Al abrir los ojos los primeros rayos que entran por la retina de sus ojos son los del sol, pero en esta ocasión, no hablamos de un sol común y corriente.
Con una vibra llena de luz, el entrar de Mikuo a la habitación de su hermana es motivo suficiente para que ella abra sus ojos y se levante.
Se nota en ella una energía diferente a la de los demás días. Probablemente es porque durmió toda la noche, y se quedó esperando a que sea el siguiente día. Además de anímico, esto también conlleva a una mejora física, porque las ojeras debajo de sus ojos son inexistentes. Ahora tiene un rostro limpio y feliz.
—¿Dormiste bien? —Con suave tacto, Mikuo posa su palma debajo del flequillo de su hermana, sintiendo su calor corporal. Miku en respuesta da un paso hacia el frente, y lo rodea con los brazos, mientras en un murmuro le dice que sí.
Dentro de su mente, guardaba el difuso recuerdo de un sueño encantador. Sus fantasías y anhelos se envolvieron en una suave tela de purpurina, haciéndola sentir sobre nubes hechas de algodón de azúcar, de color rosa, con mucha dulzura y cursilería.
Realmente eso era todo lo que podía explicar del sueño. No era nada clave, pero sí recordaba ciertas escenas entre sus perfectos protagonistas del día anterior, y lo que le hacían sentir era tan magnífico que solo podía explicarlo en un gran abrazo.
Pero tuvo que separarse pronto porque Mikuo se estaba quedando sin aire, y aprovechó de traerla de vuelta a la tierra, pues era día de semana y no podía olvidar que en pocos minutos debía ir a la escuela, y no podía ir en pijama.
Los minutos pasaron y Miku estaba lista. No tardó mucho en arreglarse, y tomó un breve desayuno con sus padres, los cuales se iban tan rápido que sólo le alcanzaron a dar un beso de despedida. Cuando estaba lista, se quedó esperando a su hermano mientras evaluaba su propia apariencia en el reflejo. Fue entonces cuando la puerta sonó y Miku fue a abrir.
Su cuñada. Lenka. Hoy tenía una gran sonrisa en la cara. ¿Vino a buscar a su hermano? es realmente temprano.
—Uh, ah, buenos días, Lenka... —saludó Miku, denotando un poco de pena. Escondía la mitad de su rostro detrás de la puerta; su presencia volvía a intimidarla un poco.
—Hola, linda. ¿Ya van a salir? ¡voy a acompañarlos hoy!
La voz llamó la atención de Mikuo, quien corrió a la puerta apenas escuchó a quien correspondía a su novia.
—Lenka, no esperaba que llegaras tan temprano. —Con su propia mano abrió más la puerta, dejando atrás a Miku y permitiendo el paso de Lenka—. Solo falta mi almuerzo. Espera, ya vuelvo.
Antes de dar la vuelta, la de cienes rubias atrapó la muñeca de su novio y lo jaló hacia ella.
Su corbata.
—Te la pusiste mal, cariño —con sus dedos se encargó de acomodarla. Miku fue testigo de la poca distancia que poseían, y de como, indudablemente, esos dos lucían y actuaban como una linda pareja de casados.
Los pequeños detalles, la preocupación, la confianza, la intimidad, el romance, el cariño... Entonces Miku se inmutó que todo eso estaba frente a sus ojos, y que su hermano estaba viviendo una historia de amor a tan solo pocos pasos de ella.
¿Cómo se sentirá tener a alguien que arregle su corbata? ¿a qué velocidad estará latiendo el corazón de Mikuo ahora mismo? ¿qué estará pasando por la mente de Lenka al hacer algo como eso? El corazón de Miku comenzó a soñar de nuevo. Pero rápido tuvo que volver a la realidad, pues la voz de Lenka la atrapó con preguntas.
—Te ves muy bonita hoy —confesó Lenka, tomando a la menor de las manos. Miku asintió; no estaba muy entrenada como para responder a esos cumplidos—. Estoy segura de que conquistas a muchos chicos allá en la escuela. ¿Hay alguno en específico?
Mikuo no estaba presente, pues había ido a la cocina a buscar los almuerzos. Aún así, Miku sentía toda la presión en el ambiente, y tembló de solo imaginarse una respuesta.
—Pues —balbuceó, enrojeciéndose—. Aún no...
Tener un novio para sí misma se le hacía demasiado utópico. Definitivamente no
Pero Lenka no pareció creerle mucho, pues entrecerró los ojos a la mitad y le dedicó una sonrisa traviesa.
—Tranquila, si quieres te puedo dar consejos. Tengo bastante experiencia en eso.
—¿Experiencia en qué, se podría decir? —Una voz áspera interrumpió por las espaldas de Miku. La de dos coletas dio un paso hacia delante, quedando pies fuera de su hogar.
Lenka contempló el rostro serio y celoso de su novio y respondió con seguridad.
—En amor y relaciones románticas —canturreó. Se otorgó unos segundos de misterio antes de continuar con su diálogo—. Pero contigo, bobo. ¡Te quiero mucho!
Mikuo negó con la cabeza. No fue convincente.
—No puedes decir que tienes mucha experiencia si sólo has estado conmigo —cerró la puerta con llave—, a menos que haya algo que no me has contado.
—Uh, uh, uh... —Lenka posó su derecha sobre sus labios y rio maliciosa—. Quizá haya alguien a quien no conoces.
—¿En serio? —Miku notó que su hermano se estaba poniendo celoso—. A ver, señorita, ¿podría explicarme quién es ese sujeto del cual desconozco completamente su existencia?
Y ante esta pregunta, la de cabellos rubios soltó una risotada y atrapó con sus dos brazos a su novio, llenándolo de besos por donde hubiera lugar.
—¡Obvio que no! Yo te amo mucho, no hay nadie además de ti. ¡No te pongas celosito!
Mikuo al principio opuso resistencia, pero no pudo contenerse mucho y a los pocos segundos atrapó a su novia y aceptó su cariño, un poco más relajado.
A pesar de que a Miku le encantaba ver esta escena, no podía ignorar de que estaban perdiendo tiempo y que ciertas personitas muy importantes la estaban esperando en su escuela. Carraspeó su garganta llamando la atención de los dos tortolos, los cuales se pusieron en posición y sacudieron sus prendas como si ahí no hubiese pasado nada.
—Yo... yo me tengo que ir —musitó Miku, mirando sus pies. Mikuo entendió de inmediato y le pasó su almuerzo, pero Lenka puso una mano en su hombro y la miró directamente a los ojos.
—¿Vas a ver a tu novio?
—Lenka... —titubeó Miku, mientras sus mejillas se encendían como dos ampolletas carmesí.
—¡Lenka! —Y como era de esperar: Mikuo—. No le pongas esas ideas en la cabeza a Miku, está muy chiquita.
—Bah, pero tiene dieciséis años. ¿A qué edad nos enamoramos nosotros?
—Casos distintos.
—No, no lo son —lo enfrentó a la cara—. Pronto tu hermana va a encontrar un novio y va a ser lo más natural del mundo. Deja que la apoye.
—Pero yo creo que...
Miku se alejó de ahí antes de seguir avergonzándose más.
Si bien el tema de novio la avergonzaba mucho, no podía poner en palabras lo tan nerviosa que se ponía cuando se tocaba el tema frente a su hermano. Las expectativas y el cuidado intensivo solían mantenerla alerta, y como era tímida al respecto, no se sentía cómoda hablando de eso con él, ya que inmediatamente la llenaba de preguntas y eso generaba una presión en su pecho.
Además, habían ciertos temas más relevantes que esos, y estaban ocurriendo al mismo tiempo.
—¡Miku!
Sus amigas.
Miku sonrió de oreja a oreja, y sus pómulos se colorearon. Entonces empezó a correr, y les dio un gran abrazo a ambas.
—¡Tiempo récord, Miku!
—Pude haber llegado más temprano —confesó, elevando un poco más la voz pues estaba en confianza—. A la próxima las sorprenderé.
—Te desafío —Luka entrecerró sus ojos, y se acercó para darle un ataque de cosquillas, lo cual terminó en muchas risas, perfecto para empezar el día con un buen ánimo.
El camino hacia el salón de clases estuvo envuelto de sus conversaciones casuales, tanto que sin darse cuenta ya estaba cada una sentada en su escritorio, haciendo un mini círculo que para Teto era muy grosero. Miku notó la presencia de la pelirroja, claro, pero prefirió guardarse las palabras para más tarde. Siguió conversando con sus amigas, hasta que en un momento el sonido de la puerta llegó hasta sus oídos y perdió el hilo de la conversación.
Ahí estaba el hilo. Hacia donde la chica rubia del primer día.
Esta vez llegó un poco más temprano que de costumbre, y se veía igual de bonita y arreglada que siempre. Sin embargo, en su caminar se veía cierta inseguridad, y sus ojos se paseaban por el suelo, hasta encontrar el primer asiento contiguo a la puerta del frente.
Miku empezó a golpear sus dedos contra la mesa, y sus piernas comenzaron a temblar. Deseaba ser capaz de darle los buenos días y unirla a la conversación, pero estaba muy lejos, y hablar con ella era algo platónico; ¿cómo acercarse a alguien tan fuera de su alcance?
No obstante, siempre existen las personas que no tienen estas trabas, y esta vez se trataba de un par de compañeros de los que ni sabía el nombre, que caminaron y se sentaron junto a la rubia.
La de cabellos turquesas no escuchaba nada desde su posición, pero intentó parar su oreja para ver si era capaz de oír aunque sea un poco. Lamentablemente esto no sucedió, y se tuvo que quedar solo con lo que sus ojos veían.
Uno de los chicos movía la boca como si estuviera hablando, y le sonreía, pero no de cualquier manera: con una sonrisa coqueta. En respuesta, la dulce chica se reverenció frente a él, y él se alejó unos pasos, colocando un semblante de decepción.
"¿Quizá fue rechazado?" pensó Miku, sin despegar sus ojos de la escena.
Entonces el segundo amigo también hace de las suyas, habla, insiste un poco más, pero en su expresión aparece un pizque de molestia, y se aleja de ahí, a paso duro. Lo preocupante era ella, porque ahora se encontraba más cabizbaja que antes, y eso causó que el corazón de Miku se encogiera. No sabía qué, pero de seguro algo le habían dicho, y esperaba que no haya sido nada grosero, porque a la chica rubia se le respeta.
Los chicos se acercaron a Miku, así que por instinto se encogió, pero por suerte no iban hacia ella, sino que pasaron por el lado. Y desde ahí pudo oír un par de comentarios, los cuales ellos con su grupo de amigos intercambiaban.
—Qué desperdicio de mujer. Es linda, pero aburrida.
—La tonta me rechazó, ¿se cree la última coca-cola del desierto?
—Es cierto, ayer me ignoró y sólo le dije hola.
—Jaja, qué le pasa.
Miku empezó a echar humos.
¿Cómo se les ocurre hablar así de ella? Maleducados, groseros, sin respeto. Ustedes son los que no se la merecen. Cuiden sus palabras.
Las ganas de ir a verla y consolarla crecieron dentro de Miku, pero lo mismo volvió a detenerla, y se quedó donde estaba, más nerviosa que la vez anterior.
Sólo quería protegerla.
—¡Vamos, Rei! ¡la escuela está solo a unos pasos! ¡tú puedes!
Paso, paso, paso.
El tiempo que se tomaba para avanzar era íncreible. En una carrera, una tortuga, un caracol y una abuelita ya habrían cruzado la meta, mientras Rei seguiría caminando a paso lento probablemente deshidratándose.
La vez anterior, tomarlo de la mano sólo provocó que se enoje, así que tuvo que conformarse con hacerle porras, aunque eso también lo hacía sentir molesto.
—¿Por qué caminas tan leeento? —preguntó, cansándose de hacerle porras. La escuela estaba a sólo un semáforo, ¡tenía que seguir avanzando!
—¿Y por qué eres tan ruidosa? Nadie te obliga a acompañarme.
—¡Claro que sí! Somos hermanos, ¿por qué no me vendría contigo? —Y antes de recibir respuesta, el semáforo dio verde y Rui se vio obligada a empujar a su hermano hasta la otra esquina—. Además así me aseguro de que llegues vivo a la escuela.
—Preferiría llegar muerto.
—¡Rei! —Rui se tocó el corazón. Ese comentario le robó el aire—. ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Los emos son tan 2008, tienes que actualizarte si quieres estar a la moda.
Ante más griterío y más griterío, el de cabellos negros escondió su cabeza y metió sus manos a los bolsillos, mentalizándose que su melliza no estaba hablando y que todo ese ruido no venía de ninguna parte.
Logró ignorarlo, hasta el momento en que llegaron a los casilleros en los que los zapatos se cambian. Un profesor apareció de repente, y les advirtió que tenían que apurarse.
"Sí, sí."
Rui se aceleró aún más con los zapatos, pero su hermano se quedó en el suelo, como si estuviera recién despertando. Ignoró sus zapatos y se quedó mirando a la nada, sin siquiera mover un músculo para darse prisa.
La de melena no lo podía creer.
—¿Estás drogado o qué? —lo encaró, mientras veía a todas partes por si llegaba un profesor—. ¡Ponte los zapatos! tenemos que entrar a clase.
Rei ni siquiera se dignó a mirarla.
—¿Vas a venir o no?
No respuesta.
Ante la incertidumbre, Rui lanzó un suspiro al cielo. Va, era caso perdido, su hermano no quería ir con ella, pero ese ya no era su problema. ¿No quería entrar? ¡él recibe el castigo!
Por esa misma razón, se despidió y salió corriendo de ahí, dándole la espalda.
Y, por fin, un minuto de silencio junto a Rei Kagene.
No gritos, no prisa, no molestias. La paz absoluta. Un verdadero paraíso.
Antes de ponerse de pie, inspiró una gran bocanada de aire y suspiró, relajando sus pulmones para que estos no se pongan nerviosos. Entonces, talló sus ojos, bostezó, estiró sus brazos y comenzó a caminar, subiendo las escaleras lo suficiente como para llegar al último piso. Nadie lo pilló en el recorrido, y la puerta estaba abierta, así que pudo entrar a la azotea sin ningún problema.
Respiró el aire puro del cielo, y caminó hacia el borde.
Al ser una reja anti-suicidios, no podía simplemente saltarla. Desde el fondo de su pecho, anhelaba poder saltar y salir corriendo de ahí, mientras recorría japón, un país tan grande como hermoso. Pero la realidad era brutal y ahí lo tenía, encerrado en una escuela, la cual tenía unas rejas de metal que simulaban una cárcel, y eso sólo tornaba más triste el asunto.
Si tan solo su madre le hubiese permitido quedarse en casa un rato más, podría seguir durmiendo...
Pero por eso había elegido ese lugar para descansar. Una azotea vacía, al aire libre, tranquila, donde los profesores no entran y ni siquiera los alumnos se presentan. Estar ahí lo haría pasar desapercibido por todo el día, probablemente nadie note su ausencia, y podría estar ahí descansado, huyendo de la interacción social que tanto lo atormentaba.
El aire. El aire le hace bien.
Ante ese silencio, Rei se colocó sus auriculares, buscó una canción relajante de fondo y cerró los ojos, dejándose llevar por el espacio y el momento. Todas las cosas pesadas desaparecieron, se sintió ligero, incluso empezó a darle sueño
Perfectamente hubiese tomado una siesta en ese lugar, pero una voz repentina lo sacó de sus pensamientos, y lo hizo sacarse los auriculares de golpe.
—...mejor que ayer —se escuchó, proviniendo de un chico que no había visto entrar. Tenía una maceta en las manos, y una faceta muy relajada, con cabellos de un extrañable color turquesa—. Pensé que estaba prohibido entrar a la azotea en horarios de clase. ¿Tienes autorización?
Un... ¿miembro del consejo estudiantil o algo así?
Rei apretó sus labios. Se comió algunas palabras que tenía en la boca.
—Bueno, yo... —acomodó sus auriculares y puso la canción en pausa—. Yo sí, yo tengo permiso.
—¿Estás seguro? porque las llaves me las dieron a mí.
—Pero estaba abierto...
—Es porque ya estaba adentro.
—¿Eh...?
El de cabellos negros frunció el ceño. A pesar de todo, se sentía como si él lo estuviera controlando, como si fuera su bebé, y las cosas no eran así.
¿Y qué tanto te importa dónde esté o no esté? pensó, mas no lo dijo, porque se volvió a morder el labio.
Además, el chico después de eso le sonrió; una sonrisa poco común, y que indicaba que no estaba molesto. Entonces se quedó donde mismo, sin saber qué hacer.
Era su espacio personal invadido, pero... no tenía otro lugar donde ir.
Entonces se quedó sentado, mirando como se movía el chico, y como llevaba cada maceta de esquina a esquina. Parecía encargarse del club de jardinería o algo, y parecía aburrido.
Estaba planeando ignorar todo y volver a mirar su celular, cuando el chico volvió a hablar.
—¿Cuál planta crees que es más bonita?
... ¿ah?
Sin saber qué decir, Rei apuntó la planta de la mano izquierda del emisor, sin saber por qué, sin razón, solo porque estaba al lado izquierdo, y la izquierda es bonita.
Entonces, el preguntón dejó la derecha en el suelo y se acercó a Rei con la planta izquierda en la mano. Se la puso en las manos. Sonrió.
—Especial para remover los alergénicos del aire, sobretodo el moho. Muchos asmáticos le tienen que agradecer a esta planta. ¿Tienes asma?
Rei negó la cabeza confundido.
—Yo sólo lo escogí al azar —se sinceró, mirando la planta de cerca. No entendía nada, y en su rostro esta confusión era visible.
Pero, quien se encontraba de pie a su lado, se agachó para quedar a su altura.
—Hiciste una buena elección. Te ayudará a relajarte. Créeme.
El chico del baño...
Rei no lo recordaba, pero definitivamente, Mikuo lo tenía en la mente, y seguía un poco con esa preocupación en el pecho carcomiéndole por dentro. De primera mano, sabe bien lo terrible que es ver enfermar a un hermano, y acudiría de inmediato si una emergencia sucediera. Así que al ver a Rei así, tan pálido e inconsciente, sacó ese lado protector, y lo único que quería era verlo bien... sano y recuperado. Verlo relajado era un gran alivio.
—¿Te sientes mejor? —murmuró, relajando sus párpados. Rei asintió, mirándolo con desconfianza, y como si estuviera zafado o algo así.
—¿Por qué?
Ni su hermana se preocupaba por él. ¿Por qué venía un extraño a hacerle esas preguntas...?
—Porque te vi —declaró—. Ayer te desmayaste en el baño. Te sentías muy mal, y tuve que dejarte en la enfermería. Fue... preocupante, no sé cómo decirlo.
Ah...
El de cabellos negros hizo un pequeño silencio. Todo lo que pasó lo había olvidado, habían sido momentos muy acelerados, no tenía idea de cómo había llegado ahí, por eso desconocía la existencia de ese chico...
Mikuo notó que sus palabras realmente lo absorbieron, y se levantó del suelo. Quizá era mejor dejarlo hasta ahí.
—No sé que te pasó ayer, pero... un té de jengibre o menta te hará sentir mucho mejor. Cuídate.
Y abandonando la planta en manos del menor, Mikuo cruzó la puerta de la azotea, dejándola entre abierta para que después pueda salir.
Rei se quedó mirando el suelo. No tenía palabras.
Enfermo, débil, inconsciente.
Ese chico grande tenía esa imagen de él. La figura que tenía era una de pena.
Aún así, se había tomado la molestia de ayudarlo y preocuparse, ¿no? Eso era... era realmente atento. Amable.
Con una sonrisa agridulce, Rei acarició la maceta de la planta.
—¿Y ahora dónde dejo esto?
"¿Cómo hacer amigos?"
1. Elimina tus inseguridades y mantente positivo.
Para hacer esto, Miku mantuvo la cabeza en alto y se repitió cien veces en la cabeza que todo estaba bien. A la vez, intentó poner una sonrisa, pero estas salían chuecas, y sólo le daban cosquillas.
—¡Vamos, Miku!
Y animándose a intentarlo, por fin una sonrisa —forzada— apareció en su rostro, y la de cabellos turquesas se quedó con ella.
Deslizó la pantalla para seguir leyendo. "2. Llama la atención de la otra persona, o bien inicia tú la conversación." A Miku le desapareció la sonrisa y empezó a temblar. Vamos, ¿en qué momento se puso tan difícil?
Miró a su izquierda, a su derecha, y a su izquierda de nuevo. Imposible. Había mucha gente, pero todos eran desconocidos y... ¿cómo hablarles? ay, ¿y si la miraban feo? no quería arriesgarse a eso, no podía justo ahora... no...
¡a la mierda todo!
Miku se levantó con tanta fuerza que su silla hizo un chirrido. Varias personas se giraron a verla. Entonces, volvió a sentir pánico, y se sentó de golpe. No había logrado hacer nada; sólo las miradas la congelaron...
En su celular, cerró la pestaña y abrió otra en su lugar. Esta vez escribió: "¿cómo iniciar una conversación? (para personas tímidas)" y una página de WikiHow escogió.
Se aclaró la garganta. Ahora sí.
"1. Comenta algo del alrededor o del lugar."
—Oh —habló en voz baja, como si estuviera hablando con alguien—. Hoy hace... un sol muy lindo, eh, ¿te gusta el sol? el sol es bonito y...
No, no, no, no.
Avergonzada, se llevó las manos a las mejillas y empezó a sacudir su cabeza.
—¿Cómo voy a decir eso? —se dijo a sí misma, y volvió a mirar su celular—. Una pregunta abierta, combinar comentarios generales con preguntas abiertas, preguntar sobre mascotas, acontecimientos actuales... ¡¿por qué todo esto es tan difícil?! ¡wah! —y golpeó su cabeza contra la mesa, pero no al calcular la fuerza, se causó un dolor muy grande.
Miku se sobó la frente. No quería llorar, pero... quería llorar.
¿Qué tan fracasada tenía que ser para leer tutoriales de WikiHow? Mucho, definitivamente mucho.
Logró hacer amigas con anterioridad, pero ninguna fue con tutorial. Ellas fueron las que se acercaron y quienes la adoptaron, en ambos casos.
No sabía hacer amigos por su propia cuenta, y eso era deprimente. Probablemente la chica rubia nunca le dé la hora. Qué triste...
—¡Miii...! ¿...ku? —La voz de Gumi bajó el volumen, al ver a su amiga con cara tan triste—. Oye, Miku, ¿'tas bien? ¿viste algo triste?
—Mi vida es triste —se tapó los ojos con las manos, y empezó a chillar.
—¡No digas eso! —Con gran ánimo, golpeó la mesa y la miró directamente a la cara—. ¡Te puedo dar muchas razones por la que tienes una vida muy feliz! Primero, ¡eres muy linda! y eres una gran amiga, me hace feliz estar contigo, ¿eso no te hace feliz a ti?
Miku se calmó. No podía decir que no, eso era muy lindo, pero no era el punto, y no la ayudaba en nada.
Aún así, Gumi siguió enumerando razones, intentando hacer sentir feliz a su amiga. Por el otro lado, Luka, quien también estaba presente, agarró el celular de Miku y le echó una miradita a lo que estaba viendo.
—No lo puedo creer... "¿cómo iniciar una conversación sin tener nada de que hablar?" ¿Miku? —tuvo que taparse la boca para no reírse.
Entonces, las dos chicas que mantenían un debate sobre la felicidad levantaron la cabeza, una más sorprendida que otra.
—¿WikiHow?
—No... ¡no tienes por qué leer eso! —Miku se levantó de golpe y trató de agarrar el celular. Luka aprovechó su altura para mofarse de su sufrimiento, pero la risa no la perdonó, y al final le pasó el celular para reírse en paz.
Pero Gumi se quedó en una burbuja.
—Pero... —ladeó la cabeza—. ¿Por qué no me preguntaste a mí? yo te puedo ayudar.
Miku frunció el ceño, avergonzándose más de lo que ya estaba.
—Yo... yo yo... yo en serio abrí esa página sin darme cuenta fue sin querer en serio...
A Luka le pareció graciosa esta excusa, pero Gumi ni siquiera la escuchó.
—Oh, ya sé, ¡es por la chica de ayer, ¿no?!
Todo lo que decía, lo decía tan fuerte... ¿por qué?
—Deberías buscar "¿cómo conquistar a la chica nueva del curso? (para chicas tímidas)" —Luka se comenzó a reír, y Miku la miró con odio. Qué mala, ¡qué mala!
No tuvo respuesta. La sangre se le subió a la cabeza, y Miku se concentró en disimular su vergüenza tapándose la cara. Gumi y Luka aprovecharon esto para mirarse, y solo con el contacto visual, se les ocurrió un plan.
—Vamos.
—¡Vamos!
Cada una tomó una mano de Miku, y la intentaron arrastrar, pero la de cabellos turquesas puso resistencia, y Luka tuvo que empujarla para que avanzara.
—¡Espero que nos perdones, Miku! —gritó desde atrás Luka, dejando que Gumi se encargue de la dama en apuros.
No sabía a dónde la llevaban, no sabía qué planeaban hacer, pero eso era muy malo. ¡Traición! ¡¿qué hacen?!
Por supuesto, la llevaban hasta donde la chica rubia del frente. Cada vez estaba más cerca. Todos los intentos de escapar fracasaron para Miku, y tuvo que aceptar su derrota, dejándose llevar por Gumi que muy decidida estaba.
—Hola —su saludo llamó la atención de la rubia, quien quitó la mirada de su libreta para mirarla bien—. Eeh, bueno. No sé si me conoces, pero mi nombre es Megpoid Gumi, ¡y esta de aquí es Hatsune Miku! Teníamos muchas ganas de conocerte.
Miku asintió, ansiosa. No podía mirarla a los ojos; le daba mucha vergüenza.
La rubia las miraba con curiosidad, y asintió, recibiendo la información.
—Ah, vale... Mi nombre es Rin Kagamine. Un placer conocerlas.
¡¿Rin?!
¡¿Rin Kagamine es su nombre?!
¡Por fin! ¡por fin la chica rubia recibía un nombre! y ese nombre es muy lindo como ella. ¡Nunca pensó conocerlo, pero había sido muy fácil, gracias a Gumi!
La de pelo verde notó que su amiga se encontraba más feliz, y se ánimo para continuar la conversación.
—¡Un placer conocerte, Rin! —Se reverenció. Miku lo hizo también. Luego de eso, hizo una pregunta que sabía que era obvia, pero quería hacerle de igual manera—. Hoy es tu segundo día, ¿no? Dime, ¿eres nueva en esta escuela?
—Eh, algo así. Este es mi... mi primer año en esta escuela...
Su voz era bajita. Por el otro lado, la de Gumi era escándalosamente alta; se notaba el contraste.
—¡Entonces eres nueva! —gritó, y Rin suspiró, mirando a sus lados—. Es perfecto, digo, Miku podría darte un paseo por toda la escuela para que conozcas un poco. ¿Qué dices Miku? —Miku se atragantó con su saliva—. Llevas más años en la escuela, ¡podrías enseñarle a Rin todo lo que sabes!
Roja. Totalmente roja.
Miku sintió la mirada de Rin, y empezó a retroceder unos pasos.
—¡Yo...! ¡Yo! ¡¿qué?! ¡¿Paseo?! ¡¿Uuuh?!
—¡Eso es un gran sí!
Rin ladeó su cabeza.
—¿Estás segura?
No. Sí. No. Sí. Claro que sí. Oh no. ¡Sí!
—Ya, ya, sí, sí, está bien, hagámoslo, no tengo problema...
—¡Genial! ¡esto es perfecto!
La rubia se veía un poco más calmada, y en respuesta, esbozó una sonrisa, quedándose sentada donde mismo.
—Yo creo que está bien, pero ahora no puedo, lo siento. ¿Puede ser en el segundo recreo?
Segundo recreo.
—En el segundo recreo será —dijo Gumi, levantando su pulgar. Miku asintió compulsivamente.
—Perfecto. Nos encontramos acá, entonces.
Rin se levantó de la silla, y se retiró
Al verla ya lejos, Gumi miró a Miku con una gran sonrisa, esperando reacción alguna de ella. Pero Miku estaba ahí, como un pedazo de hielo, mirando la puerta por donde había cruzado la chica nueva, sin poder despegarse.
—No es posible...
—¡Lo es! —Gumi se rió—. Lo lograste, Miku, ¡lo lograste!
—Lo logré... —sintió ganas de llorar—. ¿Aunque ahora qué voy a hacer? ¿me vas a acompañar tú, Gumi? ¿cómo voy a estar a solas con ella?
—Ay, Miku. Tú podrás hacerlo. Solo tienes que dejar de pensar tanto, ¿okey? —Y apenas dijo eso, la de cabellos rosas se puso por atrás, y se robó la atención de Gumi—. ¡Luka, ¿viste eso?!
—¡Fue increíble! ¿viste, Miku? Fue mucho más efectivo que un tutorial de WikiHow.
Miku no dejaba de mirar el suelo.
—Rin, se llama Rin. Segundo recreo. ¿Tú crees que deba cambiarme ropa? es el segundo recreo, Luka. Tengo que verme bien...
—Pero Miku —los pómulos de Luka se levantaron— no es una cita.
—Además te ves muy bonita así —confesó Gumi.
Miku bajó su mirada, mirando su cuerpo hasta los pies.
—¿Tú crees que me vea bien así?
—Te ves igual que todos —dijo Luka—, es uniforme...
—Eso es cierto... —Miku se rio apenada, acomodándose la falda un poco.
Y Gumi, quien se había quedado mirando al techo, sacó su voz de repente.
—Miku —dijo, y la llamada levantó su cabeza—. El chico; ese, el rubio, el que también viste. ¿Cómo se llamaba?
Miku se quedó pensando.
—¿Hablas de Lon...?
—¡Lon! —Gumi aplaudió—. Ya fuimos por Rin, ¡ahora tenemos que ir por Lon!
¡Lon!
El pánico de Miku volvió. Pero sus dos amigas la volvieron a tomar de la mano, y la llevaron hacia los pasillos, iniciando una búsqueda del chico rubio del primer día.
El pasillo estaba lleno de gente. Podía ser cualquiera.
—Rubio, rubio, rubio... ¡este es rubio! —la de pelo verde se acercó hacia un chico, el cual tenía un corte de militar—. Hola, ¿de por casualidad te llamas Lon?
Antes de si quiera recibir respuesta, Miku tomó la mano de Gumi y la alejó de ahí.
—Tiene el pelo más largo.
—¿Cómo? ¿así como un samurai?
—No, no tanto... —Las mejillas de Miku enrojecieron—. Es más como... el pelo de naruto, tiene algunos pelos levantados, tienen forma de banana o algo así.
Luka se quedó pensando. Buscó objetivamente todos los chicos que paseaban por ahí. Ninguno cumplía con esa descripción.
—¿En serio solo sabes eso? —preguntó—. Va a ser muy difícil seguir buscando aquí. Tenemos que cambiar de escenario.
Comenzó a caminar a paso apresurado, dejando atrás a sus amigas. Estas, confundidas, empezaron a correr, hasta quedar a la par suya.
Se dirige hacia la sala de los profesores, y entra pidiendo permiso junto a sus acompañantes. Toma a Miku de la mano, y se acerca a un papel grande lleno de nombres de alumnos.
—La hoja oficial de los alumnos de esta escuela. Gumi, busca en los de primero, Miku los de segundo, yo los de tercero. ¡A buscar a ese tal Alon!
—¿Alon?
—Lon...
—Sí, ese mismo... ¡a buscar!
Y entre letras y letras, las tres chicas se encargaron de encontrar ese nombre. Gumi buscó en la de los primeros, Miku en los segundos, y Luka en los terceros. Tenían que tener una mirada veloz, y pasaron varios segundos buscándolo.
Y cuando la de cabellos turquesas estaba revisando la última clase de los segundos, lanzó un grito. ¡Eureka!
—¡Creo que es este! —apuntó la hoja, y algunos profesores la miraron mal por gritar. Pero Miku no se dio cuenta, y apuntó con emoción la hoja—. Pero no se llama Lon, es Len; qué tonta...
—¿Y de qué clase es Len? —pregunta Luka, acercándose a Miku.
—Segundo C.
Luka y Gumi se miraron entre sí, y sin pensarlo dos veces, tomaron a Miku y se la llevaron al segundo piso, dejándola justo en la puerta de la clase C.
Miku no alcanzó ni a respirar.
—Ahora le hablas a Len —le susurró Luka al oído de Miku, poniéndole los pelos de punta. Esta asintió, pero por dentro estaba temblando. No otra vez.
Ok, Rin y Len. Esto lo hacía por Rin y Len. Sólo por ellos, ¿okay? ¡el primer paso es acercarse para que ellos puedan estar juntos!
Y Miku se mentalizó, pues si no les hablaba correctamente, quizá nunca pueda acercarlos, y todo moriría ahí. Obvio no permitiría eso. Tenía que superar su vergüenza e intentarlo, ¿no? ¡claro que sí, eso no se pregunta!
Para no seguir ahí paradas, Gumi llamó la atención de un chico al azar y le preguntó por Len. Este amablemente asintió, y le señaló que estaba en un rincón de la sala, junto a muchas otras personas más.
Estaban todos en el suelo, haciendo carreras de... ¿gatear? ¿estaban gateando?
Sin más palabras, el chico amable se acercó a ese grupo y empezó a hablar con uno de ellos. Era ese. Miku reconoció a ese chico rubio de ojos celestes que había visto el día anterior, y su corazón empezó a latir.
¿Cómo le va a hablar? hablar con una chica había sido difícil, ¡con un chico va a ser mucho peor!
Por el otro lado, Len, que había recibido el aviso, miró con sorpresa la puerta, y se encontró con algo realmente inesperado: tres chicas lindas esperando por él.
Le jaló la camisa a su mejor amigo para que se levante del suelo. Empezaron a murmurar. Miku fue testigo de como su amigo se empezó a reír, y lo empujo hacia la puerta, forzando su destino así como sus propias amigas la forzaban a ella.
—¿Hola?
¡No es un simulacro, no es un simulacro; el príncipe del otro día está a tan solo unos pasos de ella!
.—¡Hola! —Gumi tomó la iniciativa—. Eres Len, ¿verdad?
—Ajá, mi nombre es Len Kagamine. Un gusto.
Kaga... mine...
Miku levantó su cabeza a la velocidad de la luz.
¿No... no es ese el apellido que dijo Rin? ¿eh?
¿por qué... se apellidan igual?
—Oh, pues —Gumi quitó sus ojos de Miku— yo soy Gumi, Gumi Megpoid, y vine con mis amigas: Luka Megurine y Miku Hatsune —Luka saluda con confianza, en cambio, Miku lo saluda sin hacer contacto visual—. Vinimos porque teníamos muchas, ¡muchas! ganas de hablar contigo. Bueno, la que tenía ganas era ella —apunta hacia su derecha, donde se encontraban sus dos amigas.
Rápidamente, Miku intentó explicarse.
—¡Eeella, se...refiere...a...a...ella! —y como si pudiera liberarse, apunta a Luka, quien estaba a su derecha también.
Pero Len, que no le entendió, ladea la cabeza, confundido.
—Dou, perdón, ¿qué dijiste?
Luka intenta no reírse. Los grandes esfuerzos de Miku por salvarse de la situación fracasaron horriblemente, y ya no tenía combustible para repetirlo.
Asumió la culpa.
—Se refiere a mí... —musitó, hablando muy bajito. No quería mirarlo. Cada vez la fregaba más, ¿dónde estaba su dignidad?
Para colmo, Luka y Gumi aprovecharon esto para alejarse. Miku las maldijo por lo bajo.
Había quedado sola con Len.
—Uuh —él, quien también se veía algo nervioso, intentaba buscar su mirada. Pero Miku, quien miraba sus pies, intentaba no hacer contacto visual. Ambos se quedaron en un largo silencio, sin saber qué decir.
Incómodo...
—Yo...
—Sí, eh...
Incómodo, incómodo.
¡Vamos, Miku, tú puedes hablar!
Di algo, di algo... ¡no puede ser tan difícil!
—Uuuh, hola —musitó, siendo un primer gran paso. Esto hizo sonreír a su contrario, quien le contestó lo mismo.
—Hola.
—Hola... —bajó la vista al suelo.
—Hola —la miró confundido
—Hola —intentaba mirar a otra parte
—Hola —miró a esa parte también.
—Hola...
—Hello.
—Hi —dice con sorpresa.
—Oi.
—Kon'nichiwa.
—Em... Ciao.
—¿Salut?
—Привет.
—¡Oliver!
¿Oliver?
—¿Así que dando clases particulares de idiomas? esto es genial, yo también quiero unirme. Sé hablar 30 idiomas; soy un políglota.
—Con suerte aprendiste japonés.
—Bueno, ¡logré más que tú!
—¡Eso es un golpe bajo!
Y dándole un gran coscorrón, el chico desconocido dejó todo despeinado a Len.
Miku se hizo hacia atrás. Todo fue tan repentino. ¿Es ese su mejor amigo?
Ahora tenía que hablar con dos chicos...
y por alguna razón, este chico nuevo parecía de otro lugar.
—Hola, ¿tu nombre es? —preguntó con un extraño acento japonés el amigo de Len. Entonces, Miku notó ciertas características físicas: cabello rubio —en tonalidades un poco más oscuras que Len—, piel aparentemente suave, un ojo de color ambar, ¡y solo uno! Dios, ¿qué pasó con el otro?
era como... como un pirata.
¿El príncipe es amigo de un pirata?
—Miku —respondió, cada vez retrocediendo más—. Soy Miku Hatsune. Un placer conocerte.
—¿Si tanto placer sientes, por qué estás intentando escapar? —preguntó, notando sus movimientos furtivos—. Oh, ¿estabas mirando mi ojo? ¿te gusta? —sonrió juguetón.
Miku se sonrojó de inmediato, y por supuesto, su amigo Len le dio un zape en la cabeza.
—¡No asustes a las chicas!
—¡Pero si ella...!
—No le hagas caso —el de ojos celestes se acercó a Miku—. Mejor cuéntame lo que te pasó. ¿Tú... viniste a hablar conmigo?
Hablar.
Verdad, tenía que hablar.
¿Pero de qué podría hablar? ¿qué excusa se podía dar en esa situación?
¿podía dar siquiera una excusa?
—Yo, yo la verdad es que estaba jugando verdad o reto —mintió, buscando a Luka y Gumi con su mirada. Ellas seguían mirándola, y se reían... ¡se reían de su sufrimiento!
Y aunque esto parecía convincente para el rubio, el pirata no se dejó engañar.
—Ah, ¿y por qué con mi "amigo"? —enfatizó la palabra amigo.
—Eso es porque... porque lo vimos y...
—Déjala, tal vez solo quería conocerme. —El príncipe Len a su rescate—. No tiene nada de malo eso, ¿o sí?
Con los ojos llenos de luz, Miku negó.
—No, está bien —dijo en voz alta, emocionada de que el chico que tenía en frente sea tan amable.
Se le daba tan fácil hablar, era simpático, con una buena vibra... podía decir con firmeza que, tal como había visto el primer día de clases, era un caballero.
Y probablemente se lleve muy bien con Rin.
Aunque el chico que tenía a su lado no le daba la mejor espina. Se sentía algo incómoda en su presencia. Y, pensándolo bien, actuaba como el burro del príncipe.
Socarrón, entrometido, juguetón. Sí, lo estaba juzgando, pero esa era su primera impresión y vaya que la hacía temblar.
—Va, entonces —habló el burro—, cumpliste el reto, ¿no? qué atrevida, dame esos cinco.
El chico de ojo ámbar le puso la mano para que sea chocada con la de Miku. Miku le correspondió. Entonces Len se comenzó a reír, y ladeó la cabeza. Parecía contento.
—Te dejo libre, chica. Fue un gusto conocerte. Hablemos pronto, ¿sí?
Hablemos... ¿pronto?
Oh, ¿él mismo lo dijo? ¿quería hablar con ella?
—¡Por su... por supuesto! —asintió compulsivamente. Quería ponerse a llorar, pero de felicidad—. Nos vemos pronto. Fue un gusto conocerte. De verdad. Sí.
Empezó a retroceder, mientras se despedía con un ademán.
—Adiós, Hatsune.
—Adiós, Kagamine.
—Adiós, Dunne —se dice a sí mismo Oliver, ya que nadie se lo había dicho a él.
Y entre tanto caminar, Miku por fin se encontró con sus amigas. Estas estaban esperándola, y ni siquiera tuvieron que esperar ninguna sola palabra para darse cuenta que todo había salido maravilloso.
—Me habló —lo confirmó, notablemente emocionada—. Y salió bien. De verdad, salió bien. Era muy simpático.
—¿Salió fluido? —preguntó Luka, y Miku inmediatamente asintió.
—No hablé mucho, pero aún así hablamos bien.
—¡Wow, Miku! ¿viste que puedes hacerlo por tu cuenta? ¡Lograste dos amigos nuevos en un día!
—Bueno, apenas va empezando, pero lo está haciendo bien. Sólo necesitaba un empujoncito y ya.
Miku asintió.
Habló con Rin, habló con Len... ahora... sólo faltaba terminar su conversación con Rin.
Conversación que, oh, oh...venía en el segundo recreo.
Prepárate, Miku, que la misión está recién comenzando.
02 / 10 / 2020
Ayer fue mi cumpleaños~, y como regalo, subo este capítulo de Shipp Game, que es mi favorito hasta el momento.
Me gusta mucho Len, así que espero que ustedes también se encariñen con él 3. Miku hasta ahora es muy tímida, porque a pesar de todo lo que desea ser, le cuesta sociabilizar, y tiene que aprender a hacerlo.
¿Tienen alguna impresión? ¿les gustó el capítulo?
Una vez más gracias por leer. 3
