Halloween tardío. Lemon.


Justo cuando Suigetsu estaba llegando a la mejor parte del chisme, un doloroso pinchazo en el trasero lo hizo dar un salto. Deidara dio un gritito, echándose hacia delante.

—¿¡Qué mierda...!? —Obito estaba ahí riéndose, largos colmillos sobresaliendo de su boca y un tridente rojo en la mano—. ¿¡De donde has sacado eso!?

—Se lo robé a Kakashi —dijo, señalando a su amigo disfrazado de demonio que conversaba con una carnicera ensangrentada en la parte opuesta del salón—. Expresamente para pincharle en el culo a mi senpai.

—Espera y verás, hm —Deidara le pasó su bebida a Suigetsu y se lanzó a quitarle el tridente—. A ver como te gusta que te pinche yo a ti.

Ambos forcejearon un rato tirando del mismo hasta que Obito le hizo cosquillas en el costado, se lo arrebató y echó a correr.

—Luego me cuentas —le dijo Deidara a Suigetsu.

—Pero vuelve rápido —contestó él—. Si sigo bebiendo se me va a olvidar.

A Deidara no le importó, Obito iba a pagarlo. Lo siguió esquivando a la gente que se cruzaba en su camino. Gracias a que Obito paró en seco para no chocar con una invitada, Deidara consiguió darle una sonora nalgada que consiguió escucharse por encima de la música.

Al siguiente segundo, Obito estaba otra vez persiguiendo a Deidara con el tridente en la mano.

—¡Los vampiros no llevan tridente, hm!

—¡Los brujos llevan escoba! —replicó Obito.

Deidara vio la escoba de algún otro brujo apoyada en la zona de los abrigos y la tomó prestada. Obito lo volvió a pinchar en el culo antes de que pudiera protegerse. Chilló y se giró dispuesto a darle un escobazo. Obito se protegió con el tridente.

—¿Cómo iba a resistirme al culo de mi senpai metido en ese traje de cuero negro tan...? —Obito soltó un sensual gruñido en lugar de un adjetivo. Deidara pudo oler el alcohol en su aliento.

Ambos lucharon un poco con sus armas de juguete.

—¿Cómo de borracho vas? —preguntó Deidara, riendo.

—No voy borracho —Obito tiró el tridente al suelo y lo aprisionó contra todos los abrigos, túnicas y sombreros extraños. Sus manos se posaron en su cintura y fueron bajando a sus caderas y luego a su culo. El aliento de un jadeo le calentó el oído—. Tú me has hechizado.

Deidara se deshizo de la escoba y examinó el traje de Obito por debajo de su capa. Camisa negra, corbata granate y chaleco a juego con botones dorados. Lo tomó de la capa y se arrimó.

—¿Has mordido a alguien ya hoy, hm? —susurró junto a sus labios.

Obito empujó sus nalgas, dejando los cuerpos de ambos bien pegados el uno al otro. Deidara jadeó.

—Aún no. Pero —la capa ocultó el cuerpo de Deidara de ojos de los demás— me hiciste darme cuenta de lo hambriento que estoy. Mierda, Deidara —Obito estaba ya estrujando sus nalgas, refregándole la entrepierna dura con fuerza—. Quiero tu sangre... Y tu varita mágica... Y tu culo. Quiero comerme tu culo entero.

Deidara le abrió el pantalón y lo acarició por encima del bóxer. Obito gruñó y lo besó cerca del oído, siguiendo la línea de la mandíbula. Deidara se lanzó a su boca. Se besaron como desesperados, con bocados grandes y lenguas inquietas, mientras frotaban sus cuerpos. Obito se quitó los colmillos, le apartó el pelo y lo mordió. Deidara se agarró a sus hombros con el brazo libre, su cadera se movía sola, frotándose con el pantalón abierto, con el revés de la mano enguantada que masturbaba a Obito.

—Te ves delicoso —dijo y le mordió el cuello.

Deidara abrió la boca y dejó que Obito devorase su cuello. Suigetsu vestido de momia se volvió a mirar qué hacía y Deidara vio como hacía un aro con el pulgar y el índice y lo atravesaba sin parar con el dedo de la otra mano. Deidara le hizo la peineta y volvió a prestarle atención a Obito.

—Qué bien que sabes, joder —Obito estiró con los dientes el tirante de cuero, mordió su hombro desnudo y la parte superior de su brazo. Deidara le saca la verga del boxer y lo masturba, golpeándola contra su erección—. Me encanta eso que llevas puesto...

—Si nos vamos a otro lado, te la chupo —Deidara lo tomó de la barbilla para guiarlo a sus labios. Le comió la boca con la misma ansia que antes—. Conozco un portal con la cerradura rota.

—Vamos.

Obito lo soltó y se cubrió con la capa. Deidara se quitó el puntiagudo sombrero de hechicero y con él se cubrió la entrepierna. Pasando un brazo por sus hombros, Obito y él salieron al exterior. El aire frío puso a Deidara la piel de gallina. La mano en su hombro bajó por su espalda y le apretó el culo.

—¿Y van ustedes los magos así con tan poca ropa normalmente? ¿Con el frío que hace?

La mano siguió hacia abajo, tocando sus muslo descubierto.

—No me hace falta más, teniendo vampiro sexy que me caliente, hm.

—Mmmh —Obito le dio una palmada en el culo y pasó a acariciarla piel de su brazo que quedaba al descubierto más allá del largo guante negro que le cubría hasta el codo—. Como no lleguemos pronto a ese portal te voy a follar aquí mismo.

Deidara apretó el paso, arrastrando a Obito de la muñeca. Al final de la calle, se desvió hacia la derecha, a un portal que a simple vista parecía cerrado. Deidara lo arrastró adentro. Obito no pudo esperar para tomar el control y ponerlo de cara contra los buzones. El sombrero cayó al suelo.

Las manos de Obito pronto estaban recorriendo su torso, jugueteando con las ranuras decorativas de su atuendo que dejaban al descubierto su piel. Deidara se pegó a él, restregando sus nalgas en la dura verga y doblando el brazo hacia atrás para acariciar su pelo.

—Me encanta sentirla en mi culo —dijo Deidara, después enganchó a Obito de la nuca y se volvió buscando sus labios.

Se besaron sin delicadeza, como queriendo devorarse el uno al otro. La erección aprisionada en su ajustado traje palpitaba bajo la mano de Obito, anhelando el contacto directo con su piel. Obito se alejó de sus labios hinchados por las dentelladas y bajó besuqueando por la línea de su mandíbula hasta su cuello. Le clavó los dientes y Deidara gimió, cerrando los ojos y apoyando la cabeza en el hombro de Obito. A tientas le desabrochó el pantalón y liberó su verga, moviendo las caderas para pasar la punta por la raja de su culo de arriba a abajo.

Obito gruñó contra su piel, succionándola con fuerza. Deidara acarició su erección hasta que Obito se separó de él, bajando a meter la lengua por las ranuras del traje en su espalda. Apoyó una rodilla en el suelo y pasó la lengua por su culo mientras lo amasaba con ambas manos. La suave textura le hacía pensar por un instante que no había nada entre sus manos y la piel de Deidara.

Metido en el papel de su disfraz, Obito mordía y manoseaba, lamiendo como un verdadero vampiro desesperado por sentir una vez más en su cuerpo inerte la chispa de la vida.

—Sabes, beber del cuello está bien —susurró Obito y bajó a sus muslos descubiertos—... Pero beber de aquí está aún mejor.

Separó sus muslos y hundió sus dientes cerca de la ingle de Deidara. La nariz de Obito rozaba sus nalgas encueradas.

—¿Y eso por qué, hmm?

—Está más caliente —Obito dejó un chupón y fue marcar el otro muslo—. Sabe a deseo —el gemido de Deidara hizo eco en el largo pasillo—. Sabe a tu deseo por mí.

—Entonces... ¡Ahh...! Debe estar muy buena.

Obito miró las marcas de dientes en la piel enrojecida de Deidara.

—Exquisita — dijo. Se puso de pie, apartó el cabello de Deidara y tomó la cremallera del traje—. Quién pudiera...

Deidara no lo dejó terminar. Giró el cuello y lo besó. De nuevo estaban pegados, pecho contra espalda y su verga manchaba de precum el disfraz de Deidara. Obito fue tirando suavemente de la cremallera, rompiendo aquel beso asfixiante para ver cómo la espalda de Deidara iba revelándose.

—Quién pudiera beberla todos los días —Obito acarició la columna de Deidara, notando como se arqueaba con su toque—. Me encanta cuando tiemblas así.

Dejó unos besos en la piel recién descubierta. Entonces Deidara se movió y arrastró a Obito con él al fondo del oscuro pasillo, junto a las escaleras que bajaban al garaje.

—¿Quieres mi boca o mi culo, hmm?

—Es cruel que me hagas elegir.

Deidara ya se estaba arrodillando, mirando hacia arriba con cara inocente con su verga en la mano. Su lengua trazaba círculos en su glande. Obito resopló cuando lo vio saborear el precum, sus ojos cerrándose mientras su erección se abría camino dentro de su hambrienta y caliente boca y llegaba a la garganta. Deidara gimió con la boca llena y las vibraciones lo volvieron loco de deseo. Obito tragó saliva.

—Ahh, así que así es como haces magia.

Deidara dio marcha atrás, dejando su erección tan mojada y brillante como su barbilla. Sin responderle, comenzó a chupársela despacio, su lengua jugueteando con el glande mientras manoseaba sus bolas y lo masturbaba al subir. Obito deseó que se la metiera entera otra vez. Deidara se dedicó a chupetear la punta. Cada vez que succionaba con fuerza, Obito gemía sin poder evitarlo. Deidara se tomaba su tiempo en llegar cada vez más profundo.

Entonces se detuvo, lo miró y le tomó la mano para guiarla detrás de su nuca. Obito tomó aire y sostuvo la mirada hambrienta de Deidara, sus labios envolviendo su erección hasta la mitad.

—Senpai.

El cuerpo de Obito ardía con tan sólo pensar en la nueva petición de Deidara. Obito enredó sus dedos en su cabello y empujó con la mano poco a poco, mirando como Deidara se tragaba su verga. Movió las caderas y la nariz de Deidara quedó pegada a su vello púbico. Obito lo observó así un rato, grabando esa imagen en su memoria. Después empezó a bombear despacio, los gemidos de Deidara mezclándose con los suyos. Sacó la verga brillante de saliva para darle un descanso a su mandíbula y se la restregó por la cara. Con la lengua fuera, Deidara intentaba lamerla, así que Obito se la volvió a meter toda de una. Ni una queja escapó de aquellos labios.

A Obito lo hipnotizaba verlo tragar así. Notaba su erección dura como una roca rozar la garganta de Deidara una y otra vez.

—¿Dónde quieres la leche? —Obito estaba a punto de correrse. Su cuerpo entero protestó cuando se detuvo, sacó la verga de la boca de Deidara y lo tomó con suavidad del mentón—. ¿En tu boca o en tu culo?

Deidara continuó masturbándolo mientras sonreía.

—En mi culo —dijo y se puso en pie.

Obito se saboreó a sí mismo al besarlo. Lo pegó a su cuerpo y frotó ambas erecciones, la una contra la otra. La suya estaba ardiendo. Sensible a cualquier movimiento.

—Me va a explotar si no te la meto ya.

Obito lo puso contra la pared, de espaldas a él y terminó de bajarle la cremallera, luego pasó los brazos por los tirantes del traje y este cayó al suelo. El apetitoso culo de Deidara seguía empujando hacia atrás. Obito pasó la verga empapada en saliva y precum por entre sus nalgas.

Deidara giró el cuello y la forma en que se relamía atrajo a Obito como un imán, gemía con suavidad mientras lo besaba cuando la punta de su verga conectaba con su agujero. Rodeó su cintura con su brazo libre y acarició todo su pecho cubierto en sudor, sintiendo como subía y bajaba con cada suspiro. Luego la mano bajó por su abdomen, se cerró alrededor de la erección de Deidara y lo masturbó mientras Obito le azotaba el culo con la verga.

—Qué culo tienes...

Obito le acercó los dedos a la boca. Deidara se los tragó enteros, saboreándolos, rozando las yemas con los dientes. Obito era incapaz de dejar de mirar sus dedos entrando y saliendo de la boca de Deidara entre sonidos de succión. Después los sacó y cubiertos de saliva los llevó hacia su culo. El orificio palpitaba, caliente, pidiendo verga. Obito introdujo dos dedos poco a poco y le sorprendió ver lo rápido que se abría a él. Pudo meter dos dedos hasta la mitad y siguió empujando en cuanto sintió que el cuerpo de Deidara suplicaba por más.

Obito otra vez fingió que bebía de su cuello y un par de círculos rojizos se unieron a los que ya había. Sus dedos entraban y salían. Deidara a veces apretaba con fuerza, atrapándolos dentro y Obito los movía en su interior.

La visión de Deidara desnudo con botas negras por encima de la rodilla y guantes hasta el codo lo llevó a gruñir de impaciencia. Su verga se puso aún más dura. Deidara dejó de reprimir sus gemidos cuando le metió tres dedos. Obito se preguntó si ya se habrían enterado en todo el bloque que estaban ahí follando. La erección de Deidara estaba empapada en precum. Obito lo masturbaba despacio, queriendo evitar que se corriera antes de tiempo.

—Deja que te oigan —susurró Obito tras un gemido especialmente alto—. Deja que oigan como te hago gozar.

Deidara bufó.

—Si les molesta que arreglen la entrada.

Obito sacó los dedos y masajeó la entrada en círculos. Su esfínter parecía haberse relajado bien. Se escupió en la mano varias veces y cubrió su erección con saliva. Después se agachó, le separó las nalgas a Deidara, besó su ano y volvió a escupir.

—¿Listo? —dijo, esparciendo la saliva por su ano.

—Ya estás tardando, hm —replicó Deidara.

Obito rió con suavidad y se irguió. La punta de su verga se encontraba otra vez pegada a ese acogedor agujero en el que estaba deseando enterrarse. Obito besó su hombro y empujó.

—Nghh...

Deidara se estremeció, mirando hacia atrás. Obito apartó su cabello y fue dejando un reguero de pequeños besos de su hombro a su cara, acariciaba su espalda de arriba a abajo y pellizcaba su trasero. Todo él lo volvía loco. Cada vez que daba marcha atrás, la metía un poco más profundo. En cuanto la tuvo entera dentro, Obito abrazó a Deidara, se besaron con ternura, juguetearon con sus lenguas y la verga de Obito cabeceó, ansiosa por empezar. Comenzó a moverse, a notar como el interior de Deidara aprisionaba su erección y lo obligaba a empujar las caderas más fuerte. Ambos gemían al unísono, sus bocas pegadas. Deidara se arqueó más hacia atrás, giró el cuello y consiguió morderle la oreja. Entonces pegó la boca a su oído.

—Fóllame.

Obito empezó a moverse más y más deprisa. Estaba hambriento de él, de su calor interior, de sus gritos. Apoyó la cabeza en su hombro, resoplando como un búfalo.

—En unos días... Volverá a darme hambre...

Deidara embestía hacia atrás y el chasquido de sus pelotas chocando contra aquel culo se volvió más violento.

—¡Hah...! ¿Quieres morderme otra vez?

—Nada me gustaría más.

Obito sudaba por cada poro de su cuerpo. Tenía el disfraz pegado a la piel, que le ardía incómoda entre tantas capas de tela pero estar ahí embistiendo a Deidara se sentía maravilloso.

—¿Duermes en un ataud? —dijo Deidara entre jadeos.

—Sí, hace dos siglos —Obito rozó con sus dientes y su lengua el cuello de Deidara—... Ahora tenemos camas normales —el azote hizo que Deidara soltase una palabra malsonante—. ¿Querías que te folle en mi ataúd?

Deidara dejó escapar un gemido desesperado que hace vibrar todos los nervios de su verga. Obito se abrazó a él, se echó sobre su espalda y volvió a masturbarlo, deseando escucharlo otra vez. Las mejillas de Deidara estaban rojas y brillantes, se mordía el labio inferior con vicio. El vientre de Obito se empezó a tensar, el fuego en su interior se avivó y ya sólo pensaba en rellenar de leche aquel culo perfecto.

—Mierda, Deidara. Te follaré donde tú quieras si vienes a verme... ¡Ngh...! Sólo ven.

Su bajo vientre da pequeños espasmos de placer al escuchar la respiración agitada de Deidara intercalada con gemidos cada vez más agudos. En su verga se inflamó una chispa y el abrasador orgasmo explotó. La cadera de Obito siguió bombeando un poco más, como queriendo descargar lo más profundo posible y que la leche que expulsa su verga en violentas sacudidas quede dentro de Deidara para siempre.

Deidara se pegó a su pecho, Obito lo tomó del mentón, lo giró y le comió la boca. Su muñeca se agitó más rápido que nunca y gimiendo en su boca, Deidara se corrió también. Obito no lo soltó mientras temblaba en sus brazos y su respiración se volvía más lenta y pesada.

—Eres lo más hermoso que he visto en todos mis siglos en este mundo —susurró Obito y Deidara se apartó un poco de él y le sonrió.

A riesgo de que los descubriesen así, Obito lo envolvió con su capa y lo estrechó con fuerza y ninguno de los dos se movió por un rato.


En realidad tenía los primeros párrafos escritos desde hace DOS años. Después se me pasó Halloween e intenté llegar a tiempo al año siguiente pero solo conseguí escribir otros dos párrafos xD. Otra vez voy tarde y encima, todo lo que llevaba escrito lo acabé cambiando tanto que es como si lo hubiera reescrito entero.

Aunque es tarde para Halloween, nunca es tarde para el limón. :D