Capítulo 5:
Bella P.O.V:
No sería de extrañarse que el clima en Forks continuara siendo fresco, duro y cruel al igual que en todos los años en mi memoria desde que había vivido ahí.
Había tenido la leve esperanza de que este cambiara un poco para bien con mi huída hacia Cambridge, pero al parecer y según los relatos del clima, el cielo había rechazado mis peticiones y había continuado frustrando la vida de las personas, que imploraban desesperadas un día de descanso de las imparables lluvias y los detestables vientos húmedos y helados.
Solo esperaba que cuando pisara por primera vez luego de algún tiempo aquel lugar, todo marchara bien y no comenzara a nevar… No tenía ánimos para cargar con eso de momento.
Mi vuelo por suerte había sido pacífico, bastante tranquilo en realidad. El avión era blanco, bonito y elegante, con un servicio excelente para ser un viaje económico y a mitad de precio de lo normal. Pero yo había sido la única cosa dentro de ese paisaje que no se veía nada bien, que no combinaba con la armonía en lo absoluto…
Estaba agotada, tenía enormes ojeras moradas debajo de mis ojos y me veía mucho más pálida de lo normal. Por alguna razón parecía que de un día a otro había perdido peso, y me veía realmente flaca, como si estuviera enferma o en recuperación de una gripe casi mortal. Inclusive una de las azafatas me había preguntado antes de abordar si me sentía bien, provocándome un humor terrible.
Pero después de todo opté por calmarme… No podía enfadarme con ella, la muchacha joven de cabellos negros y tez morena no conocía la "adorable" sorpresa que me aguardaba en mi antiguo hogar, y que me había mantenido terriblemente alerta durante todo ese tiempo, quitándome el sueño, arrebatándome la felicidad y sembrando en mí una sensación de espanto y terror insoportables.
¿Qué vería allí, en los antiguos archivos del accidente de mi infancia? ¿Cuál era la clave que solo yo tenía y debía aportar para que se descifrara el caso?
No tenía respuesta, para ninguna de las dos preguntas.
Por otro lado, en mi agitada y desordenada mente también se encontraba Edward.
Lo quería junto a mí, necesitaba sentir sus cálidos brazos rodeándome y sus labios susurrándome cosas hermosas al oído, mientras esparcía dulces besos por todo mi rostro solo como él sabía hacerlo. Él era mi pilar más importante, sin Edward yo solo sería un montón de cristales quebrados y rotos.
Nuestra relación era extraña, tan rara que llegaba a un punto en que era terriblemente hermosa. No habíamos iniciado de la mejor forma, los problemas aún rodeaban nuestros alrededores y el amor parecía ser cada vez menos importante en mi vida… Quería desistir de todo, tomar la más rápida de las soluciones y olvidarme de los fantasmas de mi pasado, pero no podía. No tenía las fuerzas necesarias para abandonar a Edward, para perder mi vida.
Mil millones de catástrofes podrían caer sobre mí y ni siquiera serían suficientes para que eligiera mi muerte antes que el poder estar con mi novio. Lucharía por él, solo intentaría sobreponerme a todo por su amor y cariño hacia conmigo.
Finalmente, luego de algún rato, para mi propia suerte el avión tocó suelo puesto que sentía que me asfixiaba dentro de aquel enorme transporte. Necesitaba algo de aire fresco y alguna persona con quien dialogar un poco, para liberar mis tensiones. Sabía con total seguridad que afuera de la pista de aterrizaje, en la sala de espera, habrían dos posibles grupos de personas esperándome: los padres de Edward o mi grupo de amigos.
Me inclinaba por cualquiera de ambos, siempre y cuando fueran ellos a buscarme y no la policía. Quería tomarme unos minutos antes de dirigirme a la jefatura para reordenar mis pensamientos y… oh! Y para llamar a Edward también. De seguro él ya debería estar saliendo de la facultad o algo así. Estaba un poco confundida con los horarios a causa del vuelo, y mirar mi reloj de pulsera solo me producía mareos y más mareos.
Luego de tomar mis maletas y colocarme un abrigo para adentrarme al frío de Washington, caminé cuidadosamente hasta el salón repleto de personas y con mis ojos busqué algún rostro familiar, alguna cara que pudiese hacérseme conocida y que provocara en mi sentimientos de paz, no de dolor.
-Rose!, dije en cuanto su rubia cabellera llamó mi total atención, resaltando del resto de rubias teñidas y completamente normales esparcidas por todo el recinto. De cualquier forma no me había costado demasiado encontrarla… Solo ella podría usar una minifalda con el asqueroso clima de Port Ángeles sin que se le erizara ni un solo cabello.
-Bells!, gritó ella entusiasmada mientras se dirigía a mi encuentro y me abrazaba con fuerza. Ese reconfortante contacto me brindó un cariño especial y alentador, que consiguió subirme el ánimo de inmediato. La adoraba, ella era muy especial. No conocía la razón, pero simplemente sabía que lo era. –Qué tal tu vuelo?
-Bastante normal, se me hizo muy rápido por suerte. Odio las alturas.
-Traes una cara de mil demonios… Y perdona mi sinceridad pero te ves aterradora. Mala noche la de anoche?, preguntó ella con una sonrisa divertida en sus labios mientras yo le gruñía. No era mi culpa no poder lucir perfecta las 24 horas del día, todos los días del año al igual que ella.
-Ni que lo digas. Casi me inyecto morfina con tal de poder dormir un rato… Todo este tema me quitó el sueño.
Tomando mis maletas con una sola mano, colocó la otra en mi hombro y lo acarició con suavidad, por encima del suéter.
-No te preocupes, de seguro será algo rápido. Alice me contó un poco, y bueno… Sabes que Forks es pequeño, el secreto de que posiblemente tu padre pudo interferir en… eso se corrió de voz en voz hasta que todo el mundo lo supo, incluyéndome. De cualquier forma, no creo que sea la gran cosa.
-Agradezco que creas que va a ser una experiencia sencilla pero presiento que será todo lo contrario. Solo quiero terminar con todo esto cuanto antes y regresar a casa con Edward.
Rose se detuvo en medio del estacionamiento exterior y observó con cuidado para todos lados, con los ojos demasiado abiertos para lucir normal. ¿Qué le sucedía?
-¿Y él?, preguntó centrando su mirada en mi rostro, como si yo tuviese la clave para hallar el Santo Grial. –¿Dónde está Edward?
-No vino conmigo. Le rogué que se quedara en Cambridge.
Pude identificar en sus intenciones un próximo monólogo acerca de cómo había sido capaz de prohibirle a mi novio no acompañarme, donde seguro emplearía palabras como "egoísta", "poco romántica" y hasta inclusive un "destructora de corazones", por lo que simplemente me adelanté a ella y comenzando a caminar una vez más hacia su carro le susurré tímidamente mis pensamientos.
-No quiero entrometerlo en todo esto, no sería justo para él. Como tú lo dijiste, será algo rápido y no podía hacerle dejar la Universidad para un viaje expréss con el fin de solucionar algo de lo que Edward es totalmente ajeno. Lo amo demasiado como para manchar su alma con esas cosas tan espantosas, prefiero que se quede allá donde todo siempre estará bien.
Al parecer, mis palabras le llegaron directamente al corazón algo congelado de Rose, puesto que me sonrió tiernamente y me observó con una mezcla de fascinación y admiración en sus preciosos ojos resplandecientes.
-Me sorprende la madurez con la que te estás tomando esto, Bella. Dudo que tengas problemas con algo, siempre puedes solucionarlo todo de una forma u otra, como la pérdida vida de mi amigo que reparaste en un plazo de tiempo muy corto.
Y ella tenía algo de razón en lo que decía. O al menos eso esperaba… No me importaba si todo lo que hacía en mi vida estaba mal, siempre y cuando pudiese hacer feliz al hombre que mas amaba en todo el mundo.
…
Las rutas de mi antigua ciudad estaban congeladas, pero no por eso menos transitables.
Luego de instalarme en casa de los Cullen, había tomado un té con sus padres y habíamos tenido un dialogo hermoso sobre su hijo, en el cual me había enterado de que Edward tocaba muy bien el piano pero que sin razón alguna había dejado de hacerlo y ellos no sabían por qué. Eso me tomó algo desprevenida… Sabía que mi novio tocaba el piano, pero… ¿Por qué habría dejado de hacerlo? Suponía que era otro misterio que debería de solucionar cuando regresara a mi nuevo hogar.
Finalmente, cuando los temas se habían ido acabando uno por uno, les había agradecido por el agradable tiempo compartido y con algo más de fuerzas en mi cuerpo que cuando había llegado me había decidido a dirigirme a la estación de policías.
Si tenía suerte, contaría los detalles de ese accidente lo mejor que pudiese antes de colapsar mentalmente y luego regresaría a los brazos de Edward, mi Edward.
Rose había dejado a mi disposición su impresionante auto rojo argumentando que conduciría el Jeep de Emmet, a quien no había podido saludar aún. Suponía que luego tendría tiempo para que nos pusiéramos al día.
Me había tomado algún par de minutos para recorrer el pueblo, visitando la escuela secundaria, la plaza del lugar y hasta mi antigua casa, que ahora lucía un brillante color azul cielo en sus paredes antes tristes y descoloridas. Pero a pesar de querer continuar evitando mi confrontación hacia el pasado, dentro de mi corazón sabía que no podría hacerlo por siempre y doblando en una curva clave para mi vida, había tomado rumbo hacía la jefatura de policías, un lugar al que había ido muchas veces en todo ese tiempo a causa del trabajo de Charlie.
El edificio continuaba siendo el mismo de siempre… Pequeño, simple, para nada aterrador. La fachada de madera vieja, húmeda por las lluvias, mostraba un enorme cartel desteñido donde se anunciaba que clase de edificio era… Pero quitándole eso, aquel lugar parecía una casa más del pueblo.
Tomé aire y bajé del auto decidida y confiada, cruzando el umbral de la puerta y caminando hasta la recepción. Lo haría todo de una vez sin tener la oportunidad para pensar o arrepentirme siquiera.
De inmediato miles de imágenes me golpearon la mente, como dolorosos cuchillos lastimando mi piel. Recuerdos buenos como cuando mi padre me llevaba a jugar con sus compañeros de trabajo, y recuerdos malos como cuando había tenido que declarar los hechos luego del accidente. Recuerdos que en aquel momento solo quería enterrar para sentirme libre al fin.
No hizo falta ni siquiera que me presentara, la recepcionista al parecer me esperaba y haciendo un gesto con la mano me dirigió hacia un cuarto en donde se encontraba el nuevo sheriff de Forks, en reemplazo de Charlie.
-Isabella, que gusto verte, murmuró el jefe de la estación indicándome que me sentara. Ignore la habitación por completo y me centre solo en el hombre, para no herirme aun más. Todo me gritaba "Charlie" por donde fuese que lo mirara.
-Por favor solo dígame la situación y lo que tengo que hacer. Necesito salir de aquí cuanto antes.
-Entiendo que te sientas así, es normal. Pero este tema es delicado, será mejor tratarlo con cuidado.
Simplemente asentí, no tenía fuerzas para nada más. Me dolían los pulmones y el corazón, era como si no encontrara oxigeno en el aire. Me ardía el cuerpo, me sudaba la frente, me temblaban las manos.
El señor con bigote canoso y ojeras aun más grandes que las mías suspiro, y tomando un archivo le dio un rápido vistazo leyendo algo que no alcancé a distinguir. Luego lo dejo a un lado y cruzándose de brazos frente a mí tomo aire, dispuesto a comenzar a hablar.
-El día del accidente solo tres personas ocupaban el auto… Tú, tu madre y tu hermano. Cuando hicimos la reconstrucción de los hechos te pedimos a ti que nos contaras paso por paso lo que había sucedido pero cada vez que te lo preguntamos entraste en un ataque de nervios, y al haber muerto los otros dos ocupantes, sin contar con evidencia suficiente de que fuese alguna otra cosa, cerramos el caso como si fuera un simple accidente. Pero hace un par de semanas, cuando se investigaban los antecedentes de tu padre, descubrimos un testimonio oculto que él mismo archivó para que no fuese encontrado.
Mi corazón se detuvo y me obligue a tragar fuerte, para pasar el enorme nudo que se había atorado en mi garganta.
-Un hombre dijo haber visto debajo del auto un cable colgando, lo que posiblemente puede haber sido algún mecanismo de frenos del auto. Las rutas eran largas sin intersecciones por lo que tu madre no notó la falla del carro hasta que tuvo que frenar cuando este resbaló. No queremos culpar a Charlie de cosas que no son, pero hay una razón por la que él ocultó esto y eso lo coloca en desventaja. Necesitamos que vengas mañana, cuando el psicólogo este aquí y mediante tus recuerdos sobre el accidente determinaremos la situación. De haber sido tu padre, recibiría una cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional o salida mediante fianza.
No sabía que decir… Intentaba revolver en mi mente, buscando retazos de aquella noche y no encontraba nada, solo dolor. ¿Podría mi padre haber sido capaz de semejante atrocidad? De seguro, habría tenido que ser él. Pero… ¿Por qué justo debía enterarme en ese momento? ¿Por qué no antes, cuando no era feliz y aún estaba rota?
…
Todo estaba oscuro y silencioso…
De no sentir mi pecho subir y bajar por las forzadas respiraciones habría jurado que estaba muerta, pero no… aún no. Mi corazón latía.
Mis ojos permanecían cerrados, sellados, totalmente pegados sin permitirme ver nada, y mis oídos no captaban ningún sonido.
¿Dónde estaba?
-Bella, un susurró llamó mi atención de repente. ¿Quién era? Conocía esa voz, la había escuchado hacía mucho tiempo, quizá de bebé o de infante. Era suave, dulce melosa. –Ayúdame.
Intenté abrir mis ojos una vez más pero no pude hacerlo.
-Bella ayúdame…
De repente mi corazón se agitó y comenzó a latir fuertemente. Solo una persona en todo el mundo me llamaba Bella, era por eso que lo prefería antes que mi nombre completo.
Solo Reneé me llamaba Bella.
De golpe, todo se aclaró frente a mi vista y la luz me cegó por completo.
Estaba en la calle, tirada y lastimada con mi madre a un lado, en peores condiciones que yo. Jacob no estaba, Charlie tampoco. El auto se encontraba volteado en la acera, correando combustible.
El accidente, estaba en mi accidente. Lo vivía de nuevo, mis recuerdos, mis fantasmas, lo sentía en mi piel, la sensación de proximidad a la muerte, el frio que te hiela los huesos, el último suspiro…
Un último respiro…
Me desperté repentinamente agotada, agitada y llorando, llorando a mares.
No podía soportarlo, todo era muy duro. No lo conseguiría, no podría recordar esa noche sin desmayarme o sin entrar en un ataque de pánico. No podía, no tenía las fuerzas.
Tomé mi teléfono de luz y aun llorando marqué el numero de la única persona que podía calmarme en ese momento. La única voz que me daría la paz que tanto ansiaba.
-Amor, Bella… Mi ángel, ¿Cómo estás?
-No puedo, Edward… No puedo hacerlo, le susurré intentando suprimir mis hipos, pero no podía. Hablar con él me tranquilizaba y me entristecía al mismo tiempo.
-¿A qué te refieres?, preguntó sin ocultar el repentino nerviosismo en su voz. Había cometido un error, no debería haberlo llamado pero lo había hecho y era tarde para cortarle de repente. Debía saberlo.
-Quieren que les de los detalles morbosos del accidente… No soy tan fuerte, no lo conseguiré! Quiero irme a casa, no puedo con esto, es más fuerte que yo!
–Debes ser fuerte cariño, ahora más que nunca. No te des por vencida!, dijo brindándome fuerzas de una forma impresionante, hasta casi había conseguido que mi llanto se detuviera. Pero mi corazón aun dolía, preso del miedo.
–De veras lo intento, Edward, murmuré mientras mi rostro se bañaba en lágrimas de dolor, lágrimas de traición. –Pero todo el mundo tiene un límite, y aunque te cueste reconocerlo, el mío al fin ha llegado…
-No digas eso!, gritó en el auricular. –Tú eres fuerte, eres la persona más fuerte y capaz que he conocido en toda mi vida. Tiene mi completo apoyo, si me lo pides viajare solo para estar contigo, pero no bajes los brazos. Es el último paso para que ambos podamos ser felices, es la última instancia y luego todo será como siempre lo deseamos, como siempre lo quise para ti y como siempre lo soñaste para mí. Te amo, solo debes saber y eso y todo estará bien. Nada más importa en este momento, hazlo por mí, por ti, por nuestras vidas y nuestro futuro. Te amo, confió y creo en ti, eres todo lo que tengo en este momento, quiero que seas la causa por la que sonría una vez más. Dame razones para sonreír por ti y para creer que mi futuro siempre será a tu lado, porque de otra forma no lo quiero.
Suspiré enfadada y agotada al mismo tiempo. ¿Cómo había podido tener tan poca fe en mí? Por supuesto que lo haría, solo por el no renunciaría, solo por Edward haría lo que se me había pedido.
-Por Dios, como te amo Edward! Siento que mi corazón va a reventar. Lo hare por ti, mañana iré, daré lo mejor de mí y regresare a tu lado a donde pertenezco. Porque mi hogar es donde estés tú…
-Y en este momento tú tienes mi corazón. Sabes que estoy contigo a donde quiera que vayas…
Qué tal? Les gusto? Espero que sí! Y coloco una advertencia aquí para que luego no se asusten cuando lean, Jajajaja. Dentro de unos capítulos (no diré cuantos exactamente) habrá lemmon! Nuestro primer lemmon! :O Para esas mentes perder como la mía a las que les gusta ver romance entre Edward y Bella, jajaja. Ya que, bye bye! Besitos, las quiero.
