¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
¡Hola!
Bienvenidos una vez más a otra pequeña historia de mi parte.
Esto puede contar como continuación de "Juntos, tal vez", pero no es necesario que lo leas para entender esta historia.
Recomendación musical: "Welcome to the World" by GRANRODEO
Notas:
[Presente]
[Pasado]
["Pensamientos"]
[Teléfono]
Los personajes de Batman, Flash y Justice League son propiedad de DC Comics y sus correspondientes creadores.
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Al bajar las escaleras el sonido proveniente de la sala atrajo su atención, si su memoria no le fallaba – indudablemente – hoy estaría solo en la mansión salvo por Alfred y sus mascotas. Con paso calmado y las manos en los bolsillos de su sudadera, ingreso al salón, captando una caballera peli roja risada brincoteando y balbuceando en un tono ridículamente infantil. Su inesperada visita, se dio vuelta, mostrando la sorpresa en su rostro con pecas, saludándolo efusivamente con su brazo, mientras usaba el otro para sostener la espalda de un pequeño bulto atado a su pecho, cubriendo la camisa floja en color verde con una chaqueta de mezclilla desgastada, jeans a juego con rasgaduras en las rodillas y zapatillas deportivas en color rojo con un distinguible rayo amarillo.
El pequeño bulto giro tanto como pudo su cabeza para seguir la dirección de los ojos del peli rojo, terminando en un bostezo, restregándose el rostro con las manos y acomodándose en el pecho de quien le cargaba. No paso desapercibido el enorme suspiro de adoración ante el acto infantil, seguido de un teléfono celular tomando fotos sin reparo; volteando los ojos, saco las manos de sus bolsillos, apoyándose en el marco de la puerta, ahora cruzando los brazos en su pecho.
- Wallace. ¿Necesitas algo? – pregunto, atrayendo la atención de su inesperado invitado.
- ¿He? – sus verdes ojos brillaron en confusión, intercalando su atención entre el pequeño en su pecho y el joven adolescente de pie a unos metros. Riendo nervioso, regreso el teléfono al interior de sus pantalones, disculpándose con una sonrisa torpe, abrazando con ambas manos al bultito. – Ya sabes, bebés, suficientemente adorables para llenar la memoria de tu teléfono y no perderte ni un solo momento.
- Hmm. – alzo una ceja, juzgando la perspectiva de esas palabras con sus acciones. Soltó un suspiro por la pequeña sonrisa incomoda al mismo tiempo que aseguraba el peso del bebe en su pecho y con una de sus manos.
Sin que la conversación avanzara más allá, el peli rojo agrego un nuevo tema entorno a la presencia del joven – residente – en la mansión a tales horas por la mañana.
- Clases en línea. – respondió seco, captando un pequeño movimiento de los pies del infante.
- ¡Ah!, claro. Pff, ¿Cómo pude olvidarlo?, jeje. – asintió. Sin otro intento por continuar hablando y sin él mismo seguir compartiendo – relativamente – el mismo espacio, trato de despedirse educadamente, frenando sus palabras en el acto – Incomodo, ¿no? – masajeo el lado izquierdo de su cuello, desviando la mirada.
Con las manos aun en su pecho, inclino ligeramente su rostro hacia arriba y la derecha – ¿Depende a lo que te refieras? – ingreso a la habitación, dando pasos largos por cada opción mencionada – Si es porque saliste con mi padre, eres su compañero en un equipo de poca monta o estas de visita con el hijo de ambos. ¿Cuál eliges? – se quedó a un metro de pie.
- To-das las o-pci-ones. – pauso entre palabras, manteniendo la misma sonrisa incomoda.
Exhalando, fue a sentarse al sillón y con un movimiento de cabeza le indico al peli rojo que le acompañara en el sillón contrario. Flexionando la pierna derecha en un ángulo recto la apoyo sobre la otra, recargando su mejilla en la mano, con su codo sobre el apoya brazos – Como sea, padre no está.
- Lo sé. – aflojo las correas en sus hombros, permitiendo libertad de movimiento al pequeño, sacándolo cuidadosamente, dejo la herramienta portátil a un lado, sentándolo de frente en sus piernas, con ambas manos rodeándolo para que no cayera hacia delante. Una mirada color jade coincido con la clara de la hierba fresca, produciéndose una risilla alegre.
- ¿Por qué sigues aquí? – apartando su vista se centró en el dueño de un color de ojos similar – ¿Intentando recordarle a padre las responsabilidades de compartir genes en común? – El enojo inyectado en sus palabras fue eclipsado por los balbuceos del infante en el regazo del otro y luchando por salir e intentar llegar con él.
- ¿Que? – maniobrando con el bebé hasta lograr que se mantuviera quieto y entretenido con las llaves de su apartamento, aclaro sus intenciones en la visita, no necesitaba generar malos entendidos que llevaran a peleas o regaños absurdos. – No, no. Alfred hace un excelente trabajo en ese departamento, desde Dick. – Retrocediendo ante el campo minado por mencionar el nombre del "hermano mayor", mordió su labio inferior, alisando los pocos cabellos castaños en la cabeza del bebé – Hoy es su día para cuidar de Nicki. – La sorpresa en el rostro del más joven fue gracioso, exactamente la misma expresión que puso "él" cuando se enteró del embarazo. Tal vez los Wayne no están acostumbrados a los inesperado después de todo. – Supongo que continuar postergando una junta ya paso la factura.
- Volverá pronto, si deseas esperarlo no me molesta.
- Gracias, Damian, es muy amble de tu parte. – movió un mecho de cabello rojizo tras su oreja, seguido de un suspiro agotado – Tristemente eso será hasta la próxima semana, Alfred me lo dijo mientras preparaba el terreno sirviéndome postres y té. Debí esperarlo con todo ese pastel helado.
- ¿Aún lo esperaras? – trato de que su pregunta no pareciera un reclamo, pero, por el tono jovial del pelirrojo ese no fue el caso.
- Nicki ensucio el pañalero y Alfred me dará algo para llevar. – saco el celular de su bolsillo una vez más, pasando los dedos sobre la pantalla táctil, Damian espero otra sesión fotográfica, pero, el rostro serio y delgada línea marcada en la frente de Wallace indico lo contrario – Tendré que conseguir una niñera o alguien que me sustituya para el turno nocturno. – La velocidad con la que tecleo usando solo una mano, demostraba su apuro por solucionar el problema de su cambio de itinerario.
Notando las débiles ojeras formándose bajo los ojos de Wallace, la perdida de brillo en su cabello, algunas manchas mínimas en su atuendo, sosteniendo fuertemente al bebé en su regazo, se detuvo a apreciar la figura del pequeño infante que balbuceaba sonidos o intentos – según los padres – de conversación, a comparación de su padre, el bebé se mostraba limpio, con sus mejillas regordetas brillando, su delgado cabello castaño peinado a la izquierda y un pañalero azul con una gran "S" en el pecho y una pequeña capa colgando desde su espalda, bien, eso último, no le sorprendía, conociendo el inusual fanatismo del progenitor por otros héroes.
Los pequeños ojos verdes se centraron en los de él, una vez más, ladeando su rostro con la saliva colgando de su boca al probar el sabor de sus dedos.
Si por casualidad, los vieran a ambos caminando por la calle, nunca adivinarían que comparten lazos familiares e incluyendo la diferencia de edad por dos años más que con Richard parecía una broma. Aunque, podría ser solo una, con que podrían relacionarse, pero igualmente no coincidía totalmente. Escucho una maldición salir de los labios de Wallace ante el tercer rechazo de los infinitos mensajes de texto enviados en su lapso de búsqueda aun sin terminar, el bebé ya estaba por escapar del agarre de su padre y este a arrojar su aparato al otro lado de la habitación.
Iba a arrepentirse de esto…
- Dámelo.
- ¿He?, ¿Qué? – Salió de su aturdimiento con el teléfono, notando al adolescente de pie y al frente.
- Wallace – Trato de no gruñir su nombre, tomando una inspiración profunda, relajo sus hombros – Sabes que detesto repetirme. Dámelo. – Extendió su palma derecha.
- Lo siento, estoy perdido. Si pudieras especificar tu "dámelo", un poco de contexto también. – Acatando a la solicitud, señalo con el índice al bebé alzando sus brazos hacia él. Wallace asintió, aclarando su garganta. – Damian, los bebés no son objetos que puedas obsequiar aun cuando son adorables. – explico seriamente su punto, abrazándolo, dejando su negativa a "obsequiar" a su hijo muy clara.
- Me refiero a cuidarlo por ti, Wallace. – Contando el límite de su paciencia, una gran "O" se formó en los labios del peli rojo seguida de sus ojos a punto de salirse de su rostro, levantándose de un salto del sillón y usando su velocidad, parado a la salida de la habitación. – ¡WALLACE!
- ¿Quién eres tú?, ¿Qué has hecho con Damian?
- Deja de estar jugando, estoy ofreciéndome a cuidarlo esta noche por ti.
- ¿Por qué?
- Es bastante obvio. – Para el pelirrojo no y el signo de interrogación invisible lo demostraba. Masajeándose la frente, un poco de rojo se contorno en los pómulos de Damian, respondió con claridad – Es mi hermano menor.
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Trataba de definir que fue más extraño, las lágrimas de Wallace, el abrazo afectuoso con lágrimas maniobrando en no aplastar al bebé o que Pennyworth se alegró de ver a la "familia" tan unida al regresar con el cambio de ropa limpio y tuppers con comida pre calentada.
Una vez, Wallace consiguió explicar – sin llorar – que dejaría a su hijo con Damian y tomara la comida hecha por Alfred, entrego la pañalera y una bolsa con juguetes, concluyendo con algunas especificaciones simples, relacionadas a la comida, horas de sueño, cambio de pañales y sus lloriqueos – en pos de identificar los tres anteriores – , también que no se preocupara porque fuera a usar sus poderes, dada su edad no era probable, pero en caso de, lo llamaran y estaría ahí en menos de un "FLASH".
- He terminado, joven amo Damian.
La cuna armada por Alfred, destacaba por su color rojo brillante y un móvil colgando por uno de los cabeceros, bastante originales los pequeños muñecos de Batman y Flash, más las versiones cambiables. Asintió silencioso, intentando averiguar cómo colocar a su hermano, sin que despertara por tercera ocasión, hacer que durmiera llevo demasiada resistencia a su audición y un biberón.
Titus descansaba al lado del pequeño cuerpo, procurando empujarlo con su hocicó cada que sus giros le alejaban de la mullida almohada usada como cama, al otro lado Alfred – el gato – tenía su cola sobre el vientre del niño, igualmente atento a los cambios de posición.
- Despertara aproximadamente dentro de tres horas – explico el viejo mayordomo de pie al frente de la cama, revisando el reloj en su bolsillo. – Coloque un par de almohadas en los pies y en la cabeza, sus mascotas tienen cubiertos los flancos.
- Hmm.
- ¿Joven amo Damian? – el adolescente movió su cabeza sin apartar los ojos del bulto durmiente. Tosiendo – sin necesidad de – para aclarar su voz, devolvió el reloj a su lugar dentro de su uniforme, manteniendo ambas manos detrás de su espalda – Fue una maravillosa decisión ofrecerse a cuidar al joven amo Tobías. – notando el crispamiento alrededor de los músculos del adolescente reprimió una sonrisa y cualquier otra expresión de diversión que denotara cuanto aprobaba y felicitaba sus acciones desinteresadas.
Resoplando, Damian tomo asiento en la orilla de la cama, con su rodilla izquierda flexionada apoyándose en la derecha, manteniendo su torso en dirección al bebé durmiendo, en caso de que necesitara arrullarlo una vez más. Explicarle a Alfred que solo se trató de un momento de debilidad ante la apariencia demacrada de un supuesto héroe, tardaría más, que arrullar al infante que encontraba agradable jugar con el pelaje de sus mascotas.
- Tiene una pensión.
- El maestro Wallace es un hombre independiente.
- ¿Independiente? – repitió estupefacto – Pennyworth, confundes independencia con terquedad.
- Ya veo. Usted parece bien informado al respecto.
Un gruñido broto de los labios del otro, contando como la victoria del anciano mayordomo, sin otro elegante intercambio de sarcasmos, Alfred se despidió, prometiendo traerle la cena – a ambos – una vez estuviera lista.
Recostándose en la orilla de la cama, ignoro la cuna y sus mascotas velando el sueño del pequeño, cerrando sus ojos, aspiro profundo, exhalando por sus fosas nasales, buscando la relajación y con ello su cordura.
Aun cuando fuera un tema públicamente – familiar – conocido e hicieran la vista gorda durante las cortas visitas del peli rojo o encuentros en sus reuniones de la liga más misiones colaborativas, apenas recibiera una llamada Flash desde la Watchtower sobre la niñera y se comunicaran con el héroe velocista para transportarlo a una zona de peligro por su ayuda los lloriqueos de fondo no faltarían. E incluso él mismo estaba uniéndose a esa pantomima descarada, minimizando la antigua relación entre el peli rojo y su padre, trayendo como resultado a un infante de un año y cuatro meses de edad.
Había esperado nupcias apenas el retoño de ambos naciera, aseguraba que una apuesta se filtraba entre Jason y Barbara, convenciendo a Alfred a dar unos cuantos dólares a favor de la boda. Tristemente, ese final no llego, ni en un futuro cercano, su padre había cortado cualquier oportunidad o chance para que se desarrollara la soñada culminación de su relación – incluido el bebé –. Estando reunidos todos en el comedor para presentar al bebé – recién nacido – y explicar lo que ambos decidieron – él decidió –, los ojos caídos de Wallace con su sonrisa falsa y los músculos tensos de Richard revelaron suficiente. El aroma de inconformidad pululaba dentro de esas cuatro paredes, solo los miembros beta serian incapaces de reconocerlo de primera mano y fueron quienes se acercaron a ver al pequeño.
- Guh, guh.
Abrió un ojo, acostándose del lado derecho con una mano debajo de su mejilla y usando la otra para apartar a Alfred – el gato – teniendo una mejor visión del balbuceante emisor. De nuevo, esa sensación turbulenta filtrándose por su piel a penas el verde claro de las redondas gemas se encontraron con las suyas más opacas quiso ocultarlo usando a su gato. Siguió escuchando el balbuceo, notando que había abandonado la comodidad de la almohada e intentaba moverse por la pequeña zona limitad por otras almohadas y Titus.
El perro empujo con el hocico el trasero del bebé, ladeándolo hasta el centro de la cama, consiguiendo una risa infantil y un niño divertido que trataba de reincorporarse en su gateo para repetir esa caída.
Alfred se alejo del toque de Damian, caminando hasta llegar al pequeño, dejando que su mano regordeta tocara el pelaje de su mejilla, pasando a ronronear y lamer el rostro del niño, paseo al otro lado de la cama, enroscándose en una de las almohadas.
- Les agrada. – dijo, sin esperar una respuesta de sus mascotas. Deslizándose por el colchón, tomo al bebé en sus brazos, procurando que su cabeza quedara apoyada en el doblez de su codo y el resto de sus brazos fungieran como una hamaca para el cuerpo. Inicio el arrullo que pacientemente Alfred le explico en sus intentos por dormirlo al irse Wallace.
Balanceándose al ritmo del tarareo de una canción de cuna, miro al pequeño, quien también mantuvo su mirada hacia él, extendiendo su pequeña mano intentando tocarlo, correspondiendo al acto, cuidadosamente saco su brazo derecho, dejando todo el peso del pequeño en el izquierdo y permitiéndole que tomara dos de sus dedos entre sus manos.
Un bostezo y el pequeño parecía más despierto e intrigado por la forma alargada de sus dedos, comparándola con los regordetes propios, tratando de llevárselos a la boca en pequeñas oportunidades que consideraba como distracción de su cuidador, pero él, los recuperaba, dejando que volviera a jugar con ellos.
- ¿Te agrado? – La expresión confundida, seguida de una risa y tomando de nueva cuenta los dedos para morder fue la respuesta del bebé – Eres más listo de lo que pareces, ¿no?
- Am, ma, nam. Guh, guh.
- No te voy a dar mis dedos para que los ensalives, solo porque te están saliendo los dientes. – el fruncimiento de su entrecejo, una vez aparto la mano, le hizo gracia, tocando la frente con su índice para desaparecer las líneas marcadas. – Sigue practicando, quizás cuando seas menos redondo, asustes.
- Uh, uh. ¡Guh!, ¡Ma! – peleo, apartando la mano que cubría su visión, las pequeñas lagrimas de frustración brillaban en las esquinas de sus ojos.
Definitivamente pequeño, frágil e inocente, un niño que nació de aquellos que deciden tomar la responsabilidad de cuidar el mundo en sus manos, por tanto, ¿Podría ser él un cambio?, ¿Capaz de dar más que sus padres al mundo?, ¿Ser el salvador?
El destino del niño ya estaba definido, desde el momento de su concepción, solo faltaría que eligiera un lado, pero ¿Cuál?
Apretando su agarre sobre el cuerpo redondo, sus uñas cortas se encajaron en la tela rozando la tierna carne, causando que el bebé llorara por el dolor e intentara escapar de su agarre. Su llanto fue suficiente para sacarlo del aturdimiento de las preguntas sin respuesta, luchando por mantenerlo entre sus brazos y calmarlo antes que su voz estruendosa alcanzara la planta baja.
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- Felicidades Damian.
- Hm. ¿De qué hablas?
- Oh vamos, no finjas no saberlo.
- Obviamente no lo sé, Jon – cerro el libro que tan convenientemente tomo al notar la presencia del adolescente en la biblioteca – Mi cumpleaños ya paso, no es navidad y patear el trasero de algunos ladrones no es novedad.
- Finges deliberadamente ignorancia, ¿verdad? – solo una sonrisa ladeada, dejando el libro en la mesa y caminando a la salida con un par de tomos entre sus brazos – ¡Dios! – grito, ganándose una reprimenda de los otros ocupantes en la sala. Disculpándose sinceramente, troto para alcanzar al peli negro, sujetándolo de la manga de la camisa blanca en su uniforme.
- Estoy ocupado.
- Tanto, ¿Cómo para no ver a tu hermano menor?
A pesar de la dureza en la pasta, Damian consiguió desgarrar la cubierta y abandonar sus lecturas en un carrito, caminando velozmente hasta la salida, detrás Jon intentando disculparse.
Una vez estuvieron fuera, encaro al muchacho, resistiendo tirarle un puñetazo por pura frustración. ¿Qué empeño era recordarle al hijo que su padre acepto?, del cual acepto cuidarlo desde el momento en que se entero del embarazo, conviviendo con su pareja bajo el mismo techo y el día del nacimiento conseguir el equipo necesario para que este se llevara a cabo dentro de la mansión.
El lugar de hijo directo él se lo gano por amor, mientras él lucho para conseguirlo y aun hoy, tenia que demostrarlo cada día para que no dudara en su elección de aceptarlo en su casa.
Solo por compartir un poco de sangre, ¿tenía que aceptar al pequeño intruso?
- Lo que pase o no con mi familia, es asunto mío. Jon.
- Damian, perdón. Y-yo no...
- Esta bien, no me sorprendería que incluso tu prefirieras a ese niño.
Con ello, sin voltear a ver la expresión de desconcierto en el rostro de Jon, la campana sonó para la siguiente clase y los estudiantes inundo los pasillos fueron un obstáculo ideal para poner espacio de por medio.
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Esos eran recuerdos innecesarios apareciendo en el momento menos oportuno, pero, pensándolo a fondo, tenia sentido. La incomodidad de Wallace en la sala, su expresión sorprendida y dudando de su identidad, las bromas sarcásticas de Alfred repletas de cariño por verle reforzando un lazo familiar.
Lo que pudiera pensar o decir el resto, se dividiría entre positivo y negativo, dejando al centro el desconcierto con planes secundarios.
Cambios extraordinarios ocurrían alrededor de un solo individuo, el cual viviría ignorante de esto hasta que fuera capaz de montar más de una palabra en una frase y reconocer su existencia individual.
Pestañeo, cerrando sus ojos y recargando su cabeza contra su pecho, sujetando su camisa con el puño. La tranquila respiración mostraba el estado durmiente del pequeño, dejo unos cuantos minutos pasar antes de ponerse en pie para dejarlo en la cuna. Sin embargo, a penas alejo su toque, comenzó a llorar, abriendo los ojos de inmediato, deteniéndose hasta que estuvo envuelto en brazos nuevamente.
- "Definitivamente es inteligente" – pensó, caminando en círculos por la habitación, meciendo al pequeño en sus brazos, tarareando canciones de cuna e inventando tonadas relajantes. Sintiendo el cansancio estacionarse en él por su propio bostezo, camino de regreso a la cama, sentándose en la orilla, coloco la cabeza del bebé sobre una almohada notando su inquietud cercano a destaparse de nuevo, tomo su mano probándole que seguía con él, una vez hecho, empezó a ordenar las otras almohadas cercanas para hacer una barrera que impidiera su paso a otros lados del colchón.
Finalmente, él mismo termino por recostarse en dirección al bebé, dejando que su brazo pasara alrededor del torso para más seguridad. Dormiría unas cuantas horas, comería la cena de Alfred y terminaría un reporte de lectura para la siguiente semana.
- Titus deja de oler al pequeño – ronroneo Alfred, estirándose en la almohada, caminando hasta estar reclinado a la cabeza de Damian.
- Me aseguro de que el cachorro disfrute su estadía. – explico, acostándose a los pies del bebé.
- ¿Y cuál es tu conclusión? – agito la cola, enroscándola en su cuerpo.
- Huele bien.
- Perro, dices las cosas más extrañas.
- Y tú duermes demasiado, gato.
Ambas mascotas acompañaron a los dos jóvenes humanos en su sueño, ignorando deliberadamente el sonido de la puerta abriéndose con un par de ojos comprobando silenciosamente la escena e impidiendo que una fotografía quedara como prueba contundente del hecho.
Cerrando lentamente, Alfred arrebato el teléfono de la mano de Richard, instándolo a seguirlo escaleras abajo, y con el índice en sus labios, prohibiéndole hablar hasta que sus silenciosas voces en el piso de abajo fue el único ruido en toda la mansión.
- Eran adorables.
- No es una justificación viable para tomar fotografías sin permiso de sus hermanos menores.
- ¡Pero Alfred!
- Sin peros, Richard. – usando su nombre sin la propiedad característica por su trabajo, devolvió el teléfono a manos del peli negro – El joven Damian esta avanzando a su propio ritmo e involucrarnos más de lo necesario, seria contraproducente.
- Bien, bien. Tu ganas.
- Me alegra que lo entienda – asintió complacido, girando sobre sus talones – Ahora, ayúdeme a ordenar la ropa limpia. El pequeño Tobías ensucia más que su padre en sus primeros años.
- Jajaja, eso debió heredarlo de Wally. – siguió a Alfred hasta la zona de lavado, aprovechando para contarle otras aterradoras historias del limite para mantener la ropa limpia con un velocista.
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Distinguió una mancha café moverse desde la entrada, luego un grito y al siguiente pestañeo estaba derribado en el suelo con un niño aferrado a sus pantalones.
- ¡Hermano!
- ¡Anthony!
Gritaron al mismo tiempo, salvo la emoción compartida en sus llamados. El castaño revoltoso, vestido con pantalones de mezclilla azules, tenis desgatados, una camisa roja con un rayo en el pecho y una sudadera negra, soltó sus piernas trepando por su cuerpo derribado hasta que pudo abrazarlo y restregar sus mejillas juntas. – Suéltame – gruño, tratando de zafarlo, pero el pequeño negaba, riendo.
Suspiro exhausto de este tipo de saludos, decidiendo enderezarse para sentar al niño en sus piernas y darle un par de palmaditas en los despeinados cabellos.
- Jejeje.
- ¿Te escapaste de Wallace?
- Noup. Solo corrí más rápido que él.
- Abandonarlo en la entrada no es exactamente correr más rápido que él.
- Pero corrí. – inflo sus mejillas, frunciendo el entrecejo y pisando con fuerza.
- Si, sí. – despeino más los cabellos, levantándolo de su regazo para ponerse en pie y sacudir su traje, ahora tendría que volver para ponerse uno limpio. – Iré a trabajar, ¿prometes portarte bien?
- Tengo ocho años, puedo atarme los cordones yo solito.
- Genial – evito reír por las justificaciones de madurez del menor. Tomándolo de la mano hasta que Wallace llegara para regañarlo por usar sus poderes en público. – Wallace se está tardando. – entrecerró los ojos, alzando la mano sobre sus ojos para mejorar su visión.
- Eso es porque nos encontramos con el Sr. Bruce en la entrada.
- Padre – corrigió, Damian, bajando la mirada al castaño. – No es Sr. Bruce, es padre.
- Está bien hermano. – asintió, mostrando los huecos en sus dientes ante la caída de los primeros de leche.
- Entremos – dijo, recogiendo su portafolio, jalando levemente la mano de Anthony – Necesito cambiarme y tu comer.
- ¡Si!, ¡Comida de Alfred! – vitoreo, saltando los escalones para la entrada.
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Extra.
Elegir un nombre.
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Recordaba claramente haber subrayado sus preferencias de nombres en el libro que tan amablemente Alfred le trajo e incluso junto a Dick bromearon sobre un tercer nombre, hasta antes de saber el genero del bebé lo habían estado llamando Junior, solo por decir, no tenía realmente un propósito como tal, quizás bromear, pero eso fue todo.
En sus manos tan claro como el agua, sosteniendo el acta de nacimiento de su hijo, parpadeo un par de veces ante las letras impresas del papel, pasando su vista de este al hombre sentado a su lado, sosteniendo al rosado bebé envuelto en sabanas y con un nuevo atuendo amarillo.
Aclarando su voz lo mejor que pudo, pero escapándose un temblor de sorpresa, señalo la línea de registro. – ¿Qué? – pregunto casualmente quien cargaba al recién nacido.
Tragándose la exclamación que despertaría al pequeño y traería a Alfred, inspiro profundo contando hasta diez. – Bruce, entiendo lo del apellido, estuvo de acuerdo, pero, ¿Por qué hay cinco nombres aquí?
- Fueron los que elegiste. – se encogió de hombros, palmeando la espalda del bebé, cuando lo escucho pujar incómodo. – ¿Quieres agregar otro?
- ¡Demonios, no! – finalmente grito, teniendo el lloriqueo del bebé al asustarlo. Retiro al bebé de brazos de Bruce, disculpándose por exaltarse y meciéndolo hasta que regreso a dormir. Suspiro, una vez más yendo a su lugar feliz, tratando de retomar el punto de su conversación – Te dije que la combinación de Ian Tobías y Nicholas Anthony eran mis favoritas pero no podía decidir – Bruce asintió, doblando una cobija azul – y como obviamente no podía ir al registro, deje que tu tomaras la última palabra, después de todo también es tu hijo – otro asentimiento silencioso y la cobija fue dejado a un costado de Wally – Excelente, vamos bien, entonces, ¿Por qué le pusiste los cuatro y además Wallace al niño?
- Porque todos fueron nombres que escogiste y a Ian parece gustarle.
Wally se paso la palma de la mano por la cara, a veces Bruce podía ser absolutamente tierno y otras horriblemente ridículo, conteniendo otro grito de desesperación y lagrimas de frustración. – ¿Y Wallace? – repitió agotado.
- Yo quería que llevara tu nombre – mirando al peli rojo, el arrepentimiento se filtro en el rostro de Bruce – Puedo ir a cambiarlo.
- No, no. Así déjalo, toma mucho tiempo ir al registro para modificar datos de identificación. – masajeo su sien, recargándose en la pila de almohadas en su espalda – El lado bueno es que Nicki tendrá varios apodos, lo malo… nos odiará en preescolar. – rio, compartiendo una sonrisa tensa con Bruce.
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Fin.
Imaginemos un bello y encantador retoño entre Wally y Bruce… ¡Seria adorable, maldición!
El nombre más largo que he inventado hasta hoy, Ian Tobías Nicholas Anthony Wallace West, lo que es Nicholas Anthony ya estaba planeado, pero quería uno que fuera co por Thomas e Iris… jajaa el Wallace lo agrego una amiga… por diversión. En general es una terrible broma al hecho de los nombres largos y de dos, usualmente en mi país se les ponen dos nombres a los hijos y en este caso, quería que fueran dos por Wally, ya saben Wallace Rudolph West y efectivamente tiene dos con tres más.
Y ahora Damian es el hermano mayor.
Últimamente he estado re analizando la relación romántica en el shippeo de Dick y Damian y llegue a la conclusión d que los sigo amando juntos, salvo por las veces que hay fics que se ponen intensos con lo cual me dan miedito, jajajajajaja. Quizás escriba algo bonito de esos dos como hermanos y menos romántico, por tanto, este fic sirve para catapultarme a la relación de brothers y quizás con el resto de la batfamily UvU.
Posdata: El nombre "Martha" quedo descartado por obvias razones.
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
