Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Universo Alterno (AU)| Uso descarado delOoC| Erwin x Levi unilateral| Amores infantiles| Ereri |Plot twist
Nota: FanFic de la trilogía para el #Happy Halloween de este año. Dedicado a LunadeAcero en honor a su magnífico Fic. Te luciste, manta.
Espero disfruten la lectura. No olviden dejar sus review, tomatazos, folow, favorite o sus cartas bombas.
Las amo.
Por favor lean las notas finales.
Amarillo
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. l .
El profesor Ackerman enseña literatura en la escuela Eldian. Es muy querido por sus estudiantes y sus compañeros de trabajo. Es el más joven del cuerpo docente. No más de 22 años. Recién salido de la universidad. Pero ha estado dando clases desde los 19, cuando fue pasante. Se desempeñó tan bien que le ofrecieron el trabajo para en cuanto saliera.
Él es un gran maestro. Amable y comprensivo. De estatura baja, cabello oscuro y piel blanca. Parece una luna en medio de una noche sin estrellas.
Es sencillamente encantador. Que de solo verle uno querría quedarse en su clase para siempre.
Erwin Smith, de 11 once años piensa esto, sentado en su pupitre en la primera fila, observando al señor Ackerman escribir en el pizarrón. Hay nubes, arcoíris y mariposas volar alrededor de él.
Precioso. Precioso.
Erwin lo ama. Literatura es su clase favorita. Y sueña que cuando sea mayor será escritor, uno famoso y exitosos; y se casará con el profesor Ackerman porque ambos comparten el amor por las letras. Serán felices y plenos.
Es un sueño infantil, le dice su madre cuando él llega sonriente a casa, con su A+ por su último ensayo y con los halagos por su "brillante escritura" que el señor Ackerman le ha dado. Tiene las mejillas sonrosadas y los ojos como girasoles; y también tiene una sonrisa jocosa porque recuerda como Eren, el alborotador de la clase, fue otra vez castigado sin recreo por no llevar el suyo.
Erwin no entiende cómo es que Eren dice que literatura es la peor clase del mundo. Aburrida, aburrida, repite. Erwin infla los mofletes, rojo de enojo y le amonesta a la salida diciéndole que está mal y que Literatura y el señor Ackerman son geniales. Eren le saca la lengua y le dice que es un ñoño idiota, le da un empujón y sale a la carrera para ir con el bravucón de su hermano, Zeke, que está en la secundaria y siempre lo pasa sacando.
El profesor Ackerman que diariamente junto a los otros maestros despide a los niños, los ve y niega. Erwin como hace todos los días, se regresa y le dice que está bien, que le agradece por ser un buen niño, y revuelve sus rubios cabellos sonriéndole cálidamente.
El corazón de Erwin se llena de amor cada vez más.
El año escolar termina y Erwin se entristece por eso un par de semanas. Luego se anima diciéndose que es solo un paso más cerca de cumplir su sueño.
Los años pasan, y Erwin crece, pero siempre flota alrededor del señor Ackerman en el recreo. Él su pequeño amigo, le dice el mayor y Erwin es muy feliz. Luego llega la secundaria y ya solo puede verlo cuando pasa por allí al final de clases. Le saluda desde afuera, y el profesor le responde con cariño.
La universidad acaba incluso con eso. Pues se va a estudiar al extranjero, y aunque la distancia pone un abismo entre ellos, Erwin siempre lo piensa. Su amor y su sueño se mantienen. Solo que al final él no se convierte en escritor sino en abogado. El tiempo pasa y para cuando se da cuenta han pasado quince años desde el nacimiento de tal deseo. Así que decide regresar. Toma un viaje en avión sin retorno, se guarda un anillo en el bolsillo y un ramo de rosas en la mano.
Ha crecido, es alto, guapo y elegante, más con su traje azul de cuatro piezas, zapatos finos y el pelo bien arreglado.
Consiguió la dirección de su antiguo maestro y fue a buscarlo dispuesto a iniciar ese camino a la felicidad, junto al hombre que ha amado casi dos décadas.
Es el profesor Ackerman quien le abre la puerta. Trae una bebé rubia en los brazos que rasponea sus clavículas mientras succiona su biberón.
El corazón de Erwin se derrumba.
—¿Sí? —pregunta el señor Ackerman viéndole de arriba a abajo, con el rostro en un rictus extraño de búsqueda en su cerebro.
—Profesor Ackerman —alcanza a hipar antes de que la expresión de Levi se iluminé reconociéndolo.
—¡El pequeño Erwin! —suelta emocionado, y de repente hay una voz a su espaldas.
—¿Quién es, bebé? —dice un hombre de cabello castaño y ojos verdes e intensos —. Ohh, el ñoño del cejas —suelta una risilla y Levi lo regaña por su comentario.
Erwin reconoce al hombre al instante. Es como un deja vú.
Eren Jeager, el alborotador que odiaba la clase de Literatura y le hacía muecas al señor Ackerman cuando daba la espalda. Ese, que ahora era el hombre que ocupaba su lugar. El indigno que le había robado su sueño.
Permanece paralizado durante un largo segundo, hasta que el señor Ackerman le despierta diciéndole que si gusta pasar a tomar una taza de té. Él niega, lo rechaza, diciéndole que como estaba de regreso, visitando a su madre en la ciudad, quiso llevarle unas flores en agradecimiento por todo lo que había hecho por él, pero que no se puede quedar mucho, pues su tiempo es corto, y los negocios y eso. Que tiene que partir misma noche. El señor Ackerman recibe sus flores con esa sonrisa por la que Erwin ha estado suspirando años. Le dice que no hay de qué, que lo hizo con sinceridad y cariño. Erwin asiente, una sonrisa agradable y falsa en los labios, y después escapa a paso apresurado.
Más tarde en un bar de mala muerte ahoga sus pesares entre alcohol, cigarrillos y una charla patética con el cantinero, expresando su amargura y aseveraciones de que él sería lo mejor para su antiguo maestro. El hombre, llamado Jean, se ríe un poco, y le suelta que es tonto de su parte, pues las cosas han pasado, y la historia de Levi y Eren, es casi considerada una de esas historias de cuentos de hadas moderna en la ciudad.
—Déjalo estar, hombre. Es el destino —le dice Jean, dándole unas palmaditas a la vez que le llama un taxi que Erwin rechaza —. Ve a casa —le aconseja el cantinero y él enfurruñado le hace caso.
Pero Erwin no va a casa. Bajo un farol se queda, con los hombros encorvados y los ojos enrojecidos. Mil pensamientos anidando y revolviéndose en su cabeza.
Son las 9:45 cuando sus pasos hacen un eco hueco en la calle vacía. Una luminaria titila mientras él se encamina sobre la acera, dos cuadras más abajo la casa del señor Ackerman tiene las luces encendidas en el interior.
—El destino —va diciendo, recordando las palabras del cantinero —. Él robó mi destino, así que yo lo tomaré de vuelta —termina, y una sonrisa larga y ancha se desliza en sus labios.
Hay un revolver escondido en su cinturón, tras su espalda.
Su sonrisa que vuelve profunda y cruel al estar frente a la puerta que horas antes abandonara con el corazón roto.
...
Nota final:
Amarillo es por el jinete del Apocalipsis: Muerte.
F por el Erwin.
Mis plot twist están pendejos.
Gracias por leer.
