¡Hola!

Bueno, pensé en hacer este One shot acerca de Revali en BotW. Siempre creí que estaba enamorado de Zelda, por lo que traté de hacer un breve (quizás demasiado) recorrido por su vida, desde el momento en el que la conoció (más o menos). Como ella se enamoró de Link, pensé en cuál sería su reacción al darse cuenta de aquello.

La verdad, no sé si me quedó bien o mal. Espero que al menos lo disfrutéis.

(Los extractos de los recuerdos del juego corresponden al doblaje de España)

Mary G.


¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué esta sensación me quemaba el pecho cada vez que lo recuerdo?

Si me paro a pensar, llego a la conclusión de que si ella no hubiera venido, si no se hubiera acercado a buscarme, probablemente mi dolor no existiría. Si la hubiera dejado plantada...

No podía pensar en eso. Me era imposible renunciar a esos ojos verdes llenos de vida y emociones reprimidas que anhelaban encontrar una salida. La princesa Zelda era la dueña de Hyrule, pero también llegó a serlo de mi corazón.

Aún puedo recordar la primera vez que la vi. Se había acercado a buscarme para preguntarme si iba a ser el encargado de pilotar a Medoh. Al principio me negué, no quería nada con los hylianos, esa raza debilucha que no destacaba por nada en especial. Pero algo en mí me obligó a decirle que necesitaba tiempo para pensarlo, que no era una decisión tan sencilla. Ella pareció entenderlo y me dejó solo.

Siempre me describí a mí mismo como ambicioso. Siempre quise llegar hasta lo más alto sin importar lo que costara. Probablemente aquello me ayudara a ser lo que hoy en día soy. En aquel momento, me paré a pensarlo seriamente. Cavilando, llegué a la conclusión de que si decía que sí, iba a lograr ser el papel principal en aquella batalla, ya que probablemente sería el mejor de todo mi equipo. Derrotaría al Cataclismo junto a la princesa, y yo, el gran Revali, sería reconocido por todo el mundo como el gran héroe de Hyrule. Todos se acercarían a la región de los orni para agradecer mis esfuerzos y la bella princesa Zelda se casaría conmigo, alegando que nunca conoció a alguien tan valiente como yo. Sonriendo, me dispuse a esperar pacientemente a que ella regresara para comunicarle las espléndidas noticias.

Pero fui demasiado iluso.

En uno de esos fríos días en los que me encontraba practicando tiro con arco y pavoneándome de mis habilidades, uno de los ornis me dijo:

"Seguro que serás de gran ayuda para apoyar al héroe en la batalla final"

Claramente me reí en su cara. Por favor... estaba hablando con el orni que pasará a la historia del reino como el más valiente de todos. No conocía lo que eran los papeles secundarios.

"¿Apoyar? Por las Diosas, yo no voy a ser el apoyo. Yo voy a ser quien plantará cara al Cataclismo y lo destruirá"

Esta vez él fue quien se carcajeó delante de mí, como si creyera que estaba diciendo alguna locura.

"Revali, tú no eres ese elegido. Tú sólo apoyarás al hyliano elegido por la Espada destructora del Mal"

"Bah, en ese caso es fácil: voy al lugar donde se encuentra y la arranco de su pedestal. Las leyendas hablan siempre de los hylianos, pero yo demostraré ser el tan aclamado héroe"

Con cierto fastidio, miré a Tarim, quien tenía la expresión muy seria. ¿Acaso estaba dudando de mis capacidades? Quedamos en un silencio incómodo, que afortunadamente fue roto por él:

"La Espada destructora del Mal ya ha sido arrancada de su pedestal"

Esas palabras me dejaron de piedra. Esto debía ser una broma. La legendaria arma ya ha elegido a su dueño, y ése no era yo. Lo miré con cierto cabreo.

"Es sólo una broma"

"Estoy hablando muy en serio, Revali", dijo Tarim. En sus ojos no había ni un resquicio de burla. "Si deseas comprobarlo por tí mismo, pregúntale mañana a la princesa. Ella te lo dirá"

"Tiene que ser una broma"

Pero nunca lo fue. Por mucho que yo quisiera en aquel momento, no podía hacer nada para cambiarlo. Ya estaba todo decidido.

Al día siguiente, recibí por fin la visita de la princesa de Hyrule. Me pilló en mi entrenamiento por perfeccionar mis corrientes de aire. Cuando todo acabó, estaba fascinada. Claramente tenía que estarlo después de ver semejantes joyas.

"¿Has decidido ya?"

De espaldas a ella, no pude evitar sonreír al escuchar su melodiosa voz. Era un tono juvenil, agudo y bastante dulce que realmente se ajustaba a su figura.

"Mmm... casi. Si me permitís, ¿puedo haceros una pregunta?"

"Por supuesto"

Era el momento. Respiré profundamente antes de darme la vuelta y observar aquellos hermosos ojos verdes.

"¿Es cierto que la Espada destructora del Mal ha sido sacada de su pedestal?"

Tras aquella pregunta, pude observar cómo la cara de la chica se contraía en una mueca molesta. Ella miró al suelo, e instantáneamente me arrepentí de haberle formulado esa pregunta.

"Sí. Es uno de los soldados que componen la Guardia Real. Es el más joven, pero lo consideran el más diestro espadachín de todo Hyrule. Es... candidato para convertirse en mi escolta personal".

La molestia que le causó el suceso era evidente. Sin embargo, no pude evitar pensar en que Tarim tenía razón. Iba a ser desplazado a un segundo plano. Si pasaba a la historia, lo haría como el orni que ayudó al héroe legendario a derrotar al Cataclismo. No podía estar más molesto y herido en mi orgullo. La miré, dispuesto a rechazar la oportunidad. Más algo en sus ojos me hizo detenerme.

¿Acaso… confía en mí?

"Gracias a la habilidad que posees, seguro que serás de gran ayuda para derrotar a Ganon. Cuento contigo, Revali. Tu gente te aprecia mucho, y no sabes cuánto se alegrarán de saber que te convertirás en elegido"

Pues claro que mi gente me apreciaba. Yo era el mejor de todos, y nunca nadie me llevó la contraria. En ese momento, pensé en ellos. Sí hacía caso a la princesa, sería un genial representante de mi pueblo para cuando viniera el Cataclismo. Y luego estaba ella… con su gran hermosura y aquella mirada pura e inocente.

"Lo haré. Seré el elegido de los orni"

Mi corazón dio un vuelco al ver su expresión. Sin duda estaba feliz y agradecida. Le dediqué una corta sonrisa mientras ella se preparaba para marcharse.

"Nos vemos en la ceremonia de presentación de los elegidos. En unos días te llegará una carta en donde se explica todo"

Asentí mientras veía su figura perderse en el camino. ¿Cómo diablos podía haber una hyliana tan hermosa? Toda ella me parecía una diosa. Afortunado será el que tome su mano y sea su esposo.

Lo primero que hice después de eso fue ir a donde Tarim se hallaba. Él me dedicó una sonrisa burlona al darse cuenta de la decepción que mis ojos desprendían.

"¿Qué te dije?"

"Agh, odio demasiado esto. Ser el segundón, estar detrás de alguien... simplemente no sé qué fue lo que pensé al decirle que sí a la princesa"

"¿El amor, quizás? ¿El gran guerrero orni enamorado de la joven princesa hyliana?"

El tono claramente burlesco que él empleó me enfadó sobremanera. ¿Quién se creía que era él para decirme semejantes bobadas? Lo miré con frialdad mientras me retiraba a mi cuarto. Odiaba cuando alguien no me trataba como merecía: con un gran respeto y admiración. Tarim fue un amigo cercano, pero muchas veces demostró ser cruel y burlón.

Durante los siguientes días, el bello rostro de la princesa Zelda me persiguió en mis entrenamientos. ¿Por qué no podía salir de allí? ¿Sería normal sentir esto por una persona que solo vio dos veces? ¿Y si era en realidad una diosa que me obligó a caer en sus redes para humillarme?

Cálmate, Revali. Ella no es ninguna diosa. Sólo es una bella hyliana. ¿Vas a perder el sentido por ella?

Al final resultó que sí, que me acabé enamorando de ella. No se daba cuenta, pero cada vez más se había apoderado de mi corazón. Comenzó a cautivarme con su inteligencia y su seguridad en sí misma a medida que la iba conociendo.

Pero claro, sin quererlo terminó por pisarme el alma. Mas aún quedaba tiempo para aquello.

Mientras seguía cada día más desorientado, llegó el día de la ceremonia de presentación de los elegidos, y con ello, el día en el que por fin pondría cara al famoso espadachín. Nada más llegar al castillo, las sirvientas me dieron la información que necesitaba después de identificarme. Me encerré en el pequeño cuarto que me asignaron mientras observaba la bufanda azul con el emblema de Vah Medoh. Desprendía un agradable aroma a lavanda.

"Esta bufanda representa mi papel, y por tanto, mi destino. El cuál no es nada más ni nada menos que apoyar a un patético caballero en la batalla final"

Mientras observaba cómo la gente entraba al castillo, me coloqué la bufanda y sonreí a mi reflejo en el espejo.

"Los dos sabemos que tú eres mejor que él. Seguramente acaben rectificando y me asignarán a mí el tan ansiado puesto. Una simple espada no puede representar las cualidades de alguien"

Unos suaves golpes resonaron en mi puerta. Cuando la abrí, descubrí allí a una de las sirvientas que me recibieron, quién amablemente me mostró el camino hacia el bastión real. Para mi desgracia, por el camino tuve que escuchar una desagradable conversación:

"¿Has visto al elegido hyliano? ¡Estaba tan apuesto hoy! Seguro que con su nuevo traje de verá aún más bello"

"Ay... ¿recuerdas cuando llevó el uniforme de la Guardia Real? ¡Diosas, casi me da algo! A este muchacho todo le queda a la perfección"

"Si yo fuera la princesa, me casaría con él sin dudarlo"

Una mueca de asco apareció en el rostro del orni al escuchar los suspiros femeninos. ¿Resulta que también era un casanova? ¡Por favor!

Al fin llegamos. Mis oídos se sintieron aliviados de no escuchar charlas femeninas acerca de hombre, mas lo que me incomodó fue sentir todas las miradas sobre mí y todos eses aplausos. Cinco rostros en especial se giraron hacia mí: el de una gerudo de piel tostada y bastante musculada, en cuya falda estaba bordado el icono de un camello. A su lado, un gran goron con sonrisa amigable y una gran bufanda en la cuál había una salamandra. Lo primero que se encontró de la siguiente elegida, la cuál era una zora, fue una cálida sonrisa. Poseía una especie de pañuelo con un elefante plasmado.

Luego estaba Zelda. Mientras me acercaba, una sonrisa se iba dibujando en el rostro de la joven. A mí se me había encogido el corazón, y desvié la mirada hacia el quinto elegido.

Impacté con unos fríos ojos azules que le observaban con indiferencia. Extrañado, miré su largo cabello rubio oscurecido, el cuál estaba recogido por una goma azul. Observé la túnica azul con detalles de la Espada Maestra, bajando hacia su pantalón beis y sus botas marrones.

Realmente es poca cosa, pensé con aires de superioridad mientras me colocaba a su lado y dejaba que Rhoam empezara con la ceremonia. Duró más de lo que esperaba, con un tedioso proceso en el que debíamos pronunciar nuestros votos y sellar la promesa de asumir nuestro papel en las bestias divinas. Sonreí ligeramente al darme cuenta de las miradas asesinas que le dedicaban al hyliano. Sabía que no era bien recibido.

¿Realmente ese era yo? ¿Realmente tenía esa cara de estúpido? Me sentí tan sumamente avergonzado.

Cuando los formalismos terminaron, nos reunimos en los jardines privados del castillo. La princesa nos enseñó un artefacto bastante curioso: la piedra sheikah. Por petición de Mipha nos sacamos una foto, y el resultado no fue el esperado.

Daruk nos había tomado por sorpresa en el último segundo, y casi caigo encima de la princesa. Menos mal que ésta se apartó.

Durante el mes siguiente, me dediqué a visitar a Medoh y tratar de adaptarme a ella. No sabía cómo controlarla, aunque no parecía suponer riesgo alguno para los orni. Cada vez que surcaba los cielos a lomos de ella, no podía evitar sonreír con orgullo al notar las miradas emocionadas de todo el pueblo.

"Mirad, es Medoh. Y allí está Revali. ¡Hola!", solían decir los niños. Siempre levantaba una ala para saludarlos antes de volver a lo suyo.

Luego estaba la princesa, quien le había mandado una carta comunicando que Link y ella irían a visitarlo para ayudarle a controlar su bestia. Cuando llegaron, esbozé una gran sonrisa al verla. Allí la estaba, tan radiante como siempre, con eses rubios y hermosos cabellos y sus esmeraldas brillando con decisión. Una mueca molesta apareció en mi rostro al verlo detrás de ella, como si fuera su sombra.

"Puedes retirarte, Link. Revali es capaz de cuidar de mí"

Me burlé internamente del elegido por la espada cuando noté el desprecio con el que lo trató. Seguramente se habría pasado de listo en alguna ocasión. Pese a ello, llevé a la hermosa hyliana a Vah Medoh y aparte de enseñarme un poco los fundamentos de pilotarla, me contó un poco más de ella. Pude conocer toda su historia, de principio a fin.

"Has tenido una vida bastante sencilla", comentó cuando finalicé mi turno de confesiones con una pequeña sonrisa triste. "Odio tener a Link cerca. Es un maldito recordatorio constante de mis fracasos. Sé valerme sola sin necesitar un escolta. Y, aunque se lo haya dicho por activa y por pasiva, no me hizo ni caso. Es frustrante"

Diez meses.

Diez malditos y desagradables meses tuve que esperar para volver a verla de nuevo. Diez malditos meses desde que traté de corromper el semblante pacífico de Link, infravalorando su puesto.

La echaba demasiado de menos. La imagen de su dulce rostro me alegraba las mañanas, pero no era nada comparado con el hecho de verla de nuevo.

Dado este punto, no podía negar la fuerte atracción que sentía por ella. Zelda se metió en mi mente, y ya parecía imposible sacármela de allí. Sonreí como estúpido al escuchar cómo uno de los orni anunciaba la llegada de la princesa de Hyrule.

Sin embargo, no acudí a darle la bienvenida. La esperé arriba, para así poder observarla mientras me buscaba. Sin embargo, parecía que no estaba de suerte.

Link venía con ella, a su lado. Parecía que a ella la cercanía no le molestaba, cosa que a mí sí.

Incluso la escuché reírse con algo que su escolta le decía.

Y, por si esto no fuera suficiente, tuve que observar cómo se daban un abrazo antes de despedirse. Mi cuerpo ardió de ira y celos.

Cuando llegó, me dedicó aquella sonrisa que tanto amaba. Aún así, no estaba para eso. Mi mente repetía una y otra vez el abrazo que se dieron.

"Veo que ya te llevas mejor con él", dejé caer, tratando de extraerle información de manera sutil. Ella asintió enérgicamente mientras observaba cómo él practicaba con la Espada Maestra.

"Me equivoqué con él. Ciertamente tenemos mucho en común. Todo esto ocurrió en el desierto de las gerudo. Estaba buscando un poco de intimidad, y al fin logré darle esquinazo. Pero la suerte no corrió de mi parte, ya que los del clan Yiga comenzaron a perseguirme para asesinarme. Consiguieron acorralarme, y Link pudo salvarme en el último segundo. Desde ese momento, comprendí que mi odio hacia él fue totalmente injustificado. Al día siguiente, me disculpé por mi actitud, y cada día fui descubriendo un poco más de su personalidad, de aquello que se escondía debajo de esa máscara de indiferencia. Realmente cada día me arrepiento aún más de mis malos tratos hacia él".

Tras escucharla, aparté la mirada de su hermoso rostro. Ciertamente, estaba arrepentida, pero sabía que debajo de eso se escondía algo más. Incluso logré captarlo en su mirada.

"Es un buen amigo, ¿no?", pregunté, con la esperanza de así saber qué era lo que trataba de esconder.

"Sí", dijo simplemente, con una alegría que pronto capté como media mentira. Osé tomar su barbilla con una de mis alas y la miré fijamente a los ojos, intentando también evitar sus labios. Ella estaba notoriamente sorprendida. "Revali... ¿pasa algo?"

Como si me hubieran dado un calambre, me levanté, casi al borde del llanto. Al fin creí entender lo que ocurría. Me apoyé en la madera mientras suspiraba.

"Estás enamorada de Link", logré decir luego de unos segundos de silencio absoluto en los que traté de controlar mis emociones.

"¡Claro que no!", trató de negar.

Inútilmente.

Me fue fácil detectar la mentira, puesto que se había puesto colorada y levantó el tono de voz más de lo necesario. Pero sobre todo, la pista definitiva me la dieron sus ojos, los cuáles brillaban con el terror de haber descubierto algo que había sido celosamente guardado durante tiempo.

"Lo estás", la contradije, luchando por no romper en llanto. "Es demasiado obvio"

"¡Revali, te he dicho que no!", gruñó, esta vez furiosa. Estaba apretando los puños con fuerza. "Lo que dices no es cierto, ¿vale? ¿Cómo me voy a enamorar de él?"

"Da igual todo lo que te niegues, tus gestos hablan por sí solos", dije mientras me preparaba para alzar el vuelo. "Si no quieres que te descubra, sé más cuidadosa con el lenguaje corporal"

Finalmente salí de allí con el alma en las patas, dejando a la princesa sola y descolocada. Mientras tanto, no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas.

Ella y Link habían logrado herirme, pisotear mi corazón. Apenas me quedaba orgullo, aquel que me caracterizaba.

Caí en las redes de Zelda, mas no tuve la suerte de ser rescatado con un "te quiero" de sus labios. Me quedaría allí, atrapado y sin poder salir mientras veía cómo ella estaba atrapada en las redes de Link.

Y dolía. Demasiado.

Cuando volví a la realidad, me di cuenta de que me había quedado volando allí, parado, sin saber qué hacer. Antes de retirarme, me decidí a observar cómo Zelda y Link se encontraban. Al parecer ella había resbalado y caído al suelo. A su lado, Link se carcajeaba fuertemente, sin poder evitarlo. Cuando logró calmarse, le tendió la mano. En vez de incorporarse, Zelda lo tiró hacia el suelo y ambos se dedicaron a rodar por la madera a la vez que reían ruidosamente. Mis ojos se llenaron de lágrimas de nuevo al observar cómo ambos se miraban. Estaban tan cerca... y a Link parecía gustarle esto.

"Bueno, al menos no le romperá el corazón... no como a mí", susurré antes de volar hacia mi habitación y no salir en todo el día.

Tenía que ser fuerte y tratar de aguantar todo este dolor.

Estoy muerto. Soy... un espíritu.

Por muy dolorosa que fuera la realidad, tuve que asimilarlo. A mi lado se encontraba mi cadáver después de haber recibido una soberana paliza por parte de la ira del viento de Ganon.

Durante los meses previos a la catástrofe y después de descubrir los sentimientos de Zelda, las cosas no volvieron a ser iguales. Me alejé de ella, tratando de evitarla lo máximo posible. Cada vez que Link estaba cerca, no podía evitar mirarlo con celos. Aún me dolía.

El amor es difícil de olvidar. Es como una espina que se te clava profundamente en la piel y debes ir sacándola lentamente. Cuando lo consigues, te sientes más aliviado.

Aunque sabes que las cosas son complicadas.

Aún me acuerdo de aquel fatídico día, cuando estábamos esperando a los pies del Monte Lanayru. Las figuras de la princesa de Hyrule y del joven elegido aparecieron en la distancia. Aún si no lo decía, en su rostro se apreciaba una clara expresión de fracaso.

"Y bien, alteza... ¿Ha sido provechosa la meditación?, preguntó Daruk. Zelda suspiró.

"Por vuestra expresión deduzco que no", me aventuré a decir, acercándome levemente a ella.

"He vuelto a fallar", habló ella, derrotada. La miramos con pena.

"Alteza", intervino Urbosa. "Habéis hecho cuanto habéis podido. Además... puede que la meditación no sea la forma de despertar su poder. Sólo hay que encontrar el detonante que lo haga fluir se su interior"

Un pensamiento cruzó mi mente, como si me arrojaran luz en la cabeza. Al parecer Mipha también lo captó, porque miró a cierta persona.

A Link, quien miraba a la princesa con una cara preocupada.

"Alteza, si me permitís...", dijo Mipha, con voz tímida. Rápidamente supe lo que le iba a decir: que la clave es el amor, el amor que ella sentía por Link. "Últimamente he estado pensando... en lo que siento cada vez que uso mi poder. Y... me he dado cuenta de que-"

Antes de que pudiera terminar, un temblor nos sacudió. Todos emitimos un leve grito de sorpresa, y Zelda casi se cae. Por suerte, Link la sujetó, y yo invoqué una corriente de aire.

"Allí", logré gritar. Todo mi ser se estremeció al ver a Ganon, quien había invocado una nube extraña de la cuál salían rayos.

"No es posible", dijo Mipha.

"Va a ser que sí", continuó Daruk.

"Se ha...", empezó Urbosa.

"Despertado", completó Zelda.

La princesa estaba aterrorizada, se le notaba. Llevaba años preparándose para esto, y Ganon tuvo que pillarla débil, sin sus poderes.

"No temáis, alteza. Nosotros nos bastamos para detenerlo", trató de tranquilizarla Daruk. Después nos miró. "¡Venga, equipo! Pongamos en marcha nuestras bestias divinas y preparémonos para el combate. Cuando Link se enfrente a Ganon cara a cara, lanzaremos un ataque combinado. Zagal, tú dirígete al castillo de Hyrule. Nosotros te daremos apoyo, ¡pero tú has de asestarle el golpe de gracia!"

Mientras Link asentía, no pude evitar desviar la mirada, molesto. Vi cómo Urbosa apoyaba sus manos sobre los hombros de Zelda.

"Alteza, vos refugiaros en un lugar seguro", pidió con amabilidad. Por primera vez en todo el día, los ojos de la muchacha reflejaron seguridad, y se zafó de su agarre.

"¡No! ¡Iré con vosotros! Puede que no os sea de mucha ayuda, pero os acompañaré hasta el final"

Cien años habían pasado desde aquello. Cien años tuvimos que esperar para ver un Hyrule liberado del mal.

Cien años tuve que esperar para volver a ser libre. Para tener que ver cómo Link me vengó.

Para ver cómo salía victorioso donde yo fracasé.

"La princesa lleva una eternidad esperándote", fue lo último que le dije antes de dejarlo marchar. Una vez solo, mandé a Medoh posarse en su percha, encima del poblado orni. Lanzó un potente rayo apuntando al castillo, y mientras tanto pensaba en el enorme mérito que él tenía sin saber volar.

Ahora, en la actualidad, después de haber gastado toda la energía de mi bestia divina, después de haber observado cómo Link dio el golpe de gracia sobre Ganon y cómo Zelda lo sellaba, le dediqué una ojeada a todo el destruido Hyrule. Daruk, Urbosa, Mipha, e incluso Rhoam terminamos por posar nuestros ojos sobre la pareja de hylianos, que se iban alejando del castillo.

"Ahora os toca a vosotros", pensé después de sentir a Rhoam desaparecer. Mis compañeros nos miramos, y yo asentí mientras desaparecía y rompía el vínculo que me ataba a Hyrule.

Ahora sí podría descansar en paz.