Allí estaba, a su merced, el niño mimado de la casa Slytherin, el que permitió que los mortífagos entrasen a Hogwarts, el que se refería a ella como asquerosa sangre sucia.
Todo sucedió de prisa, un instante estaba practicando con los niños y al siguiente vio aparecerse 6 siluetas, todas con capas negras, intentó pensar rápidamente en una vía de escape, sin embargo, Morgana le aseguró que ellos podrían defenderse, ella era la que no podía ser encontrada. Confiaba en la capacidad de los que se habían convertido en sus discípulos, dos años de entrenamiento a los más antiguos los habían transformado en magos de primera a pesar de su corta edad.
Decidió ocultarse en las sombras, alerta, la varita preparada para salir en caso de ser necesario, pero eso no hizo falta, los niños la hicieron sentirse enormemente orgullosa, habían logrado hacer retroceder a un grupo de élite y tenían retenido al jefe. Era su turno de entrar en escena.
La expresión de Malfoy fue un poema, era claro que no daba crédito a sus ojos, todos pensaban que Hermione Granger estaba muerta, seguramente pensaría que se había topado con un fantasma.
Vio sus últimos momentos de lucidez antes de desmayarse por el dolor. Se agachó a su lado y comenzó a recitar el hechizo que le salvaría la vida, había escuchado a Snape cuando lo estaba utilizando en esta misma víctima hace tantos años atrás. Lo había captado a la perfección, aunque pareciese imposible, era un rezo largo, en un idioma extraño, como el cántico de seres que no pertenecían a esta realidad.
Una a una las heridas se fueron cerrando, detendiéndose el sangrado, estaría inconsciente un par de horas hasta que recuperara total y completamente las fuerzas, Hermione lo levitó hasta la cabaña que compartía con Morgana, Gilbert y Jackson, los 3 mayores, lo dejó sobre la cama y le sacó las prendas ensangrentadas, cubriéndolo con una sábana le permitió descansar.
-Señorita Hermione, ¿Por qué no lo asesinó?
-Esta, mi querido Gilbert, es la lección de hoy, en el combate no te puedes dejar llevar por emociones y sentimentalismos vanos, has de mantener la mente clara y el corazón frío, analizar la situación y ver de qué manera puedes sacarle mayor provecho. En este caso, Draco Malfoy, nos sirve más vivo que muerto.
El chico asintió y salió del lugar, dejando a Hermione sola con aquel joven a quien parecían haber perdonado los años, estaba igual que cómo lo recordaba, su piel pálida, su figura delgada, su cabello ya no estaba peinado a la perfección, los mechones caían por acá y por allá, cinco o seis centímetros más largo de lo acostumbrado. Quizás lo que más la había impactado eran sus cicatrices, aparte de los 2 sectusempra, tenía varias más dispersada por el torso y las extremidades, un par parecían hechas con armas blancas, eso sumado a las ojeras bajo sus ojos la dejaban saber que para él aquellos cinco años tampoco fueron un paseo por el parque.
El blondo se retorció en el incómodo colchón y Hermione se sorprendió, apenas habían pasado 20 minutos desde que se desmayó, era imposible recuperarse así de rápido.
Para un mago normal tal vez, para Draco Malfoy aquello era otro día de trabajo, todo le dolía así que intentó moverse lo menos posible, sus ojos se abrieron de a poco acostumbrándose a la tenue iluminación del lugar en que se encontraba. Imágenes inconexas de sus últimos recuerdos flotaban en su mente, se giró un poco a la derecha y volvió a verla, Hermione Granger, no fue una alucinación, la sangre sucia de Potter estaba viva.
-Te recuperaste pronto, Malfoy.
-Uno pensaría que dado nuestro pintoresco pasado me dejarías morir.
-Estoy segura de que mi reputación me precede, sería incapaz de dejar morir a una mosca.
-¿Ni siquiera a Voldemort?
-A él no lo dejaría morir, lo mataría ¿entiendes la diferencia?
Hermione acercó su silla a la cama y miró detenidamente el rostro de Malfoy, ahora estando despierto, estaba casi igual, exceptuando los ojos, ahora tenían un tono demasiado frío, marcas visibles en el entrecejo por fruncir el ceño.
- Los años no te han tratado bien.
-No serás tú quien me diga eso, sangre sucia, ¿acaso te has visto en un espejo?
Hermione Granger estaba cambiada, ya sus ropas no eran holgadas, lo que se podía ver de su piel estaba llena de cicatrices, algunas ya cicatrizadas, otras más recientes, su rostro no reflejaba inocencia, su barbilla se mantenía en alto, desafiando, sus ojos no conservaban la calidez de antaño. Estaba en buena forma física, los músculos de su abdomen incluso se marcaban, su cabello incluso más desastroso que en el colegio. Ya no era el cerebrito de Hogwarts, era una guerrera.
-Yo siento que he mejorado la verdad. Bien Malfoy, acabemos con la plática de alcoba, vamos a hablar de negocios.
-¿Qué mierda te hace pensar que haría cualquier trato contigo?
-Cuida tu lenguaje, hay niños allí fuera. Como yo lo veo, ahora mismo no tienes muchas más opciones que oír mi propuesta, en mi posesión están tus ropas y tu varita, estas bastante indefenso.
Sólo en ese momento el blondo fue consciente de su desnudez. Se incorporó en la cama, dejando caer la sábana hasta la cintura, esperó oír alguna expresión puritana de la castaña, pero ella se limitó a mirarlo con aburrimiento.
- Si me niego a oír tu propuesta o a aceptarla ¿qué pasará?
- Es sencillo, morirás en manos de una sangre sucia, puedo ser yo, amiga del gran Harry Potter, o puede ser Morgana, una niña. En cualquiera de los dos casos tú morirías con la autoestima de los Malfoy minada.
El rubio resopló -¿Qué quieres Granger?
-Un aliado.
-Pues busca entre los animales del Bosque uno que te quiera ayudar.
- Lo hice, me decanté por el hurón.
-Maldita...
- Si, si, maldita sangre sucia, la misma que no han podido atrapar en cinco años. Lo que necesito Malfoy es que me metas en la guarida de Voldemort.
-¿Qué te hace pensar que yo sé dónde se encuentra?
-Estoy bastante segura de que no olvidaste la dirección de tu casa.
-¿Cómo lo...- la ubicación del Señor Oscuro se había mantenido en completo secreto, algunos pensaban, incluso, que estaba fuera del país.
-¿Cómo lo supe? No tenía ni idea, pero tu reacción me dio la respuesta que necesitaba. Necesito que me cueles en Malfoy Manor.
-¿Para qué?
-A partir de ahí ya no es problema tuyo.
-Mínimo necesito saber tus intenciones antes de invitarte a mi casa.
-Me ofende la duda en tu tono Malfoy, pareciera que desconfiaras de mí, siendo nosotros amigos de la infancia.
-Me mata su sarcasmo ratón de biblioteca, en serio me mata.
-Te lo voy a poner simple, te salvé la vida, me debes un favor, y me lo vas a pagar de esa manera.
- No te debo nada, maldita sangre sucia, me salvaste porque te dio la gana, yo no te lo pedí.
-Que mal agradecido me salió el rubiecito.
-Bastante.
-Mira, no es mi intención retenerte aquí mayor tiempo del necesario, en cuanto me prometas que me vas a pagar el favor te dejo libre para que te reúnas con tus amiguitos mortífagos.
-Bien, te meteré en la mansión, pero no te voy a esconder, una vez que te deje en la propiedad estas por tu cuenta.
-No me esperaba menos.
-¿Ya nos podemos ir?
- No, no, verás, necesito confiar en tu palabra, cosa que no hago, así que mejor pactarlo con un juramento inquebrantable- la ex Gryffindor le hizo un guiño y llamó a Jackson, quien, recitando las palabras que Hermione le iba diciendo, cerró el trato.
Draco por supuesto se opuso en principio, pero sin tener su varita le era imposible hacer algo.
-¿Ahora sí o necesitas preparar maletas?- preguntó el de cabello platinado una vez que Hermione le entregara su ropa y su varita.
- No te des el lujo de equivocarte ni por un minuto, Malfoy, yo no iré contigo ahora mismo, tengo cosas importantes que hacer, cuando esté lista te lo haré saber.
Ya vestido y con la varita en mano se acercó a la chica y encajó la punta de su varita justo en la mandíbula de la chica.
-Te equivocaste de rehén Granger, conmigo esas cosas no van, no voy a traicionar a Voldemort como lo hicieron...
-Expulso- el pedazo de madera salió volando, Draco intentaba hallar con la vista el objeto de madera de la castaña, pero jamás lo vio.
- No necesito una varita para canalizar mi poder, dejé de usarla hace años atrás.
Eso dejó momentáneamente mudo al Ex Slytherin, pocos magos habían llegado a semejante punto de poder.
-Recoge la varita y vete Malfoy, no sabrás de mí hasta que te mande un lechuza donde te avise que estoy lista.
El chico asintió una vez más antes de retirarse, dejando a Hermione sola con sus pensamientos.
Justicia, ella conseguiría justicia.
