Hola a todas… ¿Cómo están? Yo me siento algo triste porque mi último capítulo tuvo muchísimas visitas y solo dos reviews. Es triste porque yo gasto un tiempo bastante importante para mi escribiendo esta historia y si de verdad ya nadie va a valorarla no se para que debería continuarla :( Pero bueno, de cualquier forma gracias a las dos lectoras que dejaron review! Les agradezco por tomarse ese pequeño momento y escribirme una reseña.


Capítulo 7:

Bella P.O.V:

Lentamente, mi estancia en Forks se iba terminando.

Ya había cumplido la misión que tenía que realizar en ese lugar, y lo único que me quedaba por hacer era empacar, antes de que la hora llegara y tuviera que regresar a mi nuevo hogar. De cualquier forma, eso no me preocupaba demasiado… No eran muchas las cosas que debía guardar en mi maleta, solo algo de ropa y un par de cosas que Esme le enviaba a su mimado Edward.

De tan solo pensar en su nombre se me erizaba la piel. Jamás pensé que podría extrañar tanto a alguien, nunca lo creí posible puesto que solo me había sucedido con mi madre y mi hermanito. Todo hasta que él había entrado en mi vida y había volteado las cosas de cabeza.

Agradecía con todo mi corazón que en solo unas pocas horas podría reencontrarme con mi novio, y pedirle disculpas por todo los dolores de cabeza que le había causado con ese viaje.

Extrañaba sus sonrisas, su mirada, su perfume… El sonido de su voz o inclusive sus gritos furiosos cuando algo no le salía bien… Quería tenerlo a mi lado, para siempre, junto a mí para toda la vida, pero el temor de dañarlo, de arruinarlo y ensuciar su alma de forma incurable era lo que conseguía tironearme hacia atrás en el camino, impidiéndome avanzar hacia más con él.

Eso era lo que tenía… Temor, el temor que siempre había abundado en mi cuerpo y que amenazaba con apoderarse de él continuamente, razón por la que nunca se iba lejos de mí.

-¿Necesitas ayuda, cariño?, preguntó amablemente Esme mientras se asomaba por la puerta de mi cuarto, brindándome una tranquilizadora sonrisa.

Luego de lo sucedido en la oficina policial, ella y Carlisle se habían encargado de tranquilizarme, actuando como los padres que había perdido. Aún luego de haberle aclarado a la mujer que ya me encontraba mejor, se había quedado pendiente de mi estado, haciendo numerosas apariciones en mi cuarto solo para preguntarme cosas obvias, como si el frío era demasiado o como si sabía cuál era la capital de algún país.

Esa situación me daba bastante gracia… Sabía que ella solo hacía eso para asegurarse de que no me había debilitado, cayendo en la desesperación una vez más. Solo que no quería decírmelo de frente, por miedo a mi reacción.

Interiormente lancé una carcajada irónica. Ella también tenía miedo… Después de todo, ambas compartíamos algo más en común que simplemente su hijo.

-Gracias Esme, pero aún no quiero empacar. Estaba pensando en ir de compras, ya sabes… Llevarle algunos recuerdos a Ed, le respondí dejando de lado el libro sobre medicina que había tomado de la biblioteca de mi suegro con el fin de obtener algo de diversión y distracción.

La hermosa y elegante mujer me sonrió con cariño y luego se acercó suavemente a mí, hasta sentarse en la punta de la cama donde yo estaba.

-¿Qué tal estás? No quiero que pienses que soy atrevida pero no soporto más esta duda que tengo. ¿De veras te sientes bien, dulzura?

Suspiré con tranquilidad mientras la observaba y asentía con delicadeza.

"Lo sabía!", gritó mi pequeña vocecita interior.

-Me siento extraña… Debo estar bien, ahora no hay más problemas de los cuales hacerse cargo, al menos no de momento… Pero tengo miedo.

Me avergonzaba hablar con Esme de aquella forma, repleta de confianza. Nunca había tenido ese estilo de charlas con mi mamá, la mayoría de las cosas las había aprendido a prueba y error y de repente me encontraba encerrada entre cuatro paredes, intentando hacerle una confesión a la madre de mi novio, a quien solo había visto pocas veces.

Era algo de locos, pero no sabía con quien más hablar sobre eso. Alice se volvería loca contratando psicólogos extranjeros y Rose intentaría darme un bofetón asegurándome que estaba actuando como una niña llorona. No quería eso! Yo solo quería ser feliz.

-No quiero decirte que te entiendo porque solo tú sabes todo lo que has tenido que vivir pero… ¿A que le temes? Ya no hay nada a que tenerle miedo ahora…

-Realmente no lo sé, dije totalmente confundida. Ella tenía razón. Los problemas con mi padre habían terminado… Mi testimonio ya había sido procesado y me avisarían del veredicto con una llamada de teléfono. Ya nada era capaz de lastimarme… Entonces, ¿Por qué me sentía así, tan destruida?

-No temas cariño, la vida es demasiado hermosa para que la disfrutes teniendo miedo.

-Es que es siempre la misma rutina, Esme. Siempre que lo malo se termina, viene un corto periodo de felicidad y amor y después todo se arruina de nuevo... Ya no sé de dónde sacar las fuerzas suficientes para superar mis propios demonios, estoy rodeada de sombras.

La mirada que mi suegra tenía era totalmente maternal… Me observaba como si fuera una delicada muñequita, un ejemplar único en la tierra… Ella no me veía como una mujer destrozada, Esme si veía lo bueno en mí.

-Los problemas nunca se terminan, pero es peor enfrentarlos sola. Ahora nos tienes a los chicos, a nosotros y a Edward…

No pude evitar sonreír cuando hizo mención de su hijo. Él era así, tenía siempre el poder de hacerme sonreír, aún cuando solo escuchaba su nombre.

-No quiero arruinar los planes que él tiene con problemas bobos e inseguridades mías. A veces pienso que no soy lo suficientemente buena para él, y tengo miedo de que decida olvidarme.

-Jamás lo hará, Bella. Él te ama, lo puedo ver en sus ojos cuando te mira, o en su entusiasmo cuando habla de ti. Y créeme, soy su madre, se como identificar los estados de ánimo de mi hijo.

Ambas reímos cuando ella menciono eso. Luego de recuperarse, tomó aire y continuó.

-No importa todo lo malo que suceda, debes saber que nunca más tendrás que pelear si compañía. Tus problemas son los problemas de todos, tenlo en cuenta. Y prométeme que no tendrás más miedo.

-Lo prometo, dije tímidamente mientras me acercaba a ella y la abrazaba fuertemente, mostrándole de esa forma mi eterno agradecimiento.

Algo en mi cambio, un vacio se produjo en mi abdomen y me hizo sentir repentinamente eufórica. ¿Acaso el miedo se había ido? Al parecer si, puedo que ahora tenía mucha más seguridad que antes, y solo un objetivo llenaba mi mente…

Ser feliz junto al hombre que más amaba en toda mi vida.

No me hizo falta mucho razonamiento, puesto que Esme me dio la idea del cambio.

Comenzaría una nueva etapa de mi vida, y la acompañaría con un radical cambio de look. No era que fuese a teñirme los cabellos de azul y comenzara a vestirme al más puro estilo punk, sino que solo quería sacar a relucir toda esa nueva seguridad, esa belleza que se había comenzado a desarrollar en mi interior.

Mi mano temblaba mientras conducía hasta la casa donde vivían las únicas personas que sabía podían ayudarme en eso. Debía ser una operación secreta, y temía que alguien le contara a Edward sobre lo que se estaba produciendo en Forks, en caso de no se runa persona de confianza.

Con cuidado aparqué el reluciente auto de mi suegro en la gran mansión de Rose, y me bajé de este sin perder ni un segundo. Si quería tener todo listo para la próxima mañana deberíamos apresurarnos, y no tenía mucho tiempo antes de que se hiciese de noche y tuviera que regresar a casa a empacar.

De inmediato, luego de llamar al timbre, la puerta se abrió de par en par, mostrando un sonriente muchacho con ojos enormes y musculatura digna de luchador libre.

-Emmet!, grité felizmente mientras este me tomaba en brazos y comenzaba a girarme en el aire. Había sido tonto de mi parte pensar que Rose estaría sola, puesto que su novia andaba pegado a ella a donde fuera que fuese, inclusive a las tiendas de ropa.

-Belli Bells! Qué guapa estás!, dijo él mientras me dejaba en el suelo suavemente, recibiendo un golpe seco por parte de Rose quien me guiño el ojo amistosamente. –Bueno cariño, no te enfades. Sabes que tú eres a la única que amo!

-Ya hablaremos luego, Emmet, le respondió esta mientras me tomaba del brazo y me arrastraba a la sala donde un entretenido Jasper jugaba a los videojuegos mientras que Alice lo observaba aburrida.

-Bells!, gritaron ambos en cuanto me vieron y corrieron a abrazarme. –Parece como si te hubiese llamado con la mente! Con los chicos te íbamos a pasar a buscar para ir al centro comercial, ya sabes… A ver una peli y a hacerte una enorme despedida.

-Wow, de veras? Supongo que les arruiné la sorpresa, murmuré intentando parecer triste, pero todos echaron a reír a carcajadas. –Ya vale, será mejor que nos vayamos. El auto tiene toque de queda…

-Trajiste el Mercedes? Dime que el maldito de Carlisle te dio el Mercedes!, gritó Emmet extasiado mientras me arrebataba las llaves de la mano y corría fuera de la casa, imitando a un tren en movimiento.

-Emmet! No hagas eso! Eres demasiado grande para caber en el coche!, gritó su guapa novia mientras corría detrás de él, asegurándose de que nada malo le sucediera al pobre auto de mi suegro.

-Entrare de alguna forma. No importa si tenemos que cortar el techo, voy a conducir este bebe te guste o no!

-Demonios, Carlisle me matará, le susurré a Alice mientras esta me miraba riendo algo aterrorizada. Y luego de dar un largo y sonoro suspiro me decidí a decirle mi propósito para esa visita. –Oye Al…

-Dime Bells!

-Crees que puedas… Ayudarme a… A cambiar de look? Ya sabes, tú eres la espert…

-DIOS! SIIIII!, grito ella mientras me abrazaba y comenzaba a botar de felicidad a mi lado. –Jamás pensé que me lo pedirías! Y a que se debe este repentino cambio?

-No lo sé, solo… paso.

-No importa, esto será súper G-E-N-I-A-L!, agregó tironeándome de la mano mientras yo intentaba teclear un texto en mi celular:

Para: Edward 3

Asunto: ¿Qué tanto te gustan los tacones y las minifaldas?