción.
—¿Qué haremos con el tema de las materias, las vas a llevar todas?
—Buena pregunta, amigo mío.— desenfundó su Espada Mortal mirando las materias que tenía engastadas. —Toma, esta para ti. —Cloud la atrapó en el aire.
—Recuperación ¿eh?—Sonrió de lado—Te has tomado en serio lo que vaya a morir.
—Lo mejor para mi mejor amigo.
—Ya, ya. —Cloud se puso en pie—Se va acercando la hora, será mejor que nos movamos.
Cloud se acercó y le extendió la mano Zack que la aceptó encantado para ponerse en pie, aprovechó la situación para revolverle el pelo, le encantaba escuchar el murmullo de quejido que siempre hacía cuando le revolvía su, aparentemente, muy elaborado peinado.
Nunca lo admitiría, pero una de las cosas que fascinaba a Zack era ver a Cloud llevarse las manos a la cabeza y echarse el pelo hacia atrás y como este, de forma natural, se colocaba en su sitio.
"Fascinante"
Sonrió complacido como habiendo cumplido algo importante y ambos pusieron rumbo al punto de encuentro con calma.
