Todo está bien. Todo está bien. Eso intentaba decirse, pero... ¡¿cómo diablos iba a estar todo bien?!
Miku ni siquiera pudo poner atención a la clase. La cabeza de Rin la distraía. Y aunque intentara mantener un pensamiento optimista y decirse que todo saldría bien, sus inseguridades no tardaban en salir a la luz.
¿Y si dice algo tonto?
¿Y si ella se termina asustando?
Tenía que mentalizarse de que todo lo que hacía era por un bien común, y que, luego de hablar con Rin y Len, podría seguir con su misión de juntarlos.
Porque luego de lo que vio, no podía quedarse sin hacer nada. Su objetivo era, sin más ni menos, hacer que ambos queden juntos.
Ese era el siguiente paso, ¿no?
Todo saldrá bie...
—¡Es la hora! —el fuerte y enérgico grito de Gumi le sacó el alma a Miku, pero no era momento para eso, porque de inmediato la tomó de las manos y la paró de su asiento—. Rin te está esperando, ¡el tour no puede esperar ni un solo minuto más!
Tour, tour... ¿ahora era una guía turística?
—Anda tú en mi nombre, dile que estoy indispuesta —balbuceó Miku apoyando su cabeza en el hombro de Gumi. Luka se apareció por el otro lado y le dio golpecitos en la mejilla. Fueron suaves, pero suficientes para hacerla despertar.
—Levantate, Miku. Estaremos detrás tuyo por si te pasa cualquier cosa.
—¡No te rindas! Va a salir increíble.
Definitivamente sus amigas estaban dando lo mejor para subirle los ánimos, pero las dudas en su cabeza le dificultaban un poco pensar en eso.
—¿Y si me falta el aire? —preguntó, mirando las palmas de sus manos.
Al momento, la de cabellos rosas le puso un inhalador en sus manos.
—Ya sabes como usarlo. Y cualquier cosa, tienes mi número como emergentes, ¿no es así?
—Sí, eres la segunda después de Mikuo y mamá. Te llamo a ti, ¿verdad?
—Sí, no olvides respirar.
—Ayuda, ¡¿cómo se respira?!
—Uh... —Musitó una voz que se asomó por atrás, que a pesar de ser suave, golpeó y torturó el corazón de Miku cien veces—. Hola, eh, ¿te acuerdas de mí? Quedamos en...
—¡Exacto! ¡paseo por la escuela! —Gumi tomó la mano de Miku y la jaló. Cuando la tuvo cerca, la empujó hacia Rin—. A Miku no se le ha olvidado, ¡está muy emocionada en ir contigo!
—¡N-No...! —exclamó, pero al ver los ojos celestes de la princesa, se arrepintió de enseguida—. O sea sí, sí quiero ir, es sólo que...
Y como si estuviera sacada de un cuento, la chica ladeó la cabeza y sonrió. Eso congeló a Miku.
Agachó la cabeza, muy avergonzada, y asintió. Gumi y Luka dijeron en voz alta que estaba lista, y Rin comenzó a caminar hacia la puerta. Miku solo la siguió.
Ambas chicas caminan juntas por los pasillos. Hay gente paseando al lado de ellas, pero dentro de su mente, solo existían las dos.
Desde pequeña Miku tuvo estos problemas de personalidad. Se le hacía realmente difícil empezar una conversación, e improvisar y decir cosas sobre la marcha no le funcionaba como sí le funcionaba a sus amigas.
Ahora, cuando era su momento de dar el primer paso, ¿qué palabras podría usar para conseguir su amistad y no perderla en el intento?
Tal vez estaba demasiado ansiosa. Esa chica realmente la intimidaba.
Pero, ¡es que su energía! su energía era como muy, muy potente. No bromeaba cuando sentía que tenía a la reina al lado suyo, y no quería darle una mala impresión. Sin embargo, eso de pensar demasiado en ello era contraproducente, y sabía muy bien que pensar y ponerse así de nerviosa no era cool ante la vista de los otros, y daba una impresión mucho peor.
Cada segundo que pasaba, jugaba más en su contra.
Ahora mismo necesitaba algo para relajarse. Un peluche chiquitito. Eso sería perfecto, porque de lo contrario, relajarse sería misión imposible.
En su lugar, empezó a jugar con sus dedos. La rubia se quedó mirando sus movimientos, y poco a poco empezó a bajar su velocidad.
—Mmh, ¿Hatsune te llamabas? —dijo en un bajo volumen, llamando la inmediata atención de su acompañante—. Bueno, uh... no es por molestar, pero estás muy callada... ¿Segura que quieres continuar?
—¡E-Eh! —Eso, ¡obvio que iba a pasar eso!—. Eh, uh... sí, obvio que sí, es sólo que...
Respira.
Miku tomó aire, se dio una cachetada y sacudió su cabeza. Una vez se detuvo, empuñó su mano y miró a Rin.
—¿Quieres... empezar?
La rubia asintió.
Al recibir esa respuesta, Miku carraspeó su garganta, pensando en su siguiente movimiento.
—Para empezar, este es... este es el pasillo —dijo, mostrando el pasillo en el que estaba—. Por aquí la gente camina y va a sus... respectivos salones a...estudiar.
Al terminar de decir eso, una linda risa se escuchó por parte de la chica. Era una risilla de ternura.
—¿Es en serio? No lo habría adivinado.
—¿No? Ah, hmm... no —Miku se enredó en sus propias palabras—. Perdón.
—No, no, está bien. Te escucho, sigue.
Era difícil inventar algo interesante para decir, sobretodo en esa situación. Sin embargo, no podía ser una total fracasada y arruinar aquel momento que tenía. Si bien se trataba de un tour, pero tal vez no sólo para estar más cerca de ella; de seguro ella lo necesitaba y por eso aceptó. Tenía que tomárselo en serio.
—Bueno... son cuatro pisos en total. El primero tiene las salas de primer año, el segundo de segundo año, el tercero de tercer año y el cuarto salones vacíos que se ocupan para clubes y demás —decía, algo lento, mientras posaba su mirada en sus pies—. La estructura es como una L; en un pasillo completo sólo van los tres salones de cada año, porque cada año tiene tres divisiones, y al doblar en el otro pasillo encuentras el baño, y otras cosas como las oficinas, sala de impresión, etcétera. Abajo está lo más importante y arriba lo menos importante. Y bueno...eso.
Como en cada presentación que tiene que dar en la escuela, la técnica que ocupaba Miku para no reprobar era mirar sus pies mientras hablaba; de esa forma no tenía que verle la cara a los demás y podía decir todo lo que tenía aprendido. Funcionaba en este caso, y Rin la escuchaba atenta.
—Es una escuela bastante pequeña.
—Uh, sí —sonríe, algo apenada por eso—. ¿La tuya era más grande?
—Era gigante —declaró, acabando en una pequeña risa—. Pero creo que a veces está bien cambiar de escenario. Me gusta eso.
Miku asintió. Se sentía feliz de aquello.
Su escuela podía ser chica, pero era especial, y muy linda.
—¡Bien! —apresuró el paso, sintiéndose más animada—. Abajo tenemos el gran patio. Hay de todo, una cancha para el club de fútbol, una para el de basquet, volei...deportes y deportes. También tenemos piscina —se rió por eso. Tal vez su escuela no tenía mucha capacidad para alumnos, pero se encargaba de darles lo mejor posible—. En general cumple la regla de la mayoría de las escuelas del país, no creo que te sientas perdida...
La rubia asintió.
—De hecho, ya me siento bastante familiarizada con el lugar.
—¿Sí? —Miku estaba contenta. Al parecer había salido bien.
¿Pero nada más que decir? Hmm...
—Horarios —recordó Rin de repente, y Miku aplaudió. Eso mismo.
—Ah, bueno... Entramos a las nueve, salimos a las tres. Dos recreos, uno de cuarenta minutos y otro de veinte. Los almuerzos duran una hora, cada uno almuerza en su salón aunque también puede comer afuera y luego pasear por allí. Los clubes se dan después de clases, ya ahí depende del tuyo para ver tu horario de salida. Y...¿eso es todo? No hay nada más allá de eso.
Rin estaba tomando nota mental de todo.
Después le preguntó un par de cosas, lo cual Miku contestó muy animada, feliz de que podía contestar algo útil ya que lo sabía.
—Genial —al terminar, sonrió un poco—. Gracias por mostrarme la escuela. Fue muy agradable.
—¡No es nada! —Miku, muy feliz, le hizo una reverencia y volvió a mirarla—. Yo también me divertí mucho. ¿Podemos volver a juntarnos?
—¿Eh? ¿nosotras? —Miró a Miku con sorpresa— Bueno...aunque ya no tengo partes de la escuela que conocer.
—Pero tienes a alguien que conocer —dijo, dejándose llevar emocionada. Pero ante el silencio de Rin, midió sus palabras y volvió a intentarlo—. ¡D-Digo! Sería bueno que pues...
—¿Empezaramos a hablar más?
Oh Dios.
—S-Sí...yo creo eso.
—Yo también —Rin le sonrió con la cabeza ladeada—. Bueno, entonces espero que hablemos pronto. Ahora voy a ver a unas amigas. Hablamos más tarde.
—¡Más tarde, sí! ¡más tarde!
¡Más tarde! ¡había logrado hacer planes con ella a futuro!
La de dos coletas se despidió de la rubia con un ademán acelerado. Cuando esta se alejó, se quedó mirando a la nada, mientras en su cerebro procesaba todo lo que había acabado de suceder.
Se despertó cuando un cuerpo pesado chocó contra ella, y luego la abrazaban. Era Gumi, y le gritaba lo genial que había sido.
—¡Lo hiciste, Miku! ¡te salió genial!
—¡¿Me salió genial?! —se separó del cuerpo de Gumi, y empezó a dar pequeños brincos de emoción. Luka se apareció por el otro lado y también le dio un gran abrazo.
—"Pero tienes a alguien que conocer". Ohh, Miku, ¿de qué filme sacaste esas románticas líneas? ¡pillina!
—Me salió del alma —respondió, riéndose de la vergüenza. Eso fue vergonzoso, pero había salido genial.
—Oye, ¿pero no crees que le estás quitando trabajo a Len? —comentó Luka entre risas, sin esperar que, ante su comentario, ambas se quedaran en silencio.
—Verdad...
—Oh.
Conocerse. Rin y Len tenían que conocerse aún.
¡Faltaba lo más importante!
Miku empezó a morderse las uñas. ¿Cómo podría hacerlo? Tenía que idear un plan. Ahora que los conocía a ambos, podría servir como puente para que ambos se hablen como la otra vez.
Y para eso... para eso estaba Kasane.
—Eso. Voy a hacer eso.
—¿Hacer qué? —preguntaron sus amigas con confusión, siguiendola a quién sabe dónde.
"Tú puedes hacer que se enamoren".
—¿Es necesario todo este misterio? ¿y por qué no simplemente nos dices y ya?
—¡Quiero saber, quiero saber!
—No pueden saber aún —exclamó Miku, deteniéndose por completo al ver a Kasane entrar por la sala. Entonces miró a sus dos amigas y con una señal les dijo que se queden en silencio y la sigan.
Eso hicieron.
Cada una se sentó en su respectivo asiento. Las dos de adelante miraban hacia atrás descifrando las intenciones de Miku, pero no sucedía nada, ella sólo sonreía como boba.
Estaba intentando llamar la atención de Teto sin usar palabras, pero eso no parecía funcionar. La pelirroja la ignoraba por completo. Luka y Gumi terminaron por aburrirse y se giraron hacia delante.
Sólo en ese entonces, cuando estaban un poco más solas, Teto le prestó atención a su compañera de asiento. Parecía reírse de ella.
—¿Qué? ¿Tanto te gusta la trigonometría que te ves tan emocionada?
—¿Eh? Ah, no... —su voz se desvanece por completo. Teto aprovecha esto para sacar sus libros, los cuales deja muy ordenados sobre su escritorio. Miku visualiza que tiene el mismo que vio el otro día y lanza un chillido de emoción—. ¡Hey! Ese cuaderno...
—El de Shipp Game.
—Sí, ese mismo. Uh, ¿tienes integrantes?
Teto sonríe de lado.
—Sí, ya somos tres.
—Ah —La respuesta la desconcierta un poco—. Uh, ya veo, está bien... que se diviertan.
¿Ya le ganaron? ¿había quedado atrás?
Miku se estremeció. Tal vez ya perdió su oportunidad.
—Qué amable, gracias —respondió Kasane sacando uno de sus lápices, mientras sus labios dejaban escapar una pequeña sonrisa malvada.
Entre las dos hubo un silencio. Por un lado, la de cabellos turquesas se sintió abrumada ante este giro de los acontecimientos, y al mismo tiempo sentía que era tarde para retomar el tema, ya que ya se había tornado incómodo.
El profesor de matemáticas comenzó a dar una clase más, pero Miku no pudo entenderle nada. No era buena con los números, y su mente estaba en otra parte como para concentrarse.
Cuando faltaban diez minutos para acabar la clase, tanto Miku como Teto habían acabado la tarea. La primera mencionada se veía desanimada, y la sonrisa que la acompañaba cuando entró al salón, había desaparecido totalmente por la decepción.
Sus dos amigas, que todavía se preguntaban qué es lo que tenía en mente, se giraron hacia Miku para hablar un poco.
—¿Y bien?
Miku levantó su mirada.
—¿Pudiste hablar con Teto?
—Ah, eso...
Miró a su izquierda. Teto.
Ella la observaba con completo interés, y eso avergonzó a Miku, así que de un impulso, volvió su mirada hacia abajo.
—Ah, yo... yo... —empezó a balbucear—. No es nada de qué preocuparse, está bien, es...
—Sólo dímelo y ya —encaró Teto, usando un tono firme en su voz.
Ante esta respuesta las tres se quedaron en silencio. Las dos amigas de Miku estaban confundidas, no entendían la relación entre estas dos, mientras Hatsune sentía la culpa por meter la pata cada vez más, y perder la capacidad para hablar como un ser humano normal.
—Pasa que, que...
Antes de que siguiera hablando, Megurine tomó la palabra.
—¿Hay algo de lo que me deba enterar? —interrogó, levantando una ceja.
—Me pregunto lo mismo —respondió a quien le hicieron la pregunta, esperando una explicación también.
—Muero de curiosidad, ¿qué será? ¿un gran plan?
Todos estaban mirándola directamente a la nuca, y eso la aturdía. Pero antes de seguir complicándose, Miku puso sus manos sobre su cabeza y bloqueó su vista.
—Era sobre lo del juego de shipps...
Cuando Miku respondió esto, Teto asintió. Todo cobraba sentido.
—Lo supuse.
Por el otro lado, Gumi y Luka seguían igual de confundidas.
—¿Juegos de shipps?
—Shipp Game —corrigió Teto.
—Genial, ¿eso qué es?
Miku observó por el rabillo del ojo a Teto suspirar y sacar su cuaderno de notas. Comenzó a buscar ciertas páginas, y mientras les mostraba, les explicó.
—Woah, ¡qué divertido! —exclamó Gumi, apenas terminó de escuchar. Eso hizo sonreír a Miku.
—¿Te gusta, Gumi?
—Sí, me interesa —mostró sus dientes, entusiasmada.
—¿Hablan en serio? ¿Una competencia? —se cuestionó Luka en voz alta, juzgando lo que decía en la página—. ¿Para juntar a dos personas desconocidas?
—Al final, el ganador ganará una recompensa.
—Una recompensa... ¿de qué tipo? —Luka la miró con picardía.
Teto se quedó sin palabras. Ante esto, Gumi golpeó la mesa.
—¡¿Acaso será un castillo lleno de dulces y animales mágicos?!
—Con millones de yenes estaría bien.
—O quizá... ¿nuestros sueños hechos realidad...?
Cuántas suposiciones. Teto, por primera vez, perdió los carriles que tan bien llevaba.
Suspiró con fuerza, y negó con la cabeza.
—Ay, qué trío de niñas tan preguntonas. Esperense hasta que sea el momento, ¿ok? —declaró, leyendo de nuevo su libreta. Sus acompañantes se quedaron en silencio—. Primero tenemos que ver las firmas; hay ciertas reglas que tenemos que seguir antes de empezar.
—¿Es broma? —dijo Luka.
—¿Por qué lo sería?
—O sea, no entiendo porqué tanta formalidad. ¿No es sólo un juego?
—Todos los juegos tienen reglas y condiciones, ¿no? —afirma, endureciendo su mirada—. Y si te gusta bien, sino, adiós. No estás obligada a jugar ni mucho menos.
Esto cayó duro sobre Luka, y le hizo pensar en sus palabras.
Miku... Miku la miraba temerosa.
Ok, si es por Miku, la mejor decisión era escuchar. Eso hizo a continuación, mientras Teto explicaba un par de cosas más, y les mencionó a Kagene y Akita, quienes eran otras dos jugadoras más.
Miku y Gumi estaban muy emocionadas de conocerlas. Jamás habían escuchado sus nombres. Por esa misma razón, caminaban tan vigorosas detrás de Teto, quien se dirigía a la clase 2-C.
—¡¿Eh?! ¡¿me robaste mi pescado?! ¡¡devuelveme mi pescado!!
—Mi luvasa tner qum sucur du lu bucu...
—¿Ellas son? —preguntó Miku desde la puerta, señalando a un escandaloso dúo de chicas al rincón de la sala.
Teto confirmó, no muy contenta por eso. Les advirtió que tengan cuidado, lo que las alarmó más de lo que estaban antes.
Pidiendo permiso para entrar, el cuarteto entró, siendo sigiloso y sin intención de molestar. En uno de esos momentos, la de cabellos rosas agarró a Miku del brazo, y le recordó en un susurro cuál es el lugar en el que estaban. Eso la hizo despertar.
—Oh, no —buscó con su mirada a los alumnos de esa clase, encontrándose con una cabellera rubia y de ojos celestes. Tal como pensaba, era Len.
Lo bueno es que estaba de espaldas mirando hacia adelante, así que Miku aprovechó para esconderse detrás de su amiga, y estar más alerta a la próxima por si algo pasaba. No es que tuviera algo de malo él, es sólo que no tenía preparado ese encuentro, y si él escuchaba algo de la reunión estaría frita.
Cuando llegó por fin, Teto les presentó el dúo a sus compañeras de clase. Se sentía algo incómoda por la posición en la que Kagene comía su almuerzo, pero no tenía remedio.
—Ah, ¿son nuevas? —preguntó la de caballos negros, apuntando a las chicas coloridas.
—Nuevas, nuevas, no somos —aclaró Gumi con una gran sonrisa—, pero nuevas en el juego sí.
Se saludaron las unas a las otras. Rui por un lado no tenía un problema y se veía un poco más animada, mientras tanto, Neru miraba con asco.
—¿Y ustedes qué?
—Van a jugar en el juego, Neru.
—¿Y por qué deberían? Ya somos tres, no necesitamos...
Mientras hablaba, descuidó su almuerzo y Rui empezó a comer de él. ¡Claro que no permitiría eso!
—¡Tienes tu propio almuerzo, tonta!
—Pero es muy poco... —gimoteó Rui, disfrutando de la deliciosa comida de Neru.
Las chicas del segundo b estaban un poco nerviosas. Gumi preguntó en voz baja si esto siempre era así, y le respondieron que sí.
—Oh no.
La chica rubia usaba el cabello suelto; en su rostro destacaban sus dos grandes cejas, y una cara un poco redonda. A pesar de estas características, era muy bonita. Su acompañante también, pues a pesar de no tener la mejor postura, su melena negra, ojos dorados, cabello despeinado y chaqueta amarrada a la cintura le daba estilo. Luka fue la que más presente tuvo eso.
—¿Se pueden callar de una vez? —llamó la atención Teto, poniéndose entre ambas—. Son asuntos de trabajo, no es momento para...
—¡Comida de peces! —Rui sostuvo un pescado sobre su nariz, y se acercó con fuerza a Neru. Recibió un grito estruendoso. Vaya dúo dinámico.
Habían hecho todos los intentos, pero de verdad las chicas no paraban con el desorden. Aunque no eran las únicas, porque en general todo el salón era así de hiperactivo. Incluso Len, que parecía estar muy entretenido riéndose con sus compañeros.
Miku pasó uno de sus delicados cabellos por sobre su mejilla, y escondió su mirada por ahí.
Deseaba no ser vista.
Cuando volvió su atención hacia sus acompañantes, ya estaban calladas. Neru y Rui con un chichón en sus cabezas, luciendo algo arrepentidas por formar tal alboroto.
—Espero ahora poder hablar —suspiró Kasane.
—¿De qué vamos a hablar hoy? —Rui, olvidándose del chichón, se apoyó en el respaldo y pasó un brazo suyo por detrás, mientras miraba a sus acompañantes expectantes.
—Hablando de eso, Teto nos trajo hasta acá. ¿De qué trata? —preguntó la de cabellos verdes, dirigiendo su atención a Teto. Esta última, agradecida, se llevó una mano al corazón y pudo hablar por fin.
—Hoy vamos a hacer una reunión para poner las reglas del juego, y necesitaba que se conocieran.
—Esta es la competencia, ¿eh? —Neru miró a sus compañeras de juego fijamente, con una postura de superioridad. Las tres asistieron, un poco temerosas.
En ese momento, Miku se dio el tiempo de ver a las chicas nuevas. Entonces eran ellas quienes también buscaban esto de juntar a dos personas. ¿A quién querrán juntar?
—Sí... —Teto pasó un dedo suyo por su ceja—. ¿Vamos a terminar con esto de una vez? Va a acabar el almuerzo.
Las chicas asistieron, e inmediatamente empezaron a hablar de otras cosas. Rui y Gumi se adelantaron, caminando a la par de Teto. Miku quedó atrás, porque mientras iba en camino, chocó con alguien.
Cuando quiso mirar a quien había botado, se encontró con un chico de cabellos negros. No había alcanzado a caer al suelo, pero recibió el impacto y al parecer su brazo había sufrido. Miku quiso disculparse, pero el chico se veía anonadado.
—¿Me perdonas?
—Ah —con sus ojos dorados, los cuales se veían apagados, evitó el contacto visual, y miró hacia abajo—. Ya, eh, ajá.
Y, en un incómodo silencio en el que ambos se quedaron quietos, el chico hizo un gesto repentino y se apresuró para alejarse.
Sin saber qué decir exactamente, Miku se quedó mirando a la dirección en la que se alejó el chico. Pensó que quizá había sentido pánico, y estaba bien, muchas veces le pasaba lo mismo.
Pero... sus amigas ya no estaban. Miró a todos lados y llegó a la conclusión de que la habían dejado sola. Y ahí, como una presa, en cualquier momento podía ser descubierta por Len y su amigo. Por eso mismo, se dio prisa para alcanzar a Teto y a las demás chicas.
