Los primeros rayos de luz entraban por la ventana principal del comedor. Ahí, en el que una pequeña (pero dulce) familia compartía el desayuno, dando los buenos días al miércoles que recién estaba empezando.

La adolescente de dieciséis años se encontraba sentada al lado de un asiento vacío, mientras sus ojos se habían perdido en aquel movimiento de la cuchara que revolvía su té, por lo que, su padre, le dio un pequeño susto para ver si despertaba.

—Tierra llamando a Miku —dijo el castaño de unos cuarenta años de edad, sonriendole apaciblemente. Esta observó los ojos de su papá, y ahí fue cuando se dio cuenta de donde estaba sentada.

Lo último que recordaba era haber estado viendo películas. Vio al menos unas tres, en todo lo que duró la tarde y la noche, y apenas tuvo tiempo para dormir. Por esa razón,y no era una sorpresa, que sus ojos se sentían pesados otra vez.

Pero de todas formas, no podía tener esa cara en el desayuno. La mirada de sus padres ya la estaba poniendo nerviosa. Así que sacudió su cabeza y abrió bien los ojos, agarrando su taza de té para tomárselo de un solo sorbo, aunque falló en el intentó y empezó a toser como loca.

Al ver que el padre solo servía para reírse, la mamá salió corriendo detrás de Miku y le sobó la espalda, como si de un bebé se tratase, para ver si estaba bien. Una vez confirmó que seguía con vida, las cosas se volvieron a calmar y todos volvieron a la mesa, a tomar desayuno con tranquilidad.

Miku, después de eso, dejó escapar una sonrisa.

Papá, mamá, un desayuno hogareño: familia.

Generalmente cuando Miku se daba el tiempo de pensar en el futuro, lo primero que se imaginaba era eso. Luego de que el amor se haya concretado y la pareja diera el "sí" en la iglesia, o donde sea que lo haga, vendría la familia, un hogar juntos, hasta envejecer.

Bajo ese contexto, no era raro imaginar que sus padres también vivieron una realidad como esa. Porque...en algún momento se tuvieron que enamorar, ¿verdad?

Y, ¿cómo se habrán conocido? ¿quién habrá gustado de quién primero? ¿cómo fue la confesión?¿y el primer beso? ¿cuánto tiempo llevan juntos?

Su madre, una maestra, casada con un pediatra, llevan muchos años de matrimonio, y dieron luz a dos lindos hijos. ¿Cómo se sentirá llevar esa vida?

A Miku se le cayeron los ojos, y apoyó su cabeza sobre sus manos, volviendo a abrir sus párpados para ver a sus padres. Notó entonces lo bonitos que se veían juntos, en un escenario tan cotidiano como un desayuno; era gratificante verlos así de felices. ¿Tendrá la misma suerte cuando sea grande?

—¡Tostadas! —una voz exclamatoria sacó a Miku de sus suspiros, y la hizo saltar. Era su hermano, quien parado a su lado, la miraba con reproche—. No es por regañarte, Miku, ¿pero hasta qué hora te quedaste en el celular?

—¿Ehhh? Ah, ¡no! yo dormí toda la noche...

—¿Miku? —era su mamá, mirándola con enojo también. Miku se mordió los labios, e hizo un puchero.

—Hoy me voy a dormir más temprano...

—Hoy te voy a quitar el celular —dijo Mikuo, sentándose en la silla que quedaba el lado.

En ese instante, Miku sintió algo parecido al odio, su primera emoción negativa en el día. ¿Su hermano le iba a prohibir usar el celular? ¿por qué...?

Los padres asintieron, apoyando su decisión, y Miku abrió los ojos de par en par, mirando a cada uno de los integrantes de su familia. ¡¿Estaban todos en su contra?! ¡rayos!

Bueno, al parecer las cosas no podían ser tan perfectas como pensaba.

Luego de ese desayuno, los padres salieron de casa para ir cada uno a sus trabajos. Como cada mañana, los hijos eran quienes tenían la responsabilidad de cerrar la puerta y dejar todo con llave, porque se iban más tarde a la escuela.

En ese instante, el mayor estaba arreglando un par de cosas en la cocina, así que Miku se quedó esperando afuera de su casa mientras miraba a la nada y pensaba en todo.

Retomando el tema anterior, Miku se acordó de lo que había pasado ayer, y cómo había acompañado a Len en esa aventura de vida o muerte con Kaito, el chico malo de la escuela.

Len la verdad era un chico amable, pensaba Miku. Y no podía esperar la hora en la que conozca a Rin. Son páginas que aún no se escriben, y la curiosidad hacía que se muera de ganas de pasar a la siguiente hoja, aunque aún no haya terminado de leer esa página aún.

Se preguntaba, ¿tendrán Rin y Len un futuro como ese? ¿tendrán sus hijos y una casa juntos?

No, no vayamos tan adelante. Incluso más pronto, ¿cómo será el primer beso entre ambos?

¿La confesión de amor? ¿qué cosas románticas pasarán entre ellos?

La adolescente sacudió su cabeza, pues la emoción que tenía dentro aceleraba su corazón. Sólo entonces, cuando vio a Mikuo, se separó de la pared y caminó hacia él, con miles de preguntas en la mente.

—Oye —musitó, esperando a que el mayor dejara de cerrar la puerta—. ¿Crees alguna vez casarte con Lenka?

Tal comentario tomó de sorpresa a Mikuo y tuvo que agarrarse de la manilla para no desparramarse al suelo.

—Hmmm, eh, ¿qué?

—Eso —su hermana no se dio cuenta del colapso mental que causó al mayor, y siguió hablando—. Como mamá y papá, veinticinco años juntos. ¿Crees que alguna vez logres un futuro así con Lenka?

—¿Por qué preguntas eso? —evadió la pregunta avergonzado mientras seguía tratando de encajar la llave. Pero al estar imaginándose eso, no podía.

—Con pequeños hijos, una casa solo para ustedes...

—¡Miku!

Ante el llamado de atención, Miku guardó silencio unos segundos, perfecto para que Mikuo encaje las llaves y pueda cerrar por fin. Al terminar de hacer eso, agarró su bolso y lo puso sobre su hombro, intentando sacar ese pensamiento repentino que su hermana le puso en la cabeza.

Sin embargo, volvió.

—Llevas un año y medio con ella, ¿verdad?

—Sí —contestó Mikuo, preguntándose que mosco le picó.

—¿Y estás enamorado?

—¿Ah?

—Dime, ¿qué se siente estar enamorado?

¿Apenas despertando y Miku ya lo estaba atacando con preguntas? ¿esa niña no se cansa?

El de cabellos turquesas caminaba por las calles, tratando de disimular su sonrojo. Pero, aunque lo intentara, ignorar a Hatsune Miku no era una opción, e incluso era contraproducente.

Ya venía la avalancha

—¿Cuáles fueron sus primeras palabras de amor? —preguntó Miku, mirando a su hermano—. No, miento, ¿cómo la conociste?

—No seas tan preguntona, Miku.

—¿Cómo te diste cuenta que estabas enamorado?

Mikuo suspiró. Si no respondía esto seguiría igual.

—Bueno —musitó, evitando el contacto visual con la que se suponía que era su hermana—. Cada pareja tiene su historia de amor, ¿no? Y lo nuestro... fue una casualidad, y cada uno de nosotros puso de su esfuerzo para seguir juntos.

—¿Una casualidad? —la de cabellos turquesas adelantó el paso y se giró, para ver directamente a su hermano. ¡Eso es tan romántico!

—Sí, pero...

—Y esa casualidad, ¿tuvo amor a primera vista?

—Bueno...

—¿Te sentiste auténticamente enamorado?

—Te voy a llevar a un doctor.

—¿Crees que...?

—¡No!

—¿Y Lenka...? —la boca de Miku fue tapada por la mano de su hermano, quien ya no soportaba más preguntas.

—¡Es hora de ir a la escuela, concentrate en estudiar!

Y así fueron hacia la escuela, con Mikuo agarrando a su hermana en brazos impidiéndole que siga hablando, y ella, aunque sus esfuerzos sean nulos, luchando por ser escuchada.

Cuando llegaron a la entrada de la escuela, Mikuo dejó en el suelo a Miku, al lado de su amiga Luka.

—Llévatela y haz que deje de hacer tantas preguntas —mandó, con la respiración entrecortada por lo agitado que estaba, y siguió caminando hacia la escuela, un poco más tranquilo.

Luka vio a Mikuo a lo lejos, y cuando bajó su cabeza para ver a Miku en el suelo, se empezó a reír.

La de cabellos rosas tomó a Miku de la mano y la levantó.

—¿Qué le hiciste a Mikuo?

—Sólo le estaba preguntando su historia con Lenka —gruñó, un poco molesta—. ¡Es demasiado tímido~!

—Para que Mikuo entre en ese estado de desesperación debió haber sido algo grande —reconoció Luka, riéndose sin parar.

Avergonzada, Miku miró sus pies y empezó a patear el suelo. No tenía argumentos ni nada qué decir. La verdad sí se había puesto intensa, ¡pero si era por la historia de Mikuo y Lenka no podía evitarlo!

—Además —Luka volvió a llamar la atención de Miku—, si tanto quieres saber su historia con Mikuo, yo te la puedo decir.

—¡¿Puedes?!

—Puedo —confirmó, sujetándose la cintura—. Me sé cada detalle, de principio a fin... ¿por dónde quieres que empiece?

Y justo cuando estaba a punto de responder, escucharon gimoteos suplicando por aire. Ahí fue cuando vieron a Gumi, corriendo a toda velocidad mientras su cuerpo se caía al suelo.

—¡Yo, yo...!

—¿Qué?

—¡No puede ser que Miku me ganó! —se sujetó de las rodillas, tratando de respirar con mucho esfuerzo.

—Llegué antes que tú —exclamó la mencionada, riéndose—. ¡He ganado!

—¡Wow, un rival para Miku! Por fin no eres la que llega más tarde.

—Ahora necesitamos que Gumi de sus explicaciones.

La de dos coletas, maliciosa, se cruzó de brazos y se acercó a la recién llegada, haciendo que esta se tape la cara y sacuda la cabeza.

—Me quedé acariciando al gatito de la vecina —reconoció, volviendo a mostrar su cara—. Y, sabes, me quedé hablando con ella, hace tiempo no lo hacía y es una señora muy simpática.

—Yaaa. —La de cabellos rosados echó unas cuantas risas. Era típico de Gumi: conversar y perder la noción del tiempo. Ese año por primera vez había pasado, pero con los años que la conocía, no le sorprendía para nada.

Lo siguiente que hicieron fue entrar, como siempre, pues no tenían que estar afuera. Gumi les contó lo que le había pasado recién, Luka reaccionaba y Miku le hacía más preguntas, haciendo que la conversación diera más flote. Finalmente, se fueron por las ramas, y terminaron hablando de lo que le pasaba por la cabeza a Miku.

Y, caminando por el pasillo, Miku comentó.

—Estuve toda la noche pensando en qué hacer con Rin y Len —reconoció, girándose a verlas—, y tengo una idea.

—¿Cómo que toda la no-...?

—¿Cuál idea?

—Bueno, no es una idea como tal —musitó, moviendo las manos por el aire— es que ví unas cuantas películas y en todas los identifiqué a ellos, y estoy decidida a que su historia de amor comience pronto.

Luka entrecerró los ojos, desconvencida.

—¿Y eso cómo?

—Tengo que hacer que se encuentren en el mismo lugar —suspiró, dejando caer sus brazos—. Buscar una manera, que tenga sentido, que no se sienta forzado... algo así, no sé, no tengo idea de qué hacer.

Las muchachas, después de escuchar eso, se quedaron pensando, mirando a la nada.

—Y si... —murmuró Gumi, llamando la atención de sus dos amigas—. ¿Haces que atropellen a Rin y que Len la salve?

—¡No! ¡¿quieres que la mate?!

—¡Pero!

Luka, ante tal ocurrencia, comenzó a reírse y pasó su brazo alrededor de Gumi.

—No puedes matar a Rin —dijo en un murmuro, mirando a Miku—. Pero creo que sí podrías actuar de mediador.

—¿A qué te refieres?

—Tejer las redes, unir el hilo —sonrió de medio lado, como si fuera experta—. Ir uniéndolos de a poco... Ya sabes, como un cupido.

La de cabellos turquesas pestañeó confundida, pues aún no entendía muy bien a qué se refería.

Claro que tenía que ser la cupido, ¿pero de qué modo? ¿qué podría hacer?

Mientras Miku estaba en silencio tratando de adivinar lo que su amiga Luka decía, Gumi hizo sinapsis, y se le ocurrió una idea antes de que a su amiga se le pasara por la cabeza.

—¡Una carta de amor!

—¡Exacto! —Megurine, contenta de que al fin le entendieran, comenzó a aplaudir—. Eso es justo a lo que me refería.

Una... carta de... amor...

La mente de Miku se empezó a acelerar, y empezó a imaginarse muchas cosas a la vez. ¡Pero claro! ¡claro que podía ser!

Una carta de amor... sentimientos involucrados... construir una historia... hasta que al fin se encuentren, y se citen al mismo lugar empezando así su primera cita.

Era brillante, ¡era genial!

En su mente, Miku empezó a imaginar, e ideó un plan que la ayudaría ahora en adelante.

Decidida, miró a sus dos amigas, y tomó a cada una de la mano.

—Ya sé qué hacer.

Ya sentada en su pupitre, Miku estaba en su primera clase del día, fingiendo poner atención a algo que dejó de segundo plano por estar pensando intensamente. El docente no tenía idea de que lo que escribía con fervente pasión en el cuaderno no era su tarea, sino planes y tácticas.

La idea era simple: haría dos cartas, como si una fuera de Rin y otra de Len, y se las entregaría a ambos falsificando el nombre. Tenía más o menos planeado lo que quería escribir en la primera carta, pero aún así, se le hizo difícil concretarla bien.

Pues, ¿qué podría escribir desde la posición de Rin? Tomando en cuenta que apenas se habían visto una sola vez y eso era la única base que tenía para empezar, tenía que ser prudente, y no ir demasiado rápido, porque de lo contrario podría espantar a Len.

Agarrándose de los cabellos, Miku intentó pensar una forma bonita de empezar. Pensó en hacer poesía, al estilo más romántico, pero su mente no aportaba con nada, y también pensó que sería demasiado para la primera vez.

Pero siendo Rin, una chica silenciosa, y Len, un chico muy sociable y que está en un club del fútbol, desde esa posición podría ser... podría ser...

¿una carta de apoyo?

¡Pues claro! Sería muy acertado para Len, porque lo que más mencionó fue sus fervientes ganas de empezar con el club de fútbol. A una persona como él le haría muy feliz encontrar a alguien quien lo admire y lo anime, y eso haría las cosas mucho más especiales.

Así que con eso en mente, Miku sacudió sus manos y miró hacia el cielo, pensando en algo. Empezó a formular oraciones para comenzar, ya que eso era siempre el paso más difícil, y finalmente se quedó con algo que la convenció lo suficiente para iniciar con el saludo. Poco a poco fue escribiendo más, borrando y cambiando ciertas palabras, y en unos tres minutos estuvo elaborado su resultado final.

"Hola, sé que eres el capitán del equipo y eso es increíble. Siempre he pensado que tu equipo es el mejor, pero sin duda hay algo que siempre destaca y ese eres tú.

Sé que el club empieza la próxima semana, así que dalo todo en el próximo partido. Eres el mejor.

Atentamente, una admiradora tuya".

Perfecto. Simple, pero preciso.

El profesor que ya había terminado de dar su clase, estaba sentado en su silla, lo que le dio el indicio a Miku de que podía hablar con sus amigas de adelante. Llamó la atención de ambas, tocando sus hombros, y les entregó el papel, orgullosa.

—¿Esto qué es?

—La carta de Rin —declaró, apoyando su mentón sobre sus manos—. ¿Qué tal?

Se demoraron unos segundos en leer, y apenas acabaron, Gumi fue la primera en contestar.

—¡Está hermoso! —celebró—. ¡Len se pondrá muy feliz!

—Eres buena con las palabras —dijo Luka, devolviéndole la carta a Miku—. Pero aún tienes un problema.

—¿Cuál problema?

—Esa es evidentemente tu letra. Y si Len llegara a darse cuenta de cómo escribes, descubriría que es una farsa.

Oh.

Temblando, Miku releyó su carta y se dio cuenta que tenía toda la razón. Hizo un puchero gigante y se tapó la cara, odiándose a sí misma.

—Demonios... no pensé en eso.

—¿Cuál es el problema? —Gumi ladeó su cabeza y apuntó a la rubia—. Tienes a Rin ahí. Copiale la letra.

—Sí, cierto...

A la distancia, los ojos de Miku se toparon con la nuca de Rin, y se hizo los ánimos para enfrentarse y lograrlo. Y mientras lo hacía, empezó a inventarse excusas para ser convincente. Se dio cuenta que, como la clase de matemáticas había terminado recién, podía usarlo como excusa y pedirle el cuaderno. Sólo esperaba que fuera buena en matemáticas.

—Uh, disculpa —con la vergüenza que le caracterizaba, Miku se puso al lado de Rin, llamando su atención—. Me... me... ¿me prestas tu cuaderno?

La de ojos celestes entrecerró los ojos y levantó su cabeza para mirar fijamente a la que hablaba.

—¿Por qué?

—Ah —"por qué". Ah, cierto, lo había olvidado—. Bueno, eh, es que no copié bien los ejercicios y bueno..

¿Y bueno? ¡¿y bueno?!

Ya no podía seguir hablando, así que se quedó en silencio, observando como la rubia giraba su cuerpo para mirar los últimos asientos del salón, específicamente por donde se sentaba Miku.

—¿Y tus amigas tampoco copiaron?

Miku abrió los ojos con sorpresa.

—Hmm, pues ellas...no...

—Oh, no te preocupes, no te preocupes. —No sabía a qué se debía ese cambio de actitud, pero de repente, Rin dejó de lado la tensión y le entregó el cuaderno, siendo la más gentil del mundo—. Puedes usarlo por un rato. Está bien.

—¿Lo está? —los ojos de Miku brillaron. Tenía el libro poderoso en sus manos.

—Síp.

—Muchas gracias. ¡Te lo devuelvo de inmediato! —se reverenció, y como si eso no fuera suficiente, lo hizo dos veces. Luego de eso, salió corriendo y llegó animada a su pupitre, con una sonrisa en la cara.

Chequeó las páginas: un cuaderno de mucha calidad. No sólo eso, sino que tenía muchos destacadores y colores pasteles que daban un efecto muy bonito, y hasta hacía dibujos que complementaban la materia. Era hermoso ver eso. Qué gran talento tenía.

Corrió la libreta de Rin hacia la izquierda, y en la derecha puso la suya, colocando una nueva página en blanco que usaría para luego arrancarla y llevararla a Len. Tenía suerte que el diseño de la hoja que usaba Miku era normal y corriente, así que no corría el riesgo de ser reconocida por eso.

Se quedó varios minutos analizando la letra de Rin, observando bien los trazos de los carácteres y la forma tan prolija en la que hacía todo; prácticamente, era todo derecho, y redondo, lo que le daba un estilo muy bonito y no perturbaba a la vista. Además, notó que su uso de kanjis era mucho más variado que el de Miku, así que se tomó un momento para investigarlos, y así enriquecer su vocabulario para estar a la par de Rin. Una vez lo hizo, se sintió orgullosa de su creación, y volvió a mostraselo a Luka y Gumi.

—Qué buen trabajo —dijo Luka asombrada, lo que hizo que Miku sonriera ampliamente.

—Está muy bonito.

—¿Lo está? —rió.

—Aunque aún te falta otra cosa.

—¿Otra más?

—Sí. Tienes que hacerselo llegar a Len.

Que cosa más cierta.

Pero la verdad es que ya lo había pensado. No era un plan perfecto, pero era suficiente.

—Voy a ir a su salón y se lo dejaré en su mesa tratando de disimular —aseguró, asintiendo con la cabeza.

—¿Quieres que te ayude? —preguntó Gumi, Miku giró a verla inmediatamente.

—Sí, por favor. ¡Te amo, te amo, te amo! —La llenó de besitos, agradeciéndole su ayuda. Gumi cerró los ojos y empezó a reír, y Luka, desde afuera, sintió ternura por ver eso. Eran como dos cachorritos haciendose mimitos.

Sin embargo...

—Ahora que me acuerdo, tengo asuntos que atender así que no puedo estar con ustedes —se quejó Luka, resoplando. Disimuladamente observó a la causante de todas sus desgracias, y se sorprendió al verla ahí, mirándola de vuelta.

Por supuesto, Teto había estado ahí cada segundo de la clase, observando y analizando, siendo parte de toda la conversación de forma ausente. Tanto Miku como Gumi se dieron cuenta de esto también, al ver el rostro horrizado de Luka, y se separaron de inmediato.

—¡Teto!

—Tú...

—¿Escuchaste todo? ¿cada una de nuestras conversaciones? —Miku agarró a Teto de los hombros y la empezo a agitar, entrando en pánico.

—Siempre lo hago, ¿por qué te sorprendes ahora? —y con una sonrisa de medio lado, atacó a Miku de la peor de las formas posibles, quien la soltó y se quedó quieta, casi como si estuviera en shook.

"Qué niña más exagerada" pensó, y miró a sus amigas que estaban detrás. Ellas también tenían una cara parecida, aunque la de Luka parecía una de enojo, y la de Gumi, bueno ella estaba tratando de reanimar a Miku. Qué raras.

—Como sea, no tienes porqué alterarte tanto. No es como si te fuera a delatar o algo así.

—¡No lo hagas!

—Tonta, va en contra de las reglas —le sacó la lengua, y de alguna manera, esto tranquilizó a la de cabellos turquesas. Menudo alivio—. Hablando de eso, nos vamos a reunir en el segundo recreo para hablar del juego. Las necesito disponibles.

—¿Una junta? ¿qué vas a hacer ahora?

—Voy a anunciar la elección de mi shipp —Cerró sus ojos y alzó las cejas, como si se sientiera orgullosa—. Y las voy a dejar con el culo abierto.

Qué.

Una vez dijo eso, Teto salió de la habitación y dejó a las tres chicas en trance, sin saber muy bien cómo reaccionar o actuar ante ello.

Esas... palabras...

Luka negó con la cabeza, y se puso de pie otra vez, golpeando la mesa de Miku para traerla de vuelta a la Tierra.

Porque el momento era ya, y los Kagamine la esperaban.

La de dos coletas le agradeció a Luka y tomó el cuaderno de Rin para devolverselo.

—Muchas gracias —le ofreció el cuaderno mientras miraba el suelo—. Ya... copié todos los ejercicios.

—Oh, está bien. ¿Ya lo comprendiste?

—Sí —aseguró, apretando los labios—. Gracias por eso...

—No fue nada —sonrió amable, y guardó el cuaderno dentro de su bolso.

Miku, feliz por esto, asintió y empezó a correr hacia Gumi, quien ya la esperaba fuera para ir en busca de Len, quien estaba en la sala de al lado.

Una vez llegaron ahí, Miku se detuvo en seco y miró al par de amigos rubios, quienes estaban apoyados en la pizarra hablando de quién sabe qué.

En tensión, miró a su amiga Gumi, y luego vio la carta en sus manos. No, no se podía acercar así como así, su carta podría ser vista y eso sería un gran problema. Le comunicó con la mirada su angustia a la de cabellos verdes, y esta se dedicó a pensar en algo.

—Ya sé —siempre con una mente rápida, Gumi tomó la carta entre sus manos y la escondió detrás de su espalda—. Tú distrae a Len y yo voy, ¿oke?

—Gracias.

Gumi le dedicó una sonrisa, y la impulsó a entrar al salón. Miku estaba nerviosa un poco, pues hablar con gente siempre requería de energía, pero si se centraba en su objetivo sabía que podría lograrlo.

¿...verdad?

—¡Y aquí llegó la heroína! —exclamó la voz inglesa, haciendo que Miku se ponga tensa—. ¡Aplaudan!

La gente de su salón empezó a aplaudir. Miku se sintió asustada y escondió su cabeza, caminando agachada hacia Len.

—¿Por qué aplauden?

—Porque yo les dije —respondió Oliver.

—Pero...

—Y además por lo que hiciste ayer —suspiró Len, encogiendose de hombros—. El idiota de Kaito quedó sangrando por tu golpe. Le diste duro.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que lo hice sangrar?!

Len asintió, orgulloso. Después de encontrarse con su amigo Oliver, fueron de vuelta al escenario de la bicicleta, y no vieron nada más que un lugar vacío, y la bicicleta tirada en el piso. La botella estaba en la escena del crimen y unas cuantas gotas de sangre. Y debido a que esa mañana se encontraron a Kaito con una curita en la nariz, llegaron rápido a esa conclusión.

—Fue solo una botella —musitó Miku sin ser escuchada, abriendo los ojos bien en grande.

Mientras su mente regresaba a tal escenario, levantó su cabeza y vio a Gumi por la ventana haciéndole señas. Ahí fue cuando rápidamente se recompuso y se puso frente a Oliver y Len, continuando con su plan.

—Bueno, esto... —buscó las palabras— qué coincidencia. Justo estaba pasando por aquí.

—Qué raro —Oliver se acarició la mandíbula, frunciendo el ceño—. Quién diría que nos encontrarías aquí, en nuestro salón, donde nosotros dos estudiamos. Me toma por sorpresa.

Al notar que estaba siendo sarcástico, Miku infló sus mejillas y lo miró con cara de pocos amigos. Qué grosero.

Por suerte Len no era de esos.

—¿Ibas a hacer algo? —ladeó la cabeza, mostrándose amable.

Hmmm, piensa Miku. Qué puedes decir.

Ah, ¡claro!

—Vine a pedirte un favor —juntó sus dos manos y se reverenció. Logró que le saliera natural y estaba orgullosa de eso—. ¿Te han hecho clases de literatura? es que justo ahora... digo justo antes me tocó y no copié bien así que estoy perdida.

—Literatura... —murmuró, haciendo uso de su cabeza para recordar si había hecho algo—. Ah, sí. Ya nos tocó. Pero solo hicimos la case introductoria

—¡Me sirve! —se inventó, tratando de rogar por ese cuaderno—. ¿Podrías prestarme tu libreta?

Antes de decir nada, Len y Oliver intercambiaron miradas.

—¿Hablas en serio? —fue el Inglés quien se encargó de responderle a Hatsune—. Hablas como si Len hiciera algo en clases.

Len abrió la boca inmediatamente para defenderse, pero la cerró al darse cuenta que tenía razón.

—Además —entre risas, Oliver se puso las manos en la cintura, mirando sospechosamente a Miku—. ¿No es raro preguntar por eso en una clase ajena a la tuya? Tienes otros treinta compañeros, ¿por qué vienes a nosotros que somos de otra clase?

—Hmm, eso es —ante tal ataque, Miku ya no sabía qué decir—. Bueno, pues...

—¿No tienes amigas? —preguntó Len, inocentemente, provocando el silencio de Miku.

Oliver tenía un punto. No lo había pensado. ¿Por qué pensó que venir a pedirle a él el cuaderno sería buena idea? Eso no tenía nada de lógica, y ahora que lo analizaba en retrospectiva, había sido estúpido.

Sin embargo, ambos chicos interpretaron el silencio como otra cosa. Len se asustó un poco, y se acercó a ella para entender qué sucedía, pero pegó un salto cuando Oliver lo agarró de la camisa y lo atrajo hacia él.

—¿Ves como la dejaste? —Al escuchar esto, Len titubeó, asustado—. La hiciste recordar algo triste.

—Pero yo pensaba que-

—Shh, baja la voz. Te puede escuchar —musitó, llamando toda la atención de Miku.

Ah, ¿pero de qué estaba hablando?

—Yo sí tengo amigas —protestó, cruzándose de brazos—. No necesito que te preocupes por mí.

—¿Viste, Len? Ten más respeto.

—¡Yo no-!

—Además —sin darse cuenta, Miku lo interrumpió—. ¿No recuerdan a las que me acompañaron ayer? Una tenía el pelo rosa y la otra verde.

—Ah esas chicas, las que se estaban riendo —dijo Len.

—Hmm, sí, ellas. Ellas son mis amigas.

—No puede ser, son un club arcoíris —Oliver se rió—. Todas coloridas.

—Y nosotros solo somos amarillos —reconoció Len, devolviéndose a ver a su amigo.

—El amarillo manda.

—Muy cierto.

Miku se puso feliz de eso. Rin también era amarilla.

—Además... sería genial conocerlas —dijo Len de repente, atrapando la atención de Miku—. Trae a tus amigas.

—¿Que... que las traiga?

—Sí, bueno —remedió sus palabras—. Sólo si quieres.

Miku asintió en silencio.

Gumi y Luka no estaban en el plan.

La idea era que conozca a Rin. Bueno, ¿querrá Len conocer a Rin?

¿Y si se la presenta?

Hmm, pero eso sería el doble de difícil. No era buena presentándose, mucho menos lo sería haciendo la introducción de Rin a Len. Prefería que fuera por ellos dos, como si Miku no estuviera dentro de la historia. Una casualidad sonaba más bonito.

Mientras Oliver molestaba a Len por "quererlas conquistar a todas", Miku levantó la vista buscando a Gumi. Ella seguia paseándose por la sala, sin saber qué hacer.

Un escalofrío se hizo presente por todo el cuerpo de Miku. No podía creerlo. El tiempo corría, y en cualquier momento el par de rubios se podía girar y verla ahí.

En un movimiento furtivo, aprovechando que Len y Oliver no paraban de jugar, le escribió un mensaje a Gumi, y le indicó cuál era la mesa con exactitud, pues la había visto con anterioridad.

La de cabellos verdes vio rápidamente el mensaje y se lo agradeció, yendo deprisa a dejar la carta. Miku dejó escapar una sonrisa, y volvió a acercarse a Len y Oliver, lista para ejecutar su plan.

—Y, bueno... —Miku puso las manos detrás de su espalda, acercándose lentamente—. ¿Me prestas tu cuaderno?

—Ah, verdad. Aunque bueno, mi letra no es muy bonita. ¿No te molesta, verdad?

—Está bien, sé que podré leer eso.

—Eso espero. Bueno, voy por él —rió, girandose sobre su propio cuerpo.

Oliver se quedó cerca de Miku, interrumpiendo su camino para preguntarle por su propia cuenta.

—¿Y no quieres el mío?

—No, no lo quiero —declaró, dejándolo atrás y siguiendo a Len.

Oliver se giró dramáticamente y se llevó las manos al corazón.

—No sabía que me odiabas tanto.

Dejándolo atrás, Miku se concentró en Gumi, quien venía corriendo hacia ella justo en el momento en que Len se acercaba a su asiento.

Parecía cansada, y un poco agitada, pero se veía contenta de haber ayudado.

—Muchas gracias, Gumi.

—Ah, no me digas gracias —dijo la de cabellos verdes, riéndose con dulzura—. Soy tu amiga.

Miku le iba a responder algo, pero al escuchar la voz de Len, sus palabras desaparecieron y quedó con la boca abierta, en silencio.

—Aquí —Len tenía la mirada puesta sobre su cuaderno, mientras atrás, su amigo las miraba fijamente—. Me toca después de almuerzo esta clase nuevamente, así que intenta devolv...

Ahí se dio cuenta que la Hatsune Miku de costumbre ahora tenía el cabello verde y corto, y se veía un poco más alta que de costumbre.

Eso era raro. No se esperaba eso.

—¿H-Hatsune? ¿Te hiciste un cambio de look? —pestañeó varias veces, mirándola de pies a cabeza. Entonces, miró a su derecha—. Ah, no, ahí estás... ¿Y cuando apareció ella?

—¡Hace un segundo! —exclamó la de cabellos verdes, alzando los brazos hacia arriba—. ¡Es un placer conocerte, Len Kagamine! ¡Mi nombre es Gumi Megpoid! Dime Gumi, por favor.

—Cuando dije que traigas a tus amigas no pensé que lo harías tan rápido —empezó a reír, volviendo a ver a Gumi—. Espera, ¿y sabías mi nombre? ¿Hatsune te habla de mí?

—Sí, todo el tiem...

—¡Ohh, se va a acabar el recreo! Me tengo que ir —exclamó Miku tapandole la boca a su amiga la charlatana.

Acordándose de eso, el de ojos celestes asintió con la cabeza y le pasó el cuaderno, dejando de lado lo que le estaban a punto de decir.

—Después lo voy a buscar.

—Oki —Miku abrazó el cuaderno de Len, acelerada—. Entonces nos vemos.

—Nos vemos.

Antes de decir cualquier otra palabra, Miku tomó la muñeca de su mejor amiga y huyó de esa sala, tratando de acabar rápido con la escena.

En silencio, Len se quedó mirando el suelo, intentado analizar lo que le había acabado de pasar. Pero por su mente sólo pasó que eran chicas muy agradables, y giró a ver a su amigo quien miraba la escena en silencio.

Cuando estaba a punto de hacer un comentario, la sonrisa de Oliver lo interrumpió.

—Uhh —dijo eso, nada más. Len se quedó sin palabras, sin saber a qué se refería.

—¿Qué? ¿Qué pasó? —rió confundido, encogiéndose de hombros.

—No lo sé, yo debería preguntarte eso a ti —dijo riéndose, y sentándose con toda confianza en la mesa de su compañero

Pero seguía sin saber a lo que se refería; se le notaba en la mirada perdida y la sonrisa forzada. Oliver notó que su ampolleta no se le iba a aprender, así que tuvo que buscar otra forma de hacerle ver lo que estaba frente a sus ojos.

Con su mano, agarró la carta que estaba sobre su mesa y se la pegó contra la cara, dándole un sobresalto.

—Tienes correspondencia.

—¿Quién, yo? —asombrado, Len agarró la carta en el aire, y la miró de cerca.

Un papel de cuaderno, doblado en cuatro y con un corazón dibujado en el exterior. A Len le costó reaccionar ante esto, pero apenas lo hizo, se levantó de golpe de la mesa y puso sus manos sobre su escritorio.

—¿Esto es para mí?

—Yup.

—¿Ehhh?

¿De quién podría ser?