Las novelas, distan mucho de la realidad, pero fue en ese momento que lo pensé por primera vez, mientras ante mis ojos, se desbordaba el desastre, el caos, la vergüenza y la crueldad, unidas en un solo lugar, para recordarnos a los hombres que no somos dignos, que no importa cuanto nos esforcemos, hay límites que no deben ser cruzados.
Aquella era la cara de la deshonra, plasmada en sus ojos, ojos que no se apartaban de la mirada del otro, como si buscaran en ellos mismos la fuerza que sabían que nadie más estaba dispuesto a brindarles.
Le vi tratar de acercar su mano hacia ella, pero las esposas le impidieron hacerlo, mientras gigantescas cadenas le mantenían adherido al suelo. Ella sonrió, mirándole con melancolía, sabiendo que aunque era el adiós no tenían derecho a despedidas.
¿Cuál era ese crimen tan horrendo? ¿Cuál fue el pecado imperdonable? ¿Era tan malo amar con tanta fuerza? ¿Era pecado enamorarse? Al parecer sí, pues era la causa de su pena y su castigo.
Pero ninguno pidió perdón, ninguno bajó la cabeza. Ambos fueron apresados juntos, fueron encerrados en la misma celda por días, atados en paredes opuestas. Solo debían jurar lealtad a su tierra de nuevo, traicionarse entre ellos, entonces, uno saldría perdonado y el otro sería condenado, pero desistieron. Al final, a espera de que aquella única salida les amedrentara lo suficiente para que dieran el paso, les amenazaron, les torturaron, les separaron y finalmente, su ejecución anunciaron.
El horroroso día llegó, el sol brillaba en lo alto, con fuerza, cómo si nadie, ni siquiera el cielo les guardara luto.
Seguían mirándose en el centro de aquella plaza, en la que una vez fue condecorado y hoy, por amar, entre todas a ella, cerraría sus ojos por última vez. Al menos le habían concedido morir a su lado.
Al verles inmersos en la mirada del otro, cómo si la fuerza que necesitaban para soportarlo todo estuviera ahí, en los ojos del otro, quise correr, quise detener aquella locura. Quise salvarles, ¿pero cómo? Nadie escucharía razones, no las escucharon antes, y no las escucharían ahora.
"Te amo", parecía ser la frase que salió de sus labios y ella le respondió con una sonrisa. Él devolvió aquel gesto, sabiendo que sería el último.
Cerró los ojos, al ver que el verdugo se acercaba y ella lo imitó.
La sangre que había salpicado, cubría su rostro, pero él ya no quiso abrir los ojos, sabía lo que ocurría frente a él, sabía que ella había sido decapitada, y él sería el siguiente. Respiró profundo y sonrió, sonrió con los ojos llenos de lágrimas, gruesas y cargadas de dolor que rodaban por sus mejillas. Al menos él había llorado su muerte.
El hacha dio un segundo corte.
Yo corrí. Recuerdo haber escuchado los gritos de celebración por la muerte del "traidor".
Ese día, odié todo cuánto había conocido. Pues, aquel que siempre dio la vida por Demacia, fue asesinado, por esas mismas manos que había cuidado.
"Castigo ejemplar, para quién se enamora lejos del hogar."
El mismo día, abandoné Demacia.
Luxana Crownguard.
La carta fue doblada nuevamente y por la ventana divisó la que ahora era su nueva discípula. Sangre joven, llena de odio, rencor y deseos de venganza. Sería su nueva arma, cuando volvieran a enfrentar a Demacia.
Hola!
Yo soy Nozomi-chan y espero hayan disfrutado ésta corta historia, sobre Garen y Katarina... si su amor fuera real, y si fueran descubiertos... ¿ocurriría algo así? Bueno, exceptuando a Luxana dejando Demacia, creo que serían condenados... pero bueno, espero la hayan disfrutado... Un abrazo.
