Bueno chicas, lo prometido es deuda. Aquí va mi primer capítulo respecto a sexo… Por favor téngame piedad, es la primera vez que escribo algo de este género, así que déjenme saber si les gusto o si fue tan malo que no valió la pena leerlo D:. Tuve un poco de inspiración para este momento de parte de la canción "Chance" de Ataque 77, una banda argentina. Por favor escúchenla porque gran parte de la letra de la canción está metida dentro de este cap y además es quizá uno de los temas más bellos que he oído en toda mi vida. De cualquier forma, se los recomiendo porque así es mucho más tierno, jajaja. También la canción "Mercy" De Hurts, está muy buena para estas escenas o por lo menos escribí el cap escuchándola. Ojalá lo disfruten, besos…
Capítulo 9:
*ADVERTENCIA DE LEMMON*
Bella P.O.V:
-La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho, dijo la anciana profesora que dictaba clases ese día con un toque de elegancia y respeto que solo ella podría agregarle al momento.
Detestaba completamente estudiar Derecho… ¿Por qué debía aprender cosas sobre eso? Yo solo quería ser abogada! ¿Era mucho pedir?
Bufé totalmente aburrida y tomé mi bolígrafo entre mis dedos, garabateando con él en una de mis hojas de apuntes. Esa clase me estaba matando y solo podía contar los segundos que me faltaban para escapar de ahí como modo de diversión, puesto que la mujer ni siquiera nos dejaba hablar con nuestros compañeros, cosa que me produciría mucha alegría puesto que mi compañero era Edward.
Volteé un poco mi rostro hacia uno de los lados y observé de reojo a mi hermoso novio que estaba sentado a mi lado. No pude evitar suspirar ante esa imagen tan encantadora y sensual…
Él estaba mirando hacia el frente con mucha atención, mordiendo la punta de su lápiz mientras entrecerraba sus ojos buscando algo de concentración. De un momento a otro, giró su mirada sutilmente hacia mí y sonrió al verme atontada mirándolo.
-¿Ves algo que te guste?, preguntó en un susurro muy divertido, consiguiendo que yo me sonrojara furiosamente.
Era algo que no podía controlar… No comprendía cómo era posible que siempre que observaba a mi novio me quedara completamente embobada ante su belleza, como si fuese la luz que alumbraba mi alma.
No era la primera vez que me pescaba haciendo eso, y era la simpleza de esa situación lo que me hacía sentir vergüenza de mis propios deseos sexuales.
Nunca en toda mi vida había sido una pervertida. Había tenido tantas preocupaciones en mis antiguos años que jamás me había tomado un tiempo para pensar en la idea de tener un novio, mucho menos en perder mi virginidad o algo por el estilo…
Lo de Edward había sido una total sorpresa para mí, pero no una mala… Si no la más mágica de las sorpresas que me podría haber tocado vivir. Y aún así jamás había pensado en tener relaciones con él, era algo que nunca se me había cruzado por la cabeza…
Hasta ese momento, en el que ya me encontraba libre de problemas y no veía nada que claramente se interpusiera entre el deseo que me provocaba Edward y la satisfacción que solo él podría darme.
-Deja de pensar en mi, cariño. Tus mejillas van a reventar, murmuró él muy cerca de mi oído, tan próximo que hasta casi podía sentir sus labios rozando con él. Eso me provocó una gran ola de escalofríos e inclusive consiguió que la lapicera se resbalara de mis dedos, cayendo con un ruido sordo sobre el pupitre de madera.
-¿Tiene algo que agregar a mi clase, Señorita Swan?, preguntó la anciana señora mientras me observaba con sus gafas muy cerca de la punta de su nariz.
Yo tomé aire y negué con la cabeza, sin ser capaz de encontrar mis palabras para responderle. Ese llamado de atención sumado a mis indecentes pensamientos habían conseguido darme la peor vergüenza que había vivido en toda mi vida.
A un lado, Edward se encontraba riendo silenciosamente ocultando sus carcajadas con el dorso de su mano.
-¿De qué diablos te ríes?, le dije mientras lo golpeaba suavemente en el hombro, enfadándome con él. –No es para nada divertido!
-No, claro que no lo es, agregó guiñándome un ojo antes de voltear su vista de nuevo hacia el frente para continuar siguiendo la clase.
Todo era su culpa! SU CULPA! Y encima se daba el gusto de reírse de mí…
"Maldito Cullen, jódete por ser tan guapo y desconcentrarme", gritó la enloquecida vocecita dentro de mí, enfureciéndome aún más.
¿Por qué tenía que ser yo, Isabella "Cachetes-colorados" Swan la novia de un chico tan sexi como lo era Edward "Destruye-ovarios" Cullen?
…
-Odio a la señora Morris, dije en un suspiro mientras abría la ventanilla del Volvo, buscando algo de aire fresco.
Por suerte las clases habían terminado junto con la semana, y frente a mi solo se extendía un enorme finde, acompañada de mi deslumbrante novio.
También sentía un gran alivio de poder dejar de lado los molestos tacones a los que aún no me acostumbraba y las cortas faldas que solo vestía porque sabía que a Edward lo enloquecían de una forma sobrenatural.
Debía admitir que mi nuevo cambio había sido algo frustrante… Adaptarme a una nueva imagen no había sido sencillo, mucho menos tener que lucir así frente a todos luego de haber utilizado siempre vaqueros y suéteres, pero también me había traído beneficios como el de una personalidad mucho más fuerte, más natural.
Y es que podía decir que finalmente era feliz… Luego de tanto tiempo me sentía por fin alegre y eso era parte también de la nueva oportunidad que la vida me había dado y que yo gustosa había aceptado.
-Tú odias a la mayoría de los profesores, Bells. Eres un caso perdido, me respondió Edward mientras aparcaba el auto frente a nuestro departamento, que se encontraba tan pacifico y silencioso como siempre.
O al menos eso me había parecido, hasta que localice una figura sentada en uno de los escalones que daban a la puerta, una sombra con cabello rubio teñido y botas de tacón de cuero.
-Tanya, gruñí en cuanto ella se levantó de ahí y se acercó a nosotros caminando con su falsa sonrisa de comercial de pasta dental.
-¿Hola chicos, que tal va?
-¿Que quieres?, pregunté frustrada sin molestarme en ocultar mi aversión por ella. Si antes la había odiado, luego de enterarme lo de mi padre y su madre todo había caído en picada, arruinándolo aun más si era posible.
-Yo quería ver si quizá querían que salir a cenar, o a bailar… Digo, por lo que es viern…
-No podemos, estamos ocupados, le grité aprovechando que Edward aún no se acercaba a nosotros. Estaba revisando el aire de las ruedas del auto. –Nuestras vidas no se mezclan con la tuya, Edward ya no es tu novio así que haznos el favor de irte y dejarnos en paz de una vez.
-¿Por qué tan gruñona, Bells? ¿El corto de tu falda aumentó tu mal genio?, me preguntó ella cruzándose de brazos mientras me sonreía de una forma espantosa. -¿O es acaso que te enteraste de que mi mami jugó a las manitos negras con tu santo papá?
Toda sensación abandonó mi cuerpo, todo sentimiento se esfumó de él…
-Co… como sabes… es…
-No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que tu padre tarde o temprano se iba a cansar de la frígida de tu madre. Además la patrulla estaba casi todas las noches aparcada en mi casa… Gracias a los gritos que ellos daban pude deducir que lo que al parecer hacían no era jugar a juegos de mesa, eso de seguro no…
-Hola Tanya, murmuró Edward detrás de mí, tomándome por la cintura. –De que hablan?
Ni siquiera encontré fuerzas para responderle a él o a ella… No podía creer que pudiera hablarme de esa forma, tan sínicamente y sin corazón…
Había insultado a mi madre, y diciéndole esas cosas a ella también me había insultado a mí.
Sin perder el tiempo corrí dentro de casa y abrí la puerta con rapidez, ignorando los gritos de mi novio que no comprendía absolutamente nada. Corrí, corrí y corrí y solo me detuve cuando la mesa obstruyó mi camino, apoyándome en ella.
¿Por qué había sido tan cruel?
Unas suaves manos me abrazaron por detrás y pude sentir la respiración de Edward chocando contra mi cuello, intentando tranquilizarme.
-¿Qué pasa amor?
No habían palabras para expresar lo que quería en ese momento, ni siquiera acciones.
Lo necesitaba, necesitaba a Edward como nunca antes lo había hecho. No quería ser triste de nuevo recordando el pasado de mi madre, quería ser feliz, quería olvidar… Y solo él podía ayudarme con eso.
Me cuestioné duramente quién había sido en todo ese tiempo, y no sabía decirlo realmente.
"Quien soy o seré? Habré cumplido un sueño?", me pregunté a mi misma mientras las manos de Edward acariciaban mi panza con dulzura. Una lágrima cayó por mi ojo y rodó por mi mejilla.
Había intentado la felicidad a prueba y error, eso lo sabía mejor que nadie, y finalmente había descubierto la cura para esa tristeza, el medicamento era él, mi ángel guardián, mi vida, mi todo…
-Quiero tenerte, susurré tímidamente.
-Aquí me tienes…
-No me refiero a eso, le dije volteándome mientras colocaba mis manos sobre su pecho, sintiendo el latido de su corazón. Por un momento pensé seriamente en arrepentirme y olvidarlo todo, pero comprendí que la vida era solo un momento, y que ya nada más me importaba….
Solo ser feliz…
-Quiero sentirte… Quiero que me hagas sentir mujer, que me hagas tuya… Hazme el amor, Edward…
Al parecer él también se tomó un par de segundo para pensarlo, y luego de pegar su frente a la mía habló muy cerca de mis labios, rozándolos en el acto.
-¿Estás segura de esto?
No me hizo falta considerarlo más de una vez… Yo ya sabía que era suya, siempre lo había sido… Solo eso faltaba para confirmarlo.
-Totalmente.
Con lentitud sus labios se acercaron a los míos, buscándolos, saboreándolos muy despacio como si quisiera guardar en su memoria cada uno de esos recuerdos.
De a poco el pequeño beso comenzó a convertirse en algo más pasional, y mientras él colocaba sus manos en mi cintura delineó mis labios con su lengua, pidiéndome permiso para adentrarse en mí.
Mi piel se sentía caliente, necesitaba recibir una caricia o algo por parte de Edward, y como si pudiese leer mi mente automáticamente movió sus manos por dentro de mi blusa, acariciándome con delicadeza. De un momento a otro tomó los bordes de mi playera y la subió con delicadeza por mis brazos, dejándome solo en brasier frente a él.
-Te amo, murmuró antes de pegar sus labios a los míos de nuevo.
Nuestras bocas se movían a un ritmo caliente y sensual… Me sentía a punto de estallar y ni siquiera habíamos ido a lo mejor de eso.
Con manos temblorosas acerqué mis dedos a los botones de su camisa y fui desprendiéndolos uno por uno lo mejor que me fue posible, terminando por sacarle esa molesta tela y arrojándola por algún lado de la sala.
Me separé un segundo de él para observarlo y deleitarme con la perfección de su cuerpo. A pesar de la leve oscuridad de la casa pude observar todas y cada una de las formas de su marcado abdomen, y con uno de mis dedos delineé esas tentadoras líneas que planeaban enloquecerme.
Edward gimió cerca de mi oído ya lago dentro de mí se removió… Ese había sido el sonido más sensual que había oído en toda mi vida.
Sin perder más tiempo, me tomó por el trasero y me elevó unos centímetros, indicándome que lo rodeara con mis piernas.
Obedecí a eso e inconscientemente me froté contra su miembro que a pesar de estar encerrado dentro del pantalón pude notar duro y listo para la acción.
-Bella, suspiró Edward mientras se encaminaba a el pasillo que llevaba a los cuartos, entrando al primero que era, para mi mala suerte, el mío.
En cuanto abrió la puerta se tropezó con un bollo de ropa sucia que había en el piso y ambos caímos al suelo, comenzando a reír de inmediato.
-¿Estás bien?, le pregunté sin poder levantarme. No encontraba las fuerzas, estaba adormecida.
Cono si fuera un león hambriento a punto de acechar a su presa, se colocó sobre mi y volvió a besarme pero aún mucho más fuerte que antes, enloqueciéndome con cada uno de sus roces.
Sin que yo lo notara siquiera, dirigió sus manos hacia el botón de mi pantalón y con destreza consiguió desprenderlo, junto con el cierre.
La sensación de su mano tan cerca de esa zona sensible me arrancó un escalofrío.
Con cuidado me quitó la molesta prenda y luego regresó a su antiguo lugar, besándome con fiereza y necesidad.
Me volteé para quedar justo sobre él y me senté por encima de sus piernas, logrando que gimiera en respuesta a ello. Lentamente comencé a bajar su pantalón junto con su bóxer, dejando al aire a su miembro que se encontraba totalmente listo, con una gota de líquido brillante desbordándolo.
Por un momento agradecí que Edward estuviese demasiado bien dotado, y por el otro tuve temor de esa enorme cosa… Me rompería al medio considerando que yo era solo una pequeña niña…
Pero que importaba, tenia sed y quería calmarla.
Con nerviosismo acerqué mi boca a su imponente pene y con cuidado lo cubrí con mi mano, sintiendo su sorprendente suavidad y suspirando sobre él, mientras que Edward temblaba gracias a ello. Era el momento perfecto…
-Bella…, gimió Edward mientras cubría su rostro con ambas manos y su miembro daba un salto respingón.
Suavemente pasé mi lengua por toda su extensión, hasta llegar a la cabeza que lentamente introducí en mi boca. Eso sabía muy bien, demasiado, y me gustaba mucho sentirlo en mi boca…
Me hacía sentir poderosa…
Comencé a chuparlo inexpertamente y con miedo, pero al parecer esa acción estaba enloqueciendo a Edward quien no paraba de gemir y decir insultos al aire. Con mi lengua lo rodeé y comencé a acariciarlo por debajo con mi mano, puesto que era tan grande que no cabía completo en mi boca.
Podría acostumbrarme a eso…
De un momento a otro, él consiguió voltearnos y de un solo tirón me arrancó mi brasier, consiguiendo que hiciera un puchero.
-Ese era mi favorito, le susurré mientras el besaba mi cuello con desesperación.
-No me importa, mañana te compraré mil de ellos, susurró antes de introducir uno de mis pezones en su boca, quitándome todo el aire de repente.
Mientras que con su lengua le daba placer a uno de ellos, con una de sus manos le brindaba atención al otro, abandonando a ambos de momento solo para besarme en la boca y decirme cuando lo excitaba sentir su sabor en mis labios.
Estaba a punto de estallar… Quería más, lo necesitaba, y él seguía enloqueciéndome con sus besos y caricias en mis senos…
-Edward, gimoteé a punto de llorar mientras enredaba mis piernas en su cadera. La fricción de nuestros miembros me hizo suspirar.
Ni siquiera nos dio tiempo a llegar hasta la cama, ahí mismo donde estábamos se deshizo de mis bragas de la misma forma en que lo había hecho con mi corpiño y se posicionó en medio de mis piernas, tomando su pene con su mano y acercándolo a mi entrada con mucha suavidad para mi gusto.
La sensación me arrancó algún par más de gemidos forzados…
Quería gritar, quería hacerlo…
Intenté hacer que de una vez por todas me penetrara empujando mis caderas más cerca de él, pero Edward me sostuvo con sus manos y me sonrió torcidamente, de esa forma que conseguía detener mi corazón.
Subiendo por mi cuerpo una vez más se acercó a m oído y con su aterciopelada voz murmuró en él.
-Nada en la vida podría arruinar este momento… Eres perfecta y te amo tanto por eso…
Lentamente comenzó a introducirse dentro de mi, haciéndome sentir totalmente especial y muy llena. La sensación de nuestras carnes uniéndose, de nuestras respiraciones entrecortadas y nuestros corazones agitados hizo del momento algo mágico.
En cuanto llegó a la tan molesta barrera que nos separaba, tomó mis labios entre los suyos y acariciándome con sus manos ejerció presión hasta que esta finalmente cedió, uniéndonos a ambos en esa nueva vida, en esos nuevos sentimientos.
Una lágrima escapó de uno de mis ojos mientras él comenzaba a moverse con algo más de confianza dentro de mí…
Pero ese llanto no era de dolor como había esperado que lo fuera…
Por el contrario era de alegría… Estaba feliz, porque en ese momento no existían ni Charlie ni Tanya… No habían malos recuerdos ni pasados temerosos…
Solo éramos Edward y yo, unidos, formando una sola persona, consumando nuestro sofocante amor de una vez por todas.
Bueno, que tal? Por favor dejen sus comentarios :)
