FFVII AU Zack x Cloud
¿Vestirse como una mujer para colarse en la mansión de un mafioso? Era la idea más ridícula que había escuchado en muchos años. No se molestó en ocultar levantar una ceja a la vez que miraba a Zack, a su derecha, esperando que le apoyara; ese plan no iba a funcionar en absoluto. Los dos eran SOLDADO, sus cuerpos eran anchos y musculados, y aunque eso no significaba que no hubieran chicas musculadas que pudieran despertar el interés del Don, sería extraño que formara parte de los gustos de un mafioso viendo sus preferencias con la decoración exterior de su mansión.
—Hmmm.
Cloud abrió los ojos como platos cuando vio que el moreno estaba considerando la posibilidad.
—No hay garantías que funcione, pero si podemos pasar por la puerta principal sería ya una gran ventaja. — Zack le miró, no estaba bromeando, lo estaba diciendo en serio. — ¿Cloud?— El moreno empezó a mirarle extrañado, su cara debía ser un poema, pero no podía reaccionar— No se me ocurre nada mejor así que…
Zack dirigió sus pasos al vestido, lo alzó por la pecha, estudiando la tela, totalmente extendida.
—¿Crees que esto me valdrá?—preguntó mirando a Aeris.
—No lo sé, déjame ver ...— Aeris empezó a acomodar el vestido por encima del cuerpo de Zack, como si aquello que le había pedido fuera de lo más natural.
No podía contenerse por más tiempo, se masajeó las sienes con una de sus manos sin acabarse de creer que aquello estuviera pasando; podía escuchar la suave risa de Madam M, sin duda se estaba divirtiendo con aquella estúpida situación. Cambió el peso del pie de un lado a otro cruzándose de brazos esperando que aquello terminara pronto.
—Cloud— miró a Zack en cuanto le llamó. —Ayudame a probarme esto, anda.
—¿Qué?— No pudo evitar escurrir una sutil media sonrisa de incredulidad.
—Esto parece muy complicado, creo que necesitaré ayuda.
—Zack, ¿estás hablando en serio que vas a vestirte, con eso, para entrar a la mansión?
—Sí, con permiso Madam M.
Sin esperar que le contestara, Zack se colgó el vestido con decisión en el hombro y a él le sujetó del brazo para arrastrarlo hasta la sala de masajes. Ahí dejó sobre la camilla el vestido, cerró la puerta corredera de papel y empezó a desnudarse.
—Ya hemos perdido mucho tiempo, ves intentando descifrar que es cada parte.
Aún estaba en shock, parpadeando varias veces para obligarse a regresar a la realidad. Apartó el plástico protector del vestido. Era tan suave y escurridizo que se le resbalaba de las manos constantemente; chasqueó la lengua con hastío y se quitó los guantes para manipular la escurridiza y delicada prenda.
—¿Por qué tiene tantas partes esto?— se quejó viendo infinidad de cintas y botones ocultos. — ¿No hay instrucciones en ningún lado? —empezó a rebuscar por el interior del vestido con resultado nulo.
—Parece que va a ser más fácil desmontarlo de la percha que colocarlo sobre el cuerpo de alguien.
—Zack, esto no puede salir bien. — Le acercó el corset al moreno que parecía lo más intuitivo para ponerse después de la falda — Te van a descubrir, y me parecerá increíble que puedas moverte con esto encima.
Zack no contestó, demasiado concentrado en colocarse el corset, pero a pesar de que desataron las correas al máximo, dejaron de forcejear cuando escucharon un crujido.
— Esto no va a funcionar…— Se apartó retirando la prenda.
—Maldita sea, no...
Zack pasó a mirarle quitándole el corset de las manos para colocarlo sobre su pecho. No le gustó nada cuando sus miradas se encontraron.
—No.
—Cloud, entras; yo no, tengo demasiada espalda no puedo moverme y tu tienes una cintura más estrecha que la mía. No puedes negar que lo he intentado, ¡pero no puedo!
—¡¿Por qué tenemos que seguir el ridículo plan de ir vestidos con esto?!
— Nada nos impide no hacerlo, pero ¿tienes un plan mejor?...Eso pensaba.
— No voy a vestirme de mujer, Zack.
— Cloud, ¿te piensas que esto es un fetiche o algo? Me estoy muriendo de vergüenza; tío ¡estoy con falda!
Zack se apartó para que le viera en todo su esplendor, fue en ese momento cuando se percató de lo ridículo de la situación. Su amigo estaba con la larga falda, casi a la mitad de pantorrilla, y el pecho plano al descubierto, mostrando unos formados y definidos músculos. Logró tapar la carcajada, que estuvo apunto de estallar de su garganta, con la mano dándole la espalda al moreno. Sus hombros temblaron de forma frenética tratando de contener las carcajadas tras su mano.
—Sí, ya, ja, ja. ¡Que gracioso!— Bufó con mal humor Zack. — Vamos...— el moreno le puso la mano encima del hombro para darle media vuelta y le mirara. Su actitud pasó a ser de preocupación— Esto lo estamos haciendo por Tifa, ¿recuerdas?
—Sí...—Suspiró.
Tenía que admitir que Zack tenía razón, así que, cuando Zack le entregó el corset azul no se sintió con fuerzas de rechazarlo.
Estuvieron un buen rato para determinar cuál era el orden de colocar cada una de las piezas. Cuando llegó el momento de colocarse el corset y Zack apretó las correas Cloud perdió el aliento teniendo que pedirle que aflojara. No estaba seguro en qué momento las mujeres habían aprendido a vivir sin respirar, pero él necesitaba el aire.
Una vez finalizado el ensamblamiento de las piezas, incluida la diademas con un adorno en forma de flor y lazo negro en uno de sus lados; Zack dio varios pasos atrás acariciándose la barbilla de forma pensativa, evaluando el trabajo.
—¿Cómo me veo?, dime que no parezco un tío vestido de mujer...— Imploró a todos los dioses que todo ese tiempo no fuera en vano.
Pudo ver como los hombros de Zack se sacudían y como trataba desesperadamente de contener la risa tras la mano disimulando estar pensativo mientras no paraba de repasarle de arriba a abajo con la mirada.
—¿En serio?— Le miró con claro hastío cuando Zack estalló en una sonora carcajada — Yo al menos tuve la consideración de …¡Bah!
Frunciendo el ceño se cruzó de brazos dándole la espalda, sintiendo como el calor de sus mejillas se agolpaba cada vez más. Unos suaves toques se escucharon en el biombo y Zack les dio paso abriendo la puerta corredera de papel.
—Os ha llevado vuestro tiempo...— Pasó la mujer con calma acompañada de su abanico —¿Cómo está la elegida? hmmm— Madam M rodeó a Cloud repasando de arriba a abajo con una mirada crítica. —Se nota que sois hombres de acción; el vestido es espectacular, pero no tenéis nada de gusto ni consideración al uso y tratamiento de la tela...— Tocó, casi con disgusto, con el abanico uno de los lazos.
—Entonces ¿se puede mejorar? — Preguntó Zack sorprendido.
—Con el calzado y el maquillaje adecuado, será una verdadera belleza— Afirmó Madam M — No voy a negar que con vuestra amiga también he pasado un rato complicado…
—¡Lo he oído!
—¿Aeris?—Cloud sintió su corazón dar un vuelco y saltó dándose prisa a ocultarse tras Madam M, no queria que le viera así
—¿Puedo pasar?
—¡Claro!— dijo alegre Zack.
—¡NO!— mientras él replicó horrorizado.
—Te va a ver tarde o temprano...— Zack le miró sin comprender.
—¡Prefiero que sea tarde o nunca!
—¡Con permiso!
Cloud tenía el corazón en un puño, no estaba preparado para tal humillación.
Aeris entró en la estancia ya en su vestido rojo y los dos hombres quedaron enmudecidos. El pelo de Aeris estaba peinado de forma distinta, haciendo que su pelo trenzado ahora fueran enormes tirabuzones en una enorme cascada adornada con cintas y flores rojas. Sus ojos resaltaban con el sutil maquillaje, sus labios curvados en una sonrisa parecían más sensuales de lo normal. Sus ojos jade se clavaron en él y por un momento se olvidó que estaba en la forma más ridícula de su vida.
—Te dije que se vería mejor.— La castaña se giró a Zack, haciendo que sus largos tirabuzones se balancearan de un lado a otro, pero Zack necesitó un momento para reaccionar.
—¿Eh?...¡Ah! sí — Zack se cruzó de brazos recuperando poco a poco la sonrisa y devolviéndole la mirada a él —, la verdad es que le queda mejor que a mi.
—¿Qué?—entrecerró los ojos —Cómo qué 'te dije'.
—Cuando Aeris me probó el vestido por encima con la percha dijo que me vendría muy apretado con suerte; pero que a ti podría venirte…
—Además que tienes una cara mas bonita, Cloud. — Le miró Aeris con una sonrisa.
—¡Hey! — Zack se quejó, pero por aquella vez pensaba que su amigo se merecía ese desprecio.
—Aún es pronto para decir nada, voy a tener que dedicarle mucho tiempo a esta 'cara bonita'.— interrumpió Madam M. Con un gesto de la mano los hizo salir a los dos de la sala. —Muy bien, veamos qué podemos hacer contigo.
Le parecieron intensas horas de continuo horror, y sensaciones realmente agónicas, a lo que concierne a los párpados y ojos; sobretodo permanecer con los ojos abiertos cuando acercaba algo extremadamente cerca de él, era difícil combatir su instinto natural y lógico de proteger su ojo y parpadear.
Cuando la mujer terminó abrió la puerta de papel, tras ella era donde Zack y Aeris esperaban. Aeris jadeó llevándose las manos a la boca; mientras Zack le miró de arriba a abajo y sonrió satisfecho.
—¡Eres tan guapa!— Aeris celebró acercándose mirándole más de cerca.
—Como si el mérito fuera suyo— bufo la Madam volviendo al mostrador. — . He hecho mi parte y ahora, por favor, abandonad mi establecimiento, tengo cosas que hacer.
—Tiene que caminar con más garbo señorita Cloud. — Le indicó Aeris poniéndose a su lado y haciendo una muestra.
—¿Con más garbo?— negó con la cabeza tratando de imitar los gestos de la otra notando perder pie, pero antes de hacer la escena, le sujeto Zack.
—Creo que mejor vamos practicando de camino, ¿vale? —Le sonrió el moreno.
Zack le ofreció el brazo y Aeris se colocó en el otro brazo rodeandolo con el suyo; ella le sonrió a su izquierda, Zack le sonrió a su derecha y él suspiró deseando que el mundo se olvidara de su existencia hasta que se quitara ese ridículo vestido.
Salieron del establecimiento de Madam M de camino a la mansión de Don Corneo, en ese tiempo tuvo que aprender a caminar con tacones bajo esa ingente cantidad de tela, la falda parecía querer enredarse en sus pies y se estaba poniendo nervioso. Aeris parecía consciente de sus dificultades haciendo que Zack redujera su marcha. Aeris le había metido en ese lío, pero debía concederle que al menos no le abandonara a su suerte, ayudandolo a llevar el plan adelante.
Mientras caminaban repasaron el plan: entrar era lo más importante, una vez dentro ya verían que harían, pero era engatusar a Don Corneo con bebida para que les dijera por donde se colaban para hacer negocios con Shinra o con sus contactos sobre la placa. A medida que concretaban más detalles del plan Zack parecía incómodo dejándoles ahí con un mafioso.
— Zack, no soy una chica desvalida.
—Ninguna de las dos lo somos. — reforzó la de ojos jade.
—No es que os menosprecie, lo que es peligroso es menospreciar al enemigo; eso me da miedo, que el exceso de confianza nos dé un revés.
—¿Exceso de confianza? No hay manera que me haga pasar por chica, pero como has dicho, una vez atraviese las puertas me ocultaré para apoyar a Aeris.
Sus dos acompañante se mantuvieron en silencio y aquello no le gustó a Cloud, pero lo prefería a que le siguiera tratando como una damisela, era un hombre, aunque toda esa tela le cubriera el cuerpo podía notar su sexo entre sus piernas.
—¿Qué pasa si quiere pasar tiempo contigo, Cloud?— Le miró preocupado Zack y él le devolvió la mirada típica de '¿Estas hablando en serio?'
—El plan continuará igual que conmigo, hacerle hablar por el alcohol, ¿verdad, Cloud?
—¿Y si te pregunta el nombre? deberíamos pensar alguno.
—No me va a pedir ningún nombre, Zack; deja de reirte de esta situación.— Estaba empezando a ponerse de verdadero mal humor. Se soltó del agarre del moreno ahora que se notaba más seguro andando. Aceleró el paso.
Notó una caricia por parte de Aeris en su brazo, que por alguna razón le acabó consolando, ella le miró y sonrió tratando de quitarle hierro al asunto.
— Debería preocuparse por tí— le comentó a la florista, notando su ceño fruncido.
— Bueno, supongo que da por hecho que yo te tengo a ti. — ella lo dijo con naturalidad reposando por un momento la cabeza en su hombro.
Aeris le miró desde abajo y algo extraño pasó, no parecía una chica desvalida por cómo sonreía, pero por alguna razón no pudo sostener mucho tiempo la mirada.
Cuando llegaron a la mansión de Don Corneo se deshizo también del agarre de Aeris avanzando decidido hasta las puertas, las abrió empujando las dos pesadas puertas, escuchó a Zack tratar de decirle algo en la distacia pero ya tenía bastante, quería acabar con esa situación cuanto antes, como un tirón de esparadrapo. Aeris se posicionó a su lado y habló con los guardias. Tras una corta charla les entregó las invitaciones y ellos les dejaron entrar con el grito de:
—¡Se acercan dos señoritas!
El interior era igual de horrible que el exterior, sobrecargado y con mal gusto de decoraciones rojas y doradas de estilo oriental. Al fondo de la sala principal había una colección de objetos que debían ser caros, pero para Cloud sólo le parecían baratijas de mal gusto ocupando espacio.
Les guiaron hasta el piso superior donde estaba la estancia o despacho de Don Corneo. Se alegró que Aeris decidiera tomar la iniciativa de hablar, ya que le parecía tentar demasiado a la suerte con su apariencia como para que abriera la boca.
El Don les hizo esperar y Aeris suspiró cansada, se la veía incómoda en aquel lugar. Se dedicó a mirar el horrible mal gusto del hombre en la habitación cuando vio el reflejo de una chica en un pequeño espejo. ¿había alguien más? No, no era otra chica, era él. Se acercó a mirar su reflejo; jadeo entre sorprendido y horrorizado. El maquillaje ocultaba sus expresión masculina, el maquillaje de los ojos le hacían los ojos más grandes acentuando su color de Mako. No recordaba cuándo le habían puesto extensiones de pelo. Se giró hacia Aeris pero no fue capaz de decir nada.
—Ya te dije que estabas muy guapa. — Se encogió de hombros sonriéndole.
No podía competir con la belleza de Aeris, pero realmente le habían afinado la cara haciendo que la quijada no se viera tan angular, para ser más redonda. Por un momento pasó por la cabeza que el Don quisiera hablar con él. Era evidente que era un hombre si se le miraba más de veinte segundos. Pero en según en qué estado de embriaguez estuviera alguien podría ser que no lo descubriera hasta qué…¡Hasta sus hombros con aquella pieza de tela negra parecían más estrechos!.
—Bien, bien ¿quiénes han decidido ser mis chicas de compañia hoy?.
Un hombre gordo con cuatro pelos como bigote y perilla, que apestaba a puro, apareció con un horrible pronunciado mechón rubio tintado a un lado, y al otro lado rapado con un corazón tatuado en el lado izquierdo del cráneo.
—El Don está listo. —Su sonrisa fue una de las más depravadas que Cloud haya visto.
—Buenas noches Don—saludó Aeris con voz animada—, mi amiga y yo seremos las encargadas de mantenerle acompañado y entretenido.
—Veo buen género, hyu hu hu—rió de forma extraña acercándose a Aeris como si quisiera tocar su delgada figura rodeandola y devorandola con la mirada.
—Patético...—Bufó asqueado tratando de evitar seguir mirando. Se preguntaba qué hubiera hecho Zack si hubiera visto como a su chica la miraba un tipo como ese de esa forma. Él estaba asqueado, sentía el estómago como si le hubieran dado un puñetazo y no era por el corset, por mucho que apretara.
—¿Has dicho algo?— la atención del hombre cerdo se dirigió a él. Cómo a Aeris le dió un repaso de arriba a bajo pero su mirada no era tan depravada, sino más bien de asombro. —Eres bastante alta— le habló desde su espalda y Cloud pudo darse el lujo de rodar los ojos con hastío — y tus brazos parecen muy gruesos.
Un escalofrío de profundo desprecio le recorrió la columna cuando notó el calor de las manos de aquel tipo en sus brazos. Tuvo que limitarse a fruncir el ceño y apretar los labios evitando soltar algún improperio, pero seguía tocándole, bajando de su brazo a antebrazo apretando firmemente.
—Aparta. —Siseó cuando no pudo soportar más la repugnancia que le inspiraba. No se dignó a ocultar su voz masculina, por mucho que le estuviera escuchando activamente ahora.
—Ah, esto...— La voz de Aeris parecía preocupada, seguramente había jodido el plan, pero estaban a solas, si osaba tocarle una vez más le haría hablar de la forma que se le daba bien, con violencia.
—Menuda boquita que gasta la grandota...— le vio delante suyo moviendo los dedos como si estuviera tocando teclas invisibles. —. Creo que quiero tener una conversación privada contigo.
—Disculpe Don, pero ¿no sería más divertido con las dos?
—Tu espera aquí hasta que tenga unas palabras con tu amiga—No se dignó a mirarla y Cloud le mantuvo la mirada al gordo despreciable con desprecio aunque trataba con todas sus fuerzas que no se reflejara tanto como lo sentía. —¡Menuda mirada!, me encantará domarla en un rato.
El Don casi se cae de espaldas cuando al coger el brazo de Cloud este no se movió un ápice, como si estuviera clavado en el suelo. Podía sentir la mirada preocupada de Aeris.
—Vamos no te hagas la dura…—Aquello sonaba más amenazante.
—Quiero que venga mi amiga conmigo. — Sin embargo él no confiaba en poder llevar las cosas al puerto que quería Aeris.
—Si me sigues y me concedes veinte minutos vendrá, sinó llamaré a mis hombres para que la entretengan mientras tanto.
Aquello estuvo a punto de hacerle perder el control, entreabrió los labios cansado de aquella pantomima, iba a partirle la boca a esa cosa que tenía delante.
—Entendido, esperaré aquí— Cloud giró la cabeza hacia Aeris a la velocidad de un relámpago, ella se limitó a asentir como dando a entender que aprovechara la oportunidad de tenerlo a solas.
Con pesar Cloud dió un paso tras otro siguiendo el camino que le marcaba el Don.
Lo que encontró era digno de una pesadilla, una enorme cama con dosel, columnas a cada esquina donde caían unas finas telas ahora atadas para dejar a la vista el lecho, el somier era una estatua de dragón dorado y las sábanas eran de satén con lo que parecía la letra oriental del dinero bordada en ellas. Era realmente nauseabundo.
El Don lo guió hasta el borde de la cama donde le invitó a sentarse. Cloud tuvo que concentrarse en hacerlo de la forma más femenina posible, dado su entendimiento, dejando las manos sobre su regazo con la postura más relajada que pudo.
Pensar en cuantas muchachas pasaron por ahí viviendo esa pesadilla le revolvía el estómago. Miró la sala con desprecio hasta que en una de las mesas sus ojos se centraron en un resplandor verde que capturó su atención de inmediato. El Don lo percibió y rió entre dientes acercándole una dosis de Mako.
—¿Nunca has visto uno de estos, bomboncito?—El muy desgraciado se lo paseó por delante de los ojos.
Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para apartar la mirada mientras su cuerpo le pedía, de forma casi desgarradora, atrapar el fácil regalo.
—Sí, es una droga muy potente...pero a la gente que va dirigida es influyente y a mi me conviene tenerlos de amigos — Se estiró en la cama justo al lado suyo. —. SOLDADO ¿sabes?—rió entre dientes—, las máquinas de matar de Shinra, uno de sus orgullos, y pensar que tantos años de entrenamiento y servidumbre se pueden eliminar con uno de estos.
La mano de Cloud voló temblorosamente a su cuello donde sabía que estaban las marcas, pero por suerte la prenda negra de sus hombros las cubría, la tela no se movería, estaba fuertemente asegurada por un collar bien ajustado a su cuello. No reparó en pensar en cómo acababa de degradar a las personas como él. Nada de eso importaba.
—¿Te pasa algo mi querido canario?
—Tengo...— Por algún motivo sus labios y boca estaba seca.— tengo sed
El Don sonrió y tras una sobrecargada reverencia se dirigió al minibar que tenía al pie de la cama.
Le hubiera gustado pensar que todo eso era parte del plan de emborrachar al cerdo de Don Corneo, pero era su cuerpo que desesperadamente se había despertado ante la visión del vial. Se sentía tan patético, pero sólo tenía que aguantar veinte minutos, Aeris llegaría y tomaría cartas en el asunto.
"Nada me impide quitarselo a la fuerza,"
Su mirada se centró en la espalda de Don Corneo, agachado ante el minibar eligiendo las bebidas que traer a la cama.
"soy SOLDADO, no me duraría ni diez segundos partirle el cuello"
Su mente pudo visualizar el momento y el crujido que le seguiría.
"¡NO!"
Cerró los ojos con fuerza tratando de controlar su respiración. No tenía lástima por ese desecho de ser que era Don Corneo, pero el hacerlo haría que el barrio de Muro se les tirara encima y no podía permitírselo. Tenía que encontrar el pasadizo, tenía que rescatar a Tifa, tenía que ir al Edificio Shinra, sin más contratiempos ¿qué clase de torturas debería estar viviendo en ese momento?
El Don se acercó con un vaso lleno de licor. Cloud hizo su mejor esfuerzo para parecer una chica agradecida, pero pudo notar una gota de sudor resbalar por la baja espalda bajo la delicada y suave tela del vestido. Apenas llegó el vaso a sus manos echó la cabeza hacia atrás bebiendoselo de una sentada.
—Oh vaya, fu, fu— Rió entredientes el obeso—Debiste decirme que eras buena bebedora, pero deberías degustarlo mejor, esto es una cosecha muy selecta.
—Me gusta beber en compañía, es lo mejor de beber.— fue la excusa idiota que se le ocurrió esperando que con eso la salchicha humana se dignara a beber y no perder más el tiempo.
—Seguro que lo haces, pero viendo lo grande que eres dudo que pueda seguirte el ritmo.
"¡Mierda!"
—Pero te propongo algo...— pasó a repasarle de arriba a abajo con la mirada. Cloud tragó pesadamente.—No te he traído sólo para hablar y beber un poco de mi mejor alcohol.
—Bueno, eso es decepcionante.
—Dime, canario mío, ha habido algún hombre en tu vida.
—No.
Cloud cerró los ojos y maldijo en sus adentros al reparar el terrible error que acababa de cometer; los ojos de ese ser repugnante brillaron como si fuera una máquina tragaperras anunciando que había salido el gran premio. Al menos consiguió que diera un trago a la bebida.
—Hyu Ju, ju esto me gusta ¡me gusta! ¡ME GUSTA!— De un salto se puso en pie en la cama con zapatos incluidos mirándole ahora más ávidamente —Con lo grande que eres seguro que nadie puede apreciarte, pero tranquila, yo te daré lo que otros no pueden.
Aquello se estaba saliendo de control, si Aeris no llegaba rápido, iba a matar aquel tipo. Tenía que pensar rápido tratando de evadir las mil formas de acabar con la vida de aquel tipo o torturarle. Ponerlo en su contra le daría problemas. Si decía que tenía a SOLDADO dominados por las drogas llegar hasta Tifa sería cerca de imposible si les ponía sobre aviso. Por muy eficientes que fueran Zack y él no podían competir por el número que poseía Shinra.
—Si bebes conmigo, me quitaré una prenda por cada vaso que termines conmigo.
Los ojos volvieron a destellar y su ridículo bigote empezó a danzar frenéticamente en el labio de Don Corneo. No dijo una palabra, saltó de la cama y rebuscó en el minibar hasta traer una nueva botella.
—Este es fuerte de verdad, pequeña. Y te aseguro que aguanto mucho— el Don se dio dos sonoras palmadas en la hinchada tripa haciendo que la grasa en ella se moviera mórbidamente en cada impacto.
—Pues empecemos...
Cloud confiaba que Aeris llegaría en cualquier momento y haría que esa agonía terminara, le cedería el relevo, o se veía haciendo una estupidez tras otra. El plan consistía en sacarle la información, eso significaba sacarle una conversación y se veía incapaz de hacerlo, al menos le dejaría al punto. Él era SOLDADO las drogas blandas como el alcohol apenas tenían efecto en su cuerpo; era fácil beber, sobretodo con esa sed que tenía.
Su mirada volvió al vial que Don Corneo dejó abandonado como si nada sobre la cama. Se centró en cerrar los ojos tratando de evitar que su cuerpo se centrara en ese fulgor verdoso. Echó la cabeza hacia atrás tratando de no beberse el vaso de una sentada. El alcohol pasó por su garganta con cierto ardor, pero nada fuera de lo normal.
—Y dime, —El Don se acercó al borde de la cama donde él estaba sentado—¿Cuál decias que era tu nombre?
"Esto no puede estar pasando…"
—Te lo diré al final.
—Oh, Hyo, jo, jo, jo, qué misteriosa que es mi preciosa adquisición— Sus ojos volvieron a posarse en sus brazos; dio un trago a la bebida y le enseñó el vaso vacío— Me debes una prenda, preciosa.
Cloud se tensó, aquello era más violento de lo que esperaba, por un momento creyó que la joya que decoraba su cuello era la mejor opción, pero recordó a tiempo las marcas en su cuello, cuando estuviera más borracho no se daría cuenta; quizás sería mejor mostrar un poco de piel en aquel momento para que decidiera seguir jugando. Tiró de la tela negra con transparencia que cubría sus musculoso brazo, lo hizo lentamente mostrando su piel pálida. El Don parecía satisfecho apurando a servir otro vaso a los dos.
Sus ojos volvieron a desviarse al vial con el movimiento rodaba de un lado a otro de la cama y su mano se lanzó con sus rápidos reflejos a atraparlo antes que cayera bajo el cuerpo del mórbido cuerpo del Don. Apretó los labios sintiendo sus latidos acelerarse.
—Cuidado pequeña— el Don lo atrapó pero sus dedos lo tenían firmemente atrapado. El hombre tiró pero no podía despegarlo, lo que le hizo gruñir con incomodidad. Tuvo que emplear toda su voluntad para que sus dedos aflojaran el agarre y el Don se hiciera con ello. —Veo que eres traviesa...pero uno de estos te mataría, pero si quieres tengo otras cosas que tú y yo sí que podemos probar.
—No, estoy bien así.—Volvió a centrarse en la bebida.
El vial volvió a parecer justo ante sus ojos haciendo que dejara de beber por un momento.
—¿Quieres esto para ti entonces? Puedo dartelo por un número de telas Hyua ha ha.
—No. —Mintió lo mejor que pudo haciendo como si no mereciera su atención.—Quiero seguir bebiendo.
—¡Perfecto!— Bebió haciendo que cada trago fuera sonoro en su garganta. —Si te portas bien, algún día podría llevarte a donde hago mis mejores negocios— Procedió a balancear el vaso anunciando que debía seguir desnudándose. Esta vez Cloud eligió uno de los tacones. Lo que le produjo un placer personal difícil de reprimir haciéndolo volar hasta el otro lado de la habitación.
Otro vaso y otro vaso, y otro más fueron vaciándose, Cloud tuvo que ser cada vez más perceptivo a que pieza de ropa quitarse, muchas de las piezas le delataban como hombre. Así que decidió soltar al suelo la joya que adornaba su cuello. La pieza de tela negra se abrió levemente pero el Don no estaba en condiciones de enfocar algo tan diminuto en su cuello.
—Son todos unos inútiles, pero siempre puedo contar con un par de contactos en la placa superior.
—¿Puedes moverte con libertad arriba?—Ahora era él que llenaba el vaso, el Don estaba demasiado borracho.
—¡Claro que no! pero tengo mis secretos. Tú ¿tienes secretos, canario mio…?— Reposó la cabeza en su hombro.
Cloud juró por los dioses que si volvía a llamarle canario, una vez más, le iba hacer tragar la lengua. El Don dió otro trago enfocándose en su corset. Alargó la mano, llena de dedos gordos como salchichas, adornados con infinidad de anillos de piedras preciosas. Cloud fue lo suficientemente rápido como para detenerle con un manotazo.
—Hya ha ha hya, estaba bromeando...— su risa de caballo le empezaba a superar.— Pero cada vez falta menos para que desveles más secretos.— Sin su permiso la mano de Don Corneo reposó en su muslo, volvió a apartarle esta vez sin molestarse a ocultar un gruñido de desprecio.
—Ni en sueños.
Cloud bebió de nuevo, apenas sentía el leve mareo en su cabeza pero el Don estaba ya en un estado muy avanzado, dudaba que se acordara de nada lo que pasara en ese momento, al fin podía ser directo.
—Si subes a la placa ¿cómo lo haces?
—Secreto, mi dulce can...— Cloud empujó el fondo del vaso para que bebiera hasta que se lo terminara de una sentada.
¿Dónde diablos estaba Aeris? Si no habían pasado veinte minutos, eran los más largos de su vida. Tenía el ceño fruncido por el enfado; pero una parte de él se preguntaba si algo le había pasado. Tenía que conseguir la información; si algo le pasara a la chica de Zack bajo sus narices no podría soportarlo.
—Entonces mientes, no tienes forma de subir a la placa sin ser visto.
—¡Estas hablando con Don Corneo! El señor del Suburbio del Sector Seis. NADA es imposible en esta ciudad para mi, ¡vamos dame más tela, más tela! hye he he he.
Cloud le tiró a desgana a la cara su pieza de tela negra que cubría sus hombros. El orondo hombre rió y olió la prenda con una aspiración sonora y profunda. Ahora sólo le quedaba el corset y la falda, la ropa interior no ocultaría su secreto y mucho menos su pecho plano e inexistentes caderas. Tenía que conseguirlo ya.
Empujó a Don Corneo para que dejara de estar cómodamente reposando en su hombro. Cayó sobre las sábanas con cara que le hubieran abofeteado con un pescado.
—Dímelo, dímelo...y...— Tenía que pensar algo — algo muy bueno te pasará.
"Cuenta no retorcerte el cuello, pero eso no tienes porque saberlo"
—¿¡En serio!? Bien, te lo diré, ¡te lo diré! — Pero primero intentó tocarle de nuevo — ¡Esta bien! — se quejó como si fuera un niño que le negaran su preciado regalo cuando le apartó la mano con rapidez. — En la parte trasera hay una zona de construcción, bajo una excavadora del cual sólo YO tengo la llave...
El caballo retrasado, rebuscó en los bolsillos y sacó una llave cilindrica para retroexcavadora. Era tentador cogerla y terminar con todo ese circo, pero del bolsillo resbaló de nuevo el vial de Mako. Su cuerpo perdió contacto con la realidad con sus ojos clavados en aquel fulgor. Su mente le envió los recuerdos del placer que obtenía con sólo un poco de aquella sustancia y la tenía al alcance de la mano.
—Y ahora…¡mi premio!
La mano del Don se abalanzó sobre Cloud sujetando el borde del corsé haciendo que el rubio volviera a la realidad y se apartara lo más rápido que pudo; pero ya era tarde, los dedos estaban firmemente sujetos y al levantarse con rapidez la rígida tela se bajó mostrando su musculoso pectoral con las marcas de la tela en su piel. ¡Todo se había ido al traste!, pero Cloud no iba dejar las cosas así despues de la tortura que había pasado; un certero puñetazo en la nariz dejó fuera de combate al jefe mafioso, haciendo que el obeso cuerpo del Don aterrizara en sus sábanas de seda mientras la sangre fluía por su nariz como torrentes cayendo por sus hinchadas, gelatinosas y rosadas mejillas.
Misión cumplida.
Suspiró hastiado haciéndose con la llave que había caído en alguna parte de la cama, e irremediablemente su mirada volvió al vial. Su respiración empezó a tornarse pesada, el mundo se tiñó de gris haciendo que el fulgor del vial fuera lo único que importara. El sujetarlo en su mano era como sentir una leve pulsación en su mano; era su corazón que latía con fuerza en respuesta a la visión del delicioso néctar de placer que le otorgaría. Giró una de las estructuras de plástico y la diminuta aguja apareció.
Sonrió complacido, ignorando el ruido que había fuera, cerró los ojos, todo iba a valer la pena ahora.
