Hola chicas! Dios, mi demora no tiene justificación. De veras lo siento! Pasa que me entretuve escribiendo un libro y me olvidé de actualizar. De cualquier forma, acá está el capítulo. Si dejan reviews les subo otro más al rato :)
Capítulo 14:
Bella P.O.V:
Mentiría si le decía a alguien que no estaba nerviosa…
A decir verdad, me encontraba al borde de un ataque de pánico pero no quería admitirlo. Si me mostraba débil frente a Charlie él se abusaría de esa situación, y me provocaría otro trauma más para agregar a la lista de mis peores momentos vividos.
-¿Te sientes bien, cariño?, preguntó Esme con un tono de cordialidad que solo ella podía tener. Por un momento el verla tan preocupada por mi me tranquilizó.
-Algo así… Creo que no sabría decírtelo con claridad.
-¿Te molesta si me siento contigo un segundo?
Le sonreí casi encantada y le hice un lugar a mi lado en el sofá de la sala. Que ella me pidiera permiso para acompañarme era absurdo, puesto que Esme era lo más cercano que tenía en esos momentos a una madre.
Los padres de Edward eran tan cercanos a mí que extrañamente me hacían sentir como otra de sus hijos. Si tan solo Charlie hubiese sido así de cariñoso conmigo… Las cosas serían terriblemente diferentes en ese entonces. Mi vida habría sido normal y no estaría sintiéndome constantemente perseguida por mis demonios del pasado.
-Debes relajarte amor… Todo va a salir bien. La última vez que estuviste aquí te sentías igual o peor de asustada y todo salió genial.
-Lo sé, es solo que… Siento que él va a hacerme daño de nuevo, no quiero que vuelva a hundirme, le confesé mientras sentía mis mejillas hirviendo y latiendo con fuerza. Era un pensamiento estúpido, Edward jamás dejaría que Charlie pensara siquiera en lastimarme… Y aún así mis inseguridades estaban al límite.
Esme me observó con ese brillo especial que bailaba en sus ojos y con delicadeza acomodó un mechón suelto de mi cabello. La dulzura que me transmitió en ese momento fue demasiado fuerte para mí… Sentí que iba a romper en llanto en cualquier momento.
-No debes temer… No estás sola. Nos tienes a nosotros, a tus amigos, a Edward… Dios, nunca lo había visto así de preocupado por nadie. Recuerdo el día que te conoció como si hubiese sucedido ayer. Nunca nos comentó que habías entrado en su vida, pero lo noté de inmediato.
-¿De veras?, pregunté mientras sentía como mi corazón se agitaba.
-¡Claro que sí! Sus ojos estaban más brillantes, sonreía, ya no hacía locuras… Se veía feliz, por primera vez en años lo parecía. No supe de inmediato que estaba enamorado, pero sabía que algo había cambiado en él. Tú lo ayudaste, le diste eso que siempre necesitó.
-El me ayudó a mí, Esme. De no haberlo conocido… No quiero ni imaginar lo que habría sido de mí.
-Ustedes se complementan de una manera perfecta… Me recuerdan mucho a cuando yo y mi esposo nos conocimos. Tú cambiaste su vida, cambiaste la de todos nosotros. De veras no tengo palabras para agradecerte todo lo que has hecho por mi familia.
Ese fue el punto de quiebre en mi corazón. Sin poder resistirlo más comencé a llorar y me abracé a Esme lo más fuerte que me fue posible. No podía creer que me agradeciera cuando yo era la que tenía una deuda de por vida por ellos. Su bondad era infinita.
-Ya basta de sentimentalismos, susurró cuando me separé de ella y pude notar en sus mejillas un rastro cristalino de lágrimas. –¡Se correrá nuestro maquillaje!
Comencé a reír al mismo tiempo en que secaba mi llanto y me ponía de pie con una brillante sonrisa. Había pasado demasiado tiempo lejos de mi ángel y ya comenzaba a extrañarlo. Ni siquiera tuve que preguntarle a su madre a donde estaba, con un simple gesto me señaló hacia el patio trasero de la mansión Cullen.
Ese había sido uno de los pocos días soleados de Forks, y para desgracia de los habitantes del pueblo el sol se estaba despidiendo en uno de los atardeceres más bellos que había visto en mi vida.
Bajo la sombra de un gran árbol y sentado frente al espectáculo que la naturaleza estaba dando, Edward acariciaba la hierba distraídamente mientras que su cabello brillaba con destellos color cobre. Se veía demasiado tranquilo como para que me acercara y rompiera su burbuja de paz, por lo que me recosté por sobre el marco de la puerta y lo observé con tranquilidad.
No era la primera vez que pensaba en él como el futuro padre de mis hijos. Si me pedía que imaginara mi vida un par de años más adelante definitivamente diría que me vería junto a Edward… No había manera de que pensara en mi vida sin él en ella.
Era mi complemento, mi ángel guardián… Lo amaba más que a mi propia vida.
-¿Ves algo que te guste?, susurró el repentinamente mientras se volteaba a observarme. Su boca estaba torcida dándome esa sonrisa que siempre hacía que mi corazón se saltara un par de latidos.
-Demasiadas cosas como para decirlas en voz alta, le respondí a medida que me acercaba hasta donde Edward se encontraba para sentarme a su lado. -¿Cómo supiste que estaba detrás de ti?
-No lo sé… Supongo que tienes algo que hace que siempre que estás cerca de mí mi corazón comience a agitarse.
Con suavidad pasó un brazo por detrás de mi cabeza y me apegó más a él, haciéndome sentir su corazón.
-Te amo, le susurré mientras dejaba un beso suave en su cuello. Su olor personal me enloquecía, era como un exquisito perfume del que nadie nunca podría gozar.
-Yo te amo mucho más, respondió mientras sonreía con algo que no supe descifrar. -¿Estás nerviosa?
-No! Claro que no, le dije sarcásticamente y luego comencé a reír.
-No deberías estarlo, ¿Sabes?
-Tengo un mal presentimiento acerca de esto… Sé que algo no va a salir bien y yo voy a quedar destruida, y te arrastraré a esa destrucción conmigo.
-Eso no es cierto, vas a ver que todo va a estar bien. Estoy contigo, nada malo va a sucederte.
No pude resistirlo más y a pesar de no querer hacer una escena caliente en frente de mis amables suegros me incliné hacia Edward y lo besé como si el mundo se me fuera en ello.
Él era mi enchufe a Tierra, mi pilar más fuerte, mi único soporte.
De repente un ruidoso "click" nos obligó a separarnos y a mirar hacia atrás con cara de pánico.
-Awww si son una ternura!, chilló Alice saltando con felicidad mientras sostenía en su mano una cámara de fotos de última generación.
-Ey! Yo quiero una copia de esa!, gritó Emmet saltando detrás del pequeño duende mientras tironeaba de una enfada Rosalie.
-Mi cabello!, dijo ella antes de golpear a su novio con fuerza.
Edward y yo comenzamos a reír sin compasión por la locura de nuestros amigos. Por un segundo finalmente pude sentirme en casa.
…
Cerca del juzgado reinaba una histeria colectiva.
Edward intentaba mantenerme tranquila mientras susurraba cosas graciosa y chistes de muy mal gusto pero podía percibir el nerviosismo que todos traían cuando esperábamos a que nos dieran la orden para entrar al juicio.
Esme había insistido en que obligatoriamente tenía que asistir, y Carlisle no había podido quedarse solo en la mansión. Ambos tenían en el rostro una enorme sonrisa pero un pánico total en sus ojos.
Jas y Alice eran los únicos que no estaban nerviosos, pero demonios… Parecían hiperactivos. Compraban comida, se sentaban, reían, volvían a comprar comida… Era una locura.
Rose y Emmet peleaban por cada pequeño suceso que sucediera a su alrededor… Que si ella pestañeaba… que si él respiraba… Parecían una pareja de matrimonio muy peleada.
¿Y Yo? Yo quería gritar.
-Isabella Swan?, preguntó uno de los abogados mientras se acercaba hacia donde yo estaba. En su rostro pude ver que algo no estaba bien.
-Soy yo, que sucede?
Los ojos del hombro pasearon entre mi mano unida con la de Edward y mi novio, y luego de suspirar habló…
-Algo pasó con Charlie.
Justo en ese momento mi celular comenzó a sonar, y a pesar de querer saber que había ocurrido con mi padre atendí la llamada, sin siquiera mirar el remitente.
-¿Hola?, dije con un leve temblor en mi voz.
-Adivina quien se escapó de prisión, cariño…
DEMONIOS!, gritó mi conciencia mientras todo a mi alrededor se volvía silencioso y caía en un profundo agujero negro.
