—Regla número uno: está prohibido hacer cualquier tipo de trampa. Básicamente, mentirles a los demás con lo que realmente estás haciendo con tus flechados, o tomar atajos injustos sin justificación ni mérito —leyó Luka en voz alta, mientras su rostro permanecía serio. Luego de eso, quedó unos segundos en silencio, y dirigió su mirada a Teto—. Uh, ¿y qué harás si alguien pasa esto por alto y aún hace trampa?

—Lo obvio, ¿no? —su mirada era fija contra el suelo, estaba absorta—. Lo degollaré y le enviaré sus intestinos a su familia por correo.

Todas, incluso la más violenta, temblaron como gelatinas al escuchar eso. Teto espetaba una actitud de autoritarismo y seguridad, y por eso mismo, les costaba creer que sus palabras eran una broma.

Para aligerar el ambiente, Rui tomó su papel, pues cada una tenía una copia, y leyó un fragmento de la primera regla.

—¿"Lo que realmente estás haciendo con tus flechados"? ¿Qué significa "flechados"?

—Son las personas que shippeamos. —Al fin, Teto hizo contacto visual— Nosotros somos las cupidos.

Una sonrisa se formó en los labios tanto de Gumi como Miku. Ese nombre les encantaba, lo hacía todo mucho más especial.

Por el otro lado, Neru hizo una mueca de asco.

—¿Era necesario hacerlo todo tan formal? ¿Reglas? ¿en serio?

—En serio. —La líder hizo énfasis en sus palabras, pronunciándolas lentamente—. Todos los juegos tienen reglas, ¿por qué este no lo tendría?

—Juego... yo no lo llamaría juego.

—Literalmente se llamaba Shipp Game, Luka —respondió con rigidez, dejándola en silencio. Antes de responder, se dirigió hacia Gumi y le habló—. Ya, peli verde, lee la segunda regla.

—¡Yay, es mi turno! —sonríe y empieza a leer con emoción— Segunda regla: ser fiel al juego, no revelar información a desconocidos y mantenerse con una shipp durante todo el juego —aunque seguía sonriendo, se veía cada vez más afectada—. O-Oye, ¿en serio tengo que seguir esto?

—¿Crees que las reglas están ahí por decoración? —Gumi calla, respondiéndole a la pregunta—. Si vas a jugar tienes que seguir todas las reglas, o sino te vas.

—¿Entonces para ganar tienes que mantenerte con la misma shipp todo el tiempo y ser fiel? —cuestionó Rui, pensando más de una vez las cosas.

En respuesta, Teto asiente. La de cabellos turquesas profundizó en eso, y sin entenderlo del todo, pensó en una posibilidad abierta. Hizo la pregunta al aire:

—¿Qué pasa si lo gano temporalmente? Es decir, por un rato sí, pero luego se deshace...

—¿A qué te refieres?

—Si hago que mis... "flechados" queden juntos, pero al cabo de un tiempo se separen.

Al escuchar esta pregunta, Teto se quedó pensando. Definitivamente era una buena pregunta.

—Cuando termine el año, el que tenga una shipp que siga con los dos integrantes tomados de la mano. Si terminaron antes de eso, entonces no.

—¿Y si nadie gana?

Teto le lanzó una mirada rígida a Rui.

—¿Y si más de uno gana? —preguntó ahora Luka, atrayendo la atención de Teto.

—La idea es que se destruyan entre sí.

—¡¿Destruir?! —exclamó Gumi, con miedo.

—Sí, destruir —Teto arrugó la frente—. Tal como nos encargamos de unir el lazo entre dos personas, también podemos destruirlo, ¿no?

—¿Ah...? —a Gumi se le fue el aliento.

Mientras tanto, Neru ocultó muy bien su sonrisa. La respuesta le gustaba, y se sentía especialmente motivada con esas palabras.

La conversación continuó. Se hicieron algunos comentarios al respecto, pues las impresiones de lo que se había dicho eran muchas, pero todo cayó en lo mismo, y Teto hizo silencio para que se siguiera con el reglamento.

Hizo leer a Miku, quien había entrado en una nube de fantasía y parecía estar en otra realidad.

—¿Yo? —Teto confirmó con la cabeza. Ahora era Miku quien tenía que leer—. Ah, bueno, dice... "tercera regla: el cupido no se puede involucrar románticamente con su flechado. Es un pecado que será terriblemente castigado"

—¿En serio? —Las risas de Luka no se tardan en escuchar—. ¿Era necesario ese dramatismo?

—Imagina enamorarme de mi hermano —comentó Rui, poniendo mueca de asco. Eso llamó la atención de sus acompañantes. Confesó algo que nadie sabía.

—¿Vas a shippear a tu hermano, Rui? —preguntó Gumi sonriendo ampliamente.

—Oops, me descubriste —la de ojos dorados se lleva una mano a la boca.

Ya habían acabado las reglas, así que era perfecto para Teto comenzar a hablar del siguiente tema. Dejó la hoja en el suelo, y se dispuso a escuchar atentamente lo que diría Rui.

—Voy a shippear a mi hermano, Kagene Rei, con un chico de tercero: Hatsune Mikuo.

Las chicas a su alrededor asienten, tratando de imaginarlo. Haciendo énfasis en Miku, quien se quedó en blanco mirando el suelo, solo para darse cuenta, segundos más tarde, que había mencionado su apellido.

Solo entonces, lanzó un grito al aire y se paró del suelo, de un solo movimiento.

—¡¿Dijiste Mikuo?!

A su lado, su amiga Luka le protegió la espalda. También le había sorprendido esa noticia.

—¿Estás bromeando? ¿el hermano de Miku?

—Ah, ¿así que sí era el hermano de Miku?

—¿No era obvio? —La de cabellos rosas señala con el brazo los rasgos faciales de Miku, a lo que Rui solo atina en reír.

—Ah, es verdad. Lo había sospechado —comentó con una sonrisa, dejando desconcertadas a Luka y a Miku.

Miku no sabía exactamente cómo sentirse. Su hermano, su querido hermano con el que compartía techo desde sus primeros días de vida, ahora estaba siendo utilizado en un juego de seis estudiantes de segundo grado. De alguna manera, era raro escuchar su nombre para ser utilizado para una shipp, pero más raro era... ¿por qué él?

Miku se trabó al hablar. Tenía varias cosas qué decir. Mikuo tenía novia, por ejemplo, y dudaba que su sexualidad le abra la puertas al hermano de Rui. Pero a la vez, otras cosas se le vinieron a la mente, como que ella estaba haciendo lo mismo, y ni siquiera sabía si Len tenía pareja, así que se calló, y en cambio, terminó con una crisis existencial.

—El nombre de la shipp es KuoRei —mencionó, mirando con especial cuidado a Miku, quien no dejaba de farfullar cosas en voz baja—, y... ya lo tengo decidido. Los elegí.

Teto anotó estas palabras en la libreta y dejó registro de ellas. Cuando acabó, se quedó mirando a Akita, quien se notaba muy segura. Le preguntó qué había elegido ella. No esperaba que, para responder, Neru se pusiera de pie con una mano en el corazón. ¿No era eso una respuesta con demasiada emoción?

—Es una shipp legendaria, una shipp que nació para existir. Estoy muy segura de que se hará real. Con ustedes: ¡banana cream!

—¿Shippearás una banana?

—Me refiero al KaiLen —Neru se cruzó de brazos. La gente nunca le entendía—. Le puse así porque son sus alimentos favoritos. ¿Sabías que a Kaito le gusta el helado? es un pervertido.

—A mí también me gusta el helado... —Gumi se quedó en seco. ¿A qué se refería con eso?

Miku, en su lado, volvió a tener un ataque al corazón. Esta vez, con Len. Había escuchado claramente Len.

¿Len? ¿Lenka? ¿Elena? ¿era el mismo Len? ¡¿quién?!

—¿Q-Quienes son? —Miku preguntó, con velocidad.

—Kaito Shion del 3-C con Len Kagamine del 2-C. Pensé que era obvio.

¿Obvio? ¡era obvio!

Y obvio que Miku volvió a ponerse de pie precipitadamente, mirando con impacto a la de cabellos rubios.

—¡¿Te refieres a ese Len?!

—¿A ese Len? obvio que sí —Neru frunció las cejas, viéndose un poco molesta.

Todas las chicas se giraron a ver a Miku; ahora era ella quien llamaba la atención. Se sentía un poco aturdida de que todas las personas que conocía fueran elegidas, y eso significaba que tendría más competencia.

Ni idea quién era Kaito, pero de todas formas era otra persona.

—No, nada... es sólo que... —Miku miró sus manos, evitando el contacto visual con Neru—. Tendré competencia.

—Ah, ¿sí? —Neru comenzó a acercarse, con una sonrisa cínica. Miku comenzó a retroceder, pero se quedó quieta al escuchar el gran grito de Neru—. ¡¿Con quién?!

La de cabellos rosados se paró inmediatamente para defender a su amiga. Por el otro lado, Miku, comenzó a temblar de miedo. Esa chica Neru era incluso peor que Teto.

—Yo, eh... ah... uh, es... mmmh.

—¿Quién? —su cara se volvió oscura.

Miku tomó unos segundos para calmarse, y cuando estos acabaron, abrió los ojos haciendo contacto visual con la rubia.

—¡Lo voy a shippear con Rin Kagamine! —confesó, y luego apretó los labios, intentando ser fuerte ante el potente contacto visual que su contrincante le desafiaba.

Pero al escuchar esa respuesta, se hizo hacia atrás, y bajó los hombros, mirando con asco a la de cabellos turquesas.

—¿Su hermana?

¿Eh...¡ehhh!? ¡¿hermana?!

—¡¿Cómo que hermana?! —Miku, en pánico, agarró los brazos de Neru, agitándola.

—Su hermana, tontita. Tienen el mismo apellido. ¿Acaso no te diste cuenta de eso? ¿o acaso shippeas incesto?

Miku negó, mientras hacía lo posible por respirar.

—Pero, pero... —cómo que hermanos, ¿es en serio?—. Ellos no... no son hermanos...

—¿No has pensado en la posibilidad de que solo tengan el mismo apellido? —defendió Luka, poniéndose entre Neru y Miku—. Kagamine, uff, no sabes a cuantos he conocido en mi vida.

—Es la primera vez que yo escucho ese apellido —titubeó Gumi.

—¡¿De qué lado estás, Gumi?!

—¡Waah! ¡¡absolutamente he conocido a miles de personas con ese apellido!!

Ante esta reacción, Neru se cruzó de brazos, mostrando un semblante lleno de molestia y competividad. Miraba a su oponente, en busca de alguna reacción, pero esta sólo se quedó en pánico, buscando alguna respuesta en el suelo.

La de cabellos negros apareció por atrás de Neru, y trató de suavizar la conversación.

—Sería tan raro que alguien me shippee a mí con mi hermano —comentó, pensando en su hermano, Rei. Pero nadie se sintió más aliviado con eso, y Miku sólo se tensó más.

—¿Hermanos...? ¿hablas en serio?

—¿Crees que estoy bromeando? —Neru se comienza a acercar, acabando con la poca distancia que tenían.

—No, pero —Miku se intenta explicar— es imposible...

—¡No estoy jugando con esto, renacuaja! —molesta, se hace hacía atrás, y empuña las manos, volviéndose en una posición más intimidante que la anterior—. Conozco a Len desde hace muchos años y he escuchado perfectamente que tiene una media hermana. ¡Una media hermana! ¿y adivinas quién es, Miku Hatsune...?

¿Una media hermana? Len, ¿una media hermana?

Al no saber qué decir, ni cómo defenderse, ni qué hacer, la de cabellos turquesas buscó a su mejor amiga y le dio un fuerte abrazo. Luka lo recibió a gusto.

Pero la rubia no se quedó contenta con eso, así que miró a Teto, quien no dejaba de mirar la escena como si la disfrutara.

—¿Me vas a decir que la vas a dejar así como así? —preguntó, apuntando a la víctima—. ¡Tienes que decirle que no puede shippear eso!

—¿En qué parte del reglamento mencioné que no se puede hacer eso?

—Pero... pero —su cara se deformó hasta una de asco—. ¡Es asqueroso! ¡Es incesto!

Rui confirmó, asintiendo con la cabeza. Por el otro lado, Teto sólo se dignó a sonreír.

—¡¿Te ríes?!

—Es divertido.

—No puede ser —chocó su palma contra su frente—. Si nos ponemos en esas, mejor shippeo al profesor Dell con Rui, ¡a ver si las relaciones así también les gustan!

—¡Dell es mi profesor! —Rui se asqueó.

—Y Rin es la hermana de Len —contestó Neru, golpeando el corazón de Miku—. Y no voy a permitir que suceda algo como esto. Voy a detenerlo. Ahora.

Y, antes de que pudieran detenerla, Neru ya había salido corriendo, abandonando la escena.

—¿Qué va a hacer? —se preguntó Gumi, perdida del todo.

—Esperemos que no sea tan malo —dijo Rui—. Neru de verdad está loca. Es capaz de hacer lo que sea.

—¿Lo que sea? —la voz de Miku tembló. No podía asimilar la situación—. ¿Y... entonces que voy a hacer yo? ¿Cómo que Rin y Len son hermanos? Ellos no parecían hermanos. Estoy segura de que no son hermanos.

—¿Entonces por qué no vas y lo compruebas?

Miku miró a Teto, tratando de comprender sus palabras.

—Ve. Investiga si son hermanos, y de ahí piensa si vas a querer que queden juntos o no.

Ante las palabras de su líder, Miku asintió, y empezó a caminar hacía atrás, alejándose de la escena.

—¡Y vigila que Neru no destruya la escuela! —gritó Rui, haciendo que Miku le cobre más urgencia al asunto y empiece a correr. Ahora las chicas en escena eran cuatro.

Luka miró a Gumi, y Gumi miró a Luka. Estaban preocupadas por lo que pasaría a continuación.

—Voy a ver a Miku —dijo Luka, comenzando a caminar.

—No vayas, tienes que dejarla sola.

—Pero, Teto...

—Pero nada. No eres su mamá, así que metete en tus propios asuntos. Y tú, junto a Gumi, ¿cuándo me van a traer su shipp?

Ah, la shipp...

—Hablando de eso —Gumi empezó a jugar con su pie—. ¿Tiene que ser ahora?

Teto la miró en silencio.

—Tú qué crees.

—¡Ahh, dame tiempo! —Gumi se reverenció inmediatamente—. ¡Ya voy, ya voy! ¡quiero encontrar algo útil!

—Voy a acompañar a Gumi. Adiós —dijo Luka, uniéndose a Gumi.

Y luego de que hayan salido corriendo, sólo quedaron Rui y Teto en escena.

Se miraron, y luego de un largo rato de silencio, Rui lo rompió con una pregunta.

—Y tú, ¿ya elegiste tu shipp?

—Bueno, bueno —canturreó Teto—. Eso ya lo veremos...

Hermanos.

¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que después de todo el tiempo que Miku había gastado suspirando y muriendose por ellos, hayan sido sólo hermanos?

Una historia de amor, un príncipe y una princesa; todo se sentía tan real. Pero las cosas cambiaban completamente si eran del mismo reino y tenían los mismos padres. ¿Cómo podría permitir eso? ¿cómo pudo haberse dejado engañar así?

Miku caminaba tan rápido buscando rastro de Akita, pero sus pensamientos no la dejaban en paz, así que se terminó rindiendo y se sentó en el suelo del pasillo, apoyando su cabeza entre sus piernas.

No quería creerlo. No quería darle la razón a Akita. Pero después de sus razones, después de pensarlo bien, la idea no era tan alocada. Y le molestaba muchísimo que no fuera alocada.

¿Qué tipo de hermanos se miran como si fueran un par de desconocidos luego de haber caído al suelo? Si hubiese sido con Mikuo, él la hubiera llamado por su nombre y terminaría con un abrazo. Porque... se supone que los hermanos se conocen, ¿no? y como hermano no le preguntaría por su nombre.

Por esa razón, por esa misma razón, no tiene sentido lo que decía Akita. Algo estaba mal. Y Miku estaba decidida a descubrirlo.

Pero si fueran hermanos sería terrible... una pena profunda azotaría a Miku si eso terminara siendo cierto. Porque todas sus ilusiones terminarían tiradas al suelo.

La campana sonó, y Miku caminó hasta su salón. Lo primero que hizo fue mirar a Rin, quien estaba ocupada organizando sus cuadernos sobre la mesa. Pensó en acercarse, pero algo la detuvo.

—Disculpa. —La de cabellos turquesas se giró a ver quién era la de la voz, pero solo era una compañera más—. ¿Viste a la profesora venir hacia acá?

Profesora...

Luego de intentar recordar, Miku negó con la cabeza, y su compañera le dio las gracias y se fue. Ni siquiera conocía su nombre y, bueno, tampoco le importaba. Ahora el asunto era Rin.

Pero... ¿dónde está Rin?

Miku miró a todas partes. Ahí la encontró, botando los restos de su lápiz en el basurero. Notó como, en un momento repentino, dejó el lápiz de lado y sacó algo de su bolsillo, y lo arrojó rápidamente a la basura con el mayor disimulo posible.

Curiosa de por naturaleza, Miku se acercó al basurero, aprovechando que Rin había vuelto a su escritorio. Miró dentro de la basura, y con su mano sacó el papel recién botado, y se lo llevó a su escritorio para leerlo fuera de la vista de Rin. Ahí se dio el tiempo para leerlo en tranquilidad, y se sorprendió con lo que decía dentro.

"Eres tan ridícula".

¿Cómo? ¿ah?

Levantó la vista para ver a Rin. Sola, con los hombros deprimidos, mirando sus pies. Triste.

Eso le daba pena. Y rabia.

¿Qué tipo de persona se da el tiempo de escribir estas notas ridículas? y más aún, ¿por qué Rin? ¿qué diablos les ha hecho Rin?

Pensó en acercarse, pero al mismo tiempo, ¿qué podría decirle en una situación así? si le hablara del problema estaría reconociendo que leyó su nota en secreto, y tampoco quería hacer eso.

Miró el papelito otra vez. Leyó atentamente cada carácter.

¿Quién podría hacer algo como eso?

Comenzó a pensar: recién había tenido una conversación con Akita Neru, en la que esta aseguraba y reconocía que no iba a dejar las cosas como estaban. ¿Acaso su plan era este? ¿hacer sentir mal a Rin?

Pero, ¿ridícula? ¿por qué ridícula? ¿Rin qué rayos tenía que ver?

La cara de Miku se empezó a transformar, e insultó a Akita en todos los idiomas posibles. Hacerle daño dentro del juego era una cosa, pero cruzar la raya y atreverse a hacerle daño a Rin era otra muy diferente.

No, definitivamente no. No dejaría pasar algo como eso. Akita no se puede ir con la suya.

—¡No bromees, Kaiko! —Reía Lenka, escondiendo su cara detrás de un cuaderno—. El profesor nos va a regañar...

—Y justo en ese mismo día encontré hablando a Rinto con el perro de mi vecina —comentó, con una gran sonrisa en el rostro— como si fueran mejores amigos.

—Aww —la rubia apretó los labios y miró a su amigo directamente—. Eso es lindo.

—Sí —dijo Rinto, sintiéndose halagado por ese comentario—. Es que, me gustan mucho los perros. Son... lindos.

Su corazón latía, y sobretodo al ver a su amiga tomarlo de la mano mirándolo con toda la confianza del mundo. Estaba pasando.

—El perro que adoptaremos será el perro más feliz del mundo —comentó, con los ojos más sinceros del universo entero—, porque representará los diez años que llevamos siendo amigos. Símbolo de nuestra amistad.

Diez... diez años.

Desde los siete años, Rinto y Lenka comenzaron esa amistad que perdura hasta el día de hoy. Una historia de amistad que data desde primaria y se mantiene hasta el día de hoy, y sigue conservando el mismo sentimiento... incluso, rozando al siguiente nivel.

Sólo que la otra parte no lo sabía.

—Lo voy a cuidar muy bien —dijo Rinto, tratando de no reflejar sus emociones como un tonto enamorado—. Lo sacaré a pasear todos los días.

—¿O el perro te paseará a ti? —bromeó Kaiko, apoyando su cabeza sobre sus brazos. De inmediato Lenka se empezó a reír por el chiste que se había atrevido a hacer, y Rinto suspiró, mirando a Kaiko con odio.

A pesar del chiste que había hecho la de cabellos azules, no estaba realmente enojado. Claro que no, porque eso había hecho reír a Lenka, y ver esa sonrisa mejoraba todo lo malo a su alrededor.

Sus ojos, su sonrisa, su cabello de oro y su hermosa figura, era capaz de hacerlo sentir emocionado como nada más en el mundo. Y sobretodo en esta fecha que se cumplían diez años en los que se conocían: ahora mismo, esa sonrisa era lo más importante en su mundo, y debía hacerlo todo para conservarla.

Aún estaba a tiempo.

—Ya, pero... ¿qué nombre le vas a poner? —dijo Kaiko, llamando a Rinto una vez más al planeta Tierra.

—Le voy a poner Ichiro —Lenka miró por el rabillo del ojo a Rinto, haciendo que él este abra los ojos desmesuradamente.

—¡¿Ichiro?!

—Síp, te gusta, ¿no? —le sonrió—. Será un lindo Akita Inu llamado Ichiro, y el jueves vamos a buscarlo.

Ichiro...

Nada más simbólico y hermoso que eso. Definitivamente, la llegada de Ichiro le iluminaría la vida

—Waah, es una lástima no poder ir —musitó Kaiko, bajando sus hombros con pena—. Pero si mandan fotos estaré feliz, ¿pueden hacerlo...?

—¡Lo explotaré con fotos! —aseguró Lenka, y su amiga Kaiko aplaudió. Rinto seguía en su nube.

Estaba muy feliz... realmente feliz.

Esperaba ese día jueves con ganas.

A partir de eso, nada podía arruinar su...

—¿Y vas a salir con Mikuo? —y como un balde de agua fría, Rinto se quedó helado al escuchar eso, volviendo a la cruda realidad que lo golpea cada día sin compasión.

Tan sólo ver la cara enamorada de la rubia al escuchar ese nombre lo cambiaba todo. Pues, a pesar de odiarlo, el caballero de blanca armadura no era para nada Rinto, sino Mikuo, el novio actual de Lenka.

Cuanto odiaba no ser Mikuo...

—...además, ¡también compré nueva ropa para estrenarla hoy! —hablaba y hablaba. Rinto entrecerró sus ojos hasta la mitad y se dedicó a escuchar a su mejor amiga hablar de ese chico, imaginando por un segundo qué sería si estuviera hablando de él—. Mamá invitó a cenar a Mikuo a casa, quiere que lo invite a dormir, pero no creo que le den permiso, papá no nos dejaría, jeje.

Bueno, al menos, como su mejor amigo, si se había quedado a dormir con Lenka en su propia casa. Más de una ocasión.

Viendo películas, disfrutando de galletas y dulces, viendo teorías conspirativas por internet, hasta que los ojos se les hincharon por no dormir. Desde los siete años tenía la fortuna de conocer así de cerca a Lenka, y eso hacía mucho más especial las cosas.

Eso es un punto más para Rinto, y así era mejor. Aunque bueno, no sabía qué tanto mejor era todo. Las cosas también tenían otro punto de vista en donde él salía perdiendo. A veces en la vida no es como queremos.

El profesor, luego de la media hora de descanso debido a la cortita actividad de inglés, los dejó a todos irse a sus casas, sin antes ponerse todos de pie y despedirse con una reverencia.

En el momento oportuno, sonó la campana, y algunos compañeros se quedaron a limpiar mientras otros salían. Rinto se mordió los labios en protesta: le tocaba limpiar...

—¿No vas a ir con nosotras? —preguntó Lenka, colgándose el bolso en su hombro.

Rinto se resignó a negar.

—Limpieza —dijo, y las dos chicas se miraron entre sí, entendiendo todo—. Pero vayan ustedes, nos vemos mañana.

Habría esperado que Lenka sólo tome sus cosas y se vaya de ahí, pero se sorprendió cuando, al revés de lo esperando, esta le dio un gran abrazo de despedida. Luego de eso se despidió, y salió del salón, acompañada de su otra gran amiga: Kaiko.

Un abrazo.

Ahora, el piso quedaría más limpio que nunca. Todo gracias a Lenka, y su gran abrazo que le dio la mejor motivación para seguir.

Por el otro lado, Lenka y Kaiko hablaban de varias cosas mientras se dirigían a los casilleros de los zapatos. Lenka le hablaba del vestido nuevo que había comprado, y que sin dudar se sacaría una selfie con este para que Kaiko lo vea en la tarde. Era entretenido el tema de conversación, y lo suficiente como para mantenerlas lo suficientemente distraídas antes de la acción.

La viscosidad y pegajosa textura en sus manos la agarró por sorpresa. Dejó de hablar de inmediato y giró su cabeza, solo para encontrar su casillero lleno de un líquido verde que había dejado totalmente manchados sus zapatos.

Ni siquiera tenía aire para gritar.

—¡Eww, ¿qué es eso?! —su amiga tomó el zapato desde una punta, y trató de oler el líquido que lo había manchado. Lo único que descubrió es que olía asqueroso, y tuvo que lanzar los zapatos de vuelta al casillero para proteger la vida de su nariz.

Lenka no podía creerlo. Miró dentro del casillero y también vio cáscaras de huevo, y muchos papelitos. Se mordía los labios para no gritar, pero debido a esto, sus ojos se llenaron de lágrimas por resistirse tanto. Era simplemente... asqueroso, una falta de respeto total. Y por qué.

Sus zapatos de calle habían quedado totalmente manchados. Eran unos de sus favoritos, y por eso mismo los había elegido especialmente para la cita en la tarde. Pero ahora con toda esa suciedad y ese moco alrededor, tendría que caminar con Mikuo con esos zapatos totalmente arruinados. Quién era tan vil para hacer algo así.

Kaiko suspiró, y se sacó sus zapatos recién puestos para pasarselos a Lenka. Esta negó, pues era un gesto demasiado tremendo, pero Kaiko insistió, y le obligó a aceptar los zapatos limpios de una amiga preocupada.

—¿Y cómo te vas a ir tú? —preguntó Lenka, anonadada. Kaiko negó con la cabeza y mostró sus calcetines, y con su otra mano, se llevó una mano al corazón.

—Puedo caminar sin zapatos.

—¿Cómo se te ocurre?

—Mis papás trabajan en lavado de ropa. Voy a limpiar tus zapatos y te los traeré listos mañana. Tú vas a ir con los míos y te verás linda para tu cita con Mikuo hoy, ¿entendiste? se acabó.

Lenka, resignada, aceptó, a la vez que sus lágrimas empezaban a caer, y no paraban. Eso era un gesto demasiado amable y no justo, pero no podía decir que no. Kaiko hablaba muy en serio, y había que hacerle caso cuando hablaba.

Mientras Lenka se ponía los zapatos, Kaiko sacó un papelito de ahí dentro. Notó que eran varios, y empezó a abrirlos. La mayoría eran basura, sin embargo, cuando estaba a punto de rendirse, encontró uno con algo escrito.

—"Aléjate de él, basura".

—¿Eh? ¿qué dijiste?

—Eso dice en el papel. Que te alejes de él —le entregó la nota a Lenka, y esta, acelerarada, lo abrió para leerlo bien. Volvió a quedar en blanco.

Alejarse... ¿alejarse de quién?

¿A quién se refería?

—¿Quién...? —infló su pecho y volvió a desinflarlo, tomando aire antes de decir todo eso que le apretaba el pecho—. ¿Quién mierda me escribió esto? ¡¿Quién mierda se tomó el tiempo para arruinar mi casillero y dejar esta estúpida y... ridícula, nota?! —golpeó la nota contra su casillero, y bufó, bufó como un toro.

Kaiko se puso a su lado e intentó tranquilizarla, pero ya no había punto de retorno. El enojo había cruzado el límite de Lenka y ahora estaba ahí, de pie, con los zapatos de su amiga Kaiko y un rostro lleno de lágrimas por la horrible sorpresa que la habían hecho pasar.

—Voy a matarla —dijo, y Kaiko pestañeó varias veces al escuchar esto.

—¿A quién?

—A la persona quién escribió esto —exclamó, rompiendo la carta en dos y lanzándola al suelo, con la adrenalina al máximo.

¿Alejarse de quién? ¿qué tipo de nota era esa? ¿qué tipo de persona te arruina el casillero y te deja una estúpida amenaza con un "él" en su oración? ¿era algo personal? ¿una venganza? ¿de quién y para quién?

—Quizá —Kaiko intentó ayudar a su amiga a pensar—. ¿Habla de un chico?

—¡¿Cuál chico?! —exasperada, miró hacia el cielo, como si le estuviera rogando a Dios—. El único chico con el que estoy es Mikuo. ¿Se refiere a él o...?

O nada. ¿Y si era una estúpida chica que quería quitarle a Mikuo de ella?

¡Porque Rinto y sus demás amigos están libres y Lenka no tiene nada especial con ellos! pero Mikuo era su novio, y nada cómo dejar una amenaza para alejarla de su querido novio, ¿verdad? ¡Eso tenía que ser!

Se llevó las manos a sus mejillas intentando pensar en frío, pero la verdad es que no podía. No podía con ese problema que había ocurrido recién.

Necesitaba respuestas. Necesitaba explicación. Necesitaba justicia. Y ahora, con ese papel, se dedicaría a encontrar la culpable del mensaje.

Maldita mal nacida.