Edward Cullen había viajado por el mundo y en su corta vida había conocido cientos de hoteles y lugares de alojamiento. Lo había visto todo; edificios elegantes, otros no tan bien cuidados y algunos que, honestamente, no valía la pena recordar… Pero jamás, en sus quince años de oficio, se había encontrado con un lugar tan desagradable y mugriento como aquel.
Habían sido muchas las personas que le habían aconsejado dirigirse hacia aquella zona, asegurando que allí encontraría lo que estaba buscando y que tan urgentemente necesitaba, pero todos ellos habían omitido que el burdel "Le Maison" tenía pinta de todo, menos de un prostíbulo decente.
Por fuera el edificio parecía totalmente abandonado, con la fachada destruida y los cristales de las ventanas destrozados. Algunos ladrillos habían cedido de las paredes y se habían estampado contra la acera, dándole al lugar un aspecto de haber sido atacado por bombardeos de guerra. Por dentro, aquella residencia no lucía mucho mejor. Las paredes estaban descascaradas y demostraban no haber sido pintadas en años. Todos los muebles tenían una capa de polvo por encima y Edward aseguraba que había visto dos o tres ratones corriendo por el suelo desde que había llegado allí. La dueña del lugar, la Señora Denalí, lucía tan arruinada y arrugada que parecía combinar con toda la edificación.
Desde que habían llegado, ni Cullen ni su gente habían cruzado palabras, pero por sus mentes viajaba el mismo pensamiento: era imposible creer que un lugar así existiera en pleno Siglo XXI. El burdel parecía haber sido sacado de algún cuento de Edgar Allan Poe más que de la realidad misma. Él suspiró… No importaba que tan putrefacto fuera el prostíbulo siempre y cuando encontrara a una mujer que se adaptara a sus necesidades.
-Les doy la bienvenida, agradables señores, a mi pequeña morada, pronunció la mujer con un fingido acento que nada tenía de francés. – ¿Han venido en grupo o cada uno contratará individualmente?
-Venimos a buscar a una de sus chicas, pronunció Emmett McCarty, mano derecha de Edward, mientras se levantaba de uno de los sillones del lugar, sacudiendo de su elegante traje el polvo que el mueble le había dejado. –La más joven e inteligente que tenga. Él volteó para observar a su jefe, buscando en su rostro alguna señal de aprobación a lo que estaba por decir, y luego de que Edward asintiera sutilmente con la cabeza agregó. –En lo posible virgen, o que no haya estado con muchos hombres.
-Eso es difícil, Nueva York es un lugar con mucha demanda de prostitutas y cada vez las hay menos. Sólo tengo dos niñas que podrían cumplir con sus requerimientos. ¿Rubia o morena?
Edward se la pensó muy bien antes de responder. ¿Qué era mejor visto en la sociedad? ¿Un empresario con una esposa de cabellos claros o con una morocha? Las rubias eran más sensuales, eso se decía, pero él ya estaba bastante cansado de lidiar con modelos insoportables y pegajosas como la miel, que solo se metían con él por su dinero y que además eran tan poco listas que aceptaban cualquier mentira que él les dijera con tal de ser fotografiadas en una cena o de pasar una noche a su lado. Su socio había sido muy claro al hablar con él_; basta de romances de una semana… Si querían hace un trato él debía de sentar cabeza y demostrar seriedad. Se enderezó sobre el sofá y suspiró.
-Morena.
La mujer torció la cabeza hacia un lado y una sonrisa sínica y de satisfacción se apoderó de su rostro.
-Buena elección, pero le advierto, ella no es nada barata. Ha estado aquí desde los quince años y he estado guardándola para algún cliente dispuesto a pagar lo que realmente vale.
-¿Acaso nos ve pinta de no tener con qué pagar?, espetó Edward algo herido con su comentario. Cualquiera que los observara sin conocerlos diría dos cosas: o que eran millonarios, o que pertenecían a la mafia. Y aquella mujer, una don nadie que apenas si podía mantenerse en pie, creía que tenía pocos recursos. Si él lo quisiera, podría comprar su edificio y todos los de la ciudad en un minuto, así de grande era su poder.
-Lo… Lo lamento mucho, no quise… ofenderlos. Solo quería as… asegurarme de que podrían con ello, respondió Carmen notablemente asustada. Eso era algo que Edward provocaba en las personas habitualmente…. Temor. Era un hombre demasiado imponente para tener solo treinta años y su extraordinaria belleza no ayudaba en mucho, puesto que atraía a cualquiera que lo observara.
-Tenemos el dinero. Ahora, ¿Podemos conocer a la muchacha?, dijo Emmett intentando calmar el clima tenso que se había formado en ese lugar. A pesar de las pésimas condiciones del hotel y de la espeluznante bruja que lo atendía, ellos habían ido allí por una razón y mientras más rápido consiguieran a alguien menos tiempo tendrían que pasar allí.
-Desde luego, déjenme traerla.
-No, respondió Edward poniéndose de pie y estirando las solapas de su saco negro hacia abajo. Si su personalidad asustaba su altura lo hacía aún más, era un sujeto con un cuerpo envidiable pero grande y eso también aportaba a su imagen de ser indestructible. –Solo iré yo a verla, y que sea en un lugar privado.
-Pero… ¿Va a pagar ahora o…
-Si me gusta luego hablaremos de dinero, ahora haga lo que le pedí por favor, respondió Cullen algo cabreado. Las personas que no hacían lo que él les pedía le producían un severo dolor de cabeza y aquella mujer ya había cumplido la cuota de ser insoportable por el día.
-De acuerdo, con su permiso… Ya regresó, agregó sonriendo mientras se retiraba por una de las puertas de la sala, la cual no tenía ni siquiera picaporte. En cuanto se retiró, muchos de los que estaban allí suspiraron y relajaron sus cuerpos. Emmett se acercó de inmediato a su jefe, quien masajeaba sus sienes con parsimonia.
-Cullen, ¿Cómo es eso de que irás solo? Habíamos quedado en que la chica te conocería frente a todos nosotros, y así nos aseguraríamos de que no te atacaría ni te robarían, dijo él con un tono notablemente preocupado. Edward sonrió.
-Mírame, mírate a ti… Somos enormes, la muchacha no debe ser muy adulta y si ve de repente a todo el grupo va a salir huyendo. Parecemos mafiosos, no podemos arriesgarnos a que se arme un tumulto aquí. Será más sencillo convencerla si voy solo y hablo con ella, además si no acepta así estaremos más protegidos, ya que solo me habrá visto a mí y no a todos ustedes. ¿Te imaginas lo que la prensa diría si se enterara de que el multimillonario Cullen sacó a su futura esposa de entre un grupo de prostitutas? Sería nuestro fin.
Emmett observó hacia un punto fijo en la pared y asintió, relajándose un poco. Todos allí estaban muy nerviosos, ese plan era muy arriesgado y no podían permitirse cometer ningún error. –Tienes razón, será mejor así.
Un segundo después, la roída puerta se abrió y por ella apareció la cabeza de la Señora Denalí, quien llamó a Edward. Antes de que se retirase, Emmett lo tomó por el brazo y lo acercó a él, para que nadie supiera lo que estaba por decirle.
-Si notas algo raro solo márcame al móvil, nosotros nos encargaremos.
-.-.-
Carmen se había retirado dejando a Edward dolo, parado frente a una puerta muy pequeña pero mejor pintada que el resto. En ella colgaba un cartel con la leyenda "Cuarto V.I.P.". Girando con lentitud el pomo abrió aquella plancha de madera y se adentró al cuarto, el cual estaba apenas iluminado por unas cuantas velas.
El recinto era extremadamente pequeño y apestaba a perfume de ambientes barato. Las cortinas parecían no haber sido lavadas en años y la cama tenía a su alrededor cuatro postes de los cuales colgaba un dosel con agujeros ocasionados por los insectos.
"Demonios", se dijo Edward mentalmente mientras reía por lo bajo. "Si este es el cuarto para la gente importante no quiero imaginarme el estado del resto".
Miró hacia todas partes buscando a la afortunada muchacha pero allí no parecía haber nadie. No se oía ningún sonido más que el de las bocinas de los autos y las alarmas de la policía. Edward comenzó a sentir que algo no estaba bien allí.
-¿Hay alguien?, preguntó pero sin obtener una respuesta. No podía arriesgarse, no conocía a la mujer ni tampoco el lugar por lo que decidió que lo más sensato sería volver con tu equipo y retirarse de allí. Pero entonces, cuando estaba por voltearse para dirigirse hacia la sala de estar, la puerta se abrió a sus espaldas mientras la Señora Denalí empujaba a alguien hacia adentro. Edward no pudo ver bien a la muchacha debido a la escasa iluminación, pero si se percató de que esta intentó regresar por donde había llegado, consiguiendo que Carmen la arrojara nuevamente, haciéndola caer al suelo. Un quejido escapó de su garganta.
La puerta se cerró e inmediatamente Edward se aproximó a la criatura, para ayudarla a ponerse de pie. En cuanto estuvo a unos pasos de su cuerpo ella retrocedió y se pegó a la puerta, claramente asustada.
-Aléjese… No me haga nada…
Edward se agachó para quedar a su altura y forzó sus ojos lo más que pudo para poder ver el rostro de la chica. Lo único que pudo notar era que ella estaba temblando, debido a que sus sacudidas golpeaban contra la puerta.
-Tranquila, no le haré nada.
Intentando ser lo más cuidadoso posible le tendió una mano para ayudarla a incorporarse, pero lo único que ella hizo fue pegarse aún más a la plancha de madera. Edward suspiró y agradeció al mismo tiempo haber entrado a la habitación sin compañía.
-No estoy aquí para acostarme con usted, por favor, confíe en mí. Solo quiero hablar.
Sabía que eso sonaba muy extraño y difícil de creer. Es decir, estaba en un burdel, en un cuarto y encerrado con una prostituta. ¿Qué otra cosa podía buscar un hombre allí más que sexo? Pero la verdad era que Edward no estaba allí por eso, sus razones eran mucho más complejas de lo que le habían parecido antes de entrar al prostíbulo.
-Entonces… ¿Por qué está aquí?, preguntó ella con voz temblorosa pero con un tono extremadamente dulce. Aquel sonido era como miel sobre los oídos de Edward, y eso le gustó más de lo que esperaba. Un punto a favor, no gritaba toda chillona como antes lo habían hecho sus mujeres de compañía.
-Me gustaría hablar con usted, pero no aquí en el suelo. Confíe en mí, vengo a proponerle algo… que le será de mucho beneficio.
Ella enmudeció por algunos minutos, seguro debatiéndose entre creer en las palabras del hombre o seguir a la defensiva, pero luego de algún rato extendió una pequeña mano y tomó la de Edward, que era el doble de grande que la suya. Su piel era muy suave.
Él se levantó ayudando a la chica en el proceso y se sorprendió de lo sencillo que había sido ponerla de pie…. Era tan delgada, no pesaba más que un niño. Edward comenzó a caminar hacia atrás, intentando llevarla a un lugar más iluminado y ella, caminando con torpeza lo siguió. A momentos se detenía, dudando de estar aceptando a aquel hombre, pero segundos después continuaba caminando. En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca de una vela como para poder contemplarla, Cullen volteó y de inmediato quedó impactado.
Ella era hermosa, no como las típicas mujeres voluptuosas y de ojos claros que siempre se exhibían en las revistas, ella era bonita a un nivel mucho más alto. Su cabello le llegaba hasta la mitad de la espalda y caía en suaves ondas, mientras que su pálido rostro se veía tiernamente adornado por un par de ojos de color chocolate que lo observaban con temor. Era muy pequeña, de cuerpo y de estatura, y a pesar de estar vestida con harapos que querían pasar por ropa de prostituta, ella lucía como un auténtico ángel. Edward estaba realmente impactado, ella era perfecta.
-¿Cuál es tu nombre?
-Isabella, respondió tímidamente mientras se sentaba con cuidado sobre la vieja cama. En ningún momento le quitó los ojos de encima a Edward, y hasta se podía decir que lo observaba con cierta curiosidad.
-Bella, es un nombre hermoso, dijo él intentando ser más amable con la muchacha. No estaba entre sus intenciones el ser duro con ella y lo único que quería era que se calmara para poder explicarle su propuesta. Porque si… Ella era la indicada. Estaba seguro de que no querría a nadie más a su lado, quizá con mejor ropa y algo más de comida Isabella podría convertirse en la esposa perfecta, la que lograra convencer a Aro Vulturi de que Edward era un hombre hecho y derecho ideal para hacer negocios con él.
-¿Qué quiere de mi?, peguntó titubeando mientras su cuerpo temblaba levemente. Estaba muy asustada, al parecer era la primera vez que le tocaba estar con un hombre. Y no la juzgaba, era apenas una niña, no debía de tener más de dieciocho años.
-Bella, ¿Puedo llamarte así?, dijo Edward mientras ella asentía sutilmente. Suspirando y con mucha lentitud, él comenzó a hablar, para terminar con todo aquello de una vez por todas. -¿Sabes quién soy?
-No… ¿Debería saberlo?
-Mi nombre es Edward Cullen, soy el dueño de la empresa hotelera Cullen&Masen, la dueña del mayor número de hoteles en el país.
-Lo lamento, no he oído acerca de usted, agregó Bella algo más calmada mientras bajaba un poco la vista. Al parecer él era un sujeto muy importante y ella se sentía avergonzada de no conocerlo. Había estado encerrada en aquel sitio durante cuatro años, y desde entonces nunca había salido, ni siquiera para ver la luz del sol. Había vivido hacinada en su cuarto, sin televisión ni nada que la pudiera mantener conectada con el mundo exterior.
-Hay un sujeto el Señor Vulturi, que me ha propuesto un trato que no puedo rechazar. Eso me permitiría expandir mis hoteles por todo el mundo y crecer sin límites. Pero mi reputación no ha sido buena en estos años y Aro cree que eso le perjudicará a él en caso de que cerremos trato.
-¿Y eso que… que tiene que ver conmigo?
Edward llevó su mano hacia su cabeza y despeinó su cabello. Estaba comenzando a ponerse nervioso, ya era hora de contarle la peor parte. No sabía cómo reaccionaría la muchacha pero lucía mucho más tranquila, esperaba que todo saliera bien.
-Vulturi dijo que la única forma en que aceptara hacer negocios conmigo sería si yo conseguía una relación estable, la cual le dije que tengo. Pero el problema es… que eso no es cierto. Y quería proponerte si tú… aceptarías… fingir que eres mi novia.
Buenas tardes a todos, ¿Cómo están? Les traigo mi nueva creación, la cual empecé a escribir recién hoy. Espero que les guste y si es así por favor agreguen a favoritos y dejen sus comentarios, de esta forma podrán ser notificados cuando haya nuevos capítulos. Muchas gracias por pasarse por mi historia, nos leemos pronto.
