FFVII AU Zack x Cloud
Se tambaleó poniéndose en pie una vez el efecto del Mako le dejó espacio a su consciencia. Su vista necesitaba un tiempo para adaptarse, estaba en otro tanque igual al que el anterior.
No había nadie y la puerta estaba abierta, ¿no se suponía que iban a hacerle pruebas?.
Por un momento se miró los brazos, abrió y cerró los manos notando sus músculos tensarse y destensarse, comprobando cómo volvía a tener el control de su cuerpo, y no sólo eso, se sentía mucho más potente.
Cruzó por la puerta mirando a los lados esperando encontrar alguna desagradable sorpresa, aunque ya era bastante extraño encontrar unas luces tan tenues. Dio varios pasos fuera del tanque sin encontrar nada, ningún científico, ni tan siquiera había rastro de Hojo, que de tan buen humor se le veía para trabajar en él.
Necesitaba encontrar un arma y sacar a Zack, no sabía que había pasado pero no iba a desperdiciar la oportunidad de salir de ahí; sólo tenía que bajar un piso. No conocía la estructura de la planta, pero empezar a moverse era mejor que tratar de averiguar qué camino tomar. Empezó a avanzar con un trote ligero; atento a que no había nadie esperando, hacerle una emboscada o científicos despistados. Nada. Localizó el montacargas al fondo de la sala y si su memoria no fallaba debía estar cerca de donde estaba Zack.
Sus pies querían correr en esa dirección pero algo parecía mirarle, observarle, sentía una presencia que le congelaba la sangre, de alguna manera era familiar; una presencia que no podía ignorar. Quería ir a por Zack, no podía despreciar aquella ventaja, pero sin embargo su cuerpo le hizo retroceder como atraído por una fuerza invisible que desconocía.
Había una gran puerta blindada de válvula justo delante de él y una diminuta ventana como un ojo de buey, del interior se desprendía un leve fulgor violáceo. Se acercó, su cuerpo empezó temblar, sin comprender por qué todo su ser tiraba en direcciones opuestas: quería avanzar, saber, y otra parte de su mente quería huir. Pero acabó venciendo la atracción hacia aquel fulgor violáceo.
Se asomó a mirar lo que había en la ventana, cuando un zumbido agudo empezó a taladrar sus sienes, era molesto y algo doloroso pero podía soportarlo, necesitaba mirar.
Dentro de aquel tanque blindado enorme de acero había un cuerpo flotando que parecía ser de una mujer, un cuerpo desnudo con tonalidad violácea y negra, con la textura entre corteza de árbol o una desagradable infección recorriendo su cuerpo, como si se tratara de pus negra. Extrañas extensiones de carne y órganos parecían arrancados y flotaban de forma palpitante, gruesos tubos se introducían en la carne, en especial uno en el abdomen, que ocupaba casi prácticamente todo el ancho de lo que suponía que era su cintura. En el hombro izquierdo tenía extrañas protuberancias y sobre estos nada. No había cabeza.
El zumbido se intensificó tanto que su cuerpo no pudo soportar el dolor de sus sienes cayendo de rodillas sujetándose la cabeza con ambas manos, no le salía ni gruñir de dolor. Su mente estaba sufriendo un colapso con flashes, ese cuerpo lo había visto antes y quería borrarlo de su vida pero los recuerdos le golpearon con violencia.
JENOVA JENOVA JENOVA, PROYECTO JENOVA, ¿doctor Gast?, ¿Hojo?
Todo se volvió blanco por un momento pero pudo discernir la figura de un hombre vestido con capa negra y larga melena plateada.
"Yo soy el heredero legítimo de esta tierra, pero tú, traidor…"
La voz grave resonó por su mente sin poder evitar rememorar ese fatídico momento ¿Por qué recordaba eso? No era momento para que su mente lo torturara.
Se puso en pie aun con la sensación que su cabeza tenía intenciones de querer estallar. Tambaleándose tratando de alejarse, un paso tras otro; el zumbido persistía y la imágen del hombre de capa negra rodeado de libros no le abandonaba, sus ojos fríos verdes le miraban con odio y profundo desprecio.
—¡Atrapad al espécimen, que no escape!— Eso era la voz de Hojo ¿qué hacía en sus recuerdos? no debería estar ahí.
Un pinchazo, esta vez en su brazo, le hizo gruñir; no, no era una ilusión, eran dardos clavándose en su brazo, tres para ser más exactos; los arrancó de su brazo de un tirón y siguió avanzando.
La librería de la vieja mansión desapareció y se transformó en el laboratorio de Hojo, aquel lugar era espantoso y apestoso, pero nada comparado con la mente que lo hacía funcionar. Hojo estaba justo delante, solo. Estaba desarmado pero eso no quitaría que se tomara una pequeña venganza contra aquel hombrecillo.
Su mano alcanzó la bata del hombre, este con un rápido movimiento sacó un vial que sus ojos identificaron con el color de Mako, Cloud lo apartó de un manotazo de su vista haciendo que rodara por el suelo.
—¡Idiotas, detenedlo!— ladró el jefe del laboratorio.—Tenemos que seguir con las pru...—
Cloud le estrelló con fuerza contra una de las paredes de su adorado laboratorio haciendo que el hombre dejara de ladrar órdenes, escuchó un crujido al hacerlo. Un dardo impactó ahora en su pierna derecha, lo ignoró. Alzó la otra mano, con su guantelete de piezas metálicas, cerrando el puño, apenas podía enfocar a Hojo, estaba perdiendo fuerzas. Dirigió el primer puñetazo con la mala suerte que falló.; pero aún podía permitirse dar algunos golpes más. Gruñó de nuevo estampando a Hojo contra lo que tuviera detrás, como si con eso fuera a hacer que el hombre dejara de moverse.
Dos nuevos dardos acertaron su espalda, sólo tenía que dar un puñetazo, con uno le bastaba; pero el mundo ya le daba demasiadas vueltas. Aún con cierto control de movimientos y raciocinio, sus manos sujetaron con fuerza las solapas de la bata de Hojo para aplicarle una estrangulación; ordenó a sus músculos moverse, pero sus piernas temblaban y sus brazos parecía que ya no formaban parte de su cuerpo. Estaba perdiendo el control, no sabía si estaba de pie o si su cuerpo ya se había derrumbado. No podía ni luchar por mantener los ojos abiertos.
La caída fue inminente, de forma casi lejana; apenas notó el golpe o el dolor de haberse desplomado.
No sabía donde se encontraba, sólo podía recordar flashes fugaces de sus ojos luchando por mantenerse abiertos y terminar lo que había empezado. Estaba inmovilizado, en lo que creí que era una camilla, de pies y manos; y se encontraba jodidamente mal.
Tenía que salir de ahí, tenía que sacar a Zack, recuperar a Tifa y devolverle el favor a Aeris por salvarles, Barret y Red también, saldrian de ese edificio con él; tenía que levantarse para empezar.
Su mirada estaba tan turbia que no podía enfocar, le lanzó órdenes a su piernas pero estas no se movían, ni tan siquiera sus brazos parecían querer obedecer.
"Muévete…"
Por un momento volvió a ver el resplandor violeta. Había algo sobre su cabeza, pero su visión desenfocada no dejaba distinguirlo. El malestar se extendía por todo su cuerpo y de alguna manera, todo eso, le resultaba desagradablemente familiar.
"—Tu y yo juntos Cloud, siempre ha sido así."
"Ya voy Zack."
Su mano se alzó hacia un cielo azul viendo la espalda de su amigo alejarse, bajo la cegadora y brillante luz del Sol.
Tenía que levantarse, tenía que salir de donde fuera que estuviera atrapado. Abrió lentamente los ojos con la vista desenfocada, miró como sus manos estaban fuertemente inmovilizadas por las correas de la camilla. Trató de tirar pero apenas tenía fuerzas. Y…¿qué era ese olor? Su visión fue enfocando su entorno poco a poco.
Al fin podía ver que era lo que colgaba sobre su cabeza, era una bolsa con una especie de suero, pero en su interior flotaba una sustancia negra que parecía alquitrán. Siguió con la mirada hacia donde se dirigían los conductos; todos iban hacia él, podía ver como el fluido negro entraba en su cuerpo por brazos, abdomen, cuello...
—Mierda— maldijo con apenas un hilo de voz, echando la cabeza hacia atrás. Con razón se encontraba tan mal.
No podía quedarse por más tiempo ahí, le acabarían matando o...cualquier cosa que se les antojara. No podía permitirse el lujo de descansar hasta que el efecto de los sedantes y las drogas le diera un respiro; y estaba seguro que algo le estaría administrando tranquilizantes aunque no lo viera desde donde estaba.
Cerró los ojos y se concentró en su respiración, centrándose en lo único que importaba. Olvidó la sustancia negra entrando en su cuerpo, como la debilidad invadía cada fibra de su cuerpo. Iba a liberarse y concentraría toda su fuerza en el brazo derecho.
Sus músculos se tensaron reaccionando a su orden de tirar y tirar con fuerza, notaba como el agarre que rodeaba su muñeca se clavaba en su carne abriendo su piel. Jadeó cansado, estaba muy apretadas las correas. Volvió a tomar varias bocanadas de aire y repetir el proceso. Necesitó hacerlo varias veces pero su mano quedó liberada. Solo hacer eso le había dejado agotado, pero no perdió el tiempo; liberando su otra mano antes que viniera alguien a hacerle una desagradable visita.
Arrancó las agujas que le estaban introduciendo esa porquería, eran agujas gruesas que entraron profundamente en su cuerpo, haciendo que de sus heridas empeza a salir sangre y ese fluido negro.
Se incorporó y el estómago se sacudió como si le hubieran dado un puñetazo. Se inclinó hacia adelante de forma abrupta y vomitó con violencia a un lado de la camilla. Se encontraba como la mierda. Liberó sus tobillos y puso los pies en el suelo. Necesitaría un momento para recuperar el aliento.
Miró a un lado y en ese momento se le heló la sangre. Había un hombre mutilado casi a los pies de su camilla un charco de sangre, de rojo brillante, debajo del cuerpo; sin embargo lo que le sorprendió más aún, eran los vestigios de que algo se había arrastrado hasta el lateral de la camilla donde estaba, dejando un rastro de sangre fresca. Fuera lo que fuera había estado ahí de pie, mirándole, evaluandole. Quizás estar con esa porquería en el cuerpo le había convertido en algo no apetecible para lo que quiera que hubiera desmembrado a aquel tipo.
Se puso en pie buscando por la sala su ropa, por suerte aún no se la habían llevado, estaba hasta su Demoledora; era una suerte que los científicos no fueran tan eficaces como la milicia en reducir tus posibilidades de huida. Una vez vestido de nuevo y espada asegurada a su espalda, se acercó a mirar al hombre, sin duda era uno de los hombres de Hojo, la bata estaba empapada con su sangre y una de sus piernas había desaparecido, así como parte del abdomen. Sin duda el olor que le despertó venía del cuerpo.
—¡Zack!
Se dispararon todas sus alarmas, si ese bicho iba suelto podría atacar a Zack que estaba arrinconado en aquella pecera. No había tiempo que perder. No sólo Zack estaría en peligro: Tifa, Aeris, Barret y hasta Red podrían estarlo, si les habían encerrado en la planta científica.
Al salir de la sala había más sangre, todo era un grotesco campo de cadáveres, plantados cada cierta distancia; algunas partes o miembros estaban pegadas en las paredes como un grotesco cuadro de vísceras y piel. El rastro de sangre continuaba hasta las escaleras de emergencia; la puerta estaba abierta, o mejor dicho, arrancada con marcas de tres garras gigantes en una de las paredes.
El rastro de sangre seguía hasta el nivel superior y Zack estaba en el inferior, o eso era lo último que recordaba. Sus pasos se detuvieron cuando bajaron apenas unos escalones; él en realidad...quería ir arriba. Su mirada ascendió a medida que retrocedía subiendo las escaleras de vuelta al piso de donde vino. Algo le decía que debía seguir ascendiendo y descubrir que había detrás de toda esa masacre.
No era racional, debería aprovechar la confusión y volver con sus amigos, pero su curiosidad era mucho más fuerte, nunca lo había sentido con tanta fuerza.
Ascendió por las escaleras llevando la mano al mango de su nueva espada, subiendo muy lentamente. No sabía lo que se iba a encontrar, no tenía Materia con él, pero sabía apañárselas solo con el filo de una espada pesada.
Piso 69 rezaba los grandes números, no había más escaleras, el rastro de sangre salía por la puerta que estaba medio derrumbada por una enorme fuerza. Pasó por encima de los restos de la puerta y encontró cuatro cuerpos más, retorcidos como si fueran trapos, dos eran mujeres y los otros dos hombres. Estaban alejados de sus puestos de trabajo, seguramente trataron de huir de lo que les hubiera atacado.
A pesar de lo grotesco de la escena lo que le sorprendió a Cloud era que no estuviera la seguridad ahí; sospechaba que estarían en camino y le pillarían a él en fuego cruzado. Su lógica le decía de retirarse antes de verse atrapado de nuevo y volver a esa horrible sala con ese líquido negro entrando en su cuerpo; pero su deseo era mucho más fuerte.
Quería, no, ¡debía saber!.
Las lujosas dobles escaleras del Suite Presidencial ascendían con un terciopelo púrpura, remarcando su estatus de casi realeza y poder. Una de ellas estaba manchada de sangre de sus trabajadores. Cloud siguió el rastro con cuidado, extremando la precaución lo que fuera que estuviera arriba no tenía otra forma de salir que volviendo sobre sus pasos.
La Suite Presidencial era enorme, exageradamente espaciosa y vacía, con columnas de alabastro sujetando el techo del edificio más alto del mundo. Delante de las vidrieras panorámicas de la ciudad estaba la Mesa Presidencial, también de proporciones enormes, elevada del nivel del suelo, hecha de fino ébano y marmol negro sin una sola imperfección. No había nadie, ni un sonido, todo permanecía en silencio; sin embargo el rastro de sangre rodeaba la mesa.
Cloud tomó una profunda bocanada de aire empuñando frente a él a Demoledora, rodeó la mesa y lo que encontró fue una sorpresa tras otra. El Presidente Shinra estaba muerto, con una expresión de terror en la cara; en el suelo aun llameaba el puro que debía estar disfrutando hasta que la muerte le sorprendió; el torso del Presidente Shinra estaba atravesado de parte a parte por una inmensa, estrecha y elaborada espada. La identificó al instante: Masamune, la espada de Sephiroth. Retrocedió un paso cuando el miedo descendió por su espalda.
—No, está muerto. No puede estar vivo.
Se llevó la mano a la cabeza desorientado mientras retrocedía rodeando la mesa de nuevo, trataba de recordar o barajar como Sephiroth podría haber sobrevivido. En todas partes decía que estaba muerto...pero también lo dijeron de Zack y de él. ¿Era una mentira? ¿Lo estaban encubriendo? Sólo Sephiroth podía manejar Masamune y la forma en que había sido ejecutado el Presidente indicaba una gran pericia.
Un ruido distrajo su atención poniendo todos sus sentidos y músculos a la máxima tensión. Venía de detrás de una de las columnas. Empuñó con firmeza su espada y se fue acercando lentamente, mientras se acercaba podía escuchar como un leve quejido.
—¡No me mates por favor!— Una voz lastimera salió de la columna.
—¿Quién eres?, déjate ver.
Detrás de la columna con las manos en alto salió un hombre bajito y con sobrepeso con una pronunciada alopecia y pelo canoso, su cara estaba llena de arrugas, así como de lágrimas y mocos. A pesar de su lastimero estado lo reconoció, era Palmer, director del Programa Espacial.
—¿Tú, eres SOLDADO?
—¿Qué ha pasado?— No le dejó ni terminar, su voz era fría y demandante, no tenía tiempo para consolar a un Shinra.
—Se...Sephiroth, Sephiroth ha estado aquí.
—¿Le has visto? ¿Has visto a Sephiroth?
—¡Sí, le vi! ¡le vi con mis propios ojos! ¡y escuché hasta su voz! Um—se humedeció los labios resecos antes de continuar—, decía algo así como que no iba dejarnos la Tierra Prometida.
Eso no eran buenas noticias, que Sephiroth siguiera vivo no lo era, pero que estuviera actuando tan activamente era peor. Si estaba vivo no podía hacer otra cosa que encontrarle y ajustar cuentas.
Los pasos precipitados de Palmer le despertaron de su ensoñación de venganza. El sonido de un helicóptero acercándose a la azotea no indicaba nada bueno, pudo apreciar el símbolo de Shinra en el fuselaje.
—Mierda...—maldijo entre dientes y emprendió la carrera para escapar de aquel lugar.
Lo último que vió fue como bajaba del helicóptero un hombre joven vestido por entero de blanco y con él dos Turkos. El pelirrojo y el calvo que les asaltaron en el ascensor. Sin duda, a quien acompañaban, debía de tratarse de Rufus Shinra, el hijo del presidente. No vacilaba al predecir que iba a reclamar su imperio como derecho propio, y él no quería estar ahí para averiguar la nueva mentalidad de Shinra.
Por un momento se le cruzó por la cabeza terminar con la herencia Shinra para siempre en ese momento. ¿Debía hacerlo? Sí; lo hubiera hecho sin apenas pensarlo, pero al tener que lidiar con dos Turkos sería difícil encontrar una oportunidad: uno de ellos se ocuparía de distraerlo, mientras el otro pondría a salvo al nuevo Presidente; y él acabaría encarcelado, haciendo que sus amigos perderían la oportunidad de ser libres. Si hubiera tenido la certeza que sus amigos podían escapar se hubiera quedado sin pensar en las consecuencias, pero no era tan afortunado.
Ya habría tiempo de ajustar cuentas en un futuro.
