¿Cómo es posible que un tercero pueda crear el final feliz de otras personas?

Las novelas de amor suelen ser entre dos, y no hay nadie más que se involucre, además del escritor, ya que son ellos quienes crean toda la historia.

¿Cómo puedes meterte en los sentimientos de las demás personas? ¿no es ese un tema muy complejo?

¿Quién eres para meterte? sólo una estudiante más de la misma escuela. ¿Crees que tienes el derecho de siquiera intentarlo?

"Es un juego que se trata de juntar personas, así como cupidos. Será perfecto si descubres que esas dos personas no son pareja real, y si quieres que ellos tengan una real historia de amor de secundaria".

¿Por qué esa idea le gustaba tanto? ¿qué tenía de bueno? ¿por qué se sentía tan emocionada?

Muchas voces a la vez, todas diciendo miles de cosas que Miku no podía ni reconocer, mientras su corazón latía a mil por segundo. Era un total lío dentro de sí misma, así que se dio un tiempo para ordenar sus pensamientos y buscar la voz de la razón. Por mientras quedó en silencio.

Si va a responder algo, entonces tiene que ser lo mejor; no puede equivocarse en algo como eso. Se trata de una decisión que podría cambiar el rumbo de su vida.

Miraba el suelo como si este le fuera a responder algo, sin pensar que, si se demoraba, Teto podría terminar aburriéndose. Además, el timbre había tocado y todos estaban saliendo para disfrutar el primer recreo del año. Por supuesto que la pelirroja no podía seguir esperando a que se le derrita el trasero esperando respuesta.

Volteó excéntricamente hacia el frente y comenzó a guardar sus cosas, mientras dejaba que la chica rara siguiera pensando.

Una vez lista, se puso de pie al lado suyo.

—Tiempo agotado. —Y, dicho esto, siguió su camino hacia la puerta.

Miku se demoró unos diez segundos en reaccionar.

Apenas lo hizo, dio un salto y corrió hacia la puerta, pensando en perseguirla.

—¡K-Kasane, no te vayas!

Miku extendió su mano intentando alcanzarla, sin embargo había salido muy rápido y la distancia era mucha. Quedó con la respuesta en la punta de la lengua, respuesta que se había demorado mucho en pensar.

¡¿Y si ya era demasiado tarde?!

¡Ay, ay, ay! ¡Tal vez ya no podía jugar al juego por demorarse tanto!

—Soy un fracaso —murmuró con desánimo, arrastrándose por el suelo.

Tenía la oportunidad perfecta y la había desaprovechado. ¡Siempre desaprovechando todo! ¿Ahora cómo podría decirle a Teto que quiere jugar con ella? ¿qué haría con esa linda pareja para que queden juntos? ¡Estaba demasiado muerta para pensarlo! ahora prefería descansar en paz con la cara en el suelo.

—¿'tás bien?

Miku miró rápidamente hacia arriba.

—¿Gumi?

Confusa, la de ojos turquesas se encontró con los de su mejor amiga, y se quedó en el suelo, dándose cuenta de lo que había alrededor y que se había tirado en el suelo como una dramática.

Su otra amiga entró a escena, y, llena de preocupación, le ofreció la mano para que se ponga de pie.

—Ponte de pie, Miku. ¿Qué hacías en el suelo? ¿te quieres enfermar?

—Yo... yo...

—Acabo de ver a Teto salir —comentó Gumi, mirando a sus espaldas—. ¿Tiene algo que ver?

—Umh... sí —musitó la peli-turquesa con semblante triste—. Se fue sin decir nada.

—¿Cómo? ¿por qué? —Luka dio un paso frunciendo el ceño—. ¿Te hizo algo?

—Nada en especial.

—¿A qué te refieres con nada en especial?

¿Podría contarles acerca del juego?

Realmente sería un buen tema de conversación que compartir con sus amigas, y probablemente ellas le ayudarían a encontrar su respuesta, pero...

¿y si era secreto?

No quería meter la pata en donde no la llamaban, así que optó por guardar silencio y no comentar nada al respecto. Luka se quedó esperando que dijera algo, pero no recibió ni un sólo murmuro como respuesta, lo que le dejó entendido que no respondería. Y, aunque eso le molestara, sabía que insistirle a Miku era contraproducente a más no poder, así que no la presionó.

En cambio, miró a Gumi, quien rápidamente entendió la señal y buscó otra cosa qué decir.

—¡Estaba charlando con Luka acerca de que vamos a salir esta tarde!

—¿Qué? ¿ustedes dos? —La de ojos turquesas se giró a verles directamente—. Ah, bueno, que tengan buena suert...-

—No, idiota, tú también —Luka le dio un golpecito, pero con cariño—. ¿Quieres? Iremos de shopping.

—¡Quiero calcetines nuevos!

—Está bien. —Al fin, Miku se dignó a entregar una sonrisa. Luka lo tomó como un gran logro— Claro que quiero ir, ¿aunque no les molesta que tenga que preguntarle a Mikuo?

—Claro que no, está bien. Nosotras te acompañamos.

—¡Vamos contigo!

Con gran agradecimiento, la peli-turquesa les dio un abrazo. Ellas eran un gran pilar dentro de su corazón, y salir después de la escuela todas juntas realmente la ponía muy feliz. ¿Cómo no quererlas si eran tan buenas amigas?

El camino al salón de Mikuo ya se lo sabían de memoria: todos los salones de tercero estaban ubicados en el tercer piso, así que sólo tenían que subir un par de escalones y ya estaban arriba. Luego, caminar hacia el tercero B, o sea el salón en el que se encontraba su hermano.

Pero al llegar a ese salón cayeron en cuenta que Mikuo no estaba allí dentro, lo que significaba que el lugar en el que se encontraba podía ser uno solo, y ese era la clase A.

Las tres chicas se pusieron en la puerta mientras observaban todo alrededor, desde los senpai que se veían mucho mayores, hasta la decoración de la sala que por la ubicación se veía mucho más bonita. Una de las personas que estaba adentro era Lenka, acompañada por un rubio y una peli-azul. Luka se animó mucho al verla ahí y lo primero que hizo fue llamarla.

Inmediatamente, la aludida fue corriendo hacia quien la llamaba. También se veía muy feliz de verlas; al parecer eran cercanas.

—Luka, ¡estás aquí! —Y, junto con un gran abrazo, se encargó de saludarla—. ¡Hola!

Pero esto ya era pan de cada día, y las chicas ya sabía hacia dónde iba.

—¿Cómo lo has pasado estas vacaciones? —pregunta Luka, mirando con una cara desafiante a Lenka.

La rubia se lleva las manos a las mejillas.

—Desearía que el tiempo no fuera tan corto. ¡Imagínate, ya no queda nada para volver a trabajar! ¿No puedes darme una semana más?

—Eres toda una floja, ¡ya tienes que empezar a trabajar! —ríe Luka, revolviéndole completamente el cabello. Miku se alteró, pues así no era la forma en la que se debe tratar un senpai—. Tienes hasta el Lunes, así que encárgate de disfrutar. ¡No te quejes o ya sabes que te irá peor!

—Te odio...

—Ah, eso no dices cuando te doy tu salario.

—Tu abuelo me paga.

—¡Lo mismo!

—¡Uuummmhhhh! —pesca las mejillas de Luka y las comienza a agitar—. ¡A veces olvido que soy mayor que tú! Deberías respetarme.

—Las cosas cambian cuando eres tú quién depende de mí.

Si había alguien quien sabía todos los puntos débiles de Lenka, esa era Luka. Hizo que ella gimiera de dolor y se retorciera, aprovechando eso para reverenciarse. Luka tenía todo el poder sobre ella, y bien que lo sabía.

Al terminar de reverenciarse, la miró con cara de odio y dijo:

—Espero que esto no signifique horas extras para mí, jefa...

—¡Oh! no me des ideas.

—¡Olvida todo lo que dije! —Ansiosamente, le disparó con sus dedos para que ella olvide todo. Luka, en vez de caer al suelo, sólo se rió a carcajadas.

La mayor cambió su expresión a una sonriente, y puso su atención en el escenario frente a sus ojos. No solo estaba Luka: Gumi y Miku también estaban ahí, sus lindas kōhai que lo que más tenían en común era el ser adorables.

—Ah, pero si traías a tus amigas —exclamó Lenka, acercándose a las dos chicas. Ellas saludaron al mismo tiempo, siendo una enérgica y la otra un poco más tímida.

Algo le llamó la atención a la de tercero, y fue el turquesa color de los ojos de Miku. Siempre ha sido igual a su hermano, como una pequeña copia, y eso le encantaba. En sus ojos tenía reflejada la sangre de esa familia, entregando conformidad a cualquiera que los viera, sobretodo a Lenka que lo que más disfrutaba era mirar directamente esas orbes.

Y como ella era su cuñada, sabía perfectamente que no estaba ahí por ella, sino que por su hermano, quien no estaba presente en ese momento.

Antes de hablarle se encargó de acariciar un poco su cabello.

—Tu hermano fue al baño —dijo, acertando justo en lo que buscaba—. Debe estar de regreso, así que puedes quedarte aquí. No te preocupes.

La chica asintió.

—Sí, esperaremos.

Genial.

Para hacer un poco más amena la espera, Lenka pensó que estaría bien hablar de un tema jovial, así que se puso al lado de Luka y comenzó a decir lo primero que se le vino a la mente:

—Y ya empezó este año... ¿creen que será igual de entretenido que los demás? hay muchas cosas que hacer. ¡Una de ustedes puede conseguir novio, y también...!

Lenka detuvo su discurso repentinamente, escuchando el ruido que había atrás suyo.

Gritaban su nombre.

—¡¿Qué?! ¡¿ahora?!—respondió, girándose en ciento ochenta grados. Lo hizo con tal velocidad que su coleta golpeó a Gumi en la cara—. ¡¿Encontraron?! ¡¿en serio?! Uff, estos chicos. —Y devolvió su mirada a las tres chicas con la que estaba hablando—. Lo siento mucho, Rinto y Kaiko me están llamando. Por si no lo sabían, estamos buscando mascotas por internet. Hace tiempo estoy con la idea de adoptar un perrito, así que ya saben, estamos intentando —se rió—. ¡Adiós!

Y luego de despedirse corrió hacia el interior.

—¿Así que un perrito? —Luka sonrió tiernamente.

—Yo quiero buscar una mascota también—respondió Gumi, sin saber si cruzar o no la puerta. Pero Luka se puso entre medio para detenerla, imposibilitando que lo haga.

Miku no dijo nada. No estaba metida en la conversación. Sólo miraba preocupada el pasillo, esperando a que de repente aparezca su hermano, que ya llevaba tiempo demorándose.

Su deseo se cumplió. Una cabeza turquesa destacó entre las demás, dirigiéndose al lugar en el que Miku tanto esperaba.

Aunque al mirarlo fijamente, notó que llevaba un semblante distraído. Confirmó que estaba así cuando, al pasar por la puerta, no se detuvo en ningún minuto a mirar a ninguna de las chicas que estaban ahí. Sólo entró, arrastrando sus pies por el suelo. Luka tuvo que jalarlo de la camisa para que retrocediera y despertara de su burbuja.

—¡Aquí estamos, ciego! —Lo arrastró hacia Miku, poniéndolo justo en frente de ella para que la viera directamente a sus ojos—. Tu hermana te vino a ver. ¿No la notaste siquiera?

—¿Luka...? —musitó—. ¿Y Miku...?

—¡Y Gumi!

—Hola, hermanito. Te quería pedir permiso para salir esta tarde. Iré a Akihabara con ellas.

—¿Con ellas? ¿quiénes? ¿Ellas? —apuntó a Luka y a Gumi.

La pelirrosa frunció el ceño.

—Sí, Luka y Gumi —Miku sonrió. Notaba lo ido que estaba su hermano. Era como si estuviera pensando en otra cosa.

Definitivamente lo estaba.

—Mmmh, bueno —se rascó su cuero cabelludo cerrando los ojos con fuerza. Intentó de esa forma borrar sus pensamientos por unos momentos—. Si son ellas está bien. Pero vuelve antes de las siete, ¿está bien?

—Sí, lo prometo.

—Ok —asintió lentamente, quedándose donde mismo.

Todo quedó en silencio, nadie murmuró ni la mínima cosa, hasta el ruido del viento era más fuerte que sus mismas respiraciones.

Pero gracias a Luka la conversación volvió a ganar volumen.

—No tenemos dinero.

—Luka, no digas eso —la regañó Miku a murmuros. Luka hizo como que no la escuchó.

—¿Cuánto les falta?

—Setecientos yenes.

El hermano mayor de los Hatsune asintió, sacando el dinero de su bolsillo. Ni siquiera se la pensaba, sólo lo hacía, actuando por sus instintos.

Luka sonrió orgullosa por el éxito de su plan.

—Muchas gracias, Mikuo. —Tomó el dinero del hermano de su amiga por sí sola. Él no se dio cuenta, sólo asintió.

—De nada, Miku. Y anda a tu sala. Este pasillo es peligroso para ti.

La de largas coletas asintió, agradeciéndole a su hermano. Esperó un abrazo o algo así, pero él se fue, entrando al salón y plantándola en soledad, olvidándose de su "cuídate, te quiero mucho".

Sus labios temblaron. Por Dios, ¡lo había olvidado!

—Parece que tenía sueño —Gumi se rió, girándose a Miku. La otra sólo asintió, sin decir ninguna sola palabra.

Oh, no. Miku también iba a subirse en su propia burbuja. Tenía que despertarla pronto.

—Están gritando. —Por suerte sí lo estaban—. Viene de por allá, el tercero C.

Gumi se giró frenéticamente a verlos. Miku alzó su vista también.

Un montón de chicas rodeando la entrada de la clase C. Con chocolates en sus manos, flores, regalos, cartas y muchas cosas. Todas parecían muy emocionadas. Y en el medio de ese círculo estaba un alto chico de aspecto muy atractivo.

Hatsune pestañeó con rapidez. Se fijó en el trabajado cuerpo de ese chico, quien era alto y bastante musculoso. Tuvo que subir bastante su mirada para observar su cara. El aparente chico popular se reía. Su sonrisa parecía de menta, y sus mejillas hacían pequeños hoyuelos. También su cabello, que era azul como el mar, decoraba muy bien su aspecto. Al parecer era algo que las chicas admiraban mucho, pues todas lo miraban con cara de enamoradas.

Incluso Luka hizo un comentario al respecto.

—Las chicas se matarían por él.

—Es verdad —musitó Gumi, mirando también—. Es muy popular, ¿no?

Miku asintió y dejó de mirar de inmediato.

—Mejor vámonos —interrumpió, sintiendo algo un poco raro—. Quiero volver al salón.

Luka y Gumi aceptaron, así que se devolvieron todas juntas.

Mientras caminaban, Miku se giró a mirar al chico que había visto antes. Lo contempló un poco más. Se había quedado mirando sus ojos, pero de repente sintió que ellos giraron a su dirección, así que volteó inmediatamente su cabeza. Debió haber sido su imaginación.

—¿Crees que ese perrito esté bien? —preguntó Kaiko, apuntando a la pantalla.

Lenka negó con la cabeza.

—Quiero uno más chico.

Y Rinto, su mejor amigo, siguió bajando con el mouse para mirar más ventas en la página web, buscando alguno que le gustase a Lenka.

Fueron varios minutos llenos de comentarios y pensamientos. Era algo bastante difícil de decidir. Principalmente porque el perro que buscaba no tenía que ser tan grande, tenía que ser pequeño y no tan problemático. A veces pasaba que, cuando a Lenka le gustaba uno, a Kaiko le parecía lo contrario y luego de un debate terminaban por dejarlo; mientras tanto, a Rinto todos le parecían lindos.

La rubia estaba sentada sobre una mesa. Cuando sintió un ruido venir de la puerta, se giró inmediatamente a ver qué era, y ahí vio a Mikuo caminando perdido por la vida hacia ellos. A Lenka le cambió la cara.

—¡Al fin volviste! ¿Encontraste papel higiénico?

—Sí, ya lo encontré —se sentó a su lado, mirando la pantalla con curiosidad—. Miku vino recién.

—Ella quería hablar contigo. ¿Le hablaste?

—Sí.

—¿Y que quería?

—Umhh... Quería salir, parece.

Recuesta su mentón sobre sus manos y cierra los ojos, relajando un poco su respiración. Su novia notó inmediatamente que algo andaba mal, así que colocó su mano sobre su cabello, mirándolo con preocupación.

Sus ojos se veían apagados.

—¿Te pasó algo? Te ves raro.

—¿Hmmm?

Su mente no dejaba de reproducir esa escena.

Mientras estaba lavándose las manos en el lavabo, un chico apareció por detrás y cayó al suelo.

Mikuo corrió a su socorro, pero en cuanto lo atrapó, él ya estaba con los ojos cerrados, dormido en un profundo sueño.

Por alguna razón sangre caía de su nariz. Su cara se veía pálida. Estaba realmente enfermo, y para colmo, se había desmayado.

En su instinto de hermano mayor, corrió a la enfermería, cargando su cuerpo como si fuera un muerto. El chico parecía de la edad de Miku, y su piel se ponía de gallina al imaginar qué le había pasado.

—Fui a la enfermería —musitó.

—¿Qué? ¿te duele algo?

—Oh, no —negó con la cabeza—. Acompañé a alguien que se desmayó en el baño. Estaba inconsciente.

—¿Inconsciente? Vaya, pobrecito... —hizo silencio por algunos segundos, sintiendo la seriedad del asunto—. ¿Y lo alcanzaste a atrapar?

—Por suerte.

A Lenka le aterraba lo horrible que hubiera sido si tal chico se caía al suelo y se golpeaba la cabeza. Menos mal que lo habían agarrado, eso al menos la tranquilizaba.

Pero Mikuo no parecía tranquilo.

—Bueno, tal vez estaba nervioso por el primer día de clases. ¿Era nuevo?

—Ni idea. Ni siquiera pude preguntarle. Estaba...inconsciente, ¿sabes?

—Es cierto. —Se llevó un dedo al labio y pensó en otra cosa— Qué raro... ¿qué hiciste con él?

—Lo dejé en la enfermería. Esperé un rato hasta que llegó una chica. No sé si era su amiga, su novia o su hermana, pero llegó preguntando por él muy preocupada. Le dije dónde estaba y fue por él.

El de cabellos negros descansaba tranquilamente en la camilla, rodeado por las enfermeras que lo revisaban con cuidado.

Ellas le habían dicho que no se preocupe, pero de todas formas Mikuo seguía ahí, esperando una respuesta.

Al rato llegó una chica. Tenía el cabello negro y corto, sus ojos eran amarillo como el oro, y su piel era igual de blanca que la del chico. Apenas entró a la enfermería, corrió a la camilla a ver al desmayado. Mikuo le dijo lo que pasó, y ella le agradeció, muy agitada.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, haciéndole una reverencia.

—Hatsune Mikuo... —respondió, sintiéndose algo asustado—. Lo encontré en el baño. Perdió la consciencia.

La joven pareció asombrarse con esa información. Miró al que estaba acostado en la camilla, y luego de unos segundos, volvió su mirada a Mikuo.

—Muchas gracias, Hatsune —le sonrió. Mikuo creyó que ella estaba aguantándose su angustia—. Fuiste una gran ayuda para Rei.

Rei. Así era su nombre.

Sólo esperaba que ya se haya recuperado.

—Tranquilo, Mikuo. Debe estar bien —murmuró Lenka, besándolo en la mejilla. Mikuo asintió, mirándola directamente a los ojos. La distancia era poca, y ya casi podía sentir su aliento.

Pero algo notaba Lenka. Él siempre se ponía así cuando su instinto familiar se encendía.

Conocía lo que él estaba pensando.

—Te recordó a Miku, ¿no es así?

Miku...

Miku siempre se desmayaba y enfermaba con facilidad. Como su hermano mayor tenía que soportar eso, y cuidarla cuando estaba débil en la cama. Quizá sí, quizá sí le recordó a su hermanita, y por eso se preocupaba tanto por él.

—Tienes razón —asintió, bajando la cabeza.

Con un abrazo, Lenka se encargó de transmitirle confianza y tranquilidad, todo lo que necesitaba Mikuo en ese momento.

Luego de un momento, Mikuo respiró hondo y miró a su alrededor, viendo lo que estaban haciendo los chicos.

—¿Kaiko trajo su computadora?

—Oh, sí —la rubia levantó su cabeza—. Estamos eligiendo al cachorro.

—Quiero participar —con una sonrisa genuina, Mikuo se levantó de donde estaba sentado— ¿puedo?

—Por supuesto, mi amor.

Y así, la pareja se acercó a los encargados de la computadora, dispuestos a elegir el próximo compañero de Lenka.

Las manillas del reloj siguieron girando, pero Miku no podía estar siempre pendiente de la chica nueva. La clase que le tocó fue bastante exigente y requirió que estuviese concentrada, por lo que dejó sus pensamientos atrás.

Sin embargo, de vez en cuando la observaba, y notaba pequeños detalles en ella que formaban poco a poco su personalidad. Una de esas cosas es que era muy estudiosa, y en clases no se distrae con nada; está escribiendo a la velocidad el viento y termina la tarea temprano. También se dio cuenta de que no hablaba con nadie de la clase, por lo que se le ocurrió la idea de que era muy tímida, y aún no obtenía el valor de acercarse a alguien.

«Sería genial ser su primera amiga» musitó Miku, apoyándose en el mentón ilusionada. Fue un pensamiento que salió de ella de repente y sin darse cuenta. No le dio muchas vueltas.

Recordó al chico que había visto, pero no lo vio en ninguna parte, y a pesar de que quería verlo y saber más de él, no se puso a buscar. Quizá otro día lo haría.

25 / 09 / 2020

Un capítulo tranquilito para esta semana. El próximo se viene grande, es que me encanta porque al fin aparecen Rin y Len dkskdjks

Espero que les haya gustado como siempre. Esperenme hasta el siguiente viernes. Estaré atenta a sus comentarios. No me ignoren ﹏