DISCLAIMER: STAR WARS pertenece a Lucasfilm
Carida
Han pasado tres días desde que Finn y Jannah se infiltraron en la base, en esos días observaron muchos movimientos que, de alguna manera, los dos aprendices lograron evadir.
Finn estaba en su habitación, en meditación, este era el día que tendría que provocar una revuelta, para ello debía sumergirse en la Fuerza y enlazar su mente con la de Jannah, para usar una técnica conjunta.
Sus mentes se encontraron, sabían que no todos se "despertarían" del lavado mental, pero serian lo suficiente para provocar una revuelta, podía ver a Jannah como si estuviera colgado del techo y ella podía ver a Finn en la misma situación.
Sintió una descarga en su espina dorsal y una brisa cálida en sus manos, Finn sintió a la Fuerza golpear en cada ser vivo del planeta y abrió los ojos de intempestivamente, segundos después se dio cuenta que estaba tirado en el suelo, sentía como si hubiese corrido una maratón.
Respiró hondamente y alguien tocó su puerta.
— ¡Levántese soldado! — vociferó el capitán, evidentemente era temprano y era la hora del desayuno, Finn se puso de pie y se vistió como soldado de asalto. Realmente, odiaba el uniforme.
Mientras iba al comedor, se preguntaba si sus cómplices estarían listos para la revuelta, era el momento oportuno, ya que todos los oficiales estarían en el mismo lugar y se preguntaba si habrá funcionado el "despertar".
Se sentó, con el casco en la cabeza, no podía saber quién era Jannah pero la sintió sentarse a su lado, dos de ellos se pusieron de pie y se retiraron del comedor; ellos presumiblemente irían al centro de comunicaciones, entraron oficiales importantes pero se sentaron en una mesa alejada. El capitán ingresó, pero se quedó en la entrada y cerró las puertas.
Los oficiales conversaban entre sí, distraídos, y Finn dio un asentimiento a Jannah, así que ella tiró la mesa y levantó la mano para atraer el blaster del cinturón del oficial más cercano.
—¡Podemos ser libres! ¡No dejaremos que obliguen a luchar por un gobierno tirano! —vociferó Finn— ¡Tenemos que luchar! ¡Nos quitaron a nuestra familia!
La mitad de ellos tiraron las mesas mientras los oficiales se ponían de pie para disparar, pero fueron sucumbidos ante los revoltosos.
—¡Vamos, hay que tomar Carida!— gritó uno de ellos.
El capitán abrió la puerta y se largó, los soldados agarraron las armas, pero había algunos que no estaban de acuerdo, que preferían morir que traicionar sus ideales, así que empezaron a golpearse.
—¡Vamos, debemos llegar al hangar!— gritó Finn.
Tras salir del comedor, varios soldados empezaron a disparar a los rebeldes, se cubrieron en las columnas y el pasadizo empezó a llenarse de humo y fuego de disparos.
Finn y Jannah enlazaron sus mentes, siendo uno solo en la Fuerza y con esa energía, infundían valor a sus guerreros.
El capitán corría por los pasillos, uno de ellos se acercó, pero él le disparó y llegó al despacho de Mylie Talcyon.
—Debemos irnos— exclamó al empujar la puerta.
—Bien, pero golpéame, sería raro que no tenga heridas mientras me llevas al carguero lambda.
El capitán, quien apretó los dientes, se acercó a la moff y le propinó un puñetazo en la nariz, haciéndola sangrar y otro en el abdomen.
—Lo siento.
—Da igual— exclamó suspirando y le mostró las manos— Ahora, espósame.
—De acuerdo.
El capitán la esposó y la sacó del pasillo, en estado de alerta fue avanzando al puesto de avanzada donde estaba la nave de la moff, escondida.
Se cruzó con dos soldados y apuntó el blaster en la sien de la mujer.
—¡Deténgase o la mato!
—¿Capitán? ¿Esa es la moff?
—Los gatos de Lothal son demasiados arrogantes.
—Cierto— exclamó uno de ellos— Pero también pueden ser adorables.
—Genial— avanzó el capitán bajando el arma hasta la parte baja de la espalda— Es la moff, me la llevaré a Coruscant directamente. ¿Informes?
—El centro de comunicaciones ha caído, un grupo logró tomar el cuartel habitacional mientras otro intenta luchar con llegar al hangar.
—De acuerdo, capitán.
—Me iré del planeta, Finn pasa a estar al mando.
—Recibido.
El capitán aprisionó a Talcyon contra su pecho y avanzó, hasta perderlos de vista.
—Nada mal, capitán— exclamó Talcyon— Me hubiera gustado ir a Coruscant.
—Lo sé, pero ese no es el plan. Fulcrum quiere verla en Borosk.
—Sí, lo estás haciendo bien.
No tuvieron más contratiempos, el capitán conocía el lugar como para usar atajos y desviaciones, salieron de los límites del edificio y llegaron al claro del bosque, la lambda estaba ahí, estacionado.
El capitán retiró las esposas de Mylie y fueron rumbo al lambda, subiendo por la rampa y luego sentándose en el puesto de piloto.
Se retiró el casco plateado y lo lanzó hacia atrás.
—Pensé que eras más viejo— exclamó Mylie Talcyon observando al hombre, algo que le llamó la atención era que su cabello era verde y sus orejas, puntiagudas. La nave empezó a elevarse y fue alejándose del bosque.
—Para ser sincero, cuando me mencionaron a usted, me imaginaba a una mujer…muy mayor— exclamó con una sonrisa— Pareces ser de mi edad.
—Es muy raro que una mujer de mi edad esté en el concejo de moff, pero así es, tuve que luchar para llegar a donde estoy. —explicó Mylie, mientras la nave estaba ya en el espacio exterior. —Hay algo que me llama la atención…
—Soy mestizo— exclamó el hombre, pero no estaba ofendido— Mi padre fue humano pero mi madre es una twi'lek.
—Oh, eso tiene sentido. ¿Cuál es tu nombre? Entenderé si lo quieres mantener oculto.
—Jacen Syndulla, para servirla.
—Encantada de conocerte, Jacen.
Y la nave saltó al hiper espacio, rumbo a Borosk.
De vuelto a la Academia, Finn estaba en el hangar, la toma del lugar había sido un éxito; muchos se habían rendido y estaban reunidos en círculos, mirando al suelo. Jannah se acercó a él, ya nadie portaba casco así que la vio con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Jannah?
—Algunos soldados encontraron el sótano de archivos, creo que ahí están las pruebas de nuestro origen. Si tengo suerte, encontraré algo y se lo mostraré a mi padre, Lando.
—Eso es genial— exclamó Finn— Me informaron que el capitán abandonó el planeta.
—Con la moff.
—Si, se la llevó a Coruscant— exclamó Finn— ¿Quién era el capitán? Nunca nos mostró su rostro.
Ambos empezaron a caminar por el hangar.
—¿Crees que sea Fulcrum?
—No lo sé— susurró— Y ahora estoy a cargo, tengo que mandar un mensaje encriptado a Coruscant para informar que esta operación se terminó y nos manden refuerzos.
—Suena bien, vamos— exclamó Jannah.
Los dos empezaron a avanzar por el hangar, rumbo al centro de comunicaciones. La Primera Orden aun ignoraba de la pérdida de sus dos lugares importantes: Carida y Kessell.
Orinda, Sector Borde Medio.
Tiberio Hawalto, uno de los tres moffs que estaban a cargo de la Primera Orden, estaba revisando sus datapad en su despacho del destructor Puño de Hierro, por alguna razón se le hacía extraño no tener noticias de Kessell; hacía ya cinco días que el cargamento de coaxium había llegado al planeta Orinda. Se reclinó en su asiento y miró el intercomunicador, se masajeó la barbilla y pensó en los Acólitos de Nadd, odiaba tenerlos ahí, abajo en Orinda cuando debía mandarlos a Coruscant, pero el viejo seguía insistiendo que solo acepta ordenes de sí mismo y sus órdenes eran más que meras sugerencias.
Necesitaba hablar con Jadoz cuando fue interrumpido por un alférez, totalmente agitado.
—¡Señor, la Alianza Galáctica está aquí!
—¡No lo llames así, son la Resistencia!—vociferó Tiberio, totalmente pálido— ¡Hagan salir a los pilotos!
Apresuradamente salió de su despacho en dirección al centro de comando.
Y al llegar a la pasarela, vio que estaban totalmente rodeados, se giró hacia el alférez y avanzó a zancadas hacia él.
—Quiero que mandes un mensaje a Sion Syko que se prepare de una eventual invasión enemiga y además una al moff Packstar: que envié refuerzos a Orinda, ahora.
—Si, señor.
Los Alas X y los cazadores TIE dieron el inicio de la batalla en los cielos de Orinda, Tiberio se acercó aún más al transpiacero, vio el destructor estelar del enemigo y ardió en cólera; aún le dolía haberlo perdido.
—Fuego sobre ese destructor— ordenó con el rostro contorsionado de ira, los disparos apenas hicieron mella en la nave enemiga— Disparen a sus generadores de escudos.
El Puño de Hierro tambaleó bruscamente, ahora no solamente estaban los Ala X, sino también los Ala Y y varias naves corellianas.
—Señor, perdimos los escudos.
—¡Sigan, adelante! Disparen a la nave calamari más cercana.
Estaban siendo superados en número, Tiberio Hawalto se mantuvo firme, con las manos en la espalda, los destructores abrieron fuego contra la nave calamari hasta hacerla destruir, se preguntaba por qué tanto se demoraba en llegar los refuerzos.
—¡Abran fuego contra ese otro!
Y el Puño de Hierro volvió a agitarse, sentía la sensación que había más. No podían permitirse perder Orinda, aquel planeta estaba en un lugar estratégico ya que prácticamente era la "puerta" de la Primera Orden. Una vez apostados en Orinda, la ruta hiper espacial los llevaría a Borosk y luego a Muunilist para llegar a la capital, Bastion.
El transporte calamari caía al planeta en medio del fuego y explosiones, sonrió victorioso, pero nuevamente su nave insignia volvió a agitarse.
—¡Señor, estamos perdiendo combustible!
—¡Dañaron los fuselajes!
No se iba a retirar, ordenó que volvieran a disparar contra las naves enemigas y cuando volvió su vista al transpiacero, vio una gran bola de fuego acercarse al mamparo.
Todo ardió, sintió un dolor intenso y todo se volvió negro.
El Puño de Hierro se partió en dos mientras pequeñas explosiones ocurrían en cada esquina del destructor.
Los cazadores TIE restantes se dieron a la fuga mientras las naves de la Resistencia se acercaban a Orinda.
En los terrenos agrestes del planeta, un anciano llamado Sion Syko estaba sentado en un tocón de madera, observando los cielos. Le pareció ver una estela de fuego, parecía una autentica lluvia de meteoritos.
Syko se desperezó en su asiento y volvió a mirar al cielo, había recibido la noticia que el moff estaba bajo ataque. Si se había aliado con él era por la promesa de encontrar a la mujer Jedi, el resto no le interesaba, solo le había dicho cosas que él quería escuchar.
Un seguidor de su secta se acercó.
—¿Lo sentiste?
—Sí, murió— exclamó Skyo sin mirarlo— Espero que la Resistencia aterrice en el pueblo. Quiero ver si la mujer Jedi está aquí.
—¿Avisó al resto de nuestros seguidores?
—No, que se queden ahí. Yo solo me puedo encargar de ella.
Syko se puso de pie y se acercó a su seguidor, quien hincó violentamente la rodilla al suelo.
—¿Desea algo más, mi señor?
—No, mi siervo. Anda al pueblo y observa. Regresa y me cuentas si la joven Jedi está con ellos.
—Si, mi señor.
El vasallo se puso de pie, le dio la espalda y empezó a correr colina abajo, Sion Syko sonrió de malicia. Los Jedi eran el mal en la galaxia, Luke Skywalker estaba equivocado y por eso, lo pagó caro en Stennaros, lugar donde se erigió su academia Jedi.
Y también, donde los caballeros de Ren ejecutaron la Purga Jedi.
