DISCLAIMER: STAR WARS pertenece a Lucasfilm.
Seis meses después, Cantonica.
A pesar de la guerra, el lujoso casino ubicado en la ciudad capital Canto Bight, no se detenía para nada, a pesar del desastre ocurrido solo un año atrás, cuando dos integrantes de la Resistencia liberaron una manada de fathiers, causando numerosas pérdidas materiales.
En este casino no solo era punto de reunión de viejos millonarios o políticos, también era punto de reunión de espías e infiltrados.
El fuego cruzado entre ambas facciones menguó un poco, pero las hostilidades aún estaban ahí como la recaptura de Bespin por parte de la Primera Orden o la emboscada en Kuat, consiguiendo capturar un destructor estelar gracias a Finn y Jannah.
Las distintas especies inteligentes de la galaxia ingresaban al gran casino, pero queriendo evitar los problemas anteriores, los guardias revisaban a los visitantes. Dos humanos, un hombre de cabellera castaña y una barba poblada, su acompañante era una mujer de cabello rojo y de mirada azul. Ellos no parecían preocupados, esperaban pacientemente su turno, dando pasos cortos; cuando llegó su turno, el oficial, un quarren de malas pulgas, exigió su carnet de identificación mientras un zabrak apuntaba un pad a la cara de los humanos.
—Señor y señora Bronks de Taris…—recitó el quarren, la mujer movió la mano, como queriendo apartar el mechón de su cabello. El pad pitó y una luz verde titiló.
—Está en orden—exclamó el zabrak. La pareja ingresó al casino, la mujer observó asombrada el lugar, muy iluminado y droides protocolares iban y venían, el lugar estaba atestado de gente de todas las especies.
—Finge un poco, "cariño", se supone que venimos a menudo—susurró el hombre, la mujer se sonrojó un poco.
—No me llames "cariño", "cielo".
—Discúlpame— exclamó el hombre sonriendo.
Llegaron a una mesa alta, donde la mujer apoyó los codos, el hombre buscaba con la mirada por todos lados, como si buscase alguien.
—Espero que se contacte lo más pronto posible—exclamó el hombre.
Ambos buscaban a un hombre, un espía que les traería información sobre la Primera Orden. El droide protocolar pasó con una bandeja de bebidas.
—¿Desea beber estos finos vinos de Naboo, distinguidos señores?
El hombre agarró las dos copas casi bruscamente, ella frunció el ceño.
—Gracias por el vino— y miró al hombre— Ten un poco de clase.
—Lo siento—exclamó el hombre dando un sorbo— Se está tardando, deberíamos fingir un poco más o se verá sospechoso quedarnos aquí parados.
—¿Quiénes sospecharán? La mayoría ni nos presta atención — tras decir esto, el hombre rodó los ojos al a derecha, lo cual ella lo siguió con la mirada. Tres oficiales de la Primera Orden ingresaban al casino, uno de ellos vestía un uniforme blanco.
—Esto complica un poco—susurró la mujer— Ojalá que esto no espante a nuestro informante.
—Vamos a bailar—exclamó el hombre extendiendo la mano, ella lo miró confundida.
—P…Tyler, no se bailar. Ya sabes—miró por todos lados— No había una escuela de baile en Jakku.
—Lo sé, solo sigue mi ritmo. Un oficial está acercándose aquí.
La mujer agarró la mano del hombre, y se sintió bien, aunque un poco nerviosa y calor en las mejillas. El hombre, con la mano derecha, sujeto suavemente la mano de su pareja mientras con la izquierda, su cintura. Ella colocó su mano en la espalda de él, y usó la Fuerza para serenarse.
Un paso adelante y uno atrás, se soltaron y giraron dando palmadas en el aire tal como lo hacían los demás. Volvieron a su posición original pero luego, sus cuerpos miraron al frente mientras sus manos aún estaban sujetas, brincaron casi sincronizados. Ella empezaba a sentirse bien y la música empezaba a gustarle, seguía los ritmos de su pareja mientras veía como lo hacían las demás parejas.
Una vez que terminaron de bailar, regresaron a su mesa; los oficiales de la Primera Orden ya habían desaparecido pero un hombre rubio los esperaba mientras bebían su vino.
—¿Señor Bronks? Soy Fulcrum Mathmo— exclamó el hombre extendiendo la mano. El nombre era evidentemente en clave, era el hombre que esperaban. Mathmo es Mothma, el apellido de la otrora líder de la Rebelión, Mon Mothma.
—Lo soy, me alegra verlo señor Fulcrum.
—El ruido esta exageradamente algo—exclamó la mujer— ¿Hay un lugar donde podamos hablar de negocios?
—Por supuesto, síganme a mi despacho.
Lo siguieron por un pasillo, doblaron una esquina y siguieron avanzando, no había nadie más. Cuando llegaron a su destino, Fulcrum abrió la puerta y los invitados ingresaron, el informante sacó un pad y empezó a dar vueltas por la habitación, finalmente también se sentó.
—Está limpio, ahora podemos hablar.
—He visto a tres oficiales de la Primera Orden—exclamó la mujer.
—Sí, yo también los he visto. Estuve a punto de abortar, pero sé que es coincidencia; no nos están buscando.
—¿Por qué están aquí? —preguntó el hombre frunciendo el ceño.
—Aquí están gastando su dinero los inversionistas y millonarios, así que es probable que esté buscando alguien que les dé dinero. ¿Saben por qué? Porque están quebrados; no tienen ni un crédito.
—Pensé que el Sistema Bancario de Muunilist…
—Muunilist está en crisis, señorita. La Primera Orden está en números rojos, se les está agotando los recursos.
—Si están quedándose sin dinero ¿Por qué no nos ataca de una vez? Hace dos semanas no hay un enfrentamiento directo. Los escuadrones reportan que ellos huyen después de destruir una o dos naves. Están alargando esta batalla.
—Porque a pesar que están quedándose sin nada, aún controlan el gas tibanna de Bespin, las minas de coaxium de Kessel y siguen reclutando tropas en Carida.
—Bespin—exclamó la mujer— Deberíamos tomarla de nuevo y cortarle el suministro de gas tibanna.
—Sí, cuanto antes. Bespin y Kessell, sobre este último estoy seguro que Connix ignora que las minas de coaxium hacen que los destructores estén funcionamiento.
—¿Cuál es la información? —exclamó el hombre.
—Tengo un "amigo" que me contó que han cambiado de director de la Academia de Carida; hay soldados que lo están repensando sobre la guerra. Hay un sector de oficiales de la Primera Orden que no están contentos. El punto es que deben mandar un infiltrador a Carida para provocar una revuelta y enviar un equipo de asalto. Carida debe caer y la Primera Orden se quedará sin tropas.
—Es un buen plan—exclamó el hombre— A nosotros también se nos acaba los recursos, estoy seguro que la Primera Orden está alargando esto porque quiere que nos quedemos sin nada.
—¿Qué sabes del triunvirato?
—Me alegra que me preguntes, señorita— exclamó el informante— Tengo un dato interesante sobre uno de ellos. Empezaré con los dos hombres: uno está en la capital, Bastion; no se va a mover de allí, aunque pase una estampida de banthas, el otro está en el destructor Puño de Acero y su base de operaciones está en Naboo. Y sobre la mujer, está en Carida, pero aparentemente, no está reclutando mucho.
—Eso es bueno—exclamó la mujer.
—En resumen: la Primera Orden se está quedando sin tiempo, recapturar Bespin, capturar Kessell y mandar infiltrados a Carida. Gracias por esto. — exclamó el hombre.
—Los acompañaré al vestíbulo y salgan cuanto antes. Me iré después.
Fulcrum había desaparecido de su vista, los Bronks salieron al exterior hacia el estacionamiento, buscando la nave transporte que los sacaría del planeta para dar el informe ante Connix.
-...-
El yate transporte, de color negro ónix, con líneas plateadas y el morro tenía la forma de huevo. Los dos subieron y cerraron la rampa, el hombre fue a la cabina mientras se retiraba el disfraz, la peluca y la barba, pero la mujer se quedó de pie, alguien se había colado a la nave.
—Oye, Re…
La mujer abrió el cobertizo inferior, y tiró algo hacia arriba, un chico rodó por el suelo, el hombre quedó sorprendido.
—¿Qué haces aquí?—preguntó Rey.
—Yo…quiero irme de aquí—exclamó el niño retrocediendo— No quiero alimentar fathiers y que el viejo me agreda solo porque olvidé cepillar a uno de ellos o por jugar.
—Eres de la zona—exclamó Poe.
Rey se quedó en silencio, lo sondeó con la Fuerza y el chiquillo decía la verdad. Sentía miedo y nerviosismo en aquel muchacho. Ya tenía experiencia viviendo en un mundo hostil.
—Por favor, quiero ir con ustedes. No tengo problemas si me dejan en un planeta alejado de aquí, puedo vivir por mi cuenta— y de su bolsillo, sacó un anillo donde Poe y Rey observaron el símbolo de la Resistencia.
—Espera…—exclamó Poe— Finn me contó que Rose regaló un anillo como ese a un niño de Canto Bight.
—¿Así se llamaban ellos?—exclamó el niño— Yo les ayudé liberando a los fathiers.
—Quédate aquí un rato— exclamó Rey, jalando a Poe hacia la cabina— ¿Qué dices?
—No estoy seguro— miró al pequeño, aún en el suelo— Tendríamos que dejarlo en un orfanato de Coruscant, nuestra base no está hecha para niños.
—Siento la Fuerza en él, así es como lo sentí. Creo que debería venir con nosotros—susurró.
—Tenía entendido que no estabas interesada en formar una academia Jedi.
—No es eso, solo que estoy indecisa; he intentado contactar con Luke o Leia, pero no he tenido tiempo. Las misiones y el entrenamiento de Finn…no he podido buscar un momento.
—Está bien, lo llevaremos. No quiero dejarlo tirado en un planeta cualquiera. Además, debemos irnos cuanto antes.
Rey miró hacia la ventana de la cabina, un oficial de la Primera Orden se paseaba distraídamente, fumando tabaco.
—Chico, ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Rey
—Temiri, Temiri Blagg.
—Yo soy Rey y él es mi amigo, Poe.
—Entonces, bienvenido a bordo, Temiri. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—Entre todas las naves que están en el estacionamiento ¿Por qué escogiste esta?
—La verdad…estaba limpiando el suelo cuando los vi descender de esta nave. Había algo…no sé cómo explicar, sentí como si algo me llamase aquí y confiase en ustedes. De alguna manera sentía que estaban usando un disfraz y mi intuición me decía que me suba. Cuando me acerqué estaba cerrado, pero luego recordé que una vez abrí la puerta del establo de los fathiers usando la mente ya que había perdido las llaves. Me costó, pero lo logré y volví hacer el truco para cerrarlo.
—Ya veo—exclamó Rey— De acuerdo, tienes algo especial y estoy bastante curiosa de ello, puedes quedarte.
—Puedes irte al armario de a fondo. Hay una cama— exclamó el piloto.
—Gracias.
Rey se preguntó si fue la Fuerza que lo puso en su camino, podía sentir la Fuerza Viva en aquel niño. Con entrenamiento, llegaría ser un Jedi decente o uno mejor. Poe puso en marcha la nave y abandonaron el planeta.
La Dama Jedi se reclinó, Finn mostró buenos avances, pero aún tenía limitaciones como curar heridas o ver rastros en la Fuerza con solo tocar objetos.
Quería fundar una Academia Jedi, pero temía fracasar y provocar una generación de Kylo Ren por la galaxia.
—Descansa, Rey—exclamó Poe, la Jedi lo miró y asintió. Cerró los ojos y dejó que la Fuerza la inundara y la nave saltó al hiperespacio.
