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El yate estelar se deslizó por la pista de aterrizaje del hangar hasta detenerse, Poe empezó a apagar los controles mientras Rey se ponía de pie y avanzó hacia armario donde dormía el niño de Canto Bight.
—Hemos llegado, vendrás con nosotros.
—De acuerdo— exclamó Temiri.
— ¿Tienes familia? —preguntó Rey.
—No.

Poe les dio el alcance y bajó la rampa, los tres descendieron del yate, en el espacioso hangar estaban varias naves estacionadas, droides y pilotos avanzando apresuradamente. Rey sondeó con la Fuerza y sintió a Finn y a Jannah en el gimnasio. Su amigo era un buen estudiante, Jannah era también sensible, pero en menor medida. Recordó su sorpresa inicial, se opuso en un inicio, pero luego Finn logró convencerla. Ahora él ponía en práctica lo que había aprendido con ella; la Jedi notó que su amigo pasaba mucho tiempo con Jannah.
Temiri Blagg estaba asombrado por todo lo que veía, pero no se despegó de los dos mayores.
—En Canto Bight soñaba con ser un Jedi— exclamó el chico mirando a Rey— Quiero decir, cuando estaba solo, agarraba la escoba y fingía que era un sable de luz. Una vez soñé que me convertía en un Jedi y me escapaba del planeta. Siento que no soy un niño común,
—¿Por qué lo dices? —preguntó Poe.
—Porque puedo atraer algunos objetos. Eso hacia con la escoba, extendía la mano e iba hacia mi palma.
—Sí, eso es la Fuerza.
—¿La Fuerza?
—La Fuerza es una energía cósmica que nos rodea y vive dentro de nosotros. Vive en todos los seres vivos y es lo que mantiene la galaxia en equilibrio. Es lo que da poder al Jedi, pero no pertenece a los Jedi, pensarlo así es demasiado egocéntrico.
Temiri asintió, algunas cosas no habían comprendido, pero tenía una noción clara.
—Si lo que hacía era la Fuerza ¿puedo ser entrenado?

Se detuvieron ante la oficina de Connix, Rey se giró.
—Lo siento Temiri, tendré que pensarlo. Por el momento, estamos bastante liados con la Primera Orden. Realmente necesitamos que esto termine y pueda pensar en mis proyectos futuros.
Temiri asintió, Rey sintió un poco de pesadumbre en él, sentía la ilusión en él y se sentía mal tener que cortarle las alas.
—Vamos, Connix nos espera— exclamó Poe.

Kaydel Ko Connix, una joven un poco mayor que Rey, se hallaba en su escritorio, pero no estaba sola, Gian Ackdan, el calamari que representaba a los Restos de la República.
—General— saludó Poe a los presentes, Rey se inclinó respetuosamente.

—Dameron, Skywalker— saludó la joven invitándolos a acercarse— ¿Quién es el niño?
—Es Temiri Blagg, se coló en nuestra nave. Es un sintiente de la Fuerza.

Gian Ackdan no entendió, pero Kaydel sí.
—Oh, bienvenido, Temiri—exclamó Kaydel sonriendo— Pero estamos en una base militar.
—Estuve pensando llevarlo a Mantenimiento, estoy seguro que apoyará a nuestros mecánicos— exclamó Poe— Claro, evitando las funciones riesgosas.
—De acuerdo—exclamó Ackdan— Pero ahora quiero saber sobre el informante ¿Lo han encontrado?
—Sí— exclamó Rey y miró a Temiri— Espéranos afuera ¿sí? No tardaremos.

Temiri asintió y agitó la mano para despedirse de Kaydel, retirándose de la sala. Gian Ackdan se reclinó en su asiento.
—A la Primera Orden se le está acabando el tiempo— empezó Poe— Casi no tienen recursos, dependen mucho de Bespin, Kessell y Muunilist.
—Carida es un punto importante ya que les provee tropas. Nos recomendó infiltrar algunos espías para destruir desde adentro, debemos provocar una revuelta.
—Es interesante—dijo Gian, sus bulbosos ojos miró a Poe— ¿Bespin? Claro, el gas tibanna. Podemos mandar a un escuadrón. Podemos intentar en golpear en dos lugares a la vez. Bespin y Kessell. Este último les está proporcionando coaxium
—Nos reducirá nuestros recursos a la mitad—exclamó Poe masajeándose la barbilla.
—Tendrán que ser golpes rápidos. En cuanto a lo de Carida ¿mandaremos a alguien?
—Estoy pensando en Finn y Jannah—exclamó Kaydel— Son desertores ¿verdad? Podemos sugerirles.
—No lo sugieras, mándalos—exclamó Gian, Kaydel no contestó ya que no quería obligar a dos personas que podrían afectarlos en la misión.
—Puedo hablar con Finn—exclamó Rey— En estos seis meses lo estuve entrenando en la Fuerza. Le preguntaré si está listo para salir al campo.
— ¿Muunilist?
—Tenemos que pasar por Orinda y Entralia, que son bases de la Primera Orden, pero una vez que ocupemos Muunilist, llegar a Bastion será sencillo.
—O tal vez, pasar por Lah'mu y un salto a Bastion.
—Poco a poco, senador Ackdan—exclamó Poe.
—De acuerdo—exclamó Kaydel juntando los dedos— Vayamos de a pocos. Debemos convocar a una reunión con los generales. Muunilist, debe ser lo último. Gracias por la información, Rey y Poe.
—De nada, Kaydel—exclamó el piloto asintiendo, los dos se pusieron de pie, procediendo a retirarse del lugar. Temiri estaba sentado en el suelo, en la pared de enfrente.
—Vamos, chico, tengo que presentarte al equipo de Mantenimiento.
—Genial—exclamó el niño, Rey sonrió y fue rumbo al gimnasio.


A bordo del destructor estelar Puño de Hierro, la sala de conferencias era un auténtico hervidero de discusiones. Jadoz, con los dedos cruzados, observaba en silencio como los oficiales discutían sin ningún tipo de compostura, otro de los moff del triunvirato observaba en silencio, ella era Mylie, pero estaba vez era su imagen holográfica.
— ¿Quieres detenerlos, Packstar? — exclamó Mylie, visiblemente cansada.
— ¡Suficiente! — exclamó airado— ¿Es que no podemos hablar con moderación?
—Granks debió supervisar a los tres oficiales que fueron a Canto Bight.
—Posiblemente un miembro de la Resistencia los asesinó.
—Los controladores lo hubieran sabido, sus escaneos son bastante rigurosos.
—Granks ¿Qué diablos ha pasado? —exclamó Mylie— Me acabo de unirme a esta reunión y solamente he escuchado gritos y acusaciones. La verdad, Packstar, deberías controlar a tus hombres.
—Deja de culparme, mujer.
—De acuerdo—exclamó Granks visiblemente molesto—No necesitaban ser supervisados, casi teníamos el mismo rango. — y miró a Mylie— Fueron asesinados: uno apareció en ropa interior en la playa, otro con la cabeza en la mesa de noche en medio de un charco de sangre en aparente "suicidio" y el tercero fue pisoteado por un grupo de fathiers desbocados.
—Dime, que estos han logrado contactar con un empresario. Necesitamos el dinero.
—No que yo sepa—exclamó Granks— Tenían órdenes de reportarse conmigo si lograban un acuerdo, pero la noche pasó y no recibía ninguna información.
—Entonces ¿no tenemos nada? — preguntó Mylie, el oficial negó con la cabeza, Jadoz apretó los puños.
—Muunilist está en números rojos. Tú, Talcyon ¿Las cosas en Carida está en orden?
—Lo estamos manteniendo.
—Deberíamos reforzar Kessell—exclamó uno, pero Jadoz blandió la mano quitándole importancia.
—Ellos no saben de Kessell. Piensan que es un planeta lleno de criminales y demás escoria.
—Extraño, estas muertes no pueden haber sido ocasionadas por una persona, debió tener compañía.
—Alguien de adentro—exclamó Jadoz, Mylie miró con alerta al moff— Debió ser un par de delincuentes de Canto Bight, pagados por la Resistencia.
—Es lo más probable— exclamó Mylie, la tensión se esfumó inmediatamente.
—Entonces, Granks, envie una flota de destructores a Canto Bight. Lo ocuparemos a la fuerza, si no quieren darnos el dinero, los obligaremos.

Un poco excesivo le pareció a Mylie, pero no dijo nada para disuadirlos, Madell ya debería estar lejos de Canto Bight y el planeta le traía sin cuidado. El tiempo corría y esperaba que pudiera mantener un contacto con Connix.
—De acuerdo— exclamó Granks.

Las puertas deslizantes se abrieron para Tiberio Hawalto, con las manos a la espalda, avanzó acompañado de un anciano de larga barba blanca y ojos ojerosos, tenía la pinta de ser un hombre que perdió los cabales hace mucho.
— ¿Quién es ese? — exclamó Jadoz con desprecio.
—Sobrevolando por Ord Trassi cuando decidí aterrizar cuando se acercó este hombre. Con una mano, hizo pelota una artillería. Definitivamente, tiene la misma habilidad que tuvo Kylo Ren.
—¿Kylo Ren?—gruñó el viejo— ¿Esta muerto, verdad?— sonrió con locura.
—Sí—exclamó Tiberio, pero el resto de los presentes los miraba con aprensión.
—No importa, quería vengarme de él, pero aun así les ayudaré con su guerra.
— ¿A cambio de qué? —exclamó Mylie.
— De ampliar mi orden, los Acólitos de Nadd.
—Entre nuestros enemigos hay una chica que usa trucos como el de Kylo Ren.
—Entonces tenemos la ventaja—exclamó Tiberio— Ellos son diez contra uno de la Resistencia.

El anciano levantó la mano y en su palma, saltaron chispas eléctricas y un vaso metálico se aplastó.
—Puedo hacer algo más de lo que estoy haciendo. Soy Sion Syko, líder de los Acólitos de Nadd.
—De acuerdo, Hawalto— exclamó Mylie, humedeciéndose los labios— No me gusta la idea de tener un "Kylo Ren" 2 aquí, pero él es tu completa responsabilidad.
—De acuerdo con Talcyon— exclamó Jadoz mirando con recelo al anciano.

Hawalto se inclinó levemente y se retiró de la sala, llevándose consigo al anciano usuario de la Fuerza.
—Antes de cerrar la reunión— exclamó Mylie— Quiero ocuparme de Kessell, sé que la Resistencia no sabe de ello así que deja que me ocupe.
—De acuerdo, haz lo que creas conveniente— exclamó Jadoz, Mylie asintió y desapareció del holograma y miró a Granks— Ocúpate de Canto Bight.


En Carida, Mylie juntó los dedos, mirando hacia la puerta, sumida en sus pensamientos. Hawalto había conseguido un usuario de la Fuerza y era varios. No había modo de alertar a la chatarrera por medio de su agente, esperaba que eso no complicase su plan cuando recibió un mensaje en su datapad. Se cercioró que todo estuviese silenciado para recibir el mensaje de Ken Madell.
— ¿Informe?
—Me reencontré con Fulcrum en Nar Shaddaa. Eliminamos a los agentes de la Primera Orden en Canto Bight ¿Sospechan algo?
—No, asumieron que eran algún simpatizante de la Resistencia. ¿Qué te dijo Fulcrum?
—Tuve que informar mi plan— exclamó un poco incómodo— No me iba a dar el nombre en código si no había confianza. Tuve que ayudarlo en eliminar a los agentes de la Primera Orden, después de eso; nos reunimos en la luna contrabandista donde me contó que él fue un estudiante de la academia imperial que luego desertó. Apoyó en su momento a la Rebelión y luego a la Resistencia.
—Vaya aliado ¿eh?
—Sí, ahora soy Fulcrum— exclamó Ken mostrándole una credencial negra— Esta es la prueba que estoy del lado de la Resistencia para mostrarle a Connix.
—Bien, ahora quiero que vayas a Kessell y estudies el lugar, luego te vas. Envía un mensaje a la Resistencia que invadan el planeta, pero en silencio. La Primera Orden no debe saber que Kessell ha caído. Aún no le digas tu verdadera lealtad, recuerda que estamos ayudando a la Resistencia. Dile que hay un puesto de avanzada en Belnar, son pocos soldados que van directamente a Carida, desde ahí pueden empezar la etapa de infiltración.
—De acuerdo, señora.
—Por cierto, advierte que en Ord Trassis hay un grupo de usuarios de la Fuerza y son peligrosos. La Primera Orden se han aliado con ellos y, pero deben fingir que no saben de esto.
—Listo.
—Larga vida al Imperio.
—Larga vida al Imperio.
La comunicación se cortó, Mylie se recostó en su sillón. No podía dejar de pensar en aquellos "Kylo Rens".

..

En algún lugar alejado del centro galáctico, había un pueblo pintoresco, ajeno a los problemas que azotaban a la galaxia. Sus pobladores vivían del día a día, vendiendo productos como dedicándose a la vida del campo.

En lo alto de las planicies, se erigía un extraño templo antiguo, que databa miles de años; los pueblerinos apenas se atrevían a acercarse. Los ancianos contaban a sus nietos historias de extraños monjes, cubiertos con capas y extrañas armas que iban y venían del aquel templo, pero un día, los monjes dejaron de ir. Se decía que hacía algún tiempo, había dos monjes que vivían ahí, pero ellos sentían que no era su asunto averiguarlo. Los monjes nunca interactuaron con ellos así que ¿Por qué iban a interactuar con aquellos?

Una joven de cabellos grises, iba caminando por el prado, vestida con túnicas ocre y capa beige, lo llamativo eran sus ojos vendados, ayudándose con un bastón, avanzaba por el camino hacia el templo.

Una vez que se detuvo en la puerta, bajó la carga que llevaba en la espalda y alzó la cabeza, como si buscase algo; puso la palma de la mano en la puerta y esta se abrió lentamente.
La joven, nuevamente sujetó el cargamento e ingresó al templo, como si fuera una solitaria guardiana de alguna milenaria organización extinta.