FFVII AU Zack x Cloud
Todo estaba teñido de verde, su cuerpo caía como una piedra en lo que parecía la inmensidad de un océano embravecido, pero él estaba tan lejos de la superficie que sólo podía ver las burbujas subir hasta un lugar infinito en la distancia. Cada vez sentía más la presión de su pecho. Sus pulmones ardían demandando oxígeno. No podía respirar. Abrió la boca tratando de encontrar aire, pero lo único que consiguió fue llenarse los pulmones de agua, haciendo el dolor aún más insoportable. No podía respirar, empezó a patalear como si el agua que le rodeaba fuera alguien tratando de impedirle capturar el preciado aire. Se añadió como empezó a escuchar gritos de agonía en su cabeza, como si centenares de conciencias se hubieran metido en su cabeza. No podía soportar el dolor.
Su lucha era en vano, iba a morir ahí, luchando contra lo imposible. Abrió los ojos por última vez viendo las burbujas ascendentes. Cerró los ojos, aceptando que era así cómo debía ser, sintiéndose afortunado de que de alguna manera notaba una presencia conocida, la de Zack.
Zack, siempre le había dado tranquilidad y paz estar junto a él a pesar de no parar quieto ni un momento. Era lógico pensar en él cuando iba a tener su descanso definitivo.
En su mejilla sintió el tacto de una mano, era tibia y reconfortante.
—Mamá...lo siento, fui tan estúpido.
¿Por qué se sentía tan desolado? Estaba muerto, en la muerte no habría dolor, tampoco felicidad, pero eso ya no importaba. Todo quedaba atrás: El día en que el puente del Monte Nibel cedió bajo sus pies; la promesa en el pozo; el día que le partió el corazón a su madre alistándose en el ejército, sin que ella lo supiera; los días de entrenamiento sin descanso durante meses y años. Todo para ser SOLDADO, todo para no ser débil, todo por ser cualquier cosa que no fuera él mismo.
Tifa, lo sabía. Sabía que era débil, se lo decía con la mirada cada vez que le miraba, pero aún así le hizo hacer una promesa.
—Prometeme, que si algún día me encuentro en problemas, vendrás a ayudarme y salvarme.
"No he conseguido ni cumplir una promesa de niños"
Pero todo daba igual, cayendo cada vez más y más se adentraba en las profundidades del frío océano.
Varias voces le atosigaban sin dejarle descanso, por unas sobresalieron de entre otras tantas
—Tifa, volvemos a encontrarnos, ha pasado mucho tiempo.
—Sí, ha sido mucho tiempo, Cloud. Volvamos con el resto.
Estaba cansado, pero aún le quedaba un atisbo de fuerza; podía escuchar las olas romper en la costa cercana. Quizás no era su hora, quizás podría cumplir la promesa.
Se forzó a abrir los ojos, pero la luz era tan intensa que le hacía daño, volvió a cerrarlos, abriéndolos de nuevo lentamente tratando de acomodar su vista a la intensa luz. Poco a poco fue recuperando los sentidos y notar el peso de su cuerpo en un lugar no muy blando pero algo mullido. Las luces fluorescentes del techo eran molestas. ¿dónde estaba? El olor en el ambiente le resultaba de una manera familiar. Giró la cabeza a un lado, ya lo recordaba, era la enfermería, la enfermería del Edificio Shinra, la visitó demasiadas veces.
—¿Zack?— no le veía. —¿Aeris?— giró la cabeza a otro lado viendo a Zack tumbado en la camilla a continuación de la suya. Su cabeza aún le dolía horrores, pero al ver a su amigo tumbado el dolor pasó a ser algo secundario.
Saltó de la camilla para acercarse al moreno que se sobresaltó al escuchar su movimiento descuidado. Zack le miró con los ojos muy abiertos para luego dejar caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada, al parecer estaba durmiendo y le había despertado.
—Hey ¿cómo te encuentras?— Le preguntó tras una sonrisa cansada el moreno.
Cloud frunció levemente el ceño, Zack tenía los párpados levemente hinchados y ojos con un tono rojizo.
—Estoy bien, ¿tú?
—Me duele la cabeza un poco— dijo en un suspiro como quien se despierta tras una resaca, Cloud no ignoró como se frotaba los ojos.
—Tienes una cara horrible.— Le expectó, pero Zack solo rió, la mano de este fue a su encuentro para tratar de revolverle el pelo, pero fue más rápido, apartándose a tiempo apenas moviendo la cabeza a un lado.
—No es verdad, a las chicas les parezco bastante atractivo.
—¿Qué ha pasado mientras estaba inconsciente?—No era algo que le interesara su exito con el sexo contrario.
—Kunsel va a ayudarnos, dice que nos va a conseguir la llave de acceso al piso 67, es ahí donde los tienen. — El moreno suspiró con pesadez —Es el laboratorio de Hojo.
—Genial— Musitó entre dientes, con todo el sarcasmo posible, se cruzó de brazos expresando así su negativa ante la situación, pero debían hacer algo ¿Cómo podían sacar Tifa y Barret de ahí? y lo peor de todo, ¿qué les habían hecho? Le preocupaba el estado en que los encontraran.
—¡Eh!— la mano de Zack reposó en su brazo y le miró, ahora estaba sentado en el borde de la camilla— Kunsel me ha dicho que los han trasladado hace sólo veinte minutos, llegaremos a tiempo.
—¿Dónde está Aeris?
—Estoy aquí—Por la puerta entraron Kunsel y Aeris, ella seguía llevando el uniforme e iba bien protegida por el casco de infantería Shinra; a su lado Kunsel avanzó hacia los dos con seguridad.
—Lo he arreglado todo para que tengáis acceso al piso 67—Le extendió la tarjeta de acceso a Cloud. —Es un lugar terrorífico así que esperaros lo peor. —Pasó a mirar a Zack. —En el gimnasio, en la taquilla A07, os he dejado un regalito, no olvidéis de ir a buscarlo.
—Gracias Kunsel— Zack se puso en pie preparado para la acción.
—Otra cosa más —esta vez se dirigió hacia Cloud—, aún hay gente que te reconoce así que, ponte esto,— le extendió un casco como el que portaba, de SOLDADO.- más vale prevenir.
Cloud aceptó el casco y procedió a ponérselo asegurando el cierre. No podía negar que la ayuda de Kunsel había sido mucho más que útil, les había facilitado la infiltración en Shinra en gran medida. Era un gran amigo de Zack, un amigo del que no tenía constancia que le hablara, y si lo hizo, no acabó anclado en su memoria.
—Id con cuidado—Kunsel pasó a darle un abrazo a Zack de nuevo dándose palmadas mutuamente en la espalda —, creo que hay un SOLDADO a cargo de las celdas. —Kunsel miró a Zack y se apartó — Espero que esta vez nos mantengamos en contacto.
—Puedes contar con ello— El tono de Zack quería ser animado como si no hubiera pasado nada.
Kunsel pasó a girarse a Aeris, ella extendió los brazos y la abrazó también
—Cuida de este cabeza loca por mi.
—Será un placer— Ella le sonrió. Cuando terminó con Aeris se giró hacia él y se podía notar la incomodidad.
—Bueno, Cloud, cuidate...ya nos veremos. — Miró por un momento a Zack antes de devolverle la mirada —Cuídale tú también— Cloud asintió con solemnidad.
— He de irme, ya deben preguntarse dónde he estado, —El SOLDADO avanzó hasta la puerta, — me mantendré alerta. — Y con esa última frase salió de la sala.
Cloud le dirigió la mirada a los otros dos, que permanecían en silencio mirando el suelo, sin duda Kunsel era alguien de su confianza, pero él no tenía esos sentimientos, no sabía cuánto tiempo había estado inconsciente y la sensación de urgencia a rescatar a Tifa no le daba espacio para la empatía.
—Movámonos.
Todo fue a pedir de boca, Zack le recordó parar en el gimnasio en la planta 64 para conseguir el regalo que Kunsel les había preparado. Lo recordaba, taquilla A07; lo bueno de estar a altas horas de la madrugada no había nadie y podían estar tranquilos, sólo habían cuatro personas en el gimnasio que pudo ver a través de los cristales. Zack usó la llave y encontraron uniformes de SOLDADO Primera Clase y una gran espada, no era tan descomunal como la de Zack pero este la reconoció enseguida.
—¡Kunsel te has lucido!—rió alegre Zack —Te dije que encontraríamos un arma a tu medida, —se la extendió a Cloud— Oficialmente es 'Borde Duro' pero entre nosotros la llamábamos ¡La Demoledora!.
Cloud empuñó la espada con una mano, no pesaba tanto como la Espada Mortal pero tenía un buen peso, el lomo era muy ancho y el filo doble cóncavo, no era una espada para cortar pero si para astillar huesos y partir músculo; irónicamente tenía grabado con Kanjis 'Divide y vencerás'. No quiso hacer más preguntas. Desenfundó la Espada Mortal de Zack y se la entregó.
Sabía que era la espada de Zack pero aún sentía cierto apego por esa espada, sin comprender muy bien; pero no iba a negar que Demoledora parecía una muy buena alternativa.
—¿No vas a cambiarte?—preguntó al ver al moreno en movimiento.
—No, no hay tiempo que perder, dos SOLDADO andando juntos levantara demasiadas sospechas. —Le vio ponerse el arnés para poder llevar cargada su espada.
Dicho y hecho Zack guardó la ropa en la bolsa que llevaba Aeris y ascendieron como si hicieran Ronda al Piso 67. Tanto Aeris como Zack tenían tensión en el cuerpo; él no tenía memoria de haber estado nunca ahí, pero recordaba la advertencia de Kunsel, era un lugar peligroso. Sacó la tarjeta de su bolsillo trasero y miró a los otros dos, ellos dieron su aprobación con un cabeceo; el pitido tras la pasar la tarjeta les abrió las puertas.
En aquella planta reinaba el silencio, sólo había pitidos de máquinas distantes, ecos de tecleos tras los muros y puertas corredizas, el gran número 67 era la única evidencia que no se habían confundido de piso.
A pesar de que iban en silencio casi podría decir que sus pasos resonaban como si se trataran de una banda marchante en los silenciosos pasillos. Se tensó al ver a un hombre con bata blanca pero no llegó ni a cruzarse con ellos, quizás ni de percatarse de su presencia, estaba demasiado ensimismado por los papeles que portaba en la mano; el hombre entró en la sala contigua y se escuchó una discusión con la voz amortiguada por las paredes.
Aquel sitio realmente daba escalofríos. Contuvo las ganas de mirar hacia atrás para comprobar que le seguían Zack y Aeris y no los hubiera abducido algo extraño. Un paso tras otro encontró el acceso.
'SALA DESCANSO DE SUJETOS DE PRUEBA'
Aquellas palabras daban nauseas, la deshumanización que tenía aquel lugar superaba la que sintió cuando se alistó en Shinra. Recordaba que durante una temporada se sentía cómodo en ser un recluta con número; era como empezar de nuevo, nadie le conocía y esperaba ser el mejor de todos ellos; poco se imaginaba que acabaría echando de menos la individualidad de las personas. Nunca fue bueno haciendo amigos, Zack se ocupó de encontrarle una cuadrilla que se ocupara de él y eso le facilitó su estancia en Shinra.
Un pinchazo en la sien fue tan doloroso que pudo sentirlo hasta detrás de los ojos, gruñó llevándose la mano a la sien izquierda y sacudió levemente la cabeza. Una vez repuesto continuó por el largo y estéril pasillo. En toda la planta no había ni un adorno, cuadro o cartel, era como si fuera la obra pura y dura, como el primer día de estreno. El ambiente apestaba a lejía y desinfectante.
A medida que avanzaban por el pasillo se podía escuchar un sonido repetitivo como si algo golpeara las paredes, una y otra vez; no era muy fuerte, pero era repetitivo, crispantemente repetitivo. Cloud se giró haciendo una seña que estuvieran alerta y avanzaran en silencio, y así lo hicieron.
—No entiendo por qué alguien como yo debería estar aquí...— Una voz aburrida empezó a escucharse al final del pasillo, detrás de una puerta.
Al cruzar el umbral de la puerta Cloud pudo ver a un hombre haciendo rebotar una pelota una y otra vez contra una de las puertas o celdas donde deberían haber especímenes. El hombre notó su presencia y detuvo la pelota apretandola con una mano.
—Vaya, parece que mi relevo ha llegado.—Se puso en pie y suspiró de forma teatral como si la salvación hubiera llegado— Ha sido muy cruel, por parte de Shinra, apartarme de la carretera, de la adrenalina y el olor del Mako haciendo rugir la ingenieria de mi corazón.
Cloud alzó casi imperceptiblemente una ceja ante el comentario del hombre, aunque poco importaba, su rostro estaba casi enteramente cubierto por su casco de SOLDADO.
Ahora que el tipo se ponía en pie podía verle más claramente. Tenía el pelo rubio, largo y engominado hacia atrás que caía como una cascada hasta casi pasar los omoplatos. Sus ojos color Mako confirmaban sus sospechas, SOLDADO, y por el uniforme, con manga larga y azul marino, era de Tercera Clase.
—Te cedo a los prisioneros...— Hizo una dramática pausa. Se tuvo que contener para no hacer una mueca.
—Cloud. — Extendió los papeles que confirmaban el relevo que les había preparado Kunsel. El hombre miró el papel por encima sin darle importancia.
—Cloud— Repitió mirándole donde debería tener los ojos —¿Hemos trabajado juntos antes?
—He estado años de servicio fuera de la ciudad, no lo creo.— Se giró a Zack y Aeris como para indicarles que pasaran y tomaran posiciones, Zack reaccionó enseguida y Aeris le siguió imitando sus movimientos.
—Una lastima— notó como le examinaba de arriba a abajo. —, ¿por qué no dejas a estos dos a cargo y vienes conmigo a la sala de entrenamiento?
—Estoy trabajando— Le dijo con frialdad pasando de largo.
—Esta bien, te concederé eso, los de Primera os tomáis muy en serio el trabajo. — Pasó a mirar por un instante a Zack y Aeris pero no dijo nada sobre ellos. —Un placer conocerte Cloud, me llamo Roche, espero que podamos conocernos en algún momento. Me encantaría cruzar la espada con alguien que ha experimentado misiones en el exterior.
—Quizás.— Se cruzó de brazos invitandole con su frialdad a que se marchara.
—Hasta la vista, compañero— Se retiró riendo como si le hubiera hecho gracia un chiste que se había contado él mismo.
Cuando la puerta se cerró automáticamente rodó los ojos con hastío a la vez que se giraba a los otros dos. Se quitó el casco y el resto le imitó casi a la vez.
—Tienen que estar por aquí— se dio prisa en comprobar las celdas. Los otros dos acudieron a su ayuda.
Por suerte las celdas libres estaban abiertas , por desgracia no había forma de saber que había al otro lado, habían carpetas en la entrada pero estaban catalogadas como especímenes con número. Decidió arriesgarse y abrir una de ellas.
La puerta se deslizó sonoramente encontrando a un ser cuadrupedo de piel verde y un pelo rojizo, el cuerpo recubierto de espinas; al parecer lo habían despertado de su sueño y se lanzó con fiereza. Cloud cerró la puerta ignorando el sonoro golpe de la bestia estrellándose en la puesta mientras decidía abrir la siguiente. Sabía que podía contar con Zack que estaría apuntando con el rifle en caso que algo le atacara. Abrió la puerta y enseguida que vio lo que había dentro acudió en su ayuda.
En el suelo estaba Barret, le giró para comprobar su estado, parecía que le habían hecho una interrogación exhaustiva, tenía la cara llena de golpes. De su brazo derecho no había señales de su arma. El gran hombre se sobresaltó y Cloud se apartó a tiempo para evitar un revés.
—¿Tú?— Su mirada parecía confundida a la vez que se levantaba—¡¿Tú has sido el apestoso Shinra que nos ha delatado?! — La confusión se tornó rabia.
—He venido a sacaros de aquí— Contestó con calma pero sin atreverse a darle la espalda a Barret, a pesar de la urgencia que sentía de encontrar a Tifa, se le veía demasiado tenso.
—¡Al infierno con Hades es donde vas a ir!— Barret le sujetó de la pechera con rabia con la mano izquierda. Sus ojos parecía que echaban chispas. — Por tu culpa ¡Bigg, Jessie, Wedge!
—Barret —era la voz de Zack detrás suyo —, suelta a Cloud, ya.
—Ah, es verdad, los perros de Shinra muestran su verdadera cara.
De verdad que quería añadir otro puñetazo en la jeta de Barret por su constantes conspiraciones, pero de momento se dejaría usar como chivo expiatorio de las frustraciones de Barret.
—Vamos dispara ¿o tienes miedo a darle a tu amiguito SOLDADO?
—Barret, no sé de qué estás hablando—intervino el rubio—nos hemos infiltrado, no tenemos tiempo que perder, tenemos que encontrar a Tifa y largarnos.
—¡Un cuerno! Sabían que íbamos a estar ahí, ¡alguien debe haberles dado el soplo!
—¿Y hemos sido nosotros, los desertores?—Zack habló con pesadez.
— ¡Quien sino!
—Ya es suficiente...— Cloud suspiró y sujetó la mano que estaba agarrando su pechera fuertemente. Baret parecía creerse que ser más grande y pesado le daría ventaja, pero iba descubrir que estaba muy equivocado.
Apartó la mano de un rápido movimiento apretando con su pulgar el dorso de la mano de Barret, una vez cedió por el dolor, se acercó a él levantando la mano, que tenía bien sujeta, hasta que se quedó con el codo en alto; dando media vuelta empujó muy levemente el cuerpo enorme del líder de Avalancha haciendo que cayera de espalda girando sobre sí mismo hacia delante. Al caer hizo un buen estruendo. Tosió por el impacto y sus ojos delataban su confusión, mirando el techo. Cloud se acercó asomándose a su visión para que pudiera verle.
—No hemos sido nosotros, si puedes ponerte en pie, siguenos. — Se apartó, pero volvió sobre sus pasos para añadir una última cosa—En silencio.
—Vamos hombretón, ¡arriba!—Zack se ofreció a ayudar a Barret, este la aceptó sacudiendo la cabeza al ponerse en pie y marearse por la desorientación y el golpe.
Aún quedaban puertas por abrir la siguiente tampoco encontraron a Tifa. Había una bestia de pelaje rojizo, estaba tumbado mirando hacia la puerta, era una extraña mezcla de canido con algo más, en la punta de su larga y huesuda cola una brillante llama brillaba creando sombras en el interior de la sala.
—Espera— Aeris le detuvo cuando iba a cerrar la puerta. — Él es diferente...— Se fue acercando poco a poco —No vas a hacernos daño ¿verdad?—La bestia se puso en pie y empezó a gruñir.
—Aeris, no es buena idea— interiormente Cloud apoyaba la observación del moreno.
—Seguro que te han hecho daño, pero nosotros no lo haremos, estamos buscando una amiga, si quieres puedes venir con nosotros.
Cloud y Zack intercambiaron miradas, ¿estaba hablando con la bestia como si fuera un ser racional?
—No me fío de los Shinra.
—Espera un jodido minuto, el perro-gato…rata ¿ha hablado?— Todos compartían la sorpresa de Barret, menos Aeris que parecía que lo viera del todo normal.
—Oh, no somos Shinra, venimos a rescatar a una amiga, Tifa ¿la conoces?
La bestia gruñó por unos segundos, tanto él como Zack se empezaron a poner demasiado tensos; pero luego finalmente la bestia escondió sus colmillos tras los labios de la boca, sentándose en sus cuartos traseros.
—Oí a una mujer en la celda de al lado.
No necesitó escuchar más, dejó a Aeris a cargo de Zack y fue a abrir la celda de al lado. No había escuchado nada de movimiento dentro. Tifa estaba tumbada en la única camilla, estaba en posición fetal, dándole la espalda.
—¡Tifa!— Por un momento su corazón le dio un vuelco pensando que se encontraría con el mismo tratamiento que le dieron a Barret. Al darle la vuelta Tifa no tuvo respuesta, pero su rostro no tenía señales—¡Tifa he venido a sacarte de aquí, ¿me oyes?! —La sacudió con un poco más de fuerza, pero no despertaba.
—Parece sedada— Zack habló a su espalda. —. Saquémosla ya de aquí.
No hacía falta que se lo dijera dos veces, acomodó a Tifa entre sus brazos. Era liviana, y se tranquilizó al escuchar sus respiración casi rozando el cuello. El miedo a que le hubieran hecho algo horrible le hizo perder la perspectiva de la realidad, al menos a simple vista no se le veían marcas. Esperaba que despertara pronto, tenía muchas cosas que decirle.
Zack abrió la marcha seguido del animal de laboratorio, Aeris, él cargado con Tifa y detrás de todo Barret. No fueron discretos avanzando por los pasillos, pero ya habían comprobado que la gente estaba totalmente absorbida por el trabajo, la noche estaba avanzada y no podían permitirse estar ahí al amanecer.
Llegaron al ascensor. Zack se hizo con la tarjeta que tenía Cloud guardada en el bolsillo trasero y el ascensor empezó a bajar.
—Vamos...Vamos...— Como era de esperar la impaciencia de Barret no ayudó en absoluto.
Cerró los ojos tratando de tranquilizarse él también, la misión estaba casi cumplida, acomodó a Tifa de nuevo entre sus brazos. Se encontró con los ojos de Zack que le hizo gesto de aprobación con la cabeza, él se lo devolvió. Lo habían conseguido...aunque aún era pronto.
—¿Por qué el tatuaje?— la suave voz de Aeris cruzó la tensión del momento.
—Me denominaron Red XIII, por el tatuaje que me hicieron.
—Eso significa que tienes otro nombre. — No era una pregunta lo que estaba formulando Zack, sin embargo la bestia, Red XIII, se mantuvo en silencio —¿Entonces te va bien Red?
—Me es indiferente, pero sí.
Cloud clavó la mirada en los números del ascensor, habían empezado a bajar desde el piso 67 y ya iban por el 32, 30, 29, el ascensor fue aminorando la velocidad, hasta detenerse entre el piso 25 y 24.
—¡¿Qué diablos pasa?!
—Calma hombretón— aunque Zack también parecía nervioso.
El ascensor hizo unos ruidos extraños y empezó a ascender a más velocidad de la normal.
—¡Mierda, mierda, mierda!—Barret empezó a dar vueltas como un animal enjaulado.
—Todos tranquilos, ¡poneos todos detrás de mí! — Zack avanzó hasta la puerta del ascensor.
Un pinchazo de dolor le volvió a perforar cerca de la sien, pero a pesar del dolor si algo tenía claro era que no iba a dejar a Zack tomar las responsabilidades. Se acercó a Barret dejándole claro el mensaje que quería que se encargará de Tifa, este se miró el brazo derecho, encontrando que no tenía su arma ahí, aceptó tomando el relevo de cuidar de Tifa. No había tiempo para mucho más. Cloud llevó la mano a la empuñadura de su nueva espada, Demoledora, y se posicionó al lado de Zack.
Se intercambiaron una mirada y ambos sabían lo que debían hacer. La pantalla marcó el piso 69 y tras el timbre de aviso, las puertas se abrieron.
Cloud tensó las piernas y los brazos pero se encontró la mano de Zack barrandole el paso. No podía entender porqué le detenía, frente a él sólo había un hombre vestido de traje negro y camisa blanca, una fina corbata negra decoraba su cuello. No hacía nada más que estar de pie con las manos tras la espalda. Su rostro era fino y pálido, ojos muy rasgados negros, y un diminuto punto estaba situado en el centro de la frente.
"Turkos" gruñó con desagrado en su interior.
No había cosa más incómoda de tenerlos cerca. Aunque sería una suerte que sólo se tratara de una incomodidad. Dedicados al espionaje y a asuntos más que turbios eran un eslabón importante en la línea de control de la compañía Shinra.
—¿Tseng?
—Ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez, Zack— de detrás de él aparecieron otros dos, un pelirrojo y un hombre más alto y calvo con gafas de sol. Los dos impolutamente trajeados. —Hagámoslo esto fácil y te prometo que llegaremos a un acuerdo favorable para todos.
El último pensamiento que invadió a Cloud era el disgusto que sentía por la petulancia que había en la voz de ese hombre.
