Capítulo 3:

Bella P.O.V:

Desde hacía algún tiempo había aprendido que no debía llorar.

Las lágrimas son un signo de debilidad y yo no debería mostrarme rota y quebrada ante nadie, nunca más. Ni siquiera estando sentada en las escaleras exteriores de mi casa me permití liberar mi frustración, a pesar de tener ganas de agarrar todo y romperlo con patadas.

Mi vida era un triste círculo, como un eclipse… Todo era luz, todo era felicidad y de repente venía algo oscuro y opacaba mis sentimientos, hasta que se retiraba dejándome brillar de nuevo, pero amenazando con su próximo regreso.

Creí que las almas de mi madre y mi hermano descansaban finalmente en paz, creí que para Charlie solo existiría una celda para pagar todos y cada uno de sus pecados, inclusive pensé que mi vida se vería limpia por un tiempo, pero todo había sido solo una triste ilusión.

Cabía la posibilidad de que mi padre hubiese ocasionado la muerte de su esposa y de su hijo. Eso solo serviría para agravar su pena en la prisión (cosa que me haría sentir realmente satisfecha), pero solo había una forma de demostrar que tan cierto era eso y las pruebas solo las tenía yo dentro de mi memoria.

La luna brillaba rodeada por miles de estrellas, calmando un poco mi furia contenida.

La única manera de que se hiciera justicia era removiendo imágenes de mi pasado, y eso era algo que me producía pánico de tan solo pensarlo. Sabía que dolería y mucho, pero era mi única opción de momento.

Suspiré y comencé a tomar mis bolsas una por una, dispuesta a entrar a mi departamento. No podía quedarme estancada en el tiempo, la vida continuaba y me arrastraba hacia delante, junto a ella.

Al segundo de abrir la puerta de la casa, una luz de la lámpara de la sala me golpeó de lleno y me obligó a entrecerrar los ojos hasta acostumbrarme a la claridad.

En el enorme sofá que antes había estado en mi casa se encontraba un adormilado Edward, incómodamente acostado con el celular apretado fuertemente a su pecho y una mueca de preocupación en su rostro.

De inmediato me sentí culpable.

A pesar de ser muy tarde para solucionar las cosas, encendí mi móvil y me encontré con 43 llamadas perdidas de Edward, y 15 mensajes rogándome que por favor lo atendiera.

Con el enojo de Tanya y la salida con las chicas me había olvidado completamente de avisarle a mi adorable novio que me iría, y él preocupado había intentado comunicarse conmigo a pesar de que yo simplemente lo había ignorado.

"Eres una tonta, Bella", me murmuró mi conciencia mientras dejaba todo desparramado por el suelo y me acercaba torpemente al sillón.

Poco me importaba la ropa en ese momento…

-Edward, susurré en silencio mientras acomodaba uno de sus mechones de color bronce que había caído sobre su frente. –Ed… Despierta, ya estoy aquí.

Un segundo después, los hermosos ojos de mi novio comenzaron a abrirse y me observaron somnolientos hasta que finalmente él reaccionó y me estrechó con fuerza entre sus brazos, como si se le fuera la vida en ello.

-Bella, susurró en mi cabello mientras me repartía besos por doquier. –Nunca más, oíste? Nunca más vuelvas a hacerme esto.

-Lo lamento tanto, estabas tan ocupado y las chicas aparecieron y… No quería interrumpir nada.

Él suspiró tranquilizándose y me subió al sofá, acomodándome sobre sus piernas. Escondí mi cabeza en su cuello y le di un tierno beso ahí, embriagándome con su aroma personal mezclado con menta y algo más que no supe definir pero que olía delicioso.

-Casi me vuelvo loco buscándote… Recorrí todos los lugares de Cambridge enloquecido, temiendo que algo te hubiera sucedido. Casi me quedo calvo de tanto jalonearme el cabello pensando en que alguien podría haberte herido… O algo peor.

Reí levemente y llevé mis manos hasta su cabeza, acariciando sus suaves cabellos mientras intentaba relajarlo. Su corazón latía desbocado chocando contra mi propio cuerpo y eso no le haría nada bien.

-Estabas entretenido con Tanya, Rose y Alice estaban apuradas y pensé que no te asustarías si me iba con ellas, susurré asqueada. De tan dolo pensar en la patética rubia siliconada mi estómago se revolvía con odio.

Él se sacudió algo molesto y tomó mi rostro con sus manos para que lo observara directamente a sus hipnotizadores ojos. Una tierna sonrisa de apodero de sus labios.

-Estás… celosa?

-NO!, grité intentando defenderme pero era en vano. Estaba verde de los celos. Edward rió entretenido y luego de calmarse me dio un casto beso en los labios, como pidiendo perdón por burlarse de mí. –Tonto…

-No me cansaré de repetirlo… Tanya es solo parte de mi lamentable pasado. Me ocupé de aclarárselo y a duras penas consiguió entenderlo. Le dije que mi presente y futuro solo existirían si tú estabas a mi lado, y que sin ti mi vida continuaría siendo el falso cuento de hadas en el que antes vivía. Quiero que sepas que tú eres mi complemento, nunca podre alejarte de mí, solo me iré si tú me lo pides. Pero de lo contrario estaré siempre a tu lado, orbitando alrededor tuyo como la Tierra al Sol. Te amo…

Sus palabras tocaron mi corazón, alejaron mis inseguridades y me devolvieron aquella paz que solo él podía darme.

Lo amaba tanto que sentía mi cuerpo estallar cuando estaba junto a Edward. Era una perfecta droga para mi, mi media naranja, mi mitad, el dueño de mi vida entera.

Porque sin él yo seguiría siendo la tonta Bella, la mujer que nunca en su vida habría conseguido amar a alguien. Sin él… Continuaría hundida en mi eterna oscuridad.

-Tú me diste alas para volar, Edward. Para superar mis propios temores. Nunca te alejaré de mí porque eso solo significaría destrozarme a mí misma, y yo no soy tan masoquista como para provocarme semejante daño. Sabes que te amo, más que a nadie en todo el mundo pero por si aun necesitas oírlo lo repetiré todas las veces que quieras… Te amo, te amo, te amo.

No me había percatado de ello pero los labios de Edward se encontraban presionando fuertemente los míos, enviando descargas eléctricas a todo mí ser.

Su boca se movía lentamente sobre la mía pero con precisión como si fuera un experto en eso, llevándome al cielo y luego a la Tierra de nuevo.

Pude sentir sus manos viajando desde mi cuello hasta mis brazos para luego posarse encima de mi cintura donde aplico una presión demandante pero sensual, provocándome escalofríos.

Me sentía toda una adolescente cuando estaba a su lado, con todas las hormonas a flor de piel.

Su lengua delineo mis labios buscando profundizar el beso, pidiendo un permiso que yo le concedí encantada. Su sabor era delicioso y adictivo… Me volvía completamente loca.

Pero entonces, al igual que siempre, cuando la pasión era demasiada y sentía mis venas a punto de reventar, Edward disminuía sus caricias hasta quedar simplemente en el punto de partida, dándome corto besitos en los labios.

Suspire frustrada y me cruce de brazos, observándolo totalmente fastidiada.

Necesitaba más, quería mas, mi cuerpo me lo pedía a gritos…

-No me mires así, dijo Edward riendo mientras levantaba sus manos en el aire como si fuera inocente de sus propios actos. –Es tarde y mañana hay Universidad.

Bufe poco complacida por sus palabras mientras asentía rendida. Él tenía razón.

-Siempre pones escusas… No sé de donde las sacas, eres un maldito genio, le dije sacándole mi lengua mientras me levantaba del sofá y comenzaba a recoger mis bolsas dispuesta a ordenar mi nueva ropa.

Necesitaba apagar el fuego dentro de mí, porque de no hacerlo, terminaría arrojándome encima de él y luego sería llevada a tribunales por violar a mi sensual novio.

-Así que Rose y Alice, eh?, pregunto el apoyándose en el marco de la puerta de mi cuarto, luciendo endemoniadamente sexi.

Gruñí sofocada.

-Te dejaron saludos.

-Y a que vinieron? Dudo que hicieran un viaje tan largo solo para ir de compras aunque viniendo de ellas esperaría cualquier cosa.

Mi corazón comenzó a sentirme muy pesado, demasiado para mi propio gusto.

Había olvidado completamente lo de mi padre…

-Pues… No, no venían solo para… Comprar, le dije sentándome en mi cama con un repentino sentimiento de debilidad bañándome.

Era sencillo olvidarse de la realidad cuando se estaba cerca de Edward.

El noto mi repentina baja de alegría y camino preocupado hasta sentarse a mi lado, observándome seriamente.

-Que sucedió?

Intente explicarle con mis palabras, decirle que mi padre no solo había asesinad a la alegre Bella dentro de mí, sino que también podría ser el culpable de la muerte de mi madre y mi hermano pero mi voz era imposible de pronunciar algún sonido.

Estaba totalmente muerta, por lo que con cuidado tome la carta y se la extendí a Edward, que comenzó a leerla en silencio.

Me sentía espantosamente mal, de nuevo estaba involucrando a mi novio en mis problemas personales, y me sentía como la peor de las personas haciendo eso. Pero él era lo único que tenia, mi único soporte, mi ángel guardián, y si no se lo contaba a él probablemente terminaría sufriendo sola, hundiéndome en mi propia depresión.

-Esto es increíble, murmuro haciendo la carta un bollo y arrojándola a una esquina de mí cuarto. Veía llamas agitarse en sus ojos color esmeralda. –Por qué no se dieron cuenta antes? Es absurdo! Podrían haberse llevado a Charlie años atrás y así tu no tendrías que haber estado pagando las consecuencias de su locura por tanto tiempo!

-No lo sé, dicen que encontraron nuevas pruebas y que solo yo puedo ayudarlos. Tengo miedo…

Me dolía en el alma tener que admitir eso… Mi novio me observaba furioso a un lado, pero realmente no me observaba, tenía su mirada concentrada en un punto de la pared, pensando en algo. Suspire…

-Edward…

-Voy a matarlo… Te juro que lo matare y no me importan las consecuencias voy a acabarlo con mis propias manos.

-No, murmure derrotada. Lo había conseguido, había involucrado a mi inocente novio en problemas totalmente ajenos a él. –La justicia se ocupara. Debo viajar a Forks para hablar con la policía, de seguro van a preguntarme cosas de esa noche… Sé que será malo para mí y que terminare sufriendo, viviré lo mismo que hace años atrás pero no importa, de cualquier forma…

-Iré contigo, dijo secamente mientras se levantaba de mi cama rumbo a su cuarto, que estaba pegado al mío. Corrí detrás de él rápidamente y lo alcance justo a tiempo, cuando comenzaba a bajar las maletas de su armario.

-No, no puedes…

-No voy a dejarte sola ahí, estás loca si crees que lo hare.

-No puedes interrumpir tu rutina. Debes ir a la Universidad, estudiar. Es tu sueño, nuestro sueño… Allá tendré a Rose, Alice y los chicos, ellos van a apoyarme pero no puedo obligarte a ir conmigo, no cuando tu lugar es aquí…

-Mi lugar es donde tu estés!, grito repentinamente consiguiendo callarme de inmediato. Su furia hacía estragos en mi conciencia.

-No puedes hacernos esto, sabes que tienes que quedarte.

-No quiero que estés sola! De tan solo pensar en lo que te harán allá se me revuelve el corazón. No me perdonaría el abandonarte en ese lugar, lleno de recuerdos que no te harán bien.

Sentía una nube de amor tan grande por Edward en ese momento que me sentía morir. Acaso había alguien más perfecto que él en el mundo? Lo dudaba.

Pero era momento de que hiciera las cosas por mí misma. Odiaría hacer eso, me odiaría por hacerlo sufrir, pero era lo que debía hacer. Edward no sabía lo que decía, estábamos en la etapa más importante de la facultad y no podía permitir que la abandonara. Su sueño era ese, y no tenía nada que ver con mis problemas. Hablaba solo porque estaba cegado por la furia, tomaba decisiones guiándose por ese sentimiento.

Sería un sacrificio enorme ocasionar una pelea con él, mi corazón se destrozaría y lloraría toda la noche, eso era seguro pero debía esperar a que la mente de Edward se calmara para que pensara fríamente, y en aquel momento era la única idea que se me ocurría.

-Te prohíbo que vayas conmigo!

-No puedes prohibírmelo, dijo el riendo irónicamente mientras comenzaba a arrojar ropa dentro de la maleta.

Trague fuerte, tome aire y simplemente lo deje ir.

-Estos son mis problemas Edward, los resuelvo yo sola. No quiero tu ayuda en esto, mañana partiré a Forks y tú te quedaras aquí, de lo contrario te prometo que te arrepentirás de no haberme hecho caso. Espero que te quede claro, tu situación actual es aquí y la mía es del otro lado del mapa. Tomare un vuelo y regresare en una semana. Toma la decisión que quieras, pero me sentiría decepcionada si decides acompañarme.

Como lo había esperado, él se detuvo de lo que estaba haciendo y me observo extrañado por mi actitud. De seguro estaría furioso conmigo para el amanecer.

-No puedo creer que seas tan egoísta.

-Egoísta?, le pregunté sin creerme sus palabras. –Egoísta por intentar que continúes con tu vida? Por tratar de no involucrarte en mis problemas? Si para ti eso es ser egoísta, toma un diccionario y relee la descripción, le grite y luego me encerré en mi cuarto de un portazo.

Mi corazón dolía, dolía como el demonio pero sabía que había hecho lo correcto. Luego ambos lo agradeceríamos.


Ok, antes que nada… NO SE ENOJEN CON BELLA POR FAVOR! No sé si me explique bien, pero Edward al estar tan enojado por lo de Charlie no pensaba claramente, y si se iba con ella perdería las clases más importantes de su carrera, por lo que Bella ocasiona la pelea para que el prefiera quedarse y de ese modo no rompa su sueño. Ella sacrifica sus sentimientos para que Edward luego no se lamente de sus decisiones. Ahora sí, miles de gracias por los reviews! Y quería pedirles un favor muy especial, si quieren podrían pasarse por mi nueva historia que se llama "Siempre a tu lado", es lo único que les pido como escritora. Gracias.

Felices pascuas!